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Mensaje por Farah Schiele el Dom Jun 21, 2015 6:09 am

Recuerdo del primer mensaje :

It's scratching on the walls
In the closet, in the halls
It comes awake
And I can't control it
Hiding under the bed
In my body, in my head

— Skillet

21 de Agosto, 2024. 1:45 am.

Un quejido emanó de sus labios mientras se revolvía entre las sábanas de su cama. Tenía otra vez esa pesadilla. Y lejos de poder controlarse su mente se vio sumida una vez más en los recuerdos del vampiro y de sus ataques. Todavía podía sentir en su cuello el desgarro a causa de los afilados dientes y el dolor en su cuerpo no remitía. Parecía que a pesar de los posibles cuidados las secuelas nunca se irían, y jamás había estado tan cansada.  

La joven Schiele había mentido una vez más a sus progenitores, todo para no tener que explicar las marcas que le habían quedado en el cuello a pesar de las pociones y la noche que había pasado en San Mungo mientras un medimago desconocido se ocupaba de traerla de nuevo a la vida. Porque había estado al borde de morir, y los métodos que tenían los magos para tratar la falta de sangre en las venas eran complicados. Ella apenas había podido se había retirado por su cuenta del hospital y llegó a su casa sin las compras que debía hacer, casi 24 horas después y con la barata excusa de que una amiga del colegio la había invitado a dormir fuera.

Era una suerte que su habitación estuviese en el segundo piso, en la parte trasera de la casa. El lugar donde su hermano dormía estaba cerca, pero él siempre había tenido el sueño pesado y no iba a despertar por más ruido que hiciera. Sus padres en cambio se encontraban en la planta baja, ajenos a lo que ocurría a algunos metros de sus cabezas. Si hubiesen estado más cerca, entonces se habrían enterado. Luego de regañarla por no avisar a tiempo que iba a quedarse con una amiga la noche anterior, todo había ido normal. Pero nada lo era.

Abrió los ojos de golpe segundos después de que el vampiro volviera a ensañarse con su vientre, respiraba agitada intentando razonar en donde se encontraba, y lanzó las sábanas lejos. Trató de secarse el sudor ya frío en la frente pero sabía que no serviría de nada, porque cada vez que cerraba los ojos lo veía de nuevo. A ese oriental cruel que le había mostrado que la vida estaba llena de uno u otro modo de seres que querían hacerle daño sin razón aparente. No sabía si debía sufrir por haber estado al borde de la muerte o porque cuando sus fuerzas flaquearon pensó que era mejor así. Que acabar con la agonía era todo lo que quería, incluso si eso significaba el fin temprano de su vida.  

Casi gritó de nueva cuenta al sentir un ruido en la ventana. Se mordió la lengua para intentar mantener una actitud silenciosa. Quería moverse a mirar que era pero le temblaba el cuerpo a pesar de que estaba acostada. Se aferró a su varita, y con pasos inseguros se acercó a su ventana, estaba supuestamente preparada para lo peor cuando removió de golpe las cortinas, pero sus ojos cerrados indicaban que no quería ir a ver que había del otro lado.

Un sollozo que había intentado convertirse en risa fue lo que provino de su garganta al ver como una simple rama del gran árbol, ese que había detrás de su casa, rozaba el vidrio como si quisiera saludarlo. Afuera la noche era fría así que no hizo ni el intento de abrir. Simplemente volvió sobre sus pasos y con el cuerpo tenso tomó asiento sobre la cama. A ella le aterraba la oscuridad, por eso había pasado 16 años de su vida durmiendo con una pequeña lámpara encendida…

Ahora ya no la necesitaba. Prefería tenerla apagada, tal vez así el vampiro no se daría cuenta que ella estaba dentro, en un eterno insomnio y con el terror agitando sus venas. Un nuevo ruido le hizo temblar de pies a cabeza. Fue cuando si se permitió llorar, porque tenía miedo. Un pavor profundo que le hacía llenarse de pesadillas apenas cerraba los ojos. A veces soñaba despierta, mas todas las imágenes mentales estaban cargadas de sangre... ¿Estaría convirtiéndose lentamente ella también en un monstruo?


Última edición por Farah Schiele el Lun Ago 24, 2015 2:16 am, editado 1 vez



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Re: In my body, in my head ☼ Private

Mensaje por Abel Giraud el Lun Nov 23, 2015 4:22 pm

Internamente los nervios lo sacudían por haber pedido algo tan comprometedor como subir juntos a la cama, pero para su suerte y alivio de su agitada respiración, Farah aceptó. ¡Perfecto!Bueno, ya podrán descansar– comentó sobre las rodillas atormentadas, después de sacarse los tennis para poder subir a la cama sin ensuciarla. Se sentía extraño trepar a la cama de una chica, extraño y privilegiado, algo que definitivamente tendría que agradecer en voz alta. ¿Sería extraño dar las gracias por algo como eso? No quería sonar anormal frente a su novia…

¡Ah! no te preocupes por eso. Tu habitación es mil veces más ordenada que la mía…– admitió aunque después se arrepintió de haberlo dicho. Negó mentalmente por tal error pero inmediatamente se deshizo de ese pensamiento, delante tenía a una hermosa chica sentada sobre una cama y esperando por él, no iba a desperdiciar el tiempo. Se sentó tan cerca como pudo de ella, notando que la señorita se observaba el hombro que antes él había reclamado. Eso lo interpretó como una buena señal.

