JULIO DEL 2025.
Los mortífagos se han hecho con el poder de Reino Unido e Irlanda, muchos han tenido que huir para salvar sus vidas pero otros han caído en sus garras sin poder evitarlo. El Mundo Mágico ya no es igual, pero una nueva puerta se abre ante los Prófugos en Australia, un país dónde todo es al revés, ¡y nunca mejor dicho!

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Until it hurts » Private +18

Mensaje por Owena Fakhoury el Jue Ago 13, 2015 4:15 pm

Me encanta tu lengua... Pero como digas algo, te la cortaré.
– Owena Fakhoury.

Residencia Ljungstrand | 8 de Diciembre, 2024

Owena jamás perdía las riendas de su vida. Jamás alzaba la voz. Jamás demostraba que había perdido aunque estuviera en suelo mismo con una varita apuntándole a la frente. Jamás. ¡Jamás! Por eso no era ella misma en esos momentos, mientras maldecía una y otra vez en voz alta justo a unos metros de la Residencia Ljungstrand, sin importarle que posibles vecinos o miembros de la casa la vislumbraran antes de tiempo. Caminaba en círculos, de un lado a otro. ¿Dónde tenía que ir primero? No le servía de nada salir a buscar culpables sin ver primero el estado de Kjell.

El estado de Kjell. Algo se oprimió en su pecho e intentó hacerle picar la garganta pero se reprimió en el acto. No, una cosa era humillarse hasta cierto punto y otra diferente era llorar. Y aunque en su tiempo si había usado las lágrimas con sabiduría, el derramarlas con conocimiento de causa no estaba en su agenda. Lo que si estaría en sus ocupaciones y a la brevedad era hacerle una visita a Sihtric Cáech, y si tenía que aplicarle hechizos para que le dijera la verdad sobre lo que sabía no le iba a temblar la mano. Y si resultaba, por alguna cósmica razón, que él hubiese tenido el poder de detener la situación, entonces el asunto estaría zanjado. Ojo por ojo, diente por diente.

Miró una última vez la entrada de la casa que hasta hace más de un año había dicho que jamás visitaría, pero como era de esperarse, luego de la primera vez, en octubre del año pasado, había comenzado a aparecer por ahí regularmente. Se iba eso si, tal como había prometido la primera vez. Nunca se quedaba a dormir aunque tuviera que salir de ahí medio mareada a las 5 de la mañana, y no es que respetara la cama del hombre, porque en esa misma lo había probado en todas las posibles posiciones que se le habían ocurrido. Al igual que en otras estancias, no, lo hacía por ella. Para intentar engañarse a sí misma y no reconocer lo mal que la tenía.  

Este era de hecho el momento en que debería haber tomado la elección correcta, que era regresar al país donde había crecido. Su familia seguro la esperaría con brazos abiertos, pero no, allí estaba, plantada ya en la entrada y retirando los hechizos del lugar sin importarle llamar primero. Una vez dentro suspiró contra la puerta. Más cansada que nunca en toda su vida. Y fue luego de eso que sus pasos se dirigieron rápidos a donde creía que encontraría al anciano.

Lo encontró en su cama y si no se rompió algo internamente fue simplemente porque gustaba de fingir que no tenía corazón—. Quiero los detalles, todos —dijo como primera acotación mientras se acercaba a él. Sabía que no la esperaba, y es que decidirse a ir a visitarlo y a ofrecer sus servicios de enfermera no sonaba razonable. Sin embargo, para eso era que había venido. Además, claro, de sacarle la información para iniciar la cacería. Porque pensaba girar el mundo de cabeza y sacudirlo si con eso encontraba a quien culpar.

Se acercó hasta donde su mano pudiese tocarlo, y extendió la misma sin poder evitar un leve temblor que pronto se recompuso—. No preguntes por qué estoy aquí… ¿No ves que ahora no puedo golpearte? —exhaló con pesadez antes de posar sus dedos sobre la mejilla del hombre. Odiaba verlo así, y se odiaba el doble a sí misma por sentirse mal por saber que él, de entre todas las personas del mundo, estaba herido.

Iba a buscarlos, los encontraría, a todos...
Y luego, luego iba a borrarlos de la faz de la tierra.


Última edición por Owena Fakhoury el Dom Nov 15, 2015 5:42 am, editado 1 vez




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Re: Until it hurts » Private +18

Mensaje por Kjell Ljungstrand el Vie Ago 21, 2015 6:03 am

Hacía todo lo posible por dormir, de verdad que se esforzaba por conseguirlo, pero estar en cama y con el cuerpo casi inútil no bastaba para poder conciliar el sueño. Parecía tarea imposible cuando tenía tan presente que allá afuera sus personas más preciadas corrían permanentemente el riesgo de ser atacados por otros magos como a él le había ocurrido hace casi un día. Curiosamente las tres personas que a su mente acudían eran mujeres de muy distintas edades y aunque sabía de sobra que dos de ellas podían defenderse perfectamente y la otra se encontraba relativamente segura en Hogwarts, la angustia no se disipaba de su corazón.

De no ser porque las maldiciones todavía le dolían en el cuerpo al mas mínimo movimiento, estaría ya buscando desesperadamente a Owena para convencerla de irse lejos a un lugar donde pudiese estar a salvo. Las posibilidades reales de conseguir dicha misión eran nulas, pero él guardaba la esperanza de que por una vez en la vida, ella aceptaría su desesperada petición. No quería perderla, suficientes pérdidas había sufrido ya a lo largo de la vida como para pasar por otra. Una más seguramente no la superaría. Ahora pensaba que la jubilación le habría venido bien, pero de poco serviría si la bruja no lo acompañaba y Maybritt continuaba en el colegio.

Después, pensó en su hija, esa que no lo hacía en el mundo y por la que poco o nada podía hacer. –Malditos Cruciatus…literalmente. Se quejó odiando el no poder proteger a Annwyn libremente sin exponer la verdad. La ira e impotencia se notaban en la voz del anciano y es que no podía evitar sentirse de ese modo, frustrado por haber caído ante un grupo de magos y brujas que ni siquiera ocultaban su rostro. Seguro usaban multijugos o algún otro hechizo para alterar sus verdaderas facciones, a otros aurores había dado ya todos los detalles y sin embargo, tenía el pésimo presentimiento de que no conseguirían nada. Los desgraciados que masacraron a un par de inocentes seguirían libres, preparando su siguiente movimiento. Al menos él estaba vivo, pero eso no lo hacía sentir precisamente mejor… Ojalá hubiese alcanzado a salvarlos…

Hizo el enésimo intento de despejar su mente y a punto estuvo de suspirar resignado cuando la puerta de su habitación se abrió dejándolo literalmente con la boca abierta. –¡Owena! – exclamó casi con espanto, obviamente no por miedo a la mujer en sí, sino porque era la última persona por quien querría ser visto en esas condiciones. Un Cruciatus no dejaba huella visible por mucho que fuese repetido, pero los cortes se empeñaban en dar guerra a las pociones negándose a desaparecer con facilidad. Culpa de los años, pociones o hechizos demoraban más de lo normal en surtir efecto a su edad.

Quiso levantarse por mera inercia pero tan pronto como su espalda se separó de la cama, recordó que debía guardar reposo por más días de los que estaba dispuesto a tolerar. –Bien, bien, no preguntaré solo porque… un golpe más me dejaría… Bueno, ya te imaginarás. – había apretado los ojos en un intento por soportar el dolor que le causaba el volver a la posición inicial y por eso la mano de Fakhoury lo tomó desprevenido. Las cosas habían cambiado considerablemente entre ellos… ¿pero sería lo suficiente como para pedirle…? No te aproveches de la situación. Espera. Se dijo apesadumbrado,  aunque lo ocultó lo mejor posible. Por eso sonrió a pesar de lo vergonzoso del asunto y de su herido orgullo.

