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|Flashback| He's not just anyone ✙ Abel Giraud

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|Flashback| He's not just anyone ✙ Abel Giraud

Mensaje por Gabriel S. Giraud el Mar Ago 19, 2014 7:10 pm

Sometimes late at night I watch him sleep,
I dream of the boy he'd like to be.
I try to be strong and see him through.

See, he's not just anyone, he's my son.
Mark Schultz
Diciembre, 2020. Horario de visitas en San Mungo, Cuarta Planta.
Llevaba apenas unos meses recluido, y unas pocas semanas desde que había recuperado la conciencia de si mismo y del lugar donde se encontraba. Quería creer que sólo Tara había sido la cruel, pero sus recuerdos ligeramente difusos le estaban diciendo que el también había participado en el problema. ¿Cómo? No lo tenía claro, el rostro de una mujer extraña lo alcanzaba por las noches mientras el de sus pequeños hijos se le escapaba más de la cuenta. La pequeña Marianne y el pequeño Abel, lo único que le mantenía unido a Tara.

Había visto a la rubia hacia unos minutos, mientras fingía no recordar todavía la razón por la que se encontraba tan mal herido en cuerpo y alma. Las heridas de su cuerpo ya habían sido historia, estaba restablecido, pero su mente... Esa había sufrido de maneras poco agradables y aunque intentaba aferrarse a su cordura, esta parecía escaparse de sus manos al igual que sus memorias. ¿Qué cosa era real? ¿Cuál no? No estaba seguro. Había sido Tara o esa mujer la que le había gritado el Crucio... Una, dos... ¿O ninguna vez? Era probable que fuera una pesadilla recurrente que tenía desde que había despertado y que ni siquiera tuviera parte en el mundo real donde estaba.

Quería creer que estar casado significaba todavía algo para él, seguramente por el tema de sus hijos, a los que había que cuidar. Intentó recordar la primera muestra de magia de Abel, había estado tan orgulloso en ese momento... Claro, hasta que cayó en la cuenta de que el chico tenía doce años y que la magia no estaba en sus manos. Una serie de libros y cosas que tenía en la mesa de al lado cayeron con un estruendo, desparramadas en el piso. Si hubiera podido las habría aplastado, pero lo tenían tan lleno de pociones y cosas que seguro si se levantaba se caería. Dudaba poder mantener su entereza en unos minutos, Tara había dicho que traería a Abel, que el niño quería verlo. Pero, el no estaba preparado todavía para poner una cara amable para el chico.

Suspiró, enojado consigo mismo y con su mente que planeaba traicionarlo. Ese chico era un sucio squib, no su heredero que iba a seguir sus pasos algún día y hacerle sentir orgulloso. Pero seguía siendo sangre de su sangre y le guardaba un cariño algo complicado por lo mismo. Intentó en vano arreglar su aspecto, aunque poco caso tenía y cuando la puerta sonó una sonrisa que había ensayado y puesto en función durante toda su vida se hizo cargo de la expresión en su rostro.

Estaba bien, tal vez su mente le engañaba y el chico no cumplía aun los once años. La carta se había tardado en llegar, pero seguro aparecería pronto, y entonces irían a comprarle una mascota, la varita, la ropa y los libros del colegio. La idea le hizo sonreír más sinceramente aunque una parte de él le gritaba que se estaba mintiendo. –Hola pequeño... ¿Trajiste lo que le dije a tu madre que me trajera de casa?.- le había dicho a Tara que quería un diccionario. Si, uno simple, de significados. ¿Para qué? Esperaba que si lograba obligar a su mente a estudiar palabras, entonces sus recuerdos también comenzarían a afianzarse en su cabeza y dejarían de ser una masa sin forma.



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Re: |Flashback| He's not just anyone ✙ Abel Giraud

Mensaje por Abel Giraud el Jue Ago 21, 2014 6:14 am

Confusión. Esa palabra abarcaba el sin fin de sentimientos que el niño albergaba por aquel a quien debía llamar Padre. Y en efecto lo era, al menos, biológicamente hablando. Porque al ejercer como tal… dejaba un poco que desear. Al principio, cuando quedó claro que Abel nunca portaría su propia varita, el niño creyó que su padre estaba enojado, quizá se sentía defraudado, pero él no era el único, el chico también se sentía mal consigo mismo. Depositó toda su esperanza de infante en la ilusa idea de que con el pasar de los días su querido padre volvería a ser el de antes, a tratarlo como siempre, a compartirle un poco de su tiempo.

Sobra decir, que eso jamás ocurrió.

Aún le costaba asimilar el frío trato que recibía. Era cierto que las sonrisas no se le negaban, no tanto, pero como todo crío, alcanzaba a distinguir los gestos forzados de los genuinos, y de los ensayados… Por ese entonces aún no encontraba un método para liberar su frustración, se guardaba todo, todo acumulaba.

Asintió temeroso a la casi inmediata pregunta que se le hizo. Debía pasar un rato con él, conversar, pero el tema inicial parecía omitir por completo su presencia como hijo. Sí, lo había saludado, por llenar el formulario, supuso. – Hola, papá… – un segundo lo miró a los ojos y rápidamente, como si temiera ser regañado, desvió su atención hacia cualquier cosa, las manos del hombre en este caso. Hacia ellas tendió con un firme movimiento el diccionario solicitado, no uno nuevo, no cualquiera, uno de él, de Abel. El niño sabía que quizá eso no agradara del todo a su exigente padre, pero su madre había insistido en que le llevara ese porque Gabriel no había especificado, y ahora debía conformarse con lo que se le proporcionaba.

