JULIO DEL 2025.
Los mortífagos se han hecho con el poder de Reino Unido e Irlanda, muchos han tenido que huir para salvar sus vidas pero otros han caído en sus garras sin poder evitarlo. El Mundo Mágico ya no es igual, pero una nueva puerta se abre ante los Prófugos en Australia, un país dónde todo es al revés, ¡y nunca mejor dicho!

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Cara a cara — Winnie.

Mensaje por Balthazar A. Holdsworth el Lun Dic 07, 2015 11:51 pm

Viernes, 14 de febrero de 2025.
Una sala de visitas de Azkaban.

Balthazar estaba acostumbrado a recorrer los pasillos de Azkaban y ver sus celdas. Llevaba casi toda su vida visitando la prisión. Cuando no era más de un crio lo había hecho de la mano de su madre, y con Georgine al otro lado de la misma, para ver y conocer a su padre. Las visitas a su padre no eran muy seguidas pero, al menos, había pasado por la prisión una o dos veces al año. Cuando su padre, por fin, había salido, el rubio siguió visitando a su abuelo. Holdsworth conocía a la perfección las reglas de aquella cárcel mágica y, por ello, sabía que para aquella visita no le dejarían entrar a la zona de celdas y pararse delante de los barrotes como otras veces. No cuando llevaba un regalo. Había pedido ver a dos presos y le habían aceptado la petición. ¿Por qué no iban a hacerlo? La presencia de Balthazar en la prisión era frecuente y había muchos de los suyos metidos allí. Sus aliados habían sonreído divertidos al descubrir el segundo nombre que había pedido ver.

Cruzó las manos sobre las mesas y miró a los ojos a su abuelo. Llevaba encerrado en aquella habitación durante un buen rato. Su abuelo parecía consumirse cada vez y eso que las visitas que Balthazar hacía ya voluntariamente eran todo lo seguidas que podía permitirse. —Todo va bien, abuelo. El mundo mágico está muy agitado pero se está controlando —le dijo Balthazar. Sus palabras no parecían nada del otro mundo. Las mismas que podría decir cualquier brujo o bruja que caminara por las calles. Pero el rubio decía más y su abuelo lo sabía. Ellos lo estaban controlando. Pero en aquellas salas de visita no se tenía la misma intimidad para hablar que cara a cara a los barrotes. El anciano Holdsworth dijo un par de palabras en frases inconectas. Su mente había quedado machacada después de tantos años. Pero Balthazar lo comprendió y se asintió. Después, se despidió de él y esperó.

Por los pocos segundos que habían pasado en lo que su abuelo había salido y la, ahora, morena había entrado, Balthazar supo que se habían encontrado. La puerta ni siquiera se había cerrado. La joven recién llegada a la prisión y el anciano demacrado que había pasado allí toda su vida. Lo que se era cuando se llegaba y lo que quedaba de uno después. Una escena digna de ver. El rubio no realizó ningún gesto cuando la vio. No sonrió, ni su rostro se apenó. Era Balthazar Hodlsworth y sus gestos solían ser muy comedidos a nadie le extrañaba. Sin embargo, en su interior Balthazar sonreía. Una extraña sensación se apoderó de él, la calidez del éxito. Él había provocado aquello. —Así que es verdad... —dijo, como sí él no supiera de sobra lo que había pasado. Como si él no estuviera metido en el meollo. Buscó los ojos de la chica y, entonces, sí que hizo una mueca. Ya había fingido una vez. Había hecho teatro con el cuerpo de la chica, ahora lo hacía delante de ella. —Buenos días, Winnifred, si es que pueden ser buenos. El rubio pusó sobre la mesa un pequeño paquete envuelto.


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Re: Cara a cara — Winnie.

Mensaje por Winnifred F. Andersen el Mar Dic 08, 2015 12:21 pm

No estaba acostumbrada a estar tan aburrida y asustada a partes iguales, cada día se me hacía más lento que el anterior pero aún así igual de repetitivo. ¿Cómo podía algo monótono volverse cada día más lento? Parecía que el tiempo se detenía en Azkabán y no existía alegría ninguna. James ya no gastaba sus bromas y yo tampoco, parecía que los adultos se lo tomaban con un poco de mejor humor. En el fondo todos eran casi como familia menos Wood y yo. En otras circunstancias me pasaría horas parloteando con Wood y preguntándole si se acordaba de cuando vino a Hogwarts y le dije que no dejase a una jugadora de quidditch embarazada para ganar ellos la temporada. Pero no, llevaba 3 días allí y parecía que habían sido años, por eso cuando me dijeron que tenía una visita la cara se me iluminó. Tenía que ser mi hermana Joanna, no podía ser otra persona. Jojo había venido a verme como sabía que haría, a no ser que mis padres se lo prohibiesen.

