JULIO DEL 2025.
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Mensaje por Ardghal C. Taggart el Miér Jul 29, 2015 9:07 am

8 de Noviembre


No eran muchas las personas con quienes entraba realmente en confianza, por ello cuando se topaba a uno de sus amigos sin haberlo planeado procuraba aprovechar la oportunidad. Fue justamente eso lo que ocurrió esa tarde en su siempre ajetreado día laboral, cuando coincidió en el atrio del Ministerio con una cara conocida de años, aunque de nombre mas bien reciente.

Hacía tiempo que no veía a Ferdinand, o a Ilya que era el nombre por el cual se suponía que debía llamarlo, el redactor de El Profeta parecía estar ahí por alguna noticia y Taggart había abandonado la oficina de la Ministra de Magia para recibir a una bruja que seguramente se habría perdido si no la guiaban personalmente. Al cruzarse sus caminos alcanzó a saludar rápidamente al ex-Gryffindor y a acordar un encuentro en unas horas más, cuando ambos estuviesen libres por ese día. En los tiempos que corrían había que aprovechar cualquier tipo de encuentro, por si acaso al día siguiente alguna maldición caía sobre los conocidos y no se pudiese hacer más al respecto.

Así pues, llegada la hora previamente acordada y temporalmente libre de obligaciones laborales, ambos abandonaron las oscuras instalaciones del Ministerio y se dirigieron a Hogsmeade. Fue Ardghal quien eligió el lugar, apareciendo en la desolada estación del expreso de Hogwarts. Por extraño que pareciera tenía presente que al otro mago no le simpatizaban los sitios cerrados y a él le favorecía el aire libre. Sin prisa se dejó caer sobre una de las bancas que miraban hacia las vías del tren y dejó el maletín a un lado con desenfado. No quería saber ya nada de los pergaminos que llevaba dentro.

¿Un cigarro?– ofreció a Ferdinand. No recordaba haberlo visto fumar antes, pero tampoco había tenido muchas oportunidades para averiguarlo. En sus tiempos de colegio –porque en Hogwarts se conocieron– Cahir nunca había sido muy abierto que digamos pero con los años aceptó confiar en uno que otro, entre los cuales se encontraba el hombre que ahora lo acompañaba. –Te creía sepultado por segunda vez, pero debajo de un tumulto de periódicos. ¿Hace cuánto no nos vemos? ¿Un año?– Vaya, de repente el tiempo le sonaba excesivo, ¿en qué se le había ido a él la vida de todos esos meses? En seguirle los pasos a cierta mujer y en ayudarle a instalarse en territorio inglés. Y claro, en mantenerse a flote en el puesto. Aunque pocos querían un empleo que se consideraba permanentemente bajo peligro. Imposible saber si la nueva líder oficial del mundo mágico simpatizaría a los Mortífagos.

Sacó una delgada caja metálica que resguardaba los cigarros y la extendió hacia el castaño. Con el frío que hacía en las calles del pequeño pero concurrido pueblo, fumar sería reconfortante.



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Re: But one thing I've learned | Priv

Mensaje por Ilya F. Vanhanen el Miér Ago 05, 2015 3:49 pm

El día que había muerto había decidido que también tenía que alejarse de todas las personas que alguna vez lo habían conocido. No tenía sentido hacerse una nueva vida si no perdías por completo la anterior, y lo hubiera hecho del todo si la presencia de cierto hombre no se hubiera cruzado con la suya, con tal mala suerte que lo había reconocido. Ese día había pensado seriamente en la posibilidad de cambiarse el rostro, pero luego razonó que por una persona no debía arruinarse todo. Él tenía cuidado de mantenerse lejos de los Lawrence, y ellos lo daban por muerto. Ninguno esperaría encontrarlo salido de la tumba tantos años después.

Ahora no lo había visto por casi un año, y de sorpresa habían coincidido en una visita que había hecho al ministerio. Ese lugar que tanto le gustaba desde que había conocido a cierta señorita del departamento de aplicación de la ley mágica. Había averiguado más de ella tiempo después, y al darse cuenta de que era un profanador de cunas nato se había sentido por unos segundos perdido hasta que decidió que no perdía nada con intentar pasar tiempo con ella.

