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Mensaje por Farah Schiele el Dom Jun 21, 2015 6:09 am

It's scratching on the walls
In the closet, in the halls
It comes awake
And I can't control it
Hiding under the bed
In my body, in my head

— Skillet

21 de Agosto, 2024. 1:45 am.

Un quejido emanó de sus labios mientras se revolvía entre las sábanas de su cama. Tenía otra vez esa pesadilla. Y lejos de poder controlarse su mente se vio sumida una vez más en los recuerdos del vampiro y de sus ataques. Todavía podía sentir en su cuello el desgarro a causa de los afilados dientes y el dolor en su cuerpo no remitía. Parecía que a pesar de los posibles cuidados las secuelas nunca se irían, y jamás había estado tan cansada.  

La joven Schiele había mentido una vez más a sus progenitores, todo para no tener que explicar las marcas que le habían quedado en el cuello a pesar de las pociones y la noche que había pasado en San Mungo mientras un medimago desconocido se ocupaba de traerla de nuevo a la vida. Porque había estado al borde de morir, y los métodos que tenían los magos para tratar la falta de sangre en las venas eran complicados. Ella apenas había podido se había retirado por su cuenta del hospital y llegó a su casa sin las compras que debía hacer, casi 24 horas después y con la barata excusa de que una amiga del colegio la había invitado a dormir fuera.

Era una suerte que su habitación estuviese en el segundo piso, en la parte trasera de la casa. El lugar donde su hermano dormía estaba cerca, pero él siempre había tenido el sueño pesado y no iba a despertar por más ruido que hiciera. Sus padres en cambio se encontraban en la planta baja, ajenos a lo que ocurría a algunos metros de sus cabezas. Si hubiesen estado más cerca, entonces se habrían enterado. Luego de regañarla por no avisar a tiempo que iba a quedarse con una amiga la noche anterior, todo había ido normal. Pero nada lo era.

Abrió los ojos de golpe segundos después de que el vampiro volviera a ensañarse con su vientre, respiraba agitada intentando razonar en donde se encontraba, y lanzó las sábanas lejos. Trató de secarse el sudor ya frío en la frente pero sabía que no serviría de nada, porque cada vez que cerraba los ojos lo veía de nuevo. A ese oriental cruel que le había mostrado que la vida estaba llena de uno u otro modo de seres que querían hacerle daño sin razón aparente. No sabía si debía sufrir por haber estado al borde de la muerte o porque cuando sus fuerzas flaquearon pensó que era mejor así. Que acabar con la agonía era todo lo que quería, incluso si eso significaba el fin temprano de su vida.  

Casi gritó de nueva cuenta al sentir un ruido en la ventana. Se mordió la lengua para intentar mantener una actitud silenciosa. Quería moverse a mirar que era pero le temblaba el cuerpo a pesar de que estaba acostada. Se aferró a su varita, y con pasos inseguros se acercó a su ventana, estaba supuestamente preparada para lo peor cuando removió de golpe las cortinas, pero sus ojos cerrados indicaban que no quería ir a ver que había del otro lado.

Un sollozo que había intentado convertirse en risa fue lo que provino de su garganta al ver como una simple rama del gran árbol, ese que había detrás de su casa, rozaba el vidrio como si quisiera saludarlo. Afuera la noche era fría así que no hizo ni el intento de abrir. Simplemente volvió sobre sus pasos y con el cuerpo tenso tomó asiento sobre la cama. A ella le aterraba la oscuridad, por eso había pasado 16 años de su vida durmiendo con una pequeña lámpara encendida…

Ahora ya no la necesitaba. Prefería tenerla apagada, tal vez así el vampiro no se daría cuenta que ella estaba dentro, en un eterno insomnio y con el terror agitando sus venas. Un nuevo ruido le hizo temblar de pies a cabeza. Fue cuando si se permitió llorar, porque tenía miedo. Un pavor profundo que le hacía llenarse de pesadillas apenas cerraba los ojos. A veces soñaba despierta, mas todas las imágenes mentales estaban cargadas de sangre... ¿Estaría convirtiéndose lentamente ella también en un monstruo?


Última edición por Farah Schiele el Lun Ago 24, 2015 2:16 am, editado 1 vez



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Re: In my body, in my head ☼ Private

Mensaje por Abel Giraud el Dom Jun 21, 2015 8:52 am

Casi todo en su vida se había vuelto retorcido, empezando por lo infinitamente extraño que era el nuevo ambiente familiar en casa. Él era capaz de sonreír sinceramente por el simple hecho de saber que tanto su padre como su madre se encontraban bajo el mismo techo y aunque en el fondo esa misma cercanía lo tenía permanentemente de nervios, conseguía engañarse bastante bien a sí mismo como para no prestar atención a los detalles turbulentos que sabía permanecían latentes entre los integrantes de la familia. Pero ese laberinto, era solo una de sus tantas preocupaciones, porque no tenía ni la más remota idea de qué iba a ser ahora de su vida…

Desde el ataque al Ministerio de Magia unos días atrás, Abel no había ido a trabajar. Tara había insistido demasiado en que esperara a que se calmara el ambiente afuera, pues después del evidente regreso de los Mortífagos y la clara declaración de guerra que fue el asesinar al Ministro, nada bueno podía esperar a los que como él, no encajaban en el perfil de mago o bruja de sangre pura. No podía decir que esa realidad no le tuviera tenso y con otro kilo de nervios, pero no podía quedarse encerrado por siempre en casa y si accedió a faltar unos días al trabajo en Las tres escobas, fue porque no quería alterar a su madre más de lo que seguramente ya estaba.

Podré verla. Fue lo que pensó, el único punto positivo de escaparse del horario laboral, pues desde que Gabriel estaba en casa, ni una oportunidad había tenido de charlar con Farah. Resultaba increíble que siendo vecinos de árbol, no hubiese podido pasar ni un momento con ella desde que las vacaciones la trajeron de regreso a su respectivo hogar. En ocasiones la veía por las ventanas o en el patio pero… además de saludarla felizmente con la mirada, no había podido hacer mucho. Temía que su padre se volcara si descubría que profesaba explosivos sentimientos por la chica, pues aunque apreciaba en el hombre un cambio de actitud, aún tenía ciertas dudas sobre su postura hacia todos los demás que no fuesen del linaje que él aprobaba. Y lo que menos quería, era llevar problemas a la rubia.

Ah… pero qué difícil era estar lejos de ella… ¿Pero qué podía hacer si tener a papá en casa implicaba una notoria reducción en su libertad? Oh, pues moverse cuando él no lo veía, por ejemplo, mientras dormía.

Fingió irse a la cama como siempre, no sin antes “amenizar” las horas nocturnas de sus padres con un poco de guitarra y cuando calculó que ya debían estar profundamente dormidos abandonó la cama. Como afuera el frío debía ser poco amigable se puso un suéter gris encima de la camiseta negra y encima, su chaqueta favorita de piel. Con suerte y el negro lo ayudaría a camuflajearse en la noche, porque si alguien lo descubría estaría frito. Casi literalmente frito.

Guardó unas cuantas cosas en la mochila que se colgó al hombro y se amarró fuerte las botas, ya que necesitaría pasos firmes para poder trepar al árbol. Por último, se colocó el arma en la espalda, atorándola en el borde del pantalón. No pensó en las posibles consecuencias de llevarla consigo, pero es que desde lo ocurrido en el Ministerio la única forma de sentirse seguro cuando no tenía cerca a sus progenitores con una varita, era tener a la mano la pistola. Cuando regresara a las calles se las tendría que ingeniar para ocultarla lo mejor posible entre sus ropas, porque él no tenía la más mínima intención de dejársela fácil a los dementes magos oscuros si por mala suerte llegaba a topárselos.

Pero en ese momento ese era una preocupación secundaria ya que la primera involucraba a la hija de los Schiele. ¿Dónde estaba? Cada noche se mantenía pendiente de la hora en que su… ¿amiga? se iba a la cama y unas cuantas noches atrás, no hubo señal de su presencia. A los siguientes tampoco pudo percibir el movimiento habitual y fue entonces cuando esa nueva y más potente preocupación lo atacó. ¿Estaría bien? Necesitaba saberlo y no iba a esperar a que Gabriel saliera de la casa para averiguarlo.