El camino hasta la sala de visitas se me hizo corto, demasiado corto y a cada paso que daba estaba más feliz que el anterior porque iba a ver a mi hermana. Pero cuando la puerta se abrió y vi salir a un señor mayor que parecía llevar toda su vida allí fruncí el ceño. ¿Por qué vería mi hermana a aquel hombre? No tenía ningún sentido. ¿Y si no era mi hermana la que quería verme? Fruncí el ceño y entré en la sala. ¿Holdsworth?

Entré lentamente y me senté en la silla observándolo con desconfianza. “ Así que es verdad…” dijo. Aquello me olía a chamusquina. Conocía a Balthazar, había estado en mi casa y yo había estado en la suya de más pequeña cuando mis padres me obligaban a ir a esas fiestas y cenas con sus conocidos. Y sabía que era igual de purista que todos los demás. ¿ Para qué estaba allí? ¿Iba a reírse de mí o iba a averiguar si de verdad pertenecía a  los mortífagos? Me mantuve en silencio e intentando mantener la calma. — A lo mejor son buenos para ti ¿Qué quieres, Balthazar? — mascullé mirando desconfiada el paquete que me ofrecía.

Lo tomé entre mis manos y comencé a desenvolverlo lenta y minuciosamente. Aún confiaba en que ese paquete se lo hubiese dado mi hermana o que incluso él estuviese allí para preguntarme y decirle todo a Jojo. Pobre ingenua de mí. Me detuve mientras desenvolvía el paquete y me quedé mirando un punto fijo de la mesa, yo había llegado a Azkabán el día 11… Por lo tanto hoy era día 14 de febrero. Día de los enamorados. Había pensado cocinar aquella noche para Fred y darle una caja de bombones y por fin decirle que creía que no le quería solo como amigo. Sin embargo pasaría aquel día sin nadie en casa, ¿estaría limpiando el piso o ya estaría navegando en basura?Alcé la mirada observando a Balthazar sabiendo que nada de aquello tenía que ver con mi familia, no teníamos tanta relación. — Mira Balthazar si vienes a reírte de mí ya puedes irte. Suficiente tengo ya con toda esta broma...—me obligué a parar de hablar. Estuve a punto de decir "con toda esta broma que me han gastado" pero ¿y si Holdsworth pertenecía a los mortífagos? Su familia también había estado en Azkabán y su abuelo seguía allí como el mío, el anciano que me había cruzado al salir seguramente. ¿Quién me mandaba a mí meterme en la Orden y llevarle la contraria a mí familia?


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Re: Cara a cara — Winnie.

Mensaje por Balthazar A. Holdsworth el Mar Dic 22, 2015 12:01 am

El rubio saboreó cada segundo que trascurrió desde que ella descubrió quién la estaba esperando y tomó asiento frente a él. Pobre corderito entregado para sacrificio, pensó. Salvo que no sentía pena alguna y él mismo habría acabado el sacrificio. Después de todo, ni siquiera la familia de la chica se enfadaría con él más allá de lo reglamentario. Uno la había entregado. La observaba atentamente, quizá, esperando que ella lo mandase lejos. Nunca había sido lo suficiente cercanos como para hacerse visitas en la cárcel. Ella era una asquerosa traidora a la sangre, aunque aparentemente había rectificado su camino. —No lo son demasiado. Me gusta la estabilidad. Todo este asunto —aclaró moviendo su dedo índice para señalarla y, luego, hizo un arco tratando de abarcar imaginariamente a lo que serían sus cinco acompañantes—. está descontrolando el mundo mágico. Pero, imagino, que los tuyos deben ser peores. No voy a negártelo. Su voz sonaba como la de un viejo amigo, como si tuviera derecho a estar allí. A Balthazar le gustaba la continuidad, pero quería establecer una nueva y mejor.