Cuando llegó la hora de la reunión con Taggart él ya lo estaba esperando a la salida del trabajo y se dejó llevar por él hasta un lugar que hacía años no visitaba. No quiso sentarse en el primer momento, simplemente abandonó su bolso a un lado de uno de los pocos que podía considerar todavía su amigo y luego se fue a caminar directo al borde donde estaba la caída a las vías del tren. Esa era una muerte que había meditado más de una vez pero que había abandonado al saber que no tendría un cuerpo que dejar para comprobarlo.

Volvió por sobre sus pasos al escuchar la voz de Cahir—. ¿Tienes esta clase de vicios? —consultó y aunque sólo era fumador social aceptó el ofrecimiento—. Yo suelo hacerlo sólo en fiestas, pero supongo que una reunión con un anciano conocido calza como festividad —la risa manó de sus facciones antes de sentarse a un lado en la banca, y apoyó la cabeza en el respaldo para mirar el techo de la estación. Muy pocas personas estaban en ese lugar, sobretodo porque el tren no tenía un horario cercano de aparecer, así que estaba en teoría casi vacío—. Un año y medio siglo —asintió ante el exceso de tiempo que se había perdido—. De todos modos me enteré de tu asenso, ¿Qué tal llevas el trabajar con los ministros? —había dicho el plural dado que se había enterado también de que el mago había iniciado trabajando para el antiguo ministro, que en paz descansara. Tomó en cuanto le ofrecieron uno de los cigarrillos y lo hizo girar entre sus dedos mientras miraba ahora al horizonte.

No estabas ahí ese día, ¿Cierto? —consultó pues desconocía los detalles, la noticia había sido trabajo de otro y él se había enterado sólo de lo que le había llegado por los pasillos de El Profeta. Últimamente los ataques parecían más lentos, pero de todos modos existían y en cualquier minuto volverían a repetirse. Nadie estaba seguro en ningún lugar y eso era lo que más dolor de cabeza le causaba—. Cuéntame que has hecho, ¿Ya tienes hijos o similar? Si no me invitaste a la boda fingiré que era para no salir en la primera plana del diario, pero me sentiré ofendido —esperó a que el otro le ofreciera fuego.



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Re: But one thing I've learned | Priv

Mensaje por Ardghal C. Taggart el Mar Sep 01, 2015 12:52 am

¿Vicio? Por supuesto que el cigarro no era un vicio para Ardghal, o eso se decía a sí mismo. Desde que empezó a trabajar para el anterior Ministro, se había hecho más apegado al tabaco, alegando como casi todos que fumar le tranquilizaba, que le ayudaba a sobrevivir al estrés acumulado día tras día. Aunque obvio, de tranquilizante nada tenía. Con ceja en alto y media sonrisa giró parcialmente el rostro hacia Ilya, ¡él era más viejo! Ahora se quería hacer el joven y carismático, como si eso fuese a funcionar con él, tal vez su jovial risa convencía a las chicas pero obviamente allí no había ninguna.

No es un vicio.– aseguró con el clásico tono indignado de quien ha sido descubierto en pleno acto. –Eso dicen los más enviciados, “solo fumo en fiestas”– dijo sacando su varita. De la punta brotó una pequeña flama y encendió el cigarro que acababa de ponerse en los labios y al igual que su acompañante levantó la vista al techo, después de haber dado la primera calada y tomado el cigarro con los dedos. Hacía mucho que no se paraba en ese lugar. Un año y medio siglo… Vaya, había olvidado lo informal que era el mago al expresarse, pero seguro que el lenguaje le cambiaba cuando se trataba de trabajo. ¿Cierto?

Una pequeña sorpresa se llevó al escuchar del otro que se había enterado de su cambio de trabajo, pero tras pensarlo un poco se dijo que era de esperarse de alguien que trabaja en la prensa. Bien, no tuvo que pensar mucho la respuesta a la primer pregunta, pero luego llegaron más interrogantes a las cuales contestar y entonces tuvo que aceptar en sus adentros que su cabeza se atascó en la tercera. –Ahora entiendo porqué te contrataron en El Profeta. A cuántos has de haber acribillado con preguntas…– comentó retomando su no-vicio al mismo tiempo que se re acomodaba en la banca. Despreocupado subió las piernas y se puso cómodo, en ese rincón del mundo no había motivos para guardar formalidad.

