JULIO DEL 2025.
Los mortífagos se han hecho con el poder de Reino Unido e Irlanda, muchos han tenido que huir para salvar sus vidas pero otros han caído en sus garras sin poder evitarlo. El Mundo Mágico ya no es igual, pero una nueva puerta se abre ante los Prófugos en Australia, un país dónde todo es al revés, ¡y nunca mejor dicho!

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Mensaje por A. Thekla Azariadis el Miér Jul 20, 2016 7:27 am

But sometimes it's a good hurt
And it feels like I'm alive...
Incubus

1 de Julio, 2025

La vida había dejado de llamarse vida desde hace un tiempo. Mayo había sido un mes negro desde el fatídico día en que los antiguos prisioneros de Azkaban se fugaron casi en masa, y desde entonces su vida se había vuelto un torbellino. En principio cuando se definió la Gran Dictadura había pensado que lo mejor era quedarse, que algo se podría hacer a tiempo. Pero tarde se dio cuenta de que era esa una creencia demasiado infantil e inútil, que no había tiempo para ella ni para nadie que con sangre muggle decidiese quedarse en Reino Unido.

Unos meses había ganado, pero de encierro, y la estaban matando lentamente. Al principio había querido llevar una vida normal, y Tsukahara le había intentado ayudar, pero su constante estado de nervios no ayudaba en nada. Ella siempre calmada, desde que se había tenido que deshacer incluso de sus gatos, parecía haber perdido algo del brillo de sus ojos. Y había obtenido en cambio el miedo constante y la sensación terrible de que cualquier día alguien golpearía con fuerza la puerta del departamento nuevo donde vivían y le pediría que se entregara por las buenas.

Prefería morir antes de que sucediera, lo que menos quería era que alguien culpara a Hayato luego de todo lo que había hecho por ella. En él se había refugiado pero nunca tenían el suficiente tiempo para ellos mismos. Jamás imaginó que viviría junto a él, mucho menos que se volvería una carga tan pesada el protegerla. Tenía ya decidido que a la primera posibilidad de ser descubierta iba a huir al primer lugar que encontrara, aunque no estaba segura de si con la barrera que habían puesto sería tan fácil salir. Ya no tenía claridad de nada…

Tirada sobre una cama de una habitación sin ventanas, esperaba impaciente mirando el reloj en la pared. Cada vez que escuchaba pasos en el pasillo creía que venían por ella. Se preparaba y tomaba su varita, pero finalmente los pies ajenos se alejaban y la dejaban con una sensación horrible de estar haciendo todo mal. De haberse equivocado en el camino. Mucho mejor viviría si hubiese recurrido a su familia, o si hubiese decidido buscar otro sitio en el mundo, incluso aunque eso la volviera prófuga, al menos sería una prófuga libre. Y ese lugar que le había dado acogida, sin ánimos de sonar malagradecida, ya se le estaba quedando pequeño.

Había solo una cosa en su vida que lograba quitarle la tensión, y a pesar de los hechizos protectores no se sentía todavía segura al hacerlo. Prefería ni siquiera ocupar el baño cuando Hayato no estaba, para evitar cualquier posible ruido aunque sabía que estaba todo insonorizado. Pero la paranoia comenzaba a hacerle daño. Más de lo que ella podía imaginar. Era un pequeño aparato muggle que se había traído con ella en la única caja que correspondía a sus pertenencias. Su ropa casi no la utilizaba, para que Tsukahara pudiese lavar tranquilo prefería usar prendas de él y no levantar sospechas, aunque se había negado a hacer lo mismo con la ropa interior, eso era otro nivel de indignidad que prefería no sufrir así que se las arreglaba como podía.

Lo siento, Hayato… —susurró cuando hecha un ovillo en la cama se llevó entre las piernas el objeto. Pero pasaría más de un minuto y entre escuchar que nuevamente venían pasos, y que no iban a su puerta, al final nada pudo sentir. Por poco se pone a llorar en ese mismo momento. Si no era capaz de sentir nada, ¿Cómo iba a saber que seguía viva?