Ignoró tacitamente su exigencia para saber qué hacía allí. No era bueno decirle a alguien que había ido a regodearse y, principalmente, interesarse por la situación y cómo discurría esta. Se aclaró ligeramente la garganta mientras la veía toquetear el paquete. —Espero que te gusten —explicó—. Voy a comer ahora con Jeannine y le llevó unos parecidos y otras cosas. Pero, ya sabes, las normas de Azkaban no permiten que os quedeís con nada. He pensado que unos bombones podrías comertelos, si yo estaba delante —aclaró. Se cortó antes de soltar alguan metira más. Quizá, que su madre le había dicho que eran sus favoritos o que había escuchado a su padre decir lo que le gustaba la frambuesa, mismamente. —El chocolate debe ser mejor que cualquier cosa que os den aquí, por lo que me han dicho —terminó, para ofrecer su regalo. Era lo mismo que el que lleva flores al hospital a la persona que acaba de mandar herida. Lo mismo que el hombre que engañaba a esposa y después le presentaba a su amante. Y Balthazar no sentía ni una pizca de remordimiento. El regalo había sido mera cortesía por sus arraigas costumbres cordiales y caballerescas.

La esquina derecha de su labio se alzó y se reclinó hacia atrás en la mesa. Winnifred no estaba de humor. Mejor así. No quería que tuviera ni una pizca de esperanza por salir de allí. —Yo no me rio de la gente, Winnifred. Eso es una pérdida de tiempo —comentó. Es mejor destruirlos. Se mantuvó unos minutos en silencio, simplemente, dejando que la situación se volviera más incómoda y puntiaguda. Entonces, cambió de posición y se echó sobre la mesa, con los brazos encima de ella. —No te tenía por alguien de tradiciones familiares —explicó—. Además, ¿no te ha dicho tu familia a las costumbres que te tienes que acercar y a las que no? Balthazar hablaba para cualquiera que les escuchase. El hijo de una vieja familia mortífaga reprendiendo a otra por seguir los pasos malos. Justo los que el rubio quería que se siguiesen. Negó ligeramente con la cabeza. —Si te hubieras quedado con ellos... —suspiró, como si aquel hubiera sido el problema. Y lo había sido. —Quizá, hubieras estada bailando en la fiesta de la semana pasada con Joanna. Iba preciosa, por cierto —soltó. He visto a tu familia. Estoy cerca. Luego, la miró a los ojos. Su rostro y sus ojos seguían siendo tan impasibles como al principio. —¿Puedo hacer algo por ayudarte? —preguntó el lobo.


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Re: Cara a cara — Winnie.

Mensaje por Winnifred F. Andersen el Dom Mar 13, 2016 7:06 pm

Terminé de desenvolver el regalo, era una caja de bombones. Quizá si Balthazar me hubiese regalado una caja de bombones cuando estaba en los primeros cursos del colegio me habría ilusionado de que un chico mayor, de buena familia y guapo me regalase una caja de bombones. Pero no cuando tenía ya 19 años y era consciente de a qué se dedicaba cada familia del mundo mágico. Precisamente la familia Holdsworth había tenido una estrecha relación con mi familia, era de la misma calaña. Y conocía más que suficiente sobre ese tipo de familias. Sonreí amargamente, quería tirarle aquella caja de bombones a la cara pero me habían enseñado a ser una señorita aún cuando estaba con un pijama de rayas y el pelo negro azabache totalmente revuelto.  Me mordí el labio intentando asimilar toda esta escena. Balthazar sólo estaba aquí para hacerme daño, no había otra explicación. Nunca habíamos sido amigos, y dados los bandos en los que nos encontrábamos cada uno, nunca lo seríamos.

