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Mensaje por Nina R. Varshavsky el Jue Jul 23, 2015 8:49 am

Residencia de Sive Taggart, Irlanda.
20 de Noviembre, 16:45 pm.


El lugar era simplemente sobrecogedor. Ella que había sido nacida y criada en entornos con exceso de blanco durante gran parte del año, se podía maravillar por el intenso verde del paisaje de ese país. Le encantaría decir que estaba allí por vacaciones o mero disfrute, pero para su lamento, con expresión de animal que va a su muerte tuvo que dejar de mirar hacia fuera y centrarse en el ruido interno de esa casa—. Ya no la aguanto —anunció como sentencia final y se cubrió los oídos para no acriminarse con esa… esa cosa.

La había bautizado Ílkay luego de investigar por el internet muggle nombres con significado, pero aparte del nombre y que parecía carecer por completo de colores, la criatura no tenía nada de similar a una silenciosa luna. Según la hermana de Taggart, la cría se comportaba bastante bien con ella y no le daba problemas, pero la mujer había cometido el error de pedirle a ambos que se encargaran de cuidarla unas horas mientras ella iba a hacer unos trámites, y diez minutos habían sido, en tiempo exacto, lo que había reinado la paz.

De vida tendría menos de dos meses, pero gritaba como si le estuvieran arrancando las extremidades, y Rada estaba al borde de hacerlo si no lograban callarla en la próxima media hora. ¿Cuánto podría tardarse la mujer que sí sabía de mocosos en regresar?—. ¿No le puedes enviar un patronus o algo a tu hermana? En serio, no puedo con esa mocosa —gruñó y maldijo entre dientes mientras se cubría los oídos una vez más. Pero la princesa de la casa seguía revolcándose en su rosada cuna como si sufriera algún dolor terminal.

Observó entonces al hombre que la acompañaba en el dolor y señaló a la masa de piel blanca que tenían casi en frente—. Cárgala, por favor. Sé que lo harás mejor que yo, tú tienes esa forma ridícu… aff, es decir, eres más cuidadoso y menos tosco que yo —por poco y lo había ofendido con el pedido. Y al parecer la criatura entendió que querían deshacerse de ella porque chilló más fuerte, si es que era posible. Mugrosa la hora en la que se le ocurrió que podría hacerse cargo de otro ser viviente de menos de 5 años.

Nina se acercó a pasos pesados y casi estruendosos, como si su subconsciente creyera que por marcar territorio en el suelo esa cría se quedaría en silencio al fin. Con una mueca de infinito disgusto extendió una mano y con un dedo tocó el vientre de la pequeña que se retorció luego de su tacto, de hecho la miró unos segundos, casi como si la reconociera. Y ella creyó que por fin se calmaría… Luego, como era de esperarse, volvió a gritar y a llorar como si fuera una arpía.

Ghaly, haz algo ¡Por favor! —lo llamó por el apodo que había escogido para el hombre cinco segundos después de que se le presentara por su nombre completo. De él había sido la idea de traerla a ese país, algo de responsabilidad tenía, aunque estuviera haciéndole en teoría un favor. De hecho todavía no le preguntaba cuántos órganos internos le costaría tantas ayudas prestadas, pero pensaba pagarle con creces si era necesario, mientras mantuviera la boca cerrada sobre la ubicación de la hija de uno de sus enemigos.




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Mensaje por Ardghal C. Taggart el Jue Jul 23, 2015 5:30 pm

Los niños siempre le habían sido indiferentes, ni siquiera con su hermana en temprana edad recordaba haber sido especialmente cariñoso. Ni a temprana edad ni a ninguna otra, pero así estaban acostumbrados. Suerte para el mago que su ahora treintañera hermana no le guardara resentimiento por una carencia de ese tipo, porque de ser así quizá la mujer no habría aceptado cuidar de la pequeña niña que en ese preciso instante hacía pedazos el oído de Nina y Ardghal.

Lo curioso era que desde poco el hombre relacionaba a la blanca criatura con algo positivo, o mejor dicho favorable. Ílkay se había convertido en un seguro para encontrarse con Varshavsky, la excusa perfecta para mantenerse en constante comunicación con la bruja. Ya de antes le escribía, y el que ella misma le pidiera ayuda al llegar al país le otorgaba buenas cartas al mago, pero hasta antes de la llegada de la desconocida bebé, Nina siempre se las ingeniaba para evadirlo o frustrar las intenciones de Taggart por dar un paso mas allá. A veces parecía algo natural en la señorita, algo propio de su naturaleza, pero otras, no tanto.

Ahora no tenía modo de huir, pero él tampoco. Se quedarían en esa casa hasta que Sive regresara, como mínimo. –Enviarle un patronus no conseguirá que sus asuntos sean atendidos más rápido.– dijo mientras observaba a la niña llorar. Él permanecía de pie a unos diez pasos de distancia de la cuna, como si estar retirado de ella le salvara de la tempestad. Pudo sentir encima la mirada de su amiga –aunque probablemente Cahir era el único que veía aquella relación como amistad– y quiso resistirse a encontrarse con sus ojos pues sabía que algo le pediría, que experimentaría de nuevo la necesidad de complacerla y eso, le hacía tanto o más ruido que el llanto que decoraba la acogedora casa de Irlanda. Pero como era de esperarse, terminó por ceder…

La miró con resignación desde el principio, negarse a las palabras de esa dama le costaba toneladas y desde hace tiempo que lo había aceptado. Escuchó la primera parte de su petición y tras exhalar desanimado, desviar la mirada y presionarse el cuello, dio dos pasos hacia la cuna del caos. Ah, pero… ¿qué acababa de escucharle decir a Varshavsky? ¿forma ridícula de qué?? Imposible que sus neuronas no completaran la palabra.

Giró el rostro parcialmente hacia ella y la fulminó con la mirada, casi queriendo afilar la guadaña para impartir castigo por su “casi” ofensa. No porque la mujer le causara cierta curiosidad se iba a reprimir y ocultar su molestia, de hecho era todo lo contrario, siempre exponía su perspectiva de las cosas en las que no estaba de acuerdo con ella, hacía notar los puntos que consideraba debían corregirse y marcaba un rotundo alto cuando veía a la rusa actuar de forma extrema. En definitiva no la entendía, no era capaz de frenarla y mucho menos de salvarse de ser arrastrado a circunstancias abstractas. Por eso, precisamente por eso, estaba ahí volviendo la vista al frente y retomando la ruta a una posible perdición.

Ardghal para ti.– especificó, pues aunque algo de ego le subía el que le hiciese un apodo, el que usara uno tan ridículo le pateaba el orgullo. Por un instante consideró castigarla y dejar que la bebé siguiera cantando a todo pulmón, pero la pobre no tenía la culpa de que su… ¿protectora? fuese tan poco creativa y de mal gusto.

Ya no llores, ven con tu tío…– le dijo con cierto pesar a Ílkay al mismo tiempo que extendía ambos brazos para “rescatarla” de la cuna. Cuando la abrazó la paz pareció retornar al mundo, al menos sabía cargarla decentemente aunque sentía que en cualquier momento se le escurriría como babosa de las manos. Como pudo la recargó contra su pecho y con cara de angustia dirigió sus pasos hacia su acompañante. Que ni pensara que se había salvado.

