JULIO DEL 2025.
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Mensaje por Hanae Reed el Miér Ene 27, 2016 5:33 pm

It would dream of dragons
— Ilona Andrews

Viernes 14 de Marzo, 2025.

Los días de compras siempre le agradaban, le gustaba incluso el sentir del peso de las bolsas en las manos y la relajaba escoger entre las cosas que debía conseguir. Pero ese día en particular las compras no estaban siendo tan entretenidas, conseguir unos materiales específicos le estaba haciendo daño en los dedos de tanto que caminaba y no había traído ningún bolso con interior extendido para hacer menos ardua la tarea. Al menos ya saliendo de esa tienda en particular le quedaban solo dos más y sería libre para regresar a casa, eso o tal vez pasar primero por las dependencias de la empresa a ver que le ajustaba, su vida siempre estaba al borde del colapso pero estar ocupada la distraía de buena manera.

Cargó con una bolsa más en las manos, acababa de comprar una serie de finas y frágiles piedras preciosas para probar una nueva línea de trasladores que fuesen más agradables visualmente—. Gracias, vendré después —se despidió del dependiente. Ya en la calle se ubicó las gafas oscuras para un sol que apenas brillaba ese día, por suerte la lluvia había abandonado la zona de momento y eso significaba que el mundo no iba tan mal. La heredera de los Reed no odiaba la lluvia pero si prefería temporadas más cálidas, donde no tuviese que envolverse casi completa en ropa.

En otra de sus bolsas llevaba ropa nueva para su hijo, prefería claro el vestirlo al estilo muggle pero necesitaba unas cuantas prendas del siglo pasado para que el niño fuese bien recibido en las reuniones con otros chicos de su edad, ella no estaba en contra de que socializara de vez en cuando aunque dependía de la familia de sus posibles amigos y también de que tan idiotas le parecieran a la mujer los niños, usualmente pocos podían competir con la brillante inteligencia e independencia de su pequeño dragón.

Al llegar a la tienda donde tenía que buscar un encargo de su abuela, las bolsas se le estancaron en la puerta y ahí se quedo más tiempo de la cuenta intentando liberar todo y maldiciendo entre dientes acerca de las fallidas construcciones tan estrechas. Si por ella fuera las calles y todo en general sería más amplio, no tendrían que dividirse un pequeño trozo del mundo cuando podrían tenerlo todo para vivir con tranquilidad y espacio.


Última edición por Hanae Reed el Jue Ene 28, 2016 3:00 am, editado 2 veces


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Re: If the sky could dream 竜 Private

Mensaje por Ryuunosuke Ihara el Miér Ene 27, 2016 6:54 pm

No abrió las maletas, tal cual las dejó en la posada donde pasaría al menos la primera noche pues hasta no empaparse de la situación actual de Londres mágico no decidiría dónde exactamente residir. Lo más probable –como de costumbre– era que cambiara constantemente de domicilio pero lo pensaría después. Había guardado la esperanza de que el clima no fuese tan frío pero siempre supo que sufrirlo sería inevitable en esa época del año, su único consuelo era que ya no nevaba todos los días y eso ya era una ventaja.

Al entrar a la que sería su habitación intentó permanecer allí un rato, no debía haber prisa por salir ya que nada lo esperaba afuera. Recién llegaba a la ciudad, no tenía compromisos ni nada que requiriera su presencia de inmediato y, sin embargo, no duró más de cinco minutos sentado en la cama y abandonó el lugar cerrando con un golpe seco la puerta.

No tuvo que meditar en qué dirección caminar, todo su ser sabía muy bien a dónde tenía que ir. Por inercia, costumbre o algo más poderoso que eso sus pies lo llevaron hasta el famoso callejón Diagon. Hacía años que no estaba ahí, diez para ser exactos y todo se sentía diferente aunque visualmente no hubiese cambios radicales. Las tiendas de siempre estaban encajonadas donde mismo y los transeúntes aún eran abundantes. Pero el mago no prestó atención a nada en particular, después se tomaría el tiempo para eso porque por ahora, tenía algo más importante qué hacer.

¿Viviría aún donde mismo? Y de ser así ¿lo recibiría o lo ignoraría? Solo había un modo de averiguarlo, y para ello debía cruzar el acantilado por su propia cuenta. Eso lo tenía decidido desde hace toda una vida, la buscaría cuando volviese a pisar ese país.

Pero frunció el ceño cuando ya fue demasiado evidente que algo sí había cambiado y en forma molesta: la gente estorbaba mucho más en su camino. Se preparó para tomar una ruta alterna menos concurrida, pero ni el calzado había despegado del suelo para dar el primer paso cuando sus ojos se anclaron en un perfil a pocos metros de él. No estaba soñando, ella estaba ahí, frente a él, tan cerca y a la vez tan lejos. Y claro, pondría remedio a eso.

Su cuerpo se desplazó con la precisión que normalmente solo salía a relucir cuando cazaba a una de sus presas, esquivó a quienes se interponían en su camino y al llegar hasta su objetivo, su mano derecha sujetó las bolsas que le complicaban la existencia a una mujer que evidentemente no había cambiado sus hábitos de compradora compulsiva en muchos años. –Te ayudo– fue un acto reflejo adquirido tiempo atrás y que por lo visto seguía latente en el hombre. Debió anunciarse o llamarla por su nombre, tal vez saludar primero, pero no. Sencillamente actuó según las circunstancias y alzó la mirada que brevemente había puesto sobre las bolsas que intentaba cargar por ella. Una vez más su camino se cruzaba con el de Hanae y esta vez todo sería diferente.


Última edición por Ryuunosuke Ihara el Jue Ene 28, 2016 11:20 pm, editado 1 vez




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Re: If the sky could dream 竜 Private

Mensaje por Hanae Reed el Jue Ene 28, 2016 2:45 am

Alcanzó a percibir resistencia en las bolsas cuando otra mano intentó tomar parte de las que ella cargaba, pero ofuscada como estaba solo hizo el intento de seguir tirando para entrar el resto de su cargamento por la estrecha puerta y fue entonces cuando una voz llegó a sus oídos… Y le heló la sangre.

No sabría decir si había sido como un golpe en el estómago o una cachetada, pero sin duda la dejó sin aire. La presión en su pecho le hizo recordar que estaba viva y que necesitaba respirar, pero las manos le temblaban mientras se giraba a ver lo que había estado intentando ignorar todos esos años—. Ryuu… Es decir, Ihara —cerró los ojos un segundo tratando de componer su expresión, por suerte las gafas le cubrían el horror que seguramente mostraban sus ojos y sintiéndose sudar en frío miró a todos lados esperando que fuese una broma. Porque no podía ser, que luego de diez años, el mismo hombre apareciera ahí justo delante de ella. Bueno, detrás para ser exactos.

Las palabras se atoraron en su boca y ahí mismo murieron, su vista tras el vidrio oscuro lo recorrió como había hecho hace siglos antes y aunque encontró algunas marcas de la edad, tuvo que aceptar que se veía igual que antes, y eso de alguna forma hizo que lo que apretaba su pecho se volviera un dolor que la hería dentro—. ¿Qué quieres? —murmuró la pregunta, aunque luego de escucharla en su voz la sintió demasiado ruda y así no solía ser ella, de hecho si hubiera sido una persona normal de sus conocidos se habría lanzado a darle un apretado abrazo, pero no con Ihara, con él no podía, no con la clase de secretos que tenía que mantener lejos de él.