¿Los detalles? ¿Quieres que te cuente la humillación? – dijo moviendo con cuidado el brazo izquierdo para posar la mano sobre la de ella. El otro brazo lo tenía medianamente inútil, si hubiese sufrido una fractura un hechizo lo habría arreglado, pero no eran los huesos los lastimados sino los músculos del hombro. De momento levantarlo le dolía  a niveles difíciles de soportar. –Dejémoslo en que ellos eran más y en que la próxima vez no tendré compasión, les regresaré las maldiciones sin remordimiento.– lo dijo con cierta gracia, tal vez si se mostraba tranquilo Owena abogaría por él para poder volver a sus funciones de auror cuanto antes. ¿Y la propuesta de cambio de residencia a algún lugar muy muy lejano? Ese tema tendría que abordarlo con cuidado, si lo hacía de golpe no obtendría mas que una rotunda negativa. –Y antes de que digas algo mas, te aviso que no regresaré a San Mungo. Aquí estaré quieto y en paz.– aseguró con ceño fruncido. Lo segundo era relativamente cierto, pero estar quieto… eso lo rompería en cuanto su cuerpo le diese un mínimo de oportunidad.

Un reloj de arena puesto sobre la mesa contigua a la cama terminó de vaciar el contenido de un lado a otro y, en ese instante, desprendió un azulado resplandor. Era el recordatorio para el mago de que debía tomar cierta cantidad de gotas de un frasco ubicado sobre la misma mesa. Al notar el resplandor Kjell liberó la mano de su visita no esperada y la dirigió hacia la mesa, revisando las etiquetas de las distintas botellas en busca de la correcta. Odiaba el montón de cosas que se vería obligado a consumir hasta recuperarse.




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Re: Until it hurts » Private +18

Mensaje por Owena Fakhoury el Dom Ago 30, 2015 5:03 am

No le gustaba el tono asustado que había usado él al llamar su nombre. Pero ya que así estaban las cosas ser confundida con un fantasma le resbalaba encima. Era culpa de la edad, alguna crisis de estar cerca de los 50, no había otro modo de explicar la razón por la que andaba tan excesivamente sensible ante las existencias ajenas a la suya, un fenómeno que no le había ocurrido antes. Por eso seguramente era que le dolía el cuerpo solo de ver las heridas del anciano que tenía postrado en cama. No, no debía ser así, su diversión no podía continuar si su compañero favorito terminaba en esas circunstancias—. Si… Lo imagino —comentó sin ánimo alguno, podía percibir como sufría y como no era a causa de ella o por ella, no le agradaba. Si, sus tendencias a veces rozaban lo sadomaso pero jamás a ese nivel que habían utilizado los atacantes. Ah, los odiaba ya.  

No seas infantil Kjell —le gruñó, cosa que por cierto él era siempre quien se encargaba de hacer, pero que se negara a hablar comenzaba a enojarla. Lo escuchó darle una sarta de explicaciones vagas e inútiles y supo que el hombre jugaba con ella. Con gusto le apretaría una herida para hacerlo hablar, pero aunque estuvo al borde de desviar su mano le fue imposible, una porque él había puesto su mano encima y otra porque ella no quería dañarlo—. ¿Regresar a San Mungo? Olvídalo, allá no puedo ir a verte —ingresar a un hospital a ver un enfermo era otro nivel de gravedad en su vida, esas cosas que hacían las personas normales y que ella se negaba a realizar por salud mental, no quería seguir perdiéndose a sí misma por él, pero allí estaba a un lado de su cama, decidida a dejarse abandonar en todas sus creencias por el cuerpo moribundo de un mago.

Pero, no era uno cualquiera. Tal vez por eso se quedó mirándolo fijo mientras se movía luego de que el reloj diera un anuncio desconocido, había visto de esos artefactos, los que usaba su odioso abuelo para recordar las vitaminas todos los días. ¿En qué clase de lío estaba metida que terminaba con alguien parecido al viejo que odiaba? No, Ljungstrand no era tan viejo, ni tan idiota como el mayor de los Fakhoury—. Te ayudo —repuso de pronto, y le tomó la mano para acomodarla sobre su regazo con cuidado. Luego observó todos los frascos con medicamentos y cosas y supo que estaba tan mal que seguro se tenía que beber toda la tienda de algún pocionista—. Por la hora diría que es esta —le mostró una poción que al parecer tenía de base algo de amapola y díctamo. O algo así alcanzo a leer de la etiqueta, mencionaba la cantidad de gotas a darle.

Buscó en la misma mesa una cuchara y comenzó a vaciar las gotas luego de conseguir la aprobación del caballero, una vez tuvo las quince dentro de la misma, la acercó a la boca ajena, sin quitar la vista de los labios que tanto le gustaban mientras se relamía los suyos—. A ver… abre —pidió esperando que no se quejara mucho, y una vez introdujo el contenido en la boca ajena tomó el vaso de agua de la mesa, lo rellenó y se lo tendió. Tal vez sería mejor ponerle algunas cuantas almohadas, o ayudarlo a incorporarse para beberlo. Así que sin soltar el vaso se sentó a su lado pasando su brazo para que ayudara a elevar la cabeza del hombre sin hacer mucho daño en su espalda. ¿Sería eso lo que le dolía?

Necesitaba los detalles, por mucho que él no quisiera dárselos, así que con el vaso en mano y una extraña posición donde él parecía el hijo que jamás había tenido, lo miro intentando atravesarlo con su vista—. Si no me dices que te pasó por las buenas voy a romper tu mente y meterme dentro de ella para averiguarlo —lo amenazó con su dulzura característica. Bien sabía que él no querría dejarla usar legeremancia sobre su cabeza, pero si no le dejaba opción allí mismo se colaría en busca de respuestas—. Cuantos eran, ¿Los viste? ¿Qué te hicieron? ¿Qué te duele más? —fue preguntando con toda la calma posible a la que podía acceder en esos momentos de infinito pesar.

No pensaba abandonarlo en esos minutos si eso se creía él, no importaban sus explicaciones. Su investigación comenzaría al día siguiente, porque ese día en especial ella no planeaba regresar sobre sus pasos. Aunque estos quisieran volar lejos de ese hombre y de su embrujo—. Sólo por si te lo preguntas, si, vine a ayudarte...y a quedarme, agregó mentalmente aunque no lo dijo y apegó el vaso a los labios del caballero. Deseaba tanto tomarlo en esos momentos pero sabía que no podía, no al menos tan duro como solía gustarle a ella. La salud por delante, para su pesar.




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Re: Until it hurts » Private +18

Mensaje por Kjell Ljungstrand el Sáb Sep 12, 2015 7:31 pm

Afiló la mirada queriendo leer las letras en la etiqueta del frasco que Owena le mostró, pero desistió tan pronto como el orgullo le recordó que sin gafas su vista no era la mejor del mundo a esa distancia. Pero el frasco sí le era familiar a esa hora y confiaba lo suficiente en la que consideraba su mujer como para aceptar sin miedo las gotas que amablemente le sirvió y ayudó a tomar. –Gracias– dijo antes de tomar con cuidado el contenido de la cuchara. Lo que no esperó fue que también le ayudase a medio sentarse, curiosamente Kjell no se quejó ni un poco por las atenciones que lo hacían sentir más viejo que de costumbre, aunque sí cruzaba por su cabeza esa línea de pensamientos. Imaginó los pesares de una mayor vejez y lo tedioso que podría ser para su pareja si decidía quedarse a su lado hasta ese entonces. Ella era más joven, ¿y si algún día se aburría?