El hijo en su intento por no perder a su padre más de lo que ya lo había perdido, tachó con tinta negra las letras que rezaban su nombre delatando que el objeto le había pertenecido. Así fue como una maraña de rayas sin sentido se interpusieron entre la vista del que sería el nuevo dueño, y el nombre de aquel a quien había dado su apellido. –Mamá dijo que éste estaría bien. La pasta está un poco gastada, no mucho. ¡Pero no ha perdido ni una hoja! Yo… he intentado cuidarlo…– finalizó casi en un susurro. Por lo visto, una parte de él quería estar junto a su padre sin importar lo que éste opinara. Pero se arrepentía, se arrepentía de haber dicho esas últimas palabras. Debió callarse y dejar que los minutos corrieran en silencio. Pronto todo pasaría y podría volver a casa. ¿Volver? ¿Acaso no había sido iniciativa suya el presentarse ese día y ocupar el horario de visitas? ¿No era él quien quería ver a Gabriel? Quería saber cómo se encontraba, eso seguro. Nadie le había explicado concienzudamente lo ocurrido, el por qué de la precaria condición de su padre. El mundo se dedicaba a informar únicamente a los adultos, dejando a Marianne y Abel con un mar de dudas que al parecer nadie contestaría. ¿Debía entonces preguntárselo directamente?

¿Tú como estás? ¿Cuándo… volverás a casa?– se atrevió a cuestionar haciendo un gran esfuerzo para que su voz no flaqueara. Lo quería de regreso por extraño que pareciera, ¡su padre no merecía estar ahí, en San Mungo! Él… estaba bien ¿no? Le habían dicho que sus recuerdos estaban confusos, pero para Abel, lucía casi como siempre, casi. ¿Veía Gabriel igual al niño? Tan simple como siempre había sido.



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Re: |Flashback| He's not just anyone ✙ Abel Giraud

Mensaje por Gabriel S. Giraud el Miér Ago 27, 2014 9:34 am

Los ojos de su hijo, esos que eran casi iguales a los de Tara lo miraron por unos segundos y luego se escaparon de él. No los requirió de nuevo porque podrían atraer a malos recuerdos, así que prefirió recibir en sus manos el antiguo tomo que le cedían. Se notaba usado y repasó la cubierta con sus dedos mientras escuchaba al chico mencionar que lo había tenido mucho tiempo. Si no fuera porque había una voz en su cabeza recordándole las razones por las que no podía soportar bien al chico, lo habría abrazado.

Pero, un diccionario era lo que había pedido y eso tenía en su poder. No le restaba nada más que agradecer el gesto. –Se ve en buen estado, me servirá, gracias.- tres frases en una y logró decirlas de corrido luego de unos instantes de meditación. Tenía esa pequeña falla en su mente a veces, esta parecía quedarse por completo en blanco y abandonar a su cuerpo a su suerte, antes de regresar como si no se hubiera perdido unos instantes. Escuchó las preguntas del niño sabiendo que nada podía hacer para aliviar la curiosidad del chico, pues el mismo no tenía claro hasta cuando estaría allí recluido. Al menos hasta que lograra mantener su mente tranquila y sin sorpresas en el camino. Aun así decidió que le mentiría, una mentira blanca sería más suave que la verdad. –Estoy mejor, aunque mi cabeza se siente algo rara… Volveré en unos meses, cuando el sanador que me trata me de esa libertad.- le había confesado casi toda la verdad enclaustrada en pequeñas y difusas mentiras, no podía haber problema contra eso.

Se suponía que tenía que proteger a su hijo, y eso incluía el cuidarlo de la demente de Tara que lo había maldecido directamente y sin piedad. Frunció el ceño por unos segundos al recordar el dolor, pero tiempo después logró volver al mundo actual y meditar, en parte, en que debía sonar un poco a un padre con el pequeño niño. ¿Ya había pasado su cumpleaños? No estaba seguro de en qué día vivía, por lo que tampoco recordaba la edad del chico. Pero, ¿Cómo preguntarla sin que se notara mucho el dolor de cabeza que le daba el tema? –Abel, toma asiento.- le invitó, lo bueno de su tono suave era que parecía una siempre una invitación aunque fuera una orden. Algo bastante sutil y útil. Aunque el lugar estaba ligeramente desordenado por su repentino ataque de ira de hace unos minutos, eso que no recordaba por lo que se había molestado pero el dolor de su mano estaba presente.

–¿Sigues estudiando?.- consultó mirándolo con todo el interés que podía aunque su mente gustaba de irse por otros rumbos en los momentos más inapropiados. Justo como ahora que volvía a pensar en cumpleaños, en pastel de calabaza, en su madre que no sabía como estaba, si es que estaba... ¿Continuaba con vida, no? – ¿En qué día estamos?.- aprovechó de preguntar mientras miraba al vacío antes de abrir de pronto el diccionario y repasar las palabras, habían varias que desconocía, probablemente la mayoría.

