JULIO DEL 2025.
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La otra cara de la moneda — Ragnvald.

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La otra cara de la moneda — Ragnvald.

Mensaje por Emil G. Olberg el Dom Jun 19, 2016 10:23 pm

Los momentos en los que se ponía a pensar cuánto tiempo llevaba trabajando en esas condiciones le parecía ciertamente extraño. A pesar de que llevaba allí tres años, era como si recién hubiera comenzado ayer. Nada era acogedor, nada le hacía sentir como en casa ni mucho menos le hacía pensar que ese trabajo era el mejor que podía conseguir. Ser un vampiro era algo que odiaba a pesar de que le había devuelto la vida, ¿pero a qué precio? Estar rodeado de presos de alta peligrosidad, ser vigilado constantemente porque a ojos de los altos cargos también eras un peligro que podía llegar a irrumpir en sus planes ciertamente arruinaba tu estado anímico.

Quizás, sólo quizás, la idea de estar muerto era mucho más satisfactoria. Bueno, muerto literal.

No sólo se encargaba  de cuidar las celdas de los presos, sino que a demás de vigilar los pasillos, por ello es normal verlo rondar la mayor parte de la prisión junto a los demás guardianes, después de todo la seguridad era lo primero.

Se acomodó un poco el cabello mientras camina por uno de los pasillos más largos de Azkaban justo antes de doblar hacia la derecha en medio de la oscuridad. Si había algo bueno de ser lo que era, es que tenía más agudizada la vista y, por tanto, muy pocas cosas se le solían escapar. Dentro de toda su rutina logró escuchar pasos a lo lejos lo cual se le hizo tremendamente extraño. Que él recordara, nadie pasaba por allí, o al menos no debían. Usando la hiper velocidad que tenía en esos momentos se movió sigilosamente a través de un par de metros más, hasta finalmente dar con la silueta de una persona. Rápidamente se ubicó frente a ella y la tomó del cuello acorralándolo contra la pared. —¿Qué haces aquí?— mencionó, afilando su mirada.

Pero se llevó una… ¿Inesperada? Sorpresa. —Rag— susurró, soltando el agarre en el cuello del muchacho. —¿Se puede saber que estás haciendo aquí? Sabes que está prohibido, sólo aquellos que tienen un pase especial lograrían…— hizo una pausa, resoplando de forma sonora. —… Conseguiste un pase especial, ¿verdad?— si era sincero ya nada podía sorprenderle de ese muchacho.


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Re: La otra cara de la moneda — Ragnvald.

Mensaje por H. Ragnvald Hagebak el Lun Jun 20, 2016 5:17 am

La fuga de los presos había sido el boom que había estado esperando para su carrera. Si bien todos esos meses en los que habían estado encerrado había decidido mantenerse en la penumbra y solamente hacer las notas que su editor en jefe le pidiese, cuando todo ocurrió meses atrás metió una última publicación que, sólo por esa vez, le hizo destacar. No necesitaba más que esa señal para saber que iba bien encaminado. Muchos podrían haber criticado por la espalda la decisión que había tomado años de atrás de dedicarse a la prensa y no estar en San Mungo o el Ministerio como sus familiares esperaban, pero no lo necesitaba para saber que podía ser bueno en algo. Había demostrado que podía enfrentarse al mundo si lo hacía con convicción.

Una de las partes buenas que había traído el tener veteranos de guerra como presos es que le entregasen un pase para poder ir a entrevistarlos. No le había servido de mucho en ese entonces, casi ninguno quiso hablar con él y le pareció que no le serviría de mucho. Pero... ¿quién sabe? Lo mejor era guardarlo por si algo surgía y lo necesitaba. No se había equivocado. El llevar el pase prendido de una cinta, alrededor de su cuello, demostraba que ya le había encontrado un buen uso.

No le costó entrar en Azkaban al enseñarlo, los guardias le habían mirado con desprecio, hecho un par de preguntas que Ragnvald pudo esquivar y terminaron por dejarlo pasar. Se notaba que no era un buen lugar en el que trabajar. El sólo ir de visita ya le daba escalofríos. ¿Sería buena idea ir hasta allí?

Si tuviese que elegir una forma en la que morir, el ser ahorcado no estaría entre los primeros puestos. El pánico corrió por su cuerpo y lo inmovilizó, por lo que pareció una eternidad no pudo respirar hasta que el agarre desapareció—. Yo también me alegro mucho de verte, Emil. —Se acarició el cuello; le había quedado doliendo. Su voz había sonado rasposa y tuvo que aclararse la garganta—. No, en realidad me he infiltrado porque quería saber qué se sentía ser un preso y que un guardia te pesque cuando estás intentando fugarte. Tienen muy mala vigilancia, estuve un buen rato caminando por aquí antes de que me encontraras. —Puso los ojos en blanco. Algo de cierto tenía todo lo que había dicho, sin embargo, y es que era el primero con el que se cruzaba desde que le habían dejado pasar. Casi había llegado a sentir que era el único en la prisión—. ¿Tienes un momento?




