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El cliente siempre tiene la razón... || Privado

Mensaje por Abel Giraud el Dom Nov 30, 2014 4:11 am

Estaba cansado, infinitamente cansado y eso que todavía era relativamente temprano. Pero corrían fechas en que a los estudiantes de Hogwarts se les permitía ir al pueblo y eso generaba el doble de clientes, aunque también algo de propinas pues tampoco eran muy adinerados que digamos. El problema radicaba en que Abel había pasado los últimos días intentando recuperar el tiempo perdido en sus habituales estudios, se estuvo enfocando tanto en pociones, revisando con más detalle las notas de su padre y los libros de otras asignaturas mas comunes, que ahora estaba exhausto.

Ponía todo su esfuerzo en atender debidamente a los clientes, procurando dar una sonrisa amigable como dictaba el protocolo de vendimia, porque una expresión amena tenía más probabilidades de vender lo que ahí se ofrecía que una cara malhumorada. ¡Pero cómo le estaba costando esa noche! Quería ir a casa a descansar, a tumbarse sobre la cama aunque no estuviera oscuro todavía, al fin y al cabo que podía echarse una cobija encima y fingir que era de noche. Ah… de solo pensarlo se le iba el alma al suelo…

Resignación, no tenía otra opción. Entregó la última orden y con la bandeja bajo el brazo cruzó el bar hasta llegar a un costado de la barra. Ahí también estaban ocupados, pero para su suerte quedaba un banco libre en el cual se sentó inmediatamente. No debía obviamente, ¿pero quién iba a regañarlo habiendo tanta gente a quien atender? Bueno, sí, cualquier le gritaría en cuestión de segundos, pero segundos recostado sobre la barra le servían de descanso y alivio para su cansada alma de adolescente multi funcional. Acomodó ambos brazos sobre la madera y apoyó una mejilla sobre éstos, incluso se permitió cerrar los ojos. –Abel desconectado en tres, dos… – ni siquiera terminó el conteo regresivo, ya no quería ni gastar las palabras. Si alguien pudiera proporcionarle una cobija habría sido feliz, lástima que no era casa de beneficencia.



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Re: El cliente siempre tiene la razón... || Privado

Mensaje por Owena Fakhoury el Miér Dic 31, 2014 8:12 pm

Hacía alrededor de un mes, a ella no le habría podido interesar menos un pueblo tan pequeño como Hogsmeade. Owena Fakhoury era más el tipo de mujer que vivía en una gran ciudad, rodeada de gente interesante y no en un pequeño pueblo que recibía la visita de centenares de niños cuando estaban en la temporada. O algo así le había explicado Kjell que funcionaba. Todavía faltaba para las vacaciones pero ella quería investigar un poco más de las cercanías del colegio. ¿Patrullando? No precisamente, aunque si le preguntaban diría que era su preocupación por las jóvenes almas que seguramente esos días todavía visitarían el lugar.

El frío del lugar, pues se acercaba ya la parte cruda del invierno, le hizo ir más abrigada que de costumbre, aunque llevaba abajo del abrigo un vestido ligeramente más escotado, el aire helado le impedía andar casi sin ropa. Eso le desagradaba de este lugar del mundo donde había ido a parar, ella prefería sin dudas el clima cálido. –Aburrido. – comentó luego de su primer rodeo por el pequeño pueblo. Pero, había oído escuchar de un bar bastante conocido y pintoresco en el lugar, así que iría a ver que encontraba que fuera de su interés.

Apenas entró se encontró con un lugar demasiado animado, pero que no le fue desagradable. Se fue a sentar en la barra para esperar a que la atendieran cuando una figura, ligeramente familiar, tomó asiento a un lado de ella. Se giró para observar mejor al recién llegado, pero tenía la cabeza enterrada en la barra. Ah, pero ese cabello revuelto no lo había olvidado. No es que el chico tuviera algo de su interés, o que hubiera comenzado a gustarle la sangre joven. No. Es que ese mocoso que tenía al lado, le había intentado quitar a Maybritt de sus manos y además la había llamado anciana. Dos faltas a su historial. Una lástima.

