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Mensaje por Dahlia H. Cáech el Sáb Mar 19, 2016 1:13 am

[Continuación desde Love is in the air]

Viernes 14 de Febrero, 2025. Por la tarde.

Estuvo al borde de quitarse la camiseta descaradamente hacia arriba cuando recordó que tenía que guardar teóricamente la decencia. Porque si, estaba sentada encima de las piernas de Kaoru, no había modo de que se viera bien que ella se quitara la ropa así nada más—. Ehem… A ver —con las mejillas rojas se dispuso a bajar los tirantes y a pasar los brazos hacia afuera de los mismos. Cuando la camiseta quedó solo cubriendo su torso la agarró por delante para que no se bajara completa aunque para poder mejorar la visualización tuvo que de paso bajársela otro poco más y dejar la parte superior de su ropa interior a la vista.

Que ni le preguntara mejor por qué había escogido esas prendas en particular—. Kaoru… ¿Ahora si puedes ver bien? —preguntó girando el rostro hacia él para buscar su expresión. Quería una opinión sincera del dibujo, ni se imaginaba que el otro podía tener intenciones mayores con ese pedido de que se siguiera arrancando la ropa. Y tenía que aceptar algún día que aunque así fuera no le molestaría realmente.

Me gustó porque no tiene tantos colores, así que como mi piel no es muy blanca combina bien —asintió para sí explicando el trazado. La razón de su elección había sido simple, no había querido escoger algo más porque la flor en sí le parecía hermosa y no solo porque era su nombre—. Ahora que lo recuerdo, ese día tuve que despejarme toda la espalda para que pudiese trabajar el joven, con razón no podías verlo bien —añadió como dato de interés, su inocencia en esos años e incluso ahora le habían impedido ver malas intenciones en el tipo que le había marcado la piel.


Última edición por Dahlia H. Cáech el Sáb Abr 02, 2016 7:46 am, editado 2 veces


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Mensaje por Kaoru Reed el Sáb Mar 19, 2016 3:05 am

Ese 21 que ella le compartió hizo que Kaoru pensara de nuevo en la diferencia de edad entre ambos, pero cada vez que algo de culpa parecía querer asomar en el mago, una sonrisa de gusto aplastaba a esa sensación de tan poca relevancia. Le gustaba ser mayor que ella, y lo mejor era saber que Dahlia estaba contenta con eso. –Ok, esta decidido. Me llevarás y yo meditaré en secundarte.– jamás había considerado el tatuarse pero si algún diseño le convencía… tal vez sí lo hacía. –Si estamos juntos podremos escapar antes de que tu guardia haga algo para llevarte de regreso a tu casa.– Le gustaría decir que no tenía nada contra el tipo pero sí lo tenía, ¿quién le mandaba ser tan amargado y arruinarle las salidas a la chica? Nada le costaba ser considerado con ella de vez en cuando. Así que con gusto le restregaría en la cara que la castaña ya no estaba sola, y que juntos harían un sinfín de cosas con o sin permiso.

Y permiso tenía el conductor para mirar más de la piel de la mujer que permanecía sobre sus piernas. Kaoru ya había dado por hecho que Dahlia se quitaría por completo la camiseta y emocionado esperaba el movimiento ascendente de sus brazos, grande fue su sorpresa cuando la chica canceló ese método y en lugar de liberarse la parte superior del cuerpo se limitó a retirar únicamente los tirantes. Los labios se mordió, era difícil estar tan cerca y a la vez tan lejos de la gloria.

No tanto como quisiera, se dijo mentalmente –Sí, mucho mejor. Gracias.– confirmó sonriente para ella cuando volteó a verlo. Luego se centró de nuevo en la tinta y… en la delgada tela de su ropa interior que mínimamente la cubría, ¿sería igual al frente? Moría de curiosidad. –Eso quiere decir que… tu espalda estuvo a disposición de un desconocido por largo rato– comentó pensativo, adjudicándose permiso para deslizarle por el hombro el tirante de ese lado.

Las tonalidades me parecen adecuadas, personalmente no me gustan con exceso de colores. Supongo que en ese sentido podría decirse que prefiero algo más cercano a lo tradicional, será que me gusta que siga siendo visible la piel, si la cubriera por completo no sería lo mismo.– si él se hiciera uno seguramente pediría algo en negro absoluto. –¿Por qué en la espalda? ¿En qué otro… sitio te gustaría la tinta? Estoy seguro de que lo has meditado.– tiempo de sobra había tenido.

Las dos manos de Reed se movieron al frente de la chica y sus muñecas reclamaron, con suavidad las jaló hacia los costados pidiendo con eso que soltara la camiseta que se empeñaba en sostener contra su pecho. Después inclinó el rostro y con los dientes intentó remover el tirante izquierdo que todavía le estorbaba, naturalmente no llegó muy lejos, tendría que hacerlo con las manos. Pero primero, quería que ella se rindiera en otro punto. –Envidio a ese sujeto.– admitió con toda la naturalidad del mundo refiriéndose al hombre que se había encargado de meter la tinta en la piel de la señorita. ¿Bastaría para que Dahlia entendiera que Kaoru quería también tenerla de ese modo? Sería injusto que a él se le negara…





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Mensaje por Dahlia H. Cáech el Sáb Mar 19, 2016 3:59 am

Ya parecía que todas las tristezas se habían desvanecido. Se sentía bien estando al lado de él, o mejor dicho encima, y ya todos sus deseos de llorar se habían ido lejos. ¿Era la magia del amor? Porque estar tan feliz de escuchar que él le acompañaría a marcarse la piel con otro tatuaje le hizo sonreír al doble de lo que ya estaba. Incluso la mención a Jeremiah le causó gracia, si era con Kaoru no le molestaba escapar de su guardián personal.

Si Reed lo decía de ese modo sonaba mal, y es que señalarle que había estado con la espalda descubierta para alguien más si le había hecho meditar en que tal vez no había sido necesario desnudarse tanto esa vez para hacerle la flor en esa parte de la espalda, pero tiempo había pasado para comenzar a quejarse ahora. Tan distraída se encontraba meditando en eso que cuando un tirante dejó de hacer fuerza sobre su hombro, ella se tardó en lograr definir el punto de menos presión y cuando se miró, sus mejillas se encendieron más que antes.

Al menos el alivio le llegó cuando él se dedicó a dar su opinión ya con detalle—. Entonces si te gusta así, me alegro —se sentía mejor sabiendo que a él no le desagradaba esa parte que tenía grabada sobre la piel. La pregunta de él, por otra parte, si la tomó por sorpresa—. Me gustaría tener uno en la muñeca, tal vez alguno en la nuca y mhm… No sé si en las piernas me calzaría —si porque si se lo hacía muy arriba nunca podría mostrarlo como un gran logro porque sería considerado delito federal o similar, así que tenía que meditarlo mejor con más calma.

