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Mensaje por Ryūjin Reed el Lun Jul 11, 2016 7:19 pm

20 de Julio 2025 | 13:40 hrs.


El día más especial de todo el año por fin había llegado. Una larga cuenta regresiva había iniciado Ryūjin en el calendario de su habitación dos meses atrás, porque aunque pareciera imposible, para el niño era cientos de veces más importante el cumpleaños de su madre. También se alegraba por su tío Kaoru, pero la emoción no se comparaba con la que le venía de pensar en que Hanae sumaría un número más a su edad. Ella tal vez no pensaba lo mismo, pero a su hijo no le cruzaba por la mente que los adultos preferían no crecer.

Él desde luego levantó muy temprano esa mañana, la anoche anterior lo habían enviado a dormir demasiado temprano para su gusto pero como sabía que necesitaría mucha energía para el veinte de julio, poco se quejó. Por eso fue el primero en levantar y siguiendo el plan, se encargó de prepararle el desayuno a su bruja favorita. Los días anteriores había estado practicando cuando ella estaba en su oficina, su padre lo había ayudado pues aunque Ryūjin aseguraba haber aprendido cómo hacerlo gracias a la mujer que antes cocinaba para ellos en casa de la bisabuela, no tardó en descubrir que algunos detalles todavía le costaban demasiado. Claro que estar en la cocina con el otro mago se sentía sumamente raro -de entre todas las cosas que alguna vez soñó hacer junto con su padre no se encontraba el cocinar- pero le daría puntos por no ser tan malo en la cocina.

Naturalmente no se comparaba con la experiencia que la tía Dahlia tenía, ella les haría el favor de preparar la comida para esa tarde, por lo que junto con el tío Kaoru apareció al medio día en la casa de los Reed. Sí, los Reed, porque él creía fervientemente que Ryuunosuke era quien debía cambiarse el apellido. Se negaba a verse a sí mismo como un Ihara, además, el hermano de su mamá una vez le contó que en el Japón de su difunta abuela, a veces el apellido que se quedaba era el de la familia que estuviese mejor acomodada.

No me gusta tu regalo para Kaa-chan, Ryuunosuke Reed.– murmuró mientras miraba hacia el interior de una gran caja de regalo que estaba escondida en una de las habitaciones de la casa. Ryūjin había acompañado a su padre el día que lo adquirió sin saber de qué se trataba exactamente ya que al comprarlo se los habían entregado cubierto. Grande y terrible fue la sorpresa del niño cuando al llegar a casa el mayor le mostró de qué se trataba, casi había querido salir corriendo pero Ihara adivinó sus intenciones y atrás de él se acomodó para impedirlo. Los primeros días había negado haberse sentido protegido en ese momento por el hombre, ahora cada vez que recordaba el momento parecía experimentar una especie de calidez en el pecho. ¡Pero no por eso estaría contento con ese regalo!

Inflando las mejillas colocó de nuevo la tapa de la caja que él mismo se había encargado de decorar, porque su padre parecía ser un desastre cuando de cosas detalladas se trataba, y con el mismo gesto en el rostro abandonó la habitación. El regalo que él le había conseguido a Hanae se encontraba escondido en su propia habitación pero aún faltaba mucho para la hora de los regalos, y lamentablemente también para la del pastel.

¿Cuánto falta para la comida?– preguntó con cierto tono autoritario luego de salir al pasillo y caminar hasta la cocina donde se encontraban sus familiares. Para sorpresa de Ryūjin, su padre ya no formaba parte del equipo de la cocina. Al menos no ensuciará su camisa, pensó el pequeño ya que tras mucha insistencia había conseguido que el mago usara una camisa blanca ese día. Obviamente el pequeño dragón de la familia vestía formal, como se le había enseñado para las ocasiones especiales. Su papel en casa ese día era consentir a su madre, y dirigir al resto.

¿Dónde están  mamá y pap… Ryuunosuke?– se corrigió “a tiempo”. Todavía le avergonzaba que otros fuesen testigos de que sí sentía algo especial por ese señor que de un día para otro se sumó a la vida de mamá y suya.


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Re: Who's gon have fun without you here? | Priv

Mensaje por Kaoru Reed el Mar Jul 12, 2016 5:18 pm

El día que a Kaoru se le ocurrió sugerirle a su hermana que celebraran su cumpleaños juntos –como en los viejos tiempos– no creyó que ella fuese a aceptar. Como era de esperarse la empresaria puso sus condiciones, como no llevar demasiado alcohol ni invitar a amigos demasiado subnormales, además lo harían en su casa, donde tendría total control de la situación. El mago por supuesto aceptó encantado, hasta parecía un sueño el que a nivel familiar ellos dos se estuviesen llevando bien, tal vez eran los tiempos difíciles que corrían lo que los había vuelto a unir, junto con los deseos de mantener a salvo a quienes amaban.

Todavía no se acostumbraba a ver a Hanae acompañada de un hombre adulto, de Ihara para ser exactos. Y no es que el sujeto le desagradara, de hecho le simpatizaba, pero no podía evitar sentir que en cierta forma le robaban a su pequeña hermana. Bueno, no tenía derecho a adueñársela después de lo ocurrido a lo largo de los años, pero es que recién la había recuperado y ahora resultaba que ya tenía que compartirla con otro mago.

Cada que se podía enviaba a su sobrino a interrumpir a la extraña pareja que formaban Hanae y el mercenario, según él no era por celos sino por el ocioso gusto de fastidiar a su hermanita, como todo buen hermano haría. ¡Tenía que cobrarle años de bromas! Y Ryūjin en su inocencia era el mensajero perfecto, aunque a veces a Kaoru le daba la impresión de que el pequeño sí entendía cuál era exactamente el objetivo de interferir entre esos dos. Por esa razón el mayor de los Reed sonrió divertido cuando el pequeño dragón apareció en la cocina y preguntó por el paradero de sus padres luego de interrogarlos sobre la comida. ¿Debería decirle que hace ya varios minutos la pareja se había ido a otro rincón de la casa? Lo pensó, pero conocía bien el apetito de su hermana y algo le decía que Ihara sabía alimentar el lado descarado de la bruja… –Hanae y tu papá fueron a poner la mesa– ¿o a ponerse sobre la mesa? Solo por ese día les daría algo de tiempo... –Ya casi servimos pero… ¿qué te parece si primero le das el visto bueno a los pasteles? Dahl es buena decorando, yo no tanto.– dijo y una seña le hizo a su sobrino para que se acercara.