¿Me dirás a quién hiciste padre?– preguntó con un atisbo de burla, estaba claro que la bruja presente no era la madre pero quería invocar su mirada asesina, extrañamente le divertía. Le hizo una seña con la barbilla para que tomara asiento en la silla mas cercana y con cuidado acomodó a la cría de forma que mirara hacia el frente. Todo apuntaba a que la nueva posición no le agradaba tanto como la anterior. –¿O tendré que llevarla con algún adivino o vidente para que me revele la identidad del sujeto y poder desollarlo?– después de preguntarlo bajó la mirada hacia la cosa que llevaba en brazos y descubrió que portaba una cara que anunciaba letal llanto. Ardghal alzó una ceja y luego con la niña bien agarrada por debajo de sus bracitos la extendió hacia Nina. De haber sido él muggle indudablemente lo habría relacionado con cierta película de leones, pero no era el caso. Los pucheros empezaron a hacerse ruidosos y el pacífico silencio pasó a mejor vida. Ahora que lo pensaba, era un útil instrumento de tortura.
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Re: Hush, little baby ☾ Private

Mensaje por Nina R. Varshavsky el Jue Jul 23, 2015 9:50 pm

La mirada envenenada que él le dirigió luego de escuchar su fallida petición, le hizo suspirar. Los ojos no asesinaban, por mucho que parecieran escupir fuego, pero no estaba dispuesta a hacérselo notar al mago para que buscará otra forma de castigarla por sus ofensas. No, gracias, pero no, su nivel de masoquismo no estaba tan elevado todavía. Resopló aburrida al escuchar el regaño sobre el bonito apodo que le había encontrado a él—. Por mucho que lo niegues, Ghaly suena mucho mejor que tu arrrrggg grrrrrr que tienes por nombre. Así que así te quedas —¿Gustaba de hacerlo enfadar? Para ser sinceros era una ocupación bastante recreativa, pues su acompañante era una oda a mostrar las emociones en su rostro, que tenía la tendencia a terminar amargado cuando estaba con ella, o al menos eso le parecía pues no lo conocía en otros ámbitos ni lo había visto hablar a solas con muchas otras personas fuera de su familia.

Por poco y aplaude una vez que la mocosa guardó silencio al ser tomaba en brazos por el hombre. Lo miró con ilusión, como si fuera su salvador personal. Eso hasta que a él se le ocurrió volver a abrir la boca. Y la expresión de la mujer se volcó en una de infinita ira y disgusto—. Ni se te ocurra repetir eso, ni en broma sería madre, menos de algo como eso —la señaló como se señala a un perro con sarna y si le hizo caso en tomar asiento fue simplemente porque estaba embobaba mirando a la criatura que ahora la veía con sus ojos infinitamente claros y perturbadores. Seguramente a la niña no le gustaba el rostro de su tía Nina ni mirar el mundo, porque pronto comenzó a estresarse.

Casi se carcajeo al escuchar que el otro planeaba desollar a Aleksei... Ah, si supiera que el monstruo ese podría comérselo a trozos su rostro tomaría una interesante tonalidad. Pero, una parte de ella no quería dejarlo como presa de Petrov, y aunque no se detenía a pensar las razones ni el trasfondo de su deseo de dejarlo solo para ella, por su bien, no los presentaría—. ¿De cuándo acá tanto interés? —preguntó intentando sonar ruda pero no servía de mucho pues bien sabía que le debía esa información al secretario, por mucho que no pudiera decírsela completa—. Pues la verdad la encontré cuando la madre estaba al borde de morir y me pidió que la cuidara... Conozco al padre pero es peor que tu y yo juntos para velar por la paliducha esta y... ¡¿Que crees que haces?! —su voz se elevó rápidamente, siempre había sido una mujer de emociones intensas y variadas, por lo mismo el verse repentinamente acorralada entre una silla, Cahir y la bebé no ayudó a que sonara tranquila.

Se levantó de golpe, tirando la silla en el camino mientras negaba con la cabeza. Su vista se paseaba entre la figura de la pequeña y la de quien la cargaba y la angustia brotó en ella. Puso de nuevo el mueble donde debía y luego se alejó, caminando de espaldas, como si tuviera a un depredador potencial en la mira—. Olvídalo, no voy a cargarla, suficiente tuve el primer día, casi la tire cinco veces antes de encontrarte, ¡No pienso pasar por lo mismo otra vez! —balbuceó alterada mientras chocaba con uno de los sillones, y al no querer quedarse atrapada allí, no encontró nada mejor que subirse al mismo hasta quedar sentada en el borde donde debía ir la espalda y la cabeza. Seguramente se iba a matar si seguía moviéndose, pero prefería caer al abismo tras del sofá antes que tomar a la pequeña.

Te lo advierto Taggart, ¡Si te sigues acercando no respondo! —chilló apretujada contra el tapiz fino y cómodo de la dueña de casa—. Antes muerta que agarrarla, no te ofendas Ílkay, pero tu y yo sabemos que quien tiene más posibilidades de asegurar tu supervivencia es este tipo —lo señaló con una mano temblorosa y es que la ponía de nervios el escuchar de nueva cuenta todos los llantos y gritos de la criaja, que como era de esperarse, en medio de la voz alborotada de quien le había salvado la vida y la mala posición en que la tomaba su segundo salvador, comenzó a retorcerse mientras lloraba como si fuera el último día que le quedaba de vida.

¡¡Haz que se calle de una maldita vez!! —exigió elevando la voz más fuerte que la llantería, y como tenía que pasar, la niña lo tomó como un ataque y comenzó a berrear mas fuerte, dándole a conocer al mundo el miedo que sentía de la extraña mujer. Y es que a la recién nacida le gustaba el cabello de Rada pero todo lo demás le provocaba pavor, algo en su presencia le hacía querer llorar y en su infantil mente, eso lo llenaba todo.




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Re: Hush, little baby ☾ Private

Mensaje por Ardghal C. Taggart el Vie Jul 24, 2015 3:37 am

¿Arrrrggg? ¿grrrrrr? ¿Qué era eso, un dialecto de Alaska? Porque su nombre definitivamente no, Pensó en decirle que en casa no usara idiomas anormales pero conociéndola, nada bueno vendría después de ese comentario, mejor guardar la queja. –Desperdiciarás tu naturaleza de mujer.– comentó al enterarse de que la chica no tenía ni la más mínima intención de explotar todo el potencial de su cuerpo. Bueno, allá ella. No estaba él en posición de darle un sermón al respecto.  Al igual que su falsa sobrina, Ardghal frunció el ceño pues no entendía qué parte de lo dicho resultaba tan gracioso como para que la anti-niños tuviese que comerse la risa. ¿Es que acaso no lo creía capaz de sentenciar a quien se atreviera a tocarla? Porque lo era. Que lo consiguiera con la precisión deseada ya era otra cuestión.

El interés lo tengo desde hace bastante tiempo…– murmuró serio. El sonido de la silla al caer espantó a la cría, la sintió respingar y ante tal descuido por parte de Nina de tirar un mueble no pudo evitar pensar que si el mencionado padre era peor que eso, entonces la escandalosa bruja había hecho bien en conservarla. Sí, casi como mascota. Él no contuvo la risa, no fue una carcajada pero sí algo poco visto en su persona y es que ver a la estimada señorita literalmente trepada en su sofá no tenía precio. –Oh vamos, no te morderá. Sí sabes que aún no tiene dientes, ¿cierto?– se burló muy a su modo, avanzando a pasos lentos hacia la “acosada” –Aunque dicen las experimentadas lenguas que aprietan bastante con las encías. ¿Por qué no lo averiguas y después me cuentas?– inconscientemente desvió la mirada hacia el busto de la extranjera, le llevó considerables segundos el percatarse de su falta de respeto y entonces se aclaró la garganta. No era su culpa que la rescatista tuviese encanto personal.

Ni siquiera escucha tus sermones.– ¿quién podría escuchar voz ajena mientras se lloraba a todo volumen?? –¿Qué me darás por calmarla?– cuestionó con gran interés, apoyó una rodilla sobre el asiento del sillón y levantó unos centímetros a la bebé para que estuviera un poco más al nivel  de la mirada de la bruja. La pequeñez humana lo tenía también aturdido, lo cual lo convenció de abrazarla por segunda vez contra sí mismo y pudo entonces darle palmaditas en la espalda. –No vayas a vomitar– fue su pensamiento en voz alta.

El trato seguía en pie, en caso de que Nina ignorara su amable “propuesta” bastaría con sacudir ligeramente a la bebé para hacer presión psicológica y obtener una respuesta satisfactoria. Con cierto descuido se dejó caer sobre el sillón causando que la blanquecina niña que poco a poco suavizaba su lloradera soltara un agudo chillido de sorpresa. –Ah. Lo siento.– se disculpó con la menor que moqueaba irremediablemente después de su intenso drama. El mago dejándola recargada contra él y con una mano firme en su diminuta espalda, se removió en su lugar para sacar un pañuelo del bolsillo del chaleco que llevaba. Con evidente disgusto le secó la nariz y dejó el pañuelo donde calculaba que estaban las piernas de la rusa. No volteó a verla en su posición, pero sí le habló.