Confusa lo sintió tomarle las muñecas y al adivinar el movimiento su cuerpo se tensó. ¿Quería que soltara la camiseta? ¿Estaba entendiendo mal?—. ¿Kaoru? —preguntó todavía muy perdida y cuando los dientes de él se arrastraron por su hombro ella suspiró audiblemente de gusto—. Aahm… ¿Qué envidias a ese sujeto? ¿Quieres aprender a hacer tatuajes? —preguntó con la cabeza más embotada que otra cosa. Definitivamente ella necesitaba más que una indirecta muy directa para entender lo que el conductor quería.

Pero lo de las manos si lo había entendido así que finalmente si soltó su camiseta y esta se deslizó naturalmente hasta quedar atrapada en el punto donde si figura se doblaba en dos. Nerviosa llevó sus manos hasta delante de su pecho y su propia ropa miró, desde su punto pudo recordar que la tela era lo suficientemente delgada para que se marcara cierta zona principal de sus senos y ese mismo punto cubrió con sus dedos comenzando a sentir algo de sed. Eso le recordó el asunto del chocolate que habían pospuesto—. Oh… el… el chocolate —comentó nerviosa pues algo le decía que Kaoru no solo quería ver su tatuaje y estaba segura de que no podría impedirle mucho tiempo curiosear sobre su piel, más que nada porque ella también lo deseaba.


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Re: Let me take your heart — Priv (+18)

Mensaje por Kaoru Reed el Sáb Mar 19, 2016 6:31 am

Cada parte del cuerpo que la squib mencionó como posible sitio para un nuevo tatuaje a Kaoru le pareció delicioso, él a quien siempre le había sido indiferente el asunto ahora empezaba a meditar dónde y cuándo podrían agendar esa recreativa actividad. –Empieza por la nuca– sugirió justamente mirando esa zona que antes había despejado.

Dahlia– la llamó también por su nombre, tranquilo como si sus manos no estuvieran esperando cooperación de su parte para que se dejara expuesta a sí misma. Luego recordó que la castaña podía ser demasiado inocente en ocasiones, sus preguntas le refrescaron ese detalle. Algo de risa le dio aunque obviamente no era burla, tampoco duró mucho y entonces negó un par de veces con la cabeza –Prefiero gastar mi pulso en mejores cosas– y en cuanto lo dijo, la camiseta se deslizó permitiendo que la vista del mago se deleitara como nunca.

Sus labios quedaron entreabiertos unos segundos a causa de lo que podía observar aunque poder hacerlo desde el frente habría estado mejor. Reaccionó después de que su chica intentara cubrirse con los dedos, pero eso no hizo más que remarcar para él que la prenda que ella estaba usando ofrecía más detalles de los habituales. –El chocolate tiene un par de guardianes, después podrás prepararlo para mi.– También le interesaba recalcar que seguía interesado en probar el chocolate que ella pudiera prepararle, le habría gustado tenerlo ya en los labios pero se rehusaba a dejar ir la oportunidad de estar a solas sin depresión de por medio.

Aclaró su garganta y una de las manos ajenas guio hacia su propio rostro, a la mejilla, apartándola del punto que la señorita pretendía proteger. –Dahl, lo que envidio es el poder ver y tocar tu espalda sin nada más encima.– La otra mano de la chica también se la adueñó y en su boca le humedeció la punta de los dedos. Tenía un ligero sabor a chocolate, seguramente de cuando puso el dulce en la olla. Cuando terminó de saborearle le acomodó de nuevo en la punta de uno de sus senos. –Mi oído te ha extrañado. Mis manos también.– pero esas ya disfrutaban un poco, muy poco… Pero pronto las complacería.





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Re: Let me take your heart — Priv (+18)

Mensaje por Dahlia H. Cáech el Sáb Mar 19, 2016 7:22 am

Escuchar del pulso de Kaoru en esas circunstancias solo logró que el propio se acelerara, aunque para ser exactos, su pulso estaba malamente encendido incluso con las risas de él que no entendía y ahora con las manos intentando cubrirse casi juraría que sentía su corazón sin necesidad de presionar demasiado su abultada piel, aunque fuese solo en su imaginación y culpa del nerviosismo de tenerlo tan cerca.

Saber que chocolate no harían pronto le hizo notar la gravedad del asunto. Y carraspeó nerviosa al escucharlo aunque la sonrisa no se la podía quitar del rostro—. Entonces me despreocupo de la cocina —dijo y su mano fue llevada hacia la mejilla de él haciéndola girarse un poco hacia el hombre al que le había estado dando la espalda. Nada más sentir la piel ajena con cariño la tocó y cuando sus dedos de la otra extremidad rozaron la lengua del mago ella recordó que necesitaba seguir respirando e inhaló profundo.

Se sintió ya perdida cuando él le recordó su oído, ese que había podido disfrutar a cabalidad hace unas semanas y ahora tal vez si podría probar de nuevo, probar y sacar sonidos interesantes del hombre quien al parecer era muy sensible en ese punto por lo que recordaba. Sus dedos húmedos dejó sobre la tela aunque no apretó y luego giró el rostro hasta él—. Eso se puede arreglar —aseguró y sin muchas dudas más volvió a acomodarse sobre el asiento que tenía, que eran las piernas ajenas. Se ubicó con ambas a un costado de él, apegándolas al borde para poder quedar frente a la vista del conductor y aunque sus mejillas ya hervían de mala manera ya no hizo muchos intentos por cubrirse y en vez de eso llevó sus dedos a su propia boca y luego de retocar la humedad los movió al oído de Reed.

Mirarlo atentamente fue inevitable, lo quería tanto tanto… Y su corazón ya corría su propia carrera con fuerza mientras ella reconocía las formas de la oreja ajena con los dedos húmedos, su otra mano dejó descansar sobre su propio regazo—. Te dije que se podía, ¿No? —inquirió y su mente voló también, hacia lo que habían estado haciendo antes en la cocina. Antes del desastre claro, tenerlo en la memoria ayudaba a que se sintiera todavía más nerviosa. El problema del exceso de público había pasado a la historia.


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Re: Let me take your heart — Priv (+18)

Mensaje por Kaoru Reed el Sáb Mar 19, 2016 8:37 am

¿Ella lo iba a arreglar? O a desarreglar, porque al tenerla por fin de frente el auto control del mago pasó a mejor vida. Los labios se humedeció inmediatamente, una parte de él estaba esperando  que lo consintiera mientras la otra se tomaba su tiempo para extasiarse con las curvas de la señorita que teóricamente eran protegidas por la ropa interior. En sus puntas se fijó por más tiempo y si desvió la mirada fue solo para admirar cómo Dahlia se mojaba sus propios dedos. Después de eso cerró los ojos un segundo cuando la humedad de los dedos ajenos hizo acto de presencia en uno de sus oídos. Era oficial, por nada del mundo la dejaría salir de esa habitación hasta no haberle recorrido todos los rincones y por supuesto, dejarla satisfecha.