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Re: La otra cara de la moneda — Ragnvald.

Mensaje por Emil G. Olberg el Lun Jun 20, 2016 6:24 am

Ni siquiera tuvo la decencia de pedir una disculpa por aquel ataque, en parte porque no le había lastimado del todo y porque la culpa no había sido de él. Quizás, y sólo quizás, ese era uno de sus defectos más marcados que aún no podía controlar: verbalizar el perdón, saber reconocer cuándo se había equivocado. Era un maldito orgulloso en ese sentido y que le había traído tanto problema en el pasado que hasta la cuenta había perdido.

Suspiró pesadamente mientras se cruzaba de brazos en lo que oía lo que parecía ser la excusa del castaño, cuando le observó con más detenimiento notó aquel pequeño pase alrededor de su cuello y, en un segundo, lo tomó sin arrancárselo. —No alardees demasiado. Si te dejaron entrar entonces no hay razón para ir por allí persiguiéndote como a un intruso— pero hizo una pequeña pausa, como corrigiéndose. —Excepto si es conmigo, sabes perfectamente que no suelo dialogar con casi nadie ni tampoco me paso mucho por la recepción, así que es entendible mi reacción— alzó sus hombros en tanto soltaba el pequeño cartelito de entre sus dedos.

Dio leves pasos hacia atrás antes de escuchar esa pregunta. Le miró casi con reproche porque, a pesar de todo, a Emil no le agradaba que sus conocidos se pasearan por Azkaban. No era un lugar seguro y prefería que se mantuvieran lo más lejos posible. —Tengo toda una eternidad— ironizó, más reparó en que eso había sido demás. —Depende para qué— prosiguió una vez le hiciera un gesto con la mano para que le siguiera.

Una vez adentrados en un pasillo más pequeño, prosiguió. —Voy a ser honesto, Rag. No me gusta que andes revoloteando por aquí, no es seguro— vale, que podía ser temperamental en muchos aspectos, pero sí que se preocupaba por la seguridad de quiénes consideraba de su círculo. Se apoyó en la pared mientras seguía mirando cada uno de los movimientos del menor, algo quería conseguir y se notaba en su mirada. —¿Qué es esta vez? ¿Otra nota sobre los presos?— torció levemente sus labios guardando silencio mientras esperaba una respuesta decente. Le iba a ayudar, eso no tenía dudas, pero le hubiera gustado poder encontrárselo en otro tipo de… Ambiente.


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Re: La otra cara de la moneda — Ragnvald.

Mensaje por H. Ragnvald Hagebak el Miér Jun 22, 2016 8:42 am

Sus pases siempre conseguían que todas las puertas se abriesen para dejarlo pasar. Eran más mágicos que su propia varita, y siempre conseguían que el resto se relajase y le ayudasen. Con Emil, en realidad, sabía que no era necesario tenerlo a la vista, pero había sido útil a la hora de que supiese que no iba solamente como una visita de amigos. O tal vez no tendría que habérselo mostrado por ese mismo motivo, para que no creyese que sólo lo buscaba para cuestiones de trabajos en lugar de para saber cómo estaba.

Miró a su alrededor mientras caminaba por el pasillo. No necesito saber cómo está, se corrigió a sí mismo. El lugar y la forma en que el vampiro se manejaba lo decían todo.

— Es seguro. —Le corrigió sin ningún reparo—. En los pasillos debería haber solamente guardias, así que no tendría que correr ningún peligro si decido venir a hacer una visita. ¿Me equivoco? —Si le llevaba la contraria, tendría una razón para picarlo más. En realidad no había ido para saber sobre la seguridad de Azkaban, pero si surgía... Nunca era malo tener información que poder guardarse por si la necesitaba en algún momento—. ¿Quién podría atacarme? —Le insistió un poco más. Si llegaba a decirle que podría hacerlo un preso, se le reiría en la cara. Confiaba en la seguridad de Azkaban por encima de lo que pudiesen decirle. Era lo único con lo que tenía una fe ciega.

Estaba claro que no iba a ser el único que iba a hacer preguntas. Dudó antes de ser él mismo quien respondiese—. No exactamente... Ya han pasado dos meses desde que se fugaron, está casi fuera de la agenda. —Y algo que no dijo: era un tema sobre el que prefería no hablar, aunque Ragnvald había sido de quienes habían terminado por acusarlos como culpables tras huir. De haber sido inocentes, no tendrían que haberse ido—. En realidad, vine buscándote a ti, pero el de recepción a duras penas me dejó pasar, así que no sabía dónde encontrarte. —Se apresuró a aclarar—. Por supuesto, siempre puedes hablarme de qué problemas de seguridad estabas diciendo o a qué le tienes miedo aquí si no quieres que escriba sobre ti. —Indirectamente, podría conseguir dos notas en la mitad de tiempo. ¡Bingo!




