JULIO DEL 2025.
Los mortífagos se han hecho con el poder de Reino Unido e Irlanda, muchos han tenido que huir para salvar sus vidas pero otros han caído en sus garras sin poder evitarlo. El Mundo Mágico ya no es igual, pero una nueva puerta se abre ante los Prófugos en Australia, un país dónde todo es al revés, ¡y nunca mejor dicho!

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At the mess you've made — K

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At the mess you've made — K

Mensaje por April E. Goldworthy el Jue Jul 07, 2016 12:43 pm

Your eyes, they shine so bright
I wanna save that light


Intentó memorizar el orden que se le había asignado a los libros de aquella estantería. Verde, azul, morado, verde oscuro, negro, marrón, azul oscuro, granate, gris, marrón oscuro. La colección de libros de artes oscuras que aquel hombre poseía, no dejaba nada que desear: por ende, algo tenía que poder servirle. Hizo uso de un candelabro para tirar todos los libros al suelo: tenía que ser valiente. Un rápido vistazo a la ventana (porque aquello era lo que buscaba) para luego flexionar las rodillas y dejarse caer en el suelo. Abrió el primer libro utilizando una pluma: la falta de polvo en su interior le confirmó las muchas lecturas que se libro tenía. Ni respiró, ni se tensó, ni dudó: comenzó a leer. No necesitaba la magia, no quería la magia, tan solo tenía que ser inteligente. Centrar toda su atención en aquellas palabras tampoco tendría que ser especialmente difícil: el fin justificaba los medios, ¿no? por encima de todas las cosas, tenía que ser egoísta. Tan solo tendría que dejarse llevar por la oscuridad de aquella casa: sencillo, había a raudales. Sencillo: después de tantas cosas era muy fácil dejarse colapsar.

Abrió otro libro: a diferencia de cómo había sido durante toda su vida, el silencio que reinaba, flotaba, se asentaba y le pisaba no le perturbó. Si las vidas cambian, es normal que las personas también, ¿no? alzó la mirada hacia el reloj para luego desplazarla hacia la puerta. No tenía problemas con la hora (aún le quedaba bastante para que alguien llegase a casa), el día, por el contrario, actuaba como un cuchillo. Por eso, en esa ocasión sí que no pudo evitar respirar profundamente mientras se apartaba el pelo de la cara. Ignoró un ligero dolor en la muñeca derecha y se centró en inspirar y expirar: no podía quedarse ahí durante todo el verano. También tenía que ser fuerte porque si había acabado así, era por imbécil. Por intentar salvar a todo el mundo y no centrarse en quién verdaderamente tenía que centrar toda su atención. Por eso también tenía que ser justa. Abrió dos libros más por puro nerviosismo y por una innegable ansiedad. Porque la única solución que encontraba era una complicación, pero en el fondo (y en la superficie) sabía que no tenía otra opción. Quería que le diese igual y le iba a dar igual. La puerta se abrió: giró la cabeza para encontrarse a Katerina cruzando el marco: las facciones de la antigua leona dejaban claro que había pasado algo malo. No preguntó, sino que volvió a centrar la mirada en los libros sin decir nada. Había otra que tenía que ser (o hacer): si siempre había arrastrado a su mejor amiga hacia la luz, ahora tendría que ir en busca de la oscuridad de Katerina Dimitrov.

I can't escape this now
Unless you show me how


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Re: At the mess you've made — K

Mensaje por Katerina R. Dimitrova el Jue Jul 07, 2016 2:42 pm

Don't want to let you down
But I am hell bound

Aún sentía la adrenalina correr por sus venas, por su sangre... intentaba escaparse de su cuerpo, pero Katerina no parecía dispuesta a dejarle ganar la batalla. El corazón le latía a velocidades insospechadas. En algunos momentos, sentía que le faltaba el aire de la emoción. Miraba sus manos y aún sentía cosquilleos producidos por los hechizos. Su varita parecía vibrar desde dentro de la túnica. Escasamente dos horas después de los ataques en el Callejón Diagon, Kat seguía necesitando acción, hechizos. Ni aunque corriera séis horas por todo Londres conseguiría relajarse. Necesitaba herir, terminar de vender su alma al diablo para disfrutar realmente de la atrocidad que había cometido.

Aquella bruja a la que tanto se había esforzado en atrapar, podría haber sido Molly, April, o incluso ella misma, desesperadas por quedarse en el lugar donde nacieron y crecieron, luchando día a día porque no las descubrieran y continuar viviendo en su habita, en lugar de tener que huir como si de leprosos se trataran. ¿Su mayor crimen?, que en el fondo no le había importado herir a su ex compañera de colegio, incluso disfrutó. El poder era mucho más peligroso que todos los males del universo. Tan tentador... el sufrimiento de una persona garantizaba el poder. Los atacaban porque podían. Era tan simple, tan grande.

Y por eso mismo, cuando llegó a su casa, estaba de muy mala ostia. Dimitri no estaría, llegaba casi a la hora de cenar. Ese día, habría preferido su presencia antes que enfrentarse a su invitada. Cuando Kat creía que podría olvidar toda su vida y empezar una nueva más fácil, April se manifestaba delante de ella para recordarse cual era el camino a seguir. El sufrimiento de unos pocos no importaba si se perseguía un fin superior, justo e igualitario para el Mundo Mágico en general. Luz y oscuridad, en permanente lucha. Los máximos pilares para ambos complementarios habitaban en su casa.