Lo siento, fue la sorpresa… Eh… ¿Cuándo llegaste? ¿Qué haces aquí? —quería gritarle para ser específicos, porque no había justicia en que apareciera de un día a otro a reclamar su paternidad, pero claro que no podía saberlo. Estaba pensando ella de más y sintiendo la paranoia. Trató como pudo de fingir que se encontraba bien pero no era así ni por asomo, así que una vez que le dejó las bolsas a Ryuunosuke que ya las reclamaba con una mano, se giró para ingresar por el pasillo, de preferencia para perderse, aunque su torpeza aumentó a niveles abismales y terminó escuchando el golpe seco y duro de las otras compras que había cargado su otra mano y que olvidó por completo.

Las cajas con las gemas… Con los labios apretados se agachó para recogerlas y con manos todavía temblorosas trató de meter las cajas en las bolsas pero finalmente se dedicó en silencio a abrirlas una por una y revisar. Estaba haciendo tiempo muerto y lo sabía, solo porque no quería enfrentarse a él ni a la realidad. Ya había decidido hace años que su hijo iba a tener solo madre, pero que ahora él apareciera de la nada. No, eso no tenía sentido. No significaba que algo tendría que cambiar porque simplemente la vida no era tan simple. Al parecer, de las piedras todas o casi todas estaban enteras. Hanae por otra parte se sentía repentinamente en pedazos, y para peor, trozos que estaban al borde de hiperventilar, ya se podía convencer de que entre antes terminara las compras, mejor.


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Re: If the sky could dream 竜 Private

Mensaje por Ryuunosuke Ihara el Vie Ene 29, 2016 12:13 am

No era un hombre de sonrisa fácil pero en ese momento una apenas perceptible cruzó por su rostro tras escuchar en la voz ajena su nombre. Al menos lo recordaba. Lástima que la bruja se corrigió a los segundos para llamarlo por el apellido. Eso sonaba muy lejano pero no podía culparla, lejos era como habían estado todos esos años. En otros tiempos con soltura le habría quitado las gafas oscuras a la chica para poder disfrutar de su mirada, ahora tenía la extraña sensación de que debía mantenerse al margen y no quería pensar mucho en el por qué. Se conformó entonces con hablarle a las gafas y mirarle tan solo el resto de las facciones. ¿Debía preocuparse por la facilidad con que la había reconocido en base a eso?

El silencio siempre fue una posibilidad para el reencuentro y definitivamente habría sido mejor que él mismo lo hubiese roto, así tal vez el hielo no le habría perforado un hombro, muy cerca del corazón. Suerte que ya no fumaba y por lo tanto no llevaba un cigarro en la boca pues éste habría ido a parar directo al suelo después de escuchar tan cortante pregunta por parte de Hanae, y entonces esconder el impacto de esas palabras le habría sido imposible. Pero no había cigarrillo, y sus labios permanecieron cerrados hasta que la sorpresa se esfumó de los orbes del hombre.

Descuida, me hago una idea. Hoy... hace menos de una hora... Enseguida vino otra pregunta que de nuevo le hizo sentir no deseado por esos rumbos, intentó no tomarlas como señal de algo desagradable pero le estaba costando. –Escuché que hay trabajo por aquí, por eso he regresado.– pensó en lo poco amable que se escuchó considerando que alguna vez algo especial existió entre ellos, pero la mitad de la culpa era de ella quien le dejó claro que los negocios de su familia y quien sabe que otras cosas eran más valiosas que marcharse junto con él. Él no encontraba otra explicación razonable para la negativa que en aquel entonces la jovencita le dio.

¿Cómo has…estado?– preguntó una vez que Reed le cedió las bolsas sin quejarse, y tirando luego otras de las cosas que cargaba en la otra mano… Todo apuntaba a que ella estaba distraída o similar, no sabía por qué, en ningún momento le pasó por la mente que él era el culpable de su distracción.

Como era de suponerse Ihara se agachó a ayudar, las bolsas las dejó con cuidado a un lado y con las dos manos libres se cercioró de que las cajas restantes no tuviesen desperfectos en las gemas que guardaban. –Sigues en el negocio– dijo lo que esos objetos acababan de confirmarle, le hizo entrega de una de las cajas y luego le dio la otra, la última. A esa distancia era imposible que no se diera cuenta de cómo las manos de su ex novia temblaban. Ryuunosuke arrugó la frente pues lo primero con lo que asoció ese temblor fue con el consumo excesivo de sustancias desastrosas, pero ella no era esa clase de persona por lo que inmediatamente descartó la posibilidad. Llevaba mucho tiempo sumergido en el bajo mundo y por eso su mente improvisaba teorías relacionadas con ese ambiente.

Entonces era frío. Esa fue la segunda respuesta que su mentalidad simple le dio. –Cargaré también el resto, ¿qué comprarás en esta tienda?– se quitó la chaqueta mientras hablaba y sin preguntar la colocó sobre los hombros de Hanae. ¿Era lo suficientemente caliente? Le temblaban las manos y no el resto, pero guantes no llevaba puestos para ofrecerle. La verdad era que ni siquiera le combinaba pero… era una prenda muggle. Eso debía servir de algo.

A sí mismo se dijo que podía soportar el clima, mentira que tuvo que aceptar pasados apenas un par de minutos. No se iba a retractar de lo hecho y antes de que alguna queja fuese lanzada al aire sujetó de nuevo las bolsas de antes y extendió la otra mano esperando que le entregara el resto en cuanto terminara de acomodarlas según sus exigencias.




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Re: If the sky could dream 竜 Private

Mensaje por Hanae Reed el Vie Ene 29, 2016 4:43 am

¿Hoy? ¿Así de simple? ¿Ese día de todos los días? Tendría que marcar el 14 de Marzo en el calendario porque no entendía que tenía de especial la fecha para traerle todo ese torbellino a su vida. Había creído estar libre del efecto que provocaba Ihara en ella pero al parecer se había estado mintiendo a sí misma todos esos años, parecía que su capacidad de reaccionar ante él solo había estado en un largo letargo y ahora funcionaba luego de todos ese tiempo. Se despertaba de su sueño y le hacía volverse torpe como adolescente en menos de cinco minutos.

Sus dudas quedaron aclaradas cuando él habló de trabajo, por supuesto, ¿Qué acaso había pensado que tenía otra razón para regresar? Con un peso menos en el alma, o uno más, una sonrisa algo triste cruzó sus labios—. Claro, no sé por qué pregunté —murmuró y negó con la cabeza. Se había girado para seguir pero había terminado dejando todo el resto de sus compras en el piso y la pregunta de él apenas la había escuchado, pero si había llegado a su mente y aunque guardó silencio los primeros segundos supo que tendría que contestar.