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Re: La otra cara de la moneda — Ragnvald.

Mensaje por Emil G. Olberg el Sáb Jul 02, 2016 9:10 am

Los afilados ojos de Emil se entrecerraron ante las primeras palabras de Ragnvald. Lo sabía, sabía que ese sujeto podía ser incluso más astuto de lo que aparentaba, en ocasiones llegaba a pensar que se trataba de algún alma vinculada a la de un zorro, porque no se explicaba esa percepción que tenía para ciertos detalles que, para el resto de la humanidad, pasaban totalmente desapercibidos. —Nadie te atacaría— corrigió severo. Estuvo apunto de decirle que toda fortaleza tenía una pequeña debilidad, pero se abstuvo de ello.

Alzó una de sus cejas mientras curvaba levemente sus labios claramente confundido. ¿Por qué razón lo estaba buscando a él? —Nada bueno debe ser— mencionó. —Claramente no es común que un miembro de El Profeta venga a este sitio, no me extraña que no te hayan querido dejar pasar. ¿Entiendes que estás en una prisión de máxima seguridad? Esto no es un parque de diversiones al que puedes entrar comiendo dulces— dijo el albino en tono de reproche. En ocasiones creía que el contrario se tomaba las cosas demasiado a la ligera.

Sus labios dejaron escapar un sonoro suspiro mientras se masajeaba ligeramente la frente con su diestra. —Aunque esto sea seguro, Rag, el ambiente no es agradable. La primera vez que vine a este lugar me costó respirar, el aire es más pesado, ¿no lo notaste?— gruñó en cuánto le daba un leve golpe en la frente con dos de sus dedos.

Se movió un poco de su lugar rodeando en un par de pasos al castaño. Debía pensar muy bien lo que tendría que decir porque estaba seguro que de algún u otro modo ese idiota le sacaría doble información. No le importaba que hiciera su trabajo, pero él en particular no deseaba ser el centro de atención saliendo en primera plana. —Si no me dices ahora qué es lo que quieres de mi, tendré que morder ese blanco cuello que traes. Dudo que hayas venido para que mañana salga tu cara en primera plana con el título "Insistente y curioso reportero fue atacado justamente al hacer perder la paciencia de un vampiro que sólo hacía su trabajo"— sonrió, mostrando sus colmillos.

Vale, no lo decía en serio, pero en ocasiones adoraba lanzar esos comentarios que, mal que mal, era totalamente capaz de llevar a cabo.


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Re: La otra cara de la moneda — Ragnvald.

Mensaje por H. Ragnvald Hagebak el Lun Jul 11, 2016 5:54 am

Qué poca paciencia podía llegar a tener el vampiro. Sonrió para sus adentros. No temía por sus amenazas, de la misma manera en que confiaba plenamente en pasearse por Azkaban como si fuese el salón de su casa. No es que el lugar fuese particularmente cómodo o le encantase estar allí, pero no era tan desagradable como lo pintaban. Por supuesto, él hablaba desde el punto de vista de un visitante; dudaba mucho que un preso llegase a opinar siquiera parecido a él. Para ellos era una jaula. Para él, tan sólo un espacio más que contaba historias.

— ¿De verdad tú respiras o tienes dificultades para hacerlo? Tenía entendido que no era una de las funciones vitales que primasen en tu condición. —Objetó. Había despertado su curiosidad. Por lo que había leído y estudiado, no era necesario, pero le causaba cierta intriga que lo hubiese mencionado. ¿Los vampiros también podrían sentir el encierro? ¿Sufrían de ataques de pánico? Era interesante—. ¿O es miedo lo que sentiste la primera vez que viniste a este lugar? Tal vez cometiste algún crimen y pensaste que podrías quedarte aquí encerrado con el resto, sin posibilidad de poder salir nunca más en tu longeva existencia. —Agregó. Le gustaba sacar conclusiones de cosas tontas. Sabía que no había sido más que un comentario, pero podría servir para hacerle hablar más de la cuenta. Ya no tanto porque quería escribir sobre los vampiros, sino porque también quería conocer más sobre el albino—. ¿Me equivoco? —Le enseñó una sonrisa.

Una mueca se marcó en su rostro. No le gustaban las amenazas, mucho menos que mencionase que podría volver a morderlo en cualquier momento—. Si llegas a hacer eso y sale como primera plana, tú serás el primero que lo lamentará. Lo sabías, ¿no? Yo no creo que dé una muy buena imagen en la relación entre las criaturas y los magos. No sólo te repudiarán los míos, sino también los que son como tú. ¿Eso es lo que quieres? —Se cruzó de brazos. No iba a dejar ver que podía hacerlo flaquear tan fácil. Tenía que mostrarse fuerte, decidido en sus convicciones—. Ahora, ¿cooperarás o querrás seguirme viendo como a tu presa? Tú decides. —Contuvo un escalofrío al referirse a sí mismo simplemente como algo que se pudiese cazar.




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