JULIO DEL 2025.
Los mortífagos se han hecho con el poder de Reino Unido e Irlanda, muchos han tenido que huir para salvar sus vidas pero otros han caído en sus garras sin poder evitarlo. El Mundo Mágico ya no es igual, pero una nueva puerta se abre ante los Prófugos en Australia, un país dónde todo es al revés, ¡y nunca mejor dicho!

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On the edge of the world | Privado

Mensaje por Pansy D. Zabini el Lun Ene 26, 2015 9:02 pm

The shadows come but no one seems to care
The darkness floods every light that could promise change
—The All-American Rejects

15 de Enero, 2024 | 23:45 am | Salón privado

Se miraba en el espejo con expresión fija. Siempre le había gustado evaluarse, por más banal que pareciera al resto de mundo. ¿Le había preocupado alguna vez lo que pensara el resto? No realmente, pero solía fingir que sí le preocupaba, aunque fuera lo más mínimo. Debía estar durmiendo pero en vez de eso cargaba un vestido con un gran escote en la espalda y se miraba con un férreo disgusto—. Debería eliminarla... —comentó al aire, para sí y para el mundo. Y es que si había algo que odiaba eran las fallas y esa horrible cicatriz que portaba simbolizaba eso mismo.

Podía ocultarla con magia, pero seguía estando allí. Si no la había borrado por completo era simplemente porque le recordaba errores pasados. Le ayudaba a plantar bien los pies allí por donde pisaba. Sembrar la muerte no era tan fácil, limpiar todo lo que estaba mal en el mundo costaba años. Sonrió levemente a su reflejo y luego se sentó delante de un antiguo piano. Ese salón estaba hechizado para no dejar escapar sonido alguno—. La borraré cuando ganemos —se prometió a sí misma, no veía problema en mostrarse abiertamente vanidosa. Las personas que renegaban de lo que era bello y lo que era horrible, eran simples mediocres que querían justificar sus carencias.

Sus dedos se pasearon por las teclas del instrumento que aunque sabía tocar nunca practicaba. ¿Para qué? Sólo había sido algo aprendido como una señorita de buena casa, nada que sirviera en su futuro. Su mente, por otra parte, estaba perdida y meditaba en los próximos movimientos y en la necesidad de tener a Blaise completamente de su lado. ¿Podía asegurar que su esposo si era un apoyo para ella? No le gustaba pecar de exceso de confianza. Al menos lo había convencido de cooperar monetariamente con la causa. Pero no era suficiente, no para la lealtad que ella esperaba.

Al escuchar unos pasos en las cercanías sonrió de lado. Si hubiera sabido que eran sus hijas, se hubiese cubierto o girado, pero ya reconocía el sonido y sus hijas estaban en clases, así que esperó como si fuera una serpiente dormida mientras sus finos dedos acariciaban las inútiles teclas—. Terence —dijo con voz endulzada, no temiendo equivocarse. Una corta melodía procedió del gran piano. La había recordado aunque no tenía interés en conocer el nombre de la pieza, daba una sensación de suspenso, algo grande vendría después. Tal como en su vida.

Pero al menos en la música no sucedió, con lentitud giró el rostro hacia la figura que esperaba ver y mantuvo su medida sonrisa. Le gustaba verse y saberse bien, en amplios aspectos, y por lo mismo también el ser venerada. Si hubiera visto aunque fuera una sola vez el rechazo en los ojos de Blaise, lo hubiera borrado de su camino. Pero a veces era piadosa. Extendió uno de sus brazos hacia él, invitándolo a acercarse. Tenían mucho que conversar—. No llegaste a cenar hoy —dijo con voz tenue, era una pregunta oculta, una que merecía una respuesta antes de que sacara su varita para hacer que el hombre que en teoría amaba, le fuera sincero.


Última edición por Pansy D. Zabini el Jue Jul 30, 2015 6:48 am, editado 1 vez


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Re: On the edge of the world | Privado

Mensaje por Blaise T. Zabini el Mar Abr 07, 2015 8:15 am

La mansión se prestaba para distancia excesiva entre ambos. Como si no estuviese ya cada uno en su propia torre del castillo… Por supuesto que un puente unía a ambos tronos y siempre se podía cruzar, ¿pero quién iba ceder e ir al encuentro del otro? Competencia y rivalidad caracterizaba a ambos sin embargo, él sí la amaba, Blaise no dudaba al respecto. Pansy era suya, le pertenecía y por obviedad, la amaba. Inquebrantable, sólido y potente, así era su amor por esa bruja cuyas ansias de poder superaban los límites de lo conocido, porque ella, reclamaba el mundo mágico para sí con cada paso que daba y no necesitaba ser una anomalía y magnificencia mágica como Voldemort para hacerlo, por sí sola lo valía y él, casi creía que efectivamente lo conseguiría.

Así, es. El hombre que dio su apellido a la actual líder de los Mortífagos veía un hueco, una fractura en los planes de su esposa, pero incapaz de detectar o interpretar el origen de esa duda, se lo callaba. Guardaba silencio aunque entre ella y él, la tensión que eso provocaba era perceptible, prueba de que a pesar de todo, algo los unía realmente como pareja. Ellos no eran un cuento, tenían un lazo, un pacto. Y se entendían. Para bien o para mal, lo hacían.