Mentalmente dio vueltas a ese asunto y por eso permaneció en silencio, mientras Owena le ayudaba a levantarse ligeramente para poder beber del vaso que le había servido. Cuando todo eso terminara estaría nadando en deudas con ella, ¿eso sería bueno o malo? Quiso darse cierto soporte haciendo uso del brazo que descansaba sobre el regazo de la bruja pero, aunque moverlo en sí no le dolía tanto, se le disparaba una punzada cada que lo apoyaba sobre la cama. Lo recordó a tiempo y en lugar de eso lo usó para sujetar el vaso. Bebió todo el contenido, apartando luego el recipiente.

Esta bien, esta bien. Te lo contaré.– se apresuró a decir, soltando inmediatamente la mirada contraria, por si acaso se le ocurría usar su magia a pesar de la respuesta que ya le había dado. Jamás aceptaría que Fakhoury hurgara en su cabeza, no le preocupaba que conociera la fatídica historia con su esposa y tampoco que alguna vez se había metido con la esposa del que se suponía era su amigo –seguro que Owena no juzgaba esa clase de desliz–, su temor se debía a que descubriera que él era culpable en gran medida de la muerte de Aderyn… Por lo de Annwyn no se angustiaba, tenía ya pensado contarle a la mujer sentada a su lado que la joven auror era su retoño, solo que no se había dado todavía un buen momento para eso.

Respiró profundo y renunció a su deseo de sentarse para no verse tan enfermo, dando un suave toque al brazo con que Owena lo sostenía en señal de que no hacía falta que se siguiera esforzando por mantenerlo en esa posición. Evitaría darle problemas, por eso se resignó y recostó otra vez. –Eran cuatro- empezó a explicar, mirando al techo. Su  mano derecha que había estado descansando se tensó sobre las sábanas. Recordar lo ocurrido despertaba el enojo del mago. – Ya había terminado mi turno, yo solo iba de paso cuando escuché los gritos que provenían de un callejón. Obviamente no iba a ignorarlo.– recalcó fijándose de nuevo en la bruja. –Cuando fui a averiguar me encontré con una pareja siendo torturada por otra con maldiciones imperdonables, no sé cuanto tiempo llevaban así, pero la mujer tendida en el suelo apenas y se movía cuando la atacaban… Hice lo posible por enfrentarlos, si no fuera porque dos más aparecieron detrás de mi quizá lo habría logrado.

Saber que lo único que había logrado era brindar más diversión para esos mal nacidos le llenaba de rabia. –Sin capuchas ni máscaras. La lengua los delató como puristas. Si el retorno de mortífagos motiva a otros a actuar de ese modo, entonces la sociedad esta en serios problemas.– Y él no podría hacer nada al respecto mientras estuviese en cama… –Owena, aboga por mi. Diles que son solo dolencias de anciano, esto se me pasará pronto.– pidió casi desesperado, sujetando fuerte la mano de Fakhoury que tenía más cerca. Pediría ayuda a Hawryluk, seguro que él podía darle algo más potente para la recuperación o para engañar a sus sentidos y soportar el dolor.  




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Re: Until it hurts » Private +18

Mensaje por Owena Fakhoury el Dom Oct 04, 2015 8:52 pm

Tenía la varita cerca por si las dudas, pero al parecer el hombre había decidido ser sensato, o algo similar, y no le obligaría a practicar magia contra su cabeza dura para sacar todas las respuestas que quería. Al parecer estar sentado no le era cómodo, así que con el breve toque a su brazo lo dejó ubicarse como prefería sobre la colcha. Su mente siempre activa pensaba seriamente en formas suaves de ayudarle a botar la tensión de su cuerpo, aunque no podía jurar que él estuviera deseándolo, el problema es que el hambre de Owena siempre era infinita en ciertos aspectos.

Se acomodó sentada en el borde de la cama mientras lo escuchaba relatar el asunto. Así que no había sido precisamente un ataque directo al mago, con suerte y una trampa, pero dado que los otros estaban usando maldiciones era posible, que fatídicamente hubiese sido solo mala suerte del mayor. Fakhoury no sabía que prefería. Y es que a decir verdad, era más fácil vengarse con gusto si lo ocurrido no fuese un accidente, al menos como lo relataba él. Esperaba que estuviera diciéndole toda la verdad y no guardándose nada.

Por la forma en que describes el ataque solo veo que estuviste en el lugar y momento equivocados… ¿Qué creías que harías allí tu solo? —sí, ella, lo estaba regañando. Eso por preocuparla de más. Negó con la cabeza apenas él le pidió ayuda, su mano estuvo al borde de ser ahogada por la contraria pero el ceño de la pelinegra se había fruncido con toda la historia. Si había algo que le molestaba, era el instinto heroico y casi suicida de su compañero. ¿Qué no se daba cuenta de que si seguía así cualquier día terminaría siendo atravesado por un rayo verde? Uno por accidente seguro, porque nadie solía tener nada contra los héroes, eso hasta que se atravesaban donde no los llamaban.

Meditó en la posibilidad de no cooperar en el asunto, aparte de prestarle ayuda para que sus heridas sanaran esos días, pero al imaginar el ministerio sin la presencia de Ljungstrand porque le exigieran la jubilación anticipada o algo, la detuvo—. Eres un idiota, Kjell —aseguró y dio un largo suspiro—. Por eso no voy a dejar que arruines mis días en el ministerio con tu ausencia —repuso poco después, dándole la esperanza que el otro tanto necesitaba—. El problema es que no sé lo suficiente para curarte como se debe, ¿Tienes idea de quién te puede ayudar? —preguntó y su mano exigió que el agarre contrario fuera más suave, y lo hizo acomodando la suya hasta entrelazar sus dedos con los del mago.

Lo miró unos segundos, no dejando entrever la desesperación que sentía, y su mano libre fue a posarse justo sobre el vientre del auror—. No te preocupes, me encargaré de que regreses a tus funciones, o tal vez a alguna menos peligrosa… No vas a abandonar el departamento, además, todavía me gusta la mesa de tu oficina —sonrió al final y su mano ociosa se dedicó a bajar por sobre la ropa, acariciando sin permiso sobre la tela. Si él la rechazaba no pensaba entenderlo, pero se sometería a las peticiones ajenas—. Pero no será hoy, tienes que descansar… ¿Necesitas algo? —consultó y sus ojos se desviaron al rostro contrario, hasta podía entrever que tenía un corte en los labios. Los que ella reclamaba como propiedad cada vez que le era posible.

Su mano se detuvo de acosarlo con suavidad y se quedó posada allí donde había encontrado acomodo. El cuerpo de ella se inclinó con cuidado, no quería aplastarlo, y cuando se encontró justo frente al rostro de él lo miro seria—. Si vuelves a asustarme así, te mataré yo misma —lo amenazó con toda la dulzura que pudo, su voz fue literalmente un susurro, pero tanta sinceridad iba a acabar con ella así que cerró la boca antes de decir lo mucho que le alegraba verlo vivo todavía. No, eso ya sobrepasaba todos los límites, aunque... ¿Esos existían todavía entre ellos?




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Re: Until it hurts » Private +18

Mensaje por Kjell Ljungstrand el Lun Oct 19, 2015 4:27 pm

Quería contradecirla, explicarle que nunca se está en el lugar y momento equivocados, que el destino o alguna cosa parecida lo había guiado hasta ahí y que su deber sin lugar a dudas consistía en salvar a esas pobres almas, y el fracaso… ese había venido por culpa de su ineficiencia en proteger a otros… Pero no podía decirlo en voz alta, eso no lo ayudaría a que Owena cooperara con él, seguro que lo ponía a dormir con un hechizo para no tener que escucharlo.

¿Un idiota? Oh si, a lo largo de los años muchas veces lo había sido, y el pensar en el fiasco de hombre que era por no poder salvar a las víctimas le hizo recordar que por su difunta esposa tampoco había podido hacer nada en vida, ni justicia por su muerte ni descubrir qué había sido de la criatura en su vientre. Por Aderyn tampoco y por Annwyn menos… Si algo le pasaba a Owena se iba a desmoronar… Su ánimo decayó, pero evitó exteriorizarlo.