Última edición por A. Thekla Azariadis el Dom Jul 31, 2016 8:48 am, editado 1 vez




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Mensaje por Hayato Tsukahara el Dom Jul 24, 2016 8:47 am

En otros tiempos el regresar a su departamento era siempre un alivio, sabía a Gloria, o algo parecido. Pero desde que se vio obligado a abandonar el mundo muggle para poder conservar su vida como mago nada era lo mismo, ahora regresar a su nuevo lugar de residencia era un proceso estresante, a veces tenía la sensación de que la cabeza le explotaría en el momento menos esperado. La culpa la tenía el miedo casi permanente que lo atacaba al imaginar que alguien decidiera seguirlo, o incluso el auto invitarse  a entrar a su casa, porque entonces todo se volvería peor, peligroso y aterrorizante. Él había visto a hijos de muggles y algunos mestizos llegar casi en pedazos a San Mungo, sabía mejor que muchos lo lejos que podía llegar “la clase alta” al dar caza a supuestos traidores y no quería que eso le ocurriera a Avra.

No se atrevía a decir que la amaba, pero sin duda la quería a un nivel que hace siglos no sentía por alguien más. El problema estaba en que las personas que más le importaban tendían a abandonarlo o le eran arrebatadas de horribles maneras, y ahora le angustiaba que alguna de esas opciones aplicara también a la pelirroja. Por eso, cuando el caos comenzó a devorar a la sociedad mágica, Hayato se centró en proteger a la griega. Lamentablemente sus miedos personales lo habían llevado a sobreproteger a la chica, o esa sensación le daba en ocasiones, que quizá estaba saturando a la bruja con sus medidas de seguridad. Y eso, no ayudaba a ninguno de los dos.

Pero nadie lo siguió al nuevo departamento –al menos no esa noche– y tras retirar una cantidad casi obscena de hechizos de protección, cruzó la puerta.

Como de costumbre el lugar estaba en oscuridad absoluta y un silencio estresante, a fin de cuentas debía lucir como si estuviese vacío. –Estoy en casa– murmuró con una triste sonrisa y hacia el fondo del departamento se dirigió. Normalmente lo primero que hacía era ir a verla a ella, asegurarse de que estaba bien, pero ese martes fue diferente. Se dirigió primero al cuarto de baño para lavarse la casa pues tenía la sensación de que su semblante lucía peor que de costumbre, y después de eso retomó la rutina.

Frente a la puerta de cierta habitación se detuvo y con la ayuda de un Sectum se abrió por enésima vez la palma izquierda. Su propia sangre era un componente indispensable para que el pomo de la puerta cediera, de otra forma solo funcionaría si se trataba de Avra. Los hechizos comunes para abrir puertas no funcionaban, y además aplicaba otras protecciones para que esa puerta pasara desapercibida. Claro que todas esas medidas de seguridad se volvían inútiles si la mujer decidía salir de la habitación, pero infinidad de veces le había asegurado el japonés que de cualquier forma la casa estaba protegida del exterior, podía moverse a gusto sin tantas preocupaciones. La magia extra aplicada a esa habitación estaba pensada por si en algún momento alguien lograba irrumpir, la chica tuviese un último y formidable refugio. Pero… ¿ella vería las cosas de la misma manera?

¿Avra? ¿Qué ocurre?– lanzó las interrogantes en cuanto puso el primer pie dentro de la habitación. Rápido soltó la varita y hacia la cama se dirigió. Estaba oscuro así que tan solo podía adivinar su ubicación, sin detalles de lo que ella hacía, o lo que había estado haciendo. –Avra…– repitió con un poco más de calma, al menos no parecía estar herida o similar. ¿Por qué tendía a pensar siempre lo peor?

Sobre la cama tomó asiento y una mejilla le tomó, recorriendo a partir de ese punto su figura con el propósito de “leer” la postura en que su protegida se encontraba. Siguió la ruta de sus brazos y así fue como descubrió que la señorita había estado ocupada estimulándose con uno de esos juguetes muggles que en otros tiempos unieron las vidas de ambos. Tsukahara contuvo un suspiro y con cuidado le tomó de la muñeca. –Permíteme ayudarte…– pidió, aunque no esperó por una respuesta.

Ni siquiera desperdició tiempo en quitarse el saco, tal cual estaba se recostó detrás de ella y el objeto retiró de entre las piernas de la pelirroja. ¿Pensaría Azariadis que solo por ese tipo de temas él se había ofrecido a ayudarla? Esperaba que no…

Era imposible de ocultar que hacerle compañía y asistirla durante sus perversos pasatiempos le excitaba gravemente, pero lo que quizá la bruja ignoraba, era que él soñaba con alguna vez poder satisfacerla personalmente, sin acosadores objetos como intermediarios. No era capaz de decírselo, tenía miedo de que saliera huyendo muy lejos de él. ¿Desde cuándo se cargaba tantos temores?