¿Qué mas sabes sobre el padre? Espero que no aparezca en cinco años a querer reclamar a su hija, él o algún familiar.– se resbaló un poco en el asiento y con ambos brazos cubrió a la luna de la casa. –No sé si has hablado con Sive sobre el futuro a largo plazo de Ílkay…– sonaba serio, o quizá preocupado. Pero no quería mostrarse de esa forma ante Rada, por lo que contrario a lo esperado levantó el rostro buscando la mirada de la cuatro ojos y cuando coincidió le picó las costillas a la niña,  como aviso de que en cualquier momento el llanto podía volver. La bebé tan solo se removió, por lo visto había empezado a adormilarse.



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Re: Hush, little baby ☾ Private

Mensaje por Nina R. Varshavsky el Vie Jul 24, 2015 5:20 am

A pesar de su enojo, la risa de él fue casi musical a sus oídos, y es que cualquier cosa era mejor que los chillidos de la cría, que cabía resaltar, le hacía más daño que a un humano normal por lo sensible que era en esos puntos. Volvió a cubrirse los oídos aunque claramente podía escuchar al hombre presente y abrió la boca en una clara expresión de no creer lo que acababa de escuchar, aunque lo confirmó al seguir la dirección de la mirada que ese idiota le estaba lanzando. No se cubrió, claro estaba, pero si frunció el ceño otro centímetro.

¿Qué demonios me crees? No voy a amamantarla si eso estás deseando, quita la cara de menso o se te caerá la baba como a ella —bien, tal vez si se estaba pasando con sus comentarios y es que no le molestaba precisamente que la mirara de ese modo. Si hubiera sido un tipo cualquiera en la calle seguro le habría partido la cara de un golpe pero Ghaly no era de esos. Lo que si la había ofendido es que la imaginara como una vaca o algo similar que fuera a prestar sus curvas para probar que tan bien apretaba la cría.

Oh, rayos… ¿Tendría ella hambre? No alcanzó a pensar en algo para decir pues el otro acababa de acercarle en exceso al bicho ese y ella espantada, se tambaleó en el borde del sillón, si no hubiera sido por sus sentidos animales seguro ya estaría en el piso del susto—. ¿Qué quieres qué? ¿Darte yo? —ok, se estaba perdiendo, pero al menos ya no le estaban entregando al paquete del terror en las manos. Se calmó a medias aunque dio un brinco al oír chillar a la pequeña cuando el mayor tomó asiento y frunció el ceño—. Tú cálmala, te daré lo que quieras —exigió y ofreció con voz casi de mando e infló las mejillas cuando lo vio recostarse en el mueble. Bueno, no se veía mal… De hecho si no fuera por el grotesco añadido sonoro, sería una escena digna de recordar. Y sabía que había cavado su tumba al ofrecer cualquier cosa con tal de que callara a la criatura, pero no se iba a quejar por algo de paz a esas horas.

Pero ahí estaba otra vez el mago, con sus preguntas problemáticas—. Ser curioso es malo… —comentó y dio un largo, largo suspiro, todavía con la vista pegada en la pareja que tenía al lado. ¿Cómo podía explicarle que la chica no tenía futuro claro? ¿Qué ni ella sabía qué hacer con la criatura? Porque en definitiva todavía no comprendía la posición de Petrov con respecto a su pequeñaja hija, y eso le causaba un terrible dolor de cabeza. Tal vez si lo hablaba con alguien más podría pensarlo mejor… Aunque le gruñó a su cómplice mientras él la miraba de nuevo. ¡¿Qué quería ahora?!—. Ya te dije que te daré lo que quieras si deja de reventarme la cabeza. ¿Qué quieres? ¿Dinero? ¿Robo algo para ti? ¿Te consigo novia? —Por qué era soltero, ¿No? No tenía modo de averiguar así que rodó los ojos y movió su cabeza intentando calmar los músculos atacados de su cuello.

Ah, finalmente se rindió a sus impulsos y se dejó caer sentada a un lado de los pequeños tórtolos y cansada, como estaba, miró primero a la llorona señorita y luego a su autoproclamado tío. Si no confiaba en él, ¿Quién le quedaría? Al menos nadie en este lado del mapa—. Es hija de un antiguo conocido… Éramos algo así como hermanos, hasta que la cosa se arruinó. Él se vino aquí y dejó a toda la ma… es decir, a su familia, a todos, por seguir a la madre de esta niña. Así que lo busqué a él y luego logré dar con la susodicha, soy muy buena buscando gente, ya sabes... —le hubiese gustado hablarle de los bosques nevados y de sus experiencias rastreando presas, pero no era el momento ni el lugar—. Pero era tarde y alcancé a verla unos minutos antes de que la dejara sola —su mano se elevó e intentó tocar la punta de la cabeza de la niña aunque se detuvo a tiempo y luego solo reposó los dedos en el brazo del hombre.

Ella tenía la tendencia a demostrar cariño físico por sus más cercanos, no era de extrañar que ya lo estuviera incluyendo en su círculo aunque él no se diera ni por aludido—. Tu dirás que debería entregársela y ya, pero conociendo lo idiota que es… Cuando se entere de que la tipa murió y que murió por tener a esta pequeña lunática, entonces no sé qué pasará —añadiendo a eso el hecho de que Aleksei merecía un escarmiento por meterla en tantos problemas durante toda su vida. Cuidar por un tiempo de la cría no le haría daño a nadie, y de paso estaría en mejor estado pues Nina estaba más que segura de que ese hombre no sabía cómo cuidar de un bebé tan frágil y de tan poco tiempo de vida.

Casi se sentía la heroína. Apartó la mano de Ardghal y se llevó tanto esa como la otra sobre los ojos, justo bajo las gafas, pues ya tenía la presión en sus párpados que sentía vibrar por el estrés recién pasado. ¿Cuánto faltaba para que llegara la hermana? Sentía unos deseos nada sanos de embriagarse y perderse por ahí, para olvidar con la resaca el dolor de cabeza de esa tarde.




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Re: Hush, little baby ☾ Private

Mensaje por Ardghal C. Taggart el Sáb Jul 25, 2015 1:28 am

Oh, perfecto. Oficialmente Nina le debía “algo” y una larga lista de posibles pedidos tenía ya el mago en mente. Decidido a ganarse ese premio llenó de simples caricias a la niña blanca para que durmiera de una vez por todas, el único inconveniente era que no podría moverse de su posición en un rato hasta que estuviese profundamente dormida su inquilina. –Una novia no estaría mal.– dijo vagamente. Pero tengo algo mejor que eso en mente.

Sonrió complacido al ver el cuerpo de la bruja bajar de su torre y acomodarse junto a él, nadie lo sabía pero disfrutaba bastante de tenerla cerca. Mucho más cómodo que minutos atrás preparó el oído para no perderse detalle de la historia que finalmente le compartirían, había llegado a pensar que ella no lo consideraba gente de confianza o al menos no al mismo nivel que él la tenía. ¿Sería capaz de contarle secretos? Seguramente sí, pero no tenía ninguno de momento.

No demostró su disgusto por la mención de un “casi hermano”, el término usado no le agradaba pues lo relacionaba con algún tipo de relación confusa de pareja, pero en eso Ardghal no pintaba nada, por lo que dejó pasar –teóricamente– el dato y atendió al resto de las palabras. Alzó una ceja por la palabra inconclusa, mas no le dio mayor relevancia.  Hasta esa parte no entendía cuál era la necesidad de encargarse de un bebé ajeno, especialmente con el toque tan misterioso que lo estaban realizando ellos. Hacer preguntas se le daba bien, ya llevaba varias acumuladas pero… temía que la mujer saliera literalmente corriendo si ponía sobre la mesa todo lo que cruzaba por su cabeza. ¿Para qué engañarse? Varshavsky era un alma libre, más que cualquier otra que hubiese él conocido. El día menos esperado lo dejaría tirado.