Y para su suerte, Fakhoury sin saber le ayudó a dejar atrás sus deprimentes pensamientos. ¿De verdad iba a ayudarlo? Eso había entendido. –Hawryluk, Vseslav Hawryluk. El chico forense del departamento.– no porque se estuviese dando por muerto, pero ese extravagante individuo era habilidoso y a algún acuerdo podrían llegar. Kjell entrelazó los dedos con los de la bruja y al hacerlo algo de tranquilidad volvió a su persona, ella tenía distintos efectos en él y ese era uno de ellos, estar con la pelinegra le traía serenidad. Eso era algo que ocurría en automático cuando gozaba de su compañía, pero claro, había otra clase de emociones y sensaciones que Owena invocaba personalmente, por ejemplo, cierta tensión que se instaló entre sus piernas después de recibir unas cuantas caricias de la mano ajena.

El mago se distrajo inevitablemente, de repente estar tan maltratado por el ataque se volvió más tormentoso y es que bajo esas condiciones no podría “atender” a la rompe maldiciones como debería. –Siempre supe que la mesa sería perfecta para ese lugar…– comentó sin dudar, obligándose a dejar de mirar cómo ella lo tocaba. Sí, estaba herido, pero el apetito no desaparecía solo por eso y claro que necesitaba algo que únicamente la dama presente podía darle. Eso sí que se lo iba a decir. Retuvo la respiración al verla acomodarse con cuidado sobre él creyendo que sería un gran beso lo que le daría en esa posición, pero no, ¡fue una amenaza! Una que a pesar de haber sido pronunciada con perverso encanto, le dejó sabor a verdad.

Entendido, Owe.– afirmó, asimilando que definitivamente tendría que cuidar más sus acciones de ahora en adelante y no solo porque ya se veía con la varita contraria en la garganta si cometía alguna tontería, sino también porque comprendía que la chica se preocupaba verdaderamente por él. Su amor por ella estaba siempre latente, por eso evitaría darle angustias innecesarias. –Pero por lo que más quieras, tu también ten cuidado. Allá afuera hay gente que podría lastimarte por simple diversión, si algo te pasara…– no quiso terminar la frase, seguro sus ojos ya decían bastante sobre el sufrimiento que lo atacaría si ella resultaba herida por alguna mala situación.

Su mano izquierda se levantó para tocar con delicadeza la mejilla de la bruja, no podía dejar de mirarla  a los ojos aún sabiendo que se delataría como un viejo sumamente enamorado y temeroso por el bienestar de ella. No le importaba ya que lo catalogara como extremadamente emocional, prefería ser sincero y directo con ella. –Sí necesito algo de ti– respondió tardíamente e inmediatamente se impulsó lo que hizo falta para alcanzar los labios de la mujer, y no precisamente con suavidad.

La besó con cierta prisa, potente y sin descanso, buscándose incluso un espacio por donde entrar con la lengua. De acariciar su mejilla pasó a su nuca, acercándola a él al aplicar un poco de presión y así poder recostarse por completo otra vez, porque de otra forma no podría mantener por mucho la postura. No sabía que tanto soportaría su cuerpo pero estaba dispuesto a averiguarlo, prueba de ello su mano diestra hizo el esfuerzo de moverse para encontrar la de Owena que minutos atrás lo acariciaba abajo y al dar con ella aplicó un poco de presión. Mover esa extremidad le hizo gemir brevemente de dolor, el sonido se ahogó contra los labios que saboreaba pero soportaría más que eso por el corazón de la mujer que adoraba.




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Re: Until it hurts » Private +18

Mensaje por Owena Fakhoury el Jue Nov 05, 2015 4:12 pm

Hawryluk, el apellido le sonaba más de lo que pensaba decirle al mago así que simplemente asintió ante los datos. Tendría que buscar al extraño hombre para que viera a Ljungstrand aunque algo le decía que su compañero podía terminar más herido de lo que ya estaba.

Seguía molesta por el hecho de que él no se cuidara lo suficiente, y que pareciera estar buscando más ocasiones donde terminar postrado por ahí. Si no fuera por lo mucho que le gustaba tenerlo a su lado, seguramente no habría accedido a ayudarle a volver a sus funciones dentro del ministerio. Sonreír ante el recuerdo del escritorio era inevitable, pero eso no apagaba su ira y se lo dio a entender con su clara amenaza de futuro sufrimiento si no comenzaba a cuidarse.

Pudo calmarse cuando una expresión afirmativa salió de los labios de Kjell y se quedó inclinada sobre él, no era la posición más cómoda pues tenía que mantenerse elevada en el aire, pero su mirada estaba fija en los ojos del anciano que como siempre le gritaban tantas cosas que parecían estar lanzándole una pared encima. ¿Por qué él tenía que ser tan fácil de leer para ella? Lo más sorprendente era que comenzaba a aceptar los sentimientos ajenos y aunque no era capaz de corresponderlos del todo, ya no los rechazaba como si fueran la peste misma—. Antes los lastimaré yo, no te preocupes por mí —¿Qué haría ese hombre si descubriera que ella tenía ligeras inclinaciones que apoyaban a los que actualmente eran considerados los malos del lugar? ¿Dejaría de mirarla como adolescente enamorado si supiera que sus amistades la invitaban a formar parte y a hacer justamente esas cosas que él intentaba detener?

No quería pensar en el drama que sería el día que él entendiera lo que tenía a su alrededor. Porque por más años que tuviera Kjell, el mago era terriblemente ciego a lo que sucedía justo a dos pasos de él. Así había ocurrido con Maybritt, por ejemplo, pero la mano ajena que se posó con cariño sobre su mejilla le hizo dar un suspiro. Mentir era parte de sus capacidades, por supuesto que podía fingir demencia un poco más por él. Saberse con la disposición a hacer algo por otro le dejó mal sabor en la boca. Por eso cuando sus labios tocaron los contrarios, ella correspondió sin ánimos de contenerse.

Apasionada como ella sola, intentando callar las voces en su cabeza que le decían que no tenía ningún sentido seguir con él si luego le iba a romper el corazón en pedazos, ese día en particular ella no quería pensar en eso. Dejó que el traspasara la barrera de sus labios y lo recibió en su cavidad con ánimos naturales de corresponder, culpa de la abstinencia seguro. Esta vez, por el bien de alguien más haría algo sabiendo que no le traería las mejores recompensas. Iba a disfrutar de las consecuencias tempranas, esas que si se aventuraban deliciosas como lo comprobó al ser motivada a presionar con más ahínco sobre la tela del pantalón, y de las consecuencias a largo plazo, esas que la iban a dejar amargada por el resto de su vida, se ocuparía después. Ahora no era el momento.

Había escuchado el dolor en la voz ajena y eso que ella no había hecho nada rudo todavía, por eso supo que el cuerpo del mayor necesitaba descanso—. Shhh… con cuidado, no vayas a romperte algo más —murmuró contra sus labios tomando algo de fatídica distancia. Lo miró unos segundos con pesar y luego volvió a tomar su boca, sus dedos por otra parte se habían distraído intentando colarse en el pantalón. Una de las partes favoritas de Kjell necesitaba cuidados intensivos a su parecer, pero mantenerlo quieto sonaba a reto. Luego de devorarle la boca, repasando cada uno de sus labios con esmero, volvió a apartarse, tuvo que limpiarse un hilillo de la saliva que habían compartido y una idea vino a su mente, tan enferma como las que siempre tenía para él.

