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Mensaje por Kaoru Reed el Miér Abr 06, 2016 4:39 pm

24 de Marzo 2025 | Battersea Park – Zona de Go Ape | 12:00 hrs.



Pasar tiempo con su sobrino era algo que Kaoru consideraba sumamente valioso, no siempre se podía y eso hacía que más se esmerara en preparar algo para él cuando sí se daba la oportunidad de pasar tiempo juntos. No tenía nada en contra de ser tres incluyendo a Hanae, pero se divertía mucho más si eran solo ellos dos, y por supuesto Belladona no podía formar parte de la combinación. Por eso no se preocupaba, no había manera de que la abuela quisiera ver la cara de su nieto fallido por mucho tiempo. Parecía haber esperanza de que esa situación mejorara, Hanae le estaba ayudando con eso pero aun así dudaba que la situación cambiara tanto como para llegar a pasear todos en conjunto.

Pero nada de eso le importaba ese día. Él y Ryūjin llevaban ya algunas horas en el lado muggle de la vida y esa ocasión el conductor había elegido uno de los parques de Londres para pasar el rato. Lo había agendado con antelación así que no hubo ningún problema a la hora de ir a una zona en particular del Battersea Park. Se trataba de un área destinada a un juego que quizá podría considerarse extremo, entre los altos árboles del lugar había instalados puentes colgantes de madera y gruesos cables que daban en todas direcciones daban también la opción de lanzarse casi como Tarzán a través de los árboles. Por supuesto todo era seguro, el personal contaba con arneses para los visitantes y antes de lanzarse a la aventura daban primero un curso detallado. Porque claro, nadie quería accidentarse.

En uno de los tantos puentes se encontraban los dos Reed, Kaoru iba detrás del pequeño por seguridad y sin prisas hacían el recorrido. Lo que habían hecho ese día tendría que ser su secreto o de lo contrario Hanae se infartaría, aunque el mayor estaba seguro de que en el fondo a ella también le gustaría… Volar en escoba igual permitía saborear las alturas pero no era lo mismo. –Por cierto Ryūjin, ya tienes tía oficial.– comentó alegre cuando daba un paso hacia otra de las bases de madera, de los cables se sujetaba solo con una mano –Te lo quería contar desde antes pero hacerlo por carta habría sido aburrido. Así que… la próxima vez que salgamos, ¿te gustaría conocer a Dahlia?– ya antes Kaoru le había contado sobre ella pero presentarlos era indispensable, y afortunadamente ahora sí podía presentarla como su novia. Quizá lo de oficial debía considerarse hasta que estuviesen casados, pero en lo más profundo Kaoru sentía que eso ocurriría con el tiempo, no veía nada de malo en considerarla ya como su compañera de toda la vida.


Última edición por Kaoru Reed el Dom Abr 10, 2016 4:16 pm, editado 1 vez





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Mensaje por Ryūjin Reed el Jue Abr 07, 2016 3:50 am

Ryūjin tenía una lista mental de sus personas favoritas en el mundo, al menos en el mundo que conocía. Y entre los hombres, el que encabezaba su lista, era su tío Kaoru. Luego de él venía el padre que no conocía, pero ese era un secreto que no pensaba revelar a nadie, por más dulces que le pusieran en frente para tentar a su lengua a decir más cosas de la cuenta. Volviendo al punto, este hombre en particular, era uno de sus ídolos. Le gustaba como se vestía, donde trabajaba y también su sentido del humor. Cuando salía con él caminaba a su lado sin tomarlo de la mano, acomodándose a los pasos del adulto y tratando de dar zancadas tan largas como él.

Pero el cuerpo el niño no se había desarrollado todavía lo suficiente, y por lo mismo se cansaba luego de recorridos muy largos aunque se negaba a decirlo, pues tenía la tozudez heredada de su madre y también de su progenitor –aunque ni él mismo lo sabía– y se guardaba esos detalles con expresión valiente, la más valiente que tenía. La boca del pequeño dragón se abrió de golpe cuando vio el área del juego al que se dirigían. Le gustaban los árboles porque se podía trepar a ellos, pero una cosa era treparse y otra caminar por sobre esos puentes colgantes. Algo parecido al miedo lo llenó por unos segundos aunque luego se esforzó por aparentar tranquilidad.

Lo había logrado, técnicamente. Justo ahora iba bien amarrado y aunque las manos le sudaban se sostenía todo lo firme que podía de las cuerdas para pasar al siguiente peldaño. Su tío iba detrás de él, y agradecía lo mismo pues quedarse atrás lo habría aterrado más. Su pie por un segundo no alcanzó a encontrar el lugar donde pisar aunque pronto se recompuso. ¡Y el otro Reed le tenía una noticia fenomenal! –¿En serio?!! ¿Es la niña de la que me contaste la otra vez?– la niña había sido todo un tema de conversación en visitas anteriores pues al pequeño dragón le había costado entender por qué Kaoru salía con una chica con la que tenía casi la edad del niño de diferencia. ¿No se veía como su abuelo a su lado? Aunque claro, ese último detalle se lo guardó para no ofender a su estimado.

Ryūjin tenía algunos pocos amigos pero su núcleo familiar era mayormente de adultos. De ahí que siempre hubiera deseado tener primos, pues no lograba convencerse de la idea de que un hermano le vendría bien, al menos no mientras su padre estaba de viaje –La quiero conocer, le quiero preguntar algo.– dijo muy seguro de su pregunta y también de una respuesta positiva por parte de la joven. No creía que ella fuera a ofenderse si él le pedía una fecha para darle algún primo, pues ya había esperado mucho tiempo y si se tardaban en traerlo ya no tendría deseos de jugar con él como si se apresuraban.

Me gusta este lugar. ¿En serio no puedo decirle a mamá que vinimos aquí para que venga también?– al borde estuvo de hacer un mohín pero se contuvo a tiempo. No le gustaba guardar secretos a la mujer que más quería, pero como no era lo primero que le ocultaba lo asumía como una necesidad, sobre todo si su familiar le decía que ella lo iba a regañar si se enteraba de la zona donde caminaban –Tío Kaoru, ¿Me tomas una fotografía?– la quería para enseñársela a unos amigos y también para que su madre la llevara en la cartera. La mujer había estado extraña últimamente y eso preocupaba el sensible corazón de su hijo que comenzaba a temer lo peor.

Mamá tenía a alguien más. Lo presentía, no entendía del todo el concepto, pero tal vez había hecho una nueva amiga o amigo y por eso desaparecía seguido, aunque no había vuelto a pasar una noche fuera, el miedo desde ese fatídico día no se había apartado del chico a pesar de las múltiples promesas que le hizo Hanae –¡Tío!– chilló de pronto cuando su pie resbaló de la siguiente pisadera y en consecuencia su ligero cuerpo amenazó con estamparse contra lo primero que encontrara, ya fuera un trozo de madera colgando o el piso que estaba a unos metros hacia abajo y que lo mareó por unos segundos.


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Re: When the time is right, it'll happen {Flashback} | Priv

Mensaje por Kaoru Reed el Lun Abr 11, 2016 12:40 am

Una mano extendió hacia su sobrino cuando pareció trastabillar, ya sabía que no le pasaría nada pero la inercia le ganó en ese instante. Por suerte ni siquiera fue necesario sujetarlo, Ryūjin por sí solo se restableció y pudieron seguir avanzando sin percances. Si el niño todavía tenía miedo o demasiados nervios, Kaoru no lo notó. Seguro esa ceguera ya venía de familia. –Sí, es ella. Mhm… supongo que podrás preguntarle todo lo que quieras. Es amigable.– no consideró necesario el recordarle que fuese respetuoso al formular sus preguntas, sabía que su sobrino era educado aunque no le cruzó por la cabeza que pudiera abordar temas comprometedores.