Lo confirmó al escuchar a Farah reír abiertamente y, sin dudarlo, tomó las manos que ella amablemente le ofrecía. Quería abrazarla fuerte pero si ella buscaba sus manos no se quejaría, incluso fue memorable, no recordaba que antes hubiesen entrelazado así los dedos y se sentía… sorprendentemente bien. Solo de estar con ella podía sentir su alma relajada, todos los problemas familiares se habían esfumado de su persona y ahora solo importaban ellos dos.

Los dedos de la rubia se le escaparon, imposible de impedir pues a la bruja le había apetecido acostarse. Claro, era lo más obvio estando en la cama, ¿no? Seguro nadie le había dicho que hacer eso frente a un chico era demasiada provocación, especialmente si sonreía de ese modo para el afortunado en cuestión. Abel tampoco se lo diría, estaba vilmente embobado con la escena como para pensar en recomendarle que no hiciera eso frente a otros porque… los iba a descontrolar, a poner nerviosos e inquietos… Exactamente como él en ese instante. ¿Y ahora qué? Interesante pregunta.

Como si esa pregunta hubiese sido una orden codificada Abel fue a acomodarse sobre ella, se recorrió otro poco hasta poder acomodar ambas piernas a los costados de las de Farah. No estaba sentado sino apoyado en las rodillas así que no la aplastaba, y desde ahí la observó con una sonrisa de lado. –Ahora me das permiso de consentirte.– dijo muy seguro. Inmediatamente se inclinó sobre el cuerpo de la chica usando también como apoyo las manos, quería sentirla directamente pero debía ir con calma, o eso se dijo. Aunque llevar los labios hasta el oído que ella había dejado a disposición podía no encajar precisamente con la idea de “ir con calma”, el squib no lo meditó mucho y lo atacó a besos mientras sus manos buscaban las femeninas y se enganchaban  de nuevo a sus dedos. Ahora se apoyaba en las manos contrarias en lugar de la cama.

Visualmente se topó entonces con un rastro de la herida en el cuello de su vecina. Como el cabello le cubría parcialmente Abel lo removió con el rostro hasta tener despejada la zona. –Nos desharemos de esos recuerdos…– murmuró decidido. Odiaba más que antes la idea de que otro hombre la hubiese tomado porque él ya podía considerarla como propia, eso la convertía en mujer prohibida para todos los demás y el saber que en algún lugar existía una criatura oscura deseando dar con el paradero de su novia le disgustó bastante. Nunca había imaginado sentirse de esa forma. –Ahora eres mía. Piensa en mi cada vez que la mires…– dijo en voz baja antes de plantar los labios justo sobre la marca en la piel de Farah. Ese punto le besó sin parar, de manera cada vez más amplia e insistente. Hacerlo acentuó la ansiedad que el resto de su cuerpo ya experimentaba. ¿Los besos bastarían para calmarse?



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Re: In my body, in my head ☼ Private

Mensaje por Farah Schiele el Miér Dic 02, 2015 5:20 am

Pensar en la habitación de Abel la puso nerviosa, si es que los nervios que ya de antes tenía no eran suficientes. Cuando sus dedos se entrelazaron se sintió tranquila nuevamente, la presencia del chico la hacía sentir mejor instantáneamente, pero esperarlo sobre la colcha le pareció más adecuado así que allí se mantuvo luego de preguntarle que más venía a continuación. No importaba su inexperiencia cuando estaba con él. Aunque claro que se tensó en el momento en que sus piernas quedaron atrapadas entre las del joven.

Intentó contenerse de reír al sentirlo en su oído pero pasadas las cosquillas iniciales por el aliento cálido del chico, una placentera y extraña sensación se apostó en su espalda. Podía seguir adolorida pero eso no evitaba que sintiera cosas con el correcto toque del squib. Su respiración trató de normalizar, fallidamente y cuando él volvió a tomarle las manos, contra la cama, ella sonrió. Todo iba perfecto hasta que lo sintió acercándose a su cuello. Su expresión de calma se quebró unos segundos y al escucharlo asintió aunque dudaba de poder olvidar todo lo ocurrido—. Lo intentaré… —dijo tratando de sentirse confiada de su capacidad de seguir adelante con las desgracias que ocurrían a su alrededor.

Pero claro, las palabras de Abel tenían un poder absoluto en ella. Sorprendida intentó girarse para mirarlo cuando él mencionó en voz alta que ella… ¿Que ella era suya? Ese sentido de pertenencia se le hizo adorable y le llenó el corazón de gusto. Casi se sentía capaz de volar otra vez, aunque cuando los labios de su novio se posaron sobre su piel, que todavía estaba sensible, se le cortó la respiración. Los besos se fueron haciendo cada vez más insistentes y un ligero dolor la atacó los primeros segundos haciendo que soltara un quejido por un movimiento brusco del chico—. A-abel… todavía duele… con cuidado —pidió en un susurro mientras apretaba los labios. La continuación de las caricias no hizo más que recordarle las cosas que había sentido con los afilados colmillos clavándose en ella, y por un segundo se imaginó que era el Giraud quien enterraba sus dientes en su carne, un gemido bajo escapó por sus labios sin que pudiese contenerlo a tiempo y el sonido insano revivió otra parte de sus memorias.