¿Se puede saber que cojones haces leyendo libros de...? — Miró los título de los volúmenes, aunque los había reconocido casi al instante. En su casa, la mayoría de ellos trataban sobre artes oscuras. Muy interesantes. — ¿... artes oscuras sin tus cadenas? ¿Qué quieres, que vuelva Dimitri y me toque castigarte?. El sectum ya lo domino a la perfección y últimamente, Dimitri está investigando cuantos cortes puede sufrir una mascota en el cuello antes de morir desangrada o decapitada. ¿Quieres comprobarlo?. — Puso sus brazos en jarra, mirándola con escepticismo. Inconsciente. Haría que las mataran a ambas.

Though this is all for you
Don't want to hide the truth


Última edición por Katerina R. Dimitrova el Vie Jul 08, 2016 1:25 am, editado 1 vez



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Re: At the mess you've made — K

Mensaje por April E. Goldworthy el Jue Jul 07, 2016 4:53 pm


La expresión que el rostro de Katerina vestía le resultaba familiar. La piel erizada, sus facciones dudosas: todo en ella era gris. Había visto ese semblante en otro momento, en otra situación. Su pregunta le provocó escalofríos, su respuesta, por el contrario, fue contradictoria: colocó el libro más denso sobre su regazo. Las palabras de Katerina zumbaban en sus oídos repetitivamente. April, únicamente podía pensar en lo mismo: no quería estar ahí.— Intento entender. —Murmuró mientras su vista recaía en una página cualquiera. Katerina no tenía la culpa: su padre, sí y, por ende, tenía que ser justa en todos los sentidos. Entrecerró los ojos al sentir un pequeño pinchazo en la cabeza.— Sentir lo que vosotros sentís. —Deslizó un dedo a lo largo de la página en la que hablaban de pociones poco recomendables. Volvió a mirar el reloj: julio. ¿Y qué iba a hacer cuando llegase septiembre?— Pareces feliz, ¿por qué? —Susurró: no le echó nada en cara. No tendría sentido hacerlo en aquellos momentos. Quiso estar segura de estar en lo correcto. Para ser aún tan temprano, la casa estaba pobremente iluminada. Para ser dos leonas, el ambiente no transmitía ningún tipo de fuerza. Para haber sido siempre el salvavidas de Katerina, April no encontraba ningún tipo de luz que poder transmitir.

Parpadeó ante sus siguientes palabras: la oración no le asustó, lo que pensó tras procesarlas, sí que lo hizo. También tendría que aprender a no sentirte orgullosa.— ¿Puedes hacerlo?, ¿te ha enseñado? ¿eres capaz? —Se perdió entre sus palabras mientras sus uñas apretaban con más fuerza el libro. Sintió que el halo de tristeza llegaba a sus ojos y cómo estos querían demostrarlo: apretó los labios. Se dio cuenta de que el aire que respiraba en aquella casa era diferente al aire exterior. Diferente al aire de Hogwarts y diferente al aire de su casa. O, quizás, ella era la diferente. Finalmente, se levantó: no soltó el libro. Los pasitos que dio hacia Katerina fueron cortos, lentos y dispares. Porque aquella situación era muy diferente a la intentar domar al calamar-sin-nombre.— Mi madre no puede estar de vacaciones por siempre. —Pronunció lo evidente. April no quería que los que habían escapado volvieran. April no quería que su madre regresara, pero Céline sí que no tenía otra opción. Dicho pensamiento le hizo temblar.— Así que sí que quiero comprobarlo. —Y eso también le provocó un temblor: pero iba aprender a que le diese igual. Colocó el libro sobre las manos de Katerina bruscamente. La buscó. Buscó ese otro lado de Katerina porque era lo único que podría ayudar a ambas. Lo buscó porque lo necesitaba y porque creía poder lidiar con aquello. Lo buscó porque la luz le estaba sirviendo de poco. Al igual que no quería su magia, no quería ni la luz de Katerina, ni la suya propia.— ¿Por qué? —Cuestionó, casi reclamó. Cogió mucho aire. También tendría que aprender a vivir con que, a veces, no podía salvar al mundo entero.— ¿Por qué cojones nunca te vengaste de él? —Y también tenía que aprender que quedarse estancada, no era lo peor que le podía pasar.

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Re: At the mess you've made — K

Mensaje por Katerina R. Dimitrova el Vie Jul 08, 2016 1:23 am

¿La respuesta? Tan simple, tan obvia. April era demasiado inocente, pero aprendería. Tendría que hacerlo si quería sobrevivir a la selva. Solo su intelecto la salvaría; ni su sangre, ni su familia, ni nadie, solo ella misma. Y no únicamente físicamente, aquí entraba en juego su alma, su esencia. Estaban ante su punto de no retorno, ¿qué quedaría de la antigua leona en unos meses?. La miró con tristeza.

Cruzó la habitación con pasos firmes y rápidos para dejarse caer por encima del respaldo del sofá, cruzando las piernas después. Con la varita, convocó una botella de whisky. La abrió con la boca, alzó y brindó en salud de April. — Estoy feliz porque de momento el plan va perfectamente. Nadie sospecha. No pueden hacerlo. — Rió con voz grabe. — Cuando los pajarillos canten su canción, le dirán a Dimitri la heroína en que se está convirtiendo su descarriada hija. Mestizos, impuros... en definitiva, desgraciados sin recursos que se atrevieron a desafiar el poder de los mortifagos —... ups, del Ministerio, perdón — y ensuciar las calles con sus impuros cuerpos — más concretamente el callejón Diagon — acabaron freídos a hechizos. ¿Y quién participó?. — Estalló en risas. — ¡YO!. ¡Brindo por mi!. Bebió de nuevo, esta vez con más ansía, deseando perder el conocimiento. Pero no, se levantó como un huracán y abrazó a la leona por detrás. — ¡Y por eso estoy feliz mi querida April! ¡El Ministerio nos cree, estamos a salvo!.