Al no poder decidir un solo sabor de pastel para la ocasión optaron por hacer tres, cada uno a gusto de los tres cumpleañeros del mes. Hildr había sido festejada en su día con la familia Cáech, pero el ambiente no era el mismo, por tal motivo quisieron re festejar su cumpleaños. –Hoy nos salvaste Dahl. Gracias...– por la cintura rodeó a su novia para apartarla un momento de la estufa, un beso quizá demasiado duradero le dio en el oído, estaban frente a Ryūjin pero en teoría, gracias al ángulo, el niño no alcanzaba a ver cómo su tío daba unos roces con la lengua al oído de la castaña, además confiaba en que estaría ocupado juzgando el aspecto de los tres pasteles que se encontraban en un extremo de la mesa. No podía devorarla en ese instante, y seguramente tampoco durante la tarde, pero al menos unas mordidas necesitaba darle para sobrevivir hasta la noche.  

Solo estando todos juntos parecía ser posible olvidar la oscuridad que rondaba en el exterior, ninguno de ellos había tenido las cosas fáciles después de que la Dictadura apareciera y aunque nadie lo dijera, el futuro no prometía mejorar. Kaoru temía que la peor tempestad viniera de Belladona, la creía perfectamente capaz de atentar contra las personas que Hanae y él más querían. En sus pesadillas a veces la veía eliminando a las dos parejas –como alguna vez había hecho con sus padres– y adueñándose de Ryūjin. Le llenaba de rabia, casi tentaba el odio. Usar maldiciones le había contaminado.





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Re: Who's gon have fun without you here? | Priv

Mensaje por Dahlia H. Cáech el Miér Jul 13, 2016 4:22 am

En los tiempos que corrían, tener unas horas para distraerse del peso de la vida era todo un milagro. La situación actual impedía que gran parte de la población se sintiera segura, y ella, a pesar de estar en una posición privilegiada por su familia y contactos, no se sentía bien en muchos lugares. De hecho, el único lugar en el que se sabía por completo protegida era cuando se encontraban en la casa que compartía con Kaoru, los dos a solas. Solo allí encontraba algo de descanso para su alma que cada día aprendía una nueva y terrible verdad sobre la oscuridad del mundo, asunto en el que su nuevo jefe tenía mucho que ver.

Pero ella no quería pensar en Blaise Zabini de momento. No, porque el pastel que con cuidado estaba adornando no quedaría bien si comenzaba a recordar las cosas que se veía obligada a hacer en su trabajo y la humillación que sentía muchas veces por no ser capaz de defenderse de mejor manera de las exigencias que tenía para con ella el hombre al que alguna vez se había atrevido a rechazar. Muchas veces se había preguntado si algo tendría que ver que ese fatídico día en la librería ella se hubiera negado por primera y única vez a una solicitud de ese caballero que ya no parecía nada decente comparado a lo que había sido los primeros días.

Cariño… ¿Me prestas las fresas? —preguntó con uno de los tantos apodos melosos que le gustaba usar cuando se trataba de Kaoru. Porque desde que eran novios sentía la necesidad de tratarlo con dulzura y él no parecía molestarse por lo mismo. Con gusto había accedido a cooperar en la celebración de ese día, su cumpleaños propio había sido ya festejado con los Cáech pero la sobriedad de la celebración no se comparaba al ánimo mucho más festivo que tenían ahora en la casa de los Reed. Dahlia con el tiempo había aprendido a aceptar incluso las demostraciones y saludos afectuosos que a Hanae se le escapaban y a ella la veía como autoridad en la casa por lo que, similar al pequeño dragón de la familia, no reconocía a Ihara como apellido principal en la residencia que esos tres compartían.

Ese niño había sido toda una agradable novedad en su vida. Le encantaba pasar tiempo con él, aunque le tocaba regañar a Kaoru cuando se volvía demasiado descarado con el chico cerca. Mismo que llegó a la cocina luego de que ella decorara uno de los pasteles y continuara revisando la comida que se encontraba en el horno—. Así es Ryūjin, mira el último que hice, ese es especial para tu madre —había decorado ese pastel en tonos rojizos y bastante vistosos. Inspirada sin meditarlo mucho en la personalidad de la empresaria.

Su pastel personal era el de tonos lila. Y el de Kaoru… Bueno, al menos había hecho el intento y por eso lo felicitaba—. Estás aprendiendo lento pero bien, no te preocupes —le sonrió divertida y una risa se le escapó cuando él la sostuvo de la cintura. Risa que pronto se volvió tenues suspiros y un grave enrojecimiento de sus mejillas al saberse en presencia del más pequeño integrante de la familia—. ¡Kaoru! —lo regañó con solo una palabra y distraída por las caricias ajenas cerró los ojos unos segundos mientras le apretaba uno de los brazos con sus dedos. El mayor de los Reed tenía la tendencia de despertar con rapidez los apetitos más profundos y ocultos de la squib.

Ehem… ¿Qué te parecen las decoraciones? Espero también que te guste la carne que estoy preparando, quedará tan blanda que no te costará cortarla ni comerla. Dime cual es tu guarnición favorita para ponerla en tu plato —tratando de recomponerse volvió a dirigirse al niño que los acompañaba, ignorante total del estado celoso extremo de él y de su tío—. Por cierto, Kaoru, ¿A qué hora dijo que llegaba Raleigh? —preguntó sin poder evitar algo de nostalgia por no poder estar a su vez con Teasag. Amiga de la que se había tenido que alejar cuando inició la dictadura. Ella misma le había dicho a su novio que debían integrar más al joven, pues le daba tristeza verlo tan solo y tener la certeza de que fuertes sentimientos poseía por la pelirroja.


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Re: Who's gon have fun without you here? | Priv

Mensaje por Hanae Reed el Miér Jul 13, 2016 11:19 am

Desde pequeña guardaba sentimientos encontrados por sus cumpleaños pasados. Cuando los tenía que celebrar en conjunto con el de Kaoru. Desde pequeños había sido una guerra por llamar la atención y después, con el tiempo, además se habían tornado ligeramente opacos por causa de la temprana muerte de sus padres. Pero pensaba en ellos y no de manera triste esas últimas semanas. Desde que se había salido de la casa de Belladona y llevado a su hijo con ella, para vivir en una residencia más personal junto con su niño y el padre del mismo.