Asintió distraído –Sí, siempre puedes remediarlo…– dijo por lo bajo, sintiendo que por dentro empezaba a quemarse. La castaña lucía tan apetecible que al mago le dolía no tener más manos. Con ambas manos abrazó sus pechos, disfrutó de su consistencia apretándolos un poco y después se dedicó a acariciarle con los dedos. Paseó por el límite de la prenda, tocando la piel que alcanzaba a quedar libre de la oscura tela, de ahí pasó a tocar con esmero sus pezones que lo invitaban a hacer mucho más que acariciar superficialmente, pero su oído se resistía a privarse del placer que se le otorgaba.

Pero primero estaba ella, ¿no? Con eso en mente desprendió de sus senos las manos y aunque su plan inicial había sido adueñarse de su cintura, decidió que primero se quitaría algo de la estorbosa ropa. Para lograrlo tuvo que detener los dedos que lo recorrían en uno de sus puntos favoritos pero sabía que valía la pena, porque con más detalle podría sentirla después de que se quitara la chamarra y la camiseta. Dejó caer la ropa al suelo y con el torso al descubierto y una sonrisa renovada se apoderó finalmente de la cintura de la castaña. –Sígueme– murmuró y sin aviso se dejó caer sobre la cama llevándola con él. Tenía planes para la piel que su dueña por vez primera le ofrecía pero antes de eso le reclamó los labios, agitado y hambriento.

Las manos había subido hacia la espalda ajena, tocando insistentemente con la izquierda el tatuaje cercano a su hombro. Y con la derecha se desplazó un poco más para declararle la guerra a la prenda que le impedía sentir a Hildr directamente, jaló con fuerza del borde del frente para dejar más piel expuesta, palpó rápidamente y repitió la acción hasta que pudo sentir que el encaje apretaba justamente la punta de su seno izquierdo. Con gusto se lo arrancaría por completo pero desvestirla por pasos también le excitaba. La memorizaría a medio vestir, la falda y las medias hacían un juego perfecto con el atrevido sujetador que Dahlia llevaba puesto. Así como la tenía la apretó contra él, las piernas entrelazó con las de ella y sin detenerse le devoró los labios. Ya no iba a parar, era tarde para eso.


Última edición por Kaoru Reed el Lun Mar 21, 2016 4:39 pm, editado 1 vez





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Re: Let me take your heart — Priv (+18)

Mensaje por Dahlia H. Cáech el Sáb Mar 19, 2016 4:19 pm

Tener las manos de Kaoru sobre sus pechos fue toda una novedad. Una muy apetecible por cierto, y es que la tela de su ropa interior era delgada y a través de la misma pudo sentir sin mucha dificultad el cálido tacto ajeno que la presionaba ligeramente. Sus propios dedos, inquietos, se aseguraron de incursionar en cada una de las formas del oído del joven. Pero su compañero comenzó a dirigir su atención hacia sus botones, a través de la tela, y el roce inicial la hizo suspirar de gusto y respirando con los labios abiertos se quedó.

¿Qué se suponía que hiciera en ese caso? Porque ya no tenían muchas razones para detenerse. Cuando la abandonó ella frunció ligeramente el ceño pero al tener pronto la piel del chico disponible se mordió el labio inferior mientras lo miraba sin mucha culpa. Su piel era… tan, tan blanca. Comparada con la de ella. Y curiosa como estaba mantuvo sus dedos sobre el lóbulo de la oreja derecha del hombre mientras su otra mano se posaba sobre el torso que por primera vez podía tocar directamente. Mucho no pudo disfrutar pues él pronto le tomó de la cintura y la invitó a recostarse sobre la cama, encima de él—. ¡Kaoru! —exclamó por la sorpresa aunque cuando ya tuvo el cuerpo de él bajo el suyo la sensación fue todavía mejor.

Los toques en la zona de su tatuaje le hicieron soltar sonidos placenteros que cubrió contra la boca del conductor. Esa que le provocaba siempre múltiples sensaciones. Su lengua no quiso quedarse fuera del juego y con la misma se dedicó a rozar los labios que adoraba a medida que los tomaba uno tras otro. El jalón que él le dio al sujetador le hizo pensar por un segundo que lo rompería, y detuvo sus besos aunque intentó separarse levemente, levemente, pues sus piernas estaban cómodas contra las de él y allí se quedaron. Con dificultad logró observar lo que el otro hacía en su pecho y luego de eso subió la mirada para verlo—. Vas a… —no, no podía ponerlo en voz alta y que sonara decente a la vez. Sus mejillas todavía podían sentir algo de calidez y por unos segundos no supo a qué punto dirigirse.

Los labios de él le gustaban mucho pero no había terminado de consentir su oído. Así que repartió besos desde la comisura de sus labios, y aunque tuvo que arrastrarse sobre el cuerpo ajeno si logró ubicarse un poco más arriba y buscando el costado del rostro del mago apretó su boca contra la oreja derecha de él, la misma que había antes humedecido con los dedos. No alcanzaba a darle cariño a ambos lados pero esperaba que sirviera, esta vez, menos tímida que la primera, lo primero que hizo y sin preguntar fue ingresar con la punta de su lengua luego de recorrer el borde del oído—. Esto también lo extrañé… —susurró bajo para no hacerle daño estando tan cerca y siguió probando las cosas que con él había aprendido, pasando los dientes sin hacerle daño por la parte baja.


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Re: Let me take your heart — Priv (+18)

Mensaje por Kaoru Reed el Miér Mar 23, 2016 5:45 am

¿Vas a…? ¿Romperle la ropa? ¿A devorarla? A hacerla gritar de preferencia… Cientos de cosas quería hacerle a Dahlia, en su ausencia tiempo le había sobrado para visualizar el cuerpo de la squib de múltiples maneras y a la conclusión había llegado de que tarde o temprano tendría que raptarla por una semana como mínimo para probarlas todas.

De pronto  los pechos escasamente cubiertos de la castaña se arrastraban sobre él, obligándole a robar más aire. La sensación había sido fascinante y a la vez, el aviso de que algo mejor habría para él. Los sentidos del mago no tardaron en arder, culpa de la lengua que deliciosamente se sumergió en su oído. Desde el primer húmedo toque un apretado gemido escapó de la garganta del hombre y otros más espaciados y suaves le siguieron. –En ese caso… no te detengas Dahl.– con voz agitada le pidió. Sus ojos la buscaban pero la postura le impedía deleitarse más con las mejillas encendidas de la chica.

Quería pedirle más fuerza a sus dientes pero… ¿sería eso demasiado para ella? Lo debatía consigo mismo mentalmente, tenía espacio para eso, después de todo la decisión de hurgar con descaro por debajo de la falda de la señorita ya había sido tomada.