Reprimió su pesar. Igual tarde o temprano eso ocurriría…

Por sumergirse en sus fallidas ideas no prestó la debida atención al tacto que se posó sobre su brazo, mantuvo la vista abajo en Ílkay y tan solo la levantó parcialmente cuando tuvo algo qué decir. Miraba un punto sin importancia en la sala, pero había ladeado ligeramente el rostro hacia la mujer que consideraba amiga a pesar de todo. –No estas tan errada.– comenzó pensativo –Una parte de mi cree que lo mejor sería entregarla al padre. No es tu responsabilidad cuidarla, lo que pase con esta niña no tendría por qué afectarte, especialmente si este hombre no guarda un lazo importante contigo.–  Inclinó el rostro para poder apreciar las infantiles facciones, era un encanto de bebé, poco común, pero visualmente acogedora. Claro, cuando no estaba llorando.

Con cierta duda fue dirigiendo la vista hacia la mujer a su lado, no la comprendía, se comportaba como si fuese alérgica a un indefenso bebé pero estaba tomando considerables riesgos para protegerla. Porque eso era justamente lo que estaba haciendo. Había llevado consigo al pedazo de luna y armado todo un plan para conseguir quien la atendiera, alguien que odiara a las crías no actuaría de esa forma. Seguro lo negaba si él lo sugería en voz alta, pero Nina tenía su lado maternal.

Te escucho, imagino la situación en que se encuentra el padre, y entonces no puedo evitar pensar que, si él abandonó a su familia por encontrar a la madre… no habría razón para pensar que no querrá a esta niña. El que sea un inepto en el tema de la crianza, es asunto aparte.– tenía presente que lo que se le acababa de contar era un resumen de algo mucho más extenso, pero no podía hacer más si no se le proporcionaban otros detalles. –Desde luego tu lo conoces y yo no. Y confío en tu… criterio. Mi recomendación es que analices las circunstancias desde la perspectiva del padre y la madre, de ese modo puede que notes algo que desde el ángulo personal no tomaste en cuenta. Pero como siempre, es solo la opinión de este humilde servidor.– con dificultad recostó a la niña en sus brazos y aunque por un instante pareció destinado a fracasar por los inexpertos movimientos con que la cambió de posición, al final no hubo mas que un débil abrir de ojos que enseguida se cerraron para continuar con la siesta. Fingió lo mejor que pudo una media sonrisa y giró parcialmente el cuerpo hacia la bruja. Con cuidado le extendió el bulto durmiente para que la abrazara. –Cuando salgamos de aquí podemos ir a beber algo si gustas…



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Re: Hush, little baby ☾ Private

Mensaje por Nina R. Varshavsky el Sáb Jul 25, 2015 5:33 am

Novia, novia. Tuvo que meditar unos segundos en qué clase de mujer le interesaría a su compañero de sala cuna, pero no llegó a nada claro. Mejor le preguntaba directamente cuando se diera la ocasión, sólo tendría que sacarlo a la calle y preguntarle por el tipo de chica que le atraía y entonces… Bueno, tal vez un ataque frontal a la susodicha no sería muy brillante, pero bien se imaginaba preguntándoles a una larga lista de chicas si tenían pareja y si no, que tan disponibles estaban para un caballero de buen ver. Porque ella si podía notar que el hombre tenía lo suyo y lo que tenía, lo tenía bien puesto.

Luego de contarle la historia incomprensible de como se había hecho con una bebé ajena, esperaba obtener algún comentario acerca de lo mal que estaba haciendo las cosas, o similar. Pero se llevó la sorpresa de la vida al no sentir el regaño como lo primero de las palabras ajenas. Bueno, tal vez no tendría que sentirse un bicho raro todavía. ¿Petrov no era importante en su vida? Lamentablemente no podía asegurarlo, y es que por causa del susodicho estaba ahora en el otro lado del mundo. Maldito el día en que todo se había torcido arrastrándola a la peor posición.

Bufó entre dientes sin querer poner esas ideas en voz alta, era información todavía más personal, que no pensaba sacar a colación todavía—Sería simple si es como dices —comentó en respuesta a las palabras del hombre, si, tal vez tenía razón en que si había venido corriendo a Inglaterra por la mujer si querría a su hija, pero no era seguro. De hecho ella no tenía claro si había ido a buscar a la madre para matarla o para algo diferente, y antes de saberlo no planeaba entregarle a la luna, ni siquiera a las estrellas—. Es complicado porque no entiendo muchas cosas de las que ha hecho, no parece el mismo —ah, y acababa de revelar que ya había visto al padre. De hecho que lo veía casi todos los días. Una sorpresa que Aleksei no hubiera notado la esencia de su hija en Nina.

Se quitó las manos de los ojos y fue entonces cuando vio como le ofrecían a un adormilado bulto y una salida. Podía usar ese momento para encontrarle cita a Cahir—. ¿Qué acaso me lees la mente? Vamos pues, mientras no tengan música muy fuerte no me molestará —los sonidos fueres le hacían un daño real y palpable, por eso aunque le gustaría saber bailar, no tenía mucha experiencia pues todos los locales con música la dejaban medio sorda de tanto volumen que se cargaban.

Y la niña seguía en su campo de visión, arrugó la nariz pues no quería tomarla. Pero luego de ver la expresión del mago supo que no tendría remedio, aparte la pequeña no podía caerse estando en el sillón… O al menos eso quería creer, así que terminó abriendo los brazos un poco para recibirla. La tomó como si fuera el mas fino de los cristales, y es que su fuerza incluso como humana era una bestialidad, y no quería romperla, y finalmente la apoyó contra su pecho. Todo lo hizo sin respirar de los nervios y cuando vio que no había comenzzado a llorar volvió a exhalar aire.

Cuando está dormida es casi angelical —comentó olisqueándola, quería grabarse la esencia de la luna porque seguro un día tendría que separarse de ella y necesitaba tenerla guardada en ella para recordarla. Bien, podía reconocer parte de su esencia, y más de lo necesario. Una mueca de disgusto apareció en su rostro de un segundo a otro—. Quítamela —pidió manteniendo el tono bajo, no la quería despertar—. Quítamela te digo —repitió comenzando a atacarse y trató de levantarla de si pero la pequeña se quejó y ella se sintió peor que antes. Ah, por todos los cielos, ¿Por qué los bebés tenían que ser tan bebés?!

Necesito que traigas a tu hermana ahora, es una emergencia, creo que la luna decidió olvidar esperar por el baño y… Argh… que asco —si no vomitó fue porque tenía la edad suficiente para contenerse, pero un olfato agudo no ayudada a librarse del aroma que había percibido ahora que la tenía a tan poca distancia. Seguro si el otro se acercaba podía olerlo tambien. ¡Con razón había llorado tanto durante esos minutos! Pero no pensaba mudarla, no señor. Buscó la mirada de su acompañante y rogó por pronto auxilio antes de que decidiera hacer alguna estupidez, tenía que respirar aire puro o sería catastrófico.


Última edición por Nina R. Varshavsky el Vie Jul 31, 2015 3:49 pm, editado 1 vez




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Re: Hush, little baby ☾ Private

Mensaje por Ardghal C. Taggart el Miér Jul 29, 2015 1:42 am

Perfecto. Oficialmente tenía asegurada una salida con la rebelde mujer. Otro tal vez se habría dado por bien pagado con eso, pero él no. Ardghal quería cobrar el trato y de ser posible más, siempre buscaba más de lo que estaba al alcance de sus manos. Y fueron precisamente sus manos las que por fin consiguieron traspasar la bebé a la heroína de la historia. Sonrió, porque con eso acumulaba tres puntos a favor: la salida, la deuda y la imagen de Nina con una criatura en brazos. Lo que le pareció extraño fue que la… ¿olfateara? Bueno, tal vez le gustaba el aroma de los bebés, a talco y demás productos del estilo.

