JULIO DEL 2025.
Los mortífagos se han hecho con el poder de Reino Unido e Irlanda, muchos han tenido que huir para salvar sus vidas pero otros han caído en sus garras sin poder evitarlo. El Mundo Mágico ya no es igual, pero una nueva puerta se abre ante los Prófugos en Australia, un país dónde todo es al revés, ¡y nunca mejor dicho!

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Mensaje por Georgine F. Holdsworth el Miér Ene 06, 2016 7:08 am

Marzo del 2015.

Había encontrado a Balthazar en la sala de música, enfrascado en una melodía que no logró reconocer. Aquello le extrañó, aunque le consiguió encontrarle cierto sentido ya que hacía meses que no tocaban juntos. Mucho más hacía desde la última vez que se habían dignado a pasar algo de tiempo haciéndose compañía, demasiado ocupados en evitarse mutuamente. Tan triste como resultaba, también era su mejor opción para mantener intactos los últimos hilos de equilibrio que aún los unían. Estaba harta y creía ver aquella misma sensación en los ojos de su hermano cada vez que cualquiera de los dos inventaba una excusa para marcharse. Georgine juraba estar demasiado ocupada con el trabajo, cosa que no era del todo mentira, pese a haber empezado a pasar más tiempo en el Ministerio por alejarse del corrosivo ambiente en que se había convertido el círculo familiar. Era mejor así o eso se decía. Pese a todo, le echaba de menos y no había nada que pudiese hacer para no sentir esa quemazón cada vez que se daba cuenta de lo mucho que habían cambiado las cosas entre ellos.

Apoyada sobre el marco de la puerta, se quedó escuchando hasta que su hermano concluyó la pieza pensando en lo que eran, en lo que habían sido y en lo que podrían llegar a ser. Puede que fuese de allí el lugar de donde sacó la fuerza para invitarle a unirse a ella aquella noche. Puede que su desesperación fuese demasiado fuerte como para soportar acostarse en soledad, privada del sueño y ahogada en la miserable vida que ahora llevaba, los recientes acontecimientos demasiado duros como para poder soportarlos sola. La cuestión era que necesitaba una distracción, algo que la hiciese sentir menos desgraciada, menos ahogada en la culpa. Ya no tenía nadie más a quien acudir y, aún sabiendo que su hermano no fuese la opción más adecuada como vía de escape, necesitaba con desesperación algo que le hiciese sentir mejor. Ni siquiera deseaba hablar, solo quería a su hermano como su punto de apoyo aunque no fuese más que una ilusión traída desde el pasado.

Optaron por la bodega como lugar de reunión y Georgine recordó la Sala Común de Slytherin, ahora un recordatorio agridulce de lo mucho que había ocurrido desde entonces. No llevaban mucho tiempo allí abajo, pero habían dado buena cuenta a una de las botellas de tinto más caras de la colección familiar. La eligió ella, celebrando interiormente aquella ocasión especial, sin dejar de preguntarse por el momento en el que pasar un rato con su hermano se había convertido en tal rareza. Habían brindando por ellos y nada más. Su conversación, lejos de ser tan fluida como lo habría sido en otras circunstancias, había sido superficial, llana, cauta y vacía. Odiaba que fuese así. Le añoraba lo indecible, pero era consciente de que muchas cosas habían dejado de ser lo que eran. Por eso, tenía que prolongar la pequeña tregua, evitando a toda costa mencionar ciertos tabúes. Pese a todo, la tarea de permanecer en un terreno relativamente neutral ganaba dificultad a medida que el líquido carmesí bajaba por sus gargantas. Se estaban volviendo débiles, torpes y lo que era peor: valientes.

¿Cómo está Jeannine? —preguntó, interesada principalmente en saber si por alguna fuerza superior, la sanadora había decidido desaparecer de sus vidas de una vez por todas.