Todo va de maravilla —mintió de la mejor manera que pudo, y le salió bastante bien, casi se felicitó internamente. El ligero pesar en su pecho pronto volvió a ocultarse mientras trataba de revisar las cosas sin terminar tirándolas de nuevo, y Ryuunosuke como siempre se encargó de demostrarle lo decente que era al ayudarla. Maldita la hora en que había salido de compras ese día—. Tengo que seguirlo, soy la única que puede —comentó sin dar muchos más detalles sobre su trabajo de momento. La carrera que había desarrollado en la empresa familiar había sido por obligación y responsabilidad adquirida, nada más.

En silencio fue guardando las cajas y cuando sintió el peso de una chaqueta sobre los hombros si alzó la vista para mirar al hombre que igual que muchos años atrás, seguía pecando de ser demasiado caballero. Demasiado suave… Demasiado complicado—. Es una tienda de ropa, Dona me pidió que pasara a buscar algo y supongo que veré si encuentro algo para mí —explicó aunque las tiendas de moda mágica solían decepcionarla, pero nunca perdía la oportunidad de intentarlo, si comprar la calmaba, eso mismo pensaba hacer.

No pensaba dejar que su ex novio le arruinara el día ni la vida. Aunque ahora que lo pensaba jamás había dejado de ser su novia, él si la había invitado a irse con él y ella simplemente lo había rechazado. Pero nunca había dicho las palabras correctas para acabar con todo, y ahora, diez años después, no estaba segura de sí serviría de algo ponerle término a un estado que se había evaporado por sí mismo en el aire y que seguramente ninguno de los dos había respetado. Al menos no le veía anillo en el dedo aunque eso poco significaba en el mundo actual. Con expresión neutra se levantó y le cedió el resto de las bolsas pues no tenía sentido pelear con la caballerosidad y comenzó a caminar sintiendo de golpe el aroma del mestizo que estaba impregnado por completo en la chaqueta.

Seguro era un castigo de fuerzas superiores por haber sido mala con sus empleados o algo similar. Sino no se explicaba cómo es que todo se había tornado tan oscuro en pocos instantes. Una vez ingresó al fin a la tienda pudo ver que no había exceso de gente y eso le agradó, casi al instante una de las dependienta se acercó a ella y la mujer no pensó en sacarse las gafas aunque comenzaba a quedarse ciega por la diferencia de luz ahora que estaban en el interior—. Señorita Reed, es un gusto tenerla aquí, ¿Desea ver algo? —la saludó con confianza la mujer que era casi de su edad, muchas veces la había visto pasar por ahí, tanto a solas como con su abuela así que era casi clienta de la casa.

Vine por los encargos de mi abuela, y además me gustaría ver si tienen algo nuevo —sonrió ya más tranquila ahora que se sentía en su territorio. Nada podía hacerle ahí el oriental que le afectara, entre más neutral llevaran todo ese reencuentro más pronto podrían despedirse otra vez y sería solo una anécdota para contar, eso si es que alguna vez se decidía a hablar en detalle con alguien acerca de ese mago.

Tenemos unos vestidos que llegaron esta misma mañana, pase a tomar asiento y pediré que empaquen lo de la señora Reed —mencionó la mujer feliz con la posibilidad de una buena venta, su mirada se clavó unos segundos en el hombre que parecía hacer de acompañante de su clienta y luego de saludarlo se retiró. La tienda tenía mullidos sillones cerca de probadores y grandes espejos en todas las paredes para vivir la experiencia de la compra, toda la ropa que se podía tomar se ubicaba en el medio y las prendas más especiales tenían que pedirse a una de las dependientas.

Si estás muy ocupado puedes ir a cumplir tus obligaciones, gracias por la ayuda —alzó con cuidado la voz Hanae, sin girarse a ver a Ryuu, y se entretuvo mirando unas blusas que estaban cerca del probador que escogió para ese día, las bolsas podían dejarlas sobre uno de los asientos.


Última edición por Hanae Reed el Vie Ene 29, 2016 3:41 pm, editado 1 vez


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Re: If the sky could dream 竜 Private

Mensaje por Ryuunosuke Ihara el Vie Ene 29, 2016 7:27 am

Le alegró el enterarse que Hanae se encontraba “de maravilla”, no puso en duda esas palabras aunque dio por hecho que se refería a las cosas normales y obligadas, la empresa a la que no había podido escapar y demás asuntos que venían de la mano con pertenecer a una buena familia. A Ryuunosuke nunca le había parecido que ese estilo de vida fuese el adecuado para ella pero naturalmente nada había podido hacer al respecto. Diez años atrás no era tan salvaje como para robársela literalmente. Tentado estuvo a decirle que en cuestiones de trabajo nadie era indispensable, que si actualmente se encontraba a la cabeza del negocio de su familia era porque ella así lo había querido, pero no quería invocar el mal genio de la bruja. No ese día.

¿Has matado a la parte de ti que prefería la ropa muggle? se preguntó al alzar la vista para leer el letrero que anunciaba el nombre de la tienda. Una ceja puso en alto y sin opinar al respecto la siguió al interior de la tienda. Al darle ella las otras bolsas automáticamente le estaba dando permiso de seguirla, lo cual habría hecho de cualquier forma.

Era como en los “viejos tiempos” cuando juntos salían a recorrer las tiendas ya fuera del lado mágico o del común de los muggles. La diferencia radicaba en que por aquel entonces ambos sonreían, y ahora… ahora era extraño. Cuando planeó ir a verla no pensó que la situación fuese a ser de esa forma, tan inmóvil y… seria. ¿Y entonces qué había imaginado él que ocurriría?

Una inclinación hizo cuando la vendedora lo saludó, antes notó que lo observaba pero estaba acostumbrado a ese tipo de reacciones, bueno, las recordaba de otros tiempos. La gente tendía a mirarlo con extrañeza por ir acompañando a una señorita tan refinada como Hanae, seguro más de alguno lo había creído su sirviente o algo parecido. Pero lo que pensaran le daba lo mismo, no se inmutó.

¿Qué si estaba ocupado le preguntaba? –Lo estoy, ¿no es obvio?– respondió extrañado de que ella no lo entendiera todavía, seguro algo estaba haciendo mal porque el mensaje no estaba llegando a la bruja. Claro… todavía no le contaba a donde se dirigía antes de encontrarla inesperadamente en la calle. Las bolsas dejó sobre uno de los tantos sillones, si por el fuera las ponía en el suelo pero en vista de que se trataba de gemas finas optó por ponerlas en el sitio más seguro. Si la obligada heredera de los Reed creía que se libraría fácil de él estaba equivocada. A pasos sigilosos como siempre se acercó por un costado a la mujer, no se fijó en la ropa que ella revisaba, podía continuar en lo suyo al fin y al cabo sus intenciones no estorbarían a las ajenas.

Caminaba hacia tu casa cuando te encontré.– soltó con simpleza, sus ojos estaban puestos en las gafas negras y con la misma confianza que empleó al hablar sujetó el accesorio con ambas manos y se lo retiró. No se movió de lugar, aún después de haberle despejado el rostro continuó observándola. –Trabajas demasiado.– lanzó su veredicto basado en lo cansados que se veían sus ojos. –¿Vas a comprar o solo intentas ser amable con la encargada?– porque si iba a comprar debió empezar por quitarse las gafas, ¿no? ¿Sino cómo iba a apreciar los colores y decidir si realmente la ropa le gustaba? No, dudaba que Hanae estuviese de maravilla, le mentía.