Lo observó con cuidado y una media sonrisa, ligeramente burlona, en el rostro. Sobre todo cuando se fijó en la bandeja que cargaba. ¿Trabajaba él allí? –Que simpático pueblo es este, parece que pagan por dormir. – bromeó sólo por gusto, en dirección al chico. Se atrevió a tocarlo con una uña en el brazo, clavándola con un poco más de fuerza de la necesaria y luego apoyó las manos en la barra. Fue entonces cuando uno de los que sí trabajaban le preguntó que deseaba ordenar. –Un café para mí y para el bello durmiente, por favor. – si, era un bar, pero ella no quería embriagarse sin personas conocidas alrededor, eso de perder la conciencia por vicios no era lo suyo. Se gastaría un poco del pago sólo para encontrar algo que hacer antes de irse. La verdad era que los días tan ociosos como ese, no le venían bien, pero si lograba conversar con algunos de los que vivían en la localidad podría encontrar algo de interés.




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Re: El cliente siempre tiene la razón... || Privado

Mensaje por Abel Giraud el Dom Ene 04, 2015 9:28 am

Si hubiese estado bien dormido seguramente se habría llevado el susto de su vida por culpa de esa uña molesta que le fue clavada con despiadadas intenciones, pero como tan solo “miraba hacia adentro” y hasta cierto punto esperaba que alguien interrumpiera su intento de descanso, pues tan solo consiguieron hacerlo salir de su fallida huelga.  Había oído el comentario de la mujer sobre pagar por dormir, pero casi se podía decir que le entró por una oreja y le salió por la otra. En ocasiones, Abel mandaba muy lejos el renombre que se suponía debía cuidar del establecimiento.

Lo poco grato de las circunstancias no fue que le pidieran un café  -o eso había entendido- como si fuese él un indigente que requiriera de suministros alimenticios para no morir. Era extraño que se ofendiera por algo como eso, ya que en otras ocasiones le habían invitado pastel de calabaza e incluso cerveza de mantequilla, pero en esta ocasión fue el tono en que la desconocida  habló lo que le resultó ligeramente no-simpático.

Ahora mismo se lo sirven.– dijo fingiendo que absolutamente nada ocurría, pasando inmediatamente al otro lado de la barra para proporcionar a su “salvadora” el recipiente con azúcar y otro con crema. –Si gusta puede agregarle un poco de licor a su bebida.– comentó en cuanto dejó frente a ella los anexos para el café y sacaba de un compartimiento detrás de la barra una botella de contenido en color amarillo suave. Fue hasta ese momento en que enfocó a la recién llegada clienta, y la observó con detenimiento, quizá más de lo necesario. ¿Era o se parecía?

Las dos tazas llegaron enseguida, no sin que el encargado de la barra diera un pisotón a Abel a manera disimulada llamada de atención. No era la primera vez que los clientes le invitaban algo, esa suerte seguro lo metería en problemas la próxima vez. ¿O tal vez en cuanto terminara su turno? El squib salió de su burbuja por la punzada en el pie y tras dedicar una mirada de dramática indignación a su compañero de trabajo, se dirigió a la mujer. –Usted es la Señora que estaba con Maybritt. – afirmó colocando la botella junto a las tazas para así poder acercar también una pequeña bandeja con galletas de variadas formas. Obvio, su labor era atiborrar “disimuladamente” al cliente con lo que ahí se vendía. – Tenemos galletas y pastel de calabaza que combina con casi cualquier bebida que le apetezca. Y en estos días tenemos promoción: compre tres rebanadas de pastel y llévese una Ensalada Muga ¡gratis! – Sí, continuó como si no hubiese lanzado la afirmación anterior, primero desquitaría el sueldo, y después intentaría hacerla unas cuantas preguntas a la pelinegra. Pues definitivamente, desde la noche del 31 de Octubre, el muchacho tenía acumuladas infinidad de preguntas.