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Re: Let the water lead us home | Balthazar

Mensaje por Balthazar A. Holdsworth el Vie Ene 29, 2016 6:10 pm

Notó la presencia de Georgine con la misma rapidez que de costumbre. Sin embargo, aquella sensación hizó que la piel sobre su columna se erizase y estuvo a punto de perder las notas de la pieza que tocaba. En otro tiempo, Balthazar no habría reaccionado de aquella manera a su melliza, que la rubia apareciera solo lo hacía sentir más amplio, una extensión de si mismo rondando en la habitación. Aun así, y pese a que la sensación cargada se extendió desdse su columna hasta sus brazos, siguió tocando. Quizá, ella seguiría su camino a través de las habitaciones de la mansión. Quizá, ella se quedaría y la electricidad desaparecería de su cuerpo. Cuando la última nota resonó desde el piano, Balthazar comprendió que no era momentos para excusas y, en lo más profundo de su ser, lo agradeció. Estaba empezando a pensar que se habían equivocado, que la solución no era mantenerse a la desesperada, si no luchar con los débiles hilos que permanecían.

Una calidez que había echado en falta se asentó en la zona baja de su corazón. Sin embargo, no pudo obviar que la calidez estaba presionada por halo helado. Una franja que el rubio temía que se rompiera porque resquebrajaría todo a su paso. —Claro —dijo, no con la rapidez acostumbrada. La excusa de que tenía que ver a Jeannine o que había quedado con Nathaniel se quedó reposando en el fondo de su garganta. Había algo en los ojos de su hermana que le hizo aceptar, que le hizo creer que las cosas habían cambiando. O había sido demasiado ya. No supo decir si aquello le asustó o le consoló.

Seguir a su hermana a través de los pasillos de la mansión se le antojó extraño. Lejano. Olvidado. Sin embargo, había recuerdos, costumbres y manías que siempre seguían bajo la piel. El problema era que Balthazar no estaba seguro de si podría volver a vestirlos. Balthazar había llegado incluso a sonreír de manera ladeada cuando descubrió la proposición de su hermana. La acción era tan mundana, tan propia de ellos y tan alejada de lo que cualquiera podría pensar de los mellizos Holdsworth que Balthazar se llegó a sentir por un momento en el pasado apoyado contra la pared de la bodega. Si olvidaba que la conversación se parecía más bien a las que tenía con sus compañeros de trabajo. Si dejaba de lado que había una separación física patente entre ellos. Ya se habían movido antes al compás del otro, pero hasta ahora siempre había sido para acercarse o acomodarse, no para mantener las distancias como si el contacto quemase, como si fuera a alterarlo todo. Más todavía. Balthazar hubiera dado cielo y tierra por poder volver al momento en el que su hermana se había tumbado sobre sus piernas y él había sostenido el huevo de dragón que le había regalado. Y las cosas ya habían iniciado su cambio en aquel momento, pero echar la vista más atrás llegaba a doler. Y Balthazar no podía permitírselo. No era su alrededor lo que había cambiado, el rubio sentía que él mismo lo había hecho.

La pregunta que vinó rompió el equilibrio de aquella conversación, que parecía haber sido sellada bajo un trato de no tantear el terreno hasta ese momento. Un escalofrío recorrió su cuerpo y sus facciones cambiaron rápidamente. No tardó en volver a su rictus tranquilo y sereno; pero el dolor, la inquietud y la carga que había llevado desde inicios de febrero había sido evidentes en su rostro. Jeannine se había convertido en un problema pero aún así seguía queriendo salvarla a cualquier precio. Porque si Jeannine caía lo harían todos y Balthazar no podía permitirse que nada dañase a Georgine. Todo estaba demasiado enlazado en su mente. —Más difícil que de costumbre —confesó. Debía haberse callado, debía haber guardado bien sus sentimientos pero era Georgine y el vino había bajado sus barreras. Aun así, Balthazar no le había contado a su hermana —algo impensable en otra época— que Jeannine había descubierto su secreto y todo había ido cuesta abajo desde entonces. Alzó los ojos sin saber muy bien que podía decir en la situación en la que se encontraban. No quería confesar y la pregunta que le hubiera salvado de centrar la atención en su prometida no podía formularse. No podía preguntar por Ben y no quería —ni debía— preguntar por el Wood. Pese a todo, ambos se conocían lo suficiente, lo habían hecho durante toda su vida, como para saber cuál habría sido la pregunta de Balthazar de haberse producido. Y, por ello, quedó flotando en el aire, enrareciéndolo aún más.

