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Mensaje por Ronald B. Weasley el Sáb Dic 19, 2015 6:51 am

14 de Febrero 2025
16:27 hrs.



Exhaló cansado mientras esperaba su turno para entrar a la sala de visitas. Ya había pasado más de una hora a partir de la señalada en su pase para ese día y estaba seguro de que intencionalmente lo hacían esperar. ¿Pero qué opción le quedaba? Debía ser paciente y aparentar que en su cabeza no había mas que resignación. Y en cierta forma así era, Ronald Weasley estaba resignado a que no podía acelerar las cosas, no si quería que todo marchara correctamente. Exhaló por segunda vez, con la cabeza pegada al muro mientras miraba la caja de chocolates que había comprado para Hermione abandonada sobre un escritorio ubicado a unos metros de él.

Ya había imaginado que eso podía pasar y sin embargo quiso correr el riesgo. No le permitieron entregar los chocolates porque “podían contener alguna poción que alterara la condición del reo”. Tuvo que admitir que habría sido una buena idea poner poción Magnatus o Mopsus en alguna cosa comestible, lástima que los guardias lo pensaran antes… ¿Y si sobornaba a alguno que pudiera hacerle llegar los postres?

Sacudió la cabeza para quitarse ideas extrañas de la cabeza, no quería que ella lo descubriera con ideas descabelladas en mente y sabía de sobra que la castaña sería capaz de leerlo sin mayor dificultad. Uno de los guardias se aproximó al pelirrojo y le hizo una seña con la cabeza, por fin lo dejarían pasar. –Ya conoce las reglas. – le dijo el mago mientras sacaba su varita para abrirle la puerta al supuesto jefe de aurores. Mantenerse en la silla, no abrazos ni ninguna clase de contacto físico que superara a la mesa. Y claro, nada de varitas ni chocolates…

Previamente lo habían revisado casi a totalidad. Entre cuatro paredes y en presencia de otro miembro de la seguridad de Azkaban se había visto obligado a desprenderse de la mayor parte de su vestimenta para confirmar que no portaba nada extraño y, una vez que todo fue revisado, sus pertenencias le fueron devueltas. Hasta entonces nunca se había puesto a pensar en todo lo que tenían que pasar quienes habitaban sin remedio en Azkaban y sus familias pero… ¿los verdaderos malechores tenían quién los visitara? Lo veía poco probable.

El guardia en turno abrió la puerta, cedió el paso al visitante y le dijo que no tardaban en traer a la mujer de la celda 247. Señaló la silla y no se marchó hasta que Weasley tomó asiento sobre la misma. ¿Le regresarían su varita? Ni siquiera estaba seguro de poder volver al exterior, porque si él fuese de los malos, aprovecharía la ocasión para borrar del mapa a un estorbo más. Al fin y al cabo nada costaba al Ministerio comerse unos cuantos registros y alargar eternamente las investigaciones.

Exhaló por tercera vez. Luego compuso su expresión lo mejor que pudo y levantó la cara. Las rosas rojas las mantuvo sobre sus piernas. –Dime que estas bien…– murmuró sin dejar de mirar la otra puerta que debía conectar con el pasillo por donde llegaban los prisioneros. Hasta ese día no había podido verla, ni siquiera sabía si realmente seguía con vida.


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Re: Vanitas vanitatum omnia vanitas | Priv

Mensaje por Hermione J. Weasley el Mar Dic 22, 2015 2:15 pm

Cuatro días habían sido suficientes para minar su ánimo. El ambiente en ese lugar era simplemente agotador, y eso sin contar a quienes tenían por guardias dentro de la prisión, que estaba casi segura de que parecían disfrutar de hacerles la vida más difícil estando dentro. Lo peor era no poder culparlos, claro que se sabía inocente, ella y sus compañeros, al menos la mayoría, pero sabía que si estaban encarcelados no era para tener unos días de vacaciones ni para ser servidos. El olor de la celda se le había pegado a la nariz, según ella, como si lo llevara como una capa permanente sobre la piel.

