JULIO DEL 2025.
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We might not make it home tonight — James.

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We might not make it home tonight — James.

Mensaje por April E. Goldworthy el Miér Dic 23, 2015 6:37 pm

Tears are words the mouth can't say nor can the heart bare.”
Joshua Wisenbaker

No le gustaba la sala de espera. No le gustaba el sonido del Mar del Norte. No le gustaba cómo los guardias arrastraban los pies al caminar. No le gustaba el silencio que reinaba el lugar. No le gustaba el aire gélido –probablemente psicológico– que envolvía el lugar. No le gustaba el color de las paredes. No le gustaba el olor a encierro y aislamiento. No le gustaba que pese a la aparente ausencia de dementores, fuese imposible no sentir como aquella prisión te robaba vitalidad, felicidad y una parte de ti. No le gustaba la indiferencia y el tono frío de los trabajadores de aquel lugar. No le gustaba tener que morderse la lengua. No le gustaba la presión añadida que le suponía estar en una prisión. No le gustaba que su mente estuviese trabajando en tantos temas a la vez. Detestaba que ni teniendo un dolor de cabeza continuo fuese capaz de acelerar el proceso. No le gustaba  que los días estuviesen avanzando. No le gustaba la ausencia de cambios. No aguantaba la falta de soluciones. Por supuesto, aborrecía tener tantas ganas de llorar. Pero, por encima de todas las cosas, no era capaz de soportar el encarcelamiento de esas –y esa- personas. Prefirió no mirar a la cara a los guardianes para evitar los nervios. Así mismo, prefirió mirar el suelo para apartar de su vista aquellas paredes venenosas. Optó por tomar aire para intentar relajarse. Apretó los labios para no hablar porque tenía aquella extraña sensación que le aseguraba que cualquiera mirada o palabra podrían causar que se echase a llorar: y, como siempre, no quería que eso ocurriese.

Conforme llegó su turno, April puso un relativo interés en escuchar las normas que el guardián le estaba relatando. Conforme llegó a la novena o décima palabra, no dudó en dejarse llevar por sus propios pensamientos y se dedicó a fingir que le escuchaba. No le interesaba lo que decía porque simplemente estaba consiguiendo que cada vez sintiese más rabia.— Vale. —Se limitó a pronunciar. Si obedecía, era simplemente para no causar más problemas. La habitación de visitas resultó ser igual de fría que la de espera. Tomó asiento conforme se lo indicó: no tardó mucho en percatarse de que la silla estaba ligeramente coja. Aquel irrelevante hecho le disgustó, irritó y cabreó mucho más de lo normal. ¿Tal vez porque eran vidas enteras las que cojeaban y no sólo una silla? Volvió a coger aire. Escuchó por pura suerte al guardia informando que iría a buscar al preso.— Bien. —Respondió nuevamente por responder. Una vez que el hombre abandonó la habitación, April centró su mirada en la silla que tenía delante de sí. Nuevamente, no le gustó verla ahí. La observó como si pudiese obtener algo de ella, la analizó como si fuese algo más que un simple mueble. Al igual que había ocurrido con la suya propia, la visión de la que iba destinada para James hizo que la rabia volviese a aparecer. Esa silla no debería estar ahí porque, para empezar, ninguno de los encarcelados debería estarlo. Notó como las lágrimas anteriormente controladas volvían a querer hacer acto de aparición. Esa silla no debería estar ahí porque ella misma ya debería haber hecho algo para que no fuese necesaria. Evitar que aquellas nuevas lágrimas avanzasen estaba siendo mucho más difícil que anteriormente. Esa silla no debería estar ahí porque era símbolo de algo que no debería estar pasando y, por ello, no pudo aguantarse.

Le dio un patada una de las patas de la silla porque, como buena cría, intentaba evitar exteriorizar ciertos sentimientos mediante el uso de otros. En aquella ocasión no le funcionó, porque las lágrimas acabaron por escaparse igualmente. Colocó las palmas de ambas manos sobre el asiento de su propia silla y ejerció algo de fuerza sobre el mismo: respiró e intentó relajarse, pero, nuevamente, distó mucho de ser posible.— Estúpida silla. —Alguien tenía que tener la culpa. Separó las manos del asiento y las llevó a su propia frente. Intentó relajarse y pensar con claridad. Trató de decidir qué sería adecuado decirle y qué debería callarse. Procuró recordarse que tanto ella como Katerina ya tenían alguna que otra plan en marcha, pero, para su desgracia, aquello tampoco le funcionó. Después de todo, a veces el coraje no era suficiente para acabar con la tristeza. Respiró tan sólo para notar un dolor en el pecho al hacerlo: congoja que, sorprendentemente le ayudó a relajarse. Se pasó ambas manos por los ojos para limpiar los restos de aquel líquido no deseado: las consideró inútiles porque aquellas lágrimas no habían acabado con la tristeza. Intentó recuperar –o más bien fingir– una expresión más natural y tranquila. Procuró dejar de lado la expresión adolorida porque dos caras tristes no ayudarían en nada, lo intentó porque después de todo, April en algunas cosas no cambiaba. Creyó conseguir recuperar la tranquilidad: olvidó que al igual que oír no es lo mismo que escuchar, un rostro ausente de lágrimas no trae consigo una mirada feliz. Conforme la puerta se abrió, se lanzó a hablar.— ¿Se puede saber por qué sieeempre tardas tanto? —Se quejó simplemente para demostrar que todo seguía igual. Olvidó la silla y se dedicó a observarle a él con suma atención. Así mismo, decidió alejarse de preguntas estúpidas. Buscó heridas, marcas y señales y procuró que no se le encogiese demasiado el alma. Así mismo, decidió alejarse de preguntas estúpidas. Dudó qué decir y qué expresar pero, al final, decidió que lo mejor sería empezar diciendo una verdad.— No nos hemos olvidado de ti.


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Re: We might not make it home tonight — James.