Apatía. La palabra le causo un repentino interés, y la estuvo meditando antes de levantar la vista y buscar nuevamente la mirada del chico. –¿Sabes que significa Apatía?.- consultó entonces, olvidando por un segundo que aun esperaba respuesta de la pregunta que le había hecho antes, incluso juraría que lo último había sido sobre estudios... O sobre la abuela, no, no lo tenía seguro.



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Re: |Flashback| He's not just anyone ✙ Abel Giraud

Mensaje por Abel Giraud el Sáb Ago 30, 2014 12:09 pm

I ain't gonna cry
I don’t  wanna scream
But I got so much left unsaid inside of me…


¿Cómo podían ser tan cambiantes las emociones y expresiones del muchacho? Feliz porque había aceptado el diccionario, aunque el silencio previo le había bañado en nervios. ¿Triste porque su padre tardaría meses en regresar? ¿Cómo se suponía que lo iba a saber?!  Le costaba distinguir lo que realmente quería, de lo que era mejor para sí mismo. Víctima de la duda que eso le generaba tomó asiento como se le ordenó, claro, le supo a amable invitación. A preocupación por su comodidad, tal vez. Pero no lo miraba, tenía miedo, mejor perder la vista en el suelo…

Sí, en casa. Como siempre…– afirmó arrastrando su humor sin saber realmente hacia dónde llevarlo – Todos los días sin falta. En ocasiones también los sábados y…– levantó tan solo la mirada hacia su progenitor. ¿La fecha? Llevó la vista al techo, saboreando el día en que vivían –18 de Diciembre ¿2020? – respondió con seguridad, agregando como pregunta el año pues no comprendía cuál de esas cifras tenía con incógnita al mayor. Mejor incluir el año y no arriesgarse a insuficiencias. Lo vio hojear el libro y comenzó a sentirse un poco mas relajado, quizá porque ya no se sentía el punto de atención. Era mejor pasar a segundo o tercer plano, que las letras acapararan cuanta atención fuese posible del hombre. Así, tal vez dejaría de sentirse desechado, pues había dejado de estar en las manos de su padre. Si éstas no  le sujetaban, entonces no sentiría la caída. Estaría permanentemente en el suelo. Ahí, el golpe no dolería.

Significa que no quieres nada. – contestó tan rápido y fluido que se sorprendió a sí mismo. Antes de escuchar la pregunta se había agachado a juntar los objetos esparcidos por el piso, seguramente al sentirse en ese mismo plano, reparó en la ubicación incorrecta de las cosas. Apiló los libros, fuera aún de la vista del otro – Indiferencia. ¿Ausencia de emociones?– intentó corregirse al darse cuenta de que su respuesta inicial había sido demasiado… personal, aunque no estaba seguro de que la segunda fuese más atinada. ¿Y si no lo era? ¿Le regañaría? Solo pensarlo le causó malestar, pero no podía estar siempre agachado recogiendo cosas. Se irguió volviendo a su correcta postura sobre la silla una vez que colocó todas y cada una de las pertenencias de su padre sobre la mesa que les acompañaba. Tentado estuvo a buscarles un mejor acomodo, de hecho ya había alzado ambas manos con ese propósito pero se detuvo en el último minuto. Tal vez se molestaba si tocaba mucho sus cosas.

No se dio cuenta, pero sus ojos buscaron los de su querido papá. ¿Qué esperaba encontrar en ellos? Una pizca de afecto. ¿Para qué? ¿Existía aún algo de eso para él? –No me gusta la apatía.– murmuró apesadumbrado. Puede que la definición exacta escapara de sus conocimientos, pero entendía bien de qué se trataba. –Se escucha doloroso. Si apatía fuera una magia, sería como una de esas maldiciones prohibidas.– dijo con inesperada convicción, hasta parecía que su mirar había adoptado cierta dureza. Reproche probablemente. Un poco de ese severo sentir que requería para seguir adelante, para sobrevivir.



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Re: |Flashback| He's not just anyone ✙ Abel Giraud

Mensaje por Gabriel S. Giraud el Vie Sep 05, 2014 3:56 pm

18 de Diciembre del año 2020. Fueron las palabras que le hicieron detener su inspección de los significados en el diccionario. Abel, su hijo, había nacido en noviembre, eso podía recordarlo, y casi tenía la idea de en qué año había sido, aunque preferiría decir que no tenía claro ese dato, sólo por intentar por un segundo quitarse la pesada carga de tener un squib que fuera sangre de su sangre… Justo como su padre, que esperaba estuviera al fin descansando en paz luego de una vida de terribles privaciones a causa de su falta de magia.

Se dedicó a observar los movimientos del niño. Si hubiera tenido una varita entonces con un solo movimiento todos esos libros hubieran tomado su lugar. Pero era un simple squib. Seguramente en el colegio todavía no le enseñaban a utilizar ese tipo de hechizos avanzados para hacer más fáciles las cosas en esta vida. Apenas si puso atención a las respuestas que le daba el niño sobre la pregunta que el mismo había hecho.

Su atención estaba clavada en el cabello del chico y a ratos en el movimiento de sus manos, y cuando al fin terminó su tarea, su boca seguía sellada por los pensamientos que tenía que reprimir. Su mirada se clavó en la del chico con un deje extraño en él. Parecido a la compasión. ¿Qué es lo que se suponía que un padre tenía que hacer? Recordó los sufrimientos de su propio padre y se dijo que no podía permitir que su hijo viviera lo mismo, claro que no, mejor el descanso de la muerte antes de que la vida le demostrara lo cruel que era.