No era un tonto, sabía de sobra que su mujer tenía perspectivas complicadas sobre los sentimientos que los llevaron al matrimonio y que su confianza no se encontraba asentada por completo en él como mago a favor de la pureza de sangre. Intenciones de traicionarla no tenía, pero ciertamente se aseguraría de salvar el apellido si la situación se volcaba en su contra. Había llegado a pensar, en una ocasión, que podría saturar a esa mujer con hechizos desmemorizadores con tal de quitarle el peligro de encima. Que no manchara el nombre, que no perdiera contra el tumulto de mediocres que apoyaban la igualdad entre toda clase de sangre, que no la tocaran. Mas no había sido mas que eso, un pensamiento sin pasado ni futuro y culpa no sintió por pensar de esa forma, después de todo lo hacía por ella, todo por ella y sus hijas. O al menos, una de sus dos hijas, si la menor no se componía se vería en la necesidad de tomar medidas drásticas.

Con esos ideas en la profundidad de sus pensamientos caminó a oscuras a través de los pasillos de la mansión que les pertenecía. Luz no requería, la conocía como la palma de su mano y en total oscuridad, se sentía más complacido. Eran sus dominios después de todo, el silencio se rompía sólo por el sonar de su calzado, lo único que rompía el silencio en su castillo. Ah, no, error. Un piano también se hizo escuchar brevemente en cuanto cruzó la puerta del salón. Claro, Pansy siempre haciéndole competencia, peleando por la última palabra.

Y su vista se recreó en la hermosa figura que acompañaba al piano ahí colocado. Tan perfecta como siempre, al mago le gustaba incluso esa cicatriz en la espalda de la mujer. Antes de responder al reclamo de su esposa aceptó la mano que amablemente le tendía, haciéndola girar levemente para rozar el dorso con los labios y permitirse también unos segundos para deleitarse con el aroma natural de su piel, luego, acomodó con firmeza un beso. –Los galeones para tu causa no brotarán mágicamente mujer. Deben trabajarse.– negocios que realizaba por su cuenta y de los cuales no creía necesario compartir detalles con ella. Cada uno en sus asuntos. –Espero que tus… subordinados valgan la inversión.– nunca había confiado del todo en el círculo interno que rodeaba a la líder del caos, mucho menos en aquellos que se posicionaban aún más abajo en la jerarquía.

¿Vas a decir que me extrañaste?– cuestionó como si no conociera ya la respuesta. Ancló la mirada en los orbes contrarios y para ella esbozó una sonrisa confiada. Se detuvo entonces a pensar un poco en las notas que antes le escuchó tocar y un deseo le vino a las manos. –Deberías tocarlo continuamente, le hace bien a mis oídos.– ¿le interesaba complacerlo en esa clase de detalles? –Podrías enseñarle a tus hijas, dedicarse tiempo mutuamente les ayudaría a entenderse mejor. Les hace falta. ¿No te parece, Querida?–  opuesto a Pansy, Blaise sí quiso hacer un poco de música. Tomó asiento frente al piano y tras meditarlo unos segundos, sus dedos tomaron posición y de inmediato dio forma a las notas que fungirían como trasfondo para su conversación. –Háblame, sé que tienes al menos un tema que deseas tratar conmigo.– pidió con voz tranquila sin dejar de tocar. No la veía sumándose a la pieza musical.


Última edición por Blaise T. Zabini el Vie Jun 26, 2015 12:12 am, editado 3 veces



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Re: On the edge of the world | Privado

Mensaje por Pansy D. Zabini el Miér Abr 29, 2015 7:18 pm

Exigir era tan parte de su ser que no solía usar la palabra por favor, ¿Por qué habría ella, de todas las personas en el mundo, rogarle a alguien? Ni al hombre que en esos momentos tomaba su mano para depositar una lenta caricia. Claro que era también una mujer, una muy pasional y dada a sucumbir a ese tipo de placeres, sólo con él claro. Le debía fidelidad aunque la coquetería era otro aspecto de su vida que sabía utilizar y sabiendo que al moreno le molestaba, no dejaba de hacerlo. Se suponía que se había casado con ella conociéndola. ¿Tenía derecho a quejas?

Tiene que complacerme no sólo con su dinero, señor Zabini —utilizó un tono dulzón en sus palabras y apretó los labios al escuchar su frase. Esa de duda que notaba siempre en él y que le molestaba. Parecía una ofensa a su persona aunque no lo fuera. Que dudara del rumbo que tomaría el rumbo mágico con sus movimientos era herirla en lo más profundo, le hacía sentir que él no confiaba lo suficiente en ella, en su capacidad, la minimizaba a ser una más de los tantos inútiles que habían intentado cambiar el rumbo de la historia. Y como la sinceridad no era lo suyo jamás se lo había reclamado directamente, y la herida volvía a sangrar de vez en cuando.  