Mejor no pensaba en la respuesta…

El vibrador volvió a enterrar en Avra y con insistencia lo deslizó en su intimidad una y otra vez, al ritmo que a él le habría gustado llenarla. Ya antes le había recomendado usar algo más grueso, pues personalmente “sentía” que algo de otras proporciones la dejaría más satisfecha, pero los tiempos ya no estaban para salir por ahí a conseguir otro juguete sexual para el antojo del día o la noche. Ya no.

Los suspiros reprimió y la tristeza intentó guardarla en lo profundo. No lo logró, pero por suerte la luz seguía apagada. Mientras no hablara no sería palpable su opaco estado de ánimo. ¿Por qué no podían tener días felices? ¿Si no se hubiese sumado a la Orden del Fénix las cosas serían distintas para ellos? Mil veces se lo preguntaba pero en el fondo sabía que exactamente lo mismo habría ocurrido. Que desastre saber que uno mismo no es capaz de hacer la diferencia. Insuficiente, así se sentía.



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Mensaje por A. Thekla Azariadis el Dom Jul 24, 2016 3:32 pm

Un sonido evidente en la puerta de entrada le hizo saber que alguien estaba dentro del departamento. Quieta se quedó, con el alma pendiente de un hilo. Si era Tsukahara entraría por su puerta, sino… Sino todo estaba perdido si emitía algún ruido. Los pasos se dirigieron al fondo y luego de unos minutos su puerta fue la que sonó al abrirse. La voz del hombre hizo que su corazón latiera casi emocionado pero olvidó moverse para ocultar lo que estaba haciendo, y dejó la mano quieta cerca de su intimidad con el objeto apenas apretado entre los dedos, lo había apagado al darse cuenta que de nada iba a servir.

Nada y… —negó como autómata. No alcanzó ni a saludarlo cuando una mano de él tomó su mejilla. A la joven no le costó adivinar la razón de la humedad en la mano ajena y tampoco el aroma de la sangre, esa que por culpa de ella se veía obligado a derramar cada vez que ingresaba por esa puerta. El día que se había enterado de las protecciones que estaba poniendo, ella se había negado pero él fue más terco y de todos modos lo hizo. En esos recuerdos se había sumido, cuando de pronto él le ofreció ayuda.

No, esta vez no quería que hiciera eso—. Tsukahara... —lo llamó pero él ya había tomado el vibrador y sin aviso ni nada comenzó a introducirlo en ella a ritmo constante. Quieta se quedó nuevamente Azariadis pero pronto pudo adivinar que no serviría ni estando en las manos de él—. Hayato… Detente —pidió y su mano usó para tomar la del mago y obligarle a soltar el juguete. Ella se removió de su posición y se giró para verlo de frente aunque no había luz. La varita que tenía a mano uso para encender una lámpara que daba un toque tenue al lugar y con expresión dolida lo miró. No, no era culpa de él. Pero la mancha de su sangre seguía en su mejilla.

Creo que el encierro me está haciendo daño… Yo ya… Ya no siento nada —susurró y lo enfocó con una expresión que pedía auxilio a gritos—. Ya no tienes que hacerlo por mí… No vale la pena —suspiró y la mano de él la movió hasta ubicarla sobre el triángulo que se formaba al final de sus piernas, allí donde alguna vez había podido disfrutar incluso a solas con los estímulos correctos. Su cadera acomodó pues era un alivio tener la mano varonil con su calidez encima, a pesar de que el otro había dejado de cuidar de sí mismo.

Tienes que curarte esa herida... —comentó, ya había visto la cicatriz que dejaba pues tenía que herirse todos los días y ni la magia podía evitar que eso dejará a la larga una marca visible—. Además de sangre, hueles a brisa —informó y su cabeza fue en busca de tomar el aroma directamente del cabello del secretario. Allí donde olía a libertad aparte de a productos de limpieza. Ya desearía volver ella a sentirse de esa misma manera por su cuenta. Pero con la barrera no había forma de escapar, no si eras hijo de muggles y querías regresar. Si te ibas era mejor que fuera para siempre.