La mayoría seguramente nadie se las respondería por considerarlo un niño, pero eso no significaba que se diera por vencido. Para la mujer que tenía al frente ciertamente tenía algunas más específicas ya que desconocía su identidad y parentesco con May. ¡Obvio! Informarse era una forma de proteger a aquellos que como él, carecían de magia. Defendería a la pequeña Ljungstrand de cualquier bruja que la molestara.
¿Le voy sirviendo la primer rebanada?


Última edición por Abel Giraud el Jue Ene 08, 2015 5:52 am, editado 1 vez



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Re: El cliente siempre tiene la razón... || Privado

Mensaje por Owena Fakhoury el Miér Ene 07, 2015 5:13 pm

Y el mocoso se levantó, rápido y moviéndose como un pequeño conejito se puso en posición de trabajador. Casi le dio ternura la escena. Apoyó el codo en la mesa y más tarde la mejilla en su mano mientras veía como iban ubicando frente a ella las diversas opciones. ¿Alcohol? No era el día ni la hora para beberlo. –Café limpio, aunque probaré la crema. – dijo mientras se acercaba el bote de la misma. Sin importarle mucho lo que dijeran comenzó a reír al ver la expresión del chico luego que llegara uno de sus compañeros. Tal vez además de grosero no se llevaba bien con los otros trabajadores. No le sorprendería de todos modos.

Una vez dispusieron su taza frente a ella, con una sonrisa de lado a lado se sentó como debería y comenzó a preparar su bebida en la taza, pero escuchó nuevamente la palabra señora y clavó los ojos en el niño. Demasiado joven. –Señorita Fakhoury, aunque algún día podrías llamarme Owena. – no ese día, claro estaba. Se arregló un mechón de cabello y luego miró unos segundos el azúcar aunque la descartó. –Y si, la pequeña Maybritt estaba bajo mi cuidado. – continuó aunque decir que era su niñera temporal le sabía mal en la boca. Alzó una ceja mientras el niño en cuestión se encargaba de ofrecerle cientos de cosas que ella no quería.

Ignoró casi de forma descarada la pregunta del chico mientras lo estudiaba con los ojos fijos sobre él. Seguía viéndole excesivamente joven. –No sabía que dejaban trabajar a niños de trece años. – dudaba que tuviera más, aunque bien podría equivocarse por gusto. Pues se notaba que el otro prefería que lo trataran como adulto. Un adolescente rebelde. Entretenido a su modo. –Probaré tu dichoso pastel, pero si no me gusta tendrás que invitarme a todo lo que quiera probar. – su sonrisa iba aumentando en gracia mientras revolvía su café y probó un poco, cuidando de no mancharse con la crema. Owena era libre, pero no descuidada y mucho menos sucia.

Por cierto, ¿Qué es Ensalada Muga? ¿Y qué sabores de galletas tienes? – preguntaba más que nada por ocio y por ver la reacción del chico. –Podría llevarle algunas a la pequeña Maybritt para ver que opina, ¿Sabías que tiene mejores papilas gustativas que la mayoría? – añadió como si fueran dos viejos amigos hablando de otra amiga en común. May no sólo tenía mejores sentidos que el resto, también una capacidad insensata de guardar un terrible secreto y ella, como buena chica, había decidido que le ayudaría a guardar ese pequeño detalle. –Este lugar es tan... Pintoresco. – añadió más para sí que para su cantinero. Dio una mirada cuidadosa a su alrededor, aunque la sonrisa burlona no lograba escapar de su rostro.




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Re: El cliente siempre tiene la razón... || Privado

Mensaje por Abel Giraud el Jue Ene 08, 2015 7:01 am

¡Hey!! ¿Dónde demonios estaba la santa inquisición?!! Ahí había una bruja de verdad temible y no veía ni una sola antorcha lista para prenderle fuego a la malvada mujer. ¿Tan fallidos eran los servicios de limpieza hoy en día?? Bomberos, Greenpeace, ¡911! ¿Alguien que pudiese llevarse lejos a quien tenía al frente?!!