Sus ojos se habían cerrado ante el pensamiento, pero eso solo sirvió para entremezclar el recuerdo que tenía del rostro de cierto oriental maquiavélico con las dulces facciones de su chico. No, no sabía si iba bien, porque nuevamente no sentía los deseos de parar y eso la aterraba. Si le decía a Abel que intentara morderla allí seguro la vería con extrañeza. Por eso intentó removerse, perturbada de sus propios pensamientos—. Tengo miedo Abel... —confesó al borde de las lágrimas de nuevo. Lejos de soltarlo mantuvo los dedos de él apretados, y recordó con claridad el dolor de cuando le habían quebrado cuatro de ellos. En el hospital habían reparado esas heridas y sus huesos no habían quedado dañados, pero ella sabía que lo había vivido y esas heridas mentales no se podían eliminar con simples pociones.

Y el chico no había visto todavía las vendas que se cargaba sobre el vientre. No, él no sabía que tan mal había quedado ella luego del ataque—. No me sueltes —pidió como si le faltara el aire para vivir, y giró su rostro cuando pudo para buscar la mirada contraria, si es que lo encontraba. Deseaba sus labios más que antes y tenía sus piernas apretadas entre las de él como si se estuviera conteniendo a sí misma. Y le gustaría decir que como buena niña inocente hasta ahí quedaban sus intereses, pero no era cierto, su necesidad iba en aumento como si le hubiesen abierto los ojos, aunque había sido a un lado oscuro para la luminosidad a la que ella estaba acostumbrada.



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Re: In my body, in my head ☼ Private

Mensaje por Abel Giraud el Jue Dic 03, 2015 4:44 pm

Desprendió los labios del cuello de Farah en el instante que ella comentó que aún le dolía la herida, ¿debería entonces parar? Ella no se lo había pedido, simplemente quería que fuese más cuidadoso así que… eso haría. En silencio asintió y su rostro descendió de nuevo hacia la piel de la serpiente. Con mayor delicadeza le besó, decidido a parar si otro quejido volvía a escucharle a su novia. Y en efecto, un sonido volvió a brotar de su boca solo que esta vez había sonado un tanto diferente, no precisamente como queja de dolor. Los oídos del squib decidieron que esa nueva versión les agradaba pero Abel no pudo evitar sentir cierta culpa por ello. La percibió inquieta bajo su cuerpo, ¿algo más ocurría?

Miedo. Farah lo sacó de la duda y no solo por haberlo confesado sino también por cómo había sonado su voz y también por las reacciones de su cuerpo. Abel volvió a detenerse y por primera vez en lo que iba de la noche intentó ponerse en el lugar de la chica. ¿Qué habría ocurrido exactamente? O mejor dicho… ¿cómo? Para su pesar eso era algo que no podía imaginar pero sin lugar a dudas debió haber sido horrendo… ¿Y él intentaba hacerle olvidar de un momento a otro? Que ingenuo había sido…

Como ya había dejado de besarla en el cuello levantó el rostro al notar que la rubia lo buscaba visualmente, y en silencio se quedó observándola por unos complicados segundos. ¿Cómo se salvaba a alguien del miedo? –No lo haré– le aseguró esbozando una sonrisa y apretó otro poco los dedos que tenían entrelazados. Tras decirlo acercó el rostro al de ella y despacio tocó de nuevo sus labios. Hizo lo posible por mantener los ojos abiertos pero cada vez que el contacto se intensificaba, inconscientemente cerraba la mirada.

Desearía ser más útil…– murmuró en medio de los besos, de verdad se sentía impotente al no poder ayudar a Farah con sus problemas, sintió que lo ocurrido entre su novia y el vampiro lo superaba… ¿Cómo podía hacerla sentir segura?! Intentaba dar con una respuesta a esa incógnita pero gran parte de él se encontraba ocupada probando los labios que finalmente podía adjudicarse. Con cuidado y sin soltar las manos de la joven bruja el resto de su cuerpo fue descendiendo, buscando amoldarse al de ella que era totalmente nuevo para él. Como se tenían tomados de las manos nada impidió que sus pechos se unieran. ¿Alcanzaría Farah a sentir sus latidos desbocados? Un tenue sonido de placer escapó de Abel, uno del que ni él mismo se percató, sus sentidos estaban ocupados en sentir todo lo posible a su anfitriona pero… ¿estaría ella cómoda con el peso del squib encima? Si él hubiese sabido que la señorita estaba también herida en el torso no habría tomado esa postura.



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Re: In my body, in my head ☼ Private

Mensaje por Farah Schiele el Sáb Dic 05, 2015 5:21 am

Cuando Abel ya liberó su cuello ella pudo respirar teóricamente más tranquila. Sentía la distancia pesada pero el dolor pretendía esfumarse cuando no se lo recordaba. No le costó corresponder a los labios del chico cuando se apegó nuevamente a los de ella. Y mantuvo la unión hasta que él habló, haciéndole abrir los ojos y mirarlo con el ceño ligeramente fruncido. ¿Por qué creía que no estaba siendo útil? Bueno, había dicho más útil. Pero para ella tenerlo ahí era más que suficiente. Más de lo que había esperado para ser exactos.