¿Eres de oído fino?– preguntó entre incrédulo y sarcástico por lo inusual que le pareció que alguien del calibre de su compañera –joven y rebelde- se decantara por música poco estruendosa.  Pero estaba bien, de hecho él solo se iba a los extremos musicales estando ebrio. Abrió la boca para preguntar específicamente por las preferencias musicales de la bruja pero ella le cortó la inspiración antes de que pudiera formular la pregunta. –¿Qué?– ¿quitársela? ¡pero si acababa de abrazarla! Su tolerancia parecía ser inferior a lo que él había imaginado. Resignado extendió los brazos pero, escucharla tan demandante al hacer el “pedido” por segunda vez, le hizo cambiar de parecer.

¿No quiere también una limonada, Señorita Exigente?– alejó las manos del pequeño y blanco bulto y sacó su varita de un bolsillo del chaleco. Con ella conjuró un Patronus corpóreo que tras guardar el mensaje que apresuraba la presencia de Sive, abandonó rápidamente el lugar. –Listo.– avisó aunque no fuese necesario. Más no podía hacer por traer pronto a su hermana. –Quizá sea porque nadie le ha enseñado la ruta de urgencia al caño...– se inclinó en dirección de Ílkay y comprobó que algo literalmente apestoso ocurría en ese pañal. Sin embargo, una vez más, Varshavsky exageraba con su rechazo a la inocente criatura lunar.

Ya había visto en otras ocasiones como la madre sustituta le limpiaba la suciedad, pero de eso a hacerlo personalmente… existía una gran diferencia. –La limpiaré.– dijo decidido y se la quitó de los brazos, aprovechando esas milésimas para enfocar de cerca los orbes de Nina. –Después de esto me deberás dos cosas más. Una por liberar a tus brazos del peso y la otra por salvar a tu nariz del gran tormento.– No esperó a escuchar una negativa o negociaciones, se levantó del sillón y tras dar un vistazo general al mobiliario del rincón, fue directo a la cuna desde la cual le había tomado inicialmente. –Accio Pañales– y el paquete completo fue hacia él, casi estampándosele en el rostro.  Gruñendo por lo bajo sacó solo una de esas cosas y buscó entonces los paños húmedos que según tenía entendido eran especiales para limpiarle la suciedad. Lo bueno era que la niña permanecía dormida.

Mas no por mucho.

Cahir con varita en alto y expresión seria se consideró preparado para realizar tan fatídica misión. Desabrochó la ropa de la cría y con dudosos trazos de su varita hizo que el paño por si solo recorriera la piel de la criatura. Pero estar tan al aire libre despertó irremediablemente a Ílkay, quien empezó a llorar cada vez más sufrida y para colmo de males, Ardghal llevaba ya varios paños gastados y sin conseguir limpiar completamente la blanca piel. –Esto es peor que… el aliento de un troll…– hizo el rostro hacia un lado, deseando en sus adentros no tener que continuar.

Alto ahí. Pon las manos y la varita donde pueda verlas.– advirtió entre risas una voz femenina. Su hermana acababa de aparecer bajo el umbral de la puerta que unía la habitación infantil con uno de los pasillos de la casa. –Varshavsky, ¿por qué no lo hiciste tu? Este hombre habría mal gastado todas las “provisiones” y ni siquiera habría logrado su cometido.– dijo Sive sumamente animada al acercarse a la cuna y empujar a su hermano del lugar. Con dulces y mimosas palabras la mujer calmó rápidamente el llanto de su no-hija y con pericia se dispuso a dejarla impecable. Sin voltear a ver a los otros dos les hizo una seña con la mano, los estaba echando del lugar. –Váyanse, los dos son desastrosos. – tener a Nina cerca siempre le recordaba que el día menos esperado le quitaría a la pequeña, mejor que se esfumara de su vista y todos en paz.

El mago con un movimiento de cabeza indicó el camino a la salida de la casa para su amiga y hacia allá caminó. Le abrió la puerta y cedió el paso. –¿Un bar de vejestorios o mi departamento? La música no te molestará y podremos tomar una o dos copas.– conocía uno que otro bar poco visitado pero interesante, la clase de lugar donde podías encontrarte con alguien sin que el mundo prestara atención a tu mesa, ya que si votaba por ir a territorio privado… no se quejaría en absoluto. Cerró la puerta al salir, el clima estaba mas helado de lo que recordaba al haber llegado.



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Re: Hush, little baby ☾ Private

Mensaje por Nina R. Varshavsky el Vie Jul 31, 2015 4:18 pm

No quería una limonada. ¡Solo quería que le quitaran a la criaja de encima! Intentando no sentir náuseas esperó impaciente a que él enviara por fin el mensaje y farfulló por lo bajo lo horribles que eran los niños, tampoco quería despertar a la cosa chillona de nuevo. Y por poco se le lanza encima de la felicidad a Cahir cuando dijo en voz alta que él se ocuparía de la limpieza, y lo hubiera hecho claro, si no hubiera tenido un bulto lunar sobre el pecho.

Tu quítala y luego te pago los intereses —no sabía en que clase de lío se estaba metiendo al deberle tanto al secretario, pero indudablemente poco le importaba. Pagaría lo que fuera, o bueno, casi lo que fuera, con tal de librarse de labores maternales. Sus brazos se sintieron pronto liberados y ella los extendió mientras se retorcía en el sillón antes de sentarse como era debido. Luego de eso buscó con la vista a sus acompañantes y se levantó para espiar el trabajo ajeno, pero no quería estar cerca, así que se acomodó en la espalda de Taggart, usándolo con descaro como escudo humano mientras husmeaba por su costado a la pequeña que lamentablemente estaba por despertar.

En cuanto Ílkay empezó a llorar Nina detuvo su interés en el espionaje y se cubrió los oídos con el ceño fruncido. Más tarde cuando le llegó el aroma de golpe a la nariz, se resignó a mantener distancia y se fue casi corriendo hacia el sillón donde se subió como si el piso alrededor estuviera cubierto de lava o similar—. ¿Ya habías hecho eso antes? —alzó la voz pero una nueva presencia le hizo girar el rostro y su expresión se iluminó al ver a quien realmente los salvaría ese día—. ¡Sive! Por supuesto que no iba a hacerlo yo, que asco —exclamó feliz a pesar de que hablaba de sus disgustos, pero se sentía bien ante la perspectiva de no tener que hacer más de niñera. Aunque ella no hubiera hecho ni la mitad del trabajo, se sentía cansada por el resto de siglo.

Se levantó del sillón y mientras Sive se encargaba de limpiar a la criatura y hacerla callar por fin como se debía, Rada se sintió todavía mejor. Estaba claro, la mejor idea que se le había ocurrido era pasarle la luna a la dueña de esa casa. Se acercó a las dos, ignorando por completo que su presencia perturbaba a Sive y le dio un abrazo y un sonoro beso en la mejilla antes de retirarse, estaba repentinamente con la energía recargada—. ¡Nos vemos Ílkay! —se despidió mientras casi trotaba hacia la salida, allí donde el mago la dejó pasar primero. ¡Libre al fin! No había felicidad mayor.

Una vez en el aire nublado de afuera la calma comenzó a apoderarse de ella. No, no quería más ruidos estruendosos esa noche—. Mhmmm…. —¿Dónde debería ir sin que pareciera muy aprovechada? La idea del bar de vejestorios le quitó posibilidad a su plan de buscarle novia al hombre allí, y con eso en mente no tenía muchas razones para salir fuera—. Tu departamento, con música suave, ya no soporto más gritos por hoy —comunicó finalmente mientras se revolvía sus cabellos retorcidos a una posición decente, una vez que estuvieran estancados en algún lugar pensaba hacerse un peinado o al menos apretarse todo en un tomate gigante sobre su cabeza.