¿Cuándo se había vuelto todo tan difícil?


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Re: Let the water lead us home | Balthazar

Mensaje por Georgine F. Holdsworth el Mar Feb 02, 2016 6:03 am

Se mordió la lengua nada más enunciar su pregunta, arrepintiéndose de inmediato de haber puesto en peligro aquel singular oasis al que habían ido a parar. Pese a todo, su voz interior le decía que debía dar respuesta a toda duda que hubiese tenido en relación al desarrollo de su relación fraternal. Sentía que habían dejado pasar demasiado tiempo y, aunque le hubiese gustado entrar en detalles en alguna otra ocasión más apropiada, sabía que jamás tendría el valor que sentía en aquel momento para adentrarse en aquel terreno.

De soslayo, miró la copa que sostenía y después se la llevó a los labios. No tardó en acabar con el poco contenido que quedaba en ella de un trago y mucho menos en alcanzar la botella abierta que se hallaba entre ambos para volver a servirse. "Lo vas a necesitar". No tardó en confirmar aquel pensamiento, al percibir el cambio de actitud de su hermano. Contempló y escuchó con amargura el tono que Balthazar utilizó a la hora de dirigirse a ella, pensando en que se había convertido en una extraña más con quien guardar las distancias. Aquello solo le hizo arder la sangre en las venas pues no entendía bien cómo habían llegado a ese punto, aunque también le instó a dejarse caer en el juego tan peligroso en el que habían entrado, cumpliendo su parte con diligencia.

Dando aun sorbo a su copa, alzó la mirada mostrándose interesada en el tema, como si en vez de su futuro –el de ambos– estuviesen hablando ode trabajo, de visitar el hospital o de cualquier otra trivialidad sobre la que en otras ocasiones no se habrían molestado en perder demasiado tiempo. Asintió con una extraña frialdad en sus facciones, mostrándose relativamente comprensiva.

¿Difícil? —preguntó mostrando cierto asombro, pues consideraba que Jeannine era, de entre todos los calificativos que se le podían ocurrir, lo más simple que había tenido el placer o la desgracia de haberse echado a la cara —. No he escuchado ninguna queja por parte de madre, tampoco de la abuela, padre sigue emocionado... No me puedo imaginar qué complicación puede haber de por medio si el compromiso sigue en pie —comentó, impregnando sus palabras de una ligereza que no existía buscando una confirmación que no necesitaba —. ¿Hay algo en lo que pueda ayudar? —agregó, mostrándose comprensiva, aunque lo único que quería saber de su futura cuñada era que no iba a convertirse en aquello mismo.

Quizá podría utilizar lo que fuese que estuviese ocurriendo entre Balthazar y su prometida para ganar el terreno que había dado por perdido. Quizá no. Sin embargo, con Lucille muerta y Chase en prisión, Georgine necesitaba algo a lo que aferrarse como un clavo ardiendo.