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Re: If the sky could dream 竜 Private

Mensaje por Hanae Reed el Vie Ene 29, 2016 10:08 pm

Si estaba tan ocupado, ¿Qué demonios hacía detrás de ella en esa tienda?—. No lo parece —comentó sin entender que pasaba por la cabeza de ese hombre o cual era su concepto de ocupación. Su vista se giró en un momento para ver donde habían quedado sus bolsas y al aprobar la ubicación volvió el rostro otra vez a las prendas, solo que esta vez el cazarrecompensas se aseguró de pararse justo a su lado.

No es que odiara su presencia, es que le generaba emociones que no tenía pensadas sentir en esos momentos ni en el resto de su vida para ser exactos. Esa tensión, miedo incluso, no era normal en ella y por eso la tenía tan afectada, porque el regreso de él no debía significar nada y ella estaba permitiendo que tuviera algún peso en su vida, uno que no se merecía. Revisar una a una las prendas que ni siquiera le llamaban la atención era un modo de pasar el tiempo y fingir demencia, pero no pudo hacerlo por mucho pues él acababa de revelarle que su plan si había sido ir a visitarla. Y había llegado ese día, ¿Tenía que entender que había salido corriendo por ella? Porque le costaría un esfuerzo inhumano creer en esa posibilidad.

Sus ojos no alcanzaron a ocultar su miedo cuando sus gafas le fueron retiradas. Con expresión confundida se giró hacia Ihara que se había atrevido a tomar tal confianza con ella, como si todavía tuviese derecho a estar en su presencia siquiera. Pero no era enojo lo que se veía al mirarla, era una expresión casi asustada que logró componer algo tarde por una de disgusto—. Trabajo lo necesario —resaltó y no quiso comentar nada de la visita a su casa. Antes muerta que preferir eso. Si Ryuunosuke decidía un día aparecer en las puertas de su casa y resultaba que Ryūjin le abría la puerta… No quería ni pensarlo, era demasiado terrible.

¿Quién crees que- —su voz fue cortada por los murmullos de la empleada que salió justo en ese momento a escena, Hanae se tuvo que morder la lengua y practicar una sonrisa tanto con los labios como con la mirada para no desentonar ahora que no tenía sus gafas—. Aquí tiene el paquete de la señora Reed y también los vestidos que le mencioné, se los dejaré aquí para que pueda probárselos —dijo la mujer mientras movía su propia varita y dejaba levitando un par de vestidos largos y de salón, que seguramente habían sido diseñados el siglo anterior pues ni escote tenían y uno parecía tener hasta cuello. La mujer se quedó sonriendo aunque una mirada de la clienta le hizo desaparecer.

Solo entonces se giró de nueva cuenta hacia Ryuunosuke, todavía indignada por el descaro que tenía de pedirle explicaciones acerca de lo que hacía o dejaba de hacer—. No intento ser amable con la empleada, Ryuunosuke. Todavía guardo esperanza de encontrar algo en esta tienda que no me haga sentir como una mujer senil y espero que no estés creyendo que puedes oponerte a mi derecho como cliente frecuente —espetó y mirando sus gafas en las manos de él las tomó por la punta libre, las quitó de sus dedos sin tocarlo y las guardó en sus bolsillos sin fijarse que estaba poniéndolas en la chaqueta que él le había ubicado encima y no en la suya propia.

Ninguno de los vestidos la convencía pero se decantó por uno oscuro, bien podría servirle para ir a un funeral o alguna comida en exceso aburrida—. Me probaré ese —señaló aunque no necesitaba la opinión del contrario para hacerlo, y tomando el vestido que levitaba en el aire en una mano se acercó al probador. Pero claro, ahora notaba que cargaba con más ropa de la cuenta y suspiró mientras se quitaba la chaqueta de sobre sus hombros—. Gracias por el préstamo, ya puedes tenerla de regreso —añadió algo fría y dejó la prenda sobre el sillón antes de entrar al fin al espacio cubierto por una oscura cortina.

Cuando estuvo dentro y la cerró, los espejos que la rodeaban mostraron una expresión diferente a la que se le había visto afuera, allí dentro solo parecía una joven que no sabía qué hacer con su vida y no la mujer firme y directa que tendía a demostrar todos los días. Apoyó su frente sobre el vidrio y suspiró lamentándose por todo en esa vida. Mejor que comenzara a moverse o el otro adivinaría que solo estaba haciendo tiempo y no poniéndose la ropa que supuestamente deseaba intentar ver qué tal le venía.


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Re: If the sky could dream 竜 Private

Mensaje por Ryuunosuke Ihara el Sáb Ene 30, 2016 5:05 pm

Habría preferido desprecio y no miedo, y encontrarlo en los ojos de la mujer que por increíble que pareciera todavía amaba fue demasiado doloroso. Por eso demoró en reaccionar, dejó pasar el enojo que sustituyó a la primera mirada de Hanae y no replicó nada a su supuesta necesidad de trabajar, como esclava seguramente. Su trance se rompió por la intervención de la dependienta cuya presencia le hizo llevar la mirada a un punto que no fuese ninguna de las dos mujeres. Casualmente fue el mismo punto en el que los aburridos vestidos fueron puestos a levitar, quedando a disposición de la empresaria.

¿Qué no el encargo de la abuela estaba ya guardado en un paquete? En cuanto estuvieron solos de nuevo el mago señaló con el dedo la apática ropa, iba a darle su  muy sincera opinión al respecto pero ella se lo impidió con sus propias palabras. Bueno, un poco mas tranquilo quedó al descubrir que ni Hanae gustaba de esas cosas y resignado a callarse la crítica fue bajando poco a poco el dedo acusador. Los vestidos habían ganado la batalla, pero no la guerra. No hizo nada por impedir que le quitara las gafas de la mano y extrañado fue testigo de cómo la distraída mujer las guardaba en la chaqueta equivocada, ¿desde cuándo era tan despistada? –No me opongo a nada– dijo con su voz neutral. Pero ahora me preocupo de que seas cliente frecuente. Como no quería ganarse otra mala mirada se guardó el comentario y con incredulidad la vio elegir uno de los vestidos. Ser purista era más difícil de lo que muchos creían, pocos imaginaban los sacrificios que había que hacer para no desentonar con los de ese tipo, Hanae era el vivo ejemplo de ese otro lado de la moneda.

Por nada– Ryuunosuke esperó recibir la chaqueta directo en sus manos pero para su sorpresa –evidente en su cara– la prenda fue abandonada cruelmente en uno de los sillones, junto al paquete de la abuela… Poco faltó para que el semblante del hombre palideciera y con un rápido movimiento recuperó su chaqueta mientras detrás de él Hana huía a uno de los probadores. Ya sin nadie que lo observara apretó los labios. –Esto va a ser más difícil de lo que había pensado.– murmuró para sí.