Es interesante trabajar para gente con aspiraciones tan altas, para alguien como yo que necesita tener la cabeza y las manos ocupadas para estar tranquilo, es perfecto. Fue una amiga quien me ayudó a conseguir el puesto, antes era suyo.– A algunos no les había causado ninguna gracia que él reclamara el puesto, por supuesta falta de experiencia, pero con la recomendación de Amanda y su historial impecable, no había sido tan complicado. Lo que sí amenazó con nublar su humor en ese momento fue la mención a “ese día” en que todo colapsó. Con la muerte del Ministro había caído la tranquilidad y seguridad, hasta que Cavendish tomó su lugar, pero cualquiera sabía que no estaba como debía. Los encapuchados seguían activos en algún sitio donde nadie los encontraba.

Por fortuna, no. No habría sobrevivido.– solo de pensarlo sintió un hueco en el estómago, y no, no era por hambre, aunque no había cenado. Pero el cigarro sustituiría esa última comida del día. –En realidad no te invité porque temía que cantaras horas y horas. Aunque eso habría dejado más pastel para nosotros.– lo soltó de golpe y sin pensar, con su voz seria de siempre. Volteó entonces hacia su amigo, extendió el brazo en el que todavía sostenía la varita y se la acercó para que encendiera su cigarro diplomático.

¿De verdad crees que me casaría? No imagino quién querría tener por esposo a alguien que necesita trabajar horas extras para estar tranquilo.– se encogió de hombros y añadió, al mirar de nuevo hacia las vías. –Además tengo mala suerte con las mujeres. Quien me interesa es tan… inalcanzable– ¿Debería olvidarse de Nina? Más de una vez se lo había preguntado, pero la respuesta era siempre la misma, esa que le hacía sonreír como burla a sí mismo. Bien sabía que jamás se sacaría de la cabeza a Varshavsky, no quería ni podía.

¿Qué me dices de ti? Pronto cumplirás cuarenta, dime que no serás soltero otro medio siglo. Eres periodista carismático, apostaría a que te llueven las chicas. Tal vez ya acumulaste hijos suficientes para formar tu propio equipo de quidditch.– suspiró pensativo y volvió al cigarro –Y yo creyendo que puedo invitarte a mi club de solteros ignorados…– dijo no muy claramente ya que sostenía el tabaco entre los dientes.  



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Re: But one thing I've learned | Priv

Mensaje por Ilya F. Vanhanen el Vie Sep 11, 2015 4:44 am

Le causaba gracia la confusión de Ardghal con su excesiva cantidad de preguntas, así era él, siempre bien dispuesto a averiguar todo de la vida de otros, nunca dando más de la cuenta. Una injusticia que se permitía porque la vida misma no había sido decente con él, así que sin remordimientos podía guardar sus secretos personales y develar los de los demás—. No tengo ni una pizca de muggle para acribillar con un arma, todos usamos lo que podemos, ¿No? —dijo todavía con la mirada perdida en algún punto del universo. Esperaba no tener que repetir sus preguntas así que guardó silencio para escuchar el posible discurso del secretario, y cuando él comenzó a hablar supo que no se había equivocado.

Suenas al típico trabajador empedernido que no tiene vida… —comentó aunque en ese punto lo entendía, él era de los mismos. Después de todo, lo único que le quedaba oficialmente en la vida era su trabajo. A una parte de su familia no la quería ver, y el otro fragmento de la misma le causaba tanto miedo que no había tenido el valor de acercarse todavía y presentarse como un miembro más. De hecho, la que había ostentado el puesto de secretaria del ministro antes era una de sus hermanas… Pero Taggart no tenía modo de saberlo e Ilya no estaba meditando en decírselo todavía—. ¿Sabes la razón por la que dejó el puesto? —se atrevió a preguntar, como no era cercano a la mujer y solo sabía de ella a distancia no tenía mucha idea de cómo iba su vida. Sabía que estaba casada, al parecer con un muggle, pero no poseía muchos datos más.

Negó con la cabeza ante las irreverencias ajenas, se notaba que el hombre se hallaba en confianza porque soltaba sus comentarios sin ningún cuidado, Vanhanen por su parte no se ofendía, no por tan poco, a fin de cuentas él si cantaba, mal pero hacía el esfuerzo—. Di la verdad, no me invitaste porque temías que tu esposa se arrepintiera de su elección —y que ni le dijeran que tenía un ego que desbordaba. Sonrió mientras encendía al fin el cigarrillo que había mantenido pacientemente en su mano, a la espera del gesto ajeno.