Café limpio con crema y… una rebanada de pastel de calabaza ¡en camino! Señorita Fakhoury~ – confirmó con una entusiasta sonrisa para nada ensayada, pero que gracias a Dumbledore, le salía perfecta cada que se sabía en la mira de la patrona. Su orgullos gritó herido por tener que comportarse como el atento empleado que se suponía debía ser, el pobre hubiese preferido hacerse sepuku y morir con honor, pero tenía que abastecer su inventario de ingredientes para pociones, por lo tanto, necesitaba el empleo. Ah, y la jefa lo estaba viendo desde la otra esquina del establecimiento. Seguro se le había perdido una de las tres escobas.

El pastel de calabaza es la segunda especialidad de la casa, estoy seguro de que le encantará. Incluso con cerveza de mantequilla combina de maravilla.– eso sí, confiaba plenamente en el exquisito pastel, lo que le preocupaba era la legalidad de la mujer a quien ahora podía identificar como Fakhoury ¿Owena? ¿Por qué se suponía que querría llamarla Owena? El nombre era raro y algo en la forma que lo había mirado al dar su nombre no le agrado precisamente, era como si su alarma de “cuidado, gente peligrosa” se hubiese encendido tras analizarla fugazmente. Pobre Maybritt, debía ser fatal tener que soportar a una bruja de su magnitud.

Atenuó la sonrisa y señalando una ensalada que justamente colocaban en la barra para que otro de los meseros se la llevara a una mesa, aprovechó para explicar el platillo y también para descansar de la sonrisa que soñaba con convertirse en un grito de guerra que señalara el inicio de una contienda sin descanso contra las despectivas palabras de su clienta. ¿Niños de trece?!! Eso… ¡eso no tenía perdón!!!

Ensalada Muga– apoyó el brazo izquierdo sobre la barra y se inclinó ligeramente sobre la misma. – Es uno de nuestros más recientes platillos. El ingrediente protagonista es un simpático y delicioso salmón ahumado, quien tiene la fortuna de ser acompañado por una selecta combinación de lechugas, además de tomate, pepino, unos cuantos quesos, huevo y frutos secos entre otras cosas. – el plato fue retirado de la barra y como al seguir con la mirada el destino específico de esa ración, notó que su empleadora ya no rondaba en las cercanías, se dispuso a preparar la que se suponía era su taza de té: cortesía de la pelinegra, aunque presentía que sería él quien al final pagara una larga cuenta. Eso le pasaba por aceptar el reto  –silenciosamente– y ya se podía ver con el sueldo de toda la semana endeudado para pagar esa ronda.

Tres de azúcar, crema y… –¡Por las gafas de Potter!– se quejó y gruñó cuando aquel que le dio el pisotón se llevó la botella de licor antes de que él pudiese servirse siquiera una gota, pero ya nada podía hacer... E indginado continuó –Como le decía, Muga es una de las especialidades y en mi opinión muy particular. Es el vinagre de Módena y las semillas de amapola lo que le dan el toque especial.– finalizó y suspiró resignado. Normalmente habría terminado su presentación con un guiño si se trataba de una chica o con un tono amistosamente confidencial si era el caso contrario, pero en vista de que éste era un caso muy especial, lo soltó en seco y con destello de desconfianza que quiso quitar del primer plano al fijar la vista en su taza.

Con confianza puede llevarle cualquier clase de galletas, todas las de aquí son de su agrado. – su lado amigable se había ido a acampar a algún sitio de su cabeza y ahora se encontraba en modo “¿De qué oxidado caldero has escapado?” –¿Verdaderamente la cuida? He estado con ella y no recuerdo que la mencionara.– Tal vez porque se la pasaban hablando de notas musicales, malvaviscos, trolls y conejos, de May y su reino. Pero eso no cambiaba las cosas, nunca había oído hablar de Owena Fakhoury.