Y ella todavía no decidía alejarse por siempre de ese joven, la había cuidado tanto que se sentía en deuda constante, ligada a él por cadenas que la ahogaban y le hacían mantenerse encerrada esperándolo todos los días, como si el mundo exterior se hubiese olvidado por completo de ella. En silencio una de sus manos bajó por el torso del caballero. Y llegó hasta el cinto ajeno, no podía decir que no había visto lo que guardaba dentro. En pago por su cooperación y otras tantas cosas más de alguna vez había llegado a hacerse cargo ella de la agonía del mago, una de la que ella se sabía provocadora pero jamás le había dado el espacio para ingresar por su cuenta, mucho menos desde que el mundo se había tornado un lugar terrible como lo era ahora.

Con tacto marcado adivinó las formas debajo del pantalón. Él parecía estar todavía en calma, y aún así Avra imagino, por un instante, que sentirlo directamente si podía ayudar con su problema. La abstinencia se estaba haciendo molesta y dolorosa para ella, pero no se sentía capaz de pedirlo o exigirlo como un favor. No era algo que se pudiese dar de manera obligada y si él había dejado de sentir cosas por ella o si estaba demasiado extenuado por el estrés de todos los días tampoco serviría—. Y... Bienvenido a casa —saludó algo tarde, pero lo hizo. A sabiendas de que él tampoco la había saludado a ella. ¿En qué clase de personas se estaban convirtiendo?




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Mensaje por Hayato Tsukahara el Dom Jul 31, 2016 8:36 am

No fue dolor lo que sintió al escuchar su apellido en los labios de la bruja, sino desesperación. No le gustaba que usara Tsukahara para nombrarlo, le recordaba lo lejano que era a ella a pesar de todo lo que habían pasado juntos. La frustración lo atacaba desde hace tiempo pues aunque sus intenciones eran proteger a la chica, sabía que en el fondo la estaba matando con ese obligado encierro. ¿El que estuviese escondida permanentemente en esa  habitación… no era lo mismo que ser apresada o esclavizada?


Apretó los dientes en cuanto se le ordenó parar. Un odioso ardor le recorrió el alma, ni para eso servía ya.Lo siento…– se disculpó con voz apagada tras soltar obligadamente el juguete. Algo nervioso se puso después de que la pelirroja girara para estar frente a frente, pero igual se obligó a mirarla a la cara. El problema surgió cuando ella decidió encender un poco de luz en la habitación. Así no podía ocultar su sentir…

Quiso evadir su mirada, pero el notar la mancha rojiza en la mejilla de Azariadis le impidió fijarse en algo más que no fueran sus facciones. Frunció el ceño con molestia por su propio descuido pues no pretendía ensuciarla. Pero esa expresión en su cara no tardó en adoptar toques de tristeza, angustia y otro tanto de desesperación. El que Thekla confesara ya no sentir nada… lo mató. Si ya no tenía que hacer “eso” por ella entonces… ¿qué le quedaba? Si evidentemente poco o nada podía hacer para ayudarla a vivir.

Entonces sí desvió el rostro –Sé que ya no te gusta lo que…hago. La frase no terminó, el que la bruja guiara personalmente su mano hacia una parte en específico de su cuerpo lo dejó sorprendido. El ritmo cardiaco se le desordenó, igual que las emociones que albergaba en su pecho. ¿Estaba bien sentir que la vida volvía al menos un poco a su persona por poder tocar la intimidad de su añorada pelirroja? No lo sabía, estaba confundido. Le carcomía la culpa, mas no podía negar que su corazón latía de nuevo con fuerza gracias a eso.

Lo intentaré…– mintió. Ya había probado varios métodos para sanar su palma, pero ninguno servía si en menos de 24 horas volvía a abrirse la carne y a esas alturas estaba cansado de pensar en más formas de arreglar esa herida. Tal vez era una de esas con las que estaba destinado a cargar el resto de su vida. –¿A brisa?– extrañado preguntó. Al principio no comprendió en que dirección iba ese comentario, hasta que la joven hizo por buscar dicho aroma en los cabellos del medimago. Quieto se quedó, eso consiguió borrar la incertidumbre de su rostro e incluso sonrió unos minutos. Y claro, hizo caso omiso del olor a sangre que también llevaba encima.