Eres útil —se lo dijo queriendo que le creyera porque se lo decía con sinceridad y su boca recibió la contraria con más intensidad como si eso fuera a clarificar el asunto. Lo que no se esperó fue repentinamente sentir el cuerpo cargado con peso extra, y aunque había añorado tenerlo encima de ella, cuando el joven terminó de aplastarla un dolor esperable nació en su vientre haciéndola cerrar los ojos pero no de gusto.

A-Abel… —lo llamó nerviosa. No quería que él se molestara con ella o algo, pero cada segundo que pasaba la agonía la llamaba—. T-tengo el… el vientre vendado todavía… no me pudieron reconstruir del todo la piel en el hospital. Sufrí al parecer la despartición primero y luego... luego él rompió con sus... —incapaz fue de seguir relatando pues cada vez que lo ponía en voz alta la pesadilla volvía a ser real. Se suponía que su piel con el tiempo mejoraría pero seguramente le quedaría una fea cicatriz. Primero había sido los efectos de aparecerse sin aviso y luego las mordidas y garras del vampiro que sin cuidado le había destrozado la piel. Recordarlo le hizo sentir náuseas y apartó el rostro del squib para tomar una gran bocanada de aire. Si no se calmaba iba a hacer una escena peor.

¿Entendería él que ella añoraba su cercanía pero que su cuerpo no estaba preparado en ese momento? Imaginar que estaba arruinando las primeras horas que tenían de ser novios le hizo sentirse infinitamente inútil y triste. Unas cuantas lágrimas cayeron por sus mejillas—. Lo siento... No será siempre así, solo... —¿Qué debería agregar? Porque no tenía ni la menor idea de cuando sanarían sus heridas mentales, más que las físicas que ahora también le daban problemas—Creo que yo soy la inútil este día —murmuró apesadumbrada.



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Re: In my body, in my head ☼ Private

Mensaje por Abel Giraud el Vie Dic 11, 2015 4:05 am

Abel creía totalmente en las palabras de la bruja, no tenía motivo alguno para dudar de  sus afirmaciones, así que, aunque no al nivel que él quería, sintió que efectivamente él le hacía un bien a su novia. Cuidaré de ti, puedes estar segura. Fue el pensamiento que lo inundó antes de que Farah pronunciara con voz entrecortada su nombre. ¿Qué ocurría? Lo descubrió hasta que escuchó la explicación incompleta de lo ocurrido con el vampiro y de golpe quitó su peso de encima. Despartición, ¡había dicho departición! y por lo que alcanzó a entender eso no fue lo último que sufrió a manos del atacante. Entonces… ¿cuánto tiempo había tenido que soportar una herida de esa clase?

Había mantenido la vista fija en ella a cada palabra, por el repentino desvío de su rostro no se molestó pero sí que el agarre a sus manos se tensó inconscientemente. Si hubiese sido Abel un animal se habría erizado de ira pero a falta de pelaje para eso, el disgusto se manifestó en su expresión. –No tienes porqué disculparte Farah, nada de esto es tu culpa.– le dijo al tiempo que secaba una de sus húmedas mejillas con los dedos. –Y lo mejor será eliminar “inútil” y sus derivados de nuestro vocabulario, ¿no crees? – así ya no habría necesidad de estarse regañando mutuamente y sin parar. Dio un cuidado beso en la nariz de su serpiente y decidió quitarse por completo de encima de ella, tomó entonces lugar a su lado, acostado sobre la cama ajena.

Mentiría si te dijera que no quiero saber qué te ocurrió exactamente– dijo acomodándose de lado para poder mirarla y tomar una de sus manos. Quería abrazarla pero no sabía qué tanto podía presionarla sin lastimarla. Obviamente no podía mirar la herida en su vientre, no mientras la rubia usara su ropa para dormir. –Pero entiendo que es… difícil. Así que… cuando quieras compartirlo conmigo, te escucharé. – No era una clásica noche de confesiones ni el modo normal de estrenarse como novios pero Abel no pedía nada mas, poder estar con ella en esos momentos de dificultad era algo que agradecía. Era uno de esos inesperados giros que daba la vida y que parecían ser indiscutiblemente acertados.

Con cuidado la apegó a su cuerpo por los hombros y contra su frente acomodó los labios, se permitió darle un marcado beso en esa zona para después frotarse en su cabello. –¿Esta bien si me quedo aquí otro rato? – pidió permiso, ya no sabía qué hora era pero mientras a Farah no le molestara el tiempo carecía de importancia. –No quiero irme todavía… Me gusta estar contigo. – además dejarla sola con su tristeza sería imperdonable. –Puedo… ¿puedo abrazarte?– preguntó preocupado. Su mano bajó por el brazo de la serpiente hasta el nivel del codo y allí se quedó. Se mordía los labios pensando en lo doloroso que debía ser una despartición y lo preocupante de sufrirla en esa zona. Que valiente había sido Farah al callar todo eso ante sus padres…



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Re: In my body, in my head ☼ Private

Mensaje por Farah Schiele el Vie Dic 11, 2015 10:58 pm

Asintió apesadumbrada ante la idea de una tregua, alejados de la palabra inútil, así ambos se sentirían mejor a su parecer. El beso en la nariz le hizo cerrar los ojos y cuando él se salió de encima de ella, su boca formó un mohín. Quería estar sana para no tener que darle ese tipo de problemas sobre en que lugar ubicarse contra ella.