Por suerte los dejaban bañarse, poco tiempo les daban, con agua casi congelada y jabón de dudosa procedencia que en otro tiempo ella no habría querido ni usar. ¿Qué podía hacer? Permitirse decaer por completo no ayudaría a mantener el ánimo del grupo así que fingía lo mejor que podía que todo iba bien, que no extrañaba con pesar a su familia y que no estaba preocupada a muerte por sus hijos. Todos los días se aseguraba de repetirle a su sobrina que los iban a sacar pronto de ahí, pero cada día que pasaban en ese injusto encierro parecía gritarles que no iban a quedarse allí por poco tiempo y no sabía si su cuerpo iba a resistir las noches despertando a cada instante por algún ruido o algo, caer dormida al fin por simple cansancio y luego ser despertada de golpe temprano en la mañana para comenzar otro día.

El día que le habían llevado ahí se dio cuenta algo tarde de que no le había pedido a Ronald que viera el tema de sus ancianos padres que vivían al otro lado, en el mundo muggle, solo había pensado en sus hijos y había olvidado practicamente a todos los demás. La culpa la carcomía.  

No había visto dementores pero parecía no ser necesario. Había bastado de un descuido para tener que verse obligadamente con otros habitantes de la prisión. No podía olvidar las expresiones de esas almas perdidas, su rostro parecía haber revitalizado al verlos a ellos ahí. Unos incluso habían aplaudido y reído en voz alta, como si fueran la promesa de un mejor futuro. Eso la hacía temblar por dentro, el mundo estaba cada vez peor.

El día 14 había amanecido como cualquier otro, estaba casi segura que de seguir en esas condiciones deplorables más de alguno iba a enfermarse y no quería ni pensar en como reaccionaría la guardiana Riva —que era la más alterada— a alguien con fiebre o algún síntoma similar. Era indigno como los tenían ahí. Dudaba incluso de las noticias que les traían del exterior porque bien podían ser solo frases para dañarlos mentalmente. ¿Lo peor? Lo lograban.

Todos esos días y horas los había pasado sin tener noticia alguna de su esposo e hijos, por eso cuando le avisaron que tenía una visita sin decirle quién era, no pensó en la fecha sino en que no sabía cómo fingir que estaba bien. ¿Podría ver a Rose al menos? Sabía que Hugo seguro estaba en clases. Por supuesto que imaginaba que vería a toda la familia completa aunque una parte de ella le decía que era mejor que los niños no la vieran allí, seguro había envejecido visualmente esos días.

Luego de unos minutos eternos de preparación, al fin la dejaron pasar. Debía agradecer que le habían quitado las cadenas en los pies pues con eso dentro de la prisión se tardaba horas en caminar y varias veces había terminado tropezando por la falta de costumbre de llevar un peso en las piernas que no pertenecía ahí. La cabellera pelirroja que divisó le oprimió el corazón en el acto y apretó los labios mientras escuchaba las reglas por el guardia que la acercaba al lugar. La silla sería su nueva cárcel pues de ahí no se podía mover, mucho menos acercarse al hombre que amaba, y claro, tocarlo lo menos posible si no quería un castigo luego al volver a entrar.

Su expresión era teóricamente tranquila aunque para quien la conocía seguro notaría las terribles ojeras, ese traje excesivamente grande para ella que daba la sensación de que estaba bajando de peso a pesar de que no llevaba una semana, y claro, una marca en la mejilla de una situación que prefería no recordar. Al poner las manos sobre la mesa, estas hicieron chocar el metal de los grilletes que le habían puesto otra vez —los magos no conocían las esposas muggles— y pudo notar que sus muñecas ya estaban marcadas por el metal que se había encargado de recordarle donde estaba. Una venda sucia las cubría porque el primer día que le habían obligado a ponérselas, le habían roto la piel hasta sangrar.