Claro que ella jamás había sido dueña de casa y por lo mismo, la vida tendía al desastre. Pero Ihara era un apoyo constante y cuidaba al pequeño dragón tanto como ella lo que era lo más importante. Incluso juraría que estaba más atento que la bruja de la alimentación del niño –ese pequeño detalle que Hanae siempre olvidaba– y también por su trabajo tenía más libertad para acompañarlo cuando los días se lo permitían. En parte por estar formando su propia familia, sueño no declarado pero que ahora estaba cumpliendo y también porque comenzaba a sentir el peso del peligro en el ambiente general, fue que aceptó la idea de su brillante hermano acerca de hacer el festejo juntos, como en los viejos tiempos. Claro que poner condiciones fue necesario.

Ahora estaban todos en su casa y solo uno de los amigos raros de Kaoru se integraría, uno que ella conocía y que le parecía un chico relativamente decente y de buena familia. Solo que el joven no había llegado aún y ella estaba demasiado ocupada para pensar en los comensales que faltaban—. Mhm… Un poco más al centro… Si, ahí —iba dando indicaciones intentando que su voz sonara pausada—. ¡Espera! No tanto… Tiene que ser suave, muévelo un poco a la derecha, baja, si, si, ahí está perfecto —al finalizar hasta aplaudió al hombre que estaba encargándose de poner la mesa bajo su supervisión, había logrado que ubicara uno de los adornos principales justo al centro de la misma.

De la cocina apenas podía escuchar las voces así que no sabía que su hijo amado la buscaba. Estaba eso sí con el hombre que amaba y eso generaba en ella puntos de poderosa distracción mental—. La camisa blanca te queda estupendo, pero creo que acomodaste mal el cuello, ven aquí —lo llamó aunque ya lo tenía prácticamente al lado y frente al hombre se ubicó. Por sincera bondad no se había puesto sus tacones más elevados para no dejarlo tan abajo aunque quedaba unos centímetros más arriba de él como siempre, asunto que le encantaba pues podía colgarse de sus hombros sin mucho esfuerzo.

El cuello de la camisa acomodó pausadamente y luego de mirarlo como la acosadora que era le sacó la lengua antes de robarle un beso en profundidad. Mejor aprovechar ahora antes de que su niño apareciera a reclamar su atención—. Ryuu… No me has dicho feliz cumpleaños —reclamó inflando una mejilla y de los hombros del cazarrecompensas se colgó, recargando su peso en él y esperando que la sostuviera correctamente—. Te recuerdo que lo de la noche pasada no cuenta porque todavía no habían pasado las doce —una sonrisa coqueta le dedicó, levantando un pie hacia atrás solo por el gusto de hacer locuras. Recordaba con gusto nada sano ciertas visualizaciones que habían podido crear la noche anterior que según ella había sido su regalo previo de cumpleaños.


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Re: Who's gon have fun without you here? | Priv

Mensaje por Ryuunosuke Ihara el Vie Jul 15, 2016 1:18 am

Sus manos obedecían fervientemente a los deseos de Hanae Reed sin importar que el resultado a él no lo dejase satisfecho. La joven bruja cumplía años y solo por eso cedería a todas sus peticiones sin importar lo que fuera. Y ahí lo tenía, en silenciosa concentración mientras trabajaba al ritmo que ella imponía para que el resultado fuese tal cual ella deseaba. Pero encontrar el punto exacto no era sencillo y Ryuunosuke comenzaba a desesperarse, si tan solo le dejase acomodar a su gusto todo sería más rápido, pero la empresaria tenía un gusto enorme por imponerse contra el cual el mago ese día no podía luchar.

¿Suave?– cuestionó con un toque de incredulidad, eso tenía que ser broma… ¿En qué podía afectar el que sus manos se movieran con dureza? –Hanae, es más sencillo si lo acomodas personalmente donde te gusta.– comentó milésimas antes de que la dama le diera el visto bueno al mercenario y calificara su trabajo de perfecto. ¿Así era como le gustaba?

De inmediato apartó las manos del adorno que juntos acomodaban sobre la mesa, Ryuunosuke no podría creer que colocar la decoración fuese tan tardado. En definitiva esa mujer siempre podía superar su propio nivel de perfeccionista. Al menos le había aplaudido, a pesar de lo exagerado que fue esa “felicitación” el hombre sonrió al ser bien valorado su esfuerzo.

¿Mal el cuello?– frunció el ceño, desconcertado, y hacia Hanae giró para que ella pudiese hacerle los ajustes que considerara necesarios en la camisa. –Le pregunté a Ryūjin si todo estaba como debía. Me aseguró que sí. – comentó recordando la conversación con el niño. Ihara no era dado a confirmar su aspecto todas las veces frente a un espejo, y ese día confió plenamente en lo que el pequeño dragón le dijo. Me dejó ir por ahí con el cuello de la camisa desordenado… se dijo mentalmente, cayendo en cuenta de que el pequeño intencionalmente había omitido esa corrección en el arreglo de su padre.

Los dos hombres de la familia aun tenían algunas complicaciones al tratarse, era como ser padre e hijo y a la vez rivales y amigos. Suponía que el respeto completo del muchacho todavía tenía que ganárselo, ¿O es que lo trataba de ese modo justamente porque le tenía la suficiente confianza como para tratarlo como un igual? –El blanco fue idea de él. Tu hijo sabe insistir hasta convencerme de que sus palabras… me convienen.– aceptó y casi al finalizar se distrajo con la lengua de la jovencita que atrevida como siempre se mostró ante él. ¿Quería tentarlo? Era mucho más que eso, se lo respondieron los labios de Reed que casi al instante se dejaron ir contra los de él. A sus besos correspondió con excesivo gusto y con hambre lo dejó al separarse de su boca, pero como la chica se le apegó y enganchó a los hombros no se quejó.

