JULIO DEL 2025.
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Sidney, sugar and sisters // Winnifred F. Andersen

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Sidney, sugar and sisters // Winnifred F. Andersen

Mensaje por Lily L. Potter el Miér Jul 20, 2016 1:48 am

Sábado 13 de Julio de 2025
09:32 AM

"Happiness, not in another place but this place
not for another hour, but this hour."

Lily no sentía nada, no veía, no oía. Se encontraba en esa maravillosa parte del sueño en la que simplemente estás suspendido en el vacío, completamente relajado, sin que ninguna preocupación te perturbarse. La chica se imaginaba que, sí la muerte era algo tangible, sería algo parecido a eso. Pero, de repente, notó su primera sensación. Suave, pero firme. Calor, lucidez, claridad. Entonces abandonó aquella nada. Abrió los ojos y bostezó sonoramente, mientras comenzaba a rodar por la cama y a hacerse un ovillo. Tenía la costumbre de dormir con las persianas subidas, no le gustaba dormir demasiado y creía que ese era el más dulce de todos los despertares. El sol flanqueando la oscuridad de su cuarto, el sol llegando hasta ella, el sol haciendo refulgir sus cabellos escarlatas. Veinte o treinta minutos después de despertarse, se incorporó. O al menos lo intentó. Pero acabó rodando fuera de la cama y poniéndose de pie a duras penas, después de proferir otro bostezo que podía haber sido perfectamente catalogado como un rugido de león. Cogió su manta escocesa y se acurrucó junto a ella mientras salía de su cuarto y miraba que pasaba esa mañana en la casa de los Williams.

Se sorprendió. Ella esperaba que la recibiese el agradable sonido del hogar, alguna conversación fugaz entre James y papá, mamá inundando su sentido del olfato con algún manjar o Winni caminando por la casa. Pero la recibió el completo silencio. Lily arqueó una ceja, extrañada, avanzando hasta la cocina. Su piso estaba diseñado con una cocina americana, por lo que casi se podía decir que la cocina y el salón eran uno, y solía ser el epicentro de la actividad en su hogar. Por eso se extrañó aún más al comprobar que lo que normalmente era un desastre se encontraba completamente recogido. Lo único que rompía la perfecta estética era una pequeña nota en papel en medio de la encimera. La inconfundible caligrafía de Ginny Potter decía: “Papá, James y yo hemos ido a comprar un par de cosas al centro. Tardaremos. Hay cereales en el armario. No incendiéis la casa”. Se rio levemente ante lo último. Dejó la nota dónde la había dejado y asaltó su armario de dulces, buscando algo que echar a los cereales para que no fueran ni tan aburridos ni tan saludables. “¿Y Winni …?” se preguntó, mientras agregaba oreos, canela, azúcar, pequeños bizcochitos y al fin y al cabo todo lo que por separado tenía buena pinta.  Si separados estaban ricos, juntos la lógica no podía fallar. Al final consiguió un maravilloso potingue densísimo con olor a calorías y a infarto de miocardio. “¿Estará en el hospital?”. Alargó la mano hacia la cafetera, y se sirvió una taza que bebió rápidamente. Estaba ya tan habituada, que apenas la causaba sensación. Y ni siquiera estaba frío. Después, se llevó el bol y continuó recorriendo la casa en busca de pistas de la última Williams, la hermana que nunca tuvo.