A tu mamá podrás decirle cuando ya haya pasado algún tiempo, ¿te parece? Juntos le iremos contando poco a poco sobre éste lugar y cuando la veamos interesada, la invitamos sin decirle a dónde exactamente iremos.– propuso el mago, mientras se sujetaba fuerte de una cuerda y con la otra mano preparaba la cámara que llevaba colgada del cuello. Kaoru encontró un buen ángulo para fotografiar a su niño favorito, pero conseguir un instante de quietud para no arruinar la fotografía en el último segundo le costó unos segundos más –Ryūjin, mira hacia acá– pidió listo para capturar la escena pero antes de que pudiera hacerlo, al pie del niño le traicionó el soporte de madera sobre el que acababa de pisar.

¡Ryū!– el conductor soltó la cámara sin pensarlo dos veces para extender rápido un brazo y sujetar como mejor pudo el torso del infante. Los latidos se le aceleraron del golpe pues aunque confiara en el arnés muggle, un gran susto se iba a llevar el hijo de su hermana. Eso quería evitarlo a toda costa y claro que lo intentó, pero al estirarse sus pies también abandonaron la plataforma de madera sobre la cual se encontraba y ambos quedaron colgados, Ryūjin siendo abrazado por su tío.

Además del poco amistoso tirón nada más les pasó, pero… estar así no era precisamente divertido. –¿Estas bien? Alcanza las cuerdas, yo te… impulsaré para que puedas subir de nuevo. Después podemos ir al suelo si quieres, solo tendríamos que llegar a la red y por ahí bajar.– y entonces sentarse por ahí y conseguir un helado o algo aunque… –¿Y si nos tomamos la fotografía así? Solo tienes que quitarme la cámara del cuello y sacar tu la foto.– sugirió no muy seguro de si la idea le gustaría a su sobrino, pero sin duda sería una escena poco común, recordatorio de la inesperada “caída”. Cabía la posibilidad de que un recuerdo como ese pusiera en evidencia lo que tío y sobrino habían estado haciendo ese día, pero como seguramente Hanae no conocía nada de ese lugar le costaría adivinar dónde exactamente habían estado.





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Re: When the time is right, it'll happen {Flashback} | Priv

Mensaje por Ryūjin Reed el Dom Abr 17, 2016 1:53 pm

A regañadientes aceptó contarle a su querida mamá sobre ese lugar cuando pasara un tiempo. ¿Cuánto significaba un tiempo en el mundo de los adultos? Mucho le había costado a Ryūjin entender el asunto de lo literal y lo abstracto pero los conceptos todavía no tomaban forma completa en su cabeza, a veces volvía a dudar de que entendía de manera correcta lo que los demás querían decir pero intentaba acomodarse al ritmo y expresiones de los mayores.

Una fotografía había pedido pero pensar mucho en el asunto de su madre y su clara distancia con él esos últimos días le hizo distraer las pisadas. Por suerte los brazos de su tío salieron a su encuentro aunque por la forma en la que lo apretó y el tirón que el arnés dió, por poco y se queda por completo sin aire. Pálido como un posible desmayado, se aferró al cuerpo del hombre y asintió ante la posibilidad que tenía de sufrimiento –E-estoy bien. Aunque me duele.– avisó y luego su ceño se frunció. ¡Él no quería bajar al suelo todavía! Sonaba a que había perdido una batalla y el niño todavía no se había rendido. Aunque claro, más fácil era pensarlo que mirar al piso que tenían a unos cuantos metros, por seguridad sus dedos apretaron la ropa de su familiar.

¿La cámara?– repitió incrédulo ante las ideas de Kaoru pero luego de tenerlo en mente le pareció tanto una misión que podría lograr como algo que deseaba hacer. Si mamá veía que se tornaba valiente entonces confiaría más en él y dejaría de ocultarle cosas. Ryūjin quería saber todo lo que ella tuviera para decir incluso si dolía mucho y daba miedo –Lo haré. Afírmame. – pidió y sus brazos dejaron de estrujar a su tío aunque poco después volvieron a tomarlo con fuerza y temblando luego de resbalar unos milímetros. Si no se apresuraba iba a caer, no quería imaginarse el golpe en el piso, hasta olvidaba el arnés que le daba los peores tirones en su corta vida –Ya casi, ya casi… ¡Ya está!– informó a medida que usaba una sola mano para tomar la cámara. Le costó pues su brazo no era tan largo pero cuando la tuvo a distancia aceptable, intentó apretar el botón para tomar la fotografía.

Costó tres intentos hasta que la luz blanca los cegó unos segundos y luego entre risas el chico creyó que había obrado bien, se volvió a colgar del hermano mayor de su madre y lo miró con ilusión –¿Le dirás a mamá que soy muy valiente?– consultó y con cuidado soltó la cámara entre ellos. La instrucción de tomar las cuerdas la había olvidado así que se mantuvo tomado del joven observando a todos lados, uno de los encargados se acercó a ellos por abajo para preguntar si se encontraban bien y al verlo allí bajo sus pies el infante recordó que tan alto estaban y su cuerpo pareció tensarse completo a causa del vértigo y miedo –Estamos muy... muy alto.– murmuró casi sin voz y se imaginó siendo un cangrejo o una araña pues hasta sus pies se volvieron garras que se tomaron del otro Reed.


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Re: When the time is right, it'll happen {Flashback} | Priv

Mensaje por Kaoru Reed el Miér Abr 20, 2016 9:39 am

Kaoru sonrió de lado a lado, su sobrino acababa de sonar tan seguro que recordó que ya no estaba tratando con el bebé de la familia. –Cuenta con eso– dijo el conductor y al instante afianzó el abrazo en que lo tenía. Él no se asustó con los centímetros que el niño pareció resbalar al soltarse de él, lo tenía bien agarrado y tenía ya presente que por inercia el cuerpo del pequeño caería un poco. No hizo mención alguna al rastro de miedo que notó en Ryūjin, sin prisa esperó a que por sí solo se reestableciera y ciertamente lo consiguió.

Aunque estuvo a punto de hacerlo, el mago consiguió guardarse las ganas de posar con la lengua de fuera para la cámara que su sobrino pronto tuvo preparada. –¡Estupendo! No fue tan difícil.– al hijo de su hermana observaba divertido cuando éste le hizo una petición que un poco lo sorprendió. –Ryūjin, tu madre sabe que eres un chico valiente. Pero se lo diré de cualquier forma, puedes estar tranquilo.– ¿siempre había tenido el niño esa clase de dudas? Kaoru se distrajo un poco intentando recordar otros momentos en los que el último retoño de los Reed hubiese mostrado esa clase de inseguridad pero a su mente no vino ninguna escena en especial.

Fue el llamado de uno de los encargados de seguridad del parque lo que lo trajo de regreso a donde debía. –Sí, estamos muy alto. Eso es justamente lo emocionante, ¿no crees?– a Ryūjin sonrió de lado, creía totalmente que el infante compartiría su opinión. Luego volvió la vista al suelo, literalmente, y al encargado le hizo saber que se encontraban bien. –Vayamos a tomar algo, muero de sed. Después podemos hacer un segundo recorrido.– tendría que buscar algo ligero que pudiese comer el pequeño o de lo contrario lo tendría vomitando cuando volvieran a subir.