Mensaje por James S. Potter el Mar Feb 09, 2016 3:34 pm

Alzar la cabeza y mirar al cielo podía ser un buen sucedáneo de la libertad. O, al menos, era el mejor que James tenía. No le gustaba mirar a través de la ventana de su celda, el mar embracido solo le traía recuerdos oscuros; pero el cielo eternamente nublado que veía desde el patio de recreo de la prisión sí le gustaba. Era lo único que disfrutaba de aquellas supuestas salidas porque, al fin y al cabo, la única diferencia era que había cinco paredes en lugar de seis. Además, mirar el cielo era lo único que le permitía no tener que hacer contacto visual con el resto de prisioneros de Azkaban que pululaban a sus anchas por aquel patio del interior de la prisión casi como si fueran los dueños del lugar. Es que algunos han vivido más tiempo aquí que es su casa. Aquel pensamiento nubló los ojos del viejo león. Su cuello dolía de lo rígido que lo ponía para observar el cielo, casi había un gesto de arrogancia en aquel alzar de barbilla. Su tía le había dicho que era mejor observar al personal y Winnifred a veces se le unía para jugar a adivinar formas en las nubes. Pero los nubarrones solían ser tan gordos que ni formas dibujaban. Lo único que todavía suponía un deseo y una curiosidad para James en aquel patio era el grupito que se reunía en un rincón fingiendo jugar al quidditch. Sin escobas, como era comprensible. Y sin snitch, por supuesto. Pero un pseudo-quidditch algo más parecido a un juego muggle, al fin y al cabo. Aun así, la perspectiva de unirse a un grupo de asesinos y viejos mortífagos todavía no le había seducido lo suficiente. Estaba desesperado pero todavía conservaba un poco de dignidad e ideales en su interior.

En el fondo, casi había aprendido a disfrutar del tiempo que tenía para que el viento les diera en la cara. Por ello, frunció los labios cuando el grito de un guardia le hizó bajar su vista y fijarse en los rostros. A Hermione le faltaron segundos para coger la mano de James. —No, no tengo turno de nada hoy, creo —le respondió a su tía. Entonces, el guardia volvió a gritar su nombre —consiguiendo que la mayoría de los presos se volvieran a mirar a los seis intrusos— y añadió información nueva. Visita. Visita que sería informada de que no se le permitían visitas, si no se daba prisa. El joven Potter se levantó con rapidez y avanzó hacia la puerta del patio. Por una vez, no le importó que se le recortará el tiempo fuera. Al pasar por delante del guardia recibió un golpe en la parte trasera del cuello por haber tardado y James se permitió gruñir flojito. Había aprendido a leer a los guardias y conocer con quién podía pasarse y con quién no. Aquel no era de los peores pese a sus reacciones bruscas.

La perspectiva de la visita le pusó nervioso. Sus padres y su hermano todavía no habían pasado por allí —y aquello había hecho las peores pesadillas de James—. El joven ya no sabía si se les ponía algún impedimento a los de fuera para verlos, por el tema de la prisión preventiva, o había sucedido algo. El joven Potter no quería pensar que alguien estuviera guardando las apariencias, solo quería ver más caras conocidas. Al menos, Katerina había estado allí para sorpresa del preso y había visto a otros familiares de refilón o escuchado de ellos. Quizá, porque no quería hacerse ilusiones sobre quién habría detrás de la puerta para que, luego, resultase no serlo; quizá, porque James podía decir que la esperanza sí se perdía; su corazón se paró al ver la figura sentada en la sala frente a una silla movida. Y, aunque James se había parado en mitad de la puerta, podía decir que ella parecía más tensa que él. El guardia tuvo que empujarle al interior de la habitación cuando la voz de April llegó a sus oídos. Aquellas simples palabras, algo que nadie esperaba escuchar en una prisión, una réplica tan cotidiana que habría hecho rodar los ojos a James en otro lugar y otro momento, hicieron que sus ojos se llenasen de agua y un par de lágrimas se deslizaran por sus mejillas.

Estaba peor de lo que había pensado. Había necesitado aquello más de lo que había deseado.

Y justo por eso no pudo permitirse no estar a la altura de lo que April pretendía. —Tenía que ponerme guapo. No fastidies. Estos pijamas son más complejos de lo que parece —replicó echando una carcajada que contrastó con las lágrimas que se habían deslizado lentas por sus mejillas. Según James, la ropa de Azkaban le hacía ver como un espárrago y le hacía parecer un fantasma —y eso que apenas se había dado cuenta de la palidez que había cogido su rostro después de aquel tiempo—. Andó por su propio pie al escuchar la sentencia de la chica. Yo creía que sí. Sorbió la nariz y cerró los ojos para no dejar caer una sola lágrima más mientras con rápidez se acercaba a la mesa y las sillas y se saltaba las normas de buenas a primeras. Sin pensarlo. Si no actuaba rápido, no podría hacerlo. Abrazó a April desde arriba y enterró la cabeza unos segundos en el cuello de la chica dónde depositó un beso rápido.

Al guardia le llevó tres segundos reñirle y empezar a caminar dentro. Sin embargo, James ya se había separado y había alzado las manos en son de paz. Una súplica en sus ojos consiguió que el guardia se limitará a reñirle, amenazar con tener que informar de aquello —el león esperaba que no hubiera represalias— y volver a repetirle las condiciones de las visitas. El viejo James se dejó ver en aquel pasotismo por las consecuencias de una rebeldía. Se sentó en la silla que para su sorpresa estaba desplazada y no en perfecto orden como todo lo demás en la sala y se apoyó en la mesa con gesto cansado. —¿Qué está diciendo la gente? —preguntó. No había tiempo. —Yo no he sido —comentó rápidamente, más por costumbre que por sentir que tenía que decirlo. Buscó los ojos de la chica. —¿Sabes algo de mis padres? Jame sí se sentía solo.



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Re: We might not make it home tonight — James.

Mensaje por April E. Goldworthy el Vie Mar 04, 2016 10:48 pm


¿Y si hechizaba al guardia? ¿y si se las apañaba para traer una plaga a Azkaban que requiriese un traslado completo? La falta de sentido de las posibilidades que se formaban en su mente no fueron suficientes para conseguir animarla. Los eventos imaginarios dejaron de sucederse en su mente cuando la tristeza se transformó en lágrimas en los ojos de James. Su cuerpo se tensó porque no estaba preparada para eso. Se le secó la garganta porque no sabía qué era lo mejor que podría hacer. Mantuvo la boca cerrada porque no sabía cómo mejorar la situación. Permaneció más quieta que nunca porque no era algo ni a lo que estuviese acostumbrada, ni a lo que se quisiese acostumbrar. No se vio capaz de devolverle el comentario porque hablar iba a causar dolor y no quería añadir más. Estaba en jaque, encerrada y atada. ¿Estancada, quizás? Sí que le siguió mirando porque, a veces, uno siempre elige ciertas cosas pese a que duelan. Forzó una sonrisa que murió tan pronto como James se acercó de más porque se encontró, de nuevo y sin posibilidad de cambio, sin saber cómo afrontar la situación. Estaba intentando no llorar, pero James no se lo estaba poniendo fácil. Estaba intentando no complicarle las cosas, pero James no se lo estaba poniendo sencillo. Estaba intentando ser fuerte, pero la situación no se lo estaba permitiendo. Tardó, tardó en responder, actuar y reaccionar porque se notaba temblorosa, pero al final subió la mano derecha hacia su nunca.— Pues vaya modelito más poco estiloso. Y… —No terminó el comentario porque su ímpetu habitual escaseaba y porque, como siempre, James la había liado. Para variar, no le irritó que James quisiese escaquearse de la culpa. Evidentemente, el tono, el gesto, la expresión y sobre todo el trato del guardia, le quemaron.