Debía mirar hacia arriba y no a sus propias manos, pero cuando lo hizo al fin y su vista cruzó con la del Weasley, sin poder evitar las fuertes emociones por el mero alivio de verlo, comenzó a llorar. Con amargura aunque se tuvo que cubrir el rostro con sus manos temblorosas y dejar que el metal se clavara esta vez en sus antebrazos. Claro que pesaban. Logró calmarse luego de un minuto y se apretó los ojos como si quisiera exprimirlos, se limpió como pudo el rostro para recomponer la expresión y ya cuando al fin pudo alzar la voz le salió más agrietada de lo que le hubiera gustado para mantener la tranquilidad ajena—. Dime que están bien… ¿Has visto a Hugo? ¿Están cuidando de Rose? —preguntó y el hecho de poder tener noticias del exterior repentinamente la llenó de dudas—. Olvidé decirte ese día que tenías que contactar a mis padres, aunque si no les dijiste, mejor… No quiero que se preocupen aunque alguien tendrá que poner hechizos protectores, tal vez motivarlos a que se vayan de viaje —habló casi sin respirar y al final exhaló con pesar—. Ron... ¿Cómo estás? Pensé que ya no te dejarían venir y que por eso no habías aparecido —se calló al final y aunque otra lágrima trató de escapar volvió a secarla. Comenzaba a odiar el sonido que generaba el monstruo en sus brazos cada vez que tocaba la mesa.


Spoiler:
FDR: Creo que vomité pesares (?)


Última edición por Hermione J. Weasley el Lun Feb 15, 2016 2:00 pm, editado 1 vez



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Re: Vanitas vanitatum omnia vanitas | Priv

Mensaje por Ronald B. Weasley el Dom Feb 07, 2016 4:19 am

La sangre se le heló. ¡Estaba feliz de ver a Hermione en una pieza! Fue como si su corazón recordara latir después de cuatro días de muerte, pero verla entera no era suficiente. Sus ojos, los… grilletes en sus manos, el moretón en la mejilla… Si su impotencia ante la situación de por sí ya era enorme, ahora se había hecho inmensa, tan pesada que lo hundió hasta el fondo en tan solo unos segundos. El mundo no solo era injusto, era terrible. Literalmente podía palpar cómo eran actualmente sus vidas, y aún así le costaba asimilar la crudeza de la realidad. ¿Cómo había todo terminado tan mal?!

Las palabras se le habían escapado de la lengua pero al menos pudo formar una sonrisa cuando los ojos de la castaña consiguieron la fuerza para mirarlo, lastimosamente la felicidad para la pareja parecía casi prohibida y el llanto de ella borró por completo el rastro de alegría que Ronald había formado con tanta dificultad. –Hermione…– tuvo la intención de dirigir las manos hacia el rostro femenino pero el movimiento por poco hace caer las flores de su lugar. Por inercia las sostuvo con una mano, mientras el amor de su vida se las arreglaba en solitario con la negra tristeza…

Apretó los dientes y se dijo que debía mostrarse más fuerte de lo que realmente se sentía, porque si Hermione lo veía débil peor se sentiría. Despacio acomodó un brazo sobre la mesa y la tomó de una mano, un fuerte apretón le dio a la vez que apretaba también los labios. Estrechar su mano siempre había sido hermoso, pero ahora significaba mucho más. A la vez dolía pues no había manera de saber hasta cuándo podrían volver a los abrazos, a los besos, a su vida normal… –Todos estamos… bien, dentro de lo posible. – solo emocionalmente destrozados –También pensé en ellos, en tus padres. Ese mismo día fui a su casa a poner encantamientos sin que me vieran. No les he dicho nada, no podría…– ¿con qué cara iba a informarles que su hija estaba en prisión y que él no había podido hacer nada para impedirlo? Simplemente no podía. –Solo los llamé para saber cómo estaban, como si fuera una llamada común– le contó con voz apagada.

Negó con la cabeza a la pregunta dirigida específicamente a su propio bienestar. –No ha sido fácil, yo también creí que me lo negarían. Estaba allá afuera sentado esperando que me autorizaran, pasaban minutos y minutos… Pero aquí estoy. – hizo lo posible por ir sonando poco a poco más animado. Debía estarlo, ¿no? Hermione estaba viva y la esperanza de poder visitarla con frecuencia también estaba viva en su interior. –Te traje esto– dijo componiendo por fin una sonrisa genuina y el ramo de rosas puso sobre la mesa. Hasta que las vio sobre la superficie se preguntó si le permitirían conservarlas, incluso dio un ligero respingo al darse cuenta de que el futuro de esas flores tampoco era muy prometedor. El pelirrojo contuvo el impulso de arrugar la frente con pesar, se forzó a mantener la expresión animada.