De hecho, la queja vino de ella. –Lo sé. No creí que después de hacerlo en el balcón nos fuese a vencer el sueño…– y atónito se quedó cuando por la mañana resultó ser Ryūjin el primero en felicitar a Hanae. Alguien le había quitado las protecciones a la puerta para que el pequeño pudiese saltar a felicitar a su madre en la cama. Más tarde le cobraría a Kaoru por esa mala jugada. –Pero aún estoy a tiempo de hacerlo.– dijo contagiándose de la sonrisa que la cumpleañera usó para encender el apetito del hombre. Imposible que su cuerpo no reaccionara al tener tan cerca a la mujer con quien húmedas y rudas caricias había compartido la noche anterior. La amaba demasiado y en todas las formas posibles, todo su ser parecía estar siempre listo para atender las necesidades de Hanae.

Desde que la bruja se le recargó él la rodeó por la cintura, por lo que no le costó bajar otro tanto las manos y apretar el trasero de la chica contra su cadera –Dime cómo quieres que compense la demora. – pidió en voz baja casi sobre los finos labios de la mujer. A los ojos la miró y con emoción sincera la felicitó a esa corta distancia. –Feliz cumpleaños Hanae. Pasemos juntos todos los años que vienen, no quiero perderme nunca más tu día.– sus labios se fundieron una vez más con los contrarios, era ahí a donde pertenecían y con esmero la besó. Su lengua la invadió con algo de agresividad a los pocos segundos. Quería disfrutar en conjunto todo lo que fuese posible antes de que alguien llegara a interrumpirlos, porque desde que vivían en familia sobraba quien apareciera para cortarles el calor del momento.

Obedeciendo a sus propios deseos de hacerle más cosas a esa mujer giró otro poco para tenerla acorralada contra le mesa. El rostro le tomó con una mano y la otra justo alzaba para apoderarse de uno de sus senos cuando un conocido ruido lo alertó. Eran pasos que se acercaban y por como se escuchaban supo de quién se trataba. Ah, pero no se detuvo, saber que su hijo se aproximaba tan solo consiguió agitarlo más, el pecho de Hanae apretó con delicia y una mordida le dio en los labios. No demasiado fuerte pues no quería que por el resto de la tarde los invitados le estuviesen mirando la boca a su mujer a causa de una marca bastante obvia. – Ryūjin viene hacia acá– avisó en un susurro y resignado bajó la mano, pero a su boca no renunció.




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Re: Who's gon have fun without you here? | Priv

Mensaje por Ryūjin Reed el Dom Jul 17, 2016 5:01 pm

¿Sus padres ya estaban poniendo la mesa? ¡Él tenía pensado hacer eso! ¿Cómo es que se le habían adelantado?? Descontento por esa falla en su plan infló de nuevo las mejillas sin dejar de mirar a su tío, y aunque tenía en mente el ir en busca de sus progenitores para ayudarles con la labor que él ya tenía bien aprendida, se distrajo fácilmente con el tema que Kaoru expuso justamente para entretenerlo e impedir que interrumpiera a Hanae y Ryuunosuke.

Los pasteles puedo revisarlos después, se dijo el pequeño y sin embargo se quedó en la cocina, recargándose en  la mesa para alcanzar a admirar los tres pasteles que prácticamente ya estaban listos. Obviamente su preferido fue el rojizo para su madre .–Te ha quedado muy bien, felicidades tía Dahlia.– calificó sin pena dicho pastel, después se fijó en el siguiente pastel, el lila que correspondía al de su tía favorita. –En ese no me gusta el color, pero los adornos se ven bien.– si querían  una opinión sincera él con gusto se las daría, no pensaba en que sus palabras podían dañar a los demás. –Tío– frunció el ceño mirando más fijamente el pastel faltante, luego alzó la vista hacia el hermano de su madre, o lo intentó, porque en ese instante el rostro de Kaoru se escapaba al ángulo visual de Ryūjin. –Improvisaste ¿cierto? Creo que yo tengo mejor pulso.– soltó sin más, dejando de apoyar las manos en la mesa. Otro poco se quedó mirando a los mayores con extrañeza, sin comprender por qué la señorita Cáech se había vuelto color tomate. Al niño le dio la impresión de que el mago intentaba mimarla o algo parecido, como cuando él frotaba la mejilla contra la de mamá, tal vez a la novia de su tío le daba pena ser consentida. Como fuera, ahora que ya había revisado el trabajo de esos dos adultos ya podía ir en busca de los otros, los que le habían dado la vida.

Ah pero… antes de que sus pies emprendieran la retirada de la cocina una nueva interrogante le fue lanzada por la squib. –¿Guarnición?– miró a todos lados como si quisiera asegurarse de que nadie más los escuchaba y, una vez que lo confirmó se paró sobre las puntas de los pies y hacia la novia de su tío se estiró. –Las patatas fritas– susurró cubriéndose con una mano al decirlo, como si fuese un secreto. Y es que las patatas en definitiva lucían demasiado… muggle. –Con eso estaré bien– aseguró con una gran sonrisa a la castaña antes de que cierto amigo de su tío fuese mencionado. El mago golpeador le simpatizaba, eran sus tatuajes los que le hacían verlo como una buena persona, quizá porque las dos personas más importantes para él también llevaban tinta en la piel. –Avísenme cuando Raleigh llegue, ¿sí?– pidió emocionado y sin perder más tiempo abandonó la cocina, antes de que sus tíos acapararan más de su tiempo.

Naturalmente la cocina no estaba lejos del comedor, cruzó una puerta y dobló hacia la derecha para llegar a su destino. –¿Kaa-chan? Les ayudaré a poner la…– ¿mesa? Ah, sí, atrapada contra ese mueble estaba su madre, y el culpable era de Ihara, quien por cierto parecía querer acabarse a Hanae a besos. Entendía que esas demostraciones de afecto eran normales entre las parejas, pero él no estaba acostumbrado a presenciarlo. –¡No es justo! Pasan tiempo juntos sin mi…– reclamó entre enojado y adolorido, parado frente al comedor. Por naturaleza dedicó una mirada poco amistosa al mago pero, tras desviarla hacia Hanae y recordar lo feliz que lucía ella desde que Ryuunosuke se unió al núcleo familiar, su propia mirada se ablandó. De hecho se humedeció un poco y con los labios apretados corrió a abrazar a la pareja.