Plegó los labios y apretó los dedos, intentó hacerse la sorda para no liarla más. Intento hacerse la sorda, pero su cerebro ya había memorizado el regaño y lo había enlazado con posibles represalias. Se cabreó. Volvió a doler. Las ganas de llorar también retornaron. Escuchó las palabras y preguntas de James, su cerebro volvió a retenerlas, pero a su vez, seguía concentrada en no echarse a llorar por culpa, rabia, tristeza y otros muchos sentimientos de diversos nombres que estaban localizados siempre en la misma zona. El agua volvió a agolparse en la zona de sus ojos sin que pudiese evitarlo, para variar, sentir el motivo de esas lágrimas incipientes era mucho más fácil que explicarlo. Estiró las piernas hacia las patas de la mesa para empujarla en dirección a James con absoluta naturalidad. Con un tremendo rebote y con una bastante marcada tristeza. Mantuvo la mirada fija en el suelo porque así era mucho más fácil retenerlas.— Qué imbécil, qué estúpido, qué idiota, qué… —Murmuró y regañó de la manera que su voz se lo permitía. Porque si bien las palabras podrían parecer estar dirigidas al guardia –que también, porque aquel hombre sí que era gilipollas–, en verdad eran hacia James. Porque no quería ni que se metiese en más problemas, ni que la pesadilla que el Potter estaba viviendo pasase a denominarse infierno. Volvió a ponerse firme y recta sobre la silla: se le volvió a encoger el corazón al no saber qué palabras escoger para evitar desgastar aún más el estado de James. Se pasó las manos por los ojos y por la frente porque, aunque ella también quería hacer muchas preguntas, tampoco quería hacerlo porque responder, era rememorar. Y bastante tenía James con estar viviendo aquello. Suficiente. Innecesario. Ridículo. Horrible.

Sintió los escalofríos que presagiaban que la situación estaba consiguiendo afectarle tanto que se le estaba cortando el cuerpo. Cogió algo de aire.— Él… él ha actuado de forma rara. —No quiso usar nombres porque ya había quedado más que claro que no se podían fiar de nadie. Esperó que entendiese que se refería a Harry Potter.— Supongo que es porque le ha afectado mucho y es normal. Estará buscando una solución y no querrá perder el tiempo. —Aseguró porque no había otra explicación posible ante la extraña forma de actuar del Potter en la reunión de la Orden. No le gustó la desesperación en la voz de James aunque la entendió. La comprendió porque sabía lo que significaba la familia para él. Mucho menos le gustó enlazar conceptos y darse cuenta de lo mucho que eso le tendría que estar carcomiendo: volvió a deslizar el cuerpo ligeramente hacia abajo como si quisiese defenderse. Presa de la tensión, de la presión y de todo lo que rodeaba esas paredes.— Ella está bien. Todo lo están. Todos están todo lo bien que les es posible estar, no te preocupes. —Aseguró. No se notó tan hábil con las palabras como habitualmente, quizás porque el dolor constante de cabeza le estaba empezando a pasar factura. Quizás porque era difícil pensar en qué palabras elegir cuando había otras cosas mucho más importantes –y duras– en las que pensar. Dudó en preguntar si Albus se había pasado por Azkaban. Lo apartó de su mente. Intentó relajar la situación: le dolió el pecho de sólo pensarlo.— No me gusta el rollo Peeves que te traes, estás muy pálido. —Lo consiguió  a medias. Se mordió el interior de la mejilla con fuerza por tremendo error: reprimió las ganas de llorar otra vez.— ¡Ni que me hayas hecho venir aquí! Si casi salgo volando con el mal tiempo que hace, ni tú volarías en condiciones por aquí. —Lo consideró otro mal comentario. Demasiado ubicado en el pasado: podría escocer. Apretó los labios mientras respiraba con fuerza. No se sintió de ayuda.— ¿Y el pijama? Sin el gorro carcelero pierde toda la gracia. —Volvió a sentir que sólo estaba complicando y empeorando la situación. La sensación de tener ganas de llorar constantemente intentaba rivalizar con lo horrible que era el saber que James estaba ahí. Seguía ganando la segunda. Volvió a pasarse las manos por los ojos porque no podía hacer otra cosa.— No me escuches, no me hagas caso. Te van a sacar de aquí, ¿vale? —Bueno, eso sí que quería que lo escuchara.


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Re: We might not make it home tonight — James.

Mensaje por James S. Potter el Dom Mar 20, 2016 5:14 pm

Todavía no había procesado la visión de April en la sala de visitas. Todavía le costaba comprender por qué tenían que verse con una mesa de por medio y con un vigilante detrás de la puerta. Todavía no se hacía a la idea de que le habían cortado las alas. Sin embargo, y pese al rostro de la chica que James había aprendido a leer hacía tiempo, tenerla otra vez entre sus brazos —aunque fuera solo por unos segundos— fue como un respiro de aire fresco en aquel aire tan consumido que tenía Azkaban. El joven Potter había descubierto que tenía que vivir de aquellos escasos segundos que se le permitían. La fuerza con la que Kat se había aferrado a los barrotes, la mirada dolida de Ted, el ligero mejor humor de su tía Hermione después de una visita de Ron, los cambios de color en el pelo de Winnie y, ahora, el escaso contacto con ella. Sonrió, la carcajada se le atascó en la garganta. No era el mejor intento de broma de April y no era su mejor respuesta. Pero tampoco había habido una situación peor.