Con cuidado y calma el mago ayudó a su enano familiar a subir al abstracto puente colgante y lo siguió de cerca. Más despacio que antes de la caída terminaron de recorrer lo que les hacía falta de camino para llegar a la red de cuerdas por donde podían descender luego de que alguien del personal les ayudara a quitarse las protecciones. Ésta vez Kaoru sí se tensó un poco al ver descender a su sobrino por la red y no respiró tranquilo hasta que los pies del menor tocaron el césped.

¿Quieres un helado o un hot dog? Yo compraré un bote enorme de agua.– a cierta distancia acababa de ubicar un puesto donde vendían lo mencionado entre otras cosas, el único problema estaba en que la fila para comprar era un tanto larga. Al parecer muchos de los que bajaban de los puentes de madera tenían el mismo apetito o sed que ellos dos. –¿Qué te parece si… me esperas por allá?– preguntó señalando una banca ubicada bajo la sombra de un árbol –Si te sientas ahí mientras yo compro las cosas tendremos un lugar asegurado para comer.– de otra forma alguien les podría ganar el cómodo asiento.

En esa dirección el mago comenzó a caminar, del bolsillo trasero del pantalón sacó la cartera donde llevaba dinero mágico y obviamente también muggle. –Ya sabes, no hables con extraños y si por alguna razón lo haces… no les hables de magia. No estaré tan lejos pero si algo ocurre ya sabes que puedes usar el traslador de emergencias.– uno pequeño le había dado, con eso podría viajar a cierta pastelería donde la familia era bien conocida, y allí estaría seguro en caso de que algo ocurriera estando Kaoru lejos de él.





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Re: When the time is right, it'll happen {Flashback} | Priv

Mensaje por Ryūjin Reed el Jue Abr 21, 2016 6:21 am

Ryūjin no era tan valiente como todos creían. Lo que pasaba es que era bastante bueno mintiendo a pesar de su corta edad. Culpa entera del cariño que guardaba por su madre, que era la gran razón por la que había decidido que ocultar información era un modo de supervivencia. Y su tío también parecía igual de ciego que Hanae. Seguro era alguna especie de falla familiar de los Reed. El niño temblaba  mientras el adulto le hablaba de lo emocionante que era estar arriba. –C-claro.– murmuró tratando de sonar seguro de lo que sentía. El hombre allá abajo escuchó la explicación que le dio Kaoru y al parecer todavía no era momento de bajar, asunto que comenzó a estresar al niño.

Sus deseos de seguir colgando eran nulos así que la idea de comer o beber algo, aunque no estuviera hambriento, le sonó más que aceptable. – Yo también tengo sed. – agregó acostumbrado a pedir las cosas y que se las cumplieran en poco tiempo. Como hijo único y el caballero de la casa donde residían dos importantes mujeres, tenía variados privilegios. En esos prefirió pensar cuando sus pies estuvieron nuevamente al borde de una caída. El corazón le latió con tanta fuerza en esos segundos que no tuvo idea de cómo sucedió pero finalmente llegó a pisar una zona más firme, aunque les costó otro tanto alcanzar el suelo de verdad pues primero tenían que soltarse de las protecciones y luego superar una red.

Contento consigo mismo y mucho más animado que antes llegó el pequeño Reed a donde estaba el césped, y se dio el gusto de girarse con los brazos cruzados a esperar que su tío lo alcanzara poco después. La gran duda vino entonces y el ceño del menor se frunció un poco mientras meditaba. ¿Dulce o salado? Solía irle a lo dulce pero ese día no tenía tantos deseos de llenarse las arterias con azúcar así que hizo su elección algo diferente. Ni él mismo lograba imaginar lo especial que se tornaría ese día en su vida. –Un hot dog con mucha de esa salsa roja… cat… ¿Cátsup?–  dudó un poco al pronunciarlo pero esperó darse a entender.

Con la vista enfocó el lugar donde supuestamente tenía que esperar al mayor y asintió animado. Quedarse estancado ahí le aburriría pero esperaría a que el conductor se alejara unos pasos para hacer un breve recorrido en la zona. Dudaba perderse así que no le provocaba temor quedarse a solas unos minutos. Confiaba en que de paso irían por él. –Te esperaré… ¡Pero ya ve! Sé cuidarme bien.–  aseguró sin dificultad su exceso de confianza. Y caminó mirando de reojo al adulto intentando copiar su forma de moverse. Le hacía falta una de esas carteras que tenían los hombres, seguro podría llenarla con el dinero que le regalaban Dona y Cécile que solía ahorrar pues siempre le compraban lo que quería antes de que lo gastara él.

Pero al parecer el mayor no estaba tan confiado en su sobrino, lo demostró al seguir dándole instrucciones con las que el niño se acercó a él y comenzó a empujarlo. –Ya entendí, ¡Ve a comprar!– por vez enésima intentó mandar a la única figura masculina en su vida y cuando lo logró se sintió mucho mejor. Una preocupación menos, aunque tuvo que esperar sentado a que el hombre se perdiera de vista y solo entonces se levantó de nuevo para mirar a su alrededor. ¿Dónde debería aprovechar de moverse para conocer?

Una sombra a su lado llamó su atención y al ver que era un gato de dos colores lo miró con excesiva atención. ¿Sería un animago o un gato común? Él desconocía como se comportaban esas criaturas del lado de los no mágicos y diez pasos alcanzó a dar siguiendo al felino hasta que recordó que debía mantener distancia prudente con la banca y casi al borde del berrinche regresó sobre sus pasos pateando las piedras en el camino. Para el momento en que llegó donde lo había dejado su tío sus ojos se abrieron de la sorpresa y el gesto se le congeló a medio camino sin alcanzar a ser una sonrisa.

Alguien desconocido, un hombre cualquiera para el chico, había tomado asiento justo en medio de la banca, impidiendo que la pudieran ocupar los hombres de la familia Reed y por lo mismo arruinando una tranquila tarde. El niño apretó los puños y se acercó de todos modos, parándose a un lado del asiento y mirando a la persona en cuestión con severidad, pero la voz se negaba a salirle y luego de dar un suspiro demasiado adulto para su figura se metió las manos a los bolsillos para darse mejor porte, o algo así le había explicado hace siglos su tío.

Él sabía que no debía hablar con extraños, pero por la familia estaba dispuesto a romper muchas reglas y lo estaría todavía más cuando pasaran los años. –¿Puedes moverte a la otra orilla? Ese es el asiento de mi tío– muy bien, por poco se distrae de su seriedad para aplaudirse a sí mismo por sonar tan firme. La sonrisa casi brotó en sus labios de mero orgullo propio.


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Re: When the time is right, it'll happen {Flashback} | Priv

Mensaje por Ryuunosuke Ihara el Vie Abr 22, 2016 8:36 am

Semanas atrás había considerado imposible el que Hanae aceptara a salir con él llevando también a su hijo, pero con el pasar de los días Ryuunosuke se fue convenciendo de que si trataba el asunto con cuidado sí podría conseguirlo. La bruja y él se habían encontrado ya en varias ocasiones desde entonces y aunque no siempre se cargaban el mejor humor del mundo, la mayoría de las veces el encuentro terminaba bien. Verbalmente podrían mentir, pero las sonrisas y los gemidos de placer no siempre se podían contener.