Solo han puesto el adorno del centro, van muy lento…– los quiso regañar para disimular su sensibilidad en esos momentos. Al costado de su madre se apegó y de las ropas de su padre se sujetó fuerte. Un día le reclamaría de frente a ese hombre todos los años de ausencia y también el que ahora acaparara a su madre de formas tan inusuales, pero por ahora se conformaría con hacerle saber –aunque no fuese con palabras– que no quería que se fuera otra vez.

El rostro había ocultado de la vista de los dos adultos, no pensaba alzar la vista hasta sentirse tranquilo de nuevo. –¿Por qué se besan tanto?– cuestionó con voz baja. Si creían que en otras ocasiones no los había visto hacerlo estaban muy equivocados, solo que no siempre decidía interrumpirlos. Una que otra vez se había quedado a observarlos, preguntándose qué de bueno podría tener algo como eso. Afortunadamente Ryūjin no les había atrapado en otro tipo de caricias no aptas para menores.


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Re: Who's gon have fun without you here? | Priv

Mensaje por Kaoru Reed el Dom Jul 17, 2016 8:11 pm

Kaoru se sabía novato decorando pasteles, seguía las indicaciones de Dahlia pero parecía ser ligeramente desastroso al calcular las dimensiones del betún pues cada adorno le quedaba de distinta proporción… No le preocupaba, la próxima vez se esforzaría por hacerlo mejor. Por eso no se angustió al notar que su sobrino en efecto se preparaba para dar su opinión sobre los pasteles del día.

Dahlia le había regañado por ser descarado teniendo público infantil, pero eso no fue suficiente para que el mago se desprendiera de ella. Ni lo haría, no después del apretón que la squib le dio en un brazo. Podía ser extraño, pero algo tan sencillo como eso lo había puesto un tanto ansioso, lo suficiente como para pensar que quizá sí era mejor enviar pronto a Ryūjin con sus padres. Ah pero… debió suponer que el niño se tomaría muy en serio la consulta que se le hizo sobre el aspecto de los postres de cumpleaños. Las dos primeras críticas fueron positivas pero la que aplicaba al que él preparó… no tanto. –¡Hey! No improvisé… Me falta un poco de… visión, eso es todo. Creo…– intentó justificarse con relativa calma, después de que la sorpresa con toques de indignación se esfumara de su rostro. No era su culpa que el betún fuese tan difícil de manejar.

A Dahlia observaba de perfil mientras ella preguntaba sobre guarniciones al pequeño, él por su cuenta recordaba los infantiles celos que había experimentado cuando esos dos se conocieron y la squib demostró ser muy atenta con Ryūjin. Ahora le gustaba observarlo con detenimiento cuando socializaban en su propio plano, le hacía imaginar cómo sería su novia cuando tuviesen sus propios hijos… –A las dos, a esa hora lo invité a comer.– respondió entre risas a la castaña cuando su mejor amigo fue mencionado en la conversación, el que su sobrino eligiera patatas fritas le había hecho reír. Especialmente por la forma en que “lo confesó”. –La puntualidad es una de esas cosas que no puede evitar aunque quiera. Y no te preocupes Ryūjin, te avisaremos en cuanto aparezca.– asintió animado viendo luego como el menor de la familia se alejaba.

Espero que Raleigh se anime estando aquí. A veces me pongo en su lugar y… estoy seguro de que no lo soportaría…– dijo con voz apagada por la preocupación, y por lo desgarrador que sería para él vivir apartado de Dahlia. El abrazo en que la tenía apretó otro poco y sobre su hombro acomodó el rostro, luego intentó mirarla. A punto estuvo de afirmar para ella que hablaría seriamente con su jefe, pero no quería recordarle temas oscuros que arruinaran el día, por eso se contuvo. –Amor… ¿qué pedirás cuando soples a tus velas? Yo te pediré solo con un delantal de seda negra y mucho caramelo– dijo con verdadero antojo, antes de darle otro beso en el oído.

Ya hablarían después sobre Zabini, el mayor de los Reed bajo ese techo llevaba tiempo pensando con seriedad cómo debería de tratar a ese otro mago que tanto estaba afectando a su persona amada. No podía permitir que las cosas continuaran de esa forma, desgraciadamente el pedir que ella renunciara podría ser peligroso. Todos en la familia estaban imposibilitados para actuar libremente. Que Hanae lo disculpara pero...


Malditos puristas.





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Re: Who's gon have fun without you here? | Priv

Mensaje por Dahlia H. Cáech el Mar Jul 19, 2016 5:58 am

Recibió primero una felicitación y luego la correspondiente estocada. No podía culpar al pequeño dragón de no gustar del color lila, pero no se esperó que se lo dijera tan directamente. Aunque así era él, que sin darse cuenta se parecía a su madre. Fue el reclamo sobre el de Kaoru el que ya superó la cuota de inocente crueldad infantil y la chica suspiró pues sabía que no eran malas intenciones las que tenía el pequeño de los Reed al opinar. Intentó olvidar esos detalles, pues no se sentía con derecho de educar a un niño ajeno, pero regañado lo tendría si fuese suyo… Pensar en propios hijos no hizo más que aumentar el color ya generado en sus mejillas por el hombre a su lado, así que lo mejor fue cambiar de tema a algo más trivial.

Una risa le sacó el secreto que pareció confesarle el infante, mismo al que le guiñó el ojo para que supiera que había captado su petición y la mantendría en profundo secreto, antes de que el niño decidiera seguir su camino a otros lugares de la casa—. Fue toda una novedad ver lo bien que se lleva Ral con Ryūjin, debe ser porque tiene varios hermanos —comentó su opinión neutral luego de estar informada del horario y la puntualidad maniática que tenía el joven Kyagaros a pesar de sus deseos de parecer un desastre.

No pienses en ello… Es más sano. Además, si llegara a pasar algo… Tienes que prometerme que irás por mí —preocupada por el rumbo de la conversación se dejó abrazar con fuerza aunque le hacía falta poder corresponder el gesto. Y lo iba a hacer hasta que una frase la descolocó volviendo a poner sus mejillas a arder y su corazón a palpitar a mil por hora. Nerviosa se giró para verlo de frente, con el rostro todavía coloreado—. Eres un pervertido —le tocó la nariz con un dedo y luego se levantó en puntas de pies para acercarse al oído del mago—. Tu regalo es una promesa —aseguró, pues más que dispuesta estaba a hacerlo feliz, incluso si eso significaba cumplirle fantasías poco adecuadas para horario de menores.