Una risa si le sobrevino al escuchar el detalle de extrañarse mutuamente. ¿Acaso él si la extrañaba a ella? Tal vez si dejaban de verse unas semanas lo entendería, antes no—. Sabes que los sentimentalismos no son lo mío —comentó, tocando una nota disonante en el piano y alzó la mirada, esperando que tomara asiento a su lado. Y así lo hizo. Blaise tenía siempre esas ideas antiquísimas sobre el papel de una mujer en la casa. Ella por supuesto, no lo compartía—. Mhm… Creo que en vida fue un conocimiento tan inútil que dudo que vaya a servirles de algo a las niñas, más distracción a sus ya volátiles cabezas —mentes jóvenes que le daban dolor de cabeza a veces, un día las cortaría de raíz si era necesario. No todavía. No hizo mención al punto de complacerlo a él, mucho menos de la necesidad de entenderse con sus hijas. Había cosas que era mejor no discutir.

Si que escuchó la pieza que él tocaba. Por unos instantes se entretuvo sólo en mantener la vista sobre los hábiles dedos que hacían brotar la melodía. Claro que tenía muchas cosas para decirle. Pero, ¿Cuál debería mencionar primero? ¿Sería un desastre si lo sacaba a colación? No es que le preocupara el caos, pero cuando se trataba de algo que la afectaba directamente si se ponía ligeramente más precavida. Un mecanismo útil de auto-protección que siempre practicaba.

Uno de sus dedos se puso sobre un sol sostenido y lo hizo sonar, arruinando por un segundo la cadencia ajena. Si, competir era divertido cuando era con él. Ganar todavía más—. A decir verdad si hay algo que me encantaría confirmar… —inició y sus dedos se movieron con presteza sobre las teclas como si estuviese tocando una melodía que nada tenía que ver con la que tecleaba su esposo, pero que no sonaba. Hizo bajar todos los dedos de golpe en un momento y un acorde acompañó la serenata del mago. Uno que sonaba al golpe que ella deseaba dar y que removería las bases del mundo

No es que tuviese la capacidad de confiar en la gente, la desconfianza era algo natural en ella. Se conocía a si misma lo suficiente para saber la clase de monstruos que existían en el mundo. Pero aun así, había cosas sobre las que requería plena potestad. Y para ello la única posibilidad era tener una absoluta certeza de que las poseía. Miró a Blaise por el rabillo del ojo, antes de apoyarse en el brazo de él que tenía más cercano. Mantuvo la mejilla ahí, mientras meditaba interiormente en sus próximas palabras—. Terence... ¿Existe algo que temes decirme? —preguntó lentamente. No, no lo atacaría directo. Pero si se tarda en darle una respuesta satisfactoria entonces contraatacaría—. El mundo está lleno de personas en las que no puedo confiar completamente, porque sería insensato... Si tengo que desconfiar también del hombre que tengo al lado, no me sirve —y finalmente lo soltó y se apartó del brazo del hombre para girarse a verlo directamente. ¿Le obligaría él a tener que sacarlo de su vida? Porque su sentido práctico le decía que cuando algo no servía debía tirarlo, y reemplazarlo si era necesario.


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Re: On the edge of the world | Privado

Mensaje por Blaise T. Zabini el Mar Mayo 12, 2015 6:04 pm

Pansy siempre exigiendo más, negándose a los aspectos comunes de la vida como lo eran las emociones, específicamente aquellas que nacían de la necesidad de tener cerca a otros y, también, tan renuente a convivir con estética más allá de ella. En ocasiones aún se preguntaba cómo Rebbeca profesaba lealtad a su madre como líder si había sido siempre tan… seca con ella, tan lejana. ¿Brotaba acaso de la admiración?

Dejó de preguntárselo en el momento en que su esposa decidió manchar la música que él creaba para ambos, pero no le sorprendió pues bien sabía que así era Pansy, queriendo imponerse en todo, empeñándose en dejar su marca incluso en las cosas que no eran de su agrado, solo para dejar constancia de que el tema no le había pasado inadvertido. Si algo no le gustaba, lo dejaba en claro, aunque mas por advertencia que por manifestación de su opinión. Él por su parte no se inmutó, siguió tocando como si la bruja no hubiese atentado contra su obra. No iba a darle el gusto de suspender por ella.

La sonrisa terca del mago no lo abandonó a pesar de ese pequeño disgusto, en parte por competencia pero también porque le causaba genuina gracia el que su mujer tuviera ese instinto de atacarlo casi de modo infantil. Y si la curvatura de sus labios se acentuó fue porque la escuchó ceder y aceptar que algo tenía para hablar con él. Por mucho que lo negara, Pansy lo necesitaba, aunque fuese solo para debatir y conseguir fondos y, esporádicamente, para convertirlo en su soporte inquebrantable. O así insistía Blaise en verlo. Él nunca le negaría su ayuda, una cosa era desconfiar de los magos y brujas que la rodeaban y pensar que ellos podían arruinarla ya fuera por ineptitud o intencionalmente, y otra enteramente distinta que la abandonara a su suerte. Eso jamás. Prefería arrancarle la vida con sus propias manos que verla caer en desgracia.

Decidió que no quería moverse, que disfrutaría de tener a su amada esposa recargada en él aunque eso significara dejar de tocar. Porque comparada con Pansy, la música no era más que basura. Tenía por reina a una bruja, él se había asegurado de que ella lo aceptara y por lo tanto le daba su lugar en lo alto de sus prioridades, inmediatamente después de él mismo. –No hay temor que me impida decirte lo que pienso. Es precaución lo que en ocasiones me lleva a reservar las palabras. Para no herirte.– Eso último lo dijo con mas suavidad, con algo semejante al cariño, ¿o al amor? Era sincero pero lo había sido con el propósito de observar su reacción, quizá le recriminaba por considerarla “frágil” pero así la percibía y si ella exigía verdades, verdades le daría. Puede que no se lo pidiera directamente, pero la conocía y solo verdades  borrarían sus dudas.