Hugo quería venir a verte pero no se lo permitieron, Rose… ella ya es una adulta, lo esta tomando correctamente a mi parecer. Los has educado bien, son fuertes. ¿Tu cómo te sientes? – se atrevió a preguntar, sabía que no era una buena pregunta pero necesitaba saber y muy probablemente la bruja también tenía necesidad de desahogarse. –Si Riva los daña no se irá limpia. – soltó con enojo, no le importó si el guardia que había traído a su esposa lo escuchaba y acusaba, si los tenían prisioneros por “precaución” entonces no tenían razón alguna para castigarlos hasta que el juicio arrojara un resultado en su contra. Era evidente que alguien ya había maltratado a su mujer, la marca en el rostro era prueba de ello y no olvidaría la próxima vez se topara con Zuria.


Última edición por Ronald B. Weasley el Mar Feb 16, 2016 4:55 pm, editado 1 vez


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Re: Vanitas vanitatum omnia vanitas | Priv

Mensaje por Hermione J. Weasley el Lun Feb 15, 2016 2:17 pm

La mano de Ronald le dio el aliento necesario para que dejara de llorar y se recompusiera, su mente se fue aclarando lentamente mientras él respondía sus dudas. Todos bien. Sus padres bien. ¿Encantamientos? Algo de eso le hizo crear una duda en su mente y la duda se expandió luego de que él no le respondiera sobre su estado. Tal vez ella estaba pasando algo por alto. No podía olvidarse de donde estaba. Ronald se veía demasiado animado… ¿Siempre había sido así?

Seguro el encierro estaba dañándola a ella, porque por un segundo no reconoció a la persona que tenía al frente, y cuando vio las rosas el temor volvió a hacerse parte de ella—. ¿Por qué…? —la pregunta murió en su boca, la fecha, eso era. El dolor pronto volvió a su pecho mientras miraba las flores. De algún modo tenía miedo de aceptarlas, porque comenzaba a pensar en la negra posibilidad de que fuese todo una broma. Tal vez no habrían permitido realmente las visitas de familiares, y quien tenía al frente no era Ronald. Todo lo que él le había dicho eran cosas generales, cualquiera podría saberlas o inventarlas. Tonta de ella por confiar rápidamente y a ciegas en los tiempos en los que estaban. Incluso uno de los guardias podría bien hacerse pasar por alguien más. Su idea todos los días parecía ser romperles el espíritu y el de la bruja estaba ya tan dañado que cada herida nueva se sentía como revivir un dolor antiguo. A veces hasta no dolía del todo.

Luego de que él le preguntara como se sentía y hablara de sus hijos, ella se soltó de la mano de él, todavía sin tocar las flores que habían quedado a medio camino de la mesa. Las cadenas volvieron a hacer ruido cuando ella retrocedió hasta tocar el borde de la mesa que tenía más cerca y miró al de cabellos encendidos con la duda marcada. La mención a Riva fue lo que necesito para saber que no podía hablar descuidadamente, ni siquiera con él, o mejor dicho, con quien creía que tenía al frente—. Ronald… ¿Qué te dije el día que me pediste matrimonio? —preguntó con toda la tranquilidad que pudo condensar. Era la contraseña que habían armado días antes de todo el alboroto y recién ahora venía ella a recordarla.

Si era un impostor, respondería algo común y sin sentido o incluso se negaría a tratar el tema. Si era Bilius... Tendría que pedirle luego disculpas por dudar de su presencia, pero él entendería. ¿Cómo iban a hablar de temas serios en medio del campo enemigo si no sabían quién estaba al frente?



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Re: Vanitas vanitatum omnia vanitas | Priv

Mensaje por Ronald B. Weasley el Jue Feb 18, 2016 4:50 pm

¿Por qué? ¿Tan raro era que le llevara flores? No no, era otra cosa. Todos los esfuerzos de Ronald por mantener la calma y lucir menos destrozados se fueron al abismo. Pudo verlo en los ojos de Hermione y sentirlo en el abandono de su mano: ella estaba dudando. Eso dolió más que cualquier cosa en los últimos días, se sintió roto por dentro, devastado emocionalmente y, sin embargo, la castaña había actuado correctamente. Eso le hizo sentir aún peor, porque aunque fue él quien propuso el establecer una contraseña para reconocerse ni siquiera pensó en la posibilidad de que la persona frente a él fuese alguien distinto. Un error terrible que podría haber puesto en juego la vida de ambos. Se sintió inútil, mediocre y sobretodo estúpido. ¿Cómo iba a hacer sentir más tranquila a su mujer si fallaba de esa forma en algo tan básico? No la culpaba por desconfiar…