James mantenía la cabeza casi baja o, al menos, lo hizo hasta que con una nueva advertencia el guarda cerró la puerta tras de sí y se cuadró fuera de la habitación. Tampoco es que el león tuviera demasiadas ganas de alargar el cuello. No podía estirarse, se pasaba el día encogido sobre sí mismo. Así parecía que dolía menos. Se pasó el dorso de la mano por los ojos para secar las lágrimas que habían caído, sorbió ligeramente por la nariz para evitar convertir aquello en una llantina de crío y se prometió que no iba a volver a flaquear visiblemente. Él estaba viviendo un calvario, pero el rostro de ella reflejaba otro. Frenó con las manos el empuje de la chica sobre la mesa y se soltó un gemido quejumbroso. —April… —se quejó. También iba por los improperios que la morena lanzaba contra él. Fue, entonces, cuando James se permitió sonreír de medio lado. —Siempre lo he sido, no iba a cambiar ahora —aclaró—. No me van a cambiar —gruñó y prometió. Así parecía más fácil. Era algo cotidiano entre ellos. No lamentaciones. No lloros. Regañinas por la confianza, que daba asco a veces. Sin embargo, las siguientes palabras de la chica le interesaban más. Papá está planeando. No le consoló, pero sí le tranquilizó. Harry Potter tenía que poder hacer algo. Tenía que volver a hacer algo. Por una vez, no le importó quién era su padre. Por una vez, quiso clavárselo como bandera en el pecho. Hipócrita. Y, como un niño, casi volvió a echarse a llorar al querer creer las palabras de April. Su padre iba a sacarlo de allí, o su madre prendería fuego a la prisión. En el fondo, James lo sabía. Pero necesitaba escucharlo. La esperanza podía no perderse, pero sí disminuía. —Es una locura. No quiero… —empezó pero no terminó. No sabía lo que no quería. ¿No quería causarles problemas a sus familiares? ¿No les quería preocupar? ¿No quería que lo olvidasen entre aquellos muros? ¿No quería que creyesen que era culpable? Sus sentidos seguían embotados, como lo habían estado desde que pusiera su primer pie en la prisión. No quería pensar qué le había llevado a dar con sus huesos en aquellas paredes. —Me alegro. Diles que no se preocupen mucho. Por favor. Tampoco es tan…malo —mintió. Ya no se refería solo a su familia, también a sus amigos. Cualquiera del círculo de April que también conocía a James. Se llevó una mano al pelo y se lo echo hacia atrás mientras respiraba fuerte. No sabía cómo abordar el tema aunque estuviera sobre la mesa.

Desclavó su vista del tablero, cuando April mencionó al poltergeist de Hogwarts. Ladeó el rostro.  —La palidez es signo de realeza que lo sepas —comentó. Le hubiera sacado la lengua en otra ocasión—. O eso dice Winnie. Lo mismo se le ha ido la cabeza ya —terminó encogiéndose de hombros. Porque aquello le iba a pasar a alguno tarde o temprano. James ya no sabía ni que hacer para que los días no se le hicieran eternos y, a la vez, todos se le amontonasen y entremezclasen. Cerró los puños a la mención de volar. No había cosa en aquel mundo que James echase más de menos, si no contaba a las personas. Él que había tenido que estar en el aire al menos una vez en el día para sentirse persona, no soportaba no alzarse un palmo del suelo. Los ojos se le volvieron a cargar de lágrimas sin derramar, pese a que sonrió. —Alguien estará ocupándose de mi escoba, ¿no? Las buenas se joden en nada sin mimos —comentó. Al fin y al cabo era James Potter el obseso del Quidditch. Era una consulta o una advertencia, no lo sabía. —Dime que el Puddlemere no ha caído estrepitosamente en la Liga después de irme —rogó. Sin embargo, sabía que le había hecho la pregunta a la persona equivocada. ¿April enterada del Quidditch? ¿Cómo había tenido que cambiar el mundo para que eso sucediera? Los temas banales —que, en el fondo, para James no lo eran— parecían más sencillos. Lo cotidiano era más fácil. Luego, abrió los ojos como platos. —No me pienso poner un gorro ¬—advirtió. No le quedaban bien, vaya. —Y yo que me quejaba de lo que picaban los jerseys de la abuela —dijo apretando las mangas del pijama, arremangándolas y volviendo a bajarlas. Se rascó el pecho como si de pronto el pijama hubiera vuelto a dar muestras de su rigidez.

Y April paso de lo cotidiano a lo excepcional. Fue un golpe para James que le sonrió dulcemente. Descorazonado. —April, el juicio se está retrasando mucho —afirmó. No quería romper también las esperanzas de la chica, pero no quería que  sufriera más por ello. ¿Cuándo había pasado James Potter de absurdo optimista a crudo realista? Nadie lo sabía. Se echó hacia atrás en la silla, pero no pudo aguantar tanta distancia. No cuando la tenía tan cerca después de tanto tiempo. Volvió a echarse sobre la mesa y jugueteó con sus manos ene el centro de la mesa. —Pero no pasa nada. Sirius aguantó doce años. Y he conocido a un par que lleva aquí desde la guerra y todavía están bastante cuerdos —aseguró—. Creo que es la comida. Los trozos misteriosos tienen que servir de algo —comentó sin saber dónde fijar la vista. Escocía. —Pero sé que saldré —afirmó—. No estoy hecho para la cautividad aunque no haya muchos como yo en este mundo —bromeó. No es que James hubiera perdido su jocosidad, es que se había vuelto más afilada, más rebuscada, más dura. Más criminal. —¿Y el Ministerio?—preguntó. Habló como si quisiera saber del trabajo de la chica pero solo quería advertirla. Los presos creían que alguien se había confabulado contra ellos y solo una institución podía retrasar sus asuntos.



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Re: We might not make it home tonight — James.