Por lo que, si tanto quería escucharlo, entonces se lo diría. –No confío en tus Mortífagos.– confesó inclinando el rostro hacia ella después de que se separara de su brazo. –La lealtad no es lo que me preocupa. Son las capacidades y la falta de seriedad en los de menor rango lo que me impide vislumbrar la victoria. Acatan órdenes, pero dan un mínimo esfuerzo y si ven la posibilidad se mantienen al margen. Peor aún, no son precavidos y cometer errores pone en juego a sus superiores inmediatos, piezas importantes que no puedes darte el lujo de perder.– Sin levantarse de su sitio giró hacia Pansy y con preocupación en el semblante le tomó con delicadeza el rostro. Quería que lo mirara. –No espero que te consigas otro cirquero como lo fue Wagenknecht, pero deberías adiestrar a tus ratas para que dejen de jugar a ser locos rebeldes.

Ya habían atrapado a más de uno, y justamente la rebeldía de los más jóvenes les había retrasado casi un año. El tiempo también importaba, implicaba gasto de recursos además de un desgaste psicológico. En filas contaban con hechiceros de todos los calibres y ya habían soportado una larga espera para retomar la causa, sin embargo, entendía que la tolerancia podía extinguirse en cualquier momento. Extender en exceso el proceso podía llegar a jugar en su contra, ya fuera en forma de desertores o insurrección y por supuesto, las oportunidades que el tiempo mismo daba a sus enemigos para organizarse. –La demora terminará por matar la ventaja que tienes sobre ellos.– añadió refiriéndose a la Orden, que ya se sabía que rondaba nuevamente en algún lugar del mundo mágico.

Con el derecho que poseía por ser su esposo reclamó los labios a la bruja, consciente de que después de lo dicho existía la posibilidad de que se le negara.¿Algo como eso lo afectaría? Probablemente, pero Blaise distaba de ser un ente que aceptara una negativa y recurriera a la resignación. Esperaba grandes cosas de Pansy y si no las recibía, también haría algo al respecto.


Última edición por Blaise T. Zabini el Vie Jun 26, 2015 12:10 am, editado 2 veces



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Re: On the edge of the world | Privado

Mensaje por Pansy D. Zabini el Dom Mayo 31, 2015 8:42 pm

¿Para no herirla? ¿Existía algo mas humillante que ser considerada frágil por una de las pocas personas en las que si había determinado poner un voto de confianza? No, no. Definitivamente Blaise Zabini estaba mal. Y cada día se pondría peor. Lo miro con un incontenible disgusto, nulos deseos de guardarse el desprecio que había provocado una frase de tres miserables palabras y que había golpeado a su ego como si quisiera reventarlo en pedazos. Por primera vez en mucho tiempo, y como hace años no lo hacia, odio al moreno que estaba frente a sus ojos. Y al fuerza de esa emoción le impidió interrumpirlo mientras el daba las supuestas razones de peso para lo que se negaba a decirle.

La mención al grupo de mortífagos si que llamo su atención y en modo no molesto. A medida que las palabras brotaban del aliento del hombre ella tuvo que aceptar que varias de las cosas que le decía el hombre tenían mucho sentido. Ella misma lo había pensado unas cuantas veces. Pero esperar a educarlos a todos era mucho pedir. Cada día aparecían mas que cometían errores o que no valían la pena lo suficiente. Pansy no podía darse el lujo de conocerlos profundamente a todos, aunque si lo había hecho con cada uno de los encargados de los grupos de la organización que había formado de las nada...

Porque nada habían sido luego de la guerra, hasta que ella se decidió a mover los hilos una vez más, tal vez la bruja no era una señora tenebrosa deforme y que provocaba el terror, pero era sin duda mejor que nadie pudiese descubrir la oscuridad completa que tenía dentro de ella. Se asentaría sobre las sombras que había dejado su antiguo señor y lo sobrepasaría, porque eso hacían los hijos. Eran mejores que los padres, aunque les faltara experiencia. Ella no tendría a un mocoso profetizado para destruirla. ¿Cómo se atrevía el hombre al lado suyo a dudar por un segundo de la fortaleza de ella?

El tacto de las manos ajenas se le hizo repentinamente extraño y falto de calor. No dijo nada por unos segundos y le mantuvo la vista fija y vacía encima—. Están siendo entrenados actualmente, es parte de las tareas de los superiores, pero tampoco puedes esperar que ofrezcan la educación básica para que dejen de ser unos inútiles —por fallos como ese había tenido que castigar a algunos. Eliminar todo rastro de lo que había sido la brigada. Molestarse por la eternidad con su sobrina favorita. ¿Era acaso su culpa que los más nuevos no supieran diferenciar la izquierda de la derecha?