Recordaba estar en casa durante algún cumpleaños de mi padre y que él y su hermana estuviesen allí, siempre impecables, tan serios, tan unidos entre ellos. En esa imagen que conservaba ellos estaban sentados en las escaleras de mi casa, los mayores estaban tomando copas en el comedor y nos habían mandado a jugar a los demás. Era verano, yo no tenía más de 8 años, aún no había entrado en Hogwarts y llevaba el pelo trenzado para variar, mi madre siempre nos había hecho trenzas a mí y a Joanna, pero en ese preciso instante poco quedaban de las trenzas. Mi vestido de color rosa estaba embarrado y sostenía un sapo entre las manos, únicamente había intentado integrar a Balth y a su hermana en mi juego, les pedí que me diesen un nombre para mi sapo, pero con su mirada me quedó bastante claro que no pensaban contribuir a la causa. Al final lo bautizamos como Señor Saltitos, quizá unas cabezas un poco más maduras nos hubiesen ayudado a darle un mejor nombre. Por aquel entonces ya era un poco rebelde pero mis ideales comenzaron a chocar verdaderamente con los de mis padres cuando entré en Hufflepuff y descubrí que había mundo más allá de la pureza de sangre y el mundo mágico.

Antes de que me diese cuenta estaba abriendo la caja de bombones y llevándome uno a la boca, estaba muerta de hambre. “No te tenía por alguien de tradiciones familiares”, casi me atraganto al escuchar aquello. ¿De verdad acababa de decir lo que yo acababa de oír? Enarqué una ceja y lentamente mi pelo pasó a ser de un rojo oscuro, no podía controlarme. Desde que había entrado en Azkabán era incapaz de controlar mis emociones, y menos aún mi pelo. Pero ya la gota que colmó el vaso fue cuando mencionó a Joanna. “¿Puedo hacer algo por ayudarte?”. Me puse en pie tranquilamente y sonreí de manera cordial ¿qué si podía ayudarme en algo? Claro, largándose de mi vista cuanto antes. — Lo sé Balth… Tenía que haberme quedado con ellos. Siguiendo su buen camino. Igual que tú— actuaba. Me acerqué a él sonriendo, no quería que nadie viese mis intenciones, quería que pensasen que éramos amigos y estaba arrepentida y superagradecida de que él estuviese visitándome— Tienes suerte de que sea una señorita y no vaya a escupirte— dije saboreando cada una de las palabras que salían por mi boca intentando mantener la calma. Puse los ojos en blanco ¿pero qué demonios me iban a hacer? Si ya estaba en Azkabán y ningún miembro de mi familia se había atrevido a visitarme, la única visita que había tenido era la de Balthazar. No tenía nada más que perder. Había perdido hasta mi libertad.

Así que sin pensarlo apenas  le sonreí de forma amplia y le golpeé en la cara, no se lo esperaba y cayó hacia atrás sentado sobre la silla. Me tiré sobre él y le volví a golpear mientras decía con lágrimas en los ojos: — No se te ocurra mencionar a mi hermana con tu asquerosa boca de mortífago. ¡¿Me estás oyendo?! Pero mis golpes cesaron y con ello mis ojos volvieron a su azul habitual y el pelo al color negro del que solía ser.


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Re: Cara a cara — Winnie.

Mensaje por Balthazar A. Holdsworth el Lun Jun 20, 2016 10:57 pm

El rubio comprendió que algo había cambiado cuando el cabello de ella adquirió un tono rojizo. La estaba molestando, justo lo que quería, y aun así Balthazara no creía estar haciendo suficiente daño. Si lo estuviera haciendo bien —si alguien lo hubiera hecho bien—, ella se habría ido con ellos. Quizá, no tenía porque atacarla, si no, simplemente, mostrarle el camino. Aunque Winnifred Andersen fuera de esa que nunca cogía el camino adecuado. Enarcó una ceja. No creía en la redención de la chica. No podía ser tan sencillo para alguien que se había desviado hacía tanto tiempo. Y las palabras de ella confirmaron que no estaba pidiendo una segunda oportunidad. —¿Una señorita? No es eso lo que opina tu familia —le susurró de vuelta. En realidad, Balthazar solo sabía en general que opinaba su familia y aquel tema no había salido a la luz.