Con ella las cosas parecían haber mejorado aunque fuese un poco, el trabajo todavía no lo satisfacía pero eran aceptables las ganancias que había conseguido ganarse trabajando solo. Lo que sí le preocupaba era la presencia en la ciudad de cierto par de vampiros que sabían de sobra cómo arruinarle la existencia a los mortales. Rhankaves lo había dejado con el temor de aparecer un día en la vida de Hanae y eso lo angustiaba, ya había hablado al respecto con la empresaria, le había pedido que fuese sumamente cautelosa y se mantuviera alerta por si uno de esos seres se atrevía a presentarse frente a ella, pero la chica parecía no haberlo tomado en serio. No lo suficiente. ¿Es que acaso no comprendía que el ser importante para él era motivo suficiente para que la vampiresa quisiera hacerle daño por simple diversión?

Esa preocupación fue la que al final consumió la atención de Ihara mientras caminaba por uno de los parques del Londres muggle. Se suponía que estaba ahí porque iba en busca de un buen lugar al cual invitar a Hanae y Ryūjin y hacerlo en la zona no mágica parecía ser lo mejor. Claro, porque ahí nadie conocería a los Reed y así no habría necesidad de esconderse como sí ocurriría si salían a pasear los tres juntos en el lado mágico de la ciudad. Ya estaba acostumbrado a que así fueran las cosas con esa chica, por eso ya no se ofendía, pero eso no significaba que no “soñara” con algún día poder estar con ella sin necesidad de ocultarse.
¿Pero qué se le iba a hacer?

Con el ceño fruncido fue a sentarse en la banca más cercana que encontró, los días se habían vuelto más soleados y por lo tanto la chaqueta ya le sobraba. Estaba por quitársela cuando alguien se detuvo frente a él, demasiado cerca como para ignorarlo. Serio enfocó al niño que igualmente lo miraba, le extrañó el semblante de pocos amigos que en él encontró y en respuesta, el mago alzó una ceja. Más extraño fue escucharlo suspirar con tanta seriedad. ¿Qué podría querer ese pequeño con su persona? La respuesta no tardó en serle proporcionada y tras escucharle Ryuunosuke buscó en las cercanías la presencia del adulto mencionado.

Naturalmente no vio a nadie que pudiera ser el acompañante del pequeño, supuso que debía ser alguien con los mismos rasgos orientales y a nadie así encontró en las cercanías. –Hola. No veo a tu tío por ningún lado, y hasta donde sé los asientos no tienen nombre. Pero si lo pides “por favor” con gusto me moveré.– le dijo con voz tranquila. Por un segundo pareció que una sonrisa iba a asomarse en el hombre, le causó gracia notar que el niño se contuvo de sonreír, aunque... ¿no se comportaba demasiado formal para su edad?

Enseguida se quitó la chaqueta y la dejó a un lado sobre la banca, vestía como un muggle cualquiera como casi siempre que salía a rondar en ese lado de la vida. La camiseta de manga corta dejaba a la vista gran parte de sus tatuajes, y eso le llevó a mirar con curiosidad al enano demandante que tenía delante, ¿Qué pensaba un niño mágico de la tinta en la piel? Ni siquiera entre adultos era común cuando se vivía entre magia. ¿Qué iba a hacer si el hijo de Hanae no confiaba en alguien como él? Seguramente estaba acostumbrado a relacionarse con magos y brujas de aburrida etiqueta… –¿Cuántos años tienes? Si me ayudas con algo dejaré esta banca para que tu y tu tío puedan sentarse a solas. ¿Qué me dices? Solo tienes que explicarme algunas cosas.– recolectar información, eso le sería útil. Necesitaba averiguar cómo pensaban los niños alrededor de los diez años.


Última edición por Ryuunosuke Ihara el Jue Abr 28, 2016 5:07 pm, editado 1 vez




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Re: When the time is right, it'll happen {Flashback} | Priv

Mensaje por Ryūjin Reed el Miér Abr 27, 2016 5:39 am

Su familia era más que importante para él, de ahí que cuando se trataba de defenderla con garras si era necesario, lo hacía. Y no le importaba que lo compararan con un dragón, por mucho miedo que les tuviera, si con eso lograba su cometido. Justo en esos momentos vivía una odisea por un par de asientos que el extraño hombre no parecía con intenciones de dejar. Pero la curiosidad del niño era bastante alta y una vez estuvo más cerca del desconocido se fue fijando en los detalles.

Su cabello era incluso más largo que el de su mamá, aunque ya había visto a hombres así. ¿Qué tan incómodo sería llevarlo así? Aunque no era bueno distraerse del todo pues su acompañante le estaba hablando. –Mi tío fue a comprar comida y ya viene, estos eran nuestros asientos.– no pensaba pedirle por favor, a menos que se viera en la necesidad de rogar. Por poco infla las mejillas mientras sus manos se apretaban por dentro de sus propios bolsillos. ¿Por qué había pensado que sería fácil hacerle frente a un hombre adulto?

No se dejó amedrentar, claro. Pero sí que se llevó una sorpresa cuando el otro se quitó la chaqueta dejando a la vista extensas manchas de colores en su piel. La boca del niño se abrió de la sorpresa y un paso se acercó aunque luego retrocedió. Quería mirar más de cerca pero no era correcto, aunque si fue todo más fácil cuando le hicieron un ofrecimiento imposible de rechazar –Está bien, te ayudaré porque pareces saber lo que es bueno.– resaltó muy pagado de sí mismo y tomó asiento en el trozo de banca que quedaba libre.

Sus piernas casi quedaron colgando pero ya podía alcanzar el suelo con las puntas de los pies así que no se sentía mal por su corta estatura. Su madre siempre decía que crecería cuando pasaran los años y que sería incluso más alto que ella. –Yo tengo una duda primero. Mamá también tiene uno de esos, en la espalda… ¿Dolió cuando te los pintaste?–  con simpleza y natural interés se inclinó, estando sentado, para mirar al ladrón de asientos y luego de verificar las figuras extrañas asintió para él mismo. Si su madre también tenía un tatuaje, ¿Debía él pensarlo como posibilidad un día?

Por poco y se olvida de añadir la respuesta más importante sobre sí mismo. Así que contestó la duda ajena tarde, pero la contestó. –Tengo diez años, los cumplí hace poco.– avisó  con voz segura y con eso se sintió una persona más mayor que antes. Tomó aire antes de mirar a todos lados y volver a quedarse pegado en las marcas en la piel que se le hacían tan novedosas. ¿Si servía para resolver dudas a su edad? –Ahora sí. ¿Qué quieres saber? Mi tío me dijo que no tenía que hablar con extraños.– el ceño arrugó al recordar ese pequeño gran detalle. Pero ya que Kaoru todavía no llegaba sentía que tenía tiempo. –Tienes hasta el minuto en que lo veamos caminar hasta acá.–  le dictó su futuro con expresión casi solemne.


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Re: When the time is right, it'll happen {Flashback} | Priv

Mensaje por Ryuunosuke Ihara el Miér Abr 27, 2016 11:53 pm

Nota número uno: los niños se declaraban como propietarios de lo que les apetecía.

Claro que era un solo ejemplar el que estaba analizando y por lo tanto no podía tomarlo como verdad aplicable a todos los infantes, pero eso no le restaba valor. ¿Era su imaginación o ese pequeño no parecía tener intención de pedir las cosas correctamente? Ihara prefirió creer que su visitante simplemente se había distraído con el resto de la conversación, y no que se trataba de alguien orgulloso, por llamarlo de alguna manera.