Lo tomó del brazo para que comenzaran a caminar aunque bien sabía que no podían llegar a pie a Londres desde allí. El clima no le era problema, la piel de Nina tenía naturalmente una temperatura elevada que se mantenía a pesar del frío y por lo mismo no lo sentía a menos que estuviera más congelado el ambiente. Y hablando de climas, podía presentir una lluvia a la brevedad en el aire y existía una posibilidad de que el cielo estuviera llorando también en Inglaterra, como siempre—. Ah, pero no sé dónde vives. ¿Estás seguro de que quieres mostrarme? Podría luego ir por la noche y robarte un vaso de leche —una broma a medias, y es que sabiendo la ubicación de uno de los pocos que tenía como apoyo en este otro lado del mundo, si sería capaz de ir a molestarle en horas indecentes por alguna nimiedad. Se quedó mirando al hombre unos segundos, evaluándolo, no se le olvidaban sus deudas, pero no veía ninguna jovencita cerca para preguntarle sobre cual era su tipo y eso iba a terminar por ralentizar el proceso de pago.

Luego rebuscó en sus bolsillos hasta encontrar una bolsa personal, plástica, que estaba llena de gomitas con forma de oso, todas verdes, y claro, de origen muggle—. ¿Quieres? —no solía compartir su tesoro con nadie, pero allí estaba pagando a medias los favores. Ella se metió tres a la boca sin mucha ceremonia, y es que eran sus favoritas. Y su mente pronto buscó un punto en blanco para poder al fin aparecerse, iba a seguirlo a donde fuera que la llevara, como la primera vez que había estado en este lado del mundo, cuando sólo ese hombre la había ayudado.




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Re: Hush, little baby ☾ Private

Mensaje por Ardghal C. Taggart el Sáb Ago 22, 2015 2:08 am

Por poco y se le escapa una extensa sonrisa por haber sido su departamento el elegido por su amiga, suerte que ya estuviese acostumbrado a borrar casi por completo esos gestos en cuanto aparecían, esos que solo le brotaban cuando estaba con Nina. –Perfecto– dijo moentáneamente distraído con los movimientos de la bruja que se acomodaba el cabello. Él que siempre buscaba orden y elegancia, se descubría continuamente atraído por esa chica tan poco común. Lo tenía ya aceptado desde hace tiempo, que Varshavsky lo cautivaba a niveles alarmantes. –Solo lamento el que no quieras más gritos por el resto del día.Una verdadera pena…

Con cara de “qué rayos es eso”miró las extrañas…. ¿golosinas? que le ofrecía y a pesar de su inicial desconfianza tomó dos de esas cosas verdes semi transparentes y se las echó a la boca sin demora. Silencioso las saboreó y le robó tres más antes de que las guardara. –Por supuesto que estoy seguro, de lo contrario no te habría dado la opción. – de estarla viendo directo a los ojos agachó la mirada hacia el brazo que la señorita le había tomado, esa clase de actos le hacían pensar que tenía posibilidades con ella pero también era consciente de lo lejanos que eran en casi todos los aspectos personales. Muy a su pesar, poco conocían de las andanzas privadas del otro.

Ella no aceptará a alguien tan poco conocido. Se dijo sin darse cuenta de que suspiraba con no muy buen semblante. –Puedes robar todo lo que necesites, te doy permiso.– informó con la vista puesta en un punto sin relevancia del paisaje. Se apuró a despejar su mente y tras presionar ligeramente el brazo de la inquieta mujer hacia el, desaparecieron.



Londres Mágico.

Aparecieron directo en el recibidor de su departamento, afuera llovía pero por fortuna no tenían que sufrir por las infinitas gotas de agua. Su hogar casi gritaba que un muggle había estado ahí y es que aunque Ardghal lo ignoraba, el mago y diseñador a quien contrató provenía de una familia de no mágicos. Por eso se notaba en gran medida el toque minimalista que tanto había gustado al dueño del lugar, para él todo lucía innovador y con aires de libertad. –Bienvenida a casa, Nina.– extendió el brazo libre –en cuya mano todavía llevaba los últimos osos confiscados– en señal de que podía disponer de lo que allí encontrara. –Vivo entre libros y solo. Pero eso ya lo sabes. – murmuró lo último y aprovechando que todavía la tenía del brazo, avanzó para guiarla hacia la sala de sillones oscuros. La magia era evidente en las escasas pero existentes decoraciones que tenía el departamento, el gramófono también delataba la realidad de la casa, en el pondría música en cuanto terminara de resumir el lugar para su primeriza invitada.

Pasaron más allá de la sala y el comedor, uno que por cierto era grande considerando que el hombre vivía solo. –Ahí esta la cocina que asaltarás y por acá– giró para asomarse a un corto pasillo– la habitación. La puerta que ves más adelante es mi despacho, si un día el mundo exterior me cree desaparecido puede que simplemente me encuentre encerrado trabajando en ese rincón. Así que… ya sabes dónde buscar lo que quede de tu servidor.– volteó a verla con lujo de detalle, pensando que encerrarla entre esas paredes hasta obtener un de su parte no era mala idea.

¿Te gusta lo que ves?– oh pero claro que lo decía con doble intención, solo que tenía a la cálida mujer en concepto de “inocente” y eso lo llevó a formular la pregunta sin culpa alguna. –Los vinos están bajo la mesa de la sala.– ¿Por qué cuando la tenía cerca siempre tenía  la sensación de que la temperatura se elevaba? Ya no era el inútil adolescente de rostro con tendencia a hervir por nervios, y tampoco un pervertido incapaz de controlar el ambiente a su alrededor, entonces ¿por qué? Tal vez eran imaginaciones suyas. Sí, eso debía ser, se lo repitió al mirar la lluvia al otro lado de la ventana.



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Re: Hush, little baby ☾ Private

Mensaje por Nina R. Varshavsky el Sáb Ago 29, 2015 5:19 am

Londres Mágico

De vuelta ya en tierras londinenses tuvo que tomarse unos segundos para sobrevivir a la aparición y cuando la curiosidad formó parte de la escena, ella observó al fin el lugar donde vivía el hombre y tuvo que aceptar que no era tan estrafalario como los magos comunes. Eso o que tenía algún familiar muggle o algo similar, pero aparte de Sive, ella desconocía a cualquier personaje dentro de la vida de Ardghal así que poco podía asegurar—. Tu casa está genial —aseguró asintiendo mientras se dejaba guiar por el brazo ajeno para recorrer el lugar, mejor así porque de todos modos pensaba dar un vistazo por cada rincón aunque él no la hubiese invitado a hacerlo. Tomó el aroma de cada cuarto en el que estuvo y tuvo que reconocer que la esencia de Cahir era la única que sentía, así que realmente vivía él solo allí y no estaba nada, nada mal.

¿Solo una habitación? Suena a que tendré que pedirte asilo en el sofá aunque se ve cómodo —comentó con sus dotes conversadoras de siempre y siguió husmeando las cosas que le mostraba el hombre, imaginarlo trabajando en un despacho aburrido le sacó una risa aunque calzaba con la imagen que tenía de él. Y al parecer las risas nerviosas serían lo suyo gracias a él pues cuando le soltó la pregunta del millón de galeones, ella se quedó mirándolo de hito en hito. Estaban hablando del departamento, ¿No? Se mordió el labio y asintió apartando la vista del mago. Era alguien de temer en ciertos sentidos, solo que ella no terminaba de explicarse la razón—. Me gusta y mucho —aseguró aunque no quiso pensar en agregar o restar a la ecuación la presencia del hombre en el lugar.

Vino, eso era la respuesta a sus dudas existenciales. Por eso se soltó de él para ir a rebuscar el licor y cuando lo encontró sacó unas dos botellas que puso sobre la mesa de la sala, misma donde tomó asiento sin importarle que hubiera sillones dispuestos para lo mismo. El orden y las buenas costumbres eran un tema relativo en su vida—. ¿Tienes copas o vasos? Aunque de todos modos he bebido directo de botellas antes —dudaba que él quisiera compartir su saliva así que soltó la broma sin pensarlo mucho.

Es un buen lugar para un hombre soltero —aseguró y es que el lugar que él le había conseguido era decente pero no tan interesante como el que tenía el hombre para él solo. De un salto se levantó para buscar en las estanterías algunos libros y tomó uno al azar. El tomo iba de alguna materia mágica así que lo abandonó mientras tocaba con las puntas de los dedos los otros libros—. El sitio que me conseguiste no está mal, pero a veces el ruido del tren complica mi existencia. Al menos creo haberle caído bien al dependiente aunque estoy casi segura de que el día que me llevaste pensó que iba a robarle o algo —una apreciación razonable dado que la mayor parte de gente respetable se espantaba solo con mirar su cabello tan fuera del estilo normal de la sociedad mágica.