La soltó con la misma rapidez para volver a ocupar su sitio y su bebida. Era inmune ya al sabor, la garganta no le ardía por mucho que bebiera y no tenía miedo a saltar del balcón y que sus sesos acabaran esparcidos por el suelo. Sería una liberación.

¿El sectum? ¡Claro, y tú también sabes!. Solo hay que tener estómago y sangre fría. Ver desangrarse a alguien es horrible. Pero, ¿qué preferirías? ¿alguien o nosotras?. En el juego de la selva, solo puedes ganar o morir, no hay más. Por desgracia no tenemos opción, hay que ganar. Nuestros amigos habrán huído, pero volverán, los humanos somos demasiado predecibles, no toleramos que nos ordenen irnos y no volver. Así que, ¿vendes tu alma o mueres?, en verdad es una respuesta demasiado simple. — Se encogió de hombros y bebió. — ¿Quieres? Me he acostumbrado a beber sola.

¿Por qué no se había vengado?, simple y complicado. No podía. No quería. ¡Era su padre!. ¿Había una condena mayor que el parricidio?. Quien más daño te hacía era quienes más te importaban, por eso mismo Dimitri tenía tanto poder sobre su hija. Su vida siempre tuvo un sentido, una misión: venganza. ¿Y después?. Al principio, en su juventud, no importaba, pero ahora no quería que su vida dejara de tener sentido, no cuando necesitaba fuerzas para salvar lo que quedaría de su otra mitad. No podía, no puedo. Aún. ¿Después que April?. — Buscó su mirada intentando leer la respuesta, o quizá buscando luz. Sobra decir que no la encontró. Se sintió decepcionada, pero sonrió con malicia. — ¿De que serviría matar a mi padre cuando los hay peores?. Prefiero que sufra durante toda su vida; y claro que lo hará mi querida amiga. Lo hará, cuando esto termine. Pero volvamos a la lección. Hace tiempo que se lo que quieres April. — Se levantó, botella en mano, bebiendo. La acusó con el dedo. — Tú quieres que haga algo. Ya estoy maldita, ¿no?, ya no intentas consolarme, hacerme volver, así que no te importa. Y te estás dejando ir. ¡Quieres matarlo!. ¡QUIERES MATARLO! ¿No es divertidísimo?. ¡Pero no te dejaré! ¡Tú aún no estas condenada! ¿Sabes lo que es ser sangre pura? ¡Tener mierda recorriendote las entrañas!. ¿Quieres ser mala? ¡Bien, vamos a serlo!. ¡KRISTHEN, AQUÍ, YA, TU AMA TE RECLAMA!.

El elfo domestico no tardó en aparecerse. Bajito, sucio, feo, las miraba sin expresión en los ojos. — Mira bien a este elfo. ¡Que vida de mierda tiene!. Dimitri le pega todos los días, le hace autocastigarse; quemarse las manos, atravesar brasas descalzo... y aquí sigue, como un perro, fiel, defendiéndole. Me da asco. ¿Querías saber que se siente? ¿comprobarlo? Pues bien. Lánzale un sectum, directo al cuello.



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Re: At the mess you've made — K

Mensaje por April E. Goldworthy el Vie Jul 08, 2016 3:48 pm


Lo sentía. Lo sentía mucho por lo que le estaba haciendo a Katerina. Lo sentía por, instintivamente, dar un paso hacia atrás y mucho más por, milimetradamente, volver a acercarse. La magia y el poder podían haber causado aquella destrucción, aquella sombra oscura, el imperio, los encarcelamientos, la dictadura y las muertes. Pero era ella la que estaba hundiendo a Katerina. Era ella la que estaba arrastrando a la otra Katerina: y no había excusa posible. Las palabras de Katerina le sentaron como una patada en el estómago: se mareó. Se llevó una mano a la cabeza buscando equilibrio: le asustó lo sencillo que era traer a esa Katerina. Y sobre todo, le dolió recordar algo: todo el mundo necesitaba a alguien que pudiese apoyarte en cualquier situación. Pasase lo que pasase. Le taladró la cabeza darse cuenta que Katerina no tenía a esa persona: no la tenía porque esa April, no estaba ahí.— Esa hijita descarriada nunca existió. —Sonó dura y seca: nuevamente, eligió mal. Se encogió de hombros con expresión apagada y apática. Intentó sumergirse en su papel e intento permanecer impasible: procuró que todo le diese igual.— Esto siempre estuvo dentro de ti, ¿no? pues ya está. Si siempre has querido freir a esos desgraciados, impuros... —Imitó sus palabras lentamente. Parpadeó al sentirse al borde del precipicio. El nudo en el estómago llegó a la garganta: April tuvo la sensación de que se iba a asentar ahí durante mucho tiempo.— ...entonces bienvenida sea la verdadera Kat. Tu padre estaría orgulloso. —Tras eso, sí que quiso llorar de verdad: porque después de años trayendo a Kat a flote, sintió como si la estuviese destruyendo. Apretó las manos: ilusamente se repitió a sí misma que, cuando todo pasase, podría traerla de vuelta.— Haz que se sienta más orgulloso aún y mátale. Yo te ayudo. —Y tras esas palabras, sí que dio dos pasos hacia atrás y negó con la cabeza. Ahí sí que tuvo miedo: se aterrorizó porque en verdad, no quería. No quería, pero sabía que debía.