Pensó que no la podía culpar por guardarse tan terrorífico detalle, pero la señora se mostraba deslumbrantemente segura y confiada, como si la niña fuese casi su mejor amiga. –No lo tome a mal, pero no parece de la clase de persona que se lleva bien con niños pequeños. – dijo apático. Ladeó el rostro y alzando una mano a nivel de sus hombros hizo unas cuantas señas a alguien mas del personal. A los minutos dejaron en manos de Abel una bandeja con un pastel completo de calabaza, ocho rebanadas, la cual acomodó junto a ellos, del lado opuesto donde se encontraban crema y azúcar. Sirvió con cuidado una para la misteriosa mujer. –Y por cierto, casi soy mayor de edad. – Aclaró tan serio como pudo sin llegar a ceder a la molestia que en verdad le generaba el que le hubiese dicho niño-niño. Pero mejor que no le preguntara exactamente cuántos tenía o todo el encanto se perdería.


Última edición por Abel Giraud el Sáb Mar 28, 2015 6:54 pm, editado 1 vez



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Re: El cliente siempre tiene la razón... || Privado

Mensaje por Owena Fakhoury el Lun Feb 16, 2015 3:13 pm

Al ir escuchando cada uno de los ingredientes de la dichosa ensalada, se dijo a sí misma que no pensaba probarla y mucho menos a una hora que no fuera la del almuerzo. Se oía a comida pesada, demasiado llena de cosas, no podría disfrutarla ni de cena, eso seguro. Pero suponía que para alguien con exceso de hambre a esas horas vendría bien. Observó al chico reclamar consigo mismo y aunque le divertía notar su sufrimiento, porque era excesivamente expresivo, si no tuviera un objetivo en mente ya se habría retirado del lugar que parecía trabado en algún punto de una época pasada, pisada y olvidada.

En cuanto percibió el tono de inquisidor del mocoso, supo que era un criajo inteligente. Si sabía de quien escapar y contra quien desconfiar, entonces tenía su respeto. Lástima que en esos momentos lo necesitara dócil y no creyendo que iba a devorarlo con la sola mirada. –Soy amiga y compañera de trabajo de su padre, suele dejarla al cuidado mío en el Ministerio. – para su lamento no estaba mintiendo. Al menos no en la parte de niñera. Y una suave carcajada escapó de sus labios en cuanto escuchó los razonamientos del niño sobre su trato con menores. Muy observador, nada que decir. –Que no me lleve bien contigo porque estás algo amargado para ser un niño pequeño no significa que no pueda llevarme bien con May. – ni que ella no temblara como gelatina cada vez que la tenía en la misma habitación, pero a Owena le gustaba pensar en eso como un efecto colateral.

La mayoría de edad se demuestra, proclamarla te hace ver aun más pequeño. – se burló como si nada y comenzó a beber de su taza, finalmente, y tomando un tenedor tomó un trozo del pastel y lo saboreó con la duda pintada en su rostro. La verdad era que estaba bueno, bastante, pero hacerle pensar al otro que tendría que pagar sería uno de sus pequeños y ociosos deleites del día.

¿Trabajas aquí todos los días? – consultó aunque para su mala suerte le había tocado de mesero un chico demasiado joven y que probablemente no tendría mucha información de utilidad para ella. Luego de que el café le calentara un poco las venas, se tomó la libertad de abrirse el abrigo, dejando parte de su piel a la vista. Su propio cuerpo nunca le había sido una dificultad, de hecho solía usarlo como arma, pero en estos momentos dudaba de su utilidad pues no parecía un niño interesado en eso, o al menos no de momento. –Yo también estoy en horas de trabajo. – le confesó bajando la voz, como si estuviese pidiéndole que le guardara el secreto. Le guiñó el ojo levemente y volvió a probar otro tanto del pastel.