Sus manos finalmente se aventuraron a palpar la anatomía de la mujer que por gusto tenía encima. En los costados de sus muslos apretó las palmas de las manos y a pesar de las medias que lo separaban de la suavidad de la piel ajena, disfrutó el arrastrarlas hasta llegar a su trasero. Ahí masajeó hambriento, primero suave, luego consistente y apretado, llegando pronto a la conclusión de que las medias le estorbaban más de lo aceptable. En ese instante sufrió, sufrió porque no quería que Dahlia se separara de su oído y por esa razón ladeó el rostro para darle más espacio de invadirlo, pero sus manos clamaban por la piel más privada de esa chica.

Entraré en guerra con tus medias— avisó en voz baja cuando sus dedos ya subían a buscar el borde de dicha prenda y a la cual se engancharon por los costados. La delgada tela jaló tan abajo como pudo pero la posición naturalmente impedía que al frente de la señorita las medias descendieran igual. Aún así se tomó su tiempo para acariciarle por primera vez la piel en esa zona. Los labios se mordió mientras la tocaba y, tras dedicarse a ello unos minutos, sus dedos ascendieron de nuevo hasta dar con la ropa interior, donde se engancharon fuertemente. ¿Era un aviso, petición de permiso o amenaza? ya se había dado cuenta que al igual que el sujetador que ella estaba usando, esa otra parte de su vestimenta era extremadamente reveladora, los dedos del mago lo habían descubierto.

Híncate— ah, tal vez debió pedirlo con más amabilidad pero la ansiedad le impedía sonar menos imperativo, de inmediato se dio cuenta y embarrando de nuevo el costado del rostro contra los labios de la jovencita intentó remediarlo —…por favor. De otra forma tendré que romperlas.— las medias claro, aunque fue un fuerte estirón el que dio al hilo derecho a la prenda íntima que todavía le causaba problemas existenciales. Si Hildr cooperaba podría bajarle las medias con menor dificultad y de paso deleitarse con su figura hincada entre las piernas, porque con la excusa de dejarle espacio para tomar dicha posición Kaoru separó las piernas y los pies apoyó en el borde de la cama. Aprovechó y se impulsó otro poco hacia el centro de las cobijas.

Por segunda vez su oído iba a reclamar por la posible interrupción pero es que el resto de su cuerpo exigía también disfrutar del contacto directo con la señorita. No iba a conformarse solo con la lengua en su oído, ni porque fuera capaz de casi hacerlo derretir desde ese punto.





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Mensaje por Dahlia H. Cáech el Miér Mar 30, 2016 7:01 am

Hildr todavía no estaba lo suficientemente conectada con Kaoru para entender sus necesidades de más fuerza en los dientes. Apenas estaba conociéndolo en esos aspectos, así que siguió con sus caricias tal vez demasiado suaves pero insistentes contra el oído del mago.

Sentirlo bajo la falda le hizo disminuir el ritmo y entorpecerlo, pero trató de concentrarse a pesar de que la sensación de tenerlo incluso sobre las medias la dejaba extasiada por la insistencia del mismo en cada apretón que le daba. Él removió su rostro y ella logró ingresar con más facilidad al oído que atacaba a rítmicos topes de su lengua, aunque al escuchar algo sobre sus medias los dientes se le cerraron sobre el lóbulo de la sorpresa. ¿Qué Kaoru iba a hacer qué cosa?!

Nerviosa como estaba, no se quejó cuando él le bajó la prenda hasta el inicio de sus muslos. Un ahogado sonido se le escapó cuando las manos de Reed la tocaron por primera vez, y la sorpresa aumentó cuando se tomó de su pequeña ropa interior, casi había olvidado que había escogido una prenda que le dejaba bastante a la vista, por no decir casi todo—. ¿Ah? —recibir la orden de parte del hombre la hizo sonrojar todavía más, y algo confundida liberó su oreja. Cuando él ya se explicó ella rio suave contra el rostro que se le apegaba, pero un gemido fue lo que le siguió en cuando sintió el jalón de su ropa interior. Abrumada dejó un corto beso en la piel al lado de su oído antes de sostenerse con las manos en la cama para medio incorporarse.

Estando a gatas sobre él, lo miró unos segundos con intensidad y luego bajó la vista por la piel del torso del hombre que todavía no había disfrutado con las manos. Sobre la misma apoyó ambas palmas hasta quedar hincada frente a él. La falda había vuelto a su sitio y seguía con las medias a mitad de camino, pero se ubicó a comodidad entre las piernas del joven—. Aunque las rompieras, traje más ropa… Pero mejor las quitas del modo convencional —comentó a favor de terminar sin esa prenda. ¿Se estaba adelantando mucho a los hechos? Esperaba que no.

Para hacer más simple el asunto, liberó el botón y cierre de la falda y se la quitó por arriba para no mover las piernas, le costó un poco pero la abandonó a un lado de ambos cuerpos. Ahí fue cuando recordó que toda su ropa interior era tal vez demasiado atrevida y no supo a donde llevar su vista mientras intentaba cubrir al menos el centro entre sus piernas con las manos—. M-me gusta la ropa bonita… —comentó tratando de sonar normal, como si intentara justificarse por aparecer de modo tan vistoso ese día. Aunque ya claramente se podía asumir que se había vestido así por la posibilidad de que él la viera aunque en ese mismo instante estar tan a la vista la cohibiera.


Última edición por Dahlia H. Cáech el Dom Abr 03, 2016 3:10 am, editado 1 vez


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Re: Let me take your heart — Priv (+18)

Mensaje por Kaoru Reed el Sáb Abr 02, 2016 9:05 am

El beso cerca del oído, el intenso cruce de miradas, las palmas ajenas sobre su torso… Cada toque de Dahlia parecía quemarle  deliciosamente, y la vista que la castaña le ofreció estando a gatas sobre él, fue toda una obra de arte. Kaoru cuidó su respiración a cada momento, pero a ese paso por poco tiempo podría continuar de ese modo. ¿Así que a la squib no le importaba demasiado si sus medias eran rasgadas por el mago? Eso lo recordaría, lástima que no eran los únicos en la casa ese día pues podría haber hecho eso y más, además de esconderle el resto de sus pertenencias a fin de que no pudiese vestirse ninguna otra prenda.

Bien portado como siempre no interrumpió a las manos de la castaña, con una sonrisa de dicha observó cómo se deshacía de la falda y más agradecido no podía estar. Ya podía deleitarse la pupila con el cuerpo escasamente cubierto de la señorita. Campante la recorrió visualmente, desde sus cabellos y finas facciones hasta las medias que la apretaban más abajo, por supuesto que dedicó tiempo a apreciar cómo se amoldaba la delgada ropa interior a la figura de la squib, hasta que las manos de ella le impidieron seguir mirando entre sus piernas. –Y te queda de maravilla. Algún día tienes que dejarme escoger algo para ti. – recreativo sería ir juntos a hacer la compra.