La única puerta cerrada de la casa era la de Winnifred. Lily tomó una cucharada de su ambrosía, y contuvo un suspiro de placer. Después abrió la puerta, con decisión.
¡Samantha Valerie Williams! —exclamó Lily, intentando mantener un tono autoritario —Te has vuelto a quedar dormida. Cincuenta puntos menos para Hufflepuff.
Lily echó un vistazo rápido a la estancia. A diferencia de su habitación, bañada por la luz solar, la de Winni permanecía en la más absoluta penumbra. Gracias a la claridad que entraba tras de sí podía ver una forma difusa que debía ser su metamorfomaga favorita. Se internó en la habitación, y dejando su néctar divino en el escritorio subió las persianas y dejó que la luz campase a sus anchas.  
Aunque, pensándolo bien, ¿para qué quitaros puntos? —bromeó, mientras se lanzó hacía ella. Tuvo un aterrizaje forzoso, y agradeció que la cama fuese muy ancha. —Gryffindor se lleva la Copa de la Casa. —Dejo una pausa, mientras examinaba el color de su pelo. Allí, en la intimidad de su hogar, Winnifred no tenía que forzarse a llevarlo pelirrojo para parecer su hermana. Podía dejar que sus emociones fuesen las que lo controlasen, exponiéndose. —Estamos solas. Mamá y papá se han llevado al coñazo de James de compras, y ni siquiera nos han hecho gofres o algo genial para desayunar. He pillado todo lo que había en el armario de los bollos y lo he echado ahí. Se ve feo, sí, pero sabe genial. Lo único que puede superarlo es azúcar glas en vena, lo cual espero que me dejes hacer cuando te asciendan más en tu trabajo.
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Re: Sidney, sugar and sisters // Winnifred F. Andersen

Mensaje por Winnifred F. Andersen el Miér Jul 20, 2016 12:43 pm

Estaba con Joanna en el jardín de casa tumbadas mirando formas en las nubes y de pronto el viento comenzó a soplar, las hojas de los árboles se caían y las nubes fueron absorbidas por un huracán. Todo comenzó a volar y yo tomé de la mano a Joanna intentando evitar que se fuera volando como todo lo demás. Tomé su mano con fuerza y corrimos lejos del huracán, pero Jojo soltó mi mano y la perdí. Me desperté sobresaltada, era temprano, muy temprano, aún no había salido el sol siquiera pero ya no podía pegar ojo. Me estiré y me levanté de la cama, di vueltas por la habitación intentando pensar qué iba a hacer. Era sábado y por suerte aquel día no tenía que trabajar, al principio mi rutina era quedarme en la cama, ahora ya me había acostumbrado a tener cosas que hacer y si no las tenía ya sacábamos James y yo la lista de cosas pendientes en esta vida y nos poníamos manos a la obra. ¿Y si me pasaba el día en la cama? Fruncí el ceño y me volví a meter en la cama, era grande  y podía estirarme haciendo el ángel que seguía cabiendo en la cama. Me hice un pequeño ovillo bajo las sábanas y cerré los ojos. Escuché a Ginny y Harry desayunar, y acto seguido la puerta del dormitorio de James abrirse y poco después abrió la mía, suspiró y supe cómo negaba con la cabeza: — Voy a comprar con mis padres, no tardaremos mucho en volver. Espabila, podemos ir a jugar al quidditch luego con Lily— me mantuve callada unos segundos y respondí:— Vale

Lily tardó menos en despertarse de lo que yo esperaba y de pronto su regañina a “Samantha Valerie Williams” me hizo sonreír bajo las sábanas. Cuando dormía tenía la costumbre de cerrar bien para que no entrase luz, un poco incongruente teniendo en cuenta que la oscuridad y yo no nos llevábamos bien, y mucho menos desde que había descubierto las películas de miedo muggles. Lily había adquirido la costumbre de entrar a mi habitación sin llamar, igual que siempre había hecho James, no me molestaba porque yo hacía lo mismo, sino que más bien me alegraba porque me convertía en una más.

La luz se hizo en la habitación y poco después aterrizó Lily sobre mí, lo cual me hizo salir de entre las sábanas con una sonrisa: —Los Gryffindors siempre tan creídos Dirigí la mirada hacia el escritorio donde había dejado aquel bol de mejunje con el azúcar suficiente para picar todos los dientes de todos los niños de una clase de primaria. Eché mi pelo rubio hacia atrás  y le hice un hueco en mi cama. — No creo que te permita inyectarte azúcar glas en vena nunca, James me mataría y tú te volverías una bomba de azúcar con patas—razoné mientras le acariciaba el pelo y lo trenzaba como le hacía a mi hermana cuando éramos más pequeñas—. Tira ese potingue que has hecho, yo hago el desayuno ¿qué quieres? ¿tortitas? ¿gofres? ¿tostadas francesas? ¿huevos con bacon?—comencé a preguntar como si fuese una camarera. Me encantaba cocinar y había aprendido a hacer platos muggles que me pirraban, pero normalmente no tenía demasiadas ganas de ponerme a cocinar, pero por Lily y las tortitas sí lo haría.