Así era como notaba que tan lejos estaba de casa. Suspiró todavía cargando la botella en la mano y se acercó de nuevo a los sillones, aunque se quedó de pie meditando en su sería más cómodo el cojín o volver a la mesa central—. Tengo un regalo que me gustaría darte pero creo que lo encontrarás muy infantil —habló de pronto luego de unos segundos, girando la vista hacia el hombre y sonriéndole divertida. Le debía mucho a él, jamás lo olvidaba—. A propósito, ¿Ya pensaste que me cobrarás? —consultó finalmente sin quitarle la vista de encima. Le gustaba la calma de ese lugar, se respiraba en el aire.




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Re: Hush, little baby ☾ Private

Mensaje por Ardghal C. Taggart el Dom Sep 13, 2015 8:24 am

Así que… sí le gustaba. –Bien– dijo por lo bajo, asintiendo con suavidad al mismo tiempo y sonriendo ampliamente. No importaba si la respuesta de Nina había sido pensando en otro contexto completamente diferente, Ardghal se daba por servido con sus palabras. Podría fantasear un poco con esa aceptación de su parte. Pero todo lo bueno tiene un fin, y como era de esperarse, la extravagante bruja se soltó de su brazo en busca del mencionado vino. A él no le quedó más remedio que resignarse y sonreír, ¿qué más? después de todo la chica era alma libre, libre y un poco salvaje.

No se molestó porque su invitada tomara como asiento la mesa, aunque estaba seguro de que no volvería a ver con los mismos ojos ese mueble. Se limitó a observarla atento y divertido al desplazarse por su casa y no pudo evitar pensar en lo perfecto que sería tenerla permanentemente entre esas paredes. Ahora que sabía que el sitio era de su agrado la invitaría con frecuencia a… hacer cualquier cosa.

Tengo lo que gustes, pero si quieres beber directo tampoco tengo problema.– respondió mientras caminaba también hasta la sala y se sentaba sobre el suelo, recargando la espalda en uno de los sillones. –De verdad que no…– murmuró haciendo un último esfuerzo por sacar de su mente las insanas visualizaciones. Afuera podía estar lloviendo, pero él empezaba a creer que moriría de calor. Se quitó el saco y después el chaleco, sacando del primero su eterna varita. –El tren me pareció un toque interesante, pero si te incomoda excesivamente podría buscarte… otro lugar.– ¿Debería contarle que un día después el dependiente se puso en contacto con él preguntándole si no se trataba de una fugitiva de la ley? Mhm… puede que no fuera tan mala idea, así mal miraría al encargado del lugar y una buena oportunidad surgiría para él. Bien podía ofrecerle hospedaje mientras le encontraba un nuevo lugar donde quedarse. Después inventaría tener exceso de trabajo como para cumplir con eso.

¿Un regalo?– ¿de ella para él? Vaya, eso no lo esperaba y no podía imaginar qué clase de obsequio le tendría y mucho menos el motivo. –Mientras no sea un pañal, todo es bienvenido.– bromeó tentando a la suerte, riendo de paso al recordar el apocalipsis que casi acababan de vivir en casa de Sive y la pequeña luna. –Por supuesto, empezaré por pedirte menos ropa y un reconfortante beso.– dijo con toda la naturalidad del mundo, seguro no se tragaba tanto descaro. Alzó la varita hacia el gramófono y música empezó a sonar, a la chica la tenía ya cerca y también al vino, ¿qué más podía pedir? Muchas cosas en realidad, y todas incluían a Nina. Justamente hacia ella extendió una mano, esa fue su invitación para que se sentara con él, aunque fuese a un lado.



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Re: Hush, little baby ☾ Private

Mensaje por Nina R. Varshavsky el Miér Sep 16, 2015 9:27 pm

Al tener la oportunidad de beber directamente sonrió y pronto abrió la botella para tomar directamente un trago. Le sentaba bien algo de vino a esas horas luego de luchar con la luna bebé que no se quedaba callada nunca. Lo observó quitándose la ropa y por un segundo se sintió en extraña tensión aunque pronto se obligó a centrar su mente, no podía ponerse ebria con tan poco, ¿No?—. No está mal, pero a veces preferiría algo de calma —comentó sobre el lugar donde residía. No quería darle más problemas al hombre pero el parecía bien dispuesto a ayudarla—. Si existe la posibilidad de algo mejor, pues adelante, el sueldo no es tan malo —comentó pues el señor Zabini le pagaba de forma decente, lo incorrecto eran las tareas que le pedía, esas que no podía comentarle al hombre a unos pasos de ella.

Oh, que mal pensado, claro que no será un pañal. No sabes poner uno, igual que yo —Sive le había dejado claro que el hombre era tan inútil como ella en la cosa de mudar a una criatura pequeña, pero sin duda Taggart tenía más paciencia para hacer callar a la mocosa blanca. Distraída con esos recuerdos le costó reaccionar a la petición ajena y cuando ya la tuvo en mente una risa nerviosa le sobrevino. ¿Menos ropa y un beso?—. ¿Te parece que me visto con mucha ropa? —la verdad si lo hacía, pues no necesitaba de tanto con qué cubrirse, pero que él lo hubiera notado se le hacía raro—. Lo otro si se puede arreglar… —comentó entre dientes y al ver que él le extendía una mano, ella sonrió. Se acercó con lentitud al ritmo de la música y al reconocer la canción su gesto de felicidad se amplió—. ¡Conozco esa! Love me love me. Say that you love me~ —tarareó y una vez llegó al lado del sillón donde él estaba se quedó quieta un segundo, en vez de sentarse apegada a él se trepó por un lado y se sentó cruzando las piernas en algo parecido a la posición de loto, justo detrás de donde tenía la cabeza el mago.

Tu regalo lo tengo en uno de mis bolsillos, pero antes… —movió la botella para dejarla en el piso al lado del secretario. Sus manos se fueron a ubicar en la base del cuello de su amigo y subió una de ellas hasta la barbilla, picaba en ese punto a causa de su barba pero no se le hacía desagradable. Con cuidado lo hizo subir el rostro para que la mirara apoyando la cabeza hacia atrás. Ella le sonrió con gracia antes de inclinarse y depositar un lento beso en su frente. Ser cariñosa no le costaba cuando entraba en confianza, y en él confiaba a todas luces—. ¿Ya te sientes reconfortado? —consultó dándole una última caricia a la barbilla ajena, su otra mano la subió para revolverle los cabellos antes de ir a su bolsillo en busca del dichoso regalo. ¿Le gustaría siquiera?

Dejó de mirarlo y lo soltó, mientras buscaba en su bolsillo un pequeño bolso que ella había hechizado para guardar sus cosas mientras corría por el bosque. Traía allí las pertenencias que le eran más preciadas, y tuvo que usar su varita para extraer de eso una pequeña caja de cartón, dentro venía una caja de música algo especial, pero que esperaba que él disfrutaba. Si llegaba a activarla, ella tendría que salir corriendo a una distancia prudente, pero disfrutaría del sonido que tenía—. Es de Rusia, está hecha con un diseño tipo Ghzel —le explicó antes de que la sacara de su envoltorio. Era una de las primeras que se había comprado por sí misma, y Cahir, sin saberlo, se lo merecía—. Gracias por todo, Ghaly.




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Re: Hush, little baby ☾ Private

Mensaje por Ardghal C. Taggart el Lun Sep 21, 2015 4:05 am

Obvio que se vestía con mucha ropa, pero no era que tuviera queja precisamente sobre eso pues sin duda el estilo de Nina era una de las tantas cosas que le atraían. El punto era que él quería que en ese preciso instante se quitara unas cuantas cosas de encima para recrearse la pupila, pero bueno, estaba claro que eso no ocurriría. –Lo haces, pero olvídalo. Iba… por otro camino.– respondió en voz muy baja, justo antes de que la señorita se acercara cantando un trozo de la canción que se escuchaba. ¿Era en serio? ¿No estaba soñando?