Tragándose el silencio y todo lo que en realidad sentía le acercó unos centímetros las flores. Carraspeó con el puño cerca de la boca y luego puso la expresión más tranquila que pudo –Te ataré la lengua si dices una palabra– debía sonar como una respuesta sin mayor relevancia, ¿no? pero que tristeza lo inundaba por dentro…

¿Llevarle flores había sido entonces un error? ¿Empeñarse en no lucir tan arruinado también? Ya no sabía cómo actuar para que su persona más importante se sintiera cómoda con él, por poco que fuera. Una parte de él quería largarse y llevarse su dolor a otro lado ¡pero no podía hacer algo como eso! Deseaba estar con ella aunque fuese en la tumba que era Azkaban… ¿Y si las cosas empeoraban y no volvía a verla? No, no. Debía mantener bajo cadenas su lado fatalista que en nada ayudaría.

Los ojos del mago habían estado evitando mirar los opuestos desde que la duda se hizo tangible de su parte, por eso de golpe la enfocó armándose de valor y buscando recomponerse a sí mismo desde adentro. –También te traía chocolates. Fui un tonto, era obvio que no me permitirían entregártelos y ahora esos idiotas se los han de estar comiendo. ¿Hay algo que sí te sirva que pueda traerte la próxima vez? Seré cuidadoso…– lo último intentó ser una especie de disculpa por el error cometido pues él también debió desconfiar a la primera de la identidad contraria. Ron no lanzó de regreso su pregunta pues claramente el hecho de que ella la formulara la acreditaba como la mujer real de quien estaba enamorado.

Puso su mano con la palma hacia arriba esperando poder tocar una de Hermione, mentalmente se preparó para escuchar otra vez el ruido de las cadenas en las manos de ella, presentía que soñaría con ese sonido a partir de esa noche. Y con la helada mirada de desconfianza. ¿Con qué soñaba ella estando allí encerrada? ¿Dormía siquiera o el tormento no le daba esa tregua?


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Re: Vanitas vanitatum omnia vanitas | Priv

Mensaje por Hermione J. Weasley el Miér Feb 24, 2016 10:22 pm

Escuchar la respuesta de Ronald a su cruel pregunta si que fue un bálsamo para el alma, sus ojos volvieron a anegarse de mala manera y las cadenas tintinearon en sus manos mientras ella se limpiaba sus mejillas con la desvencijada tela de la ropa que estaba obligada a llevar—. E-eres tú… Estoy tan aliviada —con la voz ligeramente quebrada trató de dejar de llorar pero era difícil no seguir rompiéndose frente a él cuando en ese lugar ya la tenían hecha pedazos.

Escuchó sobre los chocolates y asintió ya más tranquila luego de la pregunta de él, se limpió por última vez el rostro y luego las manos, sus muñecas todavía dolían pero prefería ignorarlas pues no había modo de curarlas de momento—. No eres un tonto, solo quisiste animarme… Lo siento tanto, cuando estás aquí ya no se sabe en quién creer —su tono bajó unos cuantos grados y al ver la mano de él su mano no dudó en acercarse a la misma y se le apretó con fuerza, necesitada del valor que ella lamentablemente comenzaba a perder.

Las rosas están demasiado hermosas para este lugar, así que quiero que te las lleves —acarició con la mano libre los pétalos y luego lo miró, no se había olvidado de la pregunta de él, solo pensaba en qué sería más práctico pedir—. Pero sí hay cosas que necesito, útiles de aseo, alguna toalla limpia… Si pudieses traerme ropa interior también, no sé si lo aceptarán todo, pero hace falta —miró su mano contra la del hombre y con nostalgia le acarició la palma, la suya se veía marcada por uno que otro arañazo.