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Re: Sidney, sugar and sisters // Winnifred F. Andersen

Mensaje por Lily L. Potter el Jue Jul 21, 2016 3:15 pm

Winni salió de su cueva de sabanas cuando Lily realizó su grácil aterrizaje sobre ella. Pelo revuelto, ojos cansados, pero aun así una sonrisa que era imparable, que llegaba al corazón. Si había algo que le gustaba, que le conmovía de su nueva hermana era el hecho de que siempre que estaba con ella se las arreglaba para hacerla sentir más feliz. Una de esas sonrisas hacía que Lily ignorase por un segundo que Albus estaba cautivo, que estaban a casi quince mil kilómetros de casa y que no sabía cuándo sus vidas volverían a ser normales. Aunque ella estuviese triste o alicaída, siempre anteponía a la joven pelirroja. Era, al fin y al cabo, la hermana que nunca tuvo, y la encantaba tener una hermana. ¿Por qué el idiota de James no se había encargado de presentarlas antes, mucho antes? El primer curso de Lily habría sido un buen momento.

No somos creídos —respondió. —Simplemente somos la mejor casa. Y lo digo de una forma completamente objetiva, basándome en datos y sin contar opiniones personales y bla bla bla —hizo una pausa para soltar una pequeña risotada. Era una muy orgullosa Gryffindor, siempre lo había sido y siempre lo sabía. Sentía que el Sombrero había acertado de pleno. Winnifred había sido una Hufflepuff, y ella también parecía muy contenta con el lugar al que la habían enviado, pese a que me había dicho que casi todos sus amigos de Hogwarts eran de los leones. No sabía mucho sobre el grupo de su hermano, apenas un par de nombres fugaces, pero ya pocos quedaba de ellos. Al menos su nueva hermana seguía con él, y ahora, con ella.

¡¿Por qué?! —contestó, exagerando el tono de sorpresa. —Tengo que crecer, tengo que llegar al metro setenta para poder ser alguien. Y estoy segura de que lo que me separa de esa meta son toneladas de azúcar glas corriendo tranquilamente por mis venas. ¡Ni que te hubiese pedido morfina! —le lanzó una mirada pícara, y luego volvió a reírse. —Además, todo depende del enfoque. Si a papá y a mamá les decimos que me has chutado azúcar, no les hará gracia; pero si les decimos que te pedí morfina y me diste azúcar, entonces la cosa es mucho más feliz. Seguro que hasta te darían la enhorabuena.

Sonrió cuando notó como Winnifred comenzó a hacer una trenza con su pelo. Amaba que la peinasen. Por desgracia, Lily era tan vaga que solía dejar que sus mechones pelirrojos campasen a sus anchas, por lo que estaba siempre enredado. Pero, cuando Winnifred o mamá se preocupaban porque presentase un aspecto decente se veía hasta guapa. Y como era una sensación tan rara para ella, le encantaba. Era difícil, al fin y al cabo, sentirse guapa en una familia con semi-veelas o con metamorfomagas que podían variar su tono a su antojo.

¿Puedo pedirlo todo junto en un bol? —dijo, bromista, mientras rodaba hacia su bol de cereales. —Tendríamos que ponerle otro nombre, ambrosía ya está cogido —acto seguido, se llenó al boca con un maravilloso bocado de su placer personal. Sin haber terminado de engullir, dio la primera respuesta seria de la mañana, —Gofres, por favor. Aunque poco puedes hacer para que tire esto. He heredado ele estomago de tío Ron, tengo un número ilimitado de desayunos y pienso gastarlo.
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Re: Sidney, sugar and sisters // Winnifred F. Andersen

Mensaje por Winnifred F. Andersen el Lun Jul 25, 2016 3:26 pm

Puse los ojos en blanco y bostecé: — Os hace falta un poco de humildad, rugís mucho y hacéis poco—reí. Para decir la verdad Gryffindor era mi segunda casa favorita, pero podías encontrar personas odiosas en todas las casas, incluso en Hufflepuff por increíble que pareciese.