Con la boca literalmente abierta se quedó, la escena que frente a sus ojos corría le dejó vilmente embobado y por eso no reaccionó a tiempo cuando su muy estimada amiga tomó asiento atrás de él, y no a un lado como había imaginado. Bueno, era libre de sentarse donde quisiera, solo lamentaba que se le privara de la hermosa vista por un rato, porque por su cabeza no pasó el alzar la vista para encontrarla.

¿Un kilo de osos tal vez?– preguntó curioso y a punto estuvo de tomar la botella que había sido abandonada sobre el suelo cuando unas manos con las que muchas veces había fantaseado se apoderaron de él literalmente. Sí, porque en cuanto la sintió en la piel, su cuerpo entero se declaró rendido a las intenciones de Varshavsky sin importar lo que fuera. Algo de tensión sintió al principio por la sorpresa pero el tiempo apenas y corrió cuando ya podía sentirse infinitamente… ¿relajado? No no, era otra cosa. Inquieto no estaba, no precisamente, pero sí deseó que aquello se prolongara, que la necesidad de entregarse fuera captada por la mujer que con tanta dulzura lo acariciaba. Oh pero, lástima que no fuese a ser como él quería.

Por supuesto que no. ¿Cuántas veces se había topado con pared en lo que iba de la noche? ¡No importaba! Porque tener aunque fuese por milésimas los labios de Nina sobre su persona erapago suficiente por toda la ayuda que hasta entonces él le había brindado. Fue un minúsculo momento de gloria, de verdadera felicidad y sobre todo, inspiración para seguir día tras día con su mar de sentimientos por esa chica. ¿Por qué demonios era Nina tan cruel?! De haber sido Ardghal un caramelo, se habría derretido ahí mismo, en manos de su anhelada mujer. Pero no, no lo era, y con cerrar los ojos y grabarse la sensación tuvo que conformarse.

La boca del mago se humedeció sin poder evitarlo y poco a poco –y resignado– abrió los ojos que por segundos pudieron recrearse con las hermosas facciones de su inocente amiga antes de que ella lo besara. –Muy reconfortado.– aseguró conteniendo un largo y profundo suspiro. De haber sabido que aceptaría darle un beso se lo habría pedido hace siglos. Y dolió, casi sintió que le ardió la piel cuando las manos ajenas lo soltaron para buscar el regalo. Castigo divino.

¿Cómo? Quien sabe, pero Taggart fue capaz de seguir mirándola mientras le explicaba detalles sobre el obsequio, y eso que podía sentir cómo sus ojos delataban parte de sus emociones desbordantes de la noche. –Rusia… Ha venido desde lejos.– dijo girando parcialmente para recibir la pieza de arte extranjera. Los colores lo hicieron sonreír, seguro le vendría muy bien a su descolorida casa, le alegrarían las horas tal cual hacía la persona que lo acompañaba en ese instante. –¿Cómo es que sobrevivió en tu bolsillo? Me gusta…– no podía dejar de mirarlo, casi parecía niño fascinado por el juguete nuevo. –Muchas gracias, no tenías que molestarte, pero que bueno que lo hiciste.- sonrió de lado a lado pues en verdad estaba encantado con el detalle, por muchas razones.

Con cuidado inspeccionó la pieza y al descubrir que no se trataba solo de una decoración pausó el gramófono, gustoso dio cuerda a la caja musical. –Dime, ¿extrañas tu hogar?– se atrevió a preguntar sin preocupación. –Te aseguro que tendrás un mejor lugar donde vivir. Solo espera y verás.– había vuelto a acomodarse con la vista al frente y en dicha posición atento escuchó el delicado y a la vez enigmático sonido con el cual giraban las coloridas torres. Y por minutos se perdió entre colores y música, notando que el silencio que después surgió era repentinamente profundo. –Nina… ¿Por qué… estas aquí? Tan lejos de…– ¿su hogar? A decir verdad no sabía casi nada del pasado de la bruja, no podía decir con seguridad que antes tuviera ella un sitio al cual llamar de ese modo. Si lo tenía… entonces él se esforzaría el doble para hacerla sentir feliz y protegida. Así tal vez nunca se iría.



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Re: Hush, little baby ☾ Private

Mensaje por Nina R. Varshavsky el Sáb Sep 26, 2015 4:09 am

Saber que la caricia había surtido efecto, le provocó una desconocida calidez en el pecho que terminó asociando con felicidad. De esa profunda que no se sentía todos los días. Mientras le explicaba poco después el contenido de su regalo, solo cruzó miradas con él unas cuantas veces, sin llegar a descubrir lo que apenas lograban contener los ojos contrarios para ella. Asintió en cuanto él comentó sobre la distancia y dejó que él revisara el artículo. ¿Que cómo había sobrevivido?— Hechicé el bolso para que se mantuviera relativamente organizado a pesar del movimiento externo —comentó pues no estaba dispuesta a separarse de sus cajas y mucho menos a romperlas ella misma.

¡Le gustaba! Más feliz pudo sentirse en ese momento al ver que su regalo era aceptado por el hombre—. Que bueno que te guste y de nada —comentó animada y no pudo evitar cubrirse la boca mientras lo veía tan interesado en el objeto, no quería reírse aunque le provocaba algo parecido a la ternura. La tomó por sorpresa que detuviera la música de fondo, y no alcanzó a pedir algo de piedad con sus oídos en cuanto él hizo girar la parte inferior de la caja musical. Nina como movida por un instinto superior y apretando los ojos, se alejó de un salto pasando al otro lado del sofá y terminó en la otra esquina de la habitación, lejos del hombre que al parecer había vuelto a hablar.

Ya con algo de distancia marcada pudo suspirar e intentar captar las frases del contrario, reorganizándolas en su cabeza. Pero evitó contestar mientras la música todavía sonaba. No, hubiera preferido avisarle antes, no quería demostrarle que tan extraña era porque suponía que eso iba a significarle el rechazo de su buen amigo. Apretó los dientes en su posición y cuando la tonada culminó, con casi un minuto de retraso luego de la última pregunta de Taggart, ella se acercó a paso lento hacia el sofá otra vez y se quedó de pie a su lado—. Ehm… Me hacen un poco de daño, cuando las escucho de cerca —avisó ya resignada a que él tuviera que conocer esa parte de ella, no que se avergonzara particularmente de lo que era, simplemente sabía que el mundo tenía una opinión diferente de su situación y eso la dejaba en mala postura.

En el lugar donde vivía no teníamos algo que llamar hogar... No como aquí al menos, pero tenía una familia. A ellos los extraño a veces —comentó mientras se acomodaba esta vez, sentada al lado de él. Extrañaba el bosque, eso era inevitable, pero vivir en distintas cuevas y campamentos no era lo mismo que tener una casa firme que llamar hogar. Pasó su brazo por encima del hombre para recuperar la botella y se la llevó a los labios mientras miraba al frente—. La verdad es que desde hace tiempo quería irme… Solo hasta ahora se dio la oportunidad —no es que fuera una malagradecida con quienes la habían acogido todos esos años. Su manada era su manada al fin y al cabo. Pero no había modo de que sus deseos de conocer el mundo desaparecieran. Luego de dar un largo trago a la bebida, le ofreció la botella al hombre mientras se giraba a mirarlo.

Sus ojos parecían brillar cuando hablaba de temas que la emocionaban—. Quiero conocer el mundo —anunció su gran secreto y mayor problema, esperando recibir alguna respuesta ajena—. ¿Tu nunca has querido algo así? —lo animó a hablar con ella sobre el asunto. Por su mente un pensamiento cruzó en ese momento mientras lo miraba fijo a los ojos, pero sonaba demasiado bueno para que ocurriera, al menos para que le sucediera a ella de entre todas las personas—. Deberías venir conmigo —murmuró finalmente mientras se apoyaba en el brazo de él, era una broma a medias así que no se contuvo la risa. La verdad oculta tras su directa invitación no se podía negar.




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