Al final si lo escuchó y tuvo que lamentarse porque su hijo fuera tan inteligente pero no estuviera dotado acorde a lo mismo. Era una lástima. Apartó la vista de él y volvió al diccionario. –Aquí dice que es impasibilidad del ánimo, dejadez, indolencia, falta de vigor o energía.- señaló, un poco feliz de que al menos el chico supiera el significado de la palabra que él había escogido al azar. Hubiera sido un mago tan brillante. –Es bueno saber que estudias y eres aplicado, tienes que hacer que tu madre se sienta orgullosa.- ¿Él se sentía orgulloso? Lo sentiría más si fueran hechizos lo que le mostrara más que conocimientos teóricos, pero no recordaba bien cuanto tardaban en el colegio en enseñarles algo de valor.

Sus ojos parecieron volverse dos pozos oscuros cuando se giró de nuevo a ver al fruto de su relación con Tara. Porque no recordaba haber sentido amor y si eso había existido, muy seguramente se le había borrado luego de que ella lo atacara directamente. –Abel...- lo llamó luego de acomodarse en el borde de la camilla. Su mano, fuerte, se apoderó del hombro del niño apretando con algo de violencia justo en la base del cuello. Iba a hacerlo en ese momento y sería un acto de amor puro de padre a hijo. ¿Quién podría detenerlo?


Tu mismo.


Pero no pudo.

Su agarre en vez de soltarse sólo se suavizó, para jalarlo hacia él y darle un simple abrazo luego de liberar el costado de su cuello. Lo pegó contra su cuerpo y lo sostuvo con su otro brazo. No pensaba llorar aunque ya bien podía odiarse a sí mismo por ser tan débil y no poder protegerlo como se debía. Era imposible. No podía acabar con él con sus propias manos, con una varita tal vez y sin mirarlo, pero directamente, nunca lo lograría. –Tienes que cuidar bien de tu madre y de tu hermana.- la voz que salió por sus labios le sonó extraña, aunque no fue capaz de decidir la razón y su mente por unos segundos quedó en blanco aunque su agarre al cuerpo del chico no se soltó.

–¿Sabes que significa dualidad? .-






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Re: |Flashback| He's not just anyone ✙ Abel Giraud

Mensaje por Abel Giraud el Dom Sep 07, 2014 4:36 pm

¿Por qué lo miraba de aquella manera?¿Se sentía su padre triste? No estaba seguro, algo similar le pareció encontrar en esos ojos que casi toda la vida le habían estado observando, casi. Pero no era tristeza, lo presentía, quizá algo más complicado, y sentirlo hizo tambalear el semblante de convicción que antes había mostrado.

La definición oficial de la palabra elegida por el mayor le dejó un sabor complicado en los pensamientos. Era más precisa, sin duda, y sin embargo le pareció demasiado rebuscada para algo que entendía considerablemente bien. A veces el mundo no hacía mas que complicarse la existencia. Agachó mínimamente la cabeza ante el reconocimiento inesperado que recibió por parte de Gabriel, le hacía sentir bien y mal al mismo tiempo. Presionó sus manos hechas puño contra sus piernas, intentando contener la desesperación e incertidumbre que estaba experimentando a causa de esas simples palabras. Palabras positivas de su padre siempre conseguían hacerlo sentir feliz y entonces creía que podía formar parte de ese sitio en donde todos disfrutaban de la magia, pero el hacer mención a su madre y a que debía tenerla orgullosa… Eso volvía hundirlo en su propia tristeza una vez más. Amaba a su madre sin duda, pero en ocasiones a pesar de las infinitas y cálidas sonrisas que ésta le otorgaba, podía darse cuenta del exceso de amabilidad que dedicaba hacia él. Como todo niño brincaba de felicidad porque casi todo se le concedía pero… ¿no era demasiado? ¿No era Tara demasiado blanda? Generalmente no se lo cuestionaba, probablemente sólo cuando su progenitor la mencionaba.

El profundo pronunciar de su nombre fue lo que le hizo reaccionar y dejar atrás sus propias divagaciones. Parpadeó dos veces seguidas, una pausa y luego otra vez. Mientras lo hacía, veía venir la mano de su padre hacia él. Le gustaban las manos de su papá, siempre les había relacionado con abrazos y muestras fuertes de afecto, con habilidades desconocidas para él y con autoridad. Por un momento creyó que ese tacto vendría cargado tal vez de palabras de afecto. Que equivocado estaba…

Dolor. Incertidumbre. Miedo. ¿Qué le estaba haciendo?! Porque dolía pero el impacto de la situación le impedía moverse o pronunciar palabra. Veía a los ojos del otro, mas no lo reconocía. En ellos no había rastro de su padre, ¿o había sido siempre así, siendo falso el otro? Desconocía la respuesta y tampoco quería saberla. ¡Quería que aquello terminara!! Ya.
Por su cabeza deslizaron recuerdos, memorias de un sinfín de cosas que había hecho a su lado, entre sonrisas y abrazos, unos cuantos regaños que también aportaban algo útil a sus experiencias. ¿A dónde había ido a parar ese padre que sí lo quería? ¿Dónde?! Que alguien se lo regresara

El cuerpo no le respondía, era como si éste hubiese decidido no saber más del mundo, protegiendo la esencia del chico a su manera. La fuerza en su cuello se difuminó y convirtió en un abrazo que muy a su pesar, no le supo a abrazo. Debió aprovechar la inusual ocasión y apretarse también en ese gesto, quien sabe cuando volvería a estar entre los brazos de ese hombre, pero le fue imposible. Sus oídos recibieron las indicaciones hacia su madre y hermana, pero no le significaron nada, no en ese instante. Estaba perdido y confundido como para asimilar eso.