Apoyó ambas manos sobre la cama y se impulsó para sentarse. Obviamente seguía teniendo a la chica entre las piernas y así como estaba se apegó a ella. Los dedos los acomodó en sus caderas y sin pedir permiso llevó los labios a su ombligo, ahí aplicó marcados besos, una vez arrastró los dientes como si quisiera morderla y por último pasó a acariciarle ansioso con la punta de la lengua.

El conductor cerró los ojos, sus palmas se aseguraron de dibujar el contorno de Hildr al acariciarla desde el punto donde se encontraban hacia abajo, donde finalmente toparon con las medias oscuras que no daban permiso a ese par de piernas de abrirse a gusto. –Ya que te has esmerado al elegir tu ropa deberíamos disfrutarla, ¿no crees?– dijo en voz baja rozando con los labios la piel del vientre de la squib. Le bajó las medias hasta las rodillas, sus dedos volvieron a ascender por sus piernas y ya con la lengua preparada cambió de posición.

Sobre sus propias piernas se sentó para alcanzar una conveniente altura que le permitiera disfrutar de los pechos de Dahlia. Las curvas le apretó tras colocar ambas manos a los costados de esa parte de su anatomía y una traviesa sonrisa acompañada de una mirada del mismo talante le dedicó antes de sacar la lengua y usarla para mojar descaradamente el pezón derecho que fácilmente podía ubicar gracias al atrevido sujetador de su chica. No descansó hasta tener empapada la tela y claro, también lo que teóricamente cubría del cuerpo femenino. Con esa parte cumplida pasó a su otro pezón y con el mismo empeño la humedeció.

Unos minutos pasaron antes de que se detuviera, a punto estuvo de confesarle que quería hacer algo semejante entre sus piernas pero a tiempo recordó que en lugar de palabras debía darle acciones. Todo fuera por no ser aburrido. –Terminaré con tus medias– avisó repentinamente, con la misma naturalidad con que hablaría del clima. Un profundo beso le robó antes de dejar la cama y pararse detrás de ella, el broche del sujetador le soltó sin avisar para distraerla momentáneamente, entre otras cosas.

Le quitó los zapatos, después sujetó por última vez las medias y tiró de ellas hasta quitárselas por completo. –Con tu permiso– dijo gustoso y el pantalón se sacó antes de que más problemas le causara, aunque primero sacó la varita de uno de los bolsillos y en una esquina de la cama la dejó. No esperó más y de la cintura la sujetó fuerte para jalarla al menos de esa parte hacia él. Alcanzó a hacerla chocar contra su cadera, un suspiro de gusto soltó el americano y luego con una mano le cubrió la vista. –Dahl, juguemos un poco. Junta tus manos en la espalda.– susurró sobre el hombro de la squib, frotándose suavemente contra su tentador trasero.





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Mensaje por Dahlia H. Cáech el Dom Abr 03, 2016 4:33 am

¿Dejarle escoger algo de ropa interior? La idea le pareció motivadora, aunque no fue capaz de decirlo en voz alta. Luego de ese día difícilmente podría mirarlo del mismo modo que antes, su mente ya tendería a pensar en colores todavía más cálidos cuando meditara en Reed. En el momento en que él se sentó y se tomó de sus caderas ella comenzó a impacientarse y con profundas exhalaciones y un par de suaves sonidos lo recibió en su ombligo con todas las caricias que le entregó con la boca. Sus manos se acercaron al cabello del chico y en ese se enredaron mientras se movía con descaro contra ese punto que genuinas sensaciones le provocaba más abajo, como si tuviera una especie de conexión con sus inquietudes.

Kaoru… —susurró mientras las manos de él se dedicaban a bajarle todo lo posible las medias. El calor que le generaba tener las manos de él encima se sumó al que le provocó en el rostro que le dijera que había notado su esfuerzo por vestirse así. ¡Qué vergüenza!—. Si… deberíamos —murmuró con un hilo de voz. Eso de disfrutar de su ropa le sonó algo extraño pero no malo.

Instantes después tuvo a Kaoru en mayor altura, asunto que le sorprendió. Que estuviese subiendo sus manos por sus costados solo aumentó su intranquilidad, aunque era una disfrutable a lo sumo, y así lo hizo notar incluso cuando su respiración se detuvo en el momento en que él apretó sus pechos de nuevo. Su ombligo iba a extrañarlo pero… pero sus senos parecían necesitarlo más, esos y otras partes de su cuerpo que reaccionaron a las caricias. Suaves gemidos se le escaparon mientras él se dedicaba a sus curvas, humedeciendo aun a través de la ropa primero uno de sus pezones y luego el otro—. Q-que rico… —comentó incapaz de callarse mucho tiempo, apretando de paso las piernas que la sostenían de rodillas.

Con la temperatura ya elevada y mirándolo azorada se quedó, incapaz de apartar la vista de la casi prohibida versión de tenerlo a él en ese punto. De ahora en adelante cada vez que volviera a usar esa prenda pensaría en él y seguro no podría mantenerla mucho tiempo encima sin sentir otra vez la ansiedad que en esos momentos la embargaba—. Medias, si… —repitió infinitamente distraída. Triste porque tuviera que dejarla en esos puntos y deseosa de más de él, eso hasta que el hombre hizo algo para lo que no se había preparado, primero se movió a donde ella no lo veía y demasiado rápido soltó el broche del sujetador que sin desear cubrir más a su dueña se movió naturalmente directo a caer y Hildr tuvo que sostenerlo como podía aunque su espalda ya estaba libre de prendas—. ¡Kaoru! —reclamó con la voz y las mejillas ya calientes.

Claro que ya no podría volver a dar acomodo la tela, pero no se decidía a dejarla caer del todo mientras la apretaba contra sus senos. Y mientras él se aseguraba de jalar ya del todo las medias y sus zapatos ella dedicó unos segundos a meditar en la poca experiencia que tenía en esos asuntos, pues solo una pareja había mantenido. Y por lo que veía Reed tenía conocimientos y modos mucho mejor practicados. No dejó que la espina se clavara en su corazón, aunque si le hizo sentirse algo cohibida la notoria diferencia, pensando en que si tuviese ella más ideas sobre qué hacer él estaría mejor con ella que apenas y si aceptaba a dejar a la vista completa sus pechos.

El rostro giró para verlo y alcanzó a vislumbrar como se quitaba los pantalones. Nerviosa volvió a mirar al frente, esperando algo que no sabría que era, pero que estaba segura de que notaría. Una exclamación de sorpresa soltó cuando él la sujeto con firmeza para hacerla colisionar contra su cuerpo y por poco pierde el equilibrio—. Ahm… ¿Jugar? —pensativa y curiosa se quedó mientras adivinaba con claridad las formas del mago contra su trasero que parecía estar literalmente desnudo por la prenda excesivamente ligera y pequeña.