Mensaje por April E. Goldworthy el Vie Mar 25, 2016 7:06 pm


No pensaba reconocerlo ni decirlo en voz alta: si le preguntasen por ello, lo negaría y afirmaría absolutamente lo contrario, pero en aquellos instantes April se estaba limitando a escuchar y procesar. No le mandaba callar porque era ella la que permanecía en silencio, no intentaba alzar su propia voz por encima de la de él porque no sabía qué decir. Aquel era el problema, en dicha situación residía: la tierra nunca deja de girar, pero al igual que tras un terremoto resulta difícil hacer algo que no sea gritar, cuando el suelo sobre el que pisas se raja, tus cuerdas vocales también acaban por sufrir lo mismo. Asintió con la cabeza distraídamente y miró al muro a su derecha. Repentinamente se dio cuenta de que, a diferencia de lo que había creído al llegar a Hogwarts, el mundo mágico no era tan sencillo o fantástico. Apretó los labios ante la dificultad que James también demostró para expresarse, miró al suelo y se obligó a coger aire con fuerza: lo notó cargado, le notó cargado y se notó a sí misma cargada. Quiso decir algo, pero se notó tan insegura –o, más bien, la situación le creaba tal inseguridad– que no se atrevió a hacerlo. Quizás influía que al igual que a ella, a James le costaba tratar algunos temas en particular. Quizás, al igual que la tierra nunca paraba de girar, el constante movimiento de algunos hechos también traían consigo esas debilidades. Detectó la mentira: cerró los ojos y se mordió la lengua para no saltar. Escocía. Si aquella sala era horrible, era imposible que James considerase que el interior no era tan malo. Reprimió la explosión que estaba por llegar porque él no tenía la culpa ni de lo que estaba pasando, ni de que a ella le sentase mal cualquier cosa. Se limitó a asentir fervientemente con la cabeza ante su petición.— Puedes decir lo que no quieres. —Se le escapó. No estaba segura de si realmente James quería hablar: no sabía sí, al igual que su apellido, prefería no mencionarlo mucho.— O balbucearlo, si quieres. Puedes hablarme.Por si acaso, se lo ofrecía. Se encogió de hombros e intentó sonreírle un poco.

Otro mal comentario aquel relacionado con lo mucho que les estaba afectando psicológicamente el estar ahí. Se mordió el interior de la mejilla y apretó más la espalda contra la silla: intentó llevarlo bien porque, supuestamente, ella ya creía saber qué era con lo que se iba a encontrar. La mirada vidriosa de James al hablar del Quidditch no ayudó: se sintió culpable. Echó la cabeza la cabeza ligeramente hacia atrás para poder mirar al techo, volvió a coger aire: saber qué era con lo que se iba a encontrar no incluía estar preparada. Era injusto. Se permitió, no obstante, reírse un poco ante su comentario sobre la liga: volvió a mirarle y alzó ligeramente el dedo índice.— Eh, ahora calladito, que te he traído información confidencial. —Ahora faltaba que se acordarse, claro, porque evidentemente no le habían dejado entrar con el papelito-chuleta. Esperó un par de segundos antes de volver a hablar buscando conseguir que su voz no sonase tan suave y temblorosa: no lo consiguió.— El partido con los… con los del uniforme naranja, se canceló por mal tiempo. El anterior los perdisteis, pero creo que aún tenéis un par de puntos de ventaja sobre ellos en la clasificación. —Pedirle que recordase el nombre del otro equipo ya era demasiado. Antes de que le diese tiempo a siquiera pensarlo, arrastró un poquito más la silla hacia delante.— Te está sustituyendo uno al que el pelo le llega casi por la cintura: no me gusta cómo juega ese tío. —La realidad era que, evidentemente, April no tenía ni las más ligera idea de cómo jugaba el chico aquel, pero arrugó ligeramente los labios y la nariz para darle más convicción a su argumento. ¿Y era justo que su madre tuviese que sufrir las consecuencias de algo en lo que ni siquiera se tendría que ver envuelta? Repentinamente y pese a todo, April se dio cuenta de que todo era mucho más sencillo en Hogwarts.

¿Lo peor que le podría haber dicho? quizás, recordarle lo lentamente que estaban tramitando el juicio. Confirmarle mediante palabras que, de una manera u otra, estaba perdiendo la confianza. Aunque James afirmase que no le iban a cambiar, quizás, se equivocaba. Quizás el cambio no viniese de la mano de los guardias o de la cárcel, sino de la situación. De, al no poder cambiar lo que estaba sucediendo, acabar cambiando tú mismo. Tampoco le vino especialmente bien el ejemplo de Sirius Black. Dolió. Si sucedía una vez, podía suceder dos veces, ¿no? Arañó. Reprimió las ganas de llorar y trató de no almacenar aquel comentario en la memoria. Decidió no decir nada al respecto para no complicarle más las cosas y para no hacérselo más difícil a sí misma. Cerró las manos intentando no ser tan consciente de que temblaban. Terminó de acercar lo más que pudo la mesa a la silla porque quería. Apoyó ambos codos sobre la mesa y la cara sobre las palmas de sus propias manos, porque le necesitaba. Le miró, porque . Cogió aire porque aún no tenía tan controlado aquello de no echarse a llorar.— ¿Has sentido alguna vez que no puedes contarle algo a tus padres porque crees que harán algo que sólo empeorará las cosas? Tengo esa sensación con el Ministerio. —La última reunión de la Orden no había hecho más que hacer crecer ese sentimiento. Descendió la mirada hacia la mesa: estaba tan estropeada y desprendía tan poca vida como aquel lugar.— Es… como cuando hay algo que no encaja. —Algo que impedía que las cosas fuesen bien. Repentinamente, se dio cuenta de que últimamente las cosas sólo iban a peor. Sintió un nudo en el estómago, en la garganta, en la cabeza y en el corazón. Pese a ser Gryffindor, le asustó que las cosas tan sólo fueran a empeorar.

Intentó dejar todo aquello de lado mientras estuviese con James.— ¿Pero, sabes qué? He encontrado solución a lo del pijama: puedes quitártelo. —Provocó con una sonrisita: acto seguido, volvió a reírse un poco. Sus manos, sin que ella se diese cuenta, ejercieron un poco más de presión.— No me gusta este sitio, vamos a jugar a algo. —Propuso repentinamente mientras apartaba las manos de su rostro y las colocaba contra la mesa. Temas banales, temas banales.— Adivina quién me comentó el otro día lo mucho que te admira y lo mucho que desea pedirte un autógrafo. —Le miró a los ojos retándole a que le leyese la mente. En verdad se lo estaba inventando. Otra cosa surcó su mente: se mostró ligeramente insegura. Jugueteó con los dedos.— Ayer estuve pensando en algo que te dije una vez. —Comenzó. Aquel tema, no era tan banal.Y he llegado a la conclusión de que me equivoqué al decírtelo. —Todo una hazaña el reconocer que se había equivocado. Dudó porque, de una forma u otra, aquello era terreno pantanoso.— Adivina en qué. —Pero, desde luego, aquello no se lo estaba inventando.


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Re: We might not make it home tonight — James.