Fue entonces cuando un pequeño recuerdo vino a su mente, uno que había olvidado por la poca utilidad de lo mismo. Y que ahora, luego de observar por bastantes minutos al chico, caía en consideración. –Ah, que pequeño es el mundo... Ljungstrand si me habló de ti, eres la niñera temporal de la pequeña Maybritt. El squib. – bien, esto se ponía interesante, pero por razones ligeramente diferentes a las iniciales por las que había venido. ¿Qué sentiría ese niño si supiera que su pequeña cuidada no era una niña sin magia? Lástima que no podía romper la confianza que la niña le había otorgado. Sólo por eso, pensó, tendría algo de piedad.




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Re: El cliente siempre tiene la razón... || Privado

Mensaje por Abel Giraud el Mar Abr 14, 2015 4:50 pm

Entonces, esa bruja era conocida del señor Ljungstrand. Bien, sí, era bonita, lo aceptó incluso antes de que se abriera el abrigo pero seguía sin parecerle adecuada para cuidar de Maybritt. Si en el tono en que le hablaba a él, le hablaba también a la niña, la pequeña seguramente sufría ataques de estrés solo de tenerla cerca. Ya la imaginaba, asustada sin escapatoria o poniendo en práctica su léxico rebelde y poco respetuoso contra Fakhoury. De repente la escena le pareció graciosa y digna de presenciarse. Lástima que él como “gente adulta” y educada no podía regresarle las palabras como quisiera. Procuraba no faltarle al respeto a sus mayores.

Tensó el semblante y prefirió beber de su taza para disfrazar lo mucho que le había calado escuchar semejante verdad sobre la mayoría de edad. Sí, tal vez tenía razón y presumirse casi adulto lo dejaba en ridículo, lo tendría presente la próxima vez que el tema sugiera en otra conversación y también memorizaría la frase usada por la mujer. Quien sabe, quizá un día tenía oportunidad de aplicarla contra alguien más y apantallar con esas palabras.

No soy un niño pequeño amargado.– dijo entre dientes levantando la vista hacia la mujer por unos cuantos minutos. Dio otro sorbo a su bebida y después bajó la taza hasta la madera. –Casi todos los días. Rotamos turnos así que descanso un día al azar entre lunes y viernes. Los sábados me presento solo las primeras horas del día, el resto… me las concedieron libres.– le contó sin temor a dar mucha información sobre sí mismo. La observó minuciosamente mientras probaba el pastel de calabaza, pero no consiguió descifrar si el paladar de la dama lo aceptaba o no. Confundido quedó por el guiño que Owena le hizo, ¿cada cuánto una mujer madura te guiñaba el ojo? No es que lo tomara por el lado coqueto de la vida, normalmente no pensaba en esa sintonía así que tampoco lo leyó en alguna entonación extraña. Sino que, le generó dudas, de esas que ponían a saltar su curiosidad. Trabajaba en el Ministerio, ¿no? ¿Qué podía buscar alguien del Ministerio en Hogsmeade?

¡Exacto! Soy el niñero de May. La pasamos bien sin necesidad de magia.– frunció un tanto el ceño pero sonreía con orgullo. Él era una persona confiable y responsable, independientemente de si tenía o no magia. –Maybritt es perfecta tal cual es. Es valiente y aventurera. Aunque las personas insistan en que solo fracaso le espera, tengo la seguridad de que llegará más lejos que muchos magos y brujas.– convencido estaba plenamente de sus propias palabras. –Es normal que no todos lo vean, son ciegos a su manera. Pero entre squibs, nos entendemos y apoyamos.– afirmó al mismo tiempo que le servía a su peculiar clienta otra rebanada de pastel. –Si ya ha pasado tiempo con ella, ha de saber lo bien que se desenvuelve en lugares que le son familiares. Obvio, en sitios nuevos le cuesta, pero es muy atenta. ¡Y tiene un olfato envidiable!– agregó lo último con una gran sonrisa, hasta se había olvidado de con quién hablaba. Carraspeó después de mirar a Owena, un tanto avergonzado por el entusiasmo mostrado al hablar de la niña. Pero es que le agradaba y se alegraba por sus logros como si fueran propios. Era la primer squib que conocía…