El tiempo era su enemigo y ya lo sabía, desde hace tiempo. Por eso era necesario moverse otra vez. Despertar de nuevo a la bestia que habían tenido que dormir por culpa de los insensatos mocosos. No volvería a confiar en niños nunca más, no estaban preparados para lo que se necesitaba, y todos aquellos que fueran menores serían expuestos a duras pruebas antes de formar parte oficial de las filas. Era una necesidad imperiosa.

Por un segundo, cuando los labios del mago tomaron los suyos, pensó en corresponder con una venenosa mordida. Pero bien sabía que a él no le disgustaría. No, tenía que ganar esa guerra marital de otro modo. Por eso, no movió los labios ni un milímetro mientras el la tomaba y apenas pudo se separó del rostro ajeno. No pensaba caer a causa de los intensos deseos que él le provocaba, por eso se levanto del banquillo y lo miró desde arriba. Decepción. Eso era lo que se leía en los ojos de ella—. Si no te sientes seguro con lo que estamos haciendo, la puerta es ancha para dar marcha atrás. No serás el primer cobarde que quede en el camino —si, estaba furiosa, y cuando se sentía de esa manera, herida, sus palabras destilaban únicamente una corrosiva y ácida bilis.

¿Quién era él para reclamarle cuando el único apoyo que le había prestado durante ese tiempo eran fondos monetarios para la causa? Ella sabía mejor que nadie lo valioso que era Zabini, por eso se había casado con él. Pero lejos de recibir un apoyo incondicional, solo obtenía migajas, como si tuviese el deber de rogarle por algo de atención. Como si fuera una niña que jugaba a conquistar el mundo. No, que no se atreviera a menospreciarla de ese modo, o ese matrimonio acababa ese mismo día.

¿Qué has hecho tú además de quejarte y mantenerte al margen para ayudarme?Juras que estás de mi lado, pero me dejas sola. Fue una suerte que Hawryluk decidiera prestar su apoyo, pero bien sabes que su cooperación, como la de todos, depende de lo que gane al final y yo no pienso entregar la corona del reino que me ha tomado años levantar —sí, ella era la reina. Y el mundo temblaría ante cada paso que ella diera. Ni cuenta se darían todos cuando comenzaran a pensar como ella, a desear ser Pansy. Pero ninguno la alcanzaría. Porque siempre había estado hecha para formar parte de las alturas.

¿Debía perdonarlo si él se ofrecía a ser algo más que un peso muerto en la organización? No lo tenía claro. Así como nunca pensaba en los sentimientos, porque no se le daba, nunca se cuestionaba el tema del supuesto amor que se suponía se profesaban—. No te pido que te rebajes a tratar con lo mas bajo de la pirámide. Pero no tengo quien supervise que los que me sirven están haciendo realmente su trabajo. Tengo que confiar en sus palabras, como si de algo valieran, y luego con los hechos me llevo las sorpresas —ya comenzaba a dolerle la cabeza, se tomó la sien con una mano y luego se alejó de él ya del todo.

Sus pasos se dirigieron al espejo frente al que antes había posado, y allí se quedo. Admirándose a sí misma por lo que era y por lo que estaba dispuesta a ser. ¿Estaba sola acaso en ese camino y sin un apoyo sincero al cual recurrir? No podía permitir que los sentimientos de ese calibre hicieran mella en sus intenciones.


Última edición por Pansy D. Zabini el Jue Jul 30, 2015 6:50 am, editado 1 vez


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Re: On the edge of the world | Privado

Mensaje por Blaise T. Zabini el Lun Jun 01, 2015 4:54 am

Mujer negada. De no ser porque el mago ya había considerado todas las posibles reacciones de su esposa ante las palabras que él acababa de dedicarle, sí le habría enfurecido el que sus besos fuesen ignorados. Porque eso había ocurrido. Habría preferido ser rechazado y no ignorado, pero eso seguro Pansy lo tenía presente, actuando entonces del modo que peor sentaría al hombre sentado a su lado. Pero él ni se inmutó y tampoco hizo amago de querer retenerla cuando se levantó y lo dejó solo frente al piano. Extendió una amena sonrisa que se fue ensanchando al irse alejando ella y ni pizca de molestia demostró cuando sus ojos se cruzaron y en los contrarios no encontró mas que desprecio. Eso solo era muestra de la influencia que tenía él sobre ella, pues de lo contrario no humor no se habría visto afectado.

¿Qué la puerta era ancha? Oh, por supuesto que lo era, imposible no saberlo cuando él mismo había ayudado a construirla y si creía que con llamarlo cobarde conseguiría hacerlo enojar estaba rotundamente equivocada. De hecho, sucedió exactamente lo contrario. De su garganta brotó una risa que no tardó en elevarse hasta convertirse en una sonora carcajada, una que intencionalmente detuvo puesto que no quería hacer estallar la ira de la líder de los Mortífagos. A su modo la quería, la amaba, no quería verla colapsar. Además, era consciente de que podía aportar mucho más que ingresos a la causa que su mujer promovía pero sencillamente no era de su interés. Era capaz de muchas cosas con tal de tener complacida a la bruja. ¿O era para demostrarle que él podía lograr cuanto se propusiera? Y sin necesidad de apoyarse en una manada de magos y brujas rebeldes.