La chica ganó por unos segundos. Balthazar no vio venir el golpe, creía que se había acercado a él para echarlo de allí o susurrarle algo, pero no para derribarlo. Las sillas de Azkaban eran una auténtica birria y el rubio se sorprendió de la fuerza de la joven. Cayó hacia atrás y ya tenía a la chiquilla encima de él, antes de darse cuenta. Sin embargo, Balthazar había peleado contra cosas peores. Winnifred Andersen no se parecía a un dragón, ni en sus momentos más iracundos. Alzó las manos para cogerla por los brazos y de un tirón lo alejo de él e inviritó la posición, haciendo que la espalda de la chica chocará contra el suelo. —¿No te parecen unas acusaciones desapropiadas para alguien que tiene la misera consideración de visitarte en esta prisión? ¿O es que acaso te sobran las visitas? —le contestó secamente, apretando allí donde tenía las manos. Trataba de inmovilizarla, hacerle el trabajo al guardia que sabía no tardaría en llegar. —Los mortífagos desaparecieron hace años. Fueron derrotados, Winnifred. No digas estupideces. Además, aquí eres tú la que ha sido acusada —le recordó. Y pronto los mortífagos devolverán el golpe. Balthazar le dio su mirada más gélida. Aquella niña pulía sus nervios.


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Re: Cara a cara — Winnie.

Mensaje por Winnifred F. Andersen el Lun Jun 20, 2016 11:26 pm

Independientemente de que fuese un alma rebelde no dejaba de ser una señorita, quizá una señorita que embarraba sus vestidos y siempre iba llena de heridas en las rodillas, pero tenía educación y buenos modales, de eso no me faltaban. Me estaba dejando llevar demasiado por mis sentimientos, ni tan siquiera yo me veía capaz de golpear a Balthazar. Era una chica menuda, delgada, no imponía a nadie golpeando con aquellos brazos delgados y manos pequeñas. Por eso no me sorprendió que Balthazar pudiese cogerme los brazos y cambiarnos de posición. Estaba contra el suelo con él encima sujetándome las manos, pero no por ello me di por vencida aunque lo único que conseguía era que me doliesen las muñecas.

Intenté ignorar sus palabras, pero no pude. Respecto a eso Balthazar tenía razón, no tenía pruebas de que fuese un mortífago, no tenía nada, solamente el hecho de saber que en su familia había habido mortífagos y que era ideales puristas. Gruñí por lo bajo intentando deshacerme de él, pero no había manera ¿por qué demonios no podía pesar 50 kilos más? Me sentía como una niña pequeña.  Por más que me doliese tenía que darle la razón, era yo la acusada allí, a la que habían visto asaltando Gringotts, no a él. —Si todas mis visitas van a ser como tú espero no tener ninguna más— Reí nerviosa mirándole a los ojos, porque no me quedaba otra: — Ambos sabemos que estando aquí no vas a decir lo que de verdad piensas por miedo a que te escuchen. Sois todos unos cobardes — no se me daba bien enfadar a la gente a posta, si lo hacía era porque simplemente me odiaban sin motivo.

Dejé de revolverme debajo suya porque ya no podía más, aún así me alegré al ver que tenía la cara enrojecida. Era guapo, no iba a negarlo, y lo que más rabia me daba era que aunque le hubiese golpeado no estaba feo, el asqueroso estaba más sexy. ¿Pero qué demonios estaba pensando? ¿Tenía una conmoción cerebral?¿De verdad estaba pensando en ese preciso momento que Balthazar Holdsworth estaba sexy? Me reí y acerqué un poco el rostro, hasta él, si total ya que me estaba riendo un rato ¿por qué no seguir mosqueándole? — Ahora es la escena en la que tú me besas y nos reconciliamos


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Re: Cara a cara — Winnie.

Mensaje por Balthazar A. Holdsworth el Lun Jun 20, 2016 11:52 pm

Balthazar por muy elegante que fuera, sabía luchar con dragones y su cuerpo estaba preparado para cualquier ataque —aunque una chiquilla acabará de derribarlo de la silla por la sorpresa—, por lo que, inmovilizar a la presa no le costó demasiado. Estaba seguro que saldría de allí dejándole claro a algún guardia que había hecho su trabajo. Y, por supuesto, se apuntó mentalmente que necesitaban más de lo suyos en aquel lugar. Abrió la boca y soltó una risa jocosa ante la contestación de la chica. —No te preocupes, entonces, le diré a tu familia que no quieres que nadie te vea. Espero que tu estancia en Azkaban sea muy agradable, Andersen —comentó con su tono neutral. Balthazar no solía cambiar el tono, ni bajarlo, ni subirlo. Era estático, siempre controlado.