Por eso, abandonó con todo el sigilo posible su habitación, dirigiéndose sin escalas al patio en donde alzó la mirada hacia el árbol que a su manera, unía su casa con la que se encontraba justo atrás. La casa de los padres muggle de Schiele. ¿Qué pensarían ellos de que el squib estuviese interesado en su hija? Abel no había comentado absolutamente nada a su familia, ni siquiera a Tara y muchos menos a Marianne. Ella seguramente lo gritaba a los cuatro vientos aunque fuese sin intención de revelar los secretos de su hermano. Mejor guardar silencio hasta que todo estuviese mas claro. Porque a decir verdad, tampoco tenía una relación definida con la señorita en cuestión.

¿Qué hacía entonces trepando al árbol y recorriéndolo con todo el cuidado posible para acercarse a la ventana que correspondía a la habitación de Farah? Pues fácil. Siguiendo el dictado de sus sentimientos que le gritaban todo el día que su sitio estaba al lado de ella.

Por fortuna las ramas eran lo suficientemente gruesas como para moverse a través de ellas, pero de su solidez no estaba tan seguro… Si permanecía demasiado tiempo sobre la rama que lo sostenía en ese momento seguro terminaría por romperse, o bien, por fallarle a Abel el equilibrio. Tenía que ser rápido y por ello se arriesgó saltando hacia un borde de la fachada trasera de la casa. El alma casi se le va literalmente al suelo, pero había salido bien librado y ahora solo hacía falta llamar a la ventana y pedirle a Merlín que Farah lo escuchara antes de que se matara. El movimiento que él había causado en el árbol hizo que una de las ramas rasguñara el cristal de la ventana y, a pesar de estar inmóvil –con la respiración agitada– con la espalda pegada al muro, se dio cuenta de la actividad que hubo al otro lado. Apenas y había alcanzado a ver el abrir de las cortinas pero eso bastó para que respirara más aliviado.

Respiró profundo, se mentalizó para no mirar hacia abajo y entonces extendió el brazo izquierdo para tocar el cristal procurando mover lo menos posible el resto de su cuerpo. ¡Pero se tambaleó! Y por eso lo que debía ser un “toc toc” se escuchó como un “toerth” garrafal. –Genial Abel. Mátate y deja sin trabajo a los mortífagos…– gruñó para sí mismo en cuanto se recuperó y pegó la cabeza a la pared. En un momento de lucidez se formó en su cabeza otra forma de intentar llamar a su ventana. Silbó no demasiado alto pero sí audible un fragmento de melodía bastante vieja que solía entonar cuando de niños jugaban juntos. La repitió una vez más y al mismo tiempo extendió de nuevo el brazo. Con cuidado golpeteó intentando imitar la melodía.



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Re: In my body, in my head ☼ Private

Mensaje por Farah Schiele el Dom Jun 28, 2015 4:07 am

Entre la visión nublada que le entregaban sus ojos llorosos, volvió a enfocar la ventana, que esta vez no estaba cubierta por una cortina y la sangre se le heló en las venas una vez que vio algo parecido a una mano aparecer. ¿Tenía que correr? No, no estaba segura. De hecho ahora parecía que no había nada. Se aferró con firmeza a su varita, tratando de recordar un hechizo que la salvara a ella y a su familia de un posible ataque de un vampiro demente, pero sus piernas temblaban como nunca así que imposibilitada de levantarse sollozaba sin poder calmarse.

Y allí estaba, de nuevo, segundos después, un ruido y luego la figura aterradora de una mano. Apretó los ojos con fuerza preparada para lanzar el primer hechizo que tuviera en la cabeza cuando el vidrio se rompiera, pero lo que pudo percibir al agudizar su oído fue una melodía… ¿Alguien entonaba algo? O lo silbaba. Su memoria le falló unos segundos y el temor dio paso a la incomprensión, hasta que de un salto se levantó y casi corrió a la ventana aunque se tropezó y la varita quedó tirada en algún punto de la oscura habitación. Sin darse tiempo a pensar que fuera una trampa quitó el seguro de la cristalera y la hizo correr para dejar el aire fresco de la madrugada entrar de golpe a su cuarto, sacó la cabeza hacia fuera y sin fijarse en la expresión de cansancio y sufrimiento que cargaba observó con ojos brillantes al chico que estaba por caerse del borde de la pared—. ¡Abel! —exclamó intentando mantener un tono no tan chillón aunque sus ojos se llenaron de lágrimas solo por el hecho de poder verlo y una calidez que se conocía nada más estando en presencia del chico se posó en su pecho.

¿Qué haces ahí? Entra, ten cuidado —pidió mientras le hacía espacio y le extendía la mano para ayudarlo si lo necesitaba. Imaginarlo aplastado en el patio de su casa no sonaba nada bien. Si en algún momento pensó en la posibilidad de que fuera un error hacer pasar a un chico a su habitación casi a las dos de la mañana, lo ignoró por completo. Y es que prefería tener una presencia cerca aunque su expresión dejó de ser sonriente al notar el estado en que se encontraba. Le hacía falta una ducha para quitarse todo el temor de encima, pero eso sí que despertaría a su familia así que mejor sería que se quedara así, con la espalda fría a causa del sudor que le había provocado la pesadilla.

Una vez el chico estuvo dentro, no se animó a abrazarlo a pesar de que lo necesitaba más que nunca. Buscó con la mirada su varita en el oscuro suelo pero no era posible con tan poca luz. Fue por eso que se movió hasta su velador y allí encendió la lámpara en modo suavizado para espantar las tinieblas. Miró hacia atrás del chico y cerró la cortina con un movimiento de su mano antes de agacharse para recoger su varita y apretarla contra su propio vientre unos segundos. No pensaba apuntarlo a él con ella, jamás sería capaz.

Deberías estar durmiendo —le dijo con voz trémula y tratando de no mirarlo mucho para que él no descubriera que había estado llorando poco antes. Se restregó los ojos como pudo y tragó saliva mientras recordaba que estaba vestida sólo con un camisón corto y que lo único que le cubría las marcas en el cuello era su cabello. Bien, la situación pintaba desastrosa de cualquier forma.

De pronto sus temores y problemas habían sido replegados a un segundo grado, cuando razonó el tiempo que había pasado sin hablar con el chico en cuestión y sin saber de su vida. ¿Estaría él bien? Quería mirarlo y comprobarlo, pero sabía que si cruzaba sus ojos directamente con los contrarios, las lágrimas saldrían disparadas otra vez, como un torrente, y no estaba segura de poder detenerse entonces—. Ha pasado mucho tiempo... —murmuró con una tristeza cada vez más difícil de contener y se odió por eso. No quería preocuparle a él con sus dificultades, y mucho menos perder los pocos minutos que podían compartir luego de una larga separación. ¡Oh y ni hablar de si sus padres se despertaban!



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Re: In my body, in my head ☼ Private

Mensaje por Abel Giraud el Miér Jul 01, 2015 2:46 am

Vamos Farah, abre…– suplicó en un murmullo, con la mirada clavada en el suelo que lo recibiría si le fallaba el equilibrio aunque fuese solo un poco. Para su suerte el sonido de la ventana abriendo se escuchó casi inmediatamente y a través de ella pudo ver a la rubia serpiente. –¡Farah!– se le iluminó la expresión, pero seguía sin moverse de su lugar. –Espera, tengo que mentalizarme.– dijo nervioso, respiró profundo y entonces estiró un paso para pisar en el borde de la ventana. Decidido a acabar pronto con eso se impulsó por completo hacia la ventana tras haber sujetado con fuerza la mano de la chica, sin ella dudaba mucho haberlo conseguido, pero lo importante de momento era que ya estaba a salvo.