Con toda calma abandonó su asiento, dispuesto a obtener lo que de momento quería de Pansy. Ya le había ignorado los besos, ¿y ahora le daba la espalda? No, no, eso no estaba bien. –Si necesitas más de mi solo dilo. No temas pedirle a tu marido, Pansy. Sabes que siempre llegamos a un acuerdo…– después de una batalla campal, claro, pero ese era un detalle que no hacía falta recordar en voz alta. –Si quieres que supervise a tus verdugos lo haré, y si necesitas que empuñe la varita junto con ellos tampoco tengo inconveniente.– Si eso quería, él con gusto lo haría. Caminó hasta la pelinegra que se observaba en el espejo y detrás de ella se ubicó, amoldándose a la curvatura de su cuerpo que hacía años había memorizado. Le gustaba la imagen de ellos dos juntos, aunque desde luego, era mejorable.

Con fuerza sujetó la muñeca correspondiente a la mano con que Pansy se tocaba la sien. Los dedos de su izquierda deslizaron por el hombro izquierdo de la mujer y de ahí saltaron a su costado, por donde presurosos se colaron por debajo de la tela del vestido, gracias al escote que llevaba en la espalda. –Me necesitas mujer. Sin mi levantar tu imperio te costaría eones.– susurró con toda seguridad al oído de la bruja, y mientras hablaba abrazó fuertemente uno de sus senos. Apretó sin cuidado, como si quisiera exprimir hasta la última gota.  Que no olvidara a quien pertenecía desde hace años, porque Blaise lo tenía más que presente y no iba a contenerse de tomar su parte. No cuando él sí cumplía con su parte del trabajo, que ella no pidiera antes más de su apoyo no era culpa suya.


Última edición por Blaise T. Zabini el Jue Jun 25, 2015 11:53 pm, editado 1 vez



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Re: On the edge of the world | Privado

Mensaje por Pansy D. Zabini el Lun Jun 22, 2015 3:03 am

Desde que habían sido ambos niños ella había detestado la risa burlona del moreno. Era por eso que en principio no pudieron llevarse bien, luego, con los años. Ya tal vez a causa de algún cambio en su mentalidad, las carcajadas del hombre le dejaron de ser una molestia y de vez en cuando lo acompañaba cuando el mundo se volvía suficientemente gracioso. Pero este no era el caso, no cuando ella se encontraba literalmente indignada. Terence no entendía todavía en que problema se estaba metiendo al tratar de ese modo con ella, tentando la suerte con su supuesta felicidad.

Maldito fuera él. Sus ánimos ya exaltados tuvieron la pausa que querían cuando la risa de él paró, pero escucharlo hablar no le hizo particularmente feliz—. ¿Tengo cara de idiota? Te estoy pidiendo más, Zabini. Siempre te pido más. No me hagas rogar lo que ya casi te estoy gritando —dijo con un tono que se asemejaba a un siseo. Si hubiese sido una leona entonces se le habría lanzado encima para despedazarlo, pero así no actuaba ella. O mejor dicho había dejado sus repentinos ataques y colapsos nerviosos en el pasado. Ya no era la adolescente que gritaba, pateaba todo en la sala y se ponía a llorar.

Lo pudo ver acercarse a través del reflejo en el espejo. No, que hubiese aceptado hacer lo que ella ordenaba no significaba que ella le perdonara su insolencia. Por eso lo miró con disgusto cuando se apegó a ella, y aunque le costó, pudo enfriar sus pensamientos a pesar de que su cuerpo recordaba con claridad que tan bien se amoldaban uno al otro. Era parte de su relación también. Una muy saludable en el aspecto más carnal del asunto, pero no suficiente para dominar el mundo ni para enturbiarle la mente y hacerle olvidar a la mujer de que debía cobrarle caro al mago por reírse de ella y en su cara. Nadie lo tenía permitido.

Apretó la mano que había tenido masajeando su sien en cuanto fue tomada con algo de violencia por la extremidad oscura del hombre. Apretó los labios mientras unos dedos que conocía de memoria se apoderaban de parte de ella, y se acomodó con toda la dignidad que podía, conteniéndose de gemir a causa de los rudos apretones. ¿Pensaba él que iba a tomarla por la fuerza y diciéndole esas palabras? Que siguiera soñando… Su mano libre buscó la varita entre los pliegues de su ropa y la clavó en el costado de su señor esposo mientras le sostenía la mirada frente al espejo—. Estás equivocado querido… Tu eres el que me necesita, al igual que le hago falta a todo el mundo mágico —anunció con voz trémula y entonces aplicó presión contra él—. Mimlewimle —recito sin dudar y sonrió de medio lado mientras esperaba el efecto en la lengua de su esposo.

¿Querría él tocarla luego de ello? Pues antes se aseguraría de tenerlo humillado y frente a sus pies—. Estoy esperando tus disculpas —mencionó con tono burlón y mantuvo la varita firme en su mano, no bajando la guardia. Ella tenía su varita pero el otro la fuerza. Y el baile estaba apenas comenzando.