Luego de la primera calada asintió con pesadez mientras escuchaba al hombre—. La pobre mujer se aburriría esperándote en cas… ¿Escuché bien? ¿Ardghal el seriote Taggart tiene a alguien en mente?! —su pregunta había salido más elevada de tono de lo necesario y su risa fue inevitable. Claro, si su amigo decía que era inalcanzable entonces quizás qué clase de muchacha era. Ah, pero ahora que recordaba, el gusto femenino que tenía Cahir era bastante… Diverso y especial. Él no sabía cómo definirlo, pero tenía la tendencia a buscar a las chicas que no combinaban mucho con él. Seguro su hermana no la aprobaba.

¿Sive ya se casó? Si no hubiera sido tu hermana hubiese intentado algo con ella, pero ya sabes, el respeto entre amigos y así —se le escapó sin preocuparse de la muy segura expresión de desacuerdo o espanto que pondría el otro—. Volviendo al tema, ¿Quién te dijo que estoy soltero? Te iba a invitar a la presentación en sociedad de mi bisnieto —bromeó sobre las que el otro había soltado antes, no, él era un hombre decente, no regaba hijos por cada chica que conocía, aunque a cierta joven si le daría unos cuantos—. La verdad si tengo a alguien en el camino, pero tiene la tendencia a ser incomprensible. Es decir, peor que una mujer normal —y eso ya era mucho decir, el género femenino de por sí era toda una galaxia diferente a mil años luz de la suya.

A veces pareciera que le gusto, pero luego vuelve a alejarse y me deja a la deriva. Cuando siento que estoy al fin aceptando la pérdida, regresa, y… bueno, no sé si calza como soltero ignorado —la bruja griega era todo un caso para el hombre. Y él sabía que lo mejor sería tomar distancia, pues nada bueno podría salir de una unión en exceso profunda, demasiados problemas que él trataba siempre de alejar de su vida, pero ahí estaba, hablando de ella como si la soñara todas las noches—. ¿Te acuerdas de la novela que estoy escribiendo? Creo que será mi perfecta musa y protagonista —sería el mejor modo de superarla en caso de que le rompiera el corazón. Y eso que aun no se lo había entregado, de momento era un simpático juego, pero alguno de los dos iba a caer más profundo, y mejor prepararse antes de la tormenta.

Si me casara con mi trabajo viviría teóricamente feliz —murmuró al final mientras dejaba caer unas cuantas cenizas al suelo con un pequeño toque de sus dedos al cigarrillo que volvió a llevarse otra vez a los labios. Ardghal tenía buen gusto.


Última edición por Ilya F. Vanhanen el Miér Nov 25, 2015 2:56 pm, editado 1 vez



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Re: But one thing I've learned | Priv

Mensaje por Ardghal C. Taggart el Sáb Nov 14, 2015 7:39 pm

¿Por qué Pride había dejado el puesto? Mhm... algo le había comentado ella sobre tener diferencias complicadas con el Ministro de aquel entonces, y Ardghal había decidido no preguntar más al respecto. Así que se limitó a negar con la cabeza tras esa pregunta, después de todo era mínimo lo que él sabía al respecto y no quería decir algo que atrapara la atención de su amigo, quien a fin de cuentas seguía siendo periodista. No quería darle problemas a Amanda.

La verdad es que el seguir “discutiendo” sobre una boda y esposa imaginaria terminó por hacerlo reír y de paso toser, culpa de imaginar a Ilya con un ramo de flores frente al altar. Claro que no se lo iba a decir, ya lo veía burlándose de él por pensar en esa clase de cosas. ¡Ah! pero su risa se apagó de golpe cuando el otro mago se atrevió a encasquetarle un intento de calificativo retorcido, no era su culpa que la mayoría de la gente fuese loca e irresponsable, él no era serio, era normal. Bueno, al menos una parte de sí insistía en creerse esa parte. –¡Hey!– se quejó haciendo el gran esfuerzo de reprimir la sonrisa –El que sea formal no significa que no tenga ojos y corazón para alguna bruja interesante…– buscó algo qué arrojarle a su simpático compañero, pero nada encontró, por lo que se conformó con tirar la ceniza hacia el lado donde Vanhanen se encontraba sentado, como si eso fuese realmente a afectarle.

No esta casada pero tiene a alguien rondando– una bebé ajena, por ejemplo. –De cualquier forma no eres su tipo.– comentó sin mayor relevancia, observando luego por el rabillo del ojo al periodista. Por un momento lo hizo pensar que sí estaba casado y en el acto puso cara de incredulidad, pero comprendió que era otra broma cuando se habló de un bisnieto. Y él que por poco se lo creía. Escuchó el resto y entonces empezó a sentir pena por el hombre, sonaba a que tenía un tortuoso reto por superar si quería quedarse con la chica en cuestión. –Vaya, debe gustarte bastante para que la tomes como musa inspiradora. Cuando termines de escribir quiero leer, no pido ser el primero porque seguramente sería para ella ese privilegio.– ¿pero querría ella leer? Esa era una buena pregunta.