Como allanador de moradas me moriría de hambre…– bromeó al tiempo que se agachaba y entraba oficialmente en la habitación de la bruja. Lo primero que hizo al pisar suelo firme fue buscar los ojos de su anfitriona, pero ella parecía ocupada revisando el suelo. No estaba seguro de qué ocurría exactamente, la nula iluminación le impedía hacerse una idea clara de lo que sucedía. Sin saber qué decir primero se aferró a los tirantes de la mochila que llevaba, ¿estaría bien decirle simplemente “hola” después de tanto tiempo?  Todo era tan confuso…

¿Eh?– la voz de Farah lo sacó de la blancura mental –Ah, sí, debería estarlo pero…– ¿pero? Todavía no tenía las siguientes palabras en la boca y sin embargo se acercaba ya a ella, lo suficiente como para buscar sus manos con la intención de guardarlas en las propias al menos un par de minutos. Hasta ese momento y gracias a la tenue luz de la lámpara que ella había encendido, su vista descendió lentamente por la figura femenina. Abel no estaba pensando, o mejor dicho estaba tan ocupado decidiendo qué decir, que no cayó en cuenta del nulo disimulo con que la recorría visualmente. Y sus observaciones claramente no ayudaban a concentrarse, culpa de lo bien que lucía la ropa nocturna en la chica.

¿Qué había pasado mucho tiempo? El squib frunció el ceño y con una nueva incógnita clavada en el pecho inclinó el rostro en busca de la mirada de la rubia. El tono triste en que acababa de escucharla hablar no le había gustado en absoluto. –Tienes razón, ha pasado demasiado.– en muchos sentidos –Pero quería verte, estar contigo. Sé que no son horas de visita, lo siento Farah… pero si no es a estas horas… ¿entonces cuándo?– podía sentir el rostro caliente pero dejó de importarle. Le preocupaba que ella creyera que su interés había desaparecido, o que no tenía suficiente peso en su día a día, porque nada podía estar más alejado de la realidad. De hecho era lo contrario.

En cualquier momento su economía se vendría abajo, ya lo veía venir, y aunque tuviese ahorros no serían suficientes para armarse una vida independiente cuando cumpliera la mayoría de edad. Y en ese proyecto de vida tenía ya sumada a Farah. Tenía que decidir cuanto antes su camino, uno que le permitiera ofrecer solidez y seguridad a la chica que contra toda regla visitaba a esas horas de la madrugada. –Espero no te moleste mi invasión…– dijo con media sonrisa, consciente de que posiblemente ella no quisiera verlo bajo esas condiciones, ya fuera por la incorrecta hora o porque sencillamente sonaba a demasiado después de pasar tanto tiempo sin dar señales de vida. Lo único seguro era que la dueña se sus latidos lucía un tanto distante. ¿En qué estaría pensando?

Y antes de que algo me lo impida... ¡Tengo algo para ti!– Abel entusiasmado y olvidando mantener la voz baja soltó una de las manos de Farah. Con algo de dificultad sacó una pequeña caja negra del cierre inferior de la mochila. Como único decorado llevaba un listón en rosa metálico que por fortuna no se había maltratado. –Hace tiempo que esperaba la oportunidad de dártelo…– confesó con ilusión en la mirada al ponerlo en la mano que antes había liberado.

contenido de la caja:



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Re: In my body, in my head ☼ Private

Mensaje por Farah Schiele el Mar Jul 21, 2015 5:32 am

Las manos de él tenían la calidez que a ella le hacia falta en esos momentos, fue por eso que cuando la tomaron de ese modo se sintió romperse dentro. ¿Cómo podía decirle que estaba aterrada porque había estado a punto de morir y el ni lo habría notado? No quería desperdiciar los pocos minutos que si podía verlo, luego de tanto tiempo. Por eso miró sus manos unidas y con cuidado trató de enfocarlo y pudo sentir la mirada ajena sobre su cuerpo. No, que no la viera así, ¡Que vergüenza!—. Estoy hecha un desastre, no me mires mucho —pidió y suspiró largamente, sus manos dejaron de temblar gracias a él y se mantuvo aferrada al tacto del chico mientras lo escuchaba.

Has estado ocupado, lo entiendo —por suerte la voz no le tembló en esos momentos y asintió corroborando que esa era la única hora que realmente podrían verse, pues ella tenía casi completamente claro de que los padres de Abel no la querrían cerca de su hijo. El estar en el colegio le había enseñado ese tipo de rechazo. Entendía por tanto que él no tuviera tiempo para ella pero no le gustaba ni podía estar feliz con eso—. Claro que no me molestas —aseguró negando con la cabeza todavía sin poder mirarlo a los ojos.

Y antes de que pudiera intentarlo, la emocionada voz del chico la hizo sobresaltar y luego de un respingo se quedó quieta en su posición. ¿Un regalo? ¿Para ella? Esperó impaciente a que él rebuscara en su mochila, tomó el regalo en su mano y soltó la otra mano del chico, dejando la varita sobre su cama antes de abrir la caja con cuidado. Apenas vio el contenido los ojos se le llenaron de lagrimas y ya sin poder contenerse mas, se mordió el labio ahogando un sollozo, pero ella no quería que él creyera que la culpa de sus lágrimas la tenía él—. G-gracias… Es… es hermoso —su voz si se rompió entonces, y con un claro temblor en su cuerpo, comenzó a llorar sin poder contenerse ni un poco, sintiéndose de lo peor por estar haciendo esa escena frente al joven que adoraba desde hace siglos.

Oh… Abel —murmuró y antes de que él se escapara, dio un paso para apegársele y abrazarlo con fuerza por sobre los hombros, su rostro se mantuvo oculto en el torso ajeno y sus sollozos se elevaron a pesar de que sabía que no era la hora ni el momento, pero la carga era demasiado pesada para llevarla sola—. Lo siento, estoy horrible pero… pero déjame quedarme así, un poco —pidió con voz temblorosa y se acomodó contra él aspirando el aroma que le traía buenos recuerdos y una tranquilidad que creía ya olvidada en su vida.

Desde ese terrible día del ataque, ya no podía confiar en sí misma ni en el futuro que le esperaba. Estar al borde de la muerte no era la mejor forma de generar confianza en los sucesos futuros y ella ya sentía su vida fuera de control—. Tenía tanto, tanto miedo… de no volver a verte —susurró apretándolo un poco más, aunque no quería ahorcarlo y sabía que su espalda no estaba en la mejor de las condiciones, pero nada de eso importó mientras sus sollozos bajaban de elevación.

Tenerlo cerca era un bálsamo para su tristeza. Él, quien tiempo atrás había sido el peor de sus enemigos, ahora tenía el poder de curar sus heridas, o al menos eso creía ella mientras se le aferraba. No había soltado el regalo, aunque tenía los brazos casi cruzados por atrás del cuello del Giraud. Ah, y todavía no había hecho la relación mental de que no le había revelado a él que era lo que ocurría con ella. Seguro le debería una larga explicación, pero en esos momentos, sólo el hecho de tenerlo contra ella era un alivio del que no quería apartarse—. Estoy feliz de que estés aquí —aseveró ya con la voz ligeramente más tranquila, aunque sus ojos habían quedado inevitablemente enrojecidos y más que brillantes.



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Re: In my body, in my head ☼ Private

Mensaje por Abel Giraud el Jue Ago 13, 2015 5:18 am

Una gran variedad de emociones desfilaron rápidamente en Abel, empezando por el alivio de saberse bienvenido a pesar de la hora,  confusión, pesar y culpa, alegría al escuchar lo mucho que a Farah había gustado el regalo, preocupación y angustia. ¿Cómo debía procesar todas esas cosas si para rematar una oleada de nerviosismo y muy particular ansiedad se apoderaron de el?? No no no, algo estaba mal, muy mal y él tenía que hacer a un lado lo delicioso que era tener a Farah tan apegada a el mientras vestía un sencillo camisón y lo abrazaba fuerte por sobre los hombros.

Respiró profundo para calmar sus nervios y con cuidado rodeó a su vecina con ambos brazos. La apretó otro poco contra él, curiosamente se sintió con la confianza suficiente para hacerlo, incluso recargó el rostro sobre su cabello. –Farah…– habló en voz baja, la tenía tan cerca que no había necesidad de levantar la voz –Estas hermosa, deja ya de decir lo contrario. Sé que… no te he dedicado tiempo, pero no es que haya estado demasiado “ocupado” como para venir a verte… Lo que pasa es que… con papá en casa, tengo que tener cuidado.– una de sus manos se armó de valentía y de estar posada sobre la espalda de la inusual serpiente, ascendió para acariciarle el cabello y desde ahí deslizar casi hasta las puntas. Hacerlo le causó otra extraña sensación, pues pronto se dio cuenta de que disfrutaba pasar los dedos sobre ella y esperaba que para la dueña fuese también reconfortante.