La chaqueta se puso de nuevo y, a falta de algo más que hacer se acercó al probador en que Hanae había entrado, junto a la cortina se quedó, recargado en el muro. Repasó mentalmente la voz de ella y al llegar al fragmento de “mujer senil” la risa amenazó con escapar de él. Claro que en su caso la risa raramente era fuerte y llamativa, en ese momento fue un sonido bajo acompañado de una sonrisa que duró en su rostro un par de minutos antes de desaparecer. –Catatónica esta tu esperanza después de ver esos vestidos. Sigues siendo una sádica– él no se negaría a acompañarla de nuevo al otro mundo para conseguirse ropa de su agrado pero dudaba que algo como eso fuese a ocurrir, si se notaba que ganas tenía de golpearlo. Sacó entonces las gafas guardadas previamente por la dama en su chaqueta, las inspeccionó y luego se las puso. No era cómodo, naturalmente le quedaban chicas pero al menos se entretuvo en mirar su imagen en uno de los tantos espejos de la tienda. No hacía falta ni moverse de su sitio para conseguirlo.

¿Y bien? ¿En qué grado de senilidad te hace ver ese vestido?– preguntó desde el otro lado. No pretendía ser grosero, simplemente hacía uso de los términos que ella misma había utilizado. Cruzó los brazos y se preparó para esperar. Todavía llevaba puestas las gafas ajenas, ojalá algo tan simple le ayudara a entender cómo veía Hanae el mundo actualmente…




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Re: If the sky could dream 竜 Private

Mensaje por Hanae Reed el Sáb Ene 30, 2016 8:24 pm

Había hecho bien en no permitir que Ihara dijera algo sobre los vestidos, al menos no antes de que ella escogiera uno al azar. Seguro iba a tener que recibir sus comentarios amargos después, pero era culpa de ella por intentar una vez más pensar siquiera que esa tienda podía darle lo que ella necesitaba tener en su armario. La sorpresa del hombre tanto cuando había escogido como cuando abandonó la chaqueta le pasó desapercibida y cuando estuvo ya oculta no se sintió mejor pero sí con unos instantes de calma en medio de la tormenta.

El reencuentro había sido de improviso, nadie le había alcanzado a advertir del peligro. Ahora estaba allí, con él, y aunque bien podría escapar pues cargaba la varita encima, tendría que dejar todas las bolsas y con ello recibir una poco grata visita sorpresa, directo en su hogar, cosa que no podía permitir de modo alguno. La voz del mago le hizo dar un respingo y con un bufido comenzó a quitarse la ropa hasta quedar solo con los ajustados pantalones y la ropa interior, como era un vestido largo no necesitaba desvestirse por completo—. No te burles, y si no mal lo recuerdo tú también disfrutas del sadismo —por un segundo se descubrió hablando casi como en los viejos tiempos, con una sonrisa tranquila en el rostro, aunque pronto se corrigió. No era bueno dejarse llevar por tan poco, después de todo él volvería a irse y no es que ella estuviese particularmente interesada en seguir lo que habían dejado inconcluso, ¿No?…

Algo tarde se dio cuenta de que el vestido era cerrado completo hasta el cuello por delante y tenía unos pequeños botones atrás. Lastimosamente y por orgullo, no podía regresar por su camino y pedir el otro, tendría que responsabilizarse de escoger sin pensar, así que intentó ponerse la prenda seleccionada aunque de solo verla le desagradaba, tendría que probar la teoría de que ella por sí misma haría que la ropa se viera bien porque por su cuenta esa tela no tenía futuro. Su primera prueba, de ponerlo de abajo hacia arriba fue un completo error, pues pronto quedó atrapado en sus piernas y no quería pasar por sus caderas. ¡Ni siquiera estaba gorda! Pero esa cosa no estaba hecha para ponerse así.

Con unos cuantos suspiros y gruñidos, logró quitárselo otra vez y lo dejó pasar por arriba hasta acomodarlo en su cintura. El largo del mismo era casi grosero pero prefirió no quejarse aun y la voz de Ihara volvió a interrumpir sus pensamientos—. Afff… Espera, esta cosa es imposible —reclamó recordando que años antes él le había acompañado muchas veces a comprar, incluyendo la parte de probarse ropa y solía ser el encargado de reiterar lo que ella pensaba, de que se podía ver bien con cualquier cosa. Ahora no estaba tan segura pero haría el intento. Luego de calzarse las mangas con encaje, llegó a la conclusión de que no era capaz de ajustarlo todo y comenzó a desesperarse.

Bien, tenía que reemplazar los nervios que había sentido al tenerlo cerca antes y lo mejor para lo mismo era demostrarle al mundo que lo había superado y que no le afectaba su presencia. Así que le solicitaría cooperación y ya que el hombre no parecía con intenciones de moverse de su lado serviría para darle utilidad—. Ryuu… Necesito ayuda —pidió aunque le dejó mal sabor en la boca tener que depender de él. Antes de arrepentirse y hacer otra locura, abrió la cortina para dejarle ver sus intentos fallidos de acomodarse los botones, solo tenía amarrados los primeros de abajo y dos habían quedado mal puestos en orificios que no debían, así que en general había que hacerlo todo de nuevo—. Respondiendo a tu pregunta, creo que me pone en el grado de la abuela de mi abuela —murmuró mirándose en los espejos de frente, aun no lograba verse bien pues le faltaba el asunto de los botones para que la tela no se arrugara en su torso. Le había dejado su espalda a la vista a Ihara aunque sin intenciones extra.

Al divisarlo por el reflejo frente a ella notó que cargaba algo raro en el rostro y pestañeó sorprendida al reconocerlo—. ¿Esas son mis gafas?! —fue entonces cuando razonó que seguramente ella misma había guardado sus preciosos lentes oscuros en paradero equivocado, cosa que le hizo negar con la cabeza—. Me vienen mejor a mí —comentó e impaciente esperó a que él se hiciera cargo del desastre en su espalda. Mirarlo a través del espejo era extraño pero no desagradable.


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Re: If the sky could dream 竜 Private

Mensaje por Ryuunosuke Ihara el Lun Feb 01, 2016 3:00 pm

¿Lo estaba llamando sádico o masoquista? Las dos cosas le iban y no lo negaba, incluso sonrió con gusto al recordar unos cuantos sucesos en compañía de Hanae que encajaban con esos términos. Ihara tuvo la sensación de que ella también recordaba algo ya que no había sonado tan molesta como antes al decirlo. –Ancestral e imposible…– murmuró separándose del muro que usaba como apoyo. Giró para quedar de frente a la cortina, allí dentro algo no iba muy bien y empezaba a preocuparse por un posible arranque de desesperación por parte de la bruja, no imaginaba qué exactamente podía ir tan mal además del diseño que dejaba mucho que desear.

Cuenta conmigo– dijo sin tener que pensarlo, si ella requería ayuda no tenía ningún inconveniente en brindarle algo de apoyo. Al aceptar no imaginó ninguna situación en especial y justamente por eso cierta sorpresa se instaló en él cuando la empresaria abrió la cortina y le mostró lo que sucedía. No había manera de que Ryuunosuke fuese inmune ante la escena, con demasiada atención observó la piel descubierta de la dama y unos segundos tardó en ponerse manos a la obra. En parte por detalles como ese había terminado fijándose más de la cuenta en la jovencita hace más de diez años, a veces era una inocente y otras una atrevida que conseguía desequilibrarlo. –Sufres porque quieres– dijo después de que ella recalcara el punto del árbol genealógico donde ese vestido la situaba mientras sus dedos sin prisa soltaban los botones mal acomodados para empezar todo de nuevo.