Sus ojos perdieron visión y ella abrió la boca de la sorpresa, por alguna razón sentía que se quedaba atrás dando pasos de infante mientras el otro avanzaba como gigante y la dejaba atrás. Pero claro, ella no era la que estaba atrás literalmente—. Está bien —dijo aunque intentar no sonar nerviosa fue imposible. La sensación ya conocida de humedad se había implantado entre sus piernas a causa de lo ocurrido, resignada mantuvo sus ojos cerrados y a oscuras movió los brazos primero para dejar caer la prenda delantera. Abandonándola a un costado de ella.

Su piel parecía haber reaccionado también a encontrarse en contacto ya directo con el ambiente y sus manos llevó lentamente atrás, aunque lo hizo tanteando el terreno. Lo primero con lo que se encontró fue las piernas de Kaoru y por ellas fue subiendo lentamente. Debió mantener su roce suave por los costados, pero incapaz de contener su curiosidad, llevó sus manos haciéndose espacio entre su trasero y la entrepierna de él, misma que rozó justo al centro comprobando con el tacto su silueta a través de la prenda que lo cubría.

¿Debía tocar más? ¿Quedarse quieta? Dejando de pensar y respirando pausadamente, acarició la extensión que intentaba adivinar con sus manos en el ajustado espacio, primero de abajo hacia arriba, hasta llegar a la piel libre de tela del conductor. De ahí volvió a bajar lentamente y a subir otra vez. En el momento en que decidió bajar por segunda vez sus dedos se engancharon en la ropa interior y con timidez comenzaron a colarse lentamente por ambos lados de la erección ajena hasta que sus pulgares se acomodaron contra su punta y ahí, ahí sí que se detuvo. En algún punto había dejado respirar y volvió a inhalar con fuerza—. Ya las junté...


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Mensaje por Kaoru Reed el Dom Abr 03, 2016 9:07 am

No todas las sonrisas del conductor eran alegres y luminosas, varias tenían matices insanos, como la que tomó lugar en sus labios luego de recibir luz verde para continuar con sus perversas ideas. Percibir nerviosa a Dahlia siempre lo había disfrutado, pero notarla en esas condiciones mientras estaban a solas en una habitación, sobre la cama y con cada vez menos ropa, era mil veces mejor. La squib acababa de dejar por fin a un lado el sujetador y ya con eso oficialmente la tenía con una única prenda encima.

Reed pausó sus movimientos, estaba ya sobe el hombro de la castaña así que no le costó asomarse por sobre ese punto y deleitarse con los pechos descubiertos de la chica. Se mordió los labios, lucían tan hermosos en su caída natural que más ganas tenía de estrujarlos y jugar con ellos hasta el cansancio. Pero eso tendría que esperar, porque las manos de su acosada ya estaban obedeciendo a la petición del mago y la forma en que lo hizo lo dejó sin aliento por unos segundos. Lo que habían hecho de momento ya lo tenía animado entre las piernas, pero con cada roce que las curiosas manos ajenas le dieron pudo sentir que más duro se ponía su miembro. Incorrecto parecía el permitir que una señorita como Hildr experimentara con el tacto ese cambio en su anatomía pero por nada del mundo iba a detenerla.

Varias tardes y noches había imaginado sus manos tocándolo en esa zona a fin de complacerse aunque fuese en solitario, así que ahora que realmente estaba ocurriendo y por gusto de ella, no la iba a interrumpir. Todavía no conseguía definir si la castaña no eran tan inocente como parecía a primera vista o si era su curiosidad la que la arrastraba a hacer cosas sumamente deliciosas que a él lo excitaban más de lo que seguramente ella imaginaba. Más tendía que conocerla para poder conseguir una respuesta. De momento Kaoru guardaba silencio, profundo respiraba sobre el hombro ajeno mientras disfrutaba de las caricias que sus finas manos le daban por encima de la única prenda que él conservaba encima.

La respiración se le volvió a escapar sin remedio desde el primer instante en que los dedos de la squib hicieron contacto directo con su erección tras invadirlo por debajo de la tela. Eso no se lo esperaba, Dahlia estaba palpando por decisión propia y eso lo convenció de avanzar sin tantas preocupaciones, porque claro que tenía la duda de si sus actos la asustarían o algo parecido, pero ya sentía que podía hacer casi de todo con ella. –Si, puedo sentirlo– dijo con gusto. Si Dahlia pudiese mirarlo en esos momentos se encontraría con que el americano sonreía complacido, o lo hizo hasta que comenzó a empujarse contra esos dedos que lo tocaban en la punta. No fue discreto, descaradamente se embarró en sus manos y uno o dos suaves gemidos surgieron de su garganta. –No voy a hacerte daño, solo… déjate llevar. Disfrútalo conmigo Dahlia…– los labios se humedeció con la lengua y una pausa hizo para alcanzar su varita.

Hacerlo obviamente interrumpió el contacto entre ambos, descubrió su vista y su erección se quedó sola de nuevo. Con magia mandó llamar la soga color rojo que guardaba en la mochila y también algo más, un frasco de cristal que gracias a un hechizo se conservaba ligeramente frío y una botella con dulce de leche. Personalmente rodeó las muñecas de la castaña con la cuerda, le amarró lo suficientemente fuerte para que no pudiese soltarse por su cuenta pero tampoco tanto como para lastimarla. Los extremos quedaron libres, con una generosa extensión como para enredarla después por otras partes del cuerpo femenino.

Recordé que prefieres las fresas así que te traje algunas.– Con la varita que temporalmente había acomodado en un costado, entre su ropa interior para mantenerla a la mano abrió el frasco, besos repartió por el cuello de la chica y también por el contorno de su oído, mientras una de las fresas suspendida en el aire era decorada por un poco del dulce. En cuanto estuvo lista los dedos del hombre la tomaron por el extremo ancho y a los labios de Dahlia la llevaron. –Dime si te gusta por favor– pidió amablemente, en tanto que su otra mano volvía a engancharse a la ropa interior de la mujer, ésta vez sí jalándola hacia abajo, primero de un lado y luego del otro, hasta dejarla a la mitad de los muslos.

Reed gustaba de verla con la ropa a mitad del camino. Al tenerla así se embarró otra vez contra su trasero, con la diferencia de que ahora se movía como si quisiera alcanzar desde ahí el centro de sus piernas. Demasiado insistente, con esmero.





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Mensaje por Dahlia H. Cáech el Dom Abr 03, 2016 5:35 pm

Con sumo interés y delicadas caricias sus manos fueron sintiendo el cambio en el miembro de Kaoru. Cada roce que daba podía sentirlo más firme, incluso sobre la ropa. Luego ya pudo palparlo directamente y una emoción extraña se generó en ella al imaginar esa erección dentro de ella. ¿Se ajustaría bien en su interior? Hasta de poder sentirlo frotándose directamente contra ella estaba deseosa, con infinita curiosidad por los pequeños detalles que hacían a la vida más maravillosa.