Como el dejado que era permitió que las manos de la chica de fuego lo recorrieran. Atento estuvo a sus reacciones, al mismo tiempo que disfrutaba de su natural atrevimiento. La respiración contuvo inconscientemente al sentir cómo bajaba más allá del cinto, y si volvió a respirar fue porque un incontenible suspiro de gusto se le escapó, culpa del insistente tacto que se obsequiaba por encima del pantalón. ¿Qué pretendía exactamente la chica con eso? Si quería distraerlo de la cruda realidad lo estaba consiguiendo, aunque culpable se sintiese Hayato por estar dispuesto  a olvidarse de todos los problemas un momento.

Gracias Avra– con mirada de enamorado la enfocó inmediatamente después de escuchar su saludo –Deseaba tanto regresar a casa…Estar a tu lado. ¿Por qué no podía decírselo directamente? A sí mismo se reprobaba por tener miedo a que la bruja saliera corriendo si él le declaraba su amor, y sin embargo, podía sentir que no aguantaría por mucho tiempo el seguir guardándose tan fuerte verdad. ¿Debería prepararse para seguirla a cualquier rincón del mundo?

Lo peor era saber que ya estaba dispuesto a hacer algo como eso.

Encontraré la forma de ayudarte. Recuperarás tu libertad. – afirmó tras acercar su rostro al de Azariadis. Tenía la seguridad de que encontraría el modo de liberarla, aunque para lograrlo tuviese que separarse de ella de manera definitiva… –Confía en mi…– pidió a media voz antes de besar a la señorita sin prisa, pero a profundidad. Luego sus dedos se aventuraron a acariciar dulcemente entre las piernas de la pelirroja pero, la ansiedad ya había empezado a revivir en él, e inspirado por ella hundió sin aviso los dedos entre los pliegues de la intimidad ajena. Quería que Thekla también lo acariciara directamente pero… ¿cómo tomaría la chica algo como eso? Decidió arriesgarse e intentar averiguarlo.

Liberando temporalmente los labios de su protegida, Hayato se impulsó para cambiar de posición. Su cuerpo quedó encima del de la bruja en cuestión de segundos, al moverse también se había asegurado de empujarla suavemente a ella para que quedase boca arriba. El cambio le obligó a pausar su exploración entre las piernas de Azariadis, pero al menos le dio espacio para dejar en claro que esa noche no tenía deseos de guardarse la ansiedad.

El cinto se desabrochó y el pantalón abrió con cierta prisa. Una mordida al labio inferior le dio antes de sacarse el saco y también la camisa. –Si estoy equivocado dímelo Avra, por favor– pidió, y en la intimidad de la griega acomodó de nuevo los dedos. Con tres la frotó ansioso luego de acomodarse entre las piernas de la mujer, y sin desprenderse de su mirada se esmeró en invocar su sensibilidad, esa que ella al parecer creía desaparecida. ¿Por qué de pronto se sentía tan sediento? No tenía la respuesta pero a los labios contrarios se lanzó a fin de saciar esa necesidad. Y estando así enganchó el brazo que le quedaba libre a la cintura de su amiga. Para lograrlo tuvo que sacrificar el soporte que la extremidad le brindaba, así que su torso fue a apretarse contra el pecho de ella. Quizá se estaba dejando ver demasiado hambriento o posesivo, pero al menos por esa noche quería deshacerse de las cadenas que lo mantenían lejos de lo que tanto necesitaba.

Porque amarla con pasión era una necesidad que tenía desde hace bastante tiempo, y tal vez… eso era lo que Azariadis también necesitaba. –Tócame– pidió en un firme susurro, agitado y evidentemente ansioso. Si ella temía hacer peticiones indecorosas, él no. No por unas horas. ¿O por algunos años?



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Re: Make me feel alive ♮ Private [+18]

Mensaje por A. Thekla Azariadis el Lun Ago 01, 2016 1:48 am

Podía notar las emociones cambiantes en el rostro de Hayato pero aparte de confesarle que ya nada podía sentir, poco podía hacer. No es que no le gustara que él lo intentara, pero no tenía sentido si desde los primeros segundos el tenerlo trabajando con el juguete en ella había sido solo incomodidad, más que un agradable gusto que se podía dar. Tampoco quería que él lo hiciera por obligación, pero al parecer comunicarse entre ellos también se había vuelto complicado.