Vaya, así que… parece que sé lo que es bueno. Debo tener suerte entonces, por encontrarme con alguien tan considerado como tu.– con una sonrisa complicada en el rostro Ryuunosuke esperó a que el niño se pusiera cómodo en el pedazo de banca que quedaba libre. Era extraño, le daba la impresión de que se trataba de alguien muy educado pero a la vez le hacía falta algo de respeto por los mayores, aunque ser tratado como igual –¿o inferior? – no le molestó. Estaba bien, así podría obtener respuestas honestas y directas, tal cual necesitaba. Si fuese un menor con temor por los adultos probablemente le mentiría en más de una cosa por temor a ser regañado.

Giró un poco en su asiento para ver mejor a su temporal Gurú, y su ceño se frunció un poco al ser una pregunta lo primero que recibió del otro, no por molestia, sino por desconcierto. ¡Se suponía que él haría las preguntas!

“Uno de esos”, se refería a los tatuajes al parecer, ante lo cual el mago observó sus propios brazos, al mismo tiempo que el castaño lo hacía. –Tu madre me cae bien.– dijo por el simple hecho de saber que la susodicha estaba tatuada –No es propiamente dolor, es más como… un ardor. Influye en qué parte del cuerpo te pongan la tinta.–  al explicar mostró la cara interna de los dos brazos, apoyándolos después con naturalidad sobre sus rodillas. –Diez años. Perfecto.– dijo para sí, sonriendo de lado. –Deberías hacer caso a tu tío, pero no te haré daño, mi presencia de hecho ayudará a que malos extraños no se te acerquen.– dijo muy seguro, aunque mas de algún transeúnte desconfiaría de él.

Pero mejor no entrar en detalles, no cuando su fuente de sabiduría le estaba tomando el tiempo. –Entiendo, entonces seré rápido y tu me responderás de la misma manera. ¿Qué es lo que más te gusta hacer? ¿Te interesa que los adultos jueguen contigo o prefieres hacer las cosas por tu cuenta? Mhm…– pensativo se quedó, con la vista puesta en un punto sin importancia, mientras buscaba una manera entendible de abordar el tema de un “desconocido” que intentara unirse a su familia. Pero no sabía cómo era el núcleo familiar de ese niño, la pregunta tenía escasas probabilidades de encajar. Entonces empezó por lo básico, necesitaba un contexto.

¿Cómo se llevan tus padres? ¿Los has visto discutir alguna vez? Los míos lo hacían algunas veces.– agregó con la intención de no hacerlo sentir extraño si ese era el caso, aunque las diferencias de sus propios padres radicaban en asuntos mágicos y no mágicos, nada grave en realidad. Pero al estar frente a un crío muggle no podía mencionar esos detalles. Ryuunosuke no veía nada en el otro que le delatara como procedente del lado mágico del mundo. Tras lanzar la última pregunta volteó de nuevo hacia el menor, nunca cruzó por su mente el estar tocando suelo peligroso.


Última edición por Ryuunosuke Ihara el Lun Mayo 09, 2016 8:31 am, editado 1 vez




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Mensaje por Ryūjin Reed el Dom Mayo 08, 2016 4:53 pm

¿Por qué ese extraño había sonado como si conociera a mamá? Un sentimiento oscuro que ya había tenido antes brotó en el chico, no le tenía un nombre declarado –aunque fuesen evidentes celos– pero le generaba un mal sabor en la boca y una sensación extraña en el estómago y pecho. Se intentó autoconvencer de que no había sido dicho en modo literal que su madre le caía bien, algo extraño que los adultos hacían cuando no decían realmente lo que querían dar a entender. O algo así le habían intentado explicar hace tiempo. No quería que un extraño se llevara tan bien con ella. Hanae era genial a su ver, pero que alguien amenazara con robarle su atención lo estresaba.

Se distrajo rápido después con los tatuajes y las respuestas a las preguntas ajenas. Al menos era un alivio saber que pintarse la piel no dolía y con atención miró los brazos del señor. Pero el hombre todavía no le generaba del todo confianza. –¿Cómo sé que tú eres un buen extraño?– preguntó sin comprender cómo la presencia de él podría alejar a los que fuesen realmente malos. No tenía eso ni pies ni cabeza y por eso comenzaba a dudar de la cordura ajena. Tal vez su nuevo conocido estaba algo loco, le había explicado Dona alguna vez que unos cuantos adultos y niños estaban dementes y que eso explicaba muchas cosas.

Las preguntas que el mayor tenía para él sonaron extensas pero no tan complicadas. Al menos no las primeras que se dispuso a responder sin mayor tardanza. –Me gusta leer, jugar y estar con mamá. Sobre todo jugar fuera pero como a veces no me dejan salir, me quedo en casa mirando libros. Los de viajes son divertidos y los de detectives. Quiero una cámara para fotografiar las veces que salgo, aunque mi tío me dice que hay cosas que no podemos mostrarle a mamá.– casi se le acabó el aire y todavía no llegaba a la segunda pregunta. –Ehm… Depende de los adultos, con mamá y mi tío es divertido jugar pero con la abuela no tanto porque se cansa rápido. Sé hacer muchas cosas por mi cuenta.– explicó orgulloso de su capacidad de mantenerse vivo. Porque era realmente notable. Ahora estaba incluso por aprender a cocinar.

En las instrucciones recibidas por Cécile pensaba cuando una pregunta cruel le fue soltada sin que estuviera preparado. Su expresión feliz pareció tambalear unos segundos y luego metió las manos a los bolsillos y giró el rostro hacia otro lado. No quería ya mirar a ese extraño entrometido. –No… No conozco a papá. Mamá dijo que le gustaba mucho viajar y por eso tuvo que irse… Pero no hay problema, ella nunca va a dejarme solo.– aseguró lo último para autoconvencerse aunque desde hace unas semanas tenía sus dudas. Sus deseos de hablar con ese hombre habían disminuido notablemente. Aunque una duda que nunca podría consultar a su familia vino a su cabeza con fuerza, con tanto ímpetu que se giró hacia el desconocido y con el ceño fruncido lo enfocó.

¿Viajar es tan divertido? ¿Tú también dejarías a tu familia por eso?– no le preocupó sonar más grave y triste de lo debido. Él no tenía la culpa pero tal vez si podría explicarle cómo es que era más importante ir a recorrer el mundo que conocer a un hijo. No quería dudar del cariño de su padre, su figura todavía se le hacía valiosa y quería conocerlo. Pero si lo tuviera al frente no sabría cómo tratarlo. ¿Él realmente los querría? A veces comenzaba a dudarlo. –El tío Kaoru nunca me ha querido hablar de él...– al borde de un suspiro se quedó volviendo a mirar al piso. No entendía porqué solo su madre le hablaba algunas veces de su padre pero no los demás. En su cabeza no alcanzaba a concebir que no lo conocieran ni que fuera un extraño para ellos.


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Mensaje por Ryuunosuke Ihara el Lun Mayo 09, 2016 9:42 am

Buen extraño, y mal extraño. ¿Cómo se suponía que explicaría eso solo con palabras? Ahora que lo pensaba, los más peligrosos se declararían inofensivos y serían amables con sus víctimas. El niño era inteligente, pero no alcanzaba para salvarlo de un verdadero malhechor. Con la boca abierta se quedó pues no supo responder a esa gran incógnita, afortunadamente las respuestas en dirección contraria sí brotaron y con toda la atención posible escuchó al pequeño. Si hubiese tenido papel y pluma a la mano habría tomado notas literalmente.