FDR: 60% + 35% = 90% (3 turnos, creo)


Última edición por Pansy D. Zabini el Lun Jun 22, 2015 3:17 am, editado 1 vez


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Re: On the edge of the world | Privado

Mensaje por I Solemnly Swear el Lun Jun 22, 2015 3:03 am

El miembro 'Pansy D. Zabini' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados

'Hechizos' :
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Re: On the edge of the world | Privado

Mensaje por Blaise T. Zabini el Vie Jun 26, 2015 5:06 pm

Escucharla rogar, eso era justo lo que Blaise quería, además de un claro enunciado en el que su mujer aceptara que necesitaba de él para alcanzar su victoria. Pero la conocía, de pies a cabeza y en todos los sentidos y por lo tanto, sabía que eso jamás ocurriría. Una verdadera lástima, pues sería una escena indudablemente memorable y aunque de sus visualizaciones personales no saldría, el simple hecho de armar mentalmente el concepto le generaba gran satisfacción. Por supuesto no tanta como palpar directamente el cuerpo de la bruja mientras ella se empeñaba en no ceder al placer, pero sí la suficiente como para confirmar por enésima vez que incluso hacerla enfadar tenía su encanto.

Oh pero, fue su reacción la que lo tomó por sorpresa. No porque no tuviese previamente contemplado el que ella sacara su varita y lo apuntara con ella, o porque la creyera incapaz de atacarlo, no. Fue el hechizo empleado lo que dejó al hombre literalmente con la boca abierta por unos segundos. Desde luego él también portaba su varita y al igual que ella no tenía inconveniente en usar magia en su contra, ese había sido su plan desde un inicio. Pero lo que no esperó fue que lo dejara incapacitado para pronunciar palabra, fuese conjuro o no.

Su lengua fue víctima de un muy efectivo Mimlewimle y tras ello no pudo contener una mirada furiosa contra el elegante y perfecto reflejo de Pansy en el espejo. Maldita bruja. Indignado por la evidente humillación retiró rápidamente la mano con que segundos antes la acariciaba al frente. Hacerlo representó también una derrota aunque de menor calibre y sin embargo, acumuló igualmente enojo en los adentros del mago. Pero si con eso lo daba por derrotado, estaba muy equivocada.

Cerró la boca, apretó los dientes y si antes ya le sujetaba toscamente la muñeca, ese agarre fue a peor. Dejó de importarle la posibilidad de causar dolor, en su enojo decidió que la mujer merecía un mal trato por creerse superior, porque para Blaise, ellos dos se encontraban a un mismo nivel. Compitiendo eternamente por derribar al otro, con esporádicas treguas que usualmente uno de los dos rompía cuando consideraba conveniente para sí mismo. Así que en ese preciso instante, no iba a regalarle el gane. ¿Disculparme? Eso nunca. Pensó dando total libertad a su ira.

Si se movía ignorando la amenaza que dictaba la varita ajena… ¿con qué lo atacaría Pansy? Un Cruciatus e incluso un Avada cruzaron por su mente. ¿Sería ella capaz de asesinarlo por un berrinche? La respuesta fue formada en su cabeza al mismo tiempo que la veía sonreír complacida por la situación en que lo tenía. Dichas incógnitas surgieron velozmente y con la misma velocidad su importancia se esfumó, necesitaba tener la mente en frío o de lo contrario no podría contra ella y, por un momento, pareció haberse rendido.

La rabia en su mirar disminuyó y quieto se quedó observando la imagen del espejo que ya no le gustaba tanto como minutos atrás. Desistió de enfrentar a su mujer a través del reflejo y la miró entonces directamente, girando parcialmente el rostro para colocar en el centro de su campo visual el perfil de ella. ¿Parecería que buscaba otra forma para expresar su disculpa? Porque sí pareció pensativo por un instante, hasta que una fugaz observación hizo a la varita que se burlaba de él y tras ello, levantó inmediatamente la mano libre para cubrirle la boca a Pansy.

Empleó cuanta fuerza consideró necesaria para impedir que pronunciara cualquier otro hechizo, presionando con la amplitud de su mano la parte baja en las facciones de su esposa. Al mismo tiempo forzó el brazo que le retenía para que lo moviera hacia el frente, como si fuese a abrazarse a sí misma por la cintura, de modo que el brazo de él –en posición semejante– pudiese aplicar presión sobre el cuerpo femenino sin necesidad de liberarle la muñeca. Con eso debería bastar para frenarla de momento. Si quería escuchar de su marido una disculpa entonces que esperara, porque en definitiva no tenía las palabras en la punta de la lengua y de hecho tampoco más allá. En cambio la ira aún permanecía encendida y también el rechazo. Fue a causa de éste último que apretándola por la cintura la arrastró con él al retroceder rápidamente sobre sus propios pasos.

Se detuvo junto al piano, donde giró junto con ella para posicionarla de frente al gran instrumento, de tal forma que no tuviese escape aparente. La lengua de Blaise seguía ridículamente atascada, sin embargo distaba de ser la única herramienta con que el hombre podía atacar a la mujer. Fue así como –confiado en que Pansy no dominaba ni pizca de magia no verbal, y por tanto ignorando su varita– se apegó gustoso al cuerpo femenino. Con firmeza se movió contra ella, sin preocuparse ya por su rechazo. Aún si se le negaba a pesar de las circunstancias, él ganaba. La diferencia estaba en obtener la victoria individualmente o en conjunto, y por mucho prefería lo segundo, pero había ocasiones en que ese matrimonio sencillamente no conseguía funcionar por métodos pacíficos. Tocaba entonces robar y arrebatar, ceder o caer de rodillas. Vencer o pagar las consecuencias…


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Re: On the edge of the world | Privado

Mensaje por Pansy D. Zabini el Sáb Jul 04, 2015 3:59 am

Un ofrenda viva para el ego de la mujer fue el ver la reacción de su esposo luego del ataque contra su lengua. Le sonrió divertida aunque poco le duro pues la presión en su muñeca se volvió más brusca que antes y le hizo quejarse en voz alta por la bestialidad del hombre. ¿Intentaría él golpearla? Esperaba que no, porque si ese era el caso, pensaba hacerlo sufrir las condenas del mismísimo averno; si es que algo así existía. Lo vio mirarla de costado y aguardó cual serpiente por su presa, manteniendo una fría calma...