Mensaje por James S. Potter el Miér Jun 29, 2016 10:24 pm

April —dijo lentamente y suspiró con pesadez—. No quiero haceros esto peor —contestó. En realidad, solo quería decir que no podía soportar que todos estuviera sumidos en las consecuencias de aquel acto que no había cometido. Pero, sin quererlo —o a drede—, había soltado su primer no quiero. Alzó los ojos hacía ella, buscando la tranquilidad que siempre había buscado a través de la mesa de Gryffindor en el Gran Comedor. Sabiendo que April estaba allí siempre había hecho todo más fácil, incluso cuando no había sabido que lo estaba haciendo. Agachó la mirada. James Potter se daba al mundo porque era fácil hacerlo cuando tu mundo no se había hundido. En aquel instante, con su mundo por los suelos, no sabía como llegar a los demás, no sabía compartirse a sí mismo. Pero era April. No habían pasado por nada peor, pero habían pasado por sitauciones difíciles, posiblemente, igual de arduas en su momento y situación.  No podía decir lo que no queria porque los demonios lo asaltarían más tarde y estaría solo para combatirlos. Pero sí podía hacer algo. —Quiero —se le quebró la voz—Quiero estar con vosotros. Quiero mandarle lechuzas a Lily, gritarle a Fred que se le va a quemar la comida, enseñarle mi primera plana en el periódico a papá y mamá, pedirte quedarme un rato más en tu casa... —empezó a decir y las palabras llegaron solas, continuaron saliendo a borbotones. Enumeró diversas acciones absurdas y cotidianas, aquellas que nunca había tenido que valorar, aquellas que eran y, ahora, habían sido. Quería que fueran, otra vez. Luego, alzó la cabeza con los ojos brillantes y se encogió de hombros. —Quiero mi vida —sentenció, como si fuera así de sencillo. Acto seguido, negó con la cabeza con fuerza como si quisiera borrarse de la piel aquella sensación. Anhelaba demsaaido y dolía, creía estar quedándose sin aire. Por ello, tenía que aligerarlo. —Estoy seguro que alguno de nuestros profesores debe estar diciendo se le veía venir, desde que hizo explotar los baños del quinto piso, lo supe. Espero tener, al menos, el era majo, saludaba siempre —comentó volviendo a juguetear con sus manos.

Enarcó una ceja, sorprendido, cuando le pilló callarse. ¿De verdad April había estado atenta? Tenía la broma perfecta en la punta de la lengua —vaya, esto tiene que ser amor verdadero—, pero James no estaba para comentarios de ese tipo y, en el fondo, no sabía si era una broma, o le gustaría no tener que tomarlo así. —Chudley Cannons —dijo entremedias, rompiendo la ordende la chica de que estuviera en silencio unos minutos. Imposible estarlo. —¡Oh, maldita sea! ¿Perdieron? ¿Ni una victoria en mi honor pueden darme? —comentó mirando al techo, fingía estar exasperado. ¿En el fondo? Le asustaba lo poco que le importaba en aquel momento que los Puddlemere quedaran fuera de la Liga. No era que no se alegrase o no se entristeciera, porque lo hacía; era que tenía muchas más cosas en mente, por una vez en la vida, que el quidditch. —¿Chukie? ¿Chukie Silverstone? —dijo—. Sí, seguro que es él. Bueno, es imposible que me lleguen a la altura, pero... quizá, les vaya bien —dijo. Aquello sí dolió. Saber que lo había sustituido, aunque supiera que era necesario, era el símbolo de lo mucho que se estaba desvinculando de su vida anterior. James no quería quedarse atrás. No quería que su vida se le escapase entre los dedos de las manos o, más bien, que alguien la derramase. Luego, una sonrisa se deslizó por los labios. Casi, casi como las de antes. —Hey, de esto a comentarista de quidditch hay un paso —bromeó cogiéndola de la mano. Gracias. Era lo que quería decir, pero había formas mejores de hacerlo.

No hagas nada estúpido —soltó nada más escuchar lo que ella tenía que decir sobre el Ministerio. Conocía a la perfección la situación que la leona estaba describiendo, sabía exactamente que haría él en una situación como aquella. Y, también, la conocía a ella. Por eso, tenía que pedirselo, pero no podía hacer que se lo prometiera. Porque ambos actuarían de manera similar y James no era capaz de ponerle limites a April —no cuando había conocido lo que era quedarse sin ellos—. Se echó más sobre la mesa. —Sí, hay algo que no cuadra. Pero nadie parece querer enterarse. Ten cuidado, por favor —pidió, aquello era lo único que podía pedir. Volvió a jutar las manos y apretarlas entre sí. —Mucha gente aquí... bueno, tienen sus ideas sobre lo que pasa fuera. Se rien y bromean porque seis angelitos hayan sido encarcelados, pero sus bromas tienen algo de verdad. Algo está pasando —dijo. Pero, ¿qué? ¿Por qué todo aquello? ¿Qué finalidad tenía? ¿A quién estaban atacando o provocando? —Aun así, el Ministerio siempre ha sido muy... precavido. Le cuesta mucho darse cuenta de que las cosas están pasando. Ya ves lo que pasó con mi padre —comentó soltando un suspiro.

El cambio de tema de April hizo que James estallase en carcajadas. Así, sin más. No se lo esperaba, pero le vino bien. De pronto sus hombros estaban temblando de la risa y una buena parte de la presión que recorría sus venas se vertió. Al menos, fugazmente el joven Potter se sintió bien Enarcó una ceja y sus labios formaron una sonrisa juguetona. —Sinceramente, me parece un mal momento para empezar a hacer caso a los comentarios de Sylvie y Kat. Pero... —dijo alzando una dedo amenazadoramente—. ... pienso recordarte que me has pedido que me desnude cuando salga de aquí —prometió y selló la promesa desabrochándose el primer botón de la camisa. Todavía con una sonrisa bailando en sus labios, enarcó una ceja y fingió pensar. —¿Dominic? Aunque Dominic debe tener cómo cincuenta autografos mios. ¿Tu madre? Sé que me adora, tienes que reconocerlo —empezó a sugerir, hasta que llegó el momento de seguir pensando una posibilidad para un tema totalmente distinto. Chasqueó la lengua. —¿Algo que me has dicho? ¿Te gusta de pronto el quidditch? —sugirió, después de la demostración de aquel dío, luego negó con la cabeza. Imposible—. ¿Vas a reconocer que no volqué yo la barca? —siguió erre que erre—. O, no sé, me cuentas demasiadas cosas a lo largo del día, no esperes que me acuerde de todas —dijo fingiendo estar agobiado, como si él pudiera molestarse por pasar tiempo con April. En el fondo, casi le daba miedo saber aquello, veía el cambio en la postura de April. —Dame una pista. No, mejor. Dímelo. Yo también tengo algo que confesarte, aunque quizá lo mio no te haga gracia. Pero tú primero —dijo. Y ya se estaba arrepintiendo. ¿Para qué iba a contarle aquella tontería a ella?