Ryuunosuke corrigió mentalmente, poniendo el jugar antes que leer basándose en la explicación que llegó a sus oídos. Pero… ¿a qué jugaban los niños de su edad fuera de casa? En esa duda evitó estancarse, asintió marcadamente ante la  mención de los viajes, eso a él también le gustaba y si lo pensaba detenidamente, el tema de los detectives no era tan malo. –Debes ser comprensivo, los abuelos ya han gastado la mayor parte de sus energías. ¿Puedo saber qué clase de cosas son las que tu tío quiere mantener en secreto para tu madre?– preguntó con toda la naturalidad posible, cuando en el fondo ese asunto le generó una mala sensación. No veía por qué un niño de esas debía mantener cosas de su vida a escondidas de su creadora.

Mentalmente anotó que el enano sabía hacer “muchas cosas por su cuenta” para preguntar detalles mas adelante, pues de momento tenía encima un tema completamente distinto y de gran importancia. Y del que parcialmente se arrepintió de haber tocado. –Tienes una buena madre, no todas consiguen ser tan fuertes.– comentó sintiéndose mal por el niño. Ihara no creía que un adulto debiera renunciar a sus gustos personales al tener hijos, pero tampoco le parecía correcto abandonar a una familia por perseguir sus propios objetivos. Eso era egoísmo puro.

La mirada mantuvo otro poco sobre el infante que creía muggle, luego dejó de hacerlo para no incomodarlo, si ya se notaba su malestar con darle un simple vistazo. ¿Debería dejar de hacer preguntas? Exhaló cansado al pensarlo, interrogarlo repentinamente parecía demasiado cruel. Se suponía que el cazador había dejado ya de fumar, sin embargo estuvo a punto de sacar la cajetilla que hace semanas había comprado y que seguía entera. Si se detuvo fue porque contaminarle el aire a un menor tampoco sería algo adecuado, ¿ahora todo le haría sentir culpable? Frunció el ceño y alejó la mano de los cigarros, volvía a apoyar ese brazo en su rodilla cuando de golpe se sintió seriamente observado.

Muy seriamente observado. ¿Por qué parecía que el niño estaba enojado con él, si no había alcanzado a sacar el cigarro?

¿Viajar?– bien, ahora entendía el porqué de su dura mirada –Viajar es divertido, para mi lo es. Pero una familia es mucho más importante que eso, más valiosa que cualquier cosa que puedas descubrir viajando. Si yo tuviese una familia propia nunca los dejaría, cuidaría de ellos con todas mis fuerzas…– sonrió para el pequeño, aunque con algo de dificultad pues le recordó justamente lo que más deseaba en la vida y que no tenía… –Debes ser fuerte y cuidar de tu madre, con todo el corazón.– le habría encantad decirle que tal vez algún día su padre regresaría, pero Ryuunsuke sabía que eso sería una enorme mentira. Él no sabía nada del desaparecido, además, ¿quién regresaría a buscar a su familia después de tanto tiempo? La vida casi siempre era incomprensible, mientras unos soñaban con formar un núcleo familiar, los que ya tenían a los integrantes los tiraban a la basura…

Maldiciendo en sus adentros puso la vista en el suelo, de todas las cosas que tenía por preguntar ya ninguna salía de su boca. Fue el niño quien consiguió hacerle pronunciar palabra nuevamente y, ésta vez, fue el japonés quien miró al otro como si en el se guardaran todas las verdades del mundo. –¿Kaoru? ¿Tu tío se llama Kaoru?– preguntó lo obvio. ¿Cuántos Kaoru podría haber en Londres?? El cazador se quedó con la boca abierta, de pies a cabeza repasó al muchachito que lo acompañaba y en el proceso todo lo que acababa de escuchar de su parte empezó a repetirse y a enlazarse con otros tantos datos que ya poseía.

Sus pensamientos se detuvieron, pero no así su cuerpo. El brazo derecho del hombre se extendió con inseguridad y sobre la cabeza del desconocido infante acomodó la mano. Tocar sus castaños cabellos desordenó internamente a Ryuunosuke, y sin embargo una sonrisa fue tomando forma lentamente en su rostro. La vida sabía ser cruel.¿Sabes lo que es… un muggle?– preguntó obligándose a callar preguntas más directas. Tentado estuvo a preguntar si era un dragón lo que su madre tenía tatuado en la espalda, o su nombre, pero con lo curioso que era el niño seguro que le devolvía otro mar de cuestionamientos que podrían complicar las cosas para Hanae. Porque mínimas eran las posibilidades de que él estuviese en un error, y en cambio, el hecho de que él era un secreto para todo aquel que rodeara a la bruja era algo absoluto.




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Mensaje por Ryūjin Reed el Mar Mayo 10, 2016 3:52 am

Ya sabes, no hables con extraños y si por alguna razón lo haces… no les hables de magia. Esas palabras le había dado su tío como última instrucción antes de ir a buscar algo de comer. Por eso cuando le fue preguntado sobre las cosas que no debía comentar con su madre tuvo que pensarlo dos veces antes de decirle al desconocido que no podían enseñarle a su progenitora las fotos de una salida al mundo de los no mágicos. Y otras tantas salidas que no calzaban con lo que Hanae Reed quería para la vida de su hijo. –Ehm… Son cosas secretas entre él y yo.–  tuvo que decir aunque se sintió algo mal por no poder cooperar más en ese punto con el otro.

El tema escabroso que surgió después lo dejó primero con una profunda tristeza, confusión y otros sentimientos grises que se tornaron en un enojo general con cierto adulto que no conocía pero que le debía años en su vida. Atento esperó, apretando sus pequeños puños a ambos lados de su cuerpo, a que el extraño pudiera servirle de alivio con sus palabras. Pero no fue tranquilizador escucharlo, porque solo corroboró la terrible idea de que su padre jamás los había querido lo suficiente. A diferencia de su progenitor ese hombre si parecía querer cuidar de una familia. –Mi padre debería pensar como tú…–  en su mente imaginativa, también llegó al borde de visualizar al tatuado como parte de su familia y lo enfocó unos minutos de más, intentando evaluar qué clase de impresión le dejaría. Pero como no era su padre torció los labios, no quería a alguien raro cerca de su mamá y sin su consentimiento previo. –Yo siempre la cuido, soy el hombre de la casa.– asintió muy seguro de lo que decía porque tanto su madre, su bisabuela e incluso su tío le habían encargado más de una vez esa noble misión de cuidar a su familia. Y pequeño dragón no dudaría en cumplirlo por el cariño que les tenía.

Lo que no se esperó fue que mencionar a su familiar fuese a convertirse en un golpe tan duro para el hombre frente a él. De hecho los primeros segundos no alcanzó a percibir nada extraño aparte de una excesiva sorpresa. –Sí, así dije que se llamaba. ¿Qué tiene de malo?– consultó como pregunta retórica pues si ese señor hablaba mal de su tío entonces toda la amistad que podrían tener terminaría en ese mismo segundo. Hablando del rey de Roma, se giró para ver si venía ya su familia en camino con la comida pues su estómago comenzaba a quejarse.

Antes de volver a exigir el asiento por el que había pagado con información, una mano extraña se ubicó en su cabeza y el chico dio un respingo antes de alejarla con las suyas. –¡Hey! No soy un niño pequeño.–  exigió el respeto del que se creía merecedor, pero sus cejas se alzaron en lo alto, su boca se abrió de golpe y sus ojos se quedaron muy abiertos cuando una pregunta inesperada surgió en el camino.