Pues como no quieras llegar al metro setenta de ancho yo creo que el azúcar no te sirve— sonreí mientras colocaba una goma de mi muñeca para que la trenza no se soltase. Me levanté de la cama mientras la miraba fingiendo estar dubitativa y respondí:— Oh sí, por supuesto Lils, cómo he podido ser tan tonta. Señores Potter he conseguido que su hija no sea una drogadicta pero en su lugar es diabética ¿no están orgullosos de mí?—fingí estar hablando con sus padres y acto seguido di una palmada y sonreí de oreja a oreja teatralmente:— Y así es como Winnifred acabó viviendo en la calle— hice una reverencia dándole las gracias a mi público y negué con la cabeza mientras tomaba aquel potingue que tenía Lily en el cuenco entre mis manos: — No sé cómo no tienes todos los dientes picados Lil

Pues gofres tendrá la pequeña Potter. Como se entere James de que te he hecho gofres me mata, así que más nos vale comérnoslos todos y no dejar pruebas— dije en broma… o no. Me dirigí a la cocina descalza, era una manía que tenía, ir descalza, los señores Potter no me habían dicho nada al respecto, pero siempre que estaba con ellos intentaba llevar zapatos porque sabía que no estaba demasiado bien. Puse el bol sobre la encimera y cogí del frigorífico y los armarios lo necesario. Me estiré y miré a Lils : — La masa de los gofres tiene que llegar a la gofrera, no puedes comértela cruda. Primera regla del Club del desayuno—la avisé mientras me hacía un moño en lo alto.


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Re: Sidney, sugar and sisters // Winnifred F. Andersen

Mensaje por Lily L. Potter el Miér Jul 27, 2016 2:21 pm

Rio a carcajadas al oír la broma de Winni, con la respiración entrecortada y los ojos a punto de llorarla.
Podría bajar rodando desde el séptimo piso de Hogwarts. ¡Dime que eso no es el sueño de toda Gryffindor! —añadió, cuando se hubo recuperado de su pequeña taquicardia de risa y pudo volver a hablar. Notó como amarraba su pelo con una goma suya y dejaba su cabello sujeto. Lily Potter peinada. Eso sí que era una novedad. Se incorporó un poco para poder ver su reflejo en los cristales de la habitación, mientras palpaba los bucles que formaba su pelo hasta llegar a la goma. Llegó a la conclusión de que en la vida sería capaz de hacerse algo así.

Oh, muchas gracias Winnifred. Siempre temimos que alguno de nuestros hijos se enganchase a un sedante médico. ¡Quédate el tiempo que quieras! Puedes cambiarte el apellido cuando quieras —dijo, poniendo muy muy grave la voz para que se asemejase a la de su padre. —Tranquila, si acabas en la calle me voy contigo. Tendremos un puente precioso bajo el que vivir. Seremos la envidia —continuó, ya con su voz normal, y con una sonrisa. Pasó un dedo por sus dientes. Blancos, ligeramente descolocados pero intactos. —Yo tampoco —.

Winnifred se levantó y se dirigió hacia la cocina. Ella hizo lo mismo. Su pijama se basaba en una camiseta de las Arpías de Holyhead que le había quitado a su madre y que le quedaba exageradamente grande y unos pantalones deportivos, que apenas se veían. Llevaba calcetines rojos y amarillos, pero las piernas al aire. Era una especie de híbrido entre pijama de invierno y de verano que era perfecto para dormir bien y no tener frío al tocar el suelo. Sin embargo, la valiente de su nueva hermana siempre recorría la casa descalza. Ya en la cocina, se sentó encima de la encimera mientras le dejaba a ella todo el grueso del trabajo.

Maldito James. Seguro que se está poniendo las botas con mamá y papá. No entiendo porque no me han llevado a mí de compras. O sea, soy la pequeña y la única chica. Soy a la que deberían llevarla de compras, siempre. Así que que se fastidie.

Lily aprovechó a que Winni se giró para acercar un poco de masa del bol. —El Club del desayuno tiene unas reglas muy aburridas —dijo, con la boca llena.
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