¿Dos partes de algo? Opuestas…– contestó mas por inercia que por otra cosa. Cerró los ojos un momento, grabándose la calidez de su padre, porque en ese instante comprendió que había cambiado. Los dos habían cambiado. Ya nada sería lo mismo y quizá, ese había sido el último abrazo aunque no supo entender todo lo que éste pretendía abarcar. –De esa no estoy muy seguro…– admitió triste y con fuerza apoyó ambas manos en su padre para intentar liberarse de sus brazos, un rechazo, uno definitivo. –¿Me lo puedes explicar? Por favor.– le pidió en voz débil, con los ojos humedecidos como nunca antes, queriendo retener el llanto. Pero era un niño, uno sin magia, y las lágrimas lo derrotaron.



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Re: |Flashback| He's not just anyone ✙ Abel Giraud

Mensaje por Gabriel S. Giraud el Vie Sep 26, 2014 6:08 am

Parecía que su cuerpo había demandado el mantenerse aferrado a ese pequeño cuerpo mientras su mente se había ido a pasear bastante lejos. En blanco. Una vez más. Tara tenía indudablemente toda la culpa, si ella no hubiera levantando su varita en contra de su esposo, entonces seguramente él no tendría esos lapsos donde el ruido del exterior no parecía llegarle y las voces en su cabeza se detenían por completo.

Reaccionó sólo cuando escuchó la voz de su hijo y su abrazo se suavizó un poco aunque no lo liberó del todo. Mucho menos cuando el pequeño intentó alejarse de él. ¿Lo estaba rechazando? Que horrible se sentía, que tu propio hijo no fuera capaz de aceptar sus brazos por unos segundos. Un recuerdo extraño le sobrevino, uno donde su propio padre lo abrazaba y él se quedaba allí, ligeramente preocupado porque sentía que el hombre se volvía cada vez más frágil con los años y él no podría cuidarlo a la distancia. No al menos de aquellos que odiaban a los impuros y también a los que no habían nacido con el don de la magia.

Se separó ligeramente mientras sus brazos decidieron al fin reposar, lánguidos, a sus costados. Una sonrisa vacía pero bastante similar a la que mostraba siempre se posó en sus labios aunque no era capaz de traspasar sus ojos. Mismos que se dieron cuenta, de la humedad que brotaba de la mirada ajena. –La dualidad es... – intentó buscar las palabras, pero su memoria se tardó otros segundos en reencontrar el significado, –Existencia de dos caracteres o fenómenos distintos en una misma persona o en un mismo estado de cosas. – recitó, pues al parecer, lo que querían decir las palabras era una de las pocas cosas que su mente era capaz de recordar sin problemas. Su mano se levantó para secar la pequeña mejilla pero el tacto fue más mecánico que otra cosa.

Luego volvió la vista. No es que le molestara verlo. O bueno, tal vez sí. Tal vez dolía un poco cada vez que se daba cuenta de qué tan parecido era a él mismo, aunque a la vez la diferencia era tan notoria que bien podría decir que no había lazo alguno entre uno y el otro. –Dile a tu madre que deben ir a visitar a la abuela de vez en cuando. – mencionó de pronto, recordando la figura de la ya anciana mujer, Cécile Aldrich, su progenitora, a la que siempre había querido pero nunca logrado entender del todo. No recordando a los padres de la mujer que siempre habían profesado una lealtad natural al purismo. Pero ella, ella había decidido que eso no importaba y que se casaría con un squib. Y como era de esperarse, era una de las pocas que nunca se había preocupado de que el hijo de su hijo fuera también un chico sin magia. Gabriel ya no lograba recordar como la convenció de no decirle a todos que su padre había sido un no mago. Pero si estaba seguro de que en su familia no lo sabían.

Nadie puede saberlo.

Hijo, quiero que me hagas un favor. –. Hasta el mismo se extrañó cuando las palabras brotaron de su boca. Pero, era importante que se siguieran sus instrucciones, y no podía decirle a Tara que lo hiciera pues estaba segura de que la bruja se encargaría de hacer exactamente lo contrario a sus deseos. Claramente eran un dulce y típico matrimonio, ¿No?. –¿Recuerdas la habitación que tengo en casa? Esa que te dije que era peligrosa para niños... – tal vez, sólo tal vez, era una mala idea. Pero antes de que la casa explotara o de que Tara tirara todo su trabajo a la basura, prefería decirle al chico. A pesar de sus miramientos en contra de la existencia de su hijo, una parte de él  se sentiría casi orgullosa si resultaba agradarle el tema de las pociones. ¿Quería que su lazo con su hijo se fortaleciera?