Aunque no tengo delantal de seda —meditó seriamente luego de dejar de murmurar en el oído ajeno y una risa se le escapó. Quería que ese día fuese feliz y que nada ensuciara el humor general. ¿Sería mucho pedir que las sonrisas duraran todas esas horas? En ese nuevo mundo, mucho más oscuro, parecía de hecho demasiado—. Lo que yo pediré es un secreto, aunque… Comienza con un quiero estar contigo y termina con por siempre —fue alzando primero el índice y luego el dedo corazón a medida que enlistaba las partes de sus propio deseo de cumpleaños.

¿Me das tu aprobación de la carne? A mí si me gustó tu pastel, para nuestra próxima celebración quiero que me hagas uno —solicitó y sonriendo tan feliz y protegida como se sentía se recargó contra él aunque eso le impidiera moverse a realizar la acción doméstica que ella le había pedido. Poder abrazarlo de frente siempre se le hacía especial así que contra sus brazos lo estrujó y su mejilla acomodó sobre el pecho del mago que tanto amaba.


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Mensaje por Hanae Reed el Mar Jul 19, 2016 7:07 am

Te recuerdo que también es tu hijo, así que heredó la capacidad de convencimiento de los dos —comentó aunque no era preocupación lo que se notaba en ella, no, que su hijo fuera manipulador le hacía sentir completamente orgullosa pues sabía que le iría bien en la vida si era bien dotado en el arte de convencer. Y así mismo, con unos pequeños gestos, ella convenció al cazador de besarla con casi tanta intensidad como a ella le gustaba. No podía pedir más porque se suponía que iban a tener una tarde de celebraciones y con compañía, así que tenían que comportarse lo más decente posible.

Una cosa difícil después de lo que hacían casi todos los días y a las horas que se pudiera, sin considerar el cansancio por el trabajo. Por eso terminaban dormidos antes de pensarlo si quiera. Ella asintió mientras el hombre comentaba que estaba a tiempo y verlo tan feliz como ella la hacía sentir todavía más dichosa. A pesar de que la oscuridad parecía reinar en el mundo y que la preocupación se había vuelto el estado más frecuente de todos, ella estaba disfrutando de lo que esa vida nueva le había entregado. Una familia propia, que nunca creyó que iba a querer tanto.

El labio se mordió cuando las manos que bien conocía se tomaron de cierta parte de su anatomía que la noche anterior había sido tocada con descaro en el balcón de la habitación—. Tu sabes mejor que nadie como compensarme… Pero podríamos comenzar cuando termine la fiesta, no quiero arruinarte la el blanco puro de tu camisa antes de tiempo —respondió contra los labios de él y sus propios ojos brillaron emocionados cuando recibió al fin la felicitación que había exigido. No iba a esperar que Ihara se diera cuenta de los detalles, ya se sentía vieja para eso, prefería pedirle directamente, pues al parecer hablando directamente se entendían mejor. Notarlo una década después era lo que pesaba.

Las gracias quería darle pero prefirió demostrárselo físicamente al corresponder al instante a sus labios. Mismos que saboreó con ligero desenfreno, culpa completa de la invasión que hizo el hombre en ella sin preocuparse del posible espectáculo que darían si alguien aparecía. A ojos cerrados lo recibió y el rostro giró ligeramente para profundizar todavía más si era posible. Suspiros de gusto morían contra los labios ajenos a medida que él la tocaba con menos calma en el pecho y ni cuenta se dio de que pronto tendrían compañía. Claro que las palabras de Ryuunosuke la alertaron a tiempo para no reclamar por ser abandonada tan pronto.

Quería mucho a su hijo, seguía siendo la luz de sus ojos, pero había veces en que su cuerpo simplemente tenía ciertas necesidades que un niño no podría cubrir, y aunque trató de separarse un poco de los labios de Ihara, estos no la dejaron escapar fácilmente hasta que el reclamo de la voz que alzaba todas las alertas de la bruja le hizo marcar distancia. Con las mejillas ligeramente coloreadas y los labios igualmente rojos le sonrió a su pequeño dragón y esperó a que se acercara por su cuenta a ellos luego de sus infinitos reclamos.

El niño corrió hacia ellos y ella acomodó una mano sobre los suaves cabellos del pequeño mientras recargaba un costado de su rostro en el pecho de su padre—. Te estábamos esperando, por eso nos tardamos, aparte ya sabes que Ryuu todavía no aprende bien —la culpa la soltó sobre el cazarrecompensas entre risas y su mano se ubicó contra la espalda del infante que para su disgusto quedaba muy abajo entre ellos—. ¿Estás celoso mi Ryūchii? Los besos son demostraciones de afecto —preguntó y explicó más que divertida y sin entender del todo la gravedad real de los celos de Ryūjin, como ella era una descarada natural un beso no le sonaba tan terrible. Aunque claro que los que se daba con Ihara tenían mucho más significado que el simple contacto.

Mamá los ama a los dos —aseguró aunque pocas veces se lo decía directamente a Ryuunosuke, de hecho, tarde se dio cuenta de que se le había escapado una verdad tan profunda y algo confundida por sus propias palabras se dio un poco de espacio para tomar a su dragón en brazos y sonreírle divertida—. Te ves tan perfecto como siempre el día de hoy, gracias por ayudar a tu padre a vestirse hoy —las mejillas le llenó de tres besos a cada lado, evitando observar de frente al padre del chico. ¿Sería mucho pedir que una confesión tan bochornosa hubiese pasado desapercibida?


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Mensaje por Ryuunosuke Ihara el Mar Jul 19, 2016 9:18 am

Descubrir de un día para otro que tenía una familia había sido una enorme sorpresa, y desde ese instante los momentos  de asombro no parecían tener fin. El reclamo de su hijo acababa de impactarlo de nuevo, pues de todos los reclamos que imaginó de su parte, ninguno encajaba con el primero que llegó a sus oídos. ¿Se quejaba por haber sido excluido del tiempo familiar? Ese niño estaba poniendo de cabeza todo su mundo, igual que su madre, y por eso mismo estaba dispuesto a hacer lo que se le pidiera con tal de mantenerlos a salvo. Podía parecer extraño ya que poco tiempo llevaba de conocer a Ryūjin, pero estaba seguro de que ya lo quería. De hecho era más que eso, más potente, pero cada vez que Ryuunosuke lo aceptaba en su interior, todo se volvía quietud. ¿Se podía amar a alguien en tan poco tiempo? Seguramente el mundo pondría en duda su respuesta, pero no le importaba. Así lo sentía, casi tan abrasador como lo que sentía por la madre.