Tengo que cuidarte, no quiero que él…– ¿decida hacerte daño? Oh pero… Gabriel no sería capaz de dañarla… ¿cierto? Él ya no hacía esas cosas… El squib se tensó irremediablemente, tuvo que aceptar que no estaba completamente seguro de que el lado violento de su progenitor hubiese desaparecido. –No quiero que te toque.– dijo más decidido que nunca. Al decirlo hizo el intento de coincidir con los ojos de la rubia, pero como no quería marcar distancia por temor a que fuese mal interpretado, no consiguió su objetivo. La culpa en él crecía, por encontrarla  tan linda refugiada en su torso mientras ella sufría por algo que aún no le explicaba.

Sus mejillas ardían más que antes, pero la tenue luz sería su cómplice esa noche. –Sabes a que me refiero…– sí, para que fingir que no conocían los riesgos de ser tan poco “queridos” por personas como los padres de Abel que se resistían a tratar con equidad a quien no portara linaje puro. –Pero esas cosas no importan ahora.– Iba a decir que era la primera vez que la veía llorar, pero en realidad… no lo era. Solo que todas las anteriores habían sido por culpa de el y sus pésimos tratos hacia la chica. Recordar esos detalles y tener que tragarse las palabras no le ayudaron a sentirse mejor. Eran culpas con las que cargaría toda la vida. –¿Me dirás por qué lloras? ¿Es algo que puedas contarme?– cuestionó empezando a contagiarse de la tristeza, hacía tiempo que no veía a una persona tan importante en su vida llorando con tanta crudeza. ¡Tenía que hacer algo por ella! Porque si no era capaz de ayudarle a levantarse en ese tipo de situaciones, entonces sería un completo inútil, inservible para ella.

No me iré lejos de ti, si es eso, puedes estar segura de que no te dejaré atrás.– Apretó los labios, ya no aguantaba más, necesitaba verla directamente. Por eso tomó una de sus muñecas para que le soltara parcialmente del cuello y poder así separarse lo indispensable para buscar sus ojos. Para conseguirlo inclinó el rostro y cambió de ubicación de modo que la luz le permitiera ver con mayor claridad las facciones de la bruja por quien desvariaba. Suerte para ella que la marca en su cuello aún no estuviese a la vista.

Dime… Qué te ocurre.– pidió serio, casi lo exigió. Con evidente preocupación plasmada en el rostro. –Alguien te ha hecho daño.– afirmó sin fundamentos reales, quizá porque cuando las cosas andaban mal su cabeza en automático pensaba en alguna agresión o burla por parte de otros. Jamás cruzó por su cabeza que pudiera tratarse de algo más serio. Por instinto volteó un segundo hacia la puerta de la habitación, malamente imaginando que tal vez los padres de la chica fuesen los culpables. Pero no, ellos no serían capaces, los conocía. Sin embargo… la experiencia le decía que incluso los padres podían tornarse peligrosos…



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Re: In my body, in my head ☼ Private

Mensaje por Farah Schiele el Lun Ago 24, 2015 2:50 am

Las caricias que le dedicó Abel en el cabello fueron como dardos tranquilizantes para el estado de la joven, por unos instantes y a pesar de sus lágrimas, se sintió en paz. Escucharlo preocuparse por ella le daba buenas señales, no es que disfrutara viéndolo así pero saberse importante y valiosa para aquel a quien tanto quería era útil en esos momentos de debilidad en los que se encontraba. Se sentía infinitamente pequeña.

Sabía que debía contarle y no solo llorar, confiaba en él como uno de sus mejores amigos, o mejor dicho como si estuviera en el proceso de convertirlo en su amigo más cercano. Pero un movimiento tras la ventana le hizo dar un respingo y si no se le aferro de nueva cuenta fue porque una de sus manos se encontraba apresada por la de él haciéndole guardar distancia. Si, Abel no se iría a ningún lado, en eso quería creer—. Lo siento —se disculpó mientras intentaba recomponer su expresión de moribunda y suspiro con intranquilidad mientras bajaba el brazo que había tenido sobre el hombro del chico y lo apoyaba entre ambos torsos. Sí, alguien le había hecho daño. Pero ella no sabía cómo expresarlo.

Ayer o anteayer en la tarde salí a comprar sola y pues… —no, no había modo razonable de explicarlo. Seguro sus padres no le hubieran creído si ella lo hubiese mencionado. Por eso se mordió el labio unos segundos, mientras evaluaba sus opciones. Observó al chico a los ojos, directamente antes de decidirse, y la mano que había bajado de su posición la utilizó para acomodar sus cabellos lejos de su cuello, allí donde las marcas eran evidentes. Dos orificios se podían percibir sobre la pálida piel de la joven y que había quedado dañada por la bestialidad de su atacante—. Cuando comencé a estudiar en Hogwarts supe que eran reales, pero jamás me había encontrado con uno... —dijo en tono neutro, usando toda su fuerza de voluntad para que su voz no se quebrara de nuevo.

Tenía la vista en un punto oscuro de la pared—. N-no sé por qué me dejó vivir… pero… él sabe dónde vivo —lo último lo recalcó con el horror que le provocaba. Una suerte que no vomitara allí mismo de los nervios. Como pudo liberó su muñeca que había sido apresada por el chico y se llevó el brazo sobre el vientre. Allí las heridas estaban cubiertas por vendajes mientras pasaban los días para que se volvieran simples cicatrices.

Debo tener muy mala suerte, ¿No? —preguntó en voz alta mientras se sentaba sobre su cama, dejándose caer casi de golpe en la misma. Estaba exhausta y no segura de si Giraud había entendido sus palabras o si requeriría saber más detalles. Ella no quería recordar pero por él lo haría, de todos modos no sería capaz de olvidar ese momento que se repetía cada vez que ella cerraba los ojos intentando dormir—. Parece que los problemas no dejan de perseguirme... —eso último lo añadió cubriéndose finalmente el rostro con las manos, ahogando un sonido de tristeza que intentó elevarse en el aire.

Necesitaba calmarse o seguiría haciendo una escena frente al chico. Toda una odisea pues lo que le interesaba en esos momentos era estar refugiada en los brazos ajenos, lástima que no sabía que opinaría él de lo que a ella le había ocurrido. ¿Seguiría interesado en una chica que tenía los días contados hasta que el monstruo la alcanzara de nuevo? Eso si ese vampiro no la había contagiado o algo. Su mente ya parecía estar perdiendo la noción de la realidad en algunos momentos, y es que aunque había estudiado de que modo se convertían esas criaturas, no podía evitar creer que un error del oriental podría haberle arruinado para siempre la vida. Alejarse de todos los que quería. Ese sonaba como la única forma de protegerlos en esos momentos.


Última edición por Farah Schiele el Mar Oct 20, 2015 5:24 am, editado 1 vez



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Re: In my body, in my head ☼ Private

Mensaje por Abel Giraud el Sáb Ago 29, 2015 6:40 pm

Sus labios entreabiertos no pronunciaron palabra alguna, culpa de no saber qué de todo decir primero. Su cuerpo, víctima de la sorpresa, inmóvil se quedó y por lo mismo su amiga fue capaz de soltarse de su agarre sin problema y de ir muy lejos de sus brazos. Los ojos de Abel inevitablemente se habían clavado en las marcas que el cuello de Farah presentaba, atónito la observó y aún cuando ella fue a sentarse atormentada sobre su cama, la mirada del squib la siguió como si sus orbes se hubiesen anclado a ese par de orificios en la piel ajena. Parecía haberse perdido en sus propios pensamientos pues tan solo su cabeza giró para observar a la joven bruja, sin embargo, estaba más atento que nunca a cada palabra que salía de esos labios que una vez besó en medio del bosque prohibido. Esto no puede estar pasando.

La imagen de Farah al cubrirse el rostro fue lo que sacó a Abel de su estado de casi petrificación, con pasos firmes y rápidos se plantó frente a ella, dejando caer la mochila al suelo en el breve trayecto hasta la chica. De momento no dijo nada, tan solo se inclinó y apoyó una mano sobre el hombro de Farah. La otra mano la pasó sobre los cabellos cercanos a la herida, aunque la bruja ya había despejado para que él pudiese ver la prueba de lo sucedido. –Son reales, siempre han sido reales…– dijo para sí mismo con enojo relativamente contenido. Acercó el rostro al cuello de su vecina para inspeccionar de cerca los orificios y entonces lo invadió de nuevo la impotencia.