¿Usted tiene hijos?– quizá por eso el padre de May le encomendaba a la cría. –Más pequeños que Maybritt, supongo.– sí, dio por hecho que los tenía pero como lucía realmente joven imaginó que serían menores. Lo guapa no le quitaba la oportunidad de ser madre, como buen ejemplo estaba su propia madre. Apretó los labios para contener una mueca de tristeza o una sonrisa nostálgica, no estaba seguro. Sin querer había recordado los momentos en que Tara y Gabriel habían tenido que aceptar que su hijo era un squib, suerte que el señor Kjell fuese más amable y llenara a la niña de cariño sin importar su condición no mágica.



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Re: El cliente siempre tiene la razón... || Privado

Mensaje por Owena Fakhoury el Vie Abr 24, 2015 5:32 pm

El chico trabajaba varios días, así que cambió en su mente el punto que le reclamaba la poca utilidad de conversar con él. Si pasaba casi toda la semana allí significaba que algo podría ver. Pero… ¿Sería tan brillante él como para darse cuenta de movimientos extraños? Lo tendría que poner en duda. Pero, era muy pronto para ganarse su confianza y recibir datos valiosos. Ese era el problema de tratar con pubertos, se creían tan adultos que era difícil que confiaran como cuando eran apenas unos críos, una lástima claro.

Su siguiente discurso casi logró enternecerla, si no fuese porque internamente podía escuchar el eco de su propia carcajada, esa que no podía sacar a la luz. Ah, ese pobre chico era demasiado joven e inocente. Se le rompería el corazón tan fácil… Igual que a Kjell de hecho, el día en que la pequeña niña en que ella tenía puestas sus esperanzas ya no pudiese ocultar el don que traía en las venas. Ella quería pedir un puesto en primera fila ese día, de mera espectadora claro. Sus intereses de formar parte de una escena cargada de sentimentalismos y lágrimas no sonaba agradable—. Yo te recomendaría que esperaras, todavía no llega a su límite de edad… ¿No? ¿Has escuchado de las muestras de magia tardía? —más amable no podía ser, eso pensó mientras degustaba otro trozo más de pastel.  

Ah, era como una comedia pero triste. Negó con la cabeza—. Querido, si te sirve de consejo, nunca confíes al cien por ciento en las mujeres. Es así como te rompen el corazón en pedacitos —sí, le hablaba como si el chiquillo estuviese enamorado de la mocosa. No porque lo creyera claro, sino porque seguro el dolor que sentiría al enterarse de la verdad sería equiparable al que percibían los que se dejaban llevar por ese terrible e infructuoso sentimiento. Ella misma lo evitaba todo lo que podía, y quería creer que tenía ganada la batalla, pero la imagen de cierto anciano llegó a su mente y le hizo bufar por lo bajo. No, no lo meditaría.

Oh, por supuesto que no tengo hijos, sobrinas sí y Maybritt, que es algo parecido —parecido en el sentido de que recibía sus consentimientos de vez en cuando. El día en que Owena se dignaba a ser un alma caritativa—. Y si te lo preguntas, no los voy a tener ya. La edad ni los deseos ajustan, tendrían que ser adoptados, pero el tema simplemente no me llama —ya veía al jovencito creyendo que ella no tenía hijos porque no podía. Esperaba al menos evitarle caer en otro error, ya que en el de Maybritt estaba tan hundido que ni con una cuerda mágica lo sacaría antes de que lo dañara la explosión.

Terminó de beber su café, y se levantó. Ya tenía una visión clara del lugar y de lo que podría alcanzar si regresaba, no era mucho claro, pero un interés nada sano le provocaba el squib y el sufrimiento que atraería a su vida. ¿Tendría algún problema en dejarla mirar? Por simple ocio claro—. El pastel estaba decente, sólo por eso te pagaré. Pero era demasiado. Si atiborras así a los clientes no tendrán razones para regresar —le comentó, amable como siempre y estiró la mano para dejarle unas cuantas monedas, suficientes para pagar y para que le sobrara, lástima que el dinero no repararía las heridas que sufriría en un futuro cercano.