Más que como un punto de no retorno, April visualizó las siguientes palabras de Katerina como un callejón sin salida. Desangrarse. April quería ser egoísta, justa, fuerte y apática, pero no quería ser mala. Quiso buscar a la Katty de siempre, pero se contuvo.— No. No van a volver. Se van a quedar allí: están seguros y a salvo. Tienen que quedarse. No-van-a-volver. —Eso fue lo único a lo que fue capaz de contestar: porque que se estuviese dejando ir, no significa que se fuera del todo. Siendo consciente de la situación actual de Inglaterra, no los quería ahí. Podía y tenía que lidiar con ello sola. Intentó dejarse llevar por las palabras de Kat: intentó no resistirse y dejarse, en parte, manipular. Pero no funcionó: escucharlo de la boca de Katerina, fue mucho peor que pronunciarlo ella misma. Lo estaba consiguiendo, ¿no? estaba siendo egoísta: con tal de sacarlas a las dos, quería hacer algo que cambiaría todo. Con tal de no llorar, lo único que pudo hacer, fue gritar.— ¡No me importa lo que pase después, me importa el ahora y el antes! —Reventó. Los pasos que dio hacia Kat en esa ocasión, sí que fueron grandes y seguros. La cabeza, por el contrario, le iba a explotar.— ¡Cuando era pequeña quería hablar con mi con mi madre, con mi padre y con mi hermano antes de irme a dormir! ¡Todo eso desapareció! no pude tenerlo. Tú querías lo mismo: no lo tuviste. —Y como explotó, explotó en todos los sentidos. Todo lo acumulado, salió hacia fuera.— ¡Despues del Imperio tan sólo quería que todo volviese a la normalidad! no lo conseguí. ¡Tú querías lo mismo! no lo tuviste. —Y el no tener lo que querían siempre parecía repetirse. Inspiró profundamente.— Ahora tú quieres tu venganza y yo quiero mantener a mi madre alejada de esto. Voy a tenerlo, vamos a tenerlo. Y va a ser ahora. —Si de por sí el cuerpo le temblaba mientras decía aquello, las siguientes palabras de Katerina, sólo incrementaron aquello.— ¿…qué?

Observó al elfo mientras las palabras de Katerina pitaban en sus oídos. No podía creérselo. No podía hacerlo. No quería hacerlo.— No voy a hacerle eso Katerina, no se lo merece. —Sentenció, pero sus propias palabras la paralizaron. ¿Y acaso alguien se lo merecía? ¿acaso Dimitri se lo merecía? El paso hacia atrás en esta ocasión hizo que su espalda chocase contra el sofá: el golpe (o más bien todo), dolió. Cogió la varita de Katerina lentamente. Quizás fue ahí se dio cuenta de que Nora, en el fondo, tenía razón: no estaba hecha para el mundo mágico.— Sec…tum. —Evidentemente, no pudo ni quiso dirigirlo al cuello. Se encargó de darle en el pie: se horrorizó al instante. Le dio la varita a Katerina al momento: no pensó que debería evitar devolvérsela.— ¡Para! no quiero hacer esto. ¿Por qué hay que hacerlo? no entiendo esta lección. No hace falta. Vamos contra Dimitri, no le tenemos que hacer esto a él. No… —Pronunció a toda prisa torpemente. Observó al elfo y sintió la herida como propia y, por ende, se le cortó la respiración. ¿Qué demonios estás haciendo, April?


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Re: At the mess you've made — K

Mensaje por Katerina R. Dimitrova el Lun Jul 11, 2016 1:47 am

Kat meditó más tiempo que de costumbre la nueva teoría de April. ¿Podía ser cierta?. Cuando era más pequeña no recordaba sentir lucha constante contra la oscuridad; disfrutaba con la vida. Sus séis primeros años en Hogwarts fueron los más felices de su vida. De hecho, hasta que apareció Dimitri su máxima preocupación era como lidiar con el mal humor de Molly y pensar la forma en que April y James se liaran. ¡Si desde niña quiso ser Auror para combatir las Artes Oscuras!. ¿Pero no querías aprender todo lo posible de estas para combatirlas?. Susurró una molesta voz llamada conciencia. O esa era la excusa que ponías. Los recuerdos empezaron a aglomerarse en su mente. Recordaba como si estuviera viviendo el momento una clase, allá por quinto curso, cuando hablaron sobre la guerra mágica y las maldiciones imperdonables. Fue la primera vez que Katerina rellenó más de dos pergaminos con apuntes más allá de los imprescindibles. ¿Y no pensó desde siempre en buscar información de Dimitri para vengarse por el daño a su familia?. Vengarse, sí, no llevarlo a los Tribunales y que fueran estos los que impusieran la sentencia.

Te equivocas. O casi. Nunca consideré las Artes Oscuras enemigas, ni impuros a los hijos de muggles o mestizos. Pero tampoco ofrecí mi lealtad al Ministerio. Así que técnicamente sí era la hijita descarriada. — Hizo una nueva pausa que aprovechó para volver a beber de la botella. A mitad del trago, April continuó hablando. Katerina alzó la mirada peligrosamente. April. — Empezó tranquila.Ten cuidado. La línea es muy fina y el descenso a los infiernos fácil. Y si entro al infierno, será por la puerta grande. — Se levantó con rapidez en dirección a ella, empujándola contra la mesa y agarrando su cuello con firmeza. — Eres la línea entre mis dos yos. Si la línea se rompe... ¿Qué crees que quedaría?. — La soltó y se echó a reír casi con histeria. Tú eres la opción difícil. Digamos que me complicas mucho la vida. Cada vez que quiero largarme y empezar de cero me atas. Así que no estires tanto la cuerda. No vuelvas a decir NUNCA que mi padre estaría orgulloso. No quiero su orgullo, quiero su miedo, su agonía, su desesperación y su cadáver. — En esta ocasión sí rió de verdad, volviendo al sofá y su bebida. — ¿Tú? ¿Matar a alguien?. No me hagas reír April. —Katerina estaba asustada. Esa April no era su April. La April que quería no la vendería al infierno ni se condenaría. ¡Por Merlín! ¡Si era la que siempre creyó en las segundas oportunidades de la gente!. ¿Cuándo había cambiado tanto para plantearse enserio matar a alguien? ¿Y dónde cojones estaba su mejor amiga para salvarla?. ¡Joder!. — Me niego a que participes. Debería mandarte lejos de una patada o encerrarte en una mazmorra hasta que se te pase esta puta locura.