¿Qué podía decirle si en verdad parecía correr con muy mala suerte? No podía decirle que él la protegería pues claramente el primer muerto sería él, Farah tenía mayores oportunidades de hacerle frente en comparación con él que carecía de magia, y un arma no le serviría para nada. No eran inmunes a los disparos, pero su capacidad para regenerarse les quitaba utilidad. No tenía nada…

Farah…– de estarla inspeccionando, sus brazos pasaron a rodearla, fue un abrazo un tanto torpe ya que al estar ella sentada y Abel de pie, no pudo tomarla precisamente con firmeza a pesar de haberse inclinado. –Estarás bien. Buscaremos ayuda, debe haber formas efectivas de mantenerlo a raya. Talismanes, esencia de ajo, ese tipo de cosas…– habló en voz baja, notablemente preocupado. ¿Tenía miedo? Sí, para qué negarlo. Pero con enfundarse en temor no lograría nada, había que ocuparse en lugar de solo preocuparse. Cuando el sol saliera se las ingeniaría para ir a buscar opciones de protección. No las encontraría en tiendas decentes, estaba seguro, pero los riesgos no le importaban cuando se trataba de Farah.

No imaginaba la reacción de los padres muggles a semejante noticia, normalmente no creían en vampiros, ¿y si decidían mudarse para alejarla  de la criatura? Solo de pensarlo algo se oprimió en su interior, no quería perderla, no cuando por fin las cosas funcionaban entre ellos. Abrazada como la tenía apegó la mejilla a la de ella, quedando muy cerca de la mordida del vampiro. Quería preguntarle más detalles, pero verla tan afectada le hacía dudar. Pensativo descendió el rostro hasta rozar con los labios la zona agredida. Aspiró el aroma natural de la rubia, no importaba qué pudiese ocurrir, siempre seguiría siendo ella misma. Si la hubiese contaminado ese perverso ser, ya habría presentado el cambio, si la memoria no le fallaba el proceso comenzaba en cuanto robaban toda la sangre y le hacían beber la propia. Farah estaba bien.

Recordó entonces que todavía no le colocaba el regalo que le había llevado y aunque tenía aún muchas dudas sobre lo ocurrido, distraerse con algo sencillo podría servir para que la chica se tranquilizara y le explicara con calma. –Préstame tu regalo, te ayudaré a ponértelo.– pidió componiendo su expresión todo lo que pudo. Tuvo que soltarse de ella pero sus pies permanecieron donde mismo, tan solo se arrodilló pues se trataba de un accesorio para el tobillo.


Última edición por Abel Giraud el Lun Sep 07, 2015 10:59 pm, editado 1 vez



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Re: In my body, in my head ☼ Private

Mensaje por Farah Schiele el Lun Sep 07, 2015 5:01 am

El silencio de Abel le hizo dudar por un segundo que todo iría bien, no había querido descubrirse el rostro de su mano para mantener una protección inútil contra una amenaza que no estaba presente, o bueno, seguramente también lo hacía para evitar la vergüenza y la debilidad que inevitablemente eran su pan de los últimos días. Escucharlo de nuevo en un murmullo que no le entendió no ayudó, y cuando él al fin volvió a tocarla ella logró regularizar su respiración. Se sintió raro el hecho de que él pareciera revisar las heridas que tenía, y ella se quedó quieta sin impedirle el mirar esos orificios que tanto pavor le causaban. ¿Le quedaría la marca para siempre?

¿Talismanes y esencia de ajo? No sonaba mal, es decir… Era mejor que nada, agradeció que él hubiese creído en sus palabras y se lo tomara con seriedad, y se quedó quieta en el incómodo abrazo que la tenía por estar de pie frente a ella. Sollozó brevemente en cuanto sintió la piel de Giraud contra su mejilla, pero lo que no se esperó fue tener su aliento sobre esa zona que todavía tenía sensible. Un sonido poco natural en ella emanó de su garganta, un suspiro demasiado agudo y se tuvo que morder el labio para callarse pues era claro ya que la boca del chico estaba cerca o justo sobre las heridas que ella presentaba. ¡¿Qué estaba haciendo exactamente?!

Había un recuerdo que quería borrar de su mente de todo lo ocurrido, uno que había sido su mayor debilidad. Intentó no volver a ese momento en su mente pero fue difícil.

¿Lo disfrutaste?

La voz del vampiro le llenó los oídos, haciéndola estremecer. Tenía que calmarse, él no estaba ahí, era Abel, su querido Abel. Pronto logró enfocarlo de nuevo, ubicándose justo frente a ella, arrodillado en el piso. Con la mirada perdida le costó reaccionar a su petición—. C-claro… —dijo finalmente y rebuscó la caja de regalo a su alrededor hasta encontrarla, sacando la tobillera que le extendió con una mano que todavía temblaba si alguien era buen observador—. ¿Dónde lo conseguiste? —consultó solo por evitar el tenso silencio que se había implantado en la habitación, ese que permitía que volviera a escuchar sus propios gritos en su cabeza.

Para ayudar con la causa cruzó la pierna izquierda, dejando ese pie en el aire, por sobre la derecha y extendió su extremidad descalza hacia el chico que quería ayudarla. Estaba agradecida de tenerlo ahí, porque por fin se había podido sentir un poco más resguardada contra la terrible noche. Lo miró unos segundos delante de ella y extendió su mano para tocar el cabello de él, y acariciarlo con los dedos.

No le he contado a nadie más... —le dijo explicándole la situación, tal vez él sabría mejor que ella misma que debería hacer en esas circunstancias. ¿Tenía que avisar a alguien? ¿Poner algún aviso? ¿Advertir a algún policía mágico o similar para que evitara la situación a otro miembro de la comunidad?—. No sé si debería, seguro se preocuparán en exceso y... —¿Querrían mudarse? Un nudo se formó en su pecho en esos momentos y como pudo se acomodó muy en la orilla de la cama, buscando alcanzar con su mano no tan solo el cabello del chico, si no su mejilla. Adoraba tocarlo en ese punto, sentía que le traspasaba directamente su cariño cuando lo hacía.

Buscó la mirada del castaño antes de suspirar—. No quiero que me lleven lejos de ti... —eso le dolería tanto o más como apartarse de toda su familia para mantenerlos seguros. Todos sus sueños y esperanzas del futuro, dependían de que pudiera seguir con el chico, en esa especie de... Bueno, no sabía bien que tenían, pero eran más que amigos, eso seguro. Amigos especiales, y ella lo seguía amando cada día a pesar de la distancia impuesta por el padre del chico y por el resto de mundo.



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Re: In my body, in my head ☼ Private

Mensaje por Abel Giraud el Sáb Sep 26, 2015 5:48 pm

Notó la ausencia en la mirada de Farah pero antes de que pudiese decir o hacer algo al respecto ella pareció volver a la realidad, aunque se le veía todavía distraída. No podía culparla, ya imaginaba que tenía muchas cosas en qué pensar pues claramente su situación distaba de ser sencilla. Él no podía hacer mucho en ese momento, tan solo escucharla y acompañarla hasta que la luz del día se lo permitiera.

En Diagon, ahí lo encontré.– muy cerca de la entrada a Knockturn, pero exponer ese detalle habría sido contraproducente dadas las circunstancias. –Nunca te he obsequiado nada así que… me pareció buena idea…– explicó cada vez más distraído, culpa de la rubia por supuesto, y de la postura que adoptó con naturalidad frente a él. No era la primera vez que se fijaba en las piernas de la bruja pero… sí la primera que tenía oportunidad de observarle tan de cerca y desde un ángulo tan conveniente. Conveniente para deleitarse visualmente y para… ¡Por Merlín! ¿En qué clase de cosas estaba pensando?! Ella tan afectada e inocente, y él desvariando con lo “reconfortante” que sería subir por las piernas de la señorita.