Se giró entonces para verlo de frente aunque el movimiento le trajo un ligero dolor en principio pero luego se calmó. ¿Él quería saber? Sería la primera y única persona a la que le comentaría detalles, aunque claro, no podía darle todos. No los que le hacían sentirse un monstruo. Seguramente Abel se sentiría triste si ella le confesara que en cierto punto había deseado que terminara todo, que por el angustioso dolor casi se había rendido—. Yo si quiero contarte —aseguró dándose valor en cuanto pudo y apretó la mano que él había tomado instantes antes de decirle que sí la escucharía.

Las caricias en su frente y su cabello le hicieron sonreír al fin otra vez y asintió sin dudarlo ante la pregunta—. Claro que puedes quedarte… No quiero que te vayas —de hecho, debería pedirle que se quedara allí toda la noche, pero si luego en la mañana entraba alguno de sus padres o si los padres de Giraud se daban cuenta de su falta, entonces estarían ambos en problemas—. Y por supuesto que puedes abrazarme, solo me duele esta parte y un poco la espalda —le señaló la parte del vientre que tenía dañada y bien vendada. ¿Debería ser ese el momento en que se explayara para contarle lo que había sido el horror de esa tarde?

Acababa de comprar unos calderos cuando alguien me habló, era un encapuchado, pero ya sabes que está lleno de esos… Para mi sorpresa era oriental, así que me causo curiosidad —confesó algo cohibida porque parecía que ella misma se había metido en tamaño problema por su exceso de confianza e inocencia—. Me estaba dando recomendaciones de tiendas y pues yo decidí alejarme, pero me tomó por la espalda y allí ocurrió, creo que nunca antes había probado la aparición… Fue horrible —apoyó la mejilla en la cama con la mirada perdida—. Mi vientre dolía mucho pero dolió más cuando me lanzó, era como un sitio con esculturas… Al parecer afuera era un cementerio, así que bien pudo ser un mausoleo o similar —tratar de recordar hasta ese punto era difícil y le hacía temblar. Casi sintió de nuevo el dolor de su cuerpo otra vez—. Me pisó o algo así, luego de tirarme por ahí, me quitó la varita y pensé que quería dinero o algo. Ah… y lo llamé mortífago… parece que eso lo enfadó mucho y luego… —se quedó callada unos segundos mientras recordaba con cruenta claridad cada segundo.

Las lágrimas volvieron a caer por sus mejillas y apretó los ojos, tenía que ser valiente, Abel estaba allí y nada malo le iba a pasar esta vez—. Me tocó el vientre creo… allí donde dolía, yo todavía no había visto la herida… Cuando la vi después me di cuenta de que parte de la piel ya no estaba, es una herida abierta y horrible —murmuró con tono gris—. Luego ya vino la primera mordida… Sentí que iba a morir ahí mismo por el dolor en el cuello y en el resto de mi cuerpo… y no se detenía… traté de defenderme, pero… solo logré que me tomara el brazo… me que-quebró los dedos —le mostró la mano que había sobrevivido—. En San Mungo pudieron recomponerlos —añadió antes de limpiarse las mejillas ella misma, por algún milagro no estaba sollozando de nuevo.


Última edición por Farah Schiele el Sáb Dic 12, 2015 6:16 pm, editado 1 vez



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Re: In my body, in my head ☼ Private

Mensaje por Abel Giraud el Sáb Dic 12, 2015 5:15 pm

El alma del chico descansó en cuanto quedó claro que ambos querían continuar así, juntos en un rincón de la casa de los Schiele. Puso atención a la zona que ella le marcó como la afectada por la despartición y en el acto el rostro de Abel se frunció. Puede que no fuera una parte precisamente vital, pero sí que era importante. Tal vez estaba mal que lo pensara en ese preciso instante,  pero él quería ser padre algún día y no se imaginaba compartiendo su vida con alguien que no fuera Farah, eso le hizo preguntarse por la profundidad de la herida en el vientre de la señorita pero se lo calló. Hablar de su duda no ayudaría a que ella encontrara calma.

Al recibir aprobación por parte de Farah Abel se soltó de sus dedos para abrazarla aunque fuese con un solo brazo, acomodándolo en la parte superior de la espalda de la rubia. Desde ese punto la apegó con mucho cuidado contra él, al tiempo que tomaba aire y lo retenía unos minutos. Su mano a los segundos empezó a moverse en círculos con la palma puesta sobre espalda de la chica, queriendo dar un masaje y así disminuir el posible malestar que estuviese sufriendo. El squib no fue consciente de lo que hacía, ya se había sumergido en la narración de lo sucedido y toda su atención estaba puesta en lo que escuchaba. Estaba algo sorprendido pues había imaginado que esas palabras tardarían días en llegar a sus oídos. Pero lo agradeció, ahora sí que se sentía alguien de confianza para su novia.