Pero las siguientes palabras de la —antes— rubia enfurecieron al rubio. Sus ojos chispearon. Él no era ningún cobarde, él llevaba la Marca en su brazo y él haría cualquier cosa por poder lucirla orgulloso, algún día. Negó con la cabeza. —Digo lo que pienso, Winnifred. Realmente me das pena y no sé que ha hecho tu familia para merecerte y mucho menos para merecer el dolor de cabeza que le has dado durante todos estos años —replicó—. Los Andersen son una buena familia y espero que nunca nos toqué a los Holdsworth sufrir lo que ellos han sufrido —sentenció. No tenía suficiente con haber sido el artifice de su captura, no tenía suficiente después del golpe. Notó como su cara ardía allí donde ella le había golpeado. Condenada, traidora.

Nos besamos y nos renciliamos. Aquello descolocó a Balthazar. ¿Tan estúpida era? ¿Tan absurda? Enarcó una ceja, casi divertido. Azkaban debía de estar volviéndola loca. Pero, aun así, ella acababa de darle una oportunidad. —Todo el mundo debería ser besado en San Valentín —comentó mientras se acercaba cada vez más a ella. Rozó su mejilla y entonces colocó sus labios junto a su oreja. —Y la próxima vez que me llames cobarde, cría, recuerda que yo, al menos, sigo sigendo libre para hacer lo que quiera —susurró. Había una amenaza implicita en sus palabras, pero nada demasiado exagerado. Alguien tendría que entrar pronto a separarlos. Volvió a alzarse con lentitud, rozando con los labios la mejilla de la chica y se quedó a unos centímetros de su boca, respirando sobre ella. —Tengo una prometida y, por mí, puedes pedirle el beso a un dementor —gruñó.

Entonces, se la soltó y se levantó. La fulminó con la mirada desde arriba. A Balthazar le encantaba jugar con sus presas, pero más le gustaba jugar a salvarse el pellejo.[/i]


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Re: Cara a cara — Winnie.

Mensaje por Winnifred F. Andersen el Mar Jun 21, 2016 12:19 am

Hice un mohín al escucharlo. Dudaba que mi familia fuese a visitarme, mi padre tendría claro que no vendría y mi madre por hacerle caso a mi padre tampoco, la que no sabía qué haría sería Joanna. Y yo guardaba la esperanza de que Joanna

¿Yo? ¿Darle pena a él? Fruncí el ceño cuando mencionó que ojalá su familia nunca tuviese que aguantar a una persona como yo, que compadecía a mi familia. ¿Compadecer de qué? ¿Que tuviesen al menos una persona con corazón en una familia de personas tóxicas? Yo me veía como un gran logro, un bonito girasol brotando entre malas hierbas. Aunque, quizá considerar a mi familia un conjunto de malas hierbas era un poco excesivo. Era muy distinta a ellos, totalmente opuesta, y no porque mis padres me hubiesen “educado mal”, me habían educado igual que a Joanna, pero la libertad de pensamiento había hecho que fuese como era a día de hoy  y no me arrepentía de nada, de momento. — Ojalá tengas una hija como yo— dije, aunque no de manera sincera. ¿Por qué? Porque no deseaba a nadie que pasase por lo que yo había pasado, que intentasen cambiar cómo eres, con quién te juntas y tu forma de ver el mundo.

Cuando enarcó una ceja me hizo sonreír, parecía una niña pequeña jugando, por lo menos me estaba divirtiendo un rato. “Todo el mundo debería ser besado en San Valentín”, ¿de verdad iba a besarme? Yo no lo había dicho en serio no pensaba que fuese a hacerlo. Conforme se acercaba a mí mi pelo se iba tornando de color rosa, hasta que llegó a mi oído y escuché lo que susurró, me hizo reír, no pude evitarlo. Libertad, qué bonito nombre. Yo no era ninguna cría, no solo era 5 años mayor que yo, no era gran diferencia. Se quedó a escasos centímetros de mis labios y mencionó a su prometida y que prefería que me besase un dementor. Cuando me soltó me puse en pie despacio con una sonrisa enorme en el rostro: — Qué pena que ya no haya dementores ¿no?— di un paso más para acercarme a él, era más alto que yo. Alcé la barbilla aún sonriente y con el pelo aún rosa—. Pero sigo teniendo ciertas libertades dentro de mis 4 paredes de piedra—dije y acto seguido me puse de puntillas y le besé. Qué divertido estaba siendo eso de pillar por sorpresa a Balthazar dos veces en menos de 15 minutos.