Pronto el hombre se comenzó a mover contra sus manos y ella se permitió tocarlo con más firmeza aunque no lo apretaba, solo lo abrazó contra sus manos sin separarlas. Los poco sanos sonidos que de él brotaron le hicieron sentir bien por poder provocarle placer con algo tan simple aunque abandonada se sintió en el momento en que Reed se separó de sus palmas y ella se giró ligeramente para mirarlo una vez sus ojos fueron liberados—. Confío en ti —aseguró aunque ella no sabía que pronto tendría que poner a prueba esa afirmación. Atónita se quedó al ver que usaría la varita. ¿La necesitaba para algo en esos momentos?

Sorprendida alcanzó a vislumbrar el tono rojizo y le costó asociarlo con la cuerda que él le había mostrado tiempo atrás. Pero al sentirla alrededor de las muñecas sus nervios se transformaron en temor—. ¿Kaoru? ¿Qué juego es… este? —claro que lo sabía, por eso el miedo que la recorrió fue natural.

De todas las cosas que había hecho con su primer y único novio, se podría decir que había jugado una que otra cosa pero nada tan impactante como terminar sin movilidad en los brazos. Trató de separar las muñecas pero notó que habían quedado ajustadas, no le causaban daño si no hacia fuerza aunque sí era incómodo de momento pues ella siempre había abogado por la libertad, esa que solían negarle y al parecer ahora también. ¿Podría disfrutar y simplemente dejarse llevar? Solo si no pensaba muy a fondo lo que estaban haciendo de momento.

El conductor era el de la experiencia, en él debía confiar si le decía que no le haría daño aunque era complicado creerlo en esos instantes—. ¿Fresas? —reaccionó tarde y entre suspiros mientras él le besaba el cuello y la oreja. Podía ver el fruto frente a su rostro y el recordartorio de las cerezas que habían compartido le hizo pensar que si podía disfrutar de las extrañas y novedosas formas que tenía ese hombre de querer.

Se preparaba para saborear el fruto cuando él le bajó la última prenda que le quedaba y ella se miró a sí misma nerviosa, él todavía no la observaba completamente desnuda pero estaba cada vez más cerca de hacerlo y ella con una ligera inseguridad esperaba gustarle lo suficiente. La fresa la saboreó antes de morderla pero apenas si pudo tragarla cuando lo sintió embarrándose contra su trasero de nuevo—. M-me gusta —murmuró agitándose con cada movimiento que él hacía. A pesar de que al estar amarrada le costaba más mantener el equilibrio pero con los dedos alcanzaba a rozar el inicio de la ropa interior de Reed.

Kaoru... —lo llamó y su torso inclinó un poco hacia adelante buscando comodidad para sus brazos—. Nunca he hecho algo así… No sé bien cómo ubicarme —temía caer de golpe a la cama pero no le bastaba con sentirlo en la parte superior de su trasero. Así que la cadera también acomodó, arqueándose en un intento de dar otra clase de ángulo aunque había cierto detalle que no terminaba de convencerla.

A la prenda que de vez en cuando lograba rozar, se aferró jalándola del borde con sus dedos pues eran las muñecas las que tenía sin capacidad de movimiento—. Yo... Quiero sentirte, directamente —confesó su reclamo por la ropa que él todavía cargaba. Desde su posición era imposible bajarla o hacer mucho más así que ahí se quedó aunque una lamida dio tanto a la fresa que restaba como a los dedos que se habían manchado con el dulce de leche por acción de la gravedad.


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Re: Let me take your heart — Priv (+18)

Mensaje por Kaoru Reed el Jue Abr 07, 2016 4:31 pm

Ya lo verás– el juego no tenía nombre y describirle un poco de lo que rondaba en sus pensamientos podría estropear la emoción del momento, por eso no dio más detalles aunque el dejarla con dudas no parecía ser lo más adecuado. Sin embargo el ambiente avanzaba en buena dirección, lo supo en el instante que la castaña mordió la fresa, haciendo al menos por unos segundos sus dudas a un lado. Y una respuesta satisfactoria por parte de ella vino después, haciendo sonreír al mago y proporcionándole cierto alivio y otro poco de seguridad –Significa que sí puedo servirte– obvio, nada le aseguraba que sería capaz de hacer disfrutar a la señorita de forma adecuada, necesitaba ir probando poco a poco. Así pensó en ese momento.

Calmado seguía moviéndose contra ella cuando su nombre pronunció y el cuerpo inclinó ligeramente hacia adelante. ¿Le estaba ayudando? Mhn… sí, sin duda esa era su intención. Kaoru estaba por resolverle la duda cuando Dahlia buscó también una postura más conveniente para su cadera, provocando que la erección del hombre colisionara más cerca del punto donde realmente debía estar. La sensación le hizo morderse los labios, empezaba a poner en juego el plan de avanzar con calma. ¿Se daba cuenta ella de eso? Y apenas iban empezando… –Me atreveré a pedirte que…– ah, ¿por qué se enganchaban las manos ajenas a su ropa interior? Pensó que tal vez le estaba pidiendo una pausa o que se detuviera por completo en lo que resolvía cómo acomodarse, porque estaba tan fuertemente agarrada a la tela que parecía no querer liberarlo hasta que le concediera algo específico.

Y en efecto, un deseo tenía la doncella. Uno que elevó súbitamente los antojos de Reed, al parecer él se estaba reprimiendo cuando no había necesidad, ¿quién lo diría? –Ahora mismo lo arreglo– se escuchó sorprendido y a la vez feliz, también distraído por la lengua que le limpiaba los dedos en lugar de solo enfocarse en la roja fruta. Las manos, no es que fuera excesivamente sensible en ellas pero le gustaba disfrutar del entorno mediante ellas, así que tendía a poner gran atención a lo que percibía mediante sus extremidades. La tibia lengua de Cáech amenazaba con hacerlo delirar. ¿Cómo es que esa jovencita lograba disparar los latidos de su corazón con tanta facilidad?

La varita acomodó sobre su oreja. –Cuídala un momento– pidió y con la fresa tocó los labios de la que consideraba su chica aunque no tuviesen compromiso formal de por medio. Al tener las dos manos dolorosamente libres ya nada le impidió terminar de desnudarse, después recordaría que la primera vez que tuvieron intimidad en forma él había sido el primero en terminar sin nada de ropa encima. Pronto estuvo listo y sumamente dispuesto a retomar lo que antes hacía con ella, su mano izquierda colocó en la cadera de Dahlia y la diestra la usó para acariciarle a palma abierta la espalda. Subió hasta alcanzar su cuello, después descendió algunos centímetros y suave presión aplicó sobre su piel –Baja, acomoda la mejilla sobre la cama. Así no te cansarás.– o tal vez sí, pero en un sentido placentero. Levantó el brazo para tomar su varita y con ella atrajo una de las cómodas almohadas de la cama, la cual acomodó para la castaña.