Si te casaras con tu trabajo serías un anormal. Además el trabajo no puede tocarte...– dijo con expresión reprobatoria ante la idea de vivir solo con el amor por el empleo. Eso era satisfactorio, pero no alcanzaba para ser feliz ni en broma. –Todas las mujeres son incomprensibles, pero si la tuya supera la media… te deseo mucha suerte. Porque según lo que me dices, disfruta torturarte, aunque cabe la posibilidad de que también le guste sufrir.– era distinta a Nina, su querida amiga lo torturaba pero sin darse cuenta de lo que hacía. –Al menos tu tienes un poco de su atención. Y eso te deja fuera del privilegiado club de solteros. ¿La conociste en el trabajo o en tus andanzas de bisabuelo adolescente? La bruja que me tiene de cabeza es extranjera, ni siquiera sé cuánto tiempo tiene pensado estar aquí…– se cansó del cigarro, o de pensar en su mala suerte. Tiró al suelo el cigarro sin terminar y lo machacó con el zapato, empezaba a sentir que le hacía falta el alcohol para sobrevivir esa noche.



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Re: But one thing I've learned | Priv

Mensaje por Ilya F. Vanhanen el Miér Nov 25, 2015 3:17 pm

Ni por enterado se dio de que las cenizas comenzaban a caer a su lado. Se alegraba por Sive ahora que tenía a alguien en sus rumbos, y no se ofendió al escuchar que no era su tipo, eso siempre era relativo a las circunstancias no algo predeterminado por completo—. Déjame escribir primero y ya veré si puede ser leído —por un segundo su mente se fue al rostro de Xenidis tratando de visualizarla leyendo algo sobre ella que fuera fantasía pura y no pudo describir cual sería el efecto en la mujer. ¿Se ofendería o estaría feliz? Ni modo de saberlo.

Reír fue inevitable al escuchar que el trabajo no podía tocarlo, porque su mente se fue por lados creativos sin meditarlo mucho—. Sonaste algo necesitado Ardghal, tal vez deberías alcanzar por tu cuenta a tu inalcanzable —comentó sin meditar mucho en las ideas que estaba dando al más joven—. Lo que pasa con la mujer en cuestión es que es segura… Y eso mi buen amigo, siempre es una complicación, no creo que le guste sufrir —lo bueno es que él tenía seguridad propia de reserva para afrontar la de la fémina. Pero ¿Eso aseguraba que sus deseos de tener algo más con ella fuesen viables? Porque lo seguía sintiendo improbable a pesar de su positivismo extremo. Un día simplemente iría y le diría que su corazón estaba latiendo más de la cuenta por ella y entonces, bueno, seguro el mundo se derrumbaría a su alrededor o algo similar. De momento se contentaría con decidir si invitarla o no salir—. La conocí por el trabajo, fui a hacer una entrevista a su departamento y logré que ella me diera la información y otros datos de interés. Seguro hasta la conoces, es del departamento de aplicación —sonrió al recordar ese momento donde su compañero fotógrafo le hacía muecas por lo descarado de sus intentos de obtener datos privados de la dama en medio de sus horas laborales.

Quiero invitarla a algo una de estas noches pero no estoy seguro, no sé si respondería a mis mensajes —soltó al aire esperando algún consejo del hombre a su lado. Que por cierto, todavía no le explicaba quién era la misteriosa chica que no podía alcanzar y le soltaba solo datos escuetos—. Ahora entiendo todo… —lo miró de reojo y luego lo apuntó con lo que le restaba de colilla—. Me haces tantas preguntas para no darme detalles de tu relación a distancia —negó con la cabeza antes de dar otra calada—. Dime de que país es… ¿Muy lejos? ¿Es de tu edad? Tal vez te ves muy viejo para ella —le dio un leve golpe en el brazo entre risas ante la idea de que el otro fuera un conquistador de tierras fértiles.