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Re: Let the water lead us home | Balthazar

Mensaje por Balthazar A. Holdsworth el Vie Feb 26, 2016 11:34 pm

Jugó con la copa. Observaba como el vino se balanceaba de un lado al otro mientras su muñeca hacía los círculos que dirigían el líquido. Si fuera tan sencillo manejar la vida... Pero Balthazar nunca había deseado un fácil y cómoda y allí tenía frente a sí lo complicado que podían llegar a ser las cosas. Pero aquello tendría su recompensa. Tendría que tenerla. Su objetivo todavía brillaba al final del tunel. Y lograrlo era lo único que iba a conseguir salvar todos los sufrimientos que había tenido que arañarse en el alma y los obstáculos que había que tenía que derribar. Tenía que merecer la pena o Balthazar se volvería loco. En cierta manera, Balthazar anhelaba el futuro más que el pasado. Quería que su vejez llegase ya. Encontrarse con todo hecho y orgulloso de ello. No era un cobarde, simplemente, estaba cansado.

El tono asombrado de su hermana estuvo a punto de hacer que el rubio apretase en su puño la copa. Sin embargo, sabía que no quería cortes en sus manos y se contuvo. Balthazar siempre había pensado antes de actuar. Menos con Georgine, pero ahora también con ella. Aquello había sacudido su corazón hasta endurecerlo. El mayor de los Holdsworth nunca había pensado que podría ser más apático. Sonrió de medio lado y río. Irónico. Desquiciado. ¿Dónde estaba su bálsamo de antaño? —La única razón que ellos no pueden oír —gruñó y, luego, matizó—. La única razón que nadie puede saber. En otro tiempo, su melliza no había entrado en ese nadie. ¿Y tan difícil era contárselo? ¿Tan difícil era ser egoista y reclamar para sí lo que una vez había tenido?

Pero no lo hizo. No se sentía preparado para contarle su error. No podía decir que había fallado. No podía decir que había perdido su control solo durante unos minutos y lo podía haberlo echado todo a perder. Al menos, Jeannine estaba lo suficientemetne asustada como para cooperar. Alzó los ojos y los enfocó en los de su hermana. Dos orbes tan similares como gemelos. Y lejanos ahora. Pero sabía que podía hacerla feliz. Al menos, levemente. —No te imaginas lo cerca que has estado y estás de ver cumplido tu deseo. No sabes lo cerca que ha estado de romperse todo —reveló sin dar información. Pero Balthazar había tenido que remendarlo porque no podía dejarlo al azar y porque, en el fondo y de alguna manera extraña y retorcida, ya no deseaba, como Georgine, que el compromiso se rompiera. Había jugado demasiado. La pregunta de su hermana restalló en sus oídos y el rubio volvió a sonreír. Esta vez, dulcemente. El vino había conseguido adormecer sus actitudes afiladas, el vino volvía a sacar a flote cómo quería ser Balthazar con Georgine. —¿Puedes borrar el pasado, Georgie? Entonces, puedes ayudarme —dijo. Luego, bajó la mirada y la clavo en el brazo que tenía la Marca, oculta tras las mangas de la ropa. Casi se echó a reír. —A tí te he salvado. Si no, te dejaría asustar también a Jeannine —dijo, casi explotó. Balthazar había desvinculado a Georgine de cualquier vínculo que Jeannine había establecido entre los mortífagos y él. Su hermana tenía que estar a salvo, aunque él cayera. Estaba perdido y necesitaba que Georgine fuera timón. ¿Entendería ella lo que estaba diciendo? ¿Le perdonaría lo de Chase? ¿La había salvado realmente o solo era un espejismo?


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Re: Let the water lead us home | Balthazar

Mensaje por Georgine F. Holdsworth el Mar Mar 15, 2016 5:01 am

Merlín, como dolía.

El jugar con el otro, el tira y afloja, el rondarse sin terminar de atacar. Jamás se habían visto en una situación así, nunca habían tenido que mostrarse prudentes, ni distantes. Se estaba esforzando por evitar pensar en la hostilidad y la desconfianza, aunque de haber sido alguien testigo podría haber palpado ambas cosas con una facilidad rayana en lo asombroso. La ausencia de franqueza, las verdades veladas... Ya no eran nada. Se habían perdido y el solo pensarlo era agotador.