Eso explicaba muchas cosas. Se dijo intentando sonar como un adulto racional en su mente, aunque luego de mirar atónito al extraño finalmente se puso a reír, en un gesto que había heredado por completo de su madre, o al menos eso decían los que los conocían. –¡Claro que lo sé! Está lleno de ellos.– los señaló con la barbilla y luego bajó la voz pues tal vez había excedido un poco su tono de voz. Ahora sí que el entrometido había vuelto a convertirse en alguien interesante. –¿Eres un mago?– preguntó lo que creía evidente, aunque se tuvo que acercar para hacer que sonara como un secreto. –Yo voy a serlo algún día… Eso espero.– su voz pareció dudar en algún punto pero pronto se repuso.

Al lado del ahora reconocido como miembro del mundo mágico se sentó de nuevo y se quedó viéndole quizás con excesiva atención. –Este tipo de salidas son las que no podemos comentarle a mamá, el tío Kaoru dice que tenemos que decirle poco a poco hasta que tenga deseos de venir. ¡Cuando vengamos todos será muy emocionante!–  le confesó al fin lo que le había negado en principio. Por su parte el joven Reed se sentía más en confianza que antes y ni por asomo se imaginaba la lucha interna del hombre de largos cabellos.


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Re: When the time is right, it'll happen {Flashback} | Priv

Mensaje por Ryuunosuke Ihara el Mar Mayo 10, 2016 9:33 am

Sí, el miserable padre del niño debería de haber pensado al menos un poco en cuidar de la familia que… había creado con Hanae. Aunque Ryuunosuke la prefería libre de inútiles a su alrededor. Si el padre del niño regresara… ¿Qué sería de la relación que sostenía con la doncella de los Reed? ¿Hanae lo apartaría por el bien de su familia? Se abstuvo de armar su propia respuesta a eso. –Me alegra escuchar eso.– comentó y asintió con formalidad luego de que Ryūjin afirmara que cuidaba de su madre como buen hombre de la casa. Ihara no sabía nada sobre la crianza de hijos, pero podía ver que la mujer que tanto amaba había hecho un buen trabajo con el suyo…

El muchachito parecía defender a capa y espada a cada integrante de su familia, esa impresión le dio al escucharlo saltar casi a la defensiva por el asunto del nombre de su tío. Pero como el pequeño desvió su atención hacia otro punto, Ryuunosuke ya no comentó nada mas al respecto. Lo bueno era que ahora ya sabía qué cara buscar en las cercanías. –Lo siento, por un momento te confundí con un enano.– dijo bromista ante el reclamo que lanzó el pequeño adulto que tenía a un lado. Su reacción y palabras le hicieron recuperar una sincera sonrisa ya sin matices de tristeza, y darse cuenta le hizo mirarlo con mayor curiosidad.

Entonces las miradas de los dos hombres se cruzaron y el silencio duró hasta que la repentina risa de Ryūjin apareció para alegrar el ambiente. Verlo estallar en risas de ese modo aclaró por completo con quién estaba tratando el cazador, más que la respuesta misma. ¿Cómo podía ser posible que él y Hanae se parecieran en un detalle como ese? Sin darse cuenta, el mago había comenzado a disfrutar considerablemente de esos minutos no previstos con el hijo de la empresaria. Se agachó un poco al darse cuenta que Ryūjin buscaba hablarle a nivel privado, nunca lo había pensado pero podía acostumbrarse a agacharse para estar a su altura cuando fuera necesario. Aunque con lo orgulloso que parecía ser, quizá se ofendía.

Asintió de nuevo, mirando hacia la derecha en busca de alguien que encajara con el perfil del hermano mayor de Hanae. –Lo soy.– respondió y con cariño volvió a enfocarlo. Le era inevitable sentir algo especial por el retoño que la bruja había traído al mundo. –Serás un gran hombre, estoy seguro. No necesitas la magia para eso.– dio tranquilo su punto de vista, atendiendo luego a la explicación que antes se le negó por haber sido confundido con un muggle. –Suena fascinante una salida en conjunto.–una a la que él no sería invitado por obvias razones. –No sería correcto de mi parte contradecir a tu tío, pero… procura no dejar pasar demasiado el tiempo. Esperar a veces puede ser frustrante, seguro sabes a lo que me refiero.– le aconsejó pensando en Hanae, la conocía y sabía lo perceptiva que podía llegar a ser con algunas personas, el saber que su propio hijo le guardaba un secreto por demasiado tiempo podría herirla.

Lástima que Ihara no estaba en posición de hacerle saber al niño que su madre y él se conocían, y que por tal motivo le hacía ciertas recomendaciones. Tendría que resignarse a ser un extraño cualquiera, a nunca ser incluido en el “todos” de los Reed. ¿Pero qué se le iba a hacer? Suspiró para exiliar la sensación de soledad, eso le bastó para sentirse tranquilo y en paz con la situación. Su varita sacó y sin preocuparse por los muggles que los rodeaban se la tendió al pequeño. –Dime, ¿qué es lo que más te gusta de tu madre?– preguntó obedeciendo a su lado curioso. ¿Hanae se indignaría si él le contaba que había conocido a su hijo? Oh cierto, se suponía que era un secreto entre tío y sobrino, y no quería que degollaran al rebelde tío por llevar a suelo prohibido al bisnieto de Belladona. Pero tampoco le convencía el ocultarle cosas a su acosada y acosadora.




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Re: When the time is right, it'll happen {Flashback} | Priv

Mensaje por Ryūjin Reed el Miér Mayo 11, 2016 5:30 am

Claro que era un mago. Bien se sintió saber que podía reconocer a uno tan fácilmente, cosa que los muggles no podían hacer. O al menos eso le habían dicho. ¿Eso serviría para volverlo alguien de provecho a pesar de no tener magia? Recordaba con claridad las palabras que su madre le había dedicado el día que decidió confesarle sus temores, pero a pesar de la dulzura de la mujer y de la intensidad con la que le repitió sus buenos sentimientos para con él, la inseguridad no se había esfumado del todo del pequeño que quería aferrarse a la idea de que no sería todo tan malo aunque temblara solo al pensar en las partes grises de las posibilidades. Y ahora que ese extraño además le decía que podía ser un gran hombre, a pesar de no poseer magia, le provocó al fin una extraña calma que hace tiempo no sentía. Si alguien ajeno a su núcleo lo decía, entonces lo volvía más real.

Fascinante. Esa palabra se le hacía extraña. Mucho había leído pero pocas veces la había visto así que se quedó unos segundos mirando al contrario, esperando que con ello el significado viniera a su cabeza y finalmente recordó de qué se trataba. –Las salidas con mamá siempre son así… fascinantes.– repitió muy a gusto por poder decir algo que sonaba más adulto que su vocabulario normal. Esperaba que Hanae estuviera contenta cuando le dijera en unas horas más lo fascinante que había sido su tarde, o lo fascinante que se veía ella ese día para él.

Mhm… Solo tal vez, puede, que tengas razón.–  le costó admitirlo pero prefería no mentir tanto a su madre. La quería mucho y no quería hacerle daño, por eso le ocultaba ciertas cosas pero si estas se volvían demasiadas entonces todo se tornaba más complejo. Solo se tenían a ellos dos, y a su otra familia, claro, pero en general ella siempre decía que eran un equipo, y al equipo y a la familia no se le traiciona nunca.