« Tal vez hasta se vuelva su asignatura favorita del colegio. »

Hay ciertos ingredientes que requieren mantención, aunque si le dices a tu madre seguro no te dejará, pero no es difícil. Si consigues algo de hielo y lo pones cerca de unos frascos con líquido amarillento. Ah, pero no debes tocar lo que tienen dentro. – de pronto se dio cuenta de que era una mala idea, pero ya lo había dicho. Lo miró otra vez, con algo de dureza, –Entiendes eso, ¿Abel? No tocar lo que contienen esos frascos. –. No estaba seguro, pero era posible que estuviera preocupado. Si algo le pasaba al chico por manipular materiales peligrosos como los que él tenía... No, no quería imaginarlo, por mucho alivio que le otorgara. Terrible si Tara llegaba a enterarse del pequeño legado que le estaba dejando al niño.



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Re: |Flashback| He's not just anyone ✙ Abel Giraud

Mensaje por Abel Giraud el Vie Sep 26, 2014 9:57 am

Sometimes
I wish I was brave
I wish I was stronger
I wish I could feel no pain



En los momentos importantes de la vida, siempre algo se le negaba. Se le había negado la magia cuando alcanzó los once años. Se le había negado el amor sincero de su padre. Se le había negado cumplir su sueño de ser un gran mago y, ahora, se le negaba el alejarse de ese hombre que insistía en retenerlo entre sus brazos. ¿Qué acaso no comprendía cuánto daño le hacía? Lo tocaba, pero no lo alcanzaba. Él, su padre, estaba ya tan lejos que ni corriendo con todas sus fuerzas conseguiría estar a su lado. ¿Para qué lo abrazaba entonces, si después lo tiraría al pozo más profundo? ¿Para qué si no iría en su ayuda? Para qué si ya había decidido que lo dejaría solo…

Contuvo la respiración en cuanto se sintió libre de aquel cruel “abrazo”, retrocediendo un paso instintivamente. Esperaba, que ahí no  lo alcanzara. No de nuevo, porque si lo hacía quizá brotaría en Abel un corrupto sentimiento. Evitó su mirada, ya no quería ver a su adorado padre y cuando éste hizo por secarle el rostro apretó los ojos creyendo que tal vez, sería otro acto violento el que aplicaría sobre él. Por fortuna no fue así, y el niño sintió alivio. Alivio de que no fuese algo más profundo y duradero.

La abuela. Sí, entendido. – confirmó con una voz que retorcía tristeza e indiferencia. Se limpió la otra mejilla, poniendo todo su esfuerzo en aparentar que nada había pasado, que aquel no le había apretado bruscamente el cuello, que él mismo no había derramado lágrimas de tormento.

“Un favor”

Eso saliendo de los labios de su padre aplastó cuanto había sentido hasta entonces. ¿Un favor a él? Quería su ayuda, eso lo hizo atender a sus facciones y las propias adoptaron seriedad, confusión y desde luego, curiosidad. Era su padre y le debía obediencia y respeto y cariño… Lástima que el último acababa de agujerarse. Pero recordaba la habitación privada de papá, eso significaba que podía ayudar. –¿Por qué mamá no me dejaría ayudarte?– preguntó inocentemente después de haber escuchado con mucha atención el pedido e indicaciones del mayor.



¿Y si tocaba el líquido amarillo por error? No.
¿Y si introducía algo en el frasco? Se enojará contigo. Se pondrá furioso. No volverá a confiarte algo.
¿Qué tal si… lo probaba en algo más? En alguien más.

No se enterará, no saldrá pronto de San Mungo.



Consideró el preguntar también por qué no le pedía a Tara que lo hiciera, pero si hacía la pregunta tal vez lo tomaría como una negativa de su parte. No quería eso. ¿Pero qué no quería alejarse de ese hombre? –¿Qué pasará si los toco? ¿Por cuánto tiempo debo cuidarlos?– interrogó extrañamente interesado, deseando obtener respuestas. Al menos, esas no se le negarían, ¿o sí? – Mamá pasa mucho tiempo fuera de casa…– en ese momento no pareció lamentarlo, al contrario, el simple hecho de decirlo le brindó seguridad – Será fácil hacerlo sin que se de cuenta.

Mentiría a su madre por Gabriel. Definitivamente. Pues a pesar de que la mujer fuera inmensamente devota a su hijo mayor, el niño siempre había querido más al hombre de la familia. Gustaba de su aprobación, cuando aún era digno de ella,claro,  ya que actualmente no la recibía. Pero quizá, algún día cuando los años pasaran y él consiguiera ser el mejor de entre "los suyos" podría recuperarla. Lo quería ¡lo ansiaba! Y aunque con los años esa convicción revolotearía en todas direcciones, aquel día, en ese cuarto de hospital, lo sentía así.

Que confuso era todo en su interior. Contradictorio. ¿Dualidad?



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Re: |Flashback| He's not just anyone ✙ Abel Giraud

Mensaje por Gabriel S. Giraud el Miér Oct 01, 2014 5:29 pm

Su hijo hacía las preguntas correctas, y eso le hizo sonreír con algo de sinceridad a pesar de tener el certero sentimiento de que estaba enviándolo a una tumba segura. Él ante todo se preocupaba del bienestar de ese niño; tal vez de formas poco ortodoxas, pero la preocupación estaba siempre presente.