Si la conociste aquí estás en problemas porque es más difícil buscarla o saber si te da su dirección real… ¿O sabías de ella de antes? —aventuró esperando que le aclarara la situación porque el otro se veía más apesadumbrado de lo que Ilya creía correcto para cierta clases de relaciones, y como tampoco sabía que tan en serio iba el mago, le parecía excesivo el sufrimiento, eso si todavía podía escapar de la bruja en cuestión, las mujeres encantadoras solían ser problemáticas pues atrapaban a hombres inocentes —como ellos— entre sus garras afiladas para una dulce tortura.



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Re: But one thing I've learned | Priv

Mensaje por Ardghal C. Taggart el Lun Dic 21, 2015 4:52 pm

Eso de “ya veré si puede ser leído” sonaba a que su novela sería erótica y muy personal, ¿y así se atrevía a decirle que era él quien sonaba necesitado? No, no, no, a alguien ahí le estaban jugando una mala pasada las pocas neuronas que le quedaban, culpa claro de pensar tanto en una mujer. –Prefiero una chica segura y complicada, a una que no sepa a dónde quiere llegar. – comentó y volvió a pegar la espalda en el respaldo de la banca.

¡Lo sabía! Vanhanen sí había hecho uso de sus habilidades de periodista para abordar a la dama en cuestión y algo le decía que sus “datos de interés” seguían los mismos colores en que Ardghal imaginaba la famosa novela. –¿Departamento de aplicación?– eso era aún demasiado extenso –dime a que sección pertenece, ese departamento tiene demasiadas ramificaciones. Si adivino pagas la ronda de esta noche.– y si no lo conseguía pues… viceversa.

¿Ilya inseguro? Ese era su problema, estar dudando de dar el siguiente paso: invitarla a salir. Se lo iba a decir, lo iba a regañar porque a su parecer no era otra cosa mas que miedo a ser rechazado en el primer intento. Hasta donde él recordaba su amigo no se rendía tan pronto y si tenía la mala suerte de ser ignorado por la mujer del ministerio pues bastaba con volver a intentar en cuanto otra oportunidad surgiera. Insistir e insistir. En eso pensaba cuando el otro mago creyó atinar al porqué Taggart le hacía tantas preguntas.

¡Pero claro que no! Solo intento ser un oído atento. Claro que para eso tengo que hacerte hablar.– quiso justificarse, pero la risa acompañaba también sus palabras, culpa del toque acusativo que Vanhanen acababa de usar. –¡No me apuntes con eso!– se quejó por el cigarro como si realmente eso pudiese afectarle en algo, una queja que no lo iba a salvar de responder a las dudas del escritor. –Es rusa ¡Y no soy tan viejo para ella!– ¿qué tanto eran tres años de diferencia? –La conozco desde hace un tiempo, me ayudó cuando estuve en sus tierras pero además de cartas no tuvimos mucho contacto desde aquel entonces. Hasta hace poco que pude ser de ayuda para ella.– un gran golpe de suerte a decir verdad, él jamás habría imaginado que tendría oportunidad de acercarse tanto a Nina. –Su domicilio no es problema, yo se lo conseguí.– confesó con una sonrisa imposible de ocultar. Decidió ponerse de pie y dar vueltas a pasos lentos en el lugar para distraerse o… ¿para disimular las emociones que le venían cada vez que pensaba en Varshavsky?

Él mismo se revolvió el cabello, inquieto. Nunca se había permitido hablar ampliamente sobre sus sentimientos por la extranjera, ¿sería ese el momento? –No soy precisamente hermético al dirigirme a ella, pero parece no darse cuenta de que la quiero. Y… tampoco me cuenta mucho sobre sí misma… Nina es misteriosa, lo cual no me desagrada.– admitió, pues su encanto tenía el descifrarla lentamente.



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Re: But one thing I've learned | Priv

Mensaje por Ilya F. Vanhanen el Jue Ene 07, 2016 4:27 am

¿Jugarían a las adivinanzas para ver quien pagaba esa noche? Por el sonaba más que bien, el bolsillo no se iba a quejar en ninguna de las dos opciones—. Me gusta el trato, te tocará pagar… Está en la Oficina del Uso Incorrecto de la Magia —esperó luego a que el otro adivinara o fallara estrepitosamente y claro, de interrogarlo a gusto sobre la señorita en cuestión que al parecer le robaba los suspiros y un poco más.