De un momento a otro, luego del suspiro ajeno, una varita le fue entregada directamente en las manos y el niño se quedó tieso, como una estatua, sin saber qué hacer. Porque… ¿Por qué le pasaba algo que sabía que no podía usar todavía…? Sus manos le temblaron unos segundos y luego se la entregó en silencio. Emociones confusas le provocaba el estar ante un objeto de tal calibre y aunque para el otro no fuera importante para Ryūjin sí. Por eso dolía… Si no hubiese sido por la pregunta del hombre entonces su estado de ánimo se habría visto realmente dañado.

Su corazón parecía henchirse cuando hablaba de ella. Su madre era una gran figura para el niño. Era bonita, no, más que eso, hermosa. Fuerte, valiente, lo quería mucho, lo mimaba y era su persona favorita en el mundo y él lo era de ella. ¿Decir perfecta calzaba como adjetivo? Porque para él esa expresión era insuficiente para describirla. Y mejor era pensar en ella que en sus propios temores, tal vez algún día si podría ser tan valiente como ella. –Me gusta todo de ella... Ah, pero no me gusta cuando no regresa a dormir.– su boca se frunció en un gracioso gesto, aunque esa respuesta le pareció pobre así que procedió a detallar información sobre su progenitora, sin imaginar que el hombre frente a él la conocía desde antes. –Me gusta mucho que sea tan fuerte… y valiente. Quiero ser como ella.– satisfecho con sus palabras su pecho mantuvo bien firme mientras hablaba. Que se notara que esa mujer era su adoración.

Si él fuera tan valiente como su madre, entonces seguramente no le temería a los dragones y juntos podrían disfrutarlos. De momento era imposible. –Me gusta también que nos queremos mucho.– el niño todavía no tenía las trabas de la etapa adolescente sobre hablar de sentimientos así que lo soltó sin más. Y feliz de poder presumir a esa mujer decidió que dar un poco más de datos sería valioso. –Una vez busqué el significado de su nombre, Hanae, significa flor. ¿Te gusta? Ella es más bonita que una por supuesto y siempre huele bien. ¡Y es divertida para jugar! Aunque no siempre me deja ganar. – lo ofuscaba lo mismo y una que otra vez lo dejaba al borde del berrinche, pero como su progenitora y amiga también gustaba de hacer reclamos infantiles terminaban los dos con las mejillas infladas viendo quien aguantaba más tiempo la indignación.


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Re: When the time is right, it'll happen {Flashback} | Priv

Mensaje por Kaoru Reed el Jue Mayo 12, 2016 9:08 am

Esperar su turno en la fila para comprar comida le pareció eterno. Varias veces cambió de posición, estuvo viendo el panorama en todas direcciones y la última vez que se fijó en Ryūjin, caminaba tranquilamente cerca de una banca. Supuso que estaba montando guardia para que no les ganaran el asiento los muggles y eso le pareció estupendo. Pero a mitad de la espera, una conversación ajena se robó la atención del mago. Un par de jóvenes hablaban sobre ataques ocurridos ya hace un tiempo en las cercanías de cierto bar que Raleigh y él frecuentaban, y por ello atendió a los detalles. En algún momento buscó de nuevo con la mirada a su sobrino y lo vio sentado, parecía no haber tenido mucha suerte ya que otra persona ocupaba parte del asiento, pero Kaoru no prestó atención al otro individuo en ese momento. Cuando él miró, no había rastro alguno de conversación entre el niño y el adulto.

Fue hasta que llegó al frente de la fila e hizo el pedido a los vendedores que el conductor se fijó otra vez en el pequeño Reed. Ésta vez sí lo atrapó hablando con el hombre de la banca y ante eso el americano frunció inevitablemente el ceño. Como no podía moverse de su sitio todavía optó por usar la cámara que llevaba de nuevo al cuello, ajustó el lente y a través de el pudo enfocar la escena y de paso acercarla un poco. -¿Pero qué demonios hace él aquí?- murmuró sumamente bajo, sin poder tragarse la sorpresa de ver a ese sujeto en ese lugar. ¿Qué no se había marchado hace eras? Lo más extraño fue verlo acompañando justamente a Ryūjin, cosa que hizo pensar a Kaoru que quizá le habían vuelto a contratar pero ésta vez para vigilar al pequeño tesoro de la familia.

No puede ser eso. Se dijo mentalmente, ya que si ese fuese el caso el otro mago no se dejaría ver ante su objetivo con tanta naturalidad. Él bien lo sabía, si meses le había costado en otros tiempos darse cuenta de que alguien lo vigilaba, y otro tanto conocer la cara del susodicho. De hecho estaba casi seguro de que jamás lo habría adivinado, si se lo había topado cara a cara unas cuantas veces había sido porque Ihara extrañamente parecía tener algo en contra de que Kaoru en medio de su rebelde juventud consumiera drogas muggle. Todavía recordaba algunas palizas que empezaron a repetirse a partir de la segunda ocasión en que intentó intoxicarse, literalmente podía decir que a base de golpes le habían hecho entender lo desastroso que habría sido dejarse llevar por esa clase de sustancias… De no ser por esos eventos, para Kaoru no sería más que una cara que recordaba haber visto en contadas ocasiones en las oficinas de la familia. Una sola vez había preguntado por el sujeto, y se le dijo que el trabajo había finalizado y no se le vería más por la zona.

Lo extraño fue que en esas fechas el humor de su hermana cambió. Pero además de incluir ambas cosas en la misma lista de cambios significativos de temporada, no pensó más al respecto.

¿Podría ser su presencia una simple casualidad? Dispuesto a averiguar un poco al respecto permaneció junto al puesto de hot dogs a pesar de que su pedido ya estaba listo. Volvió a enfocar a los otros dos de rasgos orientales y por unos minutos los observó. No le gustó notar a su sobrino confundido luego de que el extraño hombre le… cediera su varita. ¿Qué pretendía con eso? Nada tenía sentido, por un instante estuvo a punto de dejar la cámara, tomar las cosas y apresurarse a regresar con su familia, pero de pronto Ryūjin volvía a lucir feliz y misteriosamente emocionado al hablar con el tipo de los tatuajes. Al menos sabía que esa persona en cierta forma contaba con la confianza de los Reed, quizá por eso no actuó inmediatamente ni a la defensiva.

El nieto de Belladona soltó la cámara para poder cargar la comida, avanzó varios pasos pero en lugar de dirigirse directo hacia la banca donde el niño se encontraba, se buscó un rincón desde el cual poder observarlos más de cerca sin captar su atención. Junto a otra banca se acomodó, en la misma colocó lo que había comprado y con el lente observó de nuevo al par que tanta curiosidad le causaban.

Infinidad de veces había visto a Ryūjin, pero no podía decir lo mismo del otro. Fue natural repasarlo visualmente por lo raro que era para Kaoru encontrarlo de nuevo, claro que lo recordaba más joven, 10 años eran 10 años, pero no había duda alguna de que era la misma persona. Sumergido en su repentina investigación el conductor tomó varias fotografías y con cada minuto que pasaba, una extraña sensación le venía con más fuerza. ¿Por qué llamaba tanto su atención el ver a esos dos juntos? Nada tenían que ver uno con otro, eso se dijo dejando de prestar atención por un momento al mayor para centrarse en el pequeño. Y fue ahí cuando el hermano de Hanae dio un respingo, ¿era su imaginación o… un parecido tenían? Quizá pasar largo rato en las alturas, colgando de los árboles le había afectado las neuronas, porque eso no podía ser posible. ¿O sí?





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