Estoy de acuerdo con eso, aunque prefiero el poder ver tus ojos. ¿Tu abuela sabe que las usas?– no imaginaba a la Señora Reed tolerando la existencia de unas gafas tan muggle en su residencia. Y ahora que lo pensaba, era un desperdicio mirar a través de ellas. Inclinó el rostro y se deslizó un poco las gafas, lo suficiente como para poder mirar directamente la piel de Hanae. Trabajaba con el tercer botón de abajo hacia arriba cuando empezó a preguntarse si a algún otro hombre ella le había permitido ver o tocar esa parte de su cuerpo, la duda le dejó un terrible malestar que le iba a costar ignorar. Pero nada podía hacer, no podía esperar que una mujer joven y atractiva como ella viviera por tanto tiempo ajena a las caricias de algún mago…

Listo– confirmó en voz seria al finalizar. Retrocedió un paso y por encima del hombro de la bruja observó el resultado de los últimos minutos, no combinaba para nada con Hanae, cualquiera lo notaría. No quiso opinar nada más, seguro la chica o se deprimía o se indignaba más con su vida. –Te sacaré de aquí.– dijo firme y claro, no estaba pidiendo su permiso ni opinión. De los hombros la tomó –y recordó lo fina que era en sus manos–  y le hizo adentrarse un poco más en el probador, entrando también él y la cortina cerró. –No venden nada útil para ti, iremos con los muggles.– avisó en voz mas baja, como si temiera ser escuchado por la encargada de la tienda. No quería que por sus comentarios fuese a tener ella problemas con la gente de ese lugar, con quienes insistía en tener una buena relación aunque de nada sirvieran para satisfacerla.

Con rapidez soltó todos los botones y… deslizó el vestido hacia los hombros de la joven. Solo cuando tuvo a la vista sus hombros descubiertos cayó en cuenta de su atrevimiento, sus ojos buscaron rápidamente los de ella en el espejo y de golpe abandonó el probador. Era un desastre, todo en él lo era, acababa de comprobar que esa niña seguía despertando en él fuertes emociones y sensaciones, un gran problema ya que ese tipo de reacción evidentemente iba en una sola dirección. ¿Y si ella ya tenía a alguien? Independientemente de si ese era o no el caso Hanae no parecía interesada en lo que alguna vez hubo entre los dos.

Cuando estés lista dime.– habló desde afuera intentando no sonar alterado. No iba a cambiar de planes, cumpliría con lo dicho. Las gafas se quitó y con cuidado las dobló, se las entregaría en cuanto saliera. No tenía ningún derecho a entrar de nuevo en su vida pero no podía contenerse, no con ella.




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Re: If the sky could dream 竜 Private

Mensaje por Hanae Reed el Lun Feb 01, 2016 9:16 pm

Sentirse observada por ojos masculinos nunca le había supuesto un problema, tal vez en algún momento de su adolescencia pero no después. Así que lo que experimentaba no tenía que ver con el género masculino en general, ni con que hubiese desarrollado algún sentido místico de pudor, no. Era algo diferente. Podía sentir la mirada ajena evaluándola y en vez de seguridad se preguntaba que tanto habría cambiado su cuerpo en todos esos años. ¿La recordaría él de una forma muy diferente a como se encontraba actualmente? Eso si la tenía en la memoria.

Estar consciente de cada inevitable roce de los dedos contra su piel era un calvario—. Sufro porque así es la vida —replicó aunque su voz no alcanzó a sonar dura, de hecho sonaba más suave que antes. Como si el hecho de que el hombre le ayudara a vestirse significara que algo de su ira se había tranquilizado. No era así por supuesto, todavía estaba molesta con él, solo no lo demostraba. Su ceño se torció ante la mención de la abuela y miró a un punto muerto en los espejos antes de responder—. Lo sabe, pero cree que son de un mago diseñador que tiene una visión futurista —ella le había inventado esa farsa y por alguna razón Belladona si le creía, o fingía creerle. Así tenían menos discusiones porque al fin y al cabo Hanae siempre había sido la nieta predilecta de la mujer y por lo mismo tenía ciertos privilegios con ella de los que su hermano carecía.

Al estar ya con el vestido bien cerrado pudo mirarse otra vez y sus labios se fruncieron del disgusto. No le venía por ningún lado, el corte arriba era entallado pero ella preferiría ponerse una cortina antes de tener que usar eso y al parecer su ayudante también podía notarlo. Debió haberlo mirado por el espejo luego de que él habló, pero en vez de eso giró el rostro con sorpresa marcada ante sus palabras. Por poco y hace un alboroto cuando él se encerró con ella, y aunque por un segundo estuvo tentada a girarse y negarle la espalda, al sentir que trabajaba otra vez con los botones comenzó a alterarse—. Ryuu, ¿Qué estás...? ¿Qué me sacarás?! ¡¿Dónde vamos a ir?! —reclamó mirándolo a través del reflejo, intentar quitarlo de encima no servía en esa posición así que mantuvo apretados los puños. ¿Por qué se seguía tomando confianzas con ella y por qué ella se lo permitía? Sus gruñidos y quejas por lo bajo dejaban notar lo indignada que estaba. Y cuando sintió liberados sus hombros notó que casi le había dejado a la vista su ropa interior a causa del movimiento tan descuidado al desvestirla—. ¡Ihara! ¿Qué crees que haces?! —casi lo golpeó con sus palabras cuando sus ojos encontraron los contrarios que la miraban con una expresión que no tuvo tiempo de descifrar.

¿A quién quería engañar si él ya le había arrancado la ropa cientos de veces antes? De un momento a otro volvió a estar sola dentro del probador y luego de mirarse con los hombros desnudos giró levemente el rostro, observándose con atención antes de quitarse por fin el trozo de tela que le desordenó los cabellos mientras lo sacaba por arriba. Seguramente él se había alejado espantado al ver que su cuerpo ya no era el mismo y eso que no había divisado la nueva marca que tenía en su bajo vientre. Hanae se dijo que no importaba aunque una parte de su ego se había sentido rechazada por la huida del contrario. Lista estuvo instantes después pero no se lo dijo. Simplemente dejó el probador y al verlo con sus gafas en las manos extendió la suya para que se las entregara, no quería mirarlo así que apenas lo enfocaba, o se centraba en cualquier cosa que no fuesen los orbes contrarios.

¿Desea llevarse algo entonces señorita? —preguntó la mujer que había aparecido otra vez sin fijarse en el tenso ambiente. Con una sonrisa ensayada por siglos, Reed negó con la cabeza con gracilidad—. Por esta vez me abstendré pero me llevaré el encargo, muchas gracias —la expresión de descontento de la vendedora se notó solo un segundo pero luego de mirar a ambos presentes se despidió.