Rusa y no tan joven para él, asintió para sí esperando que el hombre se explayara de una buena vez y le quitara al fin la curiosidad que sentía. Sonaba a una buena historia por lo que escuchaba, romance por cartas todavía estaba de moda. Aunque conociendo al más joven seguro que le enviaba cartas amistosas y no declarando posibles intenciones—. ¿Le conseguiste donde quedarse? Por Merlín, no te reconozco —negó con la cabeza y le hubiera palmeado el brazo si el otro no se hubiese levantado—. ¿Seguro que no le ofreciste de paso tu propia casa? —rió muy pagado de sí mismo al sugerir una idea tan poco decente. Muy bien, no veía mayores complicaciones para que el otro accediera a la dama si al parecer él ya se había predispuesto a ser su luz y guía

Espero que tanto misterio no tenga alguna sorpresa poco agradable, ya sabes, como estoy acostumbrado a desentrañar las vidas ajenas uno suele encontrarse con cierto patrón en aquellos que parecen muy misteriosos —meditó aunque no era para sonar pesimista, pues él era todo lo contrario—. Ahora que lo pienso dijiste precisamente hermético, ¿Acaso se puede ser así? Algo me grita que no eres capaz de decirle en su cara cuanto la deseas —bromeó al final y se abrazó a sí mismo antes de soltar una carcajada. Claro, ya se imaginaba al parco Cahir sin hacer ver correctamente sus emociones.

Nunca te había visto tan emocionado por una chica… Me alegra verte así —confesó y se levantó luego para acercarse a donde el otro caminaba. No tardó en extender sus brazos para soltar sus todavía funcionales músculos y luego de mover la cabeza de un lado a otro sonrió más animado—¿Qué sientes cuando estás con ella? ¿Se lo dices directamente o solo la miras como si la quisieras? En los detalles está la magia Ardghal —ya había decidido entrometerse un poco más en los pensamientos del más joven—. Como no hay nada mejor para dos corazones ardorosos que unas buenas copas, deberíamos comenzar a caminar. Conozco un lugar cerca de aquí, y ya no te intentaré presentar a alguna chica pues creo que con la rusa te basta —rio levemente e hizo una seña para que iniciaran la marcha.



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Re: But one thing I've learned | Priv

Mensaje por Ardghal C. Taggart el Dom Ene 24, 2016 7:40 am

¿El mundo lo veía como un sujeto demasiado serio, egoísta o qué? Ardghal frunció el ceño emberrinchado porque Ilya alegaba no reconocerlo por sus acciones, el verdadero problema fue que el periodista dio justo en el clavo con su pregunta, fue como si hubiese leído sus pensamientos de hace días, cuando consideró la posibilidad de ofrecerle hospedaje a Nina con la excusa de buscarle un mejor lugar dónde vivir. Su rostro se encendió, podía sentirlo, pero fingió que nada le ocurría. Con suerte y su amigo lo relacionaba con enojo, indignación o alguna cosa parecida. –No tiene nada de malo ofrecerle mi casa. Cualquiera lo haría por sus amigos…– carraspeó como primer paso hacia la tranquilidad mental.

Una que tan solo alcanzó parcialmente. Le inquietó lo que el hombre le dijo basándose en su experiencia personal y laboral, no quería pensar en que Nina se estuviese guardando algo turbio pero si le pesó fue más bien porque eso significaría falta de confianza en su persona. –Obvio que no se lo he dicho tal cual.– gruñó abochornado, por la verdad que se negaba a aceptar en voz alta y por la burla que el otro escenificó descaradamente. ¿Cómo podía ser posible que el bromista de Vanhanen pudiese leerlo tan bien y Varshavsky no pescara los comentarios que él le hacía. Mundo cruel. –Dame uno de tus periódicos para golpearte en la cabeza, te lo mereces. Si me declaro seguro me sonríe y luego desaparece de mi vida.No puedo arriesgarme a eso. Una mano había extendido hacia el otro mago como si realmente fuese a proporcionarle algo con que maltratarlo, pero la bajó y desvió la mirada cuando el análisis a su romance roto surgió otra vez de la boca del periodista.

¿Tan fácil era notar lo emocionado que estaba él por Nina? Esperaba que no porque sería su perdición, al menos en el trabajo nadie le había comentarios sobre cambios en su semblante o concentración. –¿Qué siento??– cruzó los brazos y la vista dirigió al piso. Seriamente estaba meditando la respuesta –Me siento feliz, la energía me sobra cuando estoy con ella. Me temo que hasta ahora no he sido lo suficientemente directo y… ¿cómo voy a saber de qué forma la miro?! Eso tendría que criticarlo una tercera persona…– sin darse cuenta había cedido a la curiosidad del otro, incluso tomó nota mental del “consejo” que  Ilya le dio al final. Tenía que trabajar más con las palabras que le dedicaba a la bruja, elegirlas con más cuidado y… sincerarse.