¿Has comido algo? Porque yo no —preguntó levantándose de la cama, le hizo una seña para que se quedara quieto y luego se aseguró de despejar con cuidado la zona de trabajo. No esperaba que fueran a recibir más visitas aunque si llegaban siempre estaban las mantas para cubrirle. Por eso le quitó los pantalones sin muchos miramientos. Fijándose de no hacerle mucho daño en el camino. La ropa interior también la alejó del camino pues no pensaba utilizarla y luego se cruzó de brazos mirando la pieza de arte que tenía justo al frente. Le faltaba algo de decoración—. Regreso en breve, y no pienses en moverte —le advirtió y se inclinó, tomando un mechón de su cabello para que no le cayera encima, antes de darle un beso en el ombligo, crueldad de ella por supuesto.

Con movimientos seguros y su siempre bien dedicado caminar, desapareció por la puerta en dirección a la cocina. Su expresión ya había dejado de ser afable pero mejor que no se detuviera a pensarlo o saldría corriendo. Y esta vez, ella no quería escapar, no tan rápido al menos. Sentía que el final se acercaba y en vez de huir hacia alguna zona de seguridad se estaba metiendo directamente en la boca del lobo. La cueva la estaba esperando con todas sus pesadillas despiertas.




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Mensaje por Kjell Ljungstrand el Jue Nov 12, 2015 12:16 am

Kjell lo sabía, muy en el fondo era consciente de que Owena era una bruja terriblemente peligrosa y no en el sentido sarcástico de la vida. Pero sabía mentirse a la perfección a sí mismo, y si algo le recordó ese casi eterno engaño, fue la fatal afirmación de su preciada amante. Sí… seguro que no muchos terminarían en pie si se atrevían a enfrentarla y hacerla enfurecer… Mas no quería pensar en eso, no, quería seguir creyendo que Fakhoury permanecería por el buen camino. Por suerte o desgracia, el anciano no imaginaba la magnitud a la que Owena estaba empapada de todos esos asuntos que acosaban al orden del mundo mágico, porque entonces, Kjell de congelaría sin saber hacia que dirección caminar.

Prefirió saborearle la boca, invadirle con la lengua y frotarse salvajemente contra la de ella, mejor eso que pensar en la realidad más allá de esas paredes que teóricamente lo protegían. Como era de esperarse no le fue difícil olvidarse de todo lo demás y disfrutar de esa mujer, quedando a la espera de que le concediera un poco de cariño entre las piernas. Otros quizá se habrían negado a continuar por el rumbo perverso dadas las circunstancias, pero no ellos. Como pareja sabían aprovechar cada minuto que se les presentaba libre para jugar y amar. –No me romperé nada Owena– aseguró rápidamente, agitado y temiendo que ese intento de silenciarlo fuese el principio de una negativa. Afortunadamente estaba equivocado.

Si no hizo notar la sorpresa que los dedos ajenos le causaron fue porque tenía de nuevo la boca ocupada, recibiendo unos cuantos besos más que consiguieron elevar su ansiedad. Esa bruja era experta en dejarlo inquieto, en tentarlo hasta la muerte. El mago se relamió sin darse cuenta tras observar cómo la mujer se limpiaba un interesante rastro de saliva y sin dar queja alguna permitió que hiciera lo que quisiera con sus ropas. Resultaba un tanto extraña la situación, pero no se iba a negar a que esas manos se divirtieran con él, haciéndolo disfrutar también a él en el proceso.

-¿Comer?  Ehm… sí, algo…– respondió distraído y confundido, aunque no por mucho. Quería incorporarse para también aportar algo a la causa pero desistió ya que ella había insistido en que se quedara tal y como estaba. –Ve, aquí te espero.– dijo con aparente tranquilidad, obvio que no iba a ir a ningún sitio y no lo haría aunque estuviese en perfectas condiciones pues tenía inmensa curiosidad por averiguar qué tenía en mente esa jovencita.

Un vistazo dio a sí mismo desde su ángulo. No podía evitar pensar en el porcentaje de humillación que eso tenía pero gustaba de buscar el lado interesante a todo en la vida, por eso tras meditarlo un par de segundos se dio a la tarea de desabotonarse la camisa y después, invirtió el tiempo en disfrutarse a sí mismo. ¿Se molestaría Owena por haber empezado sin ella? Pronto lo averiguaría, pero mientras ella volvía, se estimularía con gusto entre las piernas, recordando lo candente y húmedo que podía ser el cuerpo de la pelinegra. En algún momento de la recreativa sesión cerró los ojos, dejando fluir uno que otro suspiro de gusto. –No estaría mal pedirle algo semejante a ella…– dijo sin cuidado alguno, pensando en que ver cómo la bruja se tocaba a sí misma sería toda una obra de arte.




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Mensaje por Owena Fakhoury el Dom Nov 15, 2015 3:31 am

Revolver la cocina le hizo sentir en primer lugar algo extraña, pero luego de meditarlo fríamente se dijo que nada tenía de malo al estar allí. Se engañaba por supuesto, pero nadie le negaría sus palabras de momento así que no tenía de qué preocuparse. Luego de dar con todos los implementos que quería usó su varita para llevarlos levitando delante de ella y cuando estaba a punto de entrar por la puerta pudo escuchar unos suspiros que se le hicieron más que familiares…

¿Empezando sin mí? —su expresión pasó a ser la de un breve berrinche mientras estiraba los labios, apoyándose en el borde de la puerta con la mera intención de verlo trabajar en sí mismo. Su observación fue bastante atenta, tanto que se relamía los labios de vez en cuando y llegó incluso a apretar con descaro uno de sus senos con la mano en la que no traía la varita. Bien, si iban a estar en ese plan de tentaciones visuales no se iba a quejar.

Ella por supuesto no planeaba desvestirse tan pronto, aunque agradeció el apoyo mostrado por el hombre al haber desabotonado la camisa—. Alto ahí, ahora jugaremos mi juego —pidió mientras dejaba los implementos a un lado de la colcha, mismo lugar donde se subió después, sentada sobre sus propias piernas en la cama. Dejó la varita sobre la almohada y sus manos tomaron las del mago mientras negaba con la cabeza—. Desde ahora solo te tocarás si te lo pido, me haces caso o te amarraré con la varita —amenazó con una risa final. Por supuesto que estaba dispuesta a tenerlo completamente atado y a su disposición. No se contuvo mucho más y se inclinó por los labios contrarios, asegurándose de no tocarlo en ningún otro lugar más que con la boca.

Le enseñó otro de los frutos que traía en un bol, el cuchillo afilado y la crema—. Pasaste por mucho estos días, así que quiero que te sientas bien… —especificó y puso una fresa entre sus labios luego de robar un trozo de la misma. Sus dedos fueron bajando por el cuello de él, le faltaba algo para hacer todo más emocionante, al menos para ella, así que pronto se levantó y rebuscó en uno de los cajones, una corbata trajo con ella y con cuidado la acercó a la vista ajena. Lo último que le permitió ver fue un guiño de su ojo y luego hizo un nudo simple para dejarlo a ciegas.

Podría fotografiarte y repartirte por el ministerio para que vean en que buen estado estás… Pero creo que me contendré hoy —de ningún modo aceptaría que comenzaba a molestarle el pensar en compartir a Ljungstrand en cualquier sentido existencial—. Si tienes alguna queja la puedes decir, mis oídos están atentos —agregó y tomando otra de las fresas la fue cortando en rodajas para ubicarla sobre puntos del cuerpo del mago. Dos sobre sus pectorales, una más sobre su corazón. Otra en su ombligo, una sobre cada muslo y finalmente comenzó a decorar alrededor de la erección contraria.

Si, era su plato favorito—. ¿Crema? —preguntó antes de marcar una larga línea que se extendía desde el centro de su pecho hasta su bajo vientre—. No te muevas mucho o tendré que buscar modos de castigo, Kjell —pronunció su nombre con delicia y se empajó las manos con la crema antes de arrastrar el pulgar por la punta, decorando la superficie a su gusto. Parecía que la que más comería ese día sería ella, pero prometía mentalmente compartir con el mayor de las delicias presentes.