¿Podrías conseguir poción para heridas o algo similar? Tal vez esencia de murtlap, si no aceptan pociones tendría que ser elementos de un botiquín… Los trabajos aquí son pesados y también, bueno… ya sabes —sí, esa era una petición todavía mejor. Con que pudiese usarla al menos una vez, incluso con que le trajera cosas de un botiquín muggle serviría. Asintió para sí y luego se dedicó a mirarlo—. Necesito que me digas como están todos los demás, las familias de los que están encerrados… ¿Están haciendo algo o no se ve mucho movimiento? —también gustaría de preguntarle algo sobre la orden pero ese tema no podía tocarlo a menos que fuese en clave. Y sobre ese detalle no habían llegado a decidir que hacer, esperaba que él pudiese leer su interés y preocupación en su rostro.



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Re: Vanitas vanitatum omnia vanitas | Priv

Mensaje por Ronald B. Weasley el Jue Mar 10, 2016 12:50 am

Respiró profundo, nunca le había gustado verla llorar pero ahora podía afirmar que odiaba verla derramar lágrimas. Hizo puño la mano con que antes había movido las flores, podía sentir su propia piel completamente helada y la depresión lo tentó cuando pudo tener finalmente la mano de Hermione sujetando fuerte la suya, porque también estaba helada, más que él. A cada minuto que pasaba se sentía peor persona, ésta vez por pecar de ególatra y pensar que su propio sufrimiento era de los peores existentes en el mundo. Por supuesto que su esposa sufría mucho más, a ella le había tocado la peor parte… –No te disculpes– dijo, y sus labios trazaron una resignada línea. ¿Qué habría pasado exactamente que la tenía tan insegura de con quién trataba?

Esta bien, me… las llevaré. Las pondré en el comedor en cuanto llegue a casa.– no tenía opción, si a ella no le servía el tener las flores cerca entonces… las llevaría de regreso como acababa de pedirle, aunque hacerlo le recordara a cada segundo que incluso en eso, era un fracasado. ¿Ni un regalo útil podía pensar por su propia cuenta para Hermione??? –No creo que haya problema con lo que me pides, o no debería haberlo…– en automático frunció el ceño, la gente de Azkaban era capaz de negarle las cosas por el simple hecho de molestar, estaba casi seguro de eso. –Preguntaré por las pociones antes de irme, así sabré si puedo traerlo.– ¿le permitirían curar personalmente sus heridas? Porque dudaba que ahí dentro asignaran a alguien para hacerlo y aunque lo hicieran no confiaría en un desconocido cualquiera para la labor, ¿Qué tal si le aplicaban otras sustancias de dudosa procedencia o le daban pociones que en realidad no lo fueran? No, él tenía que hacerlo así que también se informaría al respecto antes de marcharse.

La siguiente pregunta que se le hizo era mucho más complicada por varias razones, la peor de todas, que no podía explicarle abiertamente la situación en que se encontraban tanto a nivel familiar como de agrupación en la Orden. Se quedó callado un minuto organizando sus ideas, decidiendo qué podía decir y por dónde empezar, después levantó la mirada hacia la castaña y pidió también su otra mano. –He visto a familiares de la mayoría y… no sé qué pensar. Las reacciones de algunos me hacen creer que realmente nunca los conocí lo suficiente. Las cosas están mal allá afuera…– bajó la voz al decir lo último, ya habían pasado algunos días desde que les vio las caras a Harry, Albus y otros y… todavía no se lo creía. ¿A quién había estado tratando todos esos años? Porque no se parecían a quién él recordaba como familia, ¿o es que tan profunda era ya la distancia que ni siquiera se reconocían?

En la cara del pelirrojo seguro se notaba su confusión ante lo visto y escuchado en los otros, en eso no podía mentirle a Hermione, debía saber que estaban prácticamente solos en eso. –Esto será más difícil de lo que muchos imaginamos, pero no me daré por vencido Hermione. Eso tienes que recordarlo, ni Rose ni yo vamos a dejarte aquí.– le apretó fuerte las manos y con más decisión que en todo lo que iba de la visita la miró directo a los ojos. –¿Les han dicho algo sobre el juicio? A nosotros nos ignoran descaradamente, es como si de un día a otro todos decidieran que no existo mas que para lo indispensable. Nadie sabe ni dice nada…– ¡Y eso le tenía enojado!! Apenas habían pasado unos días y ya estaba mirando mal a cuanta persona le pasaba cerca, tal vez estaba paranoico pero a todos les encontraba cara de culpable, espía o vendido. Por eso ya no hablaba casi con nadie, ni a las provocaciones hacía caso ya. Nadie valía la pena en el exterior además de sus hijos, así sentía esos días.