Cada palabra iba tomando forma en su cabeza, consiguió imaginar la escena inicial pero lo siguiente ya no le fue posible. ¿Por qué de entre todas las personas existentes en el mundo tuvo que ser Farah la atacada por esa criatura? Ella que siempre era cordial con todos, que perdonaba incluso a quienes como él no lo merecían, había sido tratada de la peor manera. Sin darse cuenta puso distancia con el rostro de la bruja porque necesitaba verla directamente al rostro, visualizar lo que le contaba parecía una herejía. Por supuesto que sabía que el mundo allá afuera estaba repleto de individuos mal intencionados que actuaban drásticamente para conseguir sus ideales, pero una cosa era ser radical en pensamientos y acciones, y otra muy diferente dañar por el simple placer de hacerlo. Porque claramente el vampiro no tenía necesidad de mellar el cuerpo de su víctima al nivel que Farah había sufrido para poder beberle la sangre. Eso era indicio de una maldad distinta, antinatural a los ojos de Abel. ¿Pero qué de natural podía tener un vampiro? Claro que existían magos y brujas “normales” que actuaban igual o peor, pero al menos el squib no había sido cercano a nada de eso, no todavía. Nada tan enfermo había cruzado en su camino hasta entonces.

Verla llorar lo llenó de profunda tristeza… Comprendió que borrar esos recuerdos solo sería posible con alguna poción o potente hechizo, pero recurrir a cualquiera de esos métodos no cambiaría lo ya ocurrido. El cuerpo tarde o temprano recordaría y entonces sería peor sufrir un miedo que no logras comprender, explicar su procedencia. –¡Pero estas aquí! Y estas viva…– dijo tocando la mano que la serpiente le mostraba, se guardó su miedo a lastimarla y lentamente puso su palma contra la de ella. –No puedo imaginar cuánto duele haber pasado por todo eso pero… tienes que ser fuerte y encontrar la manera de que el recuerdo no te haga más daño… Porque entonces sería como seguir a merced de esa cosa. – Deseaba con todas sus fuerzas ayudarla, brindarle seguridad, pero para alguien como él que carecía de magia no sería nada fácil. Pensar en los dedos rotos de Farah y en cómo los medimagos de San Mungo sí pudieron salvarlos le hizo caer en cuenta de que él ni siquiera podría hacer algo como eso. ¡Tenía que existir algo que él si pudiese hacer! Algo que le permitiera proteger de una u otra forma a las personas importantes en su vida.

¿Cómo… cómo conseguiste escapar? – no lo entendía, si ella nunca había usado la aparición hasta entonces y había sido llevada a un sitio desconocido… ¿entonces alguien había acudido en su auxilio? No tardó en darse cuenta de que quizá esa era una mala pregunta pues el plan era no forzar las cosas. Arrepentido se mordió los labios e hizo lo posible por encontrar la mirada de la chica. Sus dedos tamborileaban sobre los de ella, parecían ser los únicos con una idea clara de cómo suavizar el ambiente.



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Re: In my body, in my head ☼ Private

Mensaje por Farah Schiele el Dom Dic 13, 2015 12:35 am

Abel tenía razón. Estaba viva, no importaba si dolía, pero allí seguía. Y además, se encontraba con él. Eso trajo algo de paz a su alma mientras él la tocaba con cuidado. Él no tenía idea de cuánto ella agradecía todavía tener las manos funcionando. Solo imaginar no poder mover nunca más una mano, ni cocinar o cosas similares, era clara razón para deprimirse. Pero había tenido suerte dentro de toda la catástrofe—. No logro controlar las pesadillas… Antes de que llegaras había tenido una hace poco, yo no sé ya… como estar —le confesó en voz muy baja mientras acomodaba el rostro para mirarlo.

La pregunta del chico, cuando todavía no terminaba de contar el horror del momento le hizo apretar los labios, no era culpa del squib, claro, pero sintió que no debía extender mucho más la explicación—. En… en resumen… —¿Cómo se suponía que resumiera los minutos antes de que casi la mataran? Negó con la cabeza y guardó silencio casi un minuto antes de volver a hablar—. Después de los dedos noté al fin la herida que tenía en el estómago… Lo que pasó es que él… él me giró y luego… —esa parte de sus visualizaciones le provocaban un genuino asco, tuvo que inhalar y exhalar profundo pues no quería vomitar ahí mismo—. No sé porqué pero se apegó a esa parte y comenzó como a morder o algo, había tanta sangre —el olor era el peor y tuvo que volver a respirar pausadamente para tratar de luchar con esa parte de su miedo.

Me defendí como pude, pero volvió a alcanzarme… Me mordió del otro lado y de milagro no quedaron marcas… En un momento alcancé a tomar mi varita, pero no fue suficiente, a veces tiende a no funcionar —explicar dolía porque recordaba también lo que había sentido, muy profundo dentro de ella en esos instantes finales. Lo peor había sido la burla en el vampiro cuando había sugerido que ella lo había disfrutado. La humillación todavía la tenía ligeramente aplastada.