—¡Piensa con la cabeza joder!. ¡No hay un ahora sin un futuro!. ¡La decisión que tomes ahora te va a marcar toda la puta vida!. ¿Te imaginas en 15 años con la conciencia sucia?. ¿No te basta que una de las dos sea la que esté podrida por dentro?
.
— Quería que callara. Joder. Que cerrara la puta boca. ¿Era tan difícil?. ¿No podía dejarse convencer, olvidar toda esa locura y dejarla a ella con el trabajo sucio?. ¡Puta cabezona!. Y no pararía, la conocía demasiado bien. Ella sería quien llevaría a April al límite. Si no podía herir a un elfo porque no se lo merecía no sería capaz de llegar hasta el final de Dimitri según el plan que Katerina trazaba con el paso de los días. De nuevo, los libros de Artes Oscuras exhibían formas de tortura y muerte de lo más interesantes. Dimitri no merecía una muerte corriente, debía ser épica. ¿De verdad quieres ayudarme a matar a mi padre?. Pues bien, ya sabes que hacer. — Le tendió su varita. Merlín me perdone por esto.

El espectáculo fue penoso. Como supuso, April no fue capaz. Kat negó con la cabeza como si estuviera decepcionada. ¿La verdad?: estaba aliviada. — Siéntate. — Ordenó antes de coger con fuerza la varita, beber de nuevo y plantarse delante del elfo. — ¿Bebiste la poción que te ordené?. — Preguntó. El elfo asintió y a Kat le recorrió una oleada de alivio. La poción en cuestión era anestésica. El elfo no iba a sentir nada en absoluto de lo que le hicieran, pero eso April no lo sabía. — Esta lección es muy simple. Este elfo representa una criatura inocente que no te va a devolver los golpes. Dimitri es algo muy distinto. Con él no podemos tener ningun fallo o estaremos muertas antes de poder protegernos. Y te aseguro que no nos gustará esa muerte. — Lanzó la botella de alcohol al aire, por encima del elfo y lanzó un bombarda sin demasiadas ganas. La varita falló y el hechizo no se realizo, sin embargo, la botella impactó encima del elfo y lo cubrió completamente de alcohol. — Imagínate que nuestro hechizo fallara. ¿Qué pasaría?. Una de las dos podría sobrevivir mientras él está ocupado contra una de las dos, pero, ¿y la otra?. — Apuntó al elfo de nuevo. — ¡Incendio!. — Unas llamas salieron disparadas de su varita y, al entrar en contacto con el alcohol estallaron en llamas poderosas. — Míralo. Es triste. Ese podríamos ser nosotras. ¡Aquamenti!. La buscó con la mirada. — Solo que Dimitri no tendría tanta clemencia y dejaría que nos quemáramos vivas. Y podría soportar que me pasara, pero no podría soportar que te pasara a ti.— Le volvió a tender la varita. — ¡Cortale en el cuello! ¡Ya!.

If I die young, bury me in satin
Lay me down on a bed of roses
Sink me in a river at dawn.


Última edición por Katerina R. Dimitrova el Lun Jul 11, 2016 2:02 am, editado 1 vez



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Re: At the mess you've made — K

Mensaje por I Solemnly Swear el Lun Jul 11, 2016 1:47 am

El miembro 'Katerina R. Dimitrova' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


'Hechizos' :
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Re: At the mess you've made — K

Mensaje por April E. Goldworthy el Mar Jul 12, 2016 12:26 am


Que Katerina pronunciase su nombre fue suficiente para que su mirada se perdiese en el rincón más olvidado de aquella habitación. April Goldworthy no sabía qué responder a eso porque no sabía si era esa persona a la que su mejor amiga estaba llamando. No se sentía vinculada a su nombre porque creía querer apartarse de ciertas cosas que le hacían ser ella. Se dejó empujar hacia la mesa sin oponer resistencia alguna (tampoco es que últimamente tuviese mucha fuerza). Se dejó sujetar por el cuello sin decir nada al respecto: tan solo se limitó a escuchar las palabras de Katerina mientras seguía mirando a una ventana. Su mirada se tornó vidriosa, pero por primera vez en mucho tiempo, no se molestó en enjuagar esa agua: estaba demasiado ocupada asimilando las palabras de Katerina. No quería complicarle la vida, no quería seguir provocándole ese daño. Quería ser la misma de siempre, pero no sabía cómo hacerlo. Se encogió de hombros.— No quiero seguir siendo esa línea, —Murmuró. No sabía cómo serlo. La apatía que sentía le recordó a un momento similar: se dio cuenta de que, al igual que cuando tenía ocho años, necesitaba a alguien que la sacara de ahí.— así que esa cuerda ya está rota. —Masculló. Quizás si Katerina lograba su venganza, su mejor amiga acabaría por olvidar todo. Quizás dejaría la oscuridad ir. Quizás podría apartar a su madre de todo. Quizás, podía merecer la pena no ser quién era. Se llevó una mano a la cabeza porque el dolor empezaba a ser insoportable, se pasó la misma por los ojos porque dudaba poder contener las lágrimas. Intentó auto-convencerse tal y como habría hecho en una situación diferente: había visto muchos capítulos de crímenes imperfectos, su novio (…¿no?, ¿sí?) adoraba el Quidditch, su grupo de amigas llevaba años siendo un desastre. No podía ser tan difícil hacer eso. Tras las últimas palabras de Katerina, volvió a mirarla.— No estás sola en esto, no vas a hacerlo sola. —Sentenció y se condenó.