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Re: We might not make it home tonight — James.

Mensaje por April E. Goldworthy el Vie Jul 08, 2016 6:50 pm


Ella había sido quién le había preguntado aquello, ella había sido quién le había echado sal a las heridas para intentar evitar que se infectasen, por lo que ahora le tocaba a ella afrontar la respuesta. Como esperaba, fue horrible: la voz de James sonaba demasiado apagada y sus ojos brillaban demasiado. Y no era un brillo que expresase felicidad. Retuvo las manos en la mesa y se mordió el interior del labio inferior. No sabía que decirle porque, por mucho que le pesase, James no estaba diciendo más que la verdad y, mucho más habitualmente de lo que podría parecer, la verdad, dolía. Respiró profundamente: si James había hecho un esfuerzo por mostrarse, April tenía que hacer lo propio.— A lo mejor están esperando que explotes el comedor de este sitio o algo de eso. Tú verás si quieres desilusionarles. —Intentó seguirle el juego. Deslizó la mirada hacia su rostro: justo en ese momento, decidió que no la iba a apartar de ese lugar hasta que se fuera. Quería consolar y animar, sí, pero también le quería atesorar.—  La vas a tener de vuelta: versión mejorada, además. —Aseguró. Casi al instante se dio cuenta de que, a veces, cuando esperabas y confiabas en algunas cosas, te acababas desilusionando al no obtenerlas. No podía prometérselo tan a la ligera.— … en algún momento. ¿Vale? te voy a llevar a hacer parapente y ala delta, te lo prometo. Vas a retirarte del Quidditch y todo. —Se encogió de hombros y le sonrío un poquito. Le quemó no poder hacer lo que verdaderamente quería hacer. Sus comentarios con respecto a su deporte tampoco mejoraron la situación. Se tensó a causa de una cantidad demasiada elevada de escalofríos. Se tensó porque ese no era el tono de James y se tensó porque no quería saber lo que le esperaba al cruzar la puerta.

Conforme la cogió de la mano, se aferró con más fuerza a ella y tiró un poco de la misma en su dirección.— No lo creo, todo en general va mejor cuando estás . —Le concedió, aunque no estaba diciendo ninguna mentira. Y, en esa ocasión, esperaba que la verdad no doliese tanto. Arrugó ligeramente los labios.— Hey, —Le imitó con una sonrisa traviesa. La fuerza que estaba ejerciendo sobre su mano descendió: en su lugar, optó por acariciarle un poco la palma de dicha extremidad.— de esto a que aproveche ese puesto para impugnar la existencia del Quidditch, también hay un paso. —Siguió con su  broma. Nuevamente, las siguientes palabras de James, le impidieron mantener la sonrisa. ¿Y qué era para él algo estúpido? si lo que hacía lo hacía por las personas a las quería, April no podía considerar esas acciones como estúpidas. Estúpido era que él estuviese ahí. Conforme él se echó sobre la mesa, ella no dudó en aprovechar la oportunidad para dirigir la mano hacia su pelo. Una vez que tuvo un mechón atrapado, revolverle el resto fue sencillo.— Puedo intentarlo.No le podía ofrecer más. La mano que estaba en su pelo, bajo hacia la zona entre el cuello y la oreja. Efectivamente, tal y como creía, lo que a James le esperaba una vez acabada la visita, no le gustaba. Se aferró ligeramente a uno de sus mechones para que no le temblase la mano.— Entonces, sé precavido tú también. —Y en esa ocasión, fue a ella a la que se le quebró la voz. Y no porque no pudiese esperar más, sino porque, básicamente, no quería esperar.

Justo cuando él comenzó a reírse, April apartó la mano de su pelo. Su risa le hizo sentirse bastante mejor. También ayudó a que su tensión se redujera y se relajara. No es que no le gustasen las sonrisas a medias que le había estado mostrando hasta ahora, sino que, simplemente, detestaba que no fuesen verdaderas. Por ello, que se riese de verdad ayudó a que el corazón le doliese un poquito menos. Cuando él alzó uno de sus dedos, April no dudó en darle un pequeño manotazo.— Sh. —Le sonrío un poquito mientras volvía a encogerse de hombros.— Tranquilo, ya te lo recordaré yo también. ¿Te lo prometo? —Y ahí fue cuando ella se río. Después de que él pudiese hacerlo, ella se sentía con algo más de capacidad para poder seguir su ejemplo. La risa se convirtió en una sonrisita ante sus intentos (fallidos) de adivinar la respuesta a su pregunta. Movió la mano de un lado a otro.— Mi madre te quiere a ti más que a mí, pero en verdad me lo estaba inventado: no te veo rápido hoy, James. —Alborotó para luego chasquear la lengua. El ritmo y el tono de la conversación, también le ayudó a sentirse un poco mejor. El tener que hacerle llegar en qué se había equivocado, no tanto. No sabía cómo decírselo. Le daba miedo no elegir las palabras correctas porque no quería que James se fuera de ahí con un mal sabor de boca. Se colocó un mechón de pelo tras la oreja y por primera vez en todo lo que llevaba ahí, le costó mantenerle la mirada.— No sé cómo decírtelo. —Reconoció. Esperó un par de segundos hasta que, finalmente, decidió intentar, simplemente, expresar lo que sentía.— Cuando dejé de llamarte por tu apellido lo hice para que no te sintieras mal, para que no te sintieses comparado. —Comenzó. A partir de ahí, comenzó a sentirse algo más segura con las palabras: ello no quitó que jugase con sus propias manos.—  Pero hacer eso es como decir que tu apellido es algo malo. Tu apellido no tiene ningún problema, James. —Le susurró. Sentía, quizás, haber podido colaborar en qué el antiguo león pensase aquello. Separó ambas manos para volver a colocarlas sobre la mesa.— Es sólo una palabra. Tu padre es la misma persona sin ella y tú eres la misma persona sin ella. Eres el hijo de Harry Potter, pero lo importante es la palabra hijo, no el nombre. —Trató de explicarse. Desconocía el motivo, pero repentinamente, volvieron las ganas de llorar: en su lugar, le sonrío un poco.— Tú no eres él, pero él es una parte de ti, ¿no? siento haberte dicho eso. —Y una vez que acabó, se sintió más relajada. Se quitó un peso de encima. Rápidamente, siendo consciente de lo poco banal que era la conversación, volvió a hablar.— Y ahora, James Sirius Potter, —Comenzó mientras, en esa ocasión, era ella que se acercaba más a la mesa.— ¿qué es eso que me va a cabrear? ten cuidado, tengo una mesa, la he usado antes y puedo volver a usarla. —Ya, claro.