Creo que nos veremos antes de lo previsto, así que no me extrañes mucho. Ya sabes mi nombre, simplemente tienes que invitarme a un café cuando estés aburrido —le dejó un papel con su tarjeta, con indicaciones para enviarle lechuzas si lo veía necesario. ¿Necesidad? Ninguna, pero ya que la vida era sólo una, no desaprovecharía la oportunidad de plantar su semilla y ver si germinaba. Tal vez hasta se convertiría en una hermosa flor... Una cubierta de sangre y lágrimas.

Le hizo una seña con la mano y sin esperar el cambio por su pago se ajustó la ropa y se retiró. Tal y como había venido. Por mientras el joven Giraud podría volver a disfrutar de la paz. Hasta que la vida misma se la arruinara.




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Re: El cliente siempre tiene la razón... || Privado

Mensaje por Abel Giraud el Mar Abr 28, 2015 8:44 am

El entusiasmo con que antes había hablado de Maybritt desapareció en un dos por tres. Sabía que a la pequeña aún le quedaba tiempo aunque fuesen solo meses, no estaba seguro. Quizá había sido un error el dar por hecho que era una squib, pero es que la mayoría daba señales de magia desde muy pequeños. Contados casos conocía en que la habilidad se presentase tan tarde. Desvió la mirada y bebió un poco de su propia taza, sencillamente se negaba a aceptar esa pizca de esperanza. Hacía mal, después de todo ser squib no le haría las cosas más fáciles a May, que suficiente tenía con adaptarse a un mundo que no era capaz de ver, pero a veces a Abel le ganaba el egoísmo y prefirió pensar que tendría alguien con quien convivir cuando le apeteciera que no fuera un adulto o un crío que esperaba con ansias marcharse a Hogwarts.

Su apatía se vio obligada a dejar lugar a una expresión de genuina incomprensión ante el sermoncito extraño que le soltaron sobre mujeres y corazones rotos. ¿En qué momento habían cambiado de temática? Aunque el hecho de que una mujer le advirtiera no confiar en su propio género le alarmó un poco. ¿Tan malas eran?? Las sabía crueles y sin piedad, pero no metía a todas en el mismo saco, ¿debería hacerlo? No imaginaba a May mintiéndole sobre algo importante. Tal vez debería decirle que él ya tenía maestría en romperse y re armarse por sí mismo, pero no la vio precisamente preocupada así que descartó la idea.

¿Cuántos años tiene?! se preguntó, ¿significaba que tenía más de cuarenta? Wow, eso es conservarse. Tal vez sea vampiro, tiene el porte de uno. Bromeó en sus adentros mientras la mujer terminaba de beber y al parecer se alistaba para marcharse. –Yo no atiborro a nadie. Pero lo tendré presente la próxima vez que venga.– ¿quería que regresara? No estaba muy seguro, pero como empleado estaba bien dar a entender que se le esperaba de regreso algún día. Contó el efectivo que le entregó y media sonrisa mostró al descubrir la propina. Por lo visto no era tan malvada como parecía a simple vista.

¿Antes de lo previsto?– alzó una ceja, confundido, bajando la vista para leer la tarjeta que le había dejado. De alguna forma el recibirla le subió el ego, ¿quién en Las tres escobas había recibido antes la tarjeta de una hermosa mujer que trabajara en el Ministerio? ¡nadie! Seguro sería la envidia del resto del personal por un tiempo.  –Nunca me aburró, pero igual le escribiré Señorita Fakhoury.– aclaró según su propia perspectiva pero Owena ya se alejaba. Se encogió de hombros y acto seguido se dispuso a recoger la taza vacía y cubiertos. ¿Qué podría escribirle a una mujer como Fakhoury?


TEMA FINALIZADO



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YOU Cant'T tELL mE What To dO!


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