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Re: Cara a cara — Winnie.

Mensaje por Balthazar A. Holdsworth el Jue Jun 23, 2016 10:24 pm

Sonrió de medio lado cuando ella le deseó tener una hija tal como ella misma. Escéptico. Él nunca tendría una hija como Winnifred Andersen, él sabría que hacer con una cría como ella, él sabría educar a sus vastagos. ¿Y Jeannine te dejará? La única perspectiva de tener hijos se le antojaba a Balthazar dentro del matrimonio que sus padres habían acordado, todos los esquemas perfectos del hijo perfecto. Y, sin embargo, algo le hacía creer —saber más bien a ciencia cierta— que él y Jeannine no esperaban lo mismo de un hijo. Apretó la mandíbula al comprender que Jeannine aceptaría a alguien como Winnifred, porque su prometida le daba una oportunidad a todos. Él nunca lo permitiría. No podía hacerlo. Sus hijos serían perfectos.

Se encogió de hombros y se recolocó la camisa que había quedado arrugada después del rápido forcejeo. Balthazar tenía la manía ser de impecable en todo, no soportaba ni una sola macula. No le importaban los dementeros, en realidad, agradecía que no los hubiera. ¿Qué hubiera sido de su padre en el tiempo que paso en Azkaban de haberlos habido? ¿Qué habría sido de su abuelo, que seguía allí? No. Los dementores estaban mejor lejos. Una idea acudió a su mente. ¿Y si le propongo a Pansy hacernos con los dementores? Aquel era su cometido, las criaturas másgicas. ¿Podría hacerlo? Todavía estaba pensando en aquello cuando la chica habló de la libertad dentro de aquella habitación. Balthazar no se lo esperaba.

Winnifred Andersen era impredecible.

El primogénito de los Holdsworth frunció los labios cuando sintió los de la chiquilla y la volvió a agarrar de los brazos para apartarla de él. —Sí, que te queda algo de los Andersen, al menos —dijo. La determinación de los Andersen podía ser legendaria. Entonces, rió. Algo impropio de él cerca de gente que no le era íntima. —Pobre niña, ¿esto es lo mejor que tendrás en cuánto tiempo? ¿Soñarás conmigo? ¿Quieres que sea tu príncipe azul para sacarte de tu torre de marfil? —preguntó mientras le acariciaba una mejilla—. Deberías haber hecho la elección correcta hace tiempo. Es una pena —murmuró justo cuando la puerta se habría y un guardia miraba el interior para preguntar que estaba ocurriendo allí. Balthazar soltó a la chica, como si su contacto quemase. Tendría que lavarse con un hechizo los labios o, quizá, ¿divertiría a Jeannine la idea de que una jovencita lo hubiera asaltado?


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Re: Cara a cara — Winnie.

Mensaje por Winnifred F. Andersen el Vie Jun 24, 2016 3:43 pm

Sin duda debía de estar sufriendo una conmoción cerebral a del golpe cuando Balthazar me puso contra el suelo. ¿Por qué demonios le había besado? Quizá porque a una Andersen no la dejaban plantada de aquella forma, conmigo no se jugaba. Frunció los labios bajo los míos y me apartó de él cogiéndome de los brazos. Puede que tuviese razón y ciertos rasgos característicos de mi familia, y mi tozudez era sin duda uno de ellos, pero no me gustaba que me lo recordasen. Rió. Balthazar riendo, sin duda tenía algo entre manos y no me gustaba aquello. No le conocía demasiado pero por lo que le conocía no era propio de él reír, y no me gustaba que se riesen de mí, aunque yo acababa de reírme un poco por él ¿no?

Noté su mano acariciándome la mejilla y por unos segundos me dejé llevar mientras le escuchaba. “¿Quieres que sea tu príncipe azul para sacarte de tu torre de marfil?” y una voz dentro de mí respondió “sí por favor”, pero otra despertó y apartó la mejilla de su mano.