La risa de Balthazar le hizo estremecer. ¿Quién era? Tenía la sensación de que no era más que un desconocido, una sombra de alguien a quien alguna vez creyó conocer. Era aterrador y, mientras solo quería abrazarle, llorar y suplicar que volviese, sabía que era demasiado tarde, que solo le pagaría con otra risa como esa que aún resonaba en sus oídos. Se puso a raya, luchando por mantener sus emociones ocultas, tal y como habría hecho se ser Balthazar alguien completamente ajeno a ellos; a ella.

Sus palabras le confundieron pues, aunque creía intuir su implicación, no conocía exactamente donde radicaba la revelación de su hermano, si es que podía atribuirle esa definición. No dijo nada, no le cuestionó. Solo aguardó sosteniendo la mirada sobre la suya; un desafío, una tentación de sentencia. Lo que dijo a continuación le puso la miel en los labios, quería saber más, deseaba comprender a qué se debía esa desconocida cercanía con el anhelo que tanto tiempo había guardado en secreto. Aunque, secreto era una palabra poco adecuada pues Balthazar, una vez más parecía comprenderla como si viviese dentro de su propia mente y puede que sí lo hiciese. Nunca había articulado su rechazo por el compromiso abiertamente, solo sus dudas al respecto, pero Balthazar la conocía mejor que nadie y sabría leerla aún sin usar la magia.

No se lo negaría, aunque tampoco incidiría más en su implicación, era inútil pues de algún modo se había dado por vencida. Quería que su cuñada por imposición desapareciese de la faz de la Tierra, sí, pero no se lo admitiría con esa crudeza pues jamás, por muy deteriorada que estuviese su relación, buscaría herir tan a la ligera los sentimientos de su mellizo. La pregunta de éste y su sonrisa —esa sonrisa—, la desarmaron. Siguió con la mirada la dirección en la que apuntó la de su hermano e inconscientemente, se estiró la manga del brazo izquierdo manteniendo la marca más oculta de lo que había estado hasta entonces —. ¿De qué hablas, Balth? —le preguntó, con una creciente preocupación y unas nuevas sospechas agolpándose en una alarmada parte de su mente —. Salvarme, ¿de qué? —añadió dando un paso hacia él mientras echaba la vista atrás, allá dónde una vez había temido por Chase, su reacción y todo lo que podía haber pasado si no hubiese tenido tanta suerte.

Lo que no sabía, es que ambos, aún sin hablarse, estaban jugando sus cartas del mismo modo. Tampoco sabían, al menos ambos, que si alguno de los dos estaba poniendo en peligro al otro, esa era Georgine con sus dudas y su búsqueda de redención. Si Chase decidía confesar o le obligaban a hacerlo, ella sería la primera en caer y, aunque Wood no supiese más que lo necesario como para haber perdonado su error, las fuerzas opuestas a los suyos lograrían abrirse camino hasta la cúpula a través de los Holdsworth.

No sabes lo que estás diciendo —murmuró más para sí que para él, perdida en la incertidumbre.


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Re: Let the water lead us home | Balthazar

Mensaje por Balthazar A. Holdsworth el Miér Abr 06, 2016 10:44 pm

Aspiró aire y llenó sus pulmones hasta que el oxígeno en ellos dolió. Se suponía que aquelo era estar vivo, pero a Balthazar le ardió como estar en el infierno. Posiblemente, era lo único que se merecía o lo que otros creían que merecía; según él, estaba haciendo una obra de magnitud divina, estaba arreglando un mundo podrido. Y, por eso, todo merecía la pena. Era el mejor regalo que podía entregarle a su hermana y dejarle a los que vendrían. Por eso había luchado todos aquellos años —tanto en silencio en sus años de adolescencia como directamente al ver renacer a los mortífagos—, ¿no?