Dijo que nos veríamos de nuevo… Y él mismo me dejó tirada en el Callejón Diagon… Cuando volví a despertar estaba en San Mungo en una camilla —terminó ya de comentarle lo sucedido y no supo cómo ponerle fin ni a los recuerdos ni a sus palabras. Llorar no tenía mucho sentido pero volvió a hacerlo—. T-tengo miedo… Sabe que esta es mi casa… ¿Qué pasará cuando vuelva al colegio? ¿Y si regresa cuando no estoy? —no es que prefiriera ser atacada, pero imaginar el mismo daño a su familia le dolía más, no sabía cómo defender a los que quería. Además, cerca de la casa de sus padres estaba la casa de Abel…

Me gustaría ser mayor… No tendría tanto miedo y… y podría hacer hechizos de protección avanzados… —guardó silencio al final cuando se dio cuenta de lo poco útil que podría sentirse Abel al hablar tanto de la magia y de ella misma, ni le había preguntado como iban realmente y en detalle las cosas con su padre—. Quiero que te cuides mucho... No soportaría que te pasara algo —pidió y se acomodó contra él abrazándolo esta vez ella también, su espalda pareció sufrir un segundo pero luego de acomodarse ya se sintió mejor.



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Re: In my body, in my head ☼ Private

Mensaje por Abel Giraud el Mar Dic 15, 2015 11:37 pm

Las pesadillas explicaban el porqué Farah se encontraba despierta a esas horas, por eso se había percatado rápidamente de que Abel estaba afuera, porque ya estaba en alerta. El squib irremediablemente se sintió mal consigo mismo pues durante esos días tormentosos para la chica, él había permanecido en casa. Por supuesto que había estado buscando el modo de encontrarse con ella, de visitarla, pero ahora no podía evitar pensar que debió esforzarse más e ir a verla mucho antes.

Todo era más grave y serio de lo que uno podía pensar cuando alguien pronunciaba la palabra “vampiro”. El robo de sangre y el correspondiente trauma que eso causaba eran solo una parte del problema, después venía la tortura física y el horror que la bruja le describió sobre cómo ese ser mordió su herida en el vientre. ¿Estaba entendiendo bien? Era como si hubiese intentado comerla viva… Abel no necesitó visualizar esa parte para entender lo terrible que debió ser toda esa experiencia para la rubia, pero claro, “ponerse en sus zapatos” jamás se compararía con el pavor de vivirlo.

El muchacho comenzó a llenarse de angustia, la habitación tenía limitada iluminación pero alcanzaba a apreciar la expresión de su vecina, su miedo y el repudio que el simple hecho de contar lo ocurrido le generaba. Solo esperaba que el compartirlo con él sirviera de algo, aunque fuese como un desahogo, porque callarse todo eso sonaba a un tormento que sin ninguna dificultad podía carcomer el alma.

Lamentablemente las complicaciones no terminaban ahí, asombro o mejor dicho espanto se plasmó en la cara de Giraud, no podía creer que el mismo vampiro la hubiese llevado de regreso al callejón. ¿Un acto de piedad o burla y advertencia? Las palabras de la serpiente le dejaron casi claro que se trataba de lo segundo, si realmente sabía dónde se encontraba entonces estaba en serios problemas. –Nadie habría podido defenderse de algo como eso Farah, aunque se tratara de un adulto y una varita obediente sería difícil hacer frente a la fuerza que tienen los vampiros, y si a eso le sumas su magia…– tragó saliva, intentaba hacerla sentir  mejor pero al mismo tiempo estaba rectificando lo peligroso que era estar en la mira de esas criaturas. ¡Pero él no quería asustarla más! –¿Tienes algún profesor de confianza? Tenemos tiempo antes de que vuelvas a Hogwarts, podríamos pedir apoyo a algún adulto para que coloque hechizos sobre tu casa periódicamente. Tal vez mi madre podría ayudarnos pero… necesitaría hablar… seriamente con ella primero. Es complicada pero puede que consiga convencerla. Y si pinta mal, conozco a otros adultos de confianza. – Ya tenía pensado desde antes hablarle sobre Farah a Tara, seguro arrugaría la cara pero él todavía creía en el lado amoroso de su madre, aunque en ocasiones él mismo le hiciera pedazos esa parte de su personalidad.

Claro que bien podía ser más seguro hablarlo con sus otros conocidos, solo que quien lo protegería hasta con los dientes ya se había marchado… pero si trataba el asunto con cautela se creía capaz de conseguir respaldo de una u otra persona. –Yo estaré pendiente de tu familia cuando tengas que marcharte, últimamente estoy siempre en casa así que no te preocupes, cualquier cosa que note anormal te la haré saber de inmediato. Por mi no tengas miedo, bastará con mencionar en casa que escuché rumores de vampiros rondando en la zona para que mis padres levanten murallas. A su manera ambos me cuidan. – dijo sonriendo de lado. De verdad confiaba en que Gabriel también velaría por su seguridad, o al menos lo cuidaría del resto del mundo… Y Tara nunca había fallado en esa labor, si alguna vez Abel sufrió desperfectos fue porque encontró huecos por donde colarse para meterse en problemas.

Investigaré otras formas de protegernos. Tu busca quién te enseñe hechizos de protección. ¿Esta bien? – soltó los dedos de la jovencita para abrazarle una mejilla y con el pulgar le limpió el rastro de lágrimas. Oficialmente le dolía verla llorar, y tampoco podía negar que algo de miedo le daba el saber que incluso en ese preciso momento un chupa sangre podría estarlos espiando. Pero al menos estaban juntos, más unidos que nunca.