Tu madre no te dejaría porque es peligroso. – le repitió, esperaba de que algún modo sus advertencias surtieran algún efecto, aunque tenía la leve sensación de que eso no sería capaz de contener la curiosidad del niño. Así que ya que había errado al decirle que se tenía que preocupar de esas cosas, era mejor que le diera bien las instrucciones correctas en el tiempo adecuado. –Durante el invierno no es problema, pero en verano se vuelven más problemáticos. Si los tocas directamente, dependiendo del frasco, podrías terminar con la piel quemada o con alguna infección. Incluso hay algunas que te pueden dejar ciego. – ¿Cómo era que recordaba todos los ingredientes que tenía en casa y no era capaz de rememorar todos los detalles de la noche de su caída? Su memoria, sin duda alguna, no tenía sentido.

Al menos el chico parecía dispuesto a seguirlo hasta el fin del mundo. Y esa idea le pareció reconfortante, si no fuera porque ya tenía más de once años le hubiera agradado decirle que estaba feliz de tenerlo de hijo. –Cuídalos bien y tenlos alejados de tu hermana, tienes que cuidarlos hasta que salga de aquí. O llevarlos a la casa de tu abuela, allí tengo otro laboratorio donde se pueden mantener mejor y solos. – no lo iba a obligar a mantener un secreto tan grande en el sótano de la casa que compartía con Tara.

Pero el chico era todavía pequeño. ¿Cuánto se tardaría él en lograr salir de ese horrible lugar? Su mente estaba todavía demasiado densa. Recordaba con claridad datos de poca utilidad; las cosas que había aprendido como si fueran parte de la vida, pero sus memorias personales… Esas estaban lejos y no las podía alcanzar. –No creo que tu madre te deje venir seguido... Pero puedes revisar mis libretas de notas para saber como tratar los ingredientes más difíciles. – fue la última recomendación que logró darle antes de que un quejido escapara de sus labios por un fuerte dolor de cabeza que le atacó repentinamente.

Apretó los labios, no acostumbrado a dejar muestra alguna de sus pesares. ¿Quería él que su pequeño hijo lo viera en su momento de debilidad? Por supuesto que no. Cuando logró recomponerse volvió a alzar el rostro, la mirada de furia que tenía no iba dedicada al niño, no, el problema lo tenía con la mujer con la que lo había procreado. Y le costó unos segundos que esa muda demostración de la ira que se guardaba dentro volviera a esconderse donde debía. –Abel, pequeño, ya puedes ir con tu madre. – a ella no necesitaba verla, no en esos momentos, cuando le había costado tanto contenerse. Esa bruja lo había atacado sin razón, ¿No?

Se acomodó sobre los almohadones, una sonrisa afable de nuevo era parte de su expresión. Todo estaba bien, Abel aún tenía la posibilidad de volverse un gran mago y él de ser el padre que debía. Le tendría que pagar con creces por esos años de lejanía, eso lo tenía claro, pero nada sería un precio muy alto por la dicha de que formara parte del mundo de los magos como uno más.


La esperanza era lo último que perdería.



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Re: |Flashback| He's not just anyone ✙ Abel Giraud

Mensaje por Abel Giraud el Jue Oct 02, 2014 7:47 am

Piel quemada. Infección. Ciego. Peligroso. Podía entender que estuvieran en un sitio prohibido para él y su pequeña hermana, así como también el hecho de que Tara indudablemente no le permitiría acercarse a semejante lugar. Pero no entendía qué hacía su padre con cosas tan peligrosas como las que acababa de mencionarle.  Investigaciones, supuso. Pero… ¿para qué exactamente? Eso ya no lo preguntó, estaba demasiado ocupado almacenando cada una de las instrucciones en su eficiente y joven memoria como para detenerse a mitad del proceso a hacer más interrogantes al mayor.

Cuidar los frascos de Marianne no sería problema, la pequeña niña tendía a ser obediente con su hermano mayor, era una buena hermana y amiga, no representaba ningún problema. Lo que sí veía complicado era el trasladar los objetos de su padre hasta la casa de la abuela Cécile… ¿cómo se suponía que iba a hacerlo?! Quizá el primer problema venía a ser la cantidad de frascos pues desconocía qué tanto se guardaba en aquel rincón de la casa. ¿Debía llevarse todo?¿Cómo los desplazaría él solo? Si fuera él un maravilloso mago podría tal vez simplemente desaparecer  y aparecer, pero no lo era y no consiguió visualizar un modo de hacer lo que se le pedía más que cargando torpemente los frascos dentro de una caja. Sin embargo parecía demasiado riesgoso considerando los malos efectos que provocaban. Frunció el ceño, mirando un punto al azar de la cama en que se encontraba Gabriel Giraud. Lo molestaba no saber hacer las cosas, no saber cómo ser práctico. Pero no había prisa, ¿cierto? Llevaría de uno en uno si era necesario, sabía llegar a la casa de la abuela y podría justificar sus viajes con las visitas que el hombre le pedía hicieran en familia a la anciana mujer. Además, ella le demostraba cariño al chico, todo parecía demasiado perfecto, hasta podría leer con calma y sin interrupciones las notas que su padre acababa de autorizarle.