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Mensaje por Kjell Ljungstrand el Dom Nov 29, 2015 12:57 am

El que Owena apareciera por la puerta de la habitación era obviamente esperable, por eso no se sorprendió cuando la bruja finalmente apareció bajo el umbral de la puerta y tampoco por su “disimulada” queja de verlo tocándose a sí mismo, aunque tenía que reconocer que no esperó verla hacer un gesto ligeramente infantil. Desde luego la mano de Kjell no se detuvo a pesar de tener espectadora, con el tiempo había aprendido a ser un tanto indecente frente a la pelinegra, y la maestra por supuesto era ella. Pero, cuando se le dictó un “Alto”… paró en automático. No precisamente por obediencia, fue más una reacción de desconcierto por las cosas que veía que Owena había traído desde la cocina. Miró primero los utensilios y luego a ella. –Como usted diga, Señorita Medimaga.– soltó con sarcasmo, ¿ahora resultaba que la mujer poseía el mando de esa relación? Bueno, en realidad casi siempre era así pero se negaba a aceptarlo aunque fuese mentalmente.

Si le daba más besos curiosos como ese estaba dispuesto a acatar órdenes por ese día aunque… verla con un cuchillo no era precisamente tranquilizante… –Quieres que me sienta bien y por eso traes un cuchillo… Sí, seguro me sentiré de maravilla.– bromeó y tan pronto como tuvo una de las fresas sobre los labios la atrapó y con calma se la comió mientras curioso veía a Owena buscar algo en los cajones de su habitación. Quizá a otro le habría preocupado que entre sus pertenencias encontrara algún objeto comprometedor pero en su caso era un alivio, tener algo perverso solo le habría dado más herramientas a la bruja y de verdad que con sus manos bastaba para experimentar los más extraños placeres.

¿Por hoy? Eso debe ser una broma… Y mi única queja es que no me dejarás mirarte durante el juego, pero está bien, por hoy lo permitiré.– dijo animado, aceptando el llevar la corbata sobre los ojos, después de todo nada le impedía usar las manos y quitárselas. Se disponía a cruzar los brazos cuando sintió lo fresco de algo sobre el pecho, algo pequeño cuya sensación empezó a repetirse en otros puntos y ésta vez sí que lo dejó temporalmente sin palabras. Ya cuando pudo sentir lo mismo más abajo del ombligo la ansiedad volvió intensamente a él.

La pregunta de la crema lo atascó mentalmente unos segundos por lo que pronto el responder perdió sentido pues evidentemente Owena se había adelantado y ya trabajaba en eso. Nunca le habían puesto nada de eso encima, ¿de verdad tenía que quedarse quieto? Porque quería tenerla cuanto antes encima y embarrarse juntos de las decoraciones habituales para un postre. –No eres tan cruel como para castigarme estando herido.– ¿cierto? –Me has dejado solo las manos y la boca para trabajar, dime que me permitirás alcanzarte…– dijo ansioso, pensando en múltiples cosas que podía hacer con esas limitantes. E inspirado una de sus manos fue a buscar la piel ajena, palpando lentamente sobre la cobija hasta encontrar una de las rodillas de su cuidadora. Desde ahí subió suavemente por la piel y apretó fuerte el muslo de la dama, una y otra vez. –¿Alguna otra regla para este juego? Necesito conocerlas todas para decidir cuáles sí romper y cuáles no.– No es que se estuviera haciendo masoquista, claro.




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Re: Until it hurts » Private +18

Mensaje por Owena Fakhoury el Dom Dic 13, 2015 1:32 am

Me gustan tus ojos —aseguró como si nada luego del reclamo del hombre. Le gustaban, no cuando la miraban con exceso de sentimientos, pero si en general—. Pero quiero que tus sensaciones se eleven así que tendré que privarme de tu mirada enferma —sonrió mientras decoraba a su obra de arte favorita. Porque eso era para ella el cuerpo del mayor, escultural a pesar de los años, todavía sumamente atractivo y muy provocador. Infinitas posibilidades se abrían ante ella cada vez que tenía espacio para mirarlo como ahora, sin que él la juzgara de regreso con su expresión de anciano amargado.

Solo puedes mover tus brazos si no terminas rompiéndote algo… Aunque te prometo que estar inmóvil será disfrutable, solo tienes que ser paciente —lástima que ninguno de los dos tenía la capacidad de esperar. Por eso cuando él tocó su rodilla ella se dio cuenta de que llevaba demasiada ropa encima—. Este juego no tiene más reglas que hacer lo que yo te pida cuando sea necesario… Si no me haces caso llevas castigo, pero ten por seguro que vas a terminar pidiendo más —no quería seguir esperando, así que dejó el cuchillo lejos del alcance de los brazos ciegos de Kjell y luego tomó los bordes inferiores de su vestido para sacárselo completo. Sujetador no llevaba, como ya era costumbre, y solo las bragas las mantuvo encima, ni los zapatos se había quitado pero ya vería que hacer con ellos.

Moverse de su posición no le costó y acomodándose a gatas, a un lado del cuerpo masculino, comenzó su recorrido. Lo primero que hizo fue tomar su propio cabello entre sus manos, justo antes de ponerse en el punto alto donde iniciaba el camino de la crema. Succionó y se relamió una y otra vez, absorbiendo el espeso líquido y llevándose el sabor que alcanzaba a tomar de la piel. Cuando estuvo casi al final, en el bajo vientre del mago, ya no se contuvo solo lamiendo y además de una tensa succión se aseguró de morder la piel. Estaba tan cerca de su mayor objetivo que le dolía a ella misma, pero todavía no era el momento. De vez en cuando giraba el rostro para mirar el avance de la erección contraria y sonreír para sí misma.

Deberías contarme alguna historia interesante… —murmuró para darle algo que hacer. En ningún momento lo había tocado con las manos, y recién en ese momento apoyó uno de sus palmas en el muslo de él, cerca de donde había puesto una de las fresas. Se aseguró esta vez de dejar libre su cabello para que sintiera también las puntas mientras se movía en esa zona, y se inclinó para tomar de ambas piernas el fruto que había dejado ubicado. Una la tomó con los dientes y otra  dando un beso con la boca abierta—. Mhm... Sé que es un cliché, pero eres mejor que el vino... Casi te pondría a la altura del café —decirse a sí misma que lo tenía en un lugar de la pirámide, más alto que su bebida favorita, sería un terrible error. Pero no quería meditarlo en esos momentos.

Si dejaras de hacer actos suicidas, bien podríamos hacer esto más seguido —se quejó de pronto, todavía ofuscada por las heridas que podía visualizar en el hombre. O al menos las que se veían en la parte superior del cuerpo de él. Lo miró unos segundos, con una angustia que él no podría ver gracias a la corbata y luego tomó una de las manos de él para llevarla a su propia piel—. Tócame... Grábame... Quiero que me recuerdes incluso sin luces en tu camino —no quería delatarse pero ahí estaba, pidiendo cosas que no debía. Con ira fue que tomó la siguiente fruta, la que estaba justo como el pecho izquierdo de él. La mordida que añadió al final lo dejó claro aunque luego tendría que disculparse por permitirse actuar de manera bestial con un herido de guerra.


Última edición por Owena Fakhoury el Miér Ene 13, 2016 4:01 pm, editado 1 vez




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Mensaje por Kjell Ljungstrand el Sáb Ene 09, 2016 8:12 pm

Las palabras se atoraron en su boca, Owena no iba a conseguir mantenerlo al margen sentimentalmente si iba por la vida diciéndole cosas como “me gustan tus ojos” y tampoco si se anunciaba interesada en hacerlo elevar al infinito. –Si tu lo prometes entonces te creo. – dijo con una peculiar emoción. Bien podía portarse como la bruja deseaba por un rato y después revelarse para averiguar qué clase de castigos se le ocurrían a tan peligrosa mujer. Uno insoportable sería mantenerlo en abstinencia pero ella ya le había asegurado que ambos lados de la moneda serían placenteros. ¿Desde cuándo le daba tanto? De repente el silencio se hizo y por más que sus oídos intentaron descifrar que hacía la mujer durante esos segundos no pudo conseguirlo. La única posible pista fue el movimiento que percibió sobre la cama, pero era insuficiente para formular teorías.