Abel se removió un poco en su sitio hasta alcanzar los labios de su novia, suavemente los besó y sin duda le costó desprenderse de ellos. –Encontraremos el modo…– dijo en voz muy baja rozándole la boca y sin soltarle la mejilla. Él también quería crecer y aprender muchas más cosas, todo lo necesario para poder ofrecerla una buena vida a la chica que tanto quería. Estaba seguro de que con Farah a su lado todo sería maravilloso y en un futuro el hablar de vampiros no sería mas que un simple recuerdo.



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Re: In my body, in my head ☼ Private

Mensaje por Farah Schiele el Sáb Dic 19, 2015 5:45 am

Intentó pensar en algún profesor que le generara confianza pero fue difícil, no era precisamente cercana con ninguno aunque trataría de ver si alguno era más accesible que los demás—. Veré si alguno sabe de esas cosas… Y… ¿Tu madre? ¿Estás seguro? —la voz le tembló un poco porque la rubia madre del chico siempre le había parecido una mujer de temer. Hermosa claro, pero las pocas veces que la había visto le había visto cuando eran niños la recordaba con cara muy seria. Dudaba poder gustarle más ahora de lo que le había gustado antes, pero confiaría en el buen juicio de Abel para que fuera una ayuda y no otro impedimento más de los que ya tenía la pareja para verse.

Sé que te cuidarán bien —aseguró con un intento de sonrisa, mucho pavor le podían provocar los progenitores del chico pero sabía que estaba bien resguardado, tanto que hasta verlo era difícil en días normales—. Aprenderé eso y de ataque… La varita que tengo no es la mejor pero tal vez la práctica me sirva —todavía no superaba sus fallas con la herramienta que tenía para hacer magia, pero intentaba darse ánimos a sí misma.

El beso que siguió sirvió para traerle del todo la paz que le faltaba y ya más predispuesta a sentirse bien, asintió con firmeza ante las palabras ajenas. Pronto se volvió a unir, esta vez por su cuenta, a la boca del chico. No quería recordar ni pensar más, así que se aferraría al presente donde por suerte podía tenerlo a él para hacerle ver cómo algo lejano lo que había sucedido. Su cuerpo no mentía pues seguía resentido pero eso no evitaba que ella apreciara la cercanía del joven.

Recién venía a darse cuenta de cuán cansada estaba por no dormir bien esos días, pasados unos minutos de caricias sus ojos se cerraban solos por el peso de la extenuación y finalmente se acomodó contra el chico para respirar—. Abel… ¿Te puedes quedar? —pidió y sabiendo que no se le negaría le dio otro beso, cerrando los ojos dispuesta a huir de sus pesares, directo a los brazos de quien ahora era oficialmente su novio, por mucha sorpresa que le provocara el asunto. Ahora comenzaba a entender cuanto tiempo había estado esperando porque ese sueño se volviera realidad.



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Re: In my body, in my head ☼ Private

Mensaje por Abel Giraud el Sáb Dic 19, 2015 7:29 am

Dedicaría tiempo a meditar con cuidado qué cosas podía contarle a Tara y cuáles no, que mentiras presentarle y en qué punto bloquear el paso a los detalles. Si lo hacía estaba seguro de poder conseguir algo de apoyo de su parte o al menos uno que otro consejo. Por eso asintió tranquilo ante los cuestionamientos de Schiele, algo bueno saldría de todo eso.

Recordaba mas que bien que la varita de su novia era caprichosa, pero al menos ella sí podía tener una. Farah conseguiría entenderla y entonces dominarla, aún tenía tiempo para eso. Lástima que el perfeccionar su magia fuese a alejarla de él, pero a pesar de todo se sentía feliz de que la chica pudiera asistir a Hogwarts, y ningún vampiro impediría eso. Además, allá estaría más segura…

Esa cadena de pensamientos los acomodó a un lado, prefirió disfrutar de lo que sí tenía, como los labios de la rubia que por gusto habían regresado a los suyos. ¿Cuántos de esos llevaban? No habría estado mal contabilizar, aunque fuese por reto ocioso. Gustoso le respondió a los labios de la señorita y mucho mejor se sintió al percibirla más tranquila. El mundo podía estar en la cuerda floja, pero no todo estaba perdido.

El squib estaba adquiriendo el vicio de los besos de Farah pero no se quejó cuando ella detuvo las suaves y húmedas caricias. No estaba seguro de si había cerrado los ojos por cansancio o para relajarse pero lo que sí descubrió fue lo reconfortante que podía ser el tenerla bien acomodada contra su cuerpo. Sintió en un modo muy distinto que sí podía protegerla, resguardarla del peligro. Ese era un buen sueño, o mejor dicho, una meta.

-Puedo quedarme, todo el tiempo que me necesites.- respondió tras segundos de genuina sorpresa. Había pensado que tarde o temprano lo correría de su habitación, y sorprendentemente a él no le costó aceptar. Ni siquiera pensó en lo que pasaría si los descubrían, llegado el momento encontrarían el modo de retomar sus papeles familiares. ¿Lo dirás para mi todas las noches? pensó al tiempo que sonriente recibía el beso de su preciada novia. Había sido un comienzo complicado para la historia que oficialmente fundían, pero sin lugar a dudas el mejor que pudieron haber construido juntos.


TEMA FINALIZADO.



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