Curioso el mago observó cómo Hanae acariciaba los cabellos del pequeño, nunca se llenaba de mirarla en su faceta de madre. Admirando a los dos estaba el hombre cuando se le culpó de la lentitud de los arreglos, como en muchas otras ocasiones no pudo definir qué tan en serio hablaba la chica, y lo peor es que no podía lavarse la culpa por completo. –Para mi un tendor o palillos eran suficientes, no había necesidad de… adornos en la mesa o infinidad de cubiertos…– se excusó. Algo de preocupación le vino al pensar en la fallida imagen que estaba dando como padre al no ser conocedor profundo de algunos temas, y fue precisamente por eso que consideró el apoyarse en el mismo Ryūjin para pulir algunas cosas. La bruja se había asegurado de que su educación fuese amplia y detallada.

A diferencia de Hanae, Ihara comprendía un poco más los celos que su hijo experimentaba al verlos juntos. Cuando empezaron a vivir como familia una parte de él se sentía victorioso por generar esa clase de sentimientos en el menor, pero no pasó mucho tiempo para que esa actitud por parte del adulto cambiara. Desde hace un tiempo intentaba evitarle los complicados celos a Ryūjin, pero simplemente no siempre le funcionaba. Estaba demasiado acostumbrado a tomar a Hanae en variadas formas, le costaba resistirse. Y más le costaba disimular lo agitado o ansioso que ella lo dejaba en casos como ese en el que eran interrumpidos por la cría de ambos.

¿Pero qué debía decirle a su hijo? ¿Qué compartiría más a su madre? Ya lo veía haciendo pucheros si le decía algo como eso… Mejor lo cargaba en brazos para que pudiesen platicar los tres al mismo nivel, ese fue su plan y a la empresaria soltó para tomar a Ryūjin, sin embargo no alcanzó a hacerlo. Todo en él se detuvo tras escuchar una inédita afirmación en la voz que más necesitaba en su vida. ¿Había escuchado bien? Sí, sin duda. El espacio que Hanae marcó entre ambos y el hecho de que se le adelantara y tomara al niño en brazos selo confirmó. Intentaba distraerlo del tema. Pero Ryuunosuke no iba a caer, no cuando lo dicho por la joven acababa de hacerlo mil veces más feliz.

Eres un gran consejero Ryūjin. Gracias.– le dijo sincero y sonriente le revolvió el cabello a su hijo, sin pensar en que eso provocaría posiblemente otra queja de su parte. Ryuunosuke no siempre pensaba en el orden, le ganaba la espontaneidad.

Los brazos del mercenario rodearon sin demora a sus dos personas más valiosas. Para abarcarlos lo mejor posible los apretó, lo cual le hizo reír. –Yo también te amo Hanae– declaró sin temor a la primera oportunidad que tuvo de cruzarse con la mirada de la bruja, en sus ojos permaneció un poco más y luego los cerró al tocar con la frente los cabellos del niño a quien diez años atrás había abandonado sin saber –A ti también Ryūjin… Papá te ama.– le costó decir lo último, fue inevitable. Pero no porque fuese falso, sino que las palabras emotivas nunca habían sido lo suyo, y denominarse a sí mismo como padre todavía le era novedoso, jamás se había imaginado diciendo ese tipo de cosas pero sí que las sentía. Cada día que pasaba con su propia familia le motivaba a esforzarse más. Madre e hijo lo valían.

¿Les parece si terminamos con la mesa? Kaoru y Dahlia pronto tendrán todo listo, además nuestro último invitado no ha de tardar.– ¿quién diría que gracias a dos personas llegaría a sentirse tan tranquilo y completo en medio de la oscuridad que a todos rodeaba? –Hanae– pidió un poco de su atención antes de adjudicarse el peso del niño que juntos habían traído al mundo, y en cuanto lo tuvo en sus propios brazos le dijo algo más a la bruja. Un “Puedo quitarme la camisa cuando quieras” le dedicó sin voz, ya que el tema no era apto para los oídos del menor. Después le sonrió de manera poco sana, ella bien sabría interpretar a dónde quería llegar el mago con ese gesto. Profundo, y no solo físicamente.

Te escucho Ryūjin, dime cómo ayudar a tu madre con esto.– pidió sin dejar de observar a su mujer. Coincidía con ella, la oscuridad a veces traía cosas buenas.




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Mensaje por Ryūjin Reed el Mar Jul 26, 2016 7:51 am

La justificación que su madre le dio sobre el por qué iban tan lentos al poner la mesa lo convenció, tal vez en el fondo Ryūjin sabía que esa respuesta no era del todo cierta, pero en ese instante estaba contento con lo que acababa de escuchar. Además, era cierto que Ryuunosuke no era la persona más habilidosa del mundo para las labores normales de una casa. Tiene mucho por aprender, se dijo el niño sonriente, en parte porque la risa de Hanae se le había contagiado. ¡Era uno de sus sonidos favoritos!

Claro que ese momento de fabulosa alegría se pausó por la repentina pregunta que su madre le hizo. ¿Celoso?! No levantó el rostro –afortunadamente– así que su desconcierto y casi espanto no fueron visibles para los adultos. Habría sido más sencillo fingir que no sabía lo que ser “celoso” significaba, pero él ya le había preguntado sobre eso a su tío hace tiempo, y lo inesperado de la interrogante no le dio tiempo de armarse una mentira y su correspondiente expresión de inocencia.

Todavía con el “sí, estoy celoso” atascado en su mente de infante fue reclamado por los brazos de su persona favorita. Intentó componer su expresión pero el que la bruja reafirmara que lo amaba le hizo más fácil el asunto. Para cuando la empresaria le sonrío al pequeño, la felicidad había reclamado las facciones de él. La risa brotó de Ryūjin como si le hubiesen atacado a cosquillas, y así recibió un cumplido y agradecimiento por parte de sus mayores.