En… mi opinión, sería mejor que no se lo contaras a tus padres, al menos… no de momento.– si contara la verdad a sus padres lo único que ellos podrían hacer para protegerla sería mudarse pero nada aseguraba que con eso bastaría para que el vampiro le perdiera la pista. Si aún así daba con su paradero entonces de nada habría servido el cambiar de residencia. Abel no la quería lejos, definitivamente no. Era capaz de darse a la fuga y buscarse un rincón cerca de la nueva casa de los Schiele. Sí, eso sería una opción en caso de que lo peor… ocurriera…

Ah… pero que difícil era concentrarse en consejos útiles cuando la chica que tanto le gustaba lo acariciaba en más de una forma. Los dedos entre su cabello lo habían puesto nervioso otra vez, pero lo que le disparó la ansiedad fue el tacto en su mejilla. Eran cariños inocentes de parte de Farah, pero estar de contrabando en la habitación de ella, a media luz, con ropa tan ligera y recibiendo sus caricias arrodillado literalmente a sus pies, no le ayudaba a pensar frío.

Negó con la cabeza en cuanto pudo, mismo momento que aprovechó para tomar la caja del regalo y sacar el accesorio. –Eso no pasará. Incluso si al final decidieras contarles y se mudaran… Encontraría la forma de seguirte.– dijo posando por un segundo los ojos en los de ella, sonrió convencido de que lograría algo como eso. Cerró el puño en que sostenía la pulsera y antes de cumplir con su trabajo de buen sirviente, se dio el lujo de abrazar la mano que lo acariciaba con la que él tenía libre. Restregó la mejilla en esa mano que lo tocaba, ojalá esos momentos fueran abundantes, así tal vez su corazón se acostumbraría a latir a toda velocidad y el resto de su cuerpo a mantener normal la temperatura. Sí, eso estaría bien, acostumbrarse a tener piel con piel.

Abel hizo amago de suspirar pero en lugar de eso terminó mordiéndose los labios. Sería mejor cumplir con su parte y… dejar de distraerse tan peligrosamente con su amiga. Amiga, ¿cuándo tendría el valor de pedirle que fuera oficialmente algo más que su amiga? ¿Y si se lo pedía esa misma noche? Sus nervios se elevaron todavía más, y sin embargo se sentía capaz de hacer la propuesta.

Soltó la caricia y con ambas manos se puso a trabajar. La izquierda tomó con delicadeza el pie de la chica aunque dada la posición de ella tal vez no era necesario y, con la derecha, acomodó provisionalmente la delgada cadena sobre la parte donde empezaba el pie. Inconscientemente abrió un poco los labios e intentando ignorar sus fuertes latidos, abrochó la pulsera alrededor de Farah. Bien, estaba hecho, no había sido tan difícil después de todo pero, lo que sí le costó fue frenar el impulso de acariciarle largamente las piernas. Los dedos de su diestra sí subieron unos cuantos centímetros rozando suavemente la piel ajena, pero se detuvieron a tiempo para no dejar ver a su dueño como un acosador o pervertido. Aunque tal vez sí lo era…

Luce bien en ti.– dijo encantado con el resultado y sobre esa zona de la rubia mantuvo la mirada unos minutos, queriendo grabarse la imagen porque seguramente no tendría muchas oportunidades de ver a la serpiente usándola. Una verdadera lástima.

Exhaló resignado y al hacerlo sus ojos se cerraron brevemente, después de eso se incorporó parcialmente apoyando una mano sobre la rodilla izquierda de su anfitriona. No se irguió por completo, mantuvo ese punto de apoyo sobre la jovencita mientras que los dedos de su otra mano apenas y tocaban la cama. Inclinado como estaba sobre ella se aferró a su mirada, estaba decidido, no dejaría pasar más tiempo.

Farah– habló con seguridad, sin necesidad de recurrir a murmullos que no serían para nada convincentes –Quiero que seas mi novia. ¿Me aceptas?– preguntó finalmente. No estaba muy seguro de haberlo dicho de la mejor manera pero ya estaba hecho. Al menos no se le podría escapar sin responder y si lo rechazaba… bueno, igual no se iría solo por eso de su habitación. Ya encontraría la forma de sobrevivir si ese llegaba a ser el caso.



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Re: In my body, in my head ☼ Private

Mensaje por Farah Schiele el Vie Oct 02, 2015 2:12 pm

Disfrutaba cuando lo tocaba, pero era feliz cuando él lo hacía de regreso. Alguna vez, hace meses ya, había tenido miedo de las manos de Abel, pero de algún modo pudo volver a confiar en él y cuando la mano de su amigo le tomó la suya para, además, restregarse contra ella, la chica sonrió visiblemente y casi se le escapa una ligera risa a causa de verlo comportarse de ese modo. ¿Se molestaría si dijera que parecía un gatito?

Lo que si la hizo distraerse más de la cuenta, fue cuando las manos de él se apoderaron primero de su pie. El calor de la piel del chico contra el frío de su pie fue una reconfortante sensación, pero sentía también otra inexplicable tensión. ¿Serían los nervios? Seguramente temía que le hiciera cosquillas en ese punto, o al menos de eso intentó convencerse. En silencio lo observó trabajar en su tobillo y estuvo a punto de sufrir un ataque cuando sintió la mano de él moverse en su pierna. ¿Qué ocurría con ella exactamente? Probablemente él lo había hecho para poder mirar bien el accesorio, aunque ni ella se creería esa excusa.

Tragó saliva mientras él la miraba insistentemente, y sus nervios se dispararon en automático, aunque no fue de mala manera—. Gracias, es un hermoso regalo —aseguró y trató de que la sensación en su espalda baja se detuviera, lástima que no tenía idea de cómo hacerlo y cuando los dedos de él se apoyaron en su rodilla, sus temores por causa de una futura muerte a manos de un vampiro se esfumaron repentinamente. Su cabeza no daba para pensar en algo más que la voz del chico frente a ella y el cambio que percibió al sentirse tocada en ese punto por Abel esta primera vez—. Dime —respondió casi al segundo de que él la llamara por su nombre.

Sus oídos se creyeron engañados un segundo pero su pecho había comenzado a agobiarse de tan fuertes latidos que sentía. Su rostro se había coloreado en el acto y apretó las manos unos segundos para recordarse que no estaba soñando. ¿El joven Giraud… estaba pidiéndole lo que ella creía que estaba pidiéndole?! Si estaba bromeando ella iba a morir de la vergüenza. No había alcanzado a pronunciar palabra cuando su cuerpo se movió rápido, estaba ya al borde de la cama así que se dejó resbalar hacia él, tal vez con exceso de fuerza y poco cuidado pues hasta sus rodillas dolieron un poco mientras se acomodaba entre él y la cama.  

Nada más importó en ese momento, ni siquiera que la poca ropa que llevaba fuera arrastrada un poco más arriba de lo debido por el roce con las sábanas. Su cabeza solo podía pensar en esa palabra dicha por el contrario mientras intentaba saborear lo maravillosa que era la idea—. ¿Hablas en serio? ¡Claro que acepto! ¡Totalmente sí! —casi elevó más de la cuenta la voz, pero bien sabía que nadie despertaría a esa hora. Sus brazos se había acomodado sobre los hombros del chico, si es que le había hecho perder por unos segundos el equilibrio ni se fijó. ¡Estaba tan pero tan emocionada!

Tal vez debería haber esperado que sucediera, pero la había tomado por sorpresa. No porque no soñara con el momento, sino que luego de todas las dificultades en el camino, con ser repentinamente su amiga y haberle declarado que lo quería en secreto de hace años le había sido suficiente. Demasiadas emociones en esos últimos meses. ¡Tenía novio por primera vez! ¡Y era él!—. Abel… ¿Puedo b-besarte? —preguntó con timidez obligada, pero antes de escuchar la respuesta ajena atrapó los labios del squib con los suyos.

Fue una caricia insistente, ya mucho más experimentada por lo que había aprendido estando con él y a pesar de eso tenía cierto toque que la delataba como la primeriza que era. No supo cuánto tiempo se mantuvo así, pero su mente terminó por reaccionar a la realidad y cuando se dio cuenta de que seguía estando tan sucia como había estado en principio, sus mejillas parecieron arder más—. Lo siento… Estoy tan emocionada que olvide lo impresentable y…. —intentó explicarse pero se perdió en la mirada contraria. Lentamente volvió a sonreír, esta vez fijándose más de la cuenta en las facciones del chico—. ¿Realmente eres mi novio? —preguntó ya no por incredulidad, sino porque quería escuchar la palabra de nuevo. No preguntaría lo que hacían los novios porque había tenido tiempo de sobra para fantasear y leer las múltiples posibilidades, de ahí a que fuera un poco diferente a la realidad, era otra cosa que ella aun desconocía.