Lo que sí notó fue que la dueña de su corazón se disponía a trabajar, notó su presencia a un costado y levemente giró el rostro en esa dirección. Gran sorpresa se llevó al ser los labios de Fakhoury lo primero que de ella pudo sentir, no había sido un pacífico beso, sino una succión que puso todos sus sentidos en alerta. Una cosa era estar a la expectativa y la otra que cada parte de él se encendiera y esperase con angustia más señales de su compañera. Largos suspiros dio el mago durante el recorrido tan novedoso que Owena hizo sobre él, cada centímetro que ella bajaba tensaba más la erección del mago de modo que, cuando una mordida le fue aplicada más cerca de ese punto, su desesperación empezó a hacerse insoportable.

Una historia interesante…– repitió tras haber respirado profundamente, ¿qué podía contarle? Tener que encontrar ideas que compartir en parte eran una tortura más, le pedía dividir su atención bajo circunstancias especialmente calurosas. La mano sobre el muslo le había hecho sufrir pues podía significar muchas cosas, desde un avance hasta un doloroso “espera”. Suerte que tuvo el cabello de la joven para darle esperanzas y sus labios llevándose los frescos trozos puestos previamente sobre las piernas. Rondaba por la zona correcta, ¿qué tanto lo haría esperar? –¿Algo como… que me gustaría morderte todo el cuerpo en el recoveco de algún restaurante? – no era precisamente una historia, no todavía. Pero ya llevaba tiempo meditando en el gusto de su pareja por innovar al saborearse mutuamente y sorprendentemente empezaban a atraerla esas ideas. –¿Cómo? ¿el café es mejor que yo? Recuérdame tirar la cafetera…– reclamó con cierta indignación.

A tientas buscaba con la mano izquierda la piel ajena sobre la cama pero las palabras de la que quería como eterna compañera lo distrajeron. Le supo extraño el tono que percibió en la voz de la mujer, frunció el ceño y decidido estaba a interrogarla al respecto. Y seguramente lo habría arruinado todo si hubiese abierto la boca para eso, pero no lo hizo, Owena acababa de tomarle la mano y de guiarlo justo a donde el ansiaba llegar. A su perfecto y siempre tentador cuerpo. –Mirada enferma, inferior al café, suicida…– fue enumerando los calificativos o similares que se le habían aplicado en los últimos minutos, pero hablaba mientras su mano agradecida por la ayuda abrazaba con gran apetito uno de los pechos de su cuidadora. La posición en que ella se encontraba le permitía tocar de un modo distinto al habitual, disfrutando del peso natural de su curva.

Un drástico quejido soltó el auror por culpa de una nueva y poco amable mordida en el pecho. Más rudo de lo que acostumbraban, ¿debería buscarle significados ocultos? –No me quedaré ciego Owena, no mientras permanezcas a mi lado. Y aún si lo hicieras jamás te olvidaría. Lo eres todo para mi. – confesó con una seriedad que a ojos de algunos tal vez desencajaba con la escena. La mano que la acariciaba subió hacia su cuello y alrededor de éste se acomodó. Si le preguntasen Kjell no sabría explicar qué lo llevó a tomarla de ese punto tan poco amable, tan solo había reaccionado a lo que sus oídos percibieron de ella. ¿Se estaba despidiendo? ¿Era una advertencia sobre algo malo para ambos? –¿Ocurre algo de lo que deba enterarme? – preguntó y sus dedos volvieron a subir en busca de los labios que tantos hermosos y acogedores momentos le habían obsequiado. Le acarició e hizo por humedecer uno de ellos en el interior de ella. Sintió luego la necesidad de averiguar la verdad en los ojos de la hechicera y a costa de punzadas que le hicieron apretar los dientes alzó su mano diestra hacia la corbata que le impedía mirar a la mujer de su vida.




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Re: Until it hurts » Private +18

Mensaje por Owena Fakhoury el Miér Ene 13, 2016 4:28 pm

Evitó reír ante la fallida historia del mago, pero fue inevitable—. Te pedí una historia Ljungstrand, no tus deseos para la próxima navidad —murmuró aunque la idea sí que se le había hecho mentalmente grata y la dejó anotada en su lista de cosas por hacer. Esa parte exhibicionista de ella, que disfrutaba de sentirse libre por ese medio, agradecía por completo la bondad ajena de darle en el gusto con sus poco sanos deseos.

No sería necesario tirar la cafetera, pero no se lo dijo, prefirió seguirle mintiendo. Ocultando con otras palabras que él ya era más importante de lo que ella era capaz de aceptar, y pidiéndole cosas que sabía iban a hacerla arrepentirse tarde o temprano. Porque se sabía insuficiente para mantenerse atada a alguien, nunca lo había intentado y le faltaba voluntad para comenzar ahora, aunque acababa de dar el primer paso a la horca al aparecer ese día allí. La lengua se mordió para callarse mientras él al fin la tocaba como ella había pedido y luego de dejar entrever su enojo en la mordida que le había proporcionado, comprendió su propio error.

Ser transparente siempre era un fallo. Lo tuvo claro cuando las palabras de él le oprimieron el pecho, y no era por la mano de él que simplemente le tocaba el seno, no. Era una angustia que comenzaba a dañarla internamente. La mano de él subió hasta su cuello y por un segundo tuvo la clara imagen mental de que ya estaba con la soga al cuello—. No digas eso tan a la ligera —murmuró mientras veía lo poco que había quedado sobre él. Aún estaban dos trozos de fruta sobre el lado izquierdo de su torso—. No me hagas creer en lo que dices y sentirme culpable por lo mismo —su voz se había ido apagando y tomó una de las fresas con los dedos antes de llevárselas a su propia boca, sin volver a inclinarse sobre él.

Pero Kjell no sabía respetar los juegos. La estaba rompiendo, una corta lamida dio al dedo que se había atrevido a centrarse en su boca y por el rabillo del ojo vio como el otro intentaba quitarse la venda—. ¡No te atrevas! —reclamó y sin cuidado lo tomó de ambas muñecas y las dejó fuera de juego. Segura de que su movimiento no había sido amable con las articulaciones dañadas del anciano, pero era todo culpa de él—. No quiero que me mires ahora... —pidió más suave de lo que hubiese preferido. Y sintió sus ojos arder por unos segundos en una sensación que hace años no conocía. ¿En serio iba a llorar ahora? Ni de broma, no se podía permitir tal muestra de debilidad.

Aun haciendo fuerza contra las muñecas del pobre enfermo, se inclinó sobre él y le tomó los labios para que se callara lo que tuviera para decirle. No necesitaba sus palabras de enamorado, no en ese momento cuando se sentía enferma ella también. Enferma por necesitarlo y también por darse cuenta de todo lo bajo que había caído gracias a la existencia ajena. En su caso esa clase de sentimientos limpios y puros eran una enfermedad que debía ser erradicada a la brevedad. Pero no se había cuidado lo suficiente y su corazón terco había decidido funcionar por el hombre al que le estaba robando el aliento en uno de los besos más intensos y extendidos que le había dado.