La elección correcta. Estaba cansada de la elección correcta. Un poco triste por estar siempre dudando de si había hecho lo correcto siguiendo lo que sentía, lo que de verdad quería en esta vida, por ser yo realmente. Balthazar estaba con Jeannine, lo sabía, lo sabíamos todo y no me entraba en la cabeza cómo una chica como ella estaba con alguien como él, sin duda debía de ser algún acuerdo familiar. Entonces caí en la cuenta de que había besado al prometido de Jeannine, mi Jenn. —No pasa nada, se va dentro de poco— murmuré al guarda que no muy convencido cerró la puerta pero quedó vigilando desde fuera.

Era momento de que se fuese ya. No quería que siguiese jugando conmigo porque no estaba especialmente fuerte de autoestima ni mentalmente hablando, actuaba sin pensar. — Balthazar gracias por la visita… Pero creo que deberías ir con Jeannine y darle esos bombones por San Valentín. Dile a Jeannine que la echo de menos— ¡boom! Él podía ser cruel pero yo también tenía cartas que jugar. Jenn era casi como una hermana mayor para mí. Mientras que los Holdsworth ignoraban al señor Saltitos, Jenn era de las que intentó ayudarme a mantener unos modales y contentar a mi familia aunque no estuviese de acuerdo con ellos. Jenn estaba en las fiestas con nosotros, Jenn me dijo que ya no tenía edad para seguir embarrando vestidos y que me ayudaría. Yo le tomé la palabra y de verdad intenté hacerle caso y controlarme, pero era demasiado rebelde como para callar tanto, aún así encontraba en Jenn una amiga. — Espero que podáis sacarme de aquí para ir a vuestra boda—sonreí amargamente pensando en la posibilidad de seguir allí tanto tiempo.


SAMANTHA VALERIE WILLIAMS

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Re: Cara a cara — Winnie.

Mensaje por Balthazar A. Holdsworth el Lun Jun 27, 2016 12:15 am

Creyó verla rendirse durante unos segundos a su caricia y Balthazar estuvo a punto de sonreír, pero no de una manera encantadora. Captar gente, captar aliados, eso se le daba bien últimamente. Sin embargo, sabía que Winnifred Andersen sería un hueso difícil de roer y no le interesaba alguien que ya había demostrado ser una traidora. La segunda oportunidad tendría que hacerse de rogar, aunque una temporada en Azkaban parecía suficiente castigo. Aun así, ella se apartó pronto de su roce. Ambos sabían a lo que estaban jugando, aprecio eso de la chica, al menos.

Fue Winnifred la que hizo que el guarda se marchase, Balthazar se extrañó. Él se hubiera marchado en aquel mismo momento, no necesitaba pasar más tiempo con la presa. Pero parecía que ella todavía algo que decir. Echaba de menos a Jeannine. El rubio frunció el ceño. ¿Tenían alguna especie de amistad? No le sorprendía que se conociesen —los Holdsworth, los Andersen y los Woodhouse frecuentaban los mismo ambientes y había visto a ambas familias en varios eventos juntas— pero sí que tuviera una relación más cercana. Jeannine y él apenas habían comentado nada de lo sucedido en Gringotts, no más allá de lo reglamentario. Balthazar estaba más que predispuesto ahora a sacar el tema durante su comida. La sorpresa se esfumó de su rostro en cuestión de segundos y un extremo de sus labios se elevó en una sonrisa torcida, irónica. —Le daré recuerdos de tu parte. Seguro que se alegra de que te haya hecho el día un poco mejor y menos monotono —dijo con cordialidad. Volvía a ser el Balthazar que se paseaba por los pasillos del Ministerio y apretaba la mano de cualquiera, fingiendo olvidar lo poco de desinteresado que tenía en el interior. —Y yo espero que la invitación no se pierda por el Mar del Norte —respondió. Nunca saldrás de aquí. No hasta que te redimas de tus pecados.

Se aclaró la garganta y decidió que ya había sido suficiente. Se movió hacia la puerta y dio un par de golpes para indicarle al guarda que ya podía abrirle la puerta. El hombre no tardó en volver a mirar en el interior. Balthazar giró la cabeza y habló por encima del hombro antes de salir de la habitación. —Nos volveremos a ver —se despidió. Ya no tenía más que decirle. No aquel día. No delante de nadie. Dicho aquello, salió de la habitación y siguió su camino para salir de la prisión. Su prometida le esperaba y ya había tenido suficiente de Azkaban por un tiempo.


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