No fue nada.– le dijo a Hanae, palabras que fueron seguidas por una mirada de  “¿hasta ahora te das cuenta?” dedicada al mago. Tener una familia completa era mil veces mejor de lo que había soñado, especialmente cuando tu mamá te llenaba de besos y tu padre te revolvía el cabello. –¡Me despeinas!– se quejó entre risas el menor de los Reed, recibiendo luego un apretado abrazo de su padre, uno que también abarcó a su querida progenitora. Solo las declaraciones que Ryuunosuke hizo consiguieron silenciar la risa del niño, y no porque lo angustiara el que alguien además de él amara a Hanae, sino porque esa era la primera vez que escuchaba a otra persona decirlo. Antes había visto a otros hombres rondar demasiado cerca a su madre, pero a ninguno recordaba hablando de amor.

Y por supuesto, ser amado por ese hombre, también lo hizo feliz. –Kaa-chan, ¿lo escuchaste? Ahora ya somos dos los que te amamos. ¿No es eso fantástico?– dijo sin poder contenerse, llevando sus pequeño brazos a rodear el cuello de la bruja con cariño. Ella era la mejor de todas, merecía ser amada por todo el mundo.

Entusiasmado asintió –Mis tíos ya terminaron con los pasteles, y la carne será tan blanda que será sencillo cortarla.– Luego de decirlo pudo sentir como su padre recorría el abrazo, al parecer con la intención de cargarlo en lugar de Hanae. Despegar los pies del suelo no le preocupaba cuando se trataba de ella o de su tío, pero con Ihara aún no se acostumbraba. Aunque el ser consultado sobre otro tema consiguió distraerlo lo suficiente como para dejar de pensar en eso.

El centro de mesa ya esta listo, así que podemos seguir con la vajilla y los cubiertos. Ustedes pueden usar magia para eso, yo iré por los vasos. Recuerda que todavía no tengo varita.– explicó y fijamente miró al hombre, fue un “bájame” tácito pero… ¿su padre lo habría entendido?

Por los vasos tendría que ir hasta la cocina, pero ésta vez no tendría inconveniente en dejar a solas a los otros dos. De cualquier forma siempre podía regañarlos por sus constantes demostraciones de afecto,  y así exigir una dosis de lo mismo –o mejor dicho un equivalente– para su persona. Era genial tener dos personas amándolo y cuidando de él. ¿Por qué no ocurrió antes?


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Re: Who's gon have fun without you here? | Priv

Mensaje por Kaoru Reed el Mar Jul 26, 2016 8:56 am

Coincidía con Dahlia, si hubiese sabido que Raleigh y Ryūjin se llevarían tan bien los habría presentado antes. Pero nunca era tarde para ese tipo de cosas, y ahora podía afirmar que el círculo de amigos se había extendido, aun cuando algunos obligadamente estaban escondidos muy lejos de ellos…

Breve asintió, definitivamente prefería quedarse con el tipo de pensamiento sano que no invocaba oscuridad. –Iré por ti a donde haga falta.– confirmó sin pizca de duda en la voz, por la castaña haría cualquier cosa, incluso algunas que a ella no le agradarían. Pero creía fervientemente que nunca llegarían a ese tipo de circunstancias, porque para empezar, jamás permitiría que los separaran.

La tranquilidad retornó a Kaoru al girar Dahlia hacia él, adoraba sus mejillas teñidas de rojo, especialmente cuando se sabía culpable de tal reacción en la señorita. A parecer, estar juntos sí bastaba para ahuyentar las sombras que a ratos parecían querer consumirlos. –¿Tu crees? – ¿pervertido él? Oh claro que lo era, por eso su sonrisa se amplió aún más gracias a la promesa que vino después del toque a su nariz. Y sus ansias se encendieron simplemente por tener cerca del oído los labios de su novia. Quería pasar las siguientes horas con todos los demás, pero con gusto aceptaría quedarse a solas en ese mismo instante con la squib.

Eso tiene remedio– comentó sobre el delantal de seda, aclarándose luego la garganta como parte de sus intentos por aplacar el apetito que Hildr acababa de despertarle, o mejor dicho intensificarle ya que siempre tenía antojo de la chica.

Atento y curioso se alistó para interrogar sobre el deseo de cumpleaños que teóricamente la muchacha mantendría en secreto, pero para su sorpresa se le dieron “pistas” sumamente veladoras. Ensamblar de inmediato el enunciado completo en su cabeza le hizo sonrojar. Solo Dahlia sabía hacer colapsar las emociones del mago a esa magnitud y, por si fuera poco, lucía preciosa al enlistar con los dedos para él. La mirada casi le brillaba solo de admirarla.

¡Claro!– él sí quería probar ya la carne, pero entonces… ¿por qué sus brazos no estaban liberando a la squib? –¿Lo dices en serio? En ese caso puedo prepararte uno la próxima semana, estar los dos juntos es suficiente razón para celebrar, ¿no te parece?– cuando estaba a su lado parecía casi imposible dejar de sonreír. Justo como en ese momento, en que una idea le vino a la cabeza y a punto estuvo de soltarlo en voz alta como un posible agregado a su deseo de cumpleaños. En el último instante había decidido callar y formular otra pregunta en su lugar. Se le veía feliz, de pies a cabeza. –Dahl… ¿Quieres tener hijos conmigo?– preguntó en voz baja, enfocándola a pesar de que ella se acababa de acomodar contra su pecho y sus miradas no se cruzaban.

Pensó en pedir luna de miel, después se dijo que primero era la boda. Pero desear con velas una boda le pareció insuficiente, quizá un poco grosero pues era el tipo de tema que debía abordarse con seriedad, y no solo mencionarlo a la ligera. Por esa razón se guardó el anhelo, cuando expusiera el tema lo haría de una forma especial, como ella se merecía.

Quiero probar la carne que preparaste antes de que llegue Raleigh. No quiero arriesgarme a que él la pruebe primero.– admitió entre risas. Ya sabía que no había porqué entrar en faceta celosa cuando su amigo estaba cerca, pero el hacer berrinche se le daba bien, como a todos los Reed al parecer. –¿Me darás en la boca?– agregó con ganas de ser consentido por su chica. A él también le gustaba mimarla, hacerla sentir como el tesoro que era en su vida. De ahí que la sujetara de un poco más abajo a fin de levantarla del suelo y un par de giros diera con ella en ese mismo sitio. No podía juguetear más porque chocaban con la estufa.





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