No se contentó solo con chocar sus labios, saboreó cada uno, abriendo la boca más de una vez para sobrevivir al acto y volver a tomar su textura de nuevo, mezclando incluso con la lengua el veneno con el que Kjell la había contagiado. Él había sido el primero en caer donde no debía, pero la que parecía haber terminado en un pozo más profundo era ella. Claro que se había tardado más en descubrirlo, ahora que lo sabía era algo que simplemente ardía. Le molestaba. Fue así como una expresión se formó en su mente y se repitió con eco dentro de su cabeza, quería salir y dejarse escuchar de una vez. Y al final su capacidad de controlarse fue insuficiente para detener las fatídicas palabras.

Tengo miedo...




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Re: Until it hurts » Private +18

Mensaje por Kjell Ljungstrand el Mar Ene 26, 2016 4:00 pm

Él no estaba hablando a la ligera, ¿Hasta cuándo Fakhoury lo entendería?! Le hablaba como si fuesen una mentira las palabras que acababa de confesarle, eso lo rompía por dentro y sin embargo no cambiaba el hecho de que iría tras ella aunque tuviese que arrastrarse por no tener piernas. Solo arrancándome el corazón serías capaz de detenerme, pensó sintiendo en su interior una mezcla de enojo y amargura. Todavía había algo más que escapaba a su entendimiento: ¿por qué habría ella de sentirse culpable? Para el mago golpeador eso no tenía ningún sentido, quería una explicación.

No entiendo la culpabilidad de la que…– la situación cambió drásticamente cuando ella lo sujetó de las muñecas, un brusco quejido se le escapó al mago y es que ese trato en su brazo herido le había dolido considerablemente. Kjell estaba desconcertado, la reacción de Owena le pareció severa para la simpleza que fue su intento de descubrirse la vista sin permiso. –Eso me ha quedado bastante claro querida.– imposible no captar el mensaje cuando una de sus muñecas todavía dolía y  esa mala sensación ascendía poco a poco hacia el hombro. Claro que había percibido cierta debilidad en la afirmación que la mujer acababa de hacer y no pudo evitar pensar que contrastaba con las palabras empleadas. Algo extraño sucedía con su amante, ya no lo ponía en duda pero… ¿qué era?

Decidido a exigir una explicación abrió la boca mas oportunidad de pronunciar palabra no tuvo. Cuando menos lo esperó tuvo los labios de la jovencita sobre los propios obligándole a guardar silencio. Ljungstrand hizo el intento de no corresponder para hacerle ver que sabía exactamente lo que pretendía ella con eso pero ya estaba comprobado que su voluntad era una convenenciera cuando se trataba de Owena. El orgullo del mago se dejó seducir por la intensidad de los besos ajenos y de un segundo a otro los labios del hombre ya correspondían con la misma pasión. Tal desenfreno debía ser herejía, ¿Pero a quién le importaba? Sus brazos dejaron ir la indignación y se relajaron aunque punzadas podía sentir todavía.

Perdió la cuenta de las veces que tuvieron que tomar aire antes de continuar, los minutos corrían y sin embargo la ansiedad en sus labios no parecía estar aún cerca del fin. ¿Eran besos o la creación de todo un mundo? Porque el esmero en sentir al otro era considerable y tan detallado que él mismo se sorprendió del alcance que juntos podían tener en ese solo punto. Con ella todos sus límites se rompían, todo en él desbordaba sin temor a la extinción. ¿Por qué Owena le rechazaba entonces el corazón?

Una gran bocanada de aire tomó el anciano cuando la distancia fue marcada entre sus labios, ahora más que antes ansiaba mirarla pero no podía, ella se lo impedía. Parecía ser la historia de todos los días: lo llamaba al cielo pero cuando por fin lo alcanzaba no le daba la mano para que pudiera mantenerse sobre el mismo.

Ahora que podía… ¿qué debía decir o preguntar primero? La bruja se le adelantó, y lo hizo nada mas y nada menos que con un enunciado que dejó helado al auror. –¿Miedo por qué Owena??– cuestionó impactado –Estaremos bien, los dos. Yo me cuidaré, prometo no ser imprudente de nuevo y sé que tu también serás precavida. No te daré más preocupaciones ni sustos, quédate conmigo… ya verás que todo sale bien.– dijo convencido de lo que decía. No adjudicaba a nada mas el miedo que ella le confesaba. No en esos momentos.

Forcejeó con la mano sana para deshacerse del agarre de la dama y al tenerla libre levantó el brazo para poder acariciar una de las mejillas de su amada, agradecía que fuese sincera con él, sintió como si un paso adelante hubiesen dado juntos. –Yo te protegeré.




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Re: Until it hurts » Private +18

Mensaje por Owena Fakhoury el Lun Feb 01, 2016 3:16 am

Besar a alguien por el que sabías que guardabas sentimientos era extraño. Más intenso de lo que la mujer se habría esperado y aunque no estaba preparada para lo mismo no pudo detener todos los gritos que profirió en silencio su boca mientras se apoderaba de la contraria, diciéndole en cada roce la sentencia y en cada contacto susurrándole sus deseos, esos que ella no era capaz de decir en voz alta sin sentir que moría un poco por dentro.

No tuvo conciencia de todo el tiempo que se tomó para disfrutarlo de ese modo, había apretado los ojos durante el proceso y eso había aumentado su percepción de la piel contraria contra la suya, ya sentía que se había grabado las distintas formas de sus labios y aun así deseaba más, pero su voz había escogido arruinarlo todo dando una declaración sumamente humillante.

Y él no lo había entendido. Es decir, lo había entendido pero a medias. Y la bruja negó con la cabeza mientras él le hacía promesas que solo un crío pequeño se creería, ella ya estaba demasiado vieja como para no saber que el mundo no era nada simple como las palabras que él decía. Que cada vez que alguien juraba que todo iba a estar bien resultaba en lo contrario. No había esperanza para ellos dos, el hilo que habían tensado se cortaría, ya fuera primero de su lado o del lado del hombre—. No lo entiendes… —susurró y lo dejó tocarla. Se sintió hundida en su propia miseria cuando la mano de Ljungstrand se pegó a su mejilla en una caricia suave, de esas que a ella la descolocaban porque prefería la parte dura de la pasión, no la suavidad desconcertante y ridícula del amor.

¿Cómo vas a cuidarme? No tienes ni la menor idea de quién soy —murmuró cruel como siempre y sus manos ya rendidas se decidieron a soltar la amarra que había quedado sobre los ojos del anciano. Le quitó la venda para que la viera por primera vez como lo que era y su desnudez se le hizo casi grosera, y no en el sentido literal de que estaba casi sin ropa. Se sentía expuesta en su alma oscura—. ¿Serías capaz de querer tanto a alguien que apoye a aquellos que persigues todos los días? —preguntó con tono gris y aunque deseó tocarlo también se contuvo. Una fruta había quedado sobre el pecho del mago y ella no la quitó, se quedó mirándola unos segundos y luego se dejó caer en la cama al lado de él, vista clavada en el techo, esperando su sentencia.

Te diría que me quedaré por siempre pero no soy así… En algún momento voy a necesitar salir corriendo, justo como ahora. ¿Vas a soportar eso también? —ya recostada al lado de él giró la cabeza solamente para mirarlo con seriedad. No iba a mentirle, el hecho de estar ahí era por tiempo limitado, sabía que no podía soportar demasiado el peso de estar con alguien. Necesitaba aprender primero, y no estaba segura de que sería capaz de intentarlo—. También está lo de tu edad, que estés aquí apenas moviéndote es la prueba... El vigor se va perdiendo con los años, ¿Me vas a querer o te voy a querer cuando terminemos ambos frustrados porque no puedas darme lo que necesito...? —la última pregunta le sonó casi ofensiva pero para su pesar interno, ella si tenía la respuesta. Y eso demostraba lo muy perdida que estaba ya, hundida en todo ese cúmulo de emociones que no había pedido tener. Ella si lo querría incluso con eso, cuando su cuerpo dejara de funcionar como ahora, y aun cuando le rompiera el corazón que había creído no tener al dar su último respiro.




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