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Re: Vanitas vanitatum omnia vanitas | Priv

Mensaje por Hermione J. Weasley el Sáb Mar 26, 2016 1:02 pm

Su otra mano se movió en automático al encuentro de la que el hombre le ofrecía. Quería escuchar todo lo posible pero una vez él fue hablando las cosas parecieron peor en vez de ir mejorando. ¿Qué reacciones habrían tenido exactamente? Aunque pronto lo entendió, lo que pasaba es que algunos comenzaban a dudar de ellos… ¿Qué otra cosa si no?—. Supongo que… es difícil en estos tiempos decir que conoces por completo a otra persona. No sé si quiero saber quiénes si creen en todo este… —movió la cabeza tratando de explicarse y le apretó las manos a su esposo. No, estaba segura de que no quería estar enterada de quienes apoyaban las acusaciones injustas, quienes se atrevían a dudar, saberlo solo la decepcionaría a lo sumo sobre sus conocidos.

Al menos todavía le quedaba su familia, esperaba de corazón que todos los Weasley si estuviesen seguros de qué creer. Que la duda no creciera en sus hijos, eso la mataría—. Gracias… Pero me sé los procedimientos, dime que la vas a seguir protegiendo, que vas a impedir que haga cosas riesgosas. Espero que Hugo esté bien cuidado en el colegio —ya no había rastro de sus lágrimas. Ella no iba a pedirles que se sacrificaran en alguna misión suicida por ella y sus compañeros, por eso estaba algo resignada a tener que pasar entre esas horribles paredes más tiempo del que soportaría. Se sabía inocente pero si nadie quería comprobarlo y tenían poco apoyo como Bilius le contaba, entonces iban de mal en peor.

¿Qué le diría a los otros encerrados? ¿Cómo se suponía que motivaría la esperanza ajena cuando no la había? El rostro de Ronald no ayudaba a darle valor necesario, pero tampoco le podía pedir más, prefería en este caso la cruda sinceridad—. No, y si preguntamos es también una mala idea —sí porque no todos los guardianes tenían buena disposición para conversar y menos con ellos. Lo mejor que podía pasar era que al hablar los ignoraran, lo peor pues… estaba claro—. Haz lo que puedas pero nada que puedan poner en tu contra. Tienes que seguir los conductos regulares —si luego ambos terminaban encerrados, eso sí que sería un desastre. No veía forma en que no pudiesen con el testimonio falso de cualquiera, acusar también al mago por cooperar de mala manera con ella y sus supuestos actos delictivos.

Si los tachaban de cómplices estaba todo perdido—. ¿Cuánto tiempo te dieron…? —no quería pensar en que les quedaba poco juntos pero no imaginaba que les permitieran seguir así todo lo que quedaba de la tarde. No había soltado ni un segundo las manos ajenas, como si eso fuese a traerle algo de calma cuando ya no lo tuviera cerca.

¿Cómo le podía explicar a él en voz alta que ya nada era un asunto sobre la confianza? Que iba a terminar tal vez dependiendo de favores pero que estos no se los podía pedir a cualquiera—. Sé que te pediré un imposible pero... Sabes que no puedes hacerlo todo tu solo, no porque no puedas, si no porque es necesario —eso si podía decírselo. Que necesitaba encontrar apoyo, de la manera que fuese, por muy riesgoso que fuera el abrir la boca de más. Pero confiaba o quería creer en que el mago sabría definir quienes si podían ser de ayuda y quienes no. Ya no era el mismo chico desgarbado y que poco meditaba las cosas aunque sí temía que hiciera algo poco cuerdo llevado por la ira—. El juicio dependerá del Wizengamot y de los que se encargaron de traernos aquí —avisó sin dar una idea en específico, esperaba que el otro entendiera por donde tenía que enfilar sus intereses, aunque si Ron ya había ido a hablar con magos y brujas de esas esferas y le habían cerrado la puerta entonces no había esperanza para los encerrados.