Por fin solos, otra vez. Y la bruja no sabía si eso era lo que quería—. Tengo que ir a buscar algo más a otra tienda y terminaría por hoy —le dijo al japonés y tomó dos de las bolsas dejándole las demás. Su vida siempre tendía a complicarse antes de que ella lograra evitarlo. Todavía peor era que no fuese capaz de negarse a las ideas del hombre, porque sabía que disfrutaría vivir unas horas como si el tiempo no hubiese pasado—. No sé que tan bueno sea salir contigo, pero supongo que una vez cada diez años no hace daño —le dijo dándole una mirada antes de iniciar la marcha hacia la salida. Fuera se aseguró de esperarlo para que se acomodara a sus pasos y cuando estuvieron ya en la calle ella dirigió a otro lugar, sin razonar que su última encargo estaba en una tienda que se veía literalmente para niños. Al observar la entrada sintió seca la garganta y al borde estuvo de regresar por sus pasos, pero había estado esperando que le trajeran un regalo de cumpleaños atrasado para Ryūjin y no podía posponerlo más, el niño se había despedido ilusionado esa mañana cuando ella le había prometido llegar con el mismo en la noche.


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Re: If the sky could dream 竜 Private

Mensaje por Ryuunosuke Ihara el Mar Feb 02, 2016 4:32 pm

Su voz, ese tono con que le habló antes de abandonar el probador lo dejó intranquilo. No era así como esperaba que fueran las cosas al encontrarse de nuevo pero ya estaba hecho. El movimiento de la cortina lo alertó y mínimamente giró el rostro hacia la bruja, la mano que ella extendió sí entró por completo en su campo de visión y sin decir nada puso sobre su palma las gafas oscuras. Nunca le habían gustado las interrupciones, ni siquiera en los momentos de tensión pero era inevitable que la mujer de la tienda apareciera de nuevo para cumplir con su trabajo, uno que ese día no le salió muy bien. No tenía nada que ver con él, pero igual era un alivio que Hanae no comprara ese vestido.

¿Algo más? — Ihara se sintió ignorado, ¿qué parte de ir al lado muggle no había entendido la mujer? ¿Significaba eso que lo estaba ignorando? No, no por completo, el que le dejara bolsas para cargar lo aclaraba aunque tampoco aseguraba que accedería a los planes del mago. Pasar por la incertidumbre era molesto y problemático y, con esa incomodidad tomó el resto de las bolsas antes de seguir los pasos de Hanae. No la miró muy contento después de su sarcástico comentario sobre la salida de la década, le estaba marcando un alto cuando las cosas recién comenzaban, pero claro que no era novedad, no si tomaba en cuenta que ella tendía a adjudicarse el mando, estaba acostumbrada a tener la última palabra. Se abstuvo de responderle para no iniciar una discusión, solo gruñó por lo bajo y la siguió hacia el exterior.

A la par de la bruja caminó por la concurrida calle, el silencio se instaló sin remedio y no fue roto hasta que se detuvieron frente a su aparente destino. Confuso Ihara leyó los letreros de la tienda y observó lo que se podía ver en el aparador. Sus ojos no enfocaron a su supuestamente obligada compañera pero a ella lanzó la pregunta —¿Tu hermano ha tenido un hijo? — sonó intrigado y es que no imaginaba al primogénito de los Reed ensamblando una familia, no es que le pareciera mal, simplemente… inesperado. Preguntándose qué edad tendría el nuevo integrante de la familia adelantó unos pasos a Hanae y para ella abrió la puerta. Suerte que esa puerta sí era más ancha o las bolsas habrían sido un problema de nuevo.

Después de esto vendrás conmigo. Una vez cada diez años no hace daño… — usó sus palabras, momento en que sí la miró esperando recibir de ella una respuesta afirmativa aunque fuese de mala gana. No importaría, lo que el mago quería era más tiempo con ella, todavía no descifraba detalles sobre su actual vida y no pensaba dejarla ir hasta dejarle en claro unas cuantas cosas. Desconocía el color que adoptarían las cosas entre ellos después de eso, muy probablemente serían oscuros pero aún si era ese el caso, quería palparlos él mismo. Lo necesitaba.




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Re: If the sky could dream 竜 Private

Mensaje por Hanae Reed el Mar Feb 02, 2016 7:21 pm

Fue una suerte que se hubiese alcanzado a ubicar las gafas otra vez sobre los ojos luego de salir de la tienda de ropa. Porque seguro sin las mismas su sorpresa habría sido tan evidente que en menos de cinco segundos habría caído en demostrarle al mundo la clase de problemas que tenía. Un problema tan terrible como la pregunta que inocentemente Ihara acababa de soltarle, y es que Hanae no pudo pensar que él estuviese tratando de descubrir su mentira, era que no tenía idea de lo que había sucedido y así esperaba ella que se mantuviera—. No, Kaoru no ha tenido hijos… A menos claro que los esté ocultando, cosa que sería bastante graciosa —cambiar el punto de conversación a su hermano y no al niño en particular le hizo sentir en terreno aceptable. Tal vez si se centraba lo suficiente en el mayor de los Reed entonces el japonés no seguiría preguntando.

Sus labios se apretaron con fuerza cuando él se adelantó en sus pasos y le abrió la puerta dejándola en una difícil encrucijada. Por alguna razón había sonado mucho como en los viejos tiempos, devolviéndole las palabras y encima recibiendo de ella cosas que no le daba a cualquiera. Con lentitud se quitó las gafas antes de dar el paso para mirarlo directamente, no cometería el error de dejarle sacarlas por sorpresa de nuevo—. No… No hace daño. Pero después de esto vendrás conmigo a la empresa, prefiero dejar ahí las gemas —le dijo y luego pasó por su lado sin volver a mirarlo—. Luego podemos ir donde quieras… —añadió ya cayendo en cuenta de que era tarde para negarse y escapar, sabía que el cazarrecompensas era perfectamente capaz de encontrarla en donde decidiera ocultarse y eso mismo dolía más de lo que quería aceptar.

Si él hubiese querido buscarla antes, no hubiese sido difícil que la encontrara, pero había preferido pasar diez años lejos sin ni una señal de vida. Y Hanae jamás iba a olvidar eso, bien podría perdonarlo en el futuro pero en su retina quedaría grabada por siempre la falla del hombre—. Hola, vengo a buscar el regalo —dijo una vez estuvo frente al mostrador. El anciano que allí trabajaba la conocía tanto a ella como a su abuela, pues había sido compañero de Belladona alguna vez, así que su sonrisa en vez de ensayada fue bastante familiar. El tema del regalo atrasado la había hecho enfurecer en su momento, pero ahora que sabía que estaba todo en orden se debía sentir mejor. ¿Se imaginaría de alguna forma Ryuunosuke que su hijo había nacido también un 12 de Febrero como él? Las casualidades la habían espantado en su tiempo.

Señorita Reed, aquí está lo que solicitó, el artesano dijo que le había costado añadir algunas de las funciones requeridas pero que estaba todo en orden ya. Estoy seguro de que le encantara al pequeño Ryūjin —dijo el dueño del lugar, y sabiendo que la mujer era exigente en vez de traer el objeto envuelto lo hizo levitar hasta que quedara sobre el mesón. Era una réplica perfecta de un santuario de dragones, con piezas para armar y desarmar —aptas para niños pequeños— que podía reconstruirse por sí mismo si decías la palabra correcta y también permitía jugar con los dragones una vez los terminabas de armar. En ese momento se encontraba solo uno armado completo y estaba trepando por lo que parecía ser una montaña. Hanae con una sonrisa radiante acercó los dedos y la criatura en vez de morderla como haría uno de verdad, le permitió tocarle la cabeza escamosa. Era el regalo perfecto.