No podía creer cuánto habían confiado en él ese día. Le permitieron visitar solo al hombre de la familia. Le encomendaban una tarea muy importante. Casi se sentía normal, casi querido.

Pero la sensación no se iba.

Ni se iría por más años que pasaran. Esa tarde el hombre que le dio la vida había intentado hacer algo contra la misma. Estaba seguro, no tenía duda. Bajó la mirada y a pesar de la tenue sonrisa que le acompañaba sus ojos adquirieron matices de tristeza. Ésta se ocultó al escuchar incomodidad en su padre, le ocurría algo y aunque le preocupó no se acercó ni hizo contacto físico con él. Buscó en sus facciones señal que le explicara el origen de su malestar, pero no lo encontró. Fue una mirada penetrante y dura con la que cruzaron sus ojos, generándole en un primer instante la necesidad de retroceder. Mas no duró mucho, pronto se atrevió a enfrentarla con fortaleza.  Abel no había hecho nada malo, no literalmente, y no había razón para temer ya que no ameritaba severidad hacia su persona. Carecía de razones para sentirse intimidado en ese instante, pero que no le recordaran el violento agarre entre su hombro y cuello porque le harían tambalear automáticamente. Ese sentimiento de debilidad parecía ser capaz de esfumarse y resurgir a voluntad. Pequeño gran problema.

Esta bien.– asintió –Cuidaré los frascos. – aseguró ignorando la voz interior que le aconsejaba olvidarse de él, que le gritaba un “Para qué” tan fuerte que le impidió reaccionar con naturalidad. Tras decir esas palabras permaneció inmóvil y callado. La vista perdida en el suelo, junto a sus zapatos. Minutos, segundos, minutos.

Volveré.


Y sin acercarse a él, dedicándole apatía en una última mirada, marcó una inclinación de la cabeza en señal de respeto antes de girar y cruzar la puerta. Albergaba en ese momento una mezcolanza tan extraña de emociones que no encontró manera de exteriorizarlas sin que colisionaran entre sí. Quería gritar ¿pero porqué? No podía entenderse, se sentía orgulloso por la misión encomendada a pesar de su edad, y triste por el hueco que ya podía sentir en su interior, por ahí, cerca del estómago, expandiéndose con calma hacia arriba, hacia su corazón. Pero era un hermano, y debía dar el ejemplo. Tenía una madre, la haría sonreír cada día. Y era un hijo, abstracto como pocos.


Guardaría.

Porque no era cualquiera, era el hijo de Gabriel, era Abel Giraud.





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Re: |Flashback| He's not just anyone ✙ Abel Giraud

Mensaje por Gabriel S. Giraud el Mar Oct 07, 2014 3:41 pm

Abel, su hijo, aceptó finalmente las instrucciones y procedió a retirarse. Gabriel se quedó mirándolo aunque luego de unos segundos su vista enfocaba un punto distante de esa habitación. Un punto donde él mismo tomaba sus maletas y se subía a ese tren que lo había llevado desde su antigua casa a la de los abuelos, abandonando todo lo que conocía para ir a estudiar como el mago que sería y no como el squib que había sido su padre. Se veía a sí mismo en ese chico que había tenido el bien, o mal, de parecerse a él en casi todos los sentidos; más no los suficientes para ser su orgullo.

La ironía de la situación actual le provocó otro dolor de cabeza, pero no dijo nada. Iba a soportarlo tal cual soportaba todas las cosas duras de la vida. Con una templanza que rozaba ligeramente la indolencia. El mundo podría caerse a su alrededor, pero eso no significaba que se lo llevaría a él también.

Se recostó en la fría camilla, el impoluto lugar era su segundo hogar así que estaría bien. Sabía el procedimiento, como el tema de la memoria era complicado seguramente lo dejarían de lado un tiempo por tratar casos de mayor importancia. Mientras sus recuerdos se siguieran entremezclando y desvaneciendo. Llegó incluso a pensar en la figura de su padre como el gran mago que habría podido ser si hubiera tenido la oportunidad. Prefirió cerrar los ojos ante esa idea tan vana.

Ni con todos los intentos de Tara por acabarlo, esos recuerdos de su infancia seguían presentes. Firmes e indelebles, con una sola palabra que no podría eliminar ni aunque se cambiara el nombre o se fuera a vivir al otro lado del mundo.


Squib

Hijo de uno, padre de otro. –Todo es tu culpa. – murmuró, aunque no sabía bien a quien le profería semejante peso en la conciencia. No había un sólo ingrediente en el mundo que le permitiera despertar la magia en alguien que no la tenía. Porque lo había intentado, acababa de recordarlo.

Abel Giraud. ¿Qué sería de su hijo en unos años cuando el mundo no sintiera culpa por maltratar a un niño pequeño? Porque crecería. Lejos de él y cerca del mundo, que se encargaría de darle la vida más triste que podría tener. El temor se grabó en su cuerpo también, la sangre de su sangre no merecía sufrir de ese modo. Saldría algún día de San Mungo y buscaría la forma de alejar a su niño de la oscuridad del mundo. Aunque tuviera que arrastrarlo a una oscuridad aún mayor y de la que nadie podía regresar. Esa idea le reconfortó, no era tan mal padre después de todo.

Gabriel Giraud tenía un hijo; y su nombre era Abel.


TEMA FINALIZADO



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