Última edición por Farah Schiele el Mar Oct 20, 2015 5:15 am, editado 1 vez



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Re: In my body, in my head ☼ Private

Mensaje por Abel Giraud el Miér Oct 14, 2015 12:40 am

La espera lo tenía sumamente nervioso aunque no fuese tan evidente a simple vista, Abel estaba seguro de que nada en la vida podría tenerlo tan alterado pero estaba equivocado. Lo supo en cuanto su amiga de la infancia se deslizó del borde de la cama hacia él, quedando ambos en una posición comprometedora, totalmente inesperada para el squib. Su vista bajó junto con el cuerpo de la chica y tragó saliva al notar que la ropa de Farah ahora permitía mirar un poco más de piel, a ese paso el corazón se le iba a escapar sin remedio.

¡Pero no podía distraerse en un momento tan importante como ese! Mentalmente se abofeteó y rápido levanto la mirada, intentando encontrar en los orbes contrarios alguna pista de lo que obtendría como respuesta. Para su alegría no hubo necesidad de atormentarse por mucho tiempo, ¡acababa de aceptar! La sonrisa más feliz de su vida acababa de nacer y no parecía tener ni la mas mínima intención de marcharse, porque los segundos pasaban y Abel seguía con la sonrisa extensa y una mirada emocionada. Y en efecto el abrazo que Farah dio a sus hombros lo hizo tambalear, la mano del muchacho que antes tocaba la cama rápido buscó apoyarse en el suelo pero alcanzó a recuperar el equilibrio antes de que sus dedos tocaran el piso.

¡Felicidades Abel! Y… ¿ahora qué? Oh, esa era una buena pregunta, ahora que tenía oficialmente novia… ¿qué debía hacer? Considerando el lugar y la hora en que se encontraban las opciones se reducían. ¿O tal vez no? Inconscientemente apretó los labios mientras sus pensamientos le insistían en que hiciera algo con las manos, no demasiado abrumador pero tampoco suave como cuando solo eran amigos afectuosos y su boca se abrió para decir algo justo cuando ella tomó la palabra. Ah pero, ¿por qué le preguntaba algo como eso? Obvio que podía besarlo, todo lo que le apeteciera, pero si esas cosas no se preguntaban, por lo visto tampoco se respondían. Al menos no con palabras.

Ese beso con que Farah lo atacó jamás lo olvidaría. Sus ojos se cerraron para disfrutarlo a conciencia y sus manos que hasta entonces todavía no se habían decidido por un sitio donde acomodarse, por fin dejaron de complicarse la existencia y rodearon con cuidado el torso de la bruja. No supo cómo ni cuándo, pero los nervios de él se esfumaron dejando el paso libre para los deseos infinitos que tenía de saborearle de ese modo. No podía negar que la intensidad de Farah lo había tomado por sorpresa, mas no tardó en amoldarse a ese ritmo y, prepararse para superarlo. Y seguro que lo habría logrado, si la serpiente no hubiese marcado distancia cuando él menos lo esperó.

Bien, al menos el asunto del “permiso para besar” había quedado aclarado, y todavía se sentía volar a causa de ello cuando su novia volvió a disculparse por su condición. Él no esperaba encontrarla a esas horas de la noche vistiendo elegancia ni luciendo un peinado de fábrica y se lo iba a decir –tal vez no literal– pero en lugar de eso confirmó lo que ya ambos sabían, pero que indudablemente dejaba buen sabor al decirse en voz alta. –Sí Farah, soy tu novio. Real, de carne y hueso.– confirmó con orgullo y, en automático,  una risa surgió desde su interior. Nunca había imaginado que recibir un sí de parte de la chica que tanto le gustaba lo haría tan tremendamente feliz. –Y tu, Farah, eres mi novia.– no se iba a quedar con las ganas de decirlo, y tampoco con las ganas de probarla más veces.

Una pícara mirada le dedicó antes de tomar a dos manos el rostro de la joven y sin vergüenza alguna le reclamó los labios, ladeando ligeramente el rostro para abarcarle con amplitud después de dar los primeros apretones húmedos a sus labios. Un nuevo sentir lo empezó a invadir desde los pies y Abel consciente de la novedad quiso averiguar qué más podía hacerle sentir Schiele, por eso no desistió. Recargó el torso todo lo que pudo contra Farah que tenía la cama por respaldo y con los ojos abiertos solo a ratos, extendió los besos cada vez menos torpes, más apasionados y consistentes. Agradables, excesivamente disfrutables.

Lastimosamente práctica para hacer durar el aire todavía le faltaba y sin mas remedio se vio obligado a hacer una pausa, aprovechando de paso para quitarse la chaqueta porque misteriosamente empezaba a morir de calor. –¿Qué otra duda puedo resolverte?– preguntó en cuanto se deshizo de la prenda y acomodaba las piernas de modo que su chica pudiese estar cómoda, abrazándola luego por la cintura. –Ya sabes que me gustas y... que te quiero.– agregó, adelantándose a posibles preguntas. Sintió el rostro enrojecer solo de decirlo, pero era justo que ella lo escuchara ¿no? Curiosa una de sus manos abandonó su posición y subió con cuidado hasta el cuello ajeno, removió el cabello y acarició la piel mordida. La protegería, él lo haría con todo lo que estuviese a su alcance y más.



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Re: In my body, in my head ☼ Private

Mensaje por Farah Schiele el Mar Oct 20, 2015 4:07 pm

Sentir las manos de Abel rodeándola era toda una delicia. Una peligrosa novedad. Y es que con el delgado camisón podía sentir sin mayores problemas la calidez de la piel de él y eso mismo le provocaba una serie de extrañas sensaciones en medio de la noche. Sus labios finalmente se acomodaron al ritmo que él marcaba, ella quería aprender de él todo lo necesario para poder disfrutar en conjunto de algo que los uniera más.

Su pecho pareció llenarse de mudo gozo cuando él pronunció con su boca las palabras mágicas, escuchar su risa fue casi celestial y se le contagio a ella que asintió animada al escuchar que la llamaba novia. Su novia—. Debo estar soñando —mencionó todavía perdida en sus emociones recién desbordadas a causa de él y su petición. La sonrisa diferente que Abel le dedicó, casi coqueta, le hizo sonrojarse levemente aunque el color de su rostro empeoró cuando Giraud tomó sus mejillas haciéndole temblar de la ansiedad.

Correspondió a sus besos comenzando a descubrir de qué modo los movimientos se sentían mejor, compartir el aliento con el del chico era infinitamente adictivo y se apretó en automático contra él, todavía tomada de sobre sus hombros. Él la había enviado contra el borde de la cama y sentirse contenida por parte del cuerpo contrario le hizo arder mentalmente. Por alguna razón comenzaba a desear más y más roces, algunos que aparecían como novedades en su cabeza y pensamientos que estaban dejando el rumbo inocente en la vida. Eso era normal en los novios, ¿No?

Verlo quitarse la chaqueta le hizo aumentar los nervios y buscó los orbes contrarios aunque no sabía cuánto podía sostenerle la mirada sin sentirse avergonzada, por ejemplo, por el calor de sus mejillas—. ¿Dudas? Pues… —dudas tenía muchas, dudas y deseos algo extraños que se le hicieron agradables mentalmente pero imposibles de mencionar. Todo culpa de las historias de las que se había alimentado por años. Su pecho latió con más ansias cuando él le dijo lo que sentía por ella. No era equiparable a lo que Schiele sentía por él, porque ella ya había aceptado hace algún tiempo que lo amaba. Pero eso no le quitaba peso a la frase del chico. Le gustaba y la quería, algo con lo que ella se había atrevido solo a soñar.

Sentir el toque en su cuello la distrajo y la devolvió a la realidad, pero esta ya no era un lugar inhóspito y gris, sino que estaba cargada de color a causa de que estaba con el squib y no con un monstruo que quisiera drenarle la sangre. Recordó de pronto varias de las cosas que había sentido la noche del ataque y tembló frente al chico. No debía temerle a él, pero no podía evitar aterrarse con la idea de que se repitiera mientras recordaba al desconocido—. Mi piel se ve horrible —murmuró casi a modo de berrinche, girando el rostro para dejarle ver con claridad la herida—. ¿Te gusto también así? Parezco colador —preguntó por mero capricho y bufó apenada, manteniendo la vista a un lado. No quería que el la rechazara por verse mal.