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Re: Vanitas vanitatum omnia vanitas | Priv

Mensaje por Ronald B. Weasley el Jue Mar 31, 2016 8:49 am

Sabes que la protegeré, también a Hugo.– afirmó con algo de desesperación, entendía que no era falta de confianza por parte de Hermione, sino una necesidad natural de escucharlo, por eso Ronald lo puso en voz alta a pesar de lo obvio que era. El mago no bajó la mirada hasta que le fue dicho que preguntar por el juicio también era una pésima idea en ese lugar, apretó los dientes mientras escuchaba el sabio “consejo” de ella, pero seguir los métodos regulares y aceptable públicamente para sacarlos de Azkaban no iba a funcionar. Se sentía en medio de un desastroso dilema pues estaba dispuesto a rescatarlos de la prisión de la mala manera si era necesario, pero la castaña le pedía justamente que se abstuviera de proceder de esa forma.

Únicamente Rose se había mostrado dispuesta a hacer hasta lo imposible para recuperar a todos los apresados injustamente, el resto de la Orden se había mostrado con mucho más que simples dudas al respecto. Con eso ya le había quedado claro que actuar de la forma convencional significaría perder a su esposa y a los demás para siempre… ¿Por qué Hermione no lo entendía? ¿O es que ya se estaba resignando?!

Una mísera media hora. Eso es todo lo que me autorizaron… Como si por pasar más tiempo contigo fuese a conseguir sacarte de aquí…– respondió enojado. Consciente de la mala expresión que llevaba encima se abstuvo de levantar la vista hacia la castaña aunque sus manos no dejaba de sujetarlas fuertemente. Así fue hasta que las palabras contrarias lo obligaron a enfocar a su esposa pues era importante, en el breve proceso cerró los ojos un instante con el propósito de apaciguar su furia ya que no iba dirigida a la mujer que le había sido arrebatada y que ahora tenía delante por unos cuantos minutos. ¿Qué era lo imposible que pensaba pedirle?

Entonces, dolió que esa voz que amaba le dijera que él no podía hacer las cosas de manera independiente… ¡Ya lo sabía! Pero escucharlo de la persona más importante en su vida era una cuestión muy distinta. –Lo sé Hermione. Buscaré quién pueda apoyarnos desde ese ángulo– y desde todos los posibles. Lamentablemente actualmente no se relacionaba lo suficiente con los magos y brujas del Wizengamot pero uno que otro nombre recordaba de otros tiempos. Si se tomaba el tiempo necesario para evaluar las posibles opciones de apoyo de esa sección del Ministerio tal vez sí encontraría un eslabón dispuesto a secundar la inocencia de los falsamente acusados Ya no podía atenerse a la ayuda de la Orden del Fénix. La confianza en el grupo estaba cruelmente destrozada.

Seré tan cuidadoso como pueda y… me esforzaré por mantener el control.– desgraciadamente no podía prometerle lo último, en unos cuantos días ya había considerado tantas veces el tomar el camino drástico para recuperar a Hermione, que asegurarle que no perdería los estribos sería un insulto. –Si pudiera… cambiaría de lugar contigo…– estar afuera era también un tormento pero al menos físicamente no se sufría como estando dentro de Azkaban. Las heridas en las muñecas de la bruja eran una prueba de ello, y a sus manos apegó la frente, inclinándose para tocarlas y de paso evitando que ella viera su desesperación y la impotencia que sentía, la culpa que lo atacaba por no haber sido capaz de impedir que la encerraran la otra noche.

Perdóname por no protegerte como era debido. Nada de esto debería de haber ocurrido, se supone que mi deber es asegurarme de que nadie te haga daño y… mírate.– herida en más de una parte del cuerpo y también emocionalmente. Con las esperanzas en peligro. –Te he fallado– añadió levantando el rostro y sin temor soltó una de sus manos para así poder abrazarle una mejilla. En cualquier momento los separarían y por tiempo indefinido, por eso aprovecharía la oportunidad. Tocarla le daría aún más fuerza para no rendirse. Recuperaría a Hermione a como diera lugar.


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