Katerina no dio un buen argumento: volvió a encogerse de hombros ante el término consciencia. No sería la primera vez que se enfrentaría con la culpa. Que no tuviese culpa de ese algo sucedido en su infancia, no era un motivo lo suficientemente grande para hacerlo desaparecer. Si Katerina estaba descendiendo a los Avernos en busca de su oscuridad, April le estaba abriendo la puerta a su fragilidad.— La culpa no sería algo nuevo. Me da igual.  —El brillo de sus ojos contrarrestó con dicha afirmación. El quiebre en su voz, evidenció que también había roturas en su interior. El temblor de sus labios y de sus manos dejaban claro que no estaba en condiciones de hacer elecciones, pero April ya se había decidido. Quizás hasta podía apartar a Katerina del todo. Quizás hasta podía hacer el trabajo sucio: quizás, podía salvarla. No supo qué sería de su futuro, pero aquella era la única manera que encontraba de poder tener uno.— ¿Domábamos juntas al calamar, no? —En esa ocasión, fue su voz la que sonó llorosa. Quizás porque se estaba despidiendo de algo, y no sabía de qué. Quizás porque, en el fondo, sabía que aquello suponía despedirse de todo.— … entonces también nos pudrimos las dos. Te he dicho que no te voy a dejar sola en esto. —Y eso sí que sonó como ella misma. Eso, sí que era algo que April diría. ¿Lo único malo? que lo que llevaba implícito, volvió a provocar un pinchazo en el pecho. Lo único malo de todo aquello, era que ambas se estaban destruyendo mutuamente. Repentinamente, se dio cuenta de que, de una forma u otra, Dimitri no era al único al que tenía que matar: y ante eso, sus ojos sí que no pudieron evitar derramar alguna lágrima.

April no aceptaba órdenes, April siempre llevaba la contraria, pero cuando Katerina le ordenó sentarse, lo hizo sin rechistar. Conforme el mueble cedió, April quiso hundirse con él. Observó la botella, estiró las manos hacia la misma buscando abstraerse, pero Katerina se la arrebató. Cerró los ojos intentando dejarse llevar por las palabras de Katerina, intentó dejarse arrastrar. No lo consiguió: sus palabras le seguían haciendo la misma cantidad de sangre que antes. Entendió las palabras de Katerina: volvió a observar al elfo.— Eso no signifca que tengamos que hacerle daño a este elfo. No tenemos que ser como Dimitri. —Se explicó. Tembló, al darse cuenta de algo. Tembló al darse cuenta de las verdaderas palabras de Katerina.— … o sí. —Y April no sabía si iba a saber vivir con aquello. No pudo evitar cerrar los ojos cuando Katerina hizo arder a su elfo. No pudo evitar hacerlo porque, ciertamente, no quería formar parte de aquello. Ahí, el odio hacia la magia, sí que fue verdadero: por lo que le había hecho a Katerina, por lo que le había hecho al elfo, por lo que le había hecho a los apresados y por lo que le estaba haciendo a ella. Cogió la varita e inspiró hasta que estuvo a punto de atragantarse. Lo siento. Observó el cuello del elfo: intentó reconocer dónde se encontraban las arterías principales para mantenerse alejadas de ellas. Negó con la cabeza.— Sectum. —Lo dirigió al omoplato: lo dirigió al cuello, pero a una zona segura. Se odió igualmente: se sintió traicionada por sí misma. Le lanzó la varita a Katerina tal y como si le quemase. Se vio incapaz de ver lo que había hecho, tan solo pudo mirar a Katerina.— ¿No vas a hacerlo, verdad? ¿no tenemos que hacerlo, verdad? no hay que… —Matarlo. No quería creer, que eso era lo que había traído al cortar la línea. Se lo creyó y tuvo miedo. Tuvo miedo, porque no sabía cómo reaccionaría ante eso.— Atácame a mí. Busca otra lección. Yo puedo defenderme, él no, es un mejor entrenamiento. Es…  —Es lo correcto. Aunque, al igual que Katerina no quería ver a April en llamas, April no podía herir a Katerina. Aunque ya lo estaban haciendo.

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Re: At the mess you've made — K

Mensaje por Katerina R. Dimitrova el Mar Jul 12, 2016 1:52 am

No quiero seguir siendo esa línea.
El pilar que durante tantos años sostuvo su ánimo estaba herido de muerte. Las catapultas con sus piedras lo habían resquebrajado y, por mucho que intentaran remendarlo, sería imposible, jamás podrían reconstruirlo. Debía derribarse y volverse a construir, solo que las piedras eran tan pesadas que no habría hombre ni maquina capaz de moverlos, por lo que solo se podría contruir encima de una base inestable, rota. No tenía solución. Los demonios eran más poderosos; el punto de no retorno se había sobrepasado; aquella amistad pura de niñas pequeñas había madurado emponzoñada. La realidad recorría sus venas arrasándolo todo a su paso. Eran como un océano, una vez vertido el petroleo, jamás volvería a relucir azul. Y ellas no eran las mismas. No volverían a serlo.

Así que esa cuerda ya está rota.
April ya no existe. Kat tampoco. Sus cuerpos eran los mismos, sus almas no. Podrían tener esa complicidad que las caracterizó; se comprendían mejor que cualquier otra persona que lo intentara, pero eran dos sombras de aquellas estrellas brillantes que tanto esperaban del futuro en el colegio. Pero ese nuevo futuro estaba pintado de negro. Solo podrían sobrevivir.