La primera pregunta de su hermana escoció. Escoció porque no podía hablar. Porque no quería hablar más. Porque no quería fallar delante de ella, porque ya las cosas no estaban como antes, porque Georgine había dejado de ser la llave del baúl de sus secretos. Le irritó la piel tanto que quisó arrancársela. Errar y no compartir el peso con su hermana era algo ajeno a él, incluso cuando había pasado meses sin soportar los fallos de su hermana. El último —aquel que había arañado de verdad la piel de Georgien hasta hacerla palabra— había sido duro, pero lo prefería al vacio. —Olvídalo —pidió—. Es lo mejor para todos —sentenció. Cargaría sus pesares solo, igual que los héroes griegos.

La segunda duda de su hermana quemó. Quemó porque su silencio seguía siendo obligatorio y quemó porque ella no tenía que cuestionar que la salvase. Era lo único que siempre se le había dado bien hacer a Balthazar, en lo único que siempre había acertado a cada milímetro. Pero, lo cierto, es que había comenzado a olvidar cómo hacerlo y había acabado perdiendo el paso. La caída había sido demasiado dura. Alzó el vaso, como si lo alzase en honor a su hermana, y acabó con lo que quedaba en él. Quizá, se estaba volviendo loco. Lo seguro es que se estaba sumiendo en un mundo demasiado oscuro dentro de sí. —¿Importa? Sabes que es lo que más me ha importado siempre. Que estés bien —susurró inclinándose ligeramente. Que fuera feliz era una empresa de mayor envergadura, pero Balthazar la hubiera luchado gustosamente.

La sentencia de ella le revolvió del todo. Le dio cuerda. Le activó. Balthazar se puso de pie con brusquedad. Quizá, si quería seguir luchando. Quizá, no quería que Georgine se alejase de él. Quizá, quería volver a darle a su hermana todo lo que habían sido. Solo quería recuperarla, aunque fuera por una noche. Se movió hacía la colección de botellas más cerca y las observó con una furia grabada en los ojos casi impropia de él. Impropia del joven de mirada helada. El fuego llamaba en sus ojos, pero no eran solo llamas de furia. Eran de mucho más y, pese a la negrura que estaba asolando su corazón en los últimos tiempos, había luz. Porque creía en lo que hacía. Cogió una botella, se la enseñó a Georgine y antes de que diera el visto bueno procedió a abrirla. Habló mientras lo hacía. Tanto como descorchaba la botella, se destapaba a sí mismo. Porque era Georgine y ese era el verdader orden del destino.

Lo sabe, Georgine, lo sabe —dijo, su tono entre un lamento y una liberación—. Fue apenas un error. Un momento de descuido. ¡Qué iba a saber yo! La vio y creo que puedes imaginar el resto —comentó. El corcho se le resistió pero al final se hizó con él. De pie, sentía como el alcohol anterior sí había hecho estragos en él. Su lengua parecía incontrolable. —Yo no quería que se enteresa. Admitámoslo, Jeannine no es ni de lejos una digna luchadora de nuestra causa. A ella esas cosas le dan igual. No tiene claro lo que hay que defender, solo ve... solo ve los medios, no el fin. Y no le gustan, por supuesto, porque tiene que ser un ángel para hacerme ver demonio —gruñó y la botella se le escurrió de las manos. Estalló en el suelo y Balthazar cerró los ojos y apretó los puños. —Pero no importa. Cree que soy el único culpable y, aunque se imagino que estarías metida en todo esto, consigue que lo olvidará —resumió, miró a su hermana y se encogió de hombros—. De algo tenía saber esta mierda entre nosotros. De algo tenía que servir esta lejania, ¿no? Al menos te salvará si ella se va de la lengua —esclamó. Luego, volvió a mirar las botellas de vino sin recoger la que había quedado hecha añicos en el suelo—. ¿Cuál te apetece? —preguntó. Se apoyó contra la estanteria y suspiró. —¿Por qué es tan difícil, Georgie? ¿Es que pedimos demasiado?—acabó.  Exhaló, había puesto todas las cartas sobre la mesa. Él, que nunca se descontrolaba ni un ápice. Sabía lo roto que estaba todo, él y la relación con su hermana, pero una reparación baratera y momentánea le servía. Mañana sería otro día.