Recibió la mentira de él sobre cuidarse y curar esa herida. Y claro que lo creyó. Se logró embeber del olor que traía el mago luego de haber pasado horas fuera de la casa y prefirió ignorar el claro toque a la sangre que tenía la composición aromática en esos momentos. Tocarlo fue inevitable poco después, al igual que inevitable fue escuchar la reacción de él y sentirse bien por lo mismo. Al menos Tsukahara parecía mucho mejor predispuesto que ella a sentir cosas y eso significaba que no todo el mundo estaba perdido, prefería ser la única decayendo que arrastrarlo consigo.

La mirada del hombre al momento de agradecerle y comentarle que había extrañado estar allí le dolió en el pecho. Una calidez extraña y dolorosa se posó allí pues creía reconocer ese brillo de los ojos ajenos pero no quería entenderlo. No quería ni decirlo pues la idea lo complicaría todo así que trató de blanquear su mente aunque en esos momentos era difícil. El rostro de él se apegó al suyo y ella lo miró angustiada. ¿En serio podía confiar en que le devolvería su libertad…? Temía la forma en la que pensaba en hacerlo el secretario, pero fue en sus labios que se callaron todas sus dudas. Los ojos cerró y los dedos de él pudo percibir con claridad entre sus piernas. Sorprendida de que ingresara por mero gusto, ¿Tal vez se había equivocado al pensar que ya no era atractiva para Tsukahara? Al menos no tanto como antes cuando el mundo era un mejor lugar.

Quiero confiar en ti… —avisó mientras él se cambiaba de ubicación. Directo lo miró hacia arriba y escuchó con claridad que el pantalón de él se abría. Tal vez no era tan tarde ni tan complicado pedirle lo que había estado pensando instantes antes. Un quejido emitió por la mordida y sus ojos se encontraron pronto con más piel de la que acostumbraba a verle al joven. Los tatuajes llamaron su atención rápidamente y negó con la cabeza ante la duda contraria—. No… No estás equivocado —murmuró y la calidez de sus dedos pareció comenzar a detonar las sensaciones en ella aunque no con tanta fuerza, solo fue el atisbo de una posibilidad que ella necesitaba en su vida.

Dejó que la aplastara contra la cama con todo su cuerpo mientras correspondía a sus besos intentando borrar en ellos sus inquietudes, tal vez si se sumía lo suficiente en retozar con él entonces podría olvidarse de que los límites de su vida actual eran esas puertas, que llenas de hechizos intentaban cuidar su vida, arrancándole un poco todos los días. Que le pidiera que lo tocara no hizo más que despertar en ella la curiosidad y con sus manos frías se apoyó primero en los hombros entintados del hombre.

De preferencia habría seguido el camino que le dictaban sobre el pecho de él pero ese se encontraba haciendo presión contra los senos de Thekla quien no tardó en acomodar finalmente sus brazos alrededor de los contrarios para arrastrar los dedos contra la espalda de él. Allí donde varias formas y letras en otro idioma estaban escritas. Jamás se había atrevido a preguntar qué significado tenían pues lo sentía demasiado personal, a pesar de que compartían una vida todavía parecían ser desconocidos en varios detalles.

Hayato… —lo llamó cuando logró darse un espacio aunque fuese breve para respirar. Agitada lo miró, pues él se había encargado de cortar su aire a base de besos y gracias a lo mismo le había recordado lo mucho que necesitaba respirar. Sentirse viva de nuevo era lo que añoraba, por eso, aunque algo de vergüenza podía sentir todavía, al oído de él se apegó llenando de besos su mejilla antes de dar con su lóbulo derecho—. Quiero que lo hagas tú ésta vez.... D-directamente… ¿Puedes? —preguntó con timidez pues no esperaba tener que pedir por cosas tan íntimas pero la necesidad tenía cara de hereje.

Sus piernas se abrieron más para él, generando una invitación ya evidente a lo que necesitaba del oriental ese día. Porque una simple máquina muggle ya no servía y tal vez la calidez del cuerpo contrario si fuese un estímulo más aceptable en su situación. Su mejilla frotó contra la del mago antes de mover la boca hasta lograr morder sin exceso de fuerza la piel que estaba entre el hombro y el cuello del caballero. Allí se apegó tratando de disimular que acababa de solicitarle algo que bien podía parecer indebido, de hecho hasta podría negarse—… Por favor —pidió en un nuevo murmullo, cerrando los ojos mientras sus manos todavía parecían seguir las indicaciones que el desconocido lenguaje grabado en la piel ajena le dictaba. No quería que se sintiera utilizado pero en esos momentos la necesidad de ella tenía el nombre del medimago, todas las consecuencias y detalles pensaba ignorarlos por vivir el momento.