Tenerla con una fresa en los labios era sin duda disfrutable, pero a favor de no estresarla la recuperó luego de colocarse la varita en el sitio de antes y a la boca se la llevó. Dio tiempo a que la squib se acomodara, desde luego Kaoru se deleitó en el proceso. Tenía un inspirador panorama de la chica delante de sí. Un poco se tocó a sí mismo y entonces prosiguió con lo que antes los ocupaba. –Ahora sí, ¿en qué estábamos?– preguntó con fallida inocencia, pero la respuesta naturalmente ya la tenía. Adoptó un ángulo que le permitiera frotar su ansiosa erección por entre las piernas de la castaña, los movimientos fueron contundentes y como era de esperarse, no tardó en querer más de la señorita.

De nuevo con una mano en la espalda baja de ella y otra en la suave piel de su trasero hizo una pequeña pausa, la utilizó para apuntar directo a su entrada y ahí toco superficialmente con la punta. Él ya estaba húmedo y listo para entrar, pero no podía hacerlo sin consentimiento. –¿Dahl, qué tan directo quieres sentirme?– cuestionó con profunda voz –Puedo darte algo más mientras decides– avisó y recurrió a su fiel compañera de madera. Una segunda fresa bañada en blanco llegó a sus dedos, su cadera retrocedió apenas unos centímetros y en lugar de que su punta acosara a la chica fue una fresa dulce la que acarició la sensibilidad de Hildr. Reed se relamió los labios, independientemente de su respuesta la devoraría.





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Re: Let me take your heart — Priv (+18)

Mensaje por Dahlia H. Cáech el Lun Abr 11, 2016 2:40 am

Reed lo arreglaría, estaba segura. Por eso con más intención procuró después limpiar sus dedos y cuando le pidió tocar la fruta ella se esforzó por morderla suavemente para sostenerla en su boca. Tenía deseos de mirar, unos bastante incorrectos, y aunque tuvo una lucha interna con sus buenas costumbres finalmente ganó sus deseos de conocimiento y como pudo giró su rostro y torso hacia atrás para mirarlo justo en el momento en que él comenzaba a acariciarla. Oh, pero así no podía verlo correctamente. La almohada que él acomodó la vio por el rabillo del ojo.

Iba a reclamar que tenía deseos de deleitarse con la mirada, pero finalmente no fue necesario. Porque luego de que él se llevara la fresa que ella había cuidado a sus propios labios ella ya pudo mirarlo fijamente unos instantes. No le fue suficiente para admirarlo pero sí para temblar internamente y preguntarse si algo tan grande tendría ajuste dentro de ella. Incluso si dolería en el proceso. No, no era la primera vez, pero los nervios se le disparaban de la misma manera por todo el tiempo que había estado en abstinencia ya sin pareja.

Con cuidado logró bajar hasta la cama aunque sus manos y brazos subieron naturalmente hasta un punto donde ya no podían cubrir ni su trasero y mucho menos sus entradas y saberlo le hizo temer por un segundo el haberse movido demasiado rápido—. Ah… Es tan extraño estar así… —murmuró en una profunda exhalación y cerró los ojos por unos segundos, no había modo de que se levantara por su cuenta y sin ayuda luego de ubicarse en esa posición. Aunque seguro Kaoru podría acomodarla todavía mejor ayudándole a abrir el ángulo de sus piernas, si lo deseaba, y subiendo de paso su trasero si le ayudaba a mover las rodillas de posición.

¿En qué estaban? Un gemido de ella se lo respondió al hombre que comenzó a frotarse con más libertad y descaro contra ella quien pronto sintió la desesperación de no poder hacer nada mientras él la recorría de ese modo. Caliente. Todo quemaba demasiado y quería derretirse, no era una sensación estresante en mal modo, era una ansiedad terrible la que la recorría mientras intentaba morder la almohada para no dejar escapar sonidos demasiado evidentes con apenas los roces que él estaba dándole contundentemente.

Sus ojos había abierto cuando él tocó su entrada con algo que creyó reconocer como la punta del miembro del conductor aunque no estaba segura. La pregunta de él la tomó por sorpresa y su sonrojo aumentó al saber que nada bueno podría contestar a eso. Una fresa levitó cerca de ella y pensó que se la daría de nuevo en los labios pero en vez de eso la vio alejarse de ella, poco podía mover el rostro para verlo allí apoyada así que por el rabillo lo observó moverse y cuando sintió un roce extraño entre sus piernas tomó todo el aire que podía con labios abiertos—. K-Kaoru… N-no… ese lugar —¿Está sucio? No, no, todo sonaba mal. Pero definitivamente usar fresas cerca de su entrada no era algo que ella acostumbrara. Por alguna razón imaginaba a Kaoru comiéndosela después, incluso probando a introducirla entre sus pliegues y lo mismo pareció hacerle hervir todavía más la sangre.

Ah, pero una pregunta él le había dejado en el aire antes de eso. Una que ella no estaba segura de cómo responder correctamente sin perder el recato—. Y sobre cuanto quiero sentirte… eso… —su cadera acomodó un poco, al igual que sus piernas, que se abrieron un tanto para sostenerse de mejor manera, dejando de paso un acceso menos apretado entre sus extremidades—. Eso no se pregunta —sonrió al decirlo y los dedos de su mano movió como si quisiera llamarlo contra ella. ¿Qué más podía hacer si él se había encargado de impedirle el movimiento? Su pecho se presionaba contra la almohada mientras esperaba que él decidiera que hacer con ella en esas circunstancias.

Lo más extraño de todo era tener claro que todavía tenía deseos de explorar el mundo con él, que incluso si le cortaba la libertad en esos momentos el ser acariciada por sus manos y recorrida con varios de sus sentidos le era infinitamente apetecible—. Quiero que me toques más —pidió con las mejillas todavía ardorosas por el pudor que le sobrevenía cuando pensaba en todo lo que estaban haciendo.

¿Habría él sellado la puerta apropiadamente? Porque aunque le alcanzaran las fuerzas para mostrarse así ante Kaoru dudaba poder sentirse bien si aparecían Teasag y Raleigh por la puerta. El tener la cabeza un poco menos acalorada esos segundos le permitió razonar que había otro detalle que no había mencionado. Nerviosa se puso pues no quería ofenderlo con su pregunta, pero mejor prevenir—. Ehm Kaoru... ¿T-tienes protección...? Hace tiempo que yo... —aceptar que había dejado de cuidarse una vez que había también dejado de llevar actividad era avergonzante, pero tampoco deseaba sorpresas en el camino.


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