Misión casi imposible…

Exhaló adolorido –En eso tienes razón, vamos por unas copas.– con la varita mandó llamar a su maletín que estaba sobre la banca y al tenerlo ya en mano siguió los pasos de Vanhanen. Solo el alcohol ayudaba a compensar el tormento que las mujeres les causaban. Y hablando de damas… ¿Xenidis? Fue la primera que le vino a la cabeza de la Oficina del uso incorrecto de la magia por ser la jefa pero… Nah, eso sería suicidio.

La becaria, Lannister.– seguro por eso le echó en cara el tema de la diferencia de edad, para sentirse menos culpable. –Dime que no tendré que pagar...– dijo adelantándose a los pasos de su compañero para mirarlo de frente. Tenía un mal presentimiento, ¿por qué sería?



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Mensaje por Ilya F. Vanhanen el Mar Ene 26, 2016 4:09 am

Aunque no pareciera, Ilya si podía respetar los sentimientos ajenos. Así que no hizo una humorada del tono que alcanzó a entrever en el rostro de Ardghal y tampoco siguió riéndose luego de que él le dijera justamente lo que él ya había imaginado acerca de sus inexistentes declaraciones. Lo que sí le sorprendió fue que le asegurara que ella saldría corriendo, ¿Qué clase de chica se había buscado exactamente?—. Si te paso un periódico será para que envuelvas a la chica y no te deje cruelmente —comentó y negó con la cabeza—. No me imagino por qué te rechazaría si no estás nada mal, algo debilucho pero eso se arregla y tu personalidad será huraña pero tienes muchos otros atributos que me hacen olvidar tu cara de amargura —dio su impresión y estuvo al borde de golpear la mano ajena pero resultó que el otro la retiró antes de tiempo.

Lo que si llamó su atención, más poderosamente que todos los datos anteriores, fue ver a Taggart hablar con tanta soltura de sus sentimientos. De hecho logró que la risa se borrara de las facciones del periodista que se quedó mirándolo en silencio más tiempo del esperado—. Sí que te golpeó fuerte —comentó y luego de eso sonrió feliz otra vez—. Bien, tendremos que trazar el plan, yo lo llamaría: Cómo lograr que una volátil dama rusa se fije en nosotros sin romperse el corazón en el intento, o algo similar, tengo que mejorar mi capacidad para ponerle nombre a los artículos del estilo de Corazón de Bruja —añadió en un intento de sonar serio pero ya se estaba riendo poco después y es que todo era singularmente gracioso.

Ya estaban caminando en dirección al lugar donde beberían cuando el más joven quiso al fin adivinar lo que había estado por olvidar Ferdinand. Se carcajeó inevitablemente al escucharlo pues ese nombre sonaba a que lo estaba tratando de profanador de cunas demasiado jóvenes, y su descaro no había llegado a tanto—. Tendrás que pagar y ronda doble, mi buen amigo. Para adivinar y declararte creo que tendré que ofrecerte clases —le dijo mientras avanzaba hasta casi chocar con él y lo tomaba por sobre los hombros con un brazo, como los buenos amigos que debían parecer de lejos.

Ío Aphroditte Xenidis, ¿A que tengo buen gusto, eh? —más que orgulloso de sí mismo y de sus intereses, arrastró al joven hacia el lugar donde terminarían botando sus penas de amor con copas que vaciar. Al menos allí podrían sentirse un poco mejor con el calor corriendo en las venas y la cabeza embotada que simplemente conversando sobrios de sus casi nulos avances en el tema de buscar pareja. La edad de Vanhanen al menos, dictaba que ya debía ir pensando en formalizar algo con una dama decente, pero él no se veía con esa capacidad todavía, una por falta de protagonista para su futura vida y otra porque aparte de sentirse cautivado por una u otra mujer, aún no sabía lo que era sentirse oficialmente enamorado y eso disminuía su interés de buscar a la madre de sus futuros hijos... Hijos que ni siquiera podrían tener su real apellido, pero esa era otro tipo de historia, que en esos momentos no pensaba meditar. Al menos ya había aprendido lo suficiente de la vida para saber que había que esperar por las cosas buenas e Ilya estaba seguro de que podía dominar el asunto de la paciencia. Solo tenían que esperar.


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