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Mensaje por Hayato Tsukahara el Lun Ago 01, 2016 9:11 pm

Confiaba de manera absoluta en Thekla, así que más confiado la besó luego de que le fuese confirmado que no estaba él en un error. Las manos de la chica acomodándose en sus hombros se lo corroboraron, y aunque no era ese tipo de tacto el que Hayato tenía en mente al pedir a la bruja que lo tocase, lo disfrutó. Ella podía no darse cuenta, pero tener sus manos encima le reconfortaba el alma.

Esa sensación la percibía cálida, pero el tener pronto los dedos de la pelirroja arrastrándose por la piel de su espalda convirtió la calidez en chispas que advertían sobre un posible fuego. Uno que surgió de golpe a causa de la inesperada petición que Azariadis hizo directo al oído del mago. Sí imaginó que algo bueno se aproximaba tras escuchar una vez más su nombre en los labios de la mujer, pero nada lo preparó para lo que le fue solicitado por la chica.

A punto estuvo Tsukahara de preguntarle si estaba completamente segura de lo que estaba diciendo, pero el ser testigo de cómo las piernas de la señorita se abrían otro poco para él bastó para cancelar la pregunta. Él por supuesto no se iba a negar, de hecho su cuerpo ya había entrado en tensión y los roces que recibió en la mejilla inquietaron otro tanto las emociones y sensaciones del mago. Cuando alguien solo estaba interesado en el aspecto carnal no se tomaba la molestia de dar muestras más cariñosas, o eso quiso pensar el mago para aferrarse a la esperanza de que entre ambos existía algo más fuerte que los mantenía unidos.

Pensaba en la posibilidad de ser querido cuando una mordida le fue dada cerca del cuello. Un breve quejido le hizo soltar aunque fue más por la sorpresa que por la fuerza con que la chica le clavó los dientes. –Avra, no necesitas insistir… Todos los días soñaba con tenerte así para mí.– confesó cerca de su oído. Luego se removió para mirarla de frente, pena no sentía ni un poco, siempre había deseado poder ser más cercano a ella. Podría compartir cualquier cosa de su vida con la pelirroja. –Me alegra estar completamente despierto.– afirmó anclado en los ojos de la mujer, al segundo sonrió y de la felicidad en ese gesto pasó a uno que dejaba en evidencia el gusto que le daba tener permiso para poseerla hasta lo más profundo.

Una suave mordida dio sobre uno de los pechos de la bruja antes de quitarse de encima de ella. La camiseta que vestía Azariadis le había impedido tocarle la piel pero ya se encargaría de eso en unos cuantos minutos. De rodillas –todavía entre las piernas contrarias– se posicionó y el pantalón se deslizó junto con la ropa interior, por alguna razón ante ella nunca le había sido problema el quitarse ropa de encima, y esa noche menos. Incluso se atrevió a observarla mientras él terminaba de sacarse las prendas.

Sube tu camisetapidió al inclinarse de nuevo sobre el cuerpo de la dama. Ésta vez no se acomodó directo sobre el torso contrario, solo una mano deslizó por debajo de la tela que a ella le quedaba encima hasta apoderarse de uno de sus senos. Lo apretó una y otra vez, mientras los labios y dientes los llevaba a la cadera de la griega. Primero fue su lengua la que le saboreó la piel en esa zona, después sus dientes que definitivamente querían dejar una marca en ese sitio, aunque a nadie podría presumirlo. –Hoy dormir no te salvará.– avisó divertido haciendo una pausa en la mordida, acababa de recordar la primera vez que su vecina lo invitó a cruzar hacia su territorio.

Con media sonrisa en el rostro bajó una vez más hacia la piel ajena, solo que no fueron sus dientes los que la reclamaron sino sus labios que fuerte se le apegaron y succionaron con ansias. A marcarla se dedicó, permitiendo que sus dedos libres palparan intensamente uno de los muslos de la bruja. Alguien no pensaba ir a trabajar al día siguiente.



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