No estás sola en esto, no vas a hacerlo sola.
¿Y cómo hacerlo?. Cayendo las dos. Vivir por el ahora, esperando que el mañana les tuviera preservado un destino. Destino caprichoso que quiso que una naciera en una familia condenada y la otra en una caída en desgracia por su sangre. Supervivencia. Cruel ironía, pues si no vendían su alma, no podrían salvarse, y si la vendían, ¿de que serviría vivir siendo otra persona?.

Y algo hizo click. No había marcha atrás. La única esperanza para sobrevivir era seguir con el plan. Matar a Dimitri, intentar entrar en los mortífagos y mantener a April con vida como su esclava, mascota o como quisieran llamarlo. Katerina no dejaría que nadie se la arrebatara. April era suya. Si debía cargar con remordimientos de conciencia sería por el ahora, no por un pasado del que nunca fue culpable. Creía que hacía años que asumía que la muerte de su hermano no fue su culpa, ahora veía lo mucho que se equivocaba. Si Dean viviera, April nunca propondría que mataran a Dimitri. Katerina nunca debió coger el maldito expresso de Hogwarts para repetir su séptimo año. Odiaba al destino, estaba convencida de que los astros se habían aliado para que ambas se encontraran ahí en ese mismo momento y lugar. Como los héroes, siempre estaban en el momento y lugar equivocados. ¿Serían heroínas? ¿las recordarían así? ¿escribirían canciones y novelas de sus azañas? ¿pero, en que lado, el bien o el mal?. Sus nombres perdurando por todos los siglos de los siglos... ¿Y si después pudieran regresar? ¿lo verían?. Lo imaginó, en doscientos años ellas reencarnadas y juntas de nuevo, intentando vivir la vida que les debería corresponder. En ese momento se juró una cosa, si existía una posibilidad de renacer y sobrevivían a la III Guerra Magica que habría, la buscaría para traer a April de vuelta y darle la vida que merecía.

Ese día te bese. — Sonrió al recordar su gran hazaña en Hogwarts. Fue uno de los mejores días de su vida. Casi pudo jurar que con ese beso cambió el destino y las condenó a morir juntas. — Y Molly acabó histérica. La vi. Está como siempre. Cabezota. — Apartó a la pelirroja de sus pensamientos. Había oído que, al igual que April, era esclava, aunque no sabía de que familia. Suponía que sus comodidades serían bastante inferiores a las de April. No era momento de pensar en Molly; ella le dio la espalda, la salvaría o ayudaría, solo después de que April estuviera a salvo. Alzó la vista buscando los ojos de April, esa vez si sono a la leona que reconocía. ¿La diferencia?, que estaban hablando de cosas muy distintas. No pudo, sin embargo, evitar reírse.

Empezaba a comprender. Para matar a Dimitri era indiferente hacerle daño o no a una criatura inocente, pero debían. Si no eres un asesino, solo tienes una motivación para matar: supervivencia, desesperación, y en ese momento, no estaban tan desesperadas. Dimitri le había permitido ser ella la encargada de la esclava; con tal que tuviera algún corte de vez en cuando y aparentara estar más delgada, las dejaba a su aire. Esa situación podrían mantenerla durante años mientras volvían los prófugos y la Orden se volvía a alzar contra los Mortífagos. Por eso mismo, Kat no creía que April fuera capaz de matar a Dimitri por ello. Incluso ella misma tendría problemas. Eso sin añadir que Dimitri era un mago más experimentado que no le importaba ensuciarse las manos de sangre — que seguramente, ya las tenía. Todavía no había confirmado la teoría de su madre sobre como murieron sus abuelos maternos, pero estaba más que inclinada a creer que fue por obra y gracia de Dimitrov.

Hay que matarlo. — Sentenció observando con curiosidad el sectum. El hechizo se acercaba al lugar que Katerina quería, pero aún así, no era suficiente. Otra vez no. O estás conmigo y haces todo lo que te pida, hieras a quien hieras, o lo dejamos. Si matamos, tenemos que matar. — Habló con voz bastante impersonal, escondiéndose tras una muralla. Intentaba conectar con su yo sociopata si es que existía. En algún lugar lo tendría escondido, ¿no?. No era la primera vez que sospecharía que todo el tiempo que creía estar bajo los efectos del imperio en realidad habían momentos en que controlaba sus actos a voluntad. Si lo aceptas, es más fácil. — ¡Sectum!. Joder. ¡Sectum!. — ¿Seguro que aceptaba su nueva naturaleza oscura?.  — ¡SECTUM JODER!. ¿Ves? ¿Qué pasaría si fuera contra Dimitri? ¡Estaríamos muertas!. Te voy a enseñar un nuevo hechizo. Pero primero, quiero que le hagas un par de cortes profundos en el estómago y otro en el cuello.


Última edición por Katerina R. Dimitrova el Mar Jul 12, 2016 1:56 am, editado 1 vez



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Re: At the mess you've made — K

Mensaje por I Solemnly Swear el Mar Jul 12, 2016 1:52 am

El miembro 'Katerina R. Dimitrova' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


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Re: At the mess you've made — K