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Re: We might not make it home tonight — James.

Mensaje por James S. Potter el Vie Ago 26, 2016 2:23 am

Va a ser difícil eso de explotar algo sin varita pero... puedo empezar una guerra de comida. Winnie me ayudará seguro —sugirió encogiéndose de hombros. ¿Por qué no? Porque le volverán a partir el labio a la tejona. James agachó la mirada. Sus trastadas parecían haber quedado demasiado lejos. Echaba de menos hasta las regañinas de los profesores. Las horas en el aula de castigo no le habían entrenado para aquellas semanas entre barrotes. De hecho, no tenía nada que ver. No tardo demasiado en volver a observar a April. Sonrió de medio lado y casi soltó un bufido. No quería una vida mejorada, quería su vieja vida, con los mismo problemas, cosas absurdas y asuntos banales. No pedía más. Aunque eso de los deportes de riesgo no sonaba nada mal. —¿Alpinismo y puenting también? Por favorsolicitó sin siquiera advertir lo obvio que era lo lejos que estaba de acertar en aquello de dejar el quidditch.

Sus labios temblaron en una sonrisa y una lágrima estuvo a punto de rodar por su mejilla al escuchar las palabras de la chica. Todo en general va mejor cuando estás tú. El joven Potter guardó aquella confesión en lo más profundo de su ser para calentar su alma y combatir pesadillas en momentos posteriores, armarse nunca estaba de más. Por supuesto, April y James eran de esos que hacían llorar a moco tendido antes de hacer rodar los ojos. —Si acabas con el quidditch...entonces...posiblemente...si que acabe teniendo una razón para estar en prisión —comentó con mirada asesina. Claro que dos segundos después ya estaba medio riendo y negando con la cabeza. En otro momento, en otro lugar, James hubiera entornado los ojos al notar el contacto de la chica sobre su piel. Sin embargo, en aquel instante lo único que quería era seguir contemplando el singular espejismo que tenía delante. Intentarlo. —Supongo que me vale —aceptó. No podía pedir más de lo que él nunca estaría dispuesto a dar. —Lo intentaré —devolvió—. Fijate. Han dado con la manera de que yo parezca tranquilo. Tenerme encerrado casi todo el día —trató de bromear. Pero los chistes afilados, todavía, no eran lo suyo.

Las risas camuflaron aquel cartucho frío y desnudo. James habría dado parte de su libertad —y bien sabía él lo que era perderla— porque aquel momento fuese eterno. Casi se le hacía extraño el sonido de las carcajadas. Hacía mucho que no escuchaba algo así. El cosquilleo en la garganta era ajeno a Azkaban. El preso llegó a sentirse confundido. —Promételo, pero el destino se pondrá en nuestra contra, como de costumbre —soltó como un amante trágico. Aunque no le faltaba parte de razón. Quizá, se percató del peso de sus palabras, por lo que, alzó la cabeza y le guiñó el ojo. —Eh, estoy dispuesto a luchar contra el destino —se autocontestó. Por supuesto, sintió la tentación de mirar hacía otro lado. La prisión sacaba todo fuera de las personas, lo bueno y lo malo, lo más íntimo y lo más absurdo. Solo volvió a mirarla para fruncirle los labios en un puchero. Ni siquiera hizo mención a la buena relación que él y Céline había resultado tener, mosqueado por ser tan lento. Todavía había un resquicio de su alma de famoso que residía en alguna parte. Y las siguientes palabras de la chica ocuparon toda la atención de James. Escuchó atenta y tranquilamente. Asintió al final, justo cuando extendió las manos y volvió a juguetear con las de ella. —No lo sientas. Se acabó todo eso —informó. Suspiró pesadamente y volvió a coger aliento con lentitud—. Todo esto... me ha dado mucho tiempo para pensar. No lo entendía, nunca me moleste en hacerlo. Pero creo que estoy empezando a hacerlo —confesó—. Me siento bien siendo el hijo del Elegido, o lo haré pronto. Hablaré con mi padre. Y... —se cortó. Ni siquiera sabía que decir—. James Sirius Potter Weasley. No podía haber sido de otra manera —sentenció y fue suficiente para él, para el único que importaba. Todavía le quedaba camino que recorrer, pero había conseguido atravesar las puertas tan ferreamente cerradas en su mente y sobre sus hombros.

El acercamiento de April fue como un chasquedo delante de sus narices. ¿Para qué abriría él la boca? —En realidad, es bastante absurdo. Y más después de... en finempezó. Él sí quería saber cómo decirlo. Era una tontería, ¿no? —El otro día...bueno, he hecho un amigo guardia aquí dentro, ¿vale?... pues me preguntó que si Winn era mi novia y le respondí...—se aclaró la garganta para poner voz más seria y más no-estoy-hablando-de-nada-serio—. No, por Merlín, mi novia se llama April —carraspeó, y le quitó hierro al asunto con un movimiento de mano—. Siempre creía que la palabra se me escaparía en alguna rueda de prensa o con Lily o yo que sé —terminó agitando la cabeza. Cerró un ojo y dejó el otro abierto con precaución, como si temiese lo que vendría después. Aun así, no pudo evitar reirse. —Siempre liándola, Jamsie. Como diría mi madre —comentó. Se sorprendió. Se le hizo demasiado natural contar aquella. Quizá, no era tan difícil volver a lo cotidiano.

Pero lo cotidiano se rompió enseguida. La puerta volvió a abrirse ante el horror y la perplejidad de James. Era imposible que el tiempo hubiera pasado tan rápido. Lo sabía. Habían puesto fin a la entrevista antes de tiempo, lo podía leer en las miradas del guardia —llegó a saberlo después gracias al "amigo" que había escuchado la primera palabra—. Trató de oponer resistencia, hasta que recordó que había prometido intentar tener cuidado. Soltó un suspiro derrotado y dejó que volvieran a ponerle las cadenas mágicas para llevarlo de vuelta. Le murmuró palabras rápidas y sencillas a April. Diles a todos que estoy bien. Comprueba que Fred no esté muriéndose de aburrimiento en el piso. Sylvie ha pasado por aquí, localizala. Todo en una línea demasiado común en la prisión. Al salir, se giró para guiñarle un ojo. Había costumbres que ni el alma rota podía olvidar.



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Re: We might not make it home tonight — James.

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