Sus piernas se estaban por dormir por la mala posición pues casi se había sentado sobre las mismas, tal vez no era el modo adecuado de ubicarse para besar—. Te quiero y mucho, Abel —ella no había sido precisamente sincera durante todos esos años, pero había sido a causa de las circunstancias. Pues seguramente si le hubiera mencionado al chico que la atacaba que estaba perdida por él, entonces seguramente él se habría burlado cruelmente de ella. Y ahora lo tenía ahí, justo al frente, y no tenía que temer por la cercanía. Podía incluso compartirle sus temores y él le daría la fortaleza necesaria para superarlos. Con una de sus manos lo jaló para que volviera a sus labios y mientras los tomaba con lentitud, movió sus dedos por sobre la ropa de él, rodeándolo hasta acomodarse en su espalda, sobre la camiseta. De pronto sentía curiosidad por saber como era tocar directamente la piel de él, pero sonaba a ligas mayores.



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Re: In my body, in my head ☼ Private

Mensaje por Abel Giraud el Dom Nov 15, 2015 5:14 pm

Farah se había puesto tensa en cuanto él se le acercó al cuello y eso lo preocupó. Era perfectamente entendible su reacción, pero el no saber cómo ayudarla a olvidar eso no fue agradable. Y por si fuera poco, esa herida parecía causarle malas dudas a su novia. –Sanará Farah, no te preocupes por eso. Me gustas de pies a cabeza, ¡no te llames colador a ti misma!– pidió, y el índice de su mano diestra se alzó con la intención de darle un toque a la chica en la nariz, pero no, no fue posible. La afirmación que la bruja hizo en voz alta lo dejó atascado, con el rostro ardiendo en cuestión de segundos. Claro que ya era consciente de los sentimientos que ella le profesaba pero escucharlo directamente seguía teniendo un fuerte impacto, si Farah quería hacerlo derretir lo estaba consiguiendo rápidamente.

Tu voz diciendo eso es…sublime… y adictiva, tan adictiva como besarla. Era afortunado, porque por segunda vez su novia le reclamaba los labios y ese detalle daba un toque muy especial al asunto, lo hacía terriblemente interesante porque entonces… él podía hacer lo mismo, tomarla sin aviso. Además, le hacía sentir que podía pedir más que besos repentinos. –Farah…– entre besos la pronunció por simple gusto, y escucharse a sí mismo tan necesitado le hizo sentir avergonzado pero… frente a ella podía dejar brotar todo lo que sentía, ¿cierto? A partir de ese día sería la serpiente la primera en enterarse de cuanto pasara por la cabeza de Abel, y también de todo aquello que su cuerpo experimentara. ¿Podía decirle ya que lo tenía ansioso como nunca antes? No lo hizo con palabras, pero si con una profunda mirada que le dedicó durante una de las pausas para tomar aire.

La besaba una y otra vez, con intensidad que aumentaba a cada segundo, dejando atrás los primeros roces tímidos. ¡Pero era una injusticia que solo sus labios disfrutaran! Por eso sus manos se agregaron a la exploración y fueron a buscar algo de piel de la cual disfrutar, y una de ellas fue a encontrarla en uno de los hombros de la chica, donde jaló hacia abajo la tela del camisón para poder aferrarse a ese punto sin tela de por medio. –¿Podemos… subir a tu cama?– se atrevió a preguntar en voz baja, corría el riesgo de ser rechazado y expulsado de esa habitación pero no es que estuviera pensando en algo extremadamente fuerte, simplemente le parecía un sitio más cómodo, tibio, para… ¿disfrutarse? Ok, ahora sí sus pensamientos estaban caminando en una insana dirección pero… estaba seguro de poder portarse bien. No iba a forzarla a nada raro, eso estaba claro, aunque… sus manos eran más fuertes que las de ella… Ah… ¿por qué demonios estaba pensando en retenerla bajo su cuerpo?! Tenía que sacarse esas ideas locas de la cabeza y pronto.

Y para conseguirlo se aferró de nuevo a los labios ya no tan ajenos, dando permiso a los dedos de su otra mano de deslizarse por uno de los muslos de Farah, algún día memorizaría el terreno, lo tenía decidido… Mientras tanto exprimiría el momento, y casi lo hizo literalmente pues con lo inquieto que estaba apretó fuerte el labio inferior de la rubia con los suyos. Todavía no pensaba en morderla, no en ese punto al menos, pero sin duda en el futuro ocurriría. Como era de esperarse no se detuvo a pensar si pedía demasiado en esa primera noche como novios, Abel se estaba dejando llevar por lo que sentía y también por algo de curiosidad. De los padres de su novia ni se acordaba, y de los propios menos.



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Re: In my body, in my head ☼ Private

Mensaje por Farah Schiele el Lun Nov 16, 2015 5:33 am

¿Su voz tenía algún problema? Meditó mientras se mantenía apegada a los labios contrarios, escuchar su nombre en medio de las caricias le fascinó y le hizo querer más del chico aunque ni ella entendía bien hasta qué punto comenzaba a añorarlo. La mirada que él le dedicó le hizo sentir conectada con él y otro montón de cosas que bailaban por su mente en esos momentos.

La continuación de los besos, con el aumento de profundidad la pusieron todavía más nerviosa, pero lejos de cohibirse prosiguió correspondiendo a las caricias, lo que si la dejó en alerta fue cuando sintió como su camisón dejaba libre uno de sus hombros ante el tacto de Giraud. Ella confundida lo miró, ansiosa porque podía sentir el calor de su extremidad directamente contra su piel, enviando señales a todo su cuerpo acerca de lo muy agradable que era ser tocada de ese modo—. ¿La cama? —inquirió sin razonar lo que acababan de pedirle. Es decir, tal vez no era precisamente correcto que estuvieran a esas horas y con la poca ropa de ella en la cama, pero seguro sus propias piernas lo iban a agradecer.

Lo que no se esperó fue sentir los dedos de Abel tocando directamente su pierna. Eso sí que terminó por colapsar sus nervios, y no precisamente porque odiara su tacto, sino porque su mente había casi gritado que quería que continuara. ¡Mera curiosidad! Se quedó todo lo quieta posible entonces, aferrada a la ropa del chico como si eso fuese a salvarla de la tempestad que se estaba generando dentro de ella. Porque repentinamente sentía el aumento de temperatura aparte de los bombardeos en su pecho.

Podemos… es decir, subamos —dijo tratando de sonar como adulta tranquila, aunque no era más que una adolescente y casi una niña. Con cuidado se removió aunque sus rodillas se quejaron por lo sufrido previamente y luego de sentarse en la cama, mientras miraba al chico, se arrastró sobre la misma para quedar del lado más cercano de la pared, sobre la colcha—. Mis rodillas estaban algo incómodas ahí abajo —se explicó apoyando ambas manos sobre sus propias piernas mientras esperaba a que el chico subiera también.

¿Qué se suponía que tenía que hacer, decir o pensar en esos momentos? La literatura no ayudaba en esas situaciones de horas tan tardías. Tampoco especificaban muchos detalles a menos que claro, leyera cosas para muy mayores. Morderse el labio fue inevitable durante la angustiosa espera y cuando lo tuvo más cerca pestañeó con la duda marcada en sus facciones—. Perdona el desorden —pidió mientras empujaba la ropa de la cama hacia abajo para dejarla lo más aceptable posible, distraída con eso terminó por recordar que Abel se había asegurado de tocar su hombro directamente, cosa que le hizo inclinar el rostro hacia ese lado unos segundos cuando volvió a ubicarse frente al joven.

Una risa natural brotó en ella mientras lo observaba y extendió finalmente ambas manos hacia él para que se acercara todo cuanto quisiera. Desear haber tenido la cama más ordenada era ya cosa del pasado, sus dedos buscaron entrelazarse con los de él los primeros segundos y luego, se dejó caer hacia un costado mientras mantenía una sonrisa que bien podía etiquetarse de coqueta en su rostro—. ¿Y ahora qué? —preguntó con naturales deseos de saber, no precisamente para recriminarle por sus ideas.



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