Perfecto, me lo llevo. Aquí tengo la otra parte del pago que habíamos hablado —con su varita hizo aparecer una bolsa de monedas que dejó justo sobre el mesón mientras el hombre lo recibía para llenar un pergamino antes de proceder a ponerlo en papel de regalo—. ¿Puedes creer que exista algo así? —emocionada todavía se giró hasta su acompañante pero al caer en la cuenta de que era justamente la causa de sus pesares la sonrisa le tembló en los labios.


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Re: If the sky could dream 竜 Private

Mensaje por Ryuunosuke Ihara el Miér Feb 03, 2016 6:29 pm

Por plantarse en la empresa de la mujer no pasaría nada, de hecho el plan era visitar esas mismas instalaciones si no llegaba a encontrar a Hanae en su casa. Pero estar entre muros que normalmente encerraban a personas que vivían y trabajaban de modo estricto no era lo suyo, le recordaba lo mucho que gustaba del aire fresco y los espacios sin límites. –Parece que no tengo opción.– fue su “como ordenes” disfrazado. Solía haber una constante competencia entre ellos y al parecer eso no cambiaría nunca, ¿qué se le iba a hacer?

Entró detrás de ella y cerró con cuidado la puerta de la tienda. Pudo haber bajado las bolsas que cargaba pero tenía entendido que el asunto allí sería breve, por eso prefirió mantener las compras en alto para así no perder ni siquiera segundos al marcharse.

Por naturaleza inspeccionó al hombre que atiendo a la bruja, su entonación al hablar, sus gestos y la forma en que miraba a la joven. Al escuchar sobre un artesano se fijó también en  las manos del sujeto que con la varita colocó un… ¿minúsculo santuario de dragones? La parte de él que amaba a esas terribles criaturas le hizo acercarse al mesón para mirar de cerca, lucía bien hecho, detallado, ¿de dónde habían sacado algo como eso? Por el rabillo del ojo miró a quien supuso había pagado por algo así.

No lo creería si no lo estuviese viendo con mis propios ojos.– respondió sincero, Hanae lo miraba directamente y él hizo lo mismo. Arrugó la frente al notar que la sonrisa ajena se volvía insegura, eso le recordó algo ajeno a su conocimiento dentro de todo lo que acababa de escuchar. –¿Quién es Ryūjin?– preguntó sin imaginar nada en específico, aunque claramente le sonaba a un nombre que la chica elegiría. En la cabeza de Ryuunosuke no existían hijos, nada que lo hiciera meditar en esa dirección, volvía a admirar el escenario de dragones y solo podía pensar en lo afortunado que era el chiquillo que iba a recibir eso. –De no ser por la mención de ese nombre habría pensado que lo mandaste fabricar para ti misma.– dijo tranquilo. Conocía muy bien el amor que la bruja tenía por los dragones, sus sueños frustrados de estudiarlos y dedicarse a ellos, sus ansias de… libertad.

Se contuvo de suspirar, en su lugar frunció el ceño y cerró los ojos en lo que los recuerdos pasaban. Quien los atendía terminó con el pergamino y el imponente obsequio fue envuelto casi con el mismo cuidado empleado al ponerle los pañales a un recién nacido. –Dame tus bolsas, dudo que quieras arriesgarte a que el santuario se dañe.– repartió las bolsas que ya cargaba de modo más cómodo y seguro, dejando espacio en su mano diestra para recibir las cosas que la chica cargaba. Extendió la mano esperando recibirlas, ella podría llevarse el regalo a dos manos.

Las cejas del cazarrecompensas se alzaron son sorpresa sin previo aviso, ahora que lo pensaba… ¿no se había mostrado Hanae sumamente emocionada con el regalo? Casi ilusionada… Tras encontrarse no la había visto sonreír con sinceridad ni por asomo y ahora se preguntaba qué parte la había hecho lucir tan… feliz. Como cuando todavía lo amaba…




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Re: If the sky could dream 竜 Private

Mensaje por Hanae Reed el Jue Feb 04, 2016 4:35 am

Las grandes decisiones de la vida siempre tenían dos opciones. Sí o No.  Quiero o no quiero. Amar o no amar. Decir la verdad o crear una mentira. Todas las vías añadidas eran simples extensiones de los polos opuestos. Y en ese instante, cuando Ryuunosuke dijo al fin la pregunta correcta, la bruja tuvo claro que no podría mentirle. Había estado tan emocionada con el regalo que había bajado la guardia y ahora tocaba pagar por las consecuencias, por su mente alcanzó a pasar la posibilidad de inventar una gran farsa pero pronto supo que fallaría en el intento. No había escape...

Ryūjin es... —¿Quién era? Definirlo con simpleza y ocultar la complejidad de su existencia ya no estaba permitido, porque ese pequeño se había ganado su corazón luego de que su padre lo rompiera—. Ryūjin es el único que se merece el mundo entero —sonrió algo nostálgica mientras miraba el regalo luego de que el hombre señalara que pensaba que esa maravilla bien podría pertenecer a ella. Y seguro así habría sido hace algunos años, cuando no tenía una pequeña vida por la que velar.

Su boca se calló mientras terminaba el anciano de envolver el regalo, la había escuchado hablar y había captado la tensión del ambiente, pero como hombre sabio no pensaba interrumpir ni meter palabras innecesarias en la conversación—. Aquí tienes Hanae, envíale saludos a Belladona —dijo el dueño y miró al hombre unos segundos con un atisbo de reconocimiento, no porque lo conociera de antes sino porque comenzaba a imaginar a un posible padre del niño de la Reed.

La voz de Ihara la interrumpió de decir algo y ella se giró mirándolo unos segundos, todavía dudosa de lo que iba a revelar. Ahora sabría si significaba algo para él, aunque no pensaba permitirle ser padre del niño solo por aparecer, no iba a ser tan sencillo porque ella no pensaba añadir el nombre del padre—. Ryūjin es mi hijonuestro hijo, pensó lo último y ya dio por confesado todo mientras rozaba los dedos ajenos al soltar las bolsas sobre la mano extendida del cazarrecompensas. ¿Las soltaría ahí mismo y volvería a tener que revisar sus gemas o no sentiría absolutamente nada y la felicitaría por ser madre?

Una parte de ella supo que si era lo adecuado, que ahora que él lo sabía bien podría salir corriendo otra vez y dejarlos tranquilos. Lástima que tenerlo solo unos minutos había servido para recordarle varias cosas que prefería ignorar. Decidida a no arrepentirse de lo hecho se distrajo de nuevo para tomar el regalo envuelto y cargarlo con ambos brazos contra su torso. Una vez lista y dispuesta a cuidarlo con su vida volvió a girarse hacia el japonés—. ¿Me acompañas a la empresa entonces? —sintió la necesidad de preguntar con cautela.


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