Mensaje por April E. Goldworthy el Mar Jul 12, 2016 3:30 pm


Algo en la mirada de Katerina consiguió que, finalmente, April empezase a arrepentirse de lo que estaba haciendo. Algo en los movimientos y en las risas de la Katerina le hizo darse cuenta de que, quizás, volver a ser esa línea no sería tan sencillo. Algo en la forma de arrastrar las palabras y en la oscuridad de su voz le dijo que, probablemente, le había causado a Katerina un daño comparable al que Dimitri le provocó. La debilidad que eso le hizo sentir en las piernas, provocó que tuviese que buscar con una mano el sofá para conseguir algo de apoyo. Una vez que una vivienda, un castillo o una muralla caía al suelo, los cimientos nunca volverían a ser lo mismos: volverían a ceder. April no quería ser esa línea, pero tampoco quería enterrar a la Katerina que siempre había conocido. April quería tantas cosas, que no sabía cómo obtenerlas todas. Por un instante, deseó que Dimitri apareciese por la puerta para acabar con todo aquella demolición. Por un momento, esperó poder hacer que Katerina olvidase sus anteriores palabras: así lo esperó hasta que recordó que aquello, no cambiaría lo que estaba sucediendo en el exterior. Todo seguiría siendo un agujero sin vías de escape. Podría haber sonreído ante lo que Katerina recordó, podría haberse reído ante aquella visión, incluso, podría haber forzado una sonrisa, pero no lo hizo. No lo hizo porque, al igual que no tenía suficientes fuerzas para confiar o tener esperanza, tampoco las tenía para sonreír.— Sí y, además, ese día también hablamos de Axel. En verdad siempre te ha ido el rollito misterioso. —Dejó que se le escapase el comentario. Supo que podía escocer, pero, quizás, si a la larga ella no era capaz de devolverla a la luz, tal vez él sí. Las siguientes palabras de Katerina consiguieron que April apartase la vista de los libros que habían comenzado todo aquel desastre. Aunque, en verdad, ella había sido la causante. Apretó los labios tan fuerte, que llegó a hacerse daño: tampoco le importó, era algo a lo que se estaba acostumbrando.— ¿Molly? ¿sabes dónde está? ¿sabes si está bien? hay que sacarla. Hay que liberarla. Hay que… —La desesperación, volvió. Recordó de golpe otro de los motivos por los que tenía que hacer aquello: fuera, era más fácil ayudar a quién tenía que ayudar. Una vez hecho aquello, podría apartarse. ¿Pero y si en verdad no quieres apartarte de todo, April?

La revelación de Katerina tuvo como repercusión un profundo dolor desde la sien derecha hasta el cuello. No iba a hacer eso. Notó como los latidos de su corazón se volvían más agitado y cómo sus pulmones reclamaban más aire: ansiedad. Se sintió aún más perdida que cuando tenía ocho años. Quería salvar al elfo, quería salvar a Katerina, quería que Katerina consiguiese su venganza, quería salir de ahí, quería mantenerlos a todos lejos de Inglaterra, quería alejarse de la magia pero también quería seguir al lado de todo aquello que le había hecho ser quién era. Quería tantas cosas, que no sabía qué April tenía que luchar por ellas. Quería tantas cosas, que le estaba empezando a aterrorizar darse cuenta que era imposible tenerlas todas.— Vale. Todo lo que digas, cuando tú lo digas. —Repitió apáticamente, pero todavía no se había dejado convencer del todo. Dejar atrás una faceta tan determinante en ella, no era tan sencillo. Dejar atrás una decisión que había modelado su forma de ser, no podía desaparecer en unos minutos: quizás, todavía podía salvarle. Sólo tenía que ser inteligente.— Sectum. —Y esta vez, sí que obedeció: directamente al estómago. Movió la mano en dirección al cuello: trató de asegurarse de que todavía le pudiese curar.— Sectum. —No quiso ni pudo mirar la sangre que manchaba el suelo de la casa. Si a Katerina ese daño le provocaba cosquillas en las palmas de las manos, April sentía cuchillos y cristales por todo el brazo.

En aquella ocasión, no le devolvió la varita. Dio un par de pasos hacia atrás y la alzó. Dio un par de pasos hacia atrás mientras alzaba la varita de su mejor amiga.— Prefieres que tu padre sufra toda la vida, ¿no? dices que no hay porqué matarle, —Siguió dando pasos hacia atrás hasta que volvió a chocar con la mesa. Entrecerró los ojos a causa del dolor. Miró de reojo al elfo.— ¿es más satisfactorio verle así, verdad? es un sufrimiento más eterno, jamás verá salida y… —Se paró de golpe. Se bloqueó ante sus propias palabras. Tampoco quería alargarle el sufrimiento. Si unas semanas a ellas le estaban destruyendo, ¿qué le habían provocado años a ese elfo? bajó la mano. Su plan, volvió a romperse. Se sintió tan acorralada, que prácticamente se consideró inexistente. Volvió a mirar al elfo. Quizás, algunos preferían la muerte. Las lágrimas volvieron a atorarse en todo su cuerpo.— ¿Qué es lo que tú quieres, Kristhen? —Preguntó suavemente. Era su vida: tenía derecho a elegir. No quería escuchar su respuesta, pero a April estaba empezando a quedarle bastante claro que Katerina y ella no solían obtener lo que querían. Volvió a tenderle la varita lentamente: no obstante, aún seguía manteniendo cierto agarre sobre ella.— Lo siento, Kat. —Al parecer, las disculpas iban a ser bastante constantes en su vida a partir de ese momento. Cosas de vivir con una culpa constante, ¿cierto?— Tienes razón, quizás no esté preparada para esto, —Su corazón y su esencia eran lo que verdaderamente le dificultaban toda aquella tarea.— pero lo estaré. —Prometió. Si su mundo se estaba cerrando, empequeñeciendo y apagando, por lo menos podría ayudar a su mejor amiga, ¿no?


Última edición por April E. Goldworthy el Jue Jul 14, 2016 7:24 pm, editado 1 vez


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Re: At the mess you've made — K

Mensaje por I Solemnly Swear el Mar Jul 12, 2016 3:30 pm

El miembro 'April E. Goldworthy' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


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