Miró a su hermana, su clavo ardiente al que agarrarse a pesar de todo.


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Mensaje por Georgine F. Holdsworth el Jue Jul 07, 2016 6:00 pm

Olvídalo. En otro tiempo, escuchar aquella palabra de labios de su hermano habría sido un hecho inaudito. En los tiempos que corrían, sin embargo, esa y otras evasivas eran el pan de cada día. Los secretos que se ocultaban mutuamente iban acumulándose, abriendo cada vez más la dichosa brecha que se había abierto entre ambos. Georgine no puedo evitar el gesto ligeramente incrédulo que tomó posesión de sus facciones, aunque siguió en silencio, como si estuviese esperando que milagrosamente su hermano pusiese voz a lo que sea que se le estuviese pasando por la mente. Estaba preocupada, sí, pero también frustrada como no lo había estado nunca antes. No podía comunicarse con su hermano y, si no podía hacerlo ni siquiera con él, ¿qué iba a ser de ella?

Claro que importa, por supuesto que lo hace —respondió, intentando mantener a raya su temperamento.

Quería dejar de jugar, solo necesitaba respuestas, aunque parecían seguir inmersos en esa espiral de mentiras en la que habían caído hacía más tiempo de lo que a Georgine le hubiese gustado. Pese a todo, se creyó todas y cada una de las palabras que le dedicó su hermano a continuación, porque manifestaban sus mismos intereses.

Eso es lo mismo que me importa a mi, Balthazar, quiero que estés bien, que estemos bien... —dijo acercándose a su vez buscando sus ojos.

Iba a continuar, iba a decirle todo lo que le habría dicho en otras circunstancias, mas no tuvo tiempo. Balthazar se levantó y Georgine hizo lo propio como un acto reflejo. Con un gesto de la mano le informó de que no importaba qué vino eligiese; cualquiera bastaría si así conseguía rascar unos segundos más de su compañía.

Cuando su mellizo retomó la palabra, le dio un vuelco al corazón. Jeannine lo sabía y Chase también. Mientras un atisbo de pánico hizo presa de ella, un alivio relativamente enfermizo y completamente demoledor comenzó a contrarrestarlo. No había sido la única en destapar el lado oscuro de los Holdsworth, ya no. Como todo idiota en su situación, sintió tal consuelo que se negó a luchar contra él; cada palabra de Balthazar era una liberación a la que estaba dispuesta a dar la bienvenida. El alivio era tan grande que no se dio cuenta de que a causa del mismo había apoyado la espalda contra la estantería más cercana, ni de que se había llevado la mano al pecho como si acabase de terminar de correr una maratón. Solo fue consciente de su posición cuando escuchó el vidrio estallar contra el suelo, aunque no pudo prestarle menos atención.

Él también lo sabe —confesó ignorando su pregunta sobre el vino, centrándose en que no todo era tan horrible como ella lo había pintado —. Chase lo sabe, vio la cicatriz y... —añadió alzando la mano derecha —. No he podido mentirle más, ya no, sospechaba demasiado y no pude seguir ocultándoselo, Balth, se lo dije, soy una estúpida, pero juró no contar nada y no lo ha hecho —. No tenía ni la menor idea de por qué estaba haciendo aquello pero ya puestos a confesar, consideró que no habría un momento mejor —. Mierda, Balthazar, me quiere y sé que no dirá nada pero tengo miedo porque no puedo seguir así, ni seguir con nada de esto —prosiguió mientras se acercaba a él —. Estoy harta y no sé si pedimos mucho, pero creo que merecemos algo mucho mejor que lo que nos están dando y que puede que no sea demasiado tarde para nosotros —concluyó, tratando de sopesar cuánto de aquello había sido ella y cuánto había sido el vino.


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