Lo que no consideró fue el siguiente movimiento de él, y se enfureció a su modo cuando el aire le comenzó a faltar. Sin dudar mordió la mano ajena, dispuesta a defenderse pero no tuvo efecto alguno a su favor y mientras renegaba contra la palma del contrario, pudo notar como forzaba su posición para terminar enrollada con su mismo brazo. Sin entender qué se suponía que planeaba Terence, se sintió arrastrar por la habitación pensando seriamente en lanzar un grito una vez que la dejara libre. Lástima que sabía que no serviría de nada pues la habitación estaba insonorizada y nadie acudiría a salvarla. No es que necesitara a alguien mas contra un hombre con la lengua retorcida, claro estaba, pero es que nunca había sido particularmente buena en hechizos no verbales y era una falla difícil de superar en esos momentos de complicación.

Apenas si pudo sostenerse del piano con la mano que tenía la varita, y por un segundo sintió correr en si el miedo de romper la madera por usarla de punto de apoyo, así que la acomodó entre sus dedos y se retorció bajo los brazos del mago aunque gracias a ello pudo percibir claramente como se apegaba a ella con intenciones nada puras. Jamás le había molestado que lo hiciera, su dilema existencial era el orgullo que jamás dejaría de lado, al igual que él no dejaba el suyo, por eso entre gruñidos ahogados por una mano oscura intentó liberarse sabiendo que no era la forma correcta.

Una idea que tenía media posibilidad de funcionar apareció en su mente, maquinarla no le costó más de un segundo. ¿Creería él en una posible rendición y en tenerla en sus manos disfrutando de que él se le apegará como perro en celo? Pues tendría que intentarlo, porque ni por fuerza ni magia lo iba a lograr. El primer paso era vital... De ahí que lentamente dejo de hacer presión con los dientes y fue su lengua la que salió a jugar. Lamiendo en una lenta cadencia la palma de su marido, invitándolo a un juego que ambos sabían llevar al límite.

Suerte que el piano no tuviera espejo porque él no tendría que ver su expresión de fastidio mientras ella se preocupaba de soltar la varita y abandonarla sobre las teclas. ¿Qué clase de esposa sometida sería si mantenía su mejor arma en la mano? Confiaba en que el hechizo sobre él haría efecto el tiempo suficiente para ella liberarse un poco del agarre sueño, y entonces atacaría de nuevo, mas fuerte y violenta que antes.

A veces había que sacrificar a la reina para ganar una partida... O al menos fingir que se la regalaba en bandeja. Por eso se inclinó un poco más sobre el piano, como si estuviese rendida ante la presencia ajena, y sus manos presionaron con descuido las teclas del piano. A pesar de la molestia su cuerpo respondió bien mientras su cadera se movía contra la de Blaise, tomando conciencia en sus propias curvas, cubiertas apenas por la tela del vestido, del cuerpo que ya conocía de memoria.

¿Lo disfrutaba? Evidentemente, fingirlo no era nada difícil pues casi no tenía que hacerlo a pesar del enojo. Su molestia, esa la tenía bien resguardada, incapaz de ser disminuida o herida por la parte contraria. Cobraría hasta con intereses su venganza esa noche, y si no le era suficiente, lo exigiría para los días siguientes. El matrimonio se basaba en el mutuo respeto, era por eso que estaba en su derecho y deber el enseñarle a ese hombre un poco de eso. Que aprendiera su lugar... Los dedos que habían estado apoyándose en las teclas, ahogando el sonido de las mismas, se levantaron para tomar la mano que la sostenía del vientre y la acariciaron con un intento de dulzura que bien podría confundirse con deseos de jugar. Ella ganaría la guerra y reiría en ese momento, en su cara.


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Re: On the edge of the world | Privado

Mensaje por Blaise T. Zabini el Sáb Jul 11, 2015 6:39 am

Rabia le causaba que Pansy fuese tan persistente, si bien había cuestiones en que se lo admiraba y se sentía orgulloso de la magnífica mujer que tenía por esposa, había otras en que odiaba verla con la frente en alto. ¿Por qué no se rendía? ¿Acaso nunca se cansaba de batallar? Esa mordida en la palma de la mano le hizo recordar esas cuestiones, ya que a pesar de no haber sido una amplia mordida, sí era dolorosa. Un extraño quejido salió de la boca del hombre, inédito puesto que era la primera vez que su garganta exteriorizaba una queja teniendo la lengua enmarañada. Frunció el ceño sumamente molesto, pero se obligó a soportar y mantener esa mano en posición sin importar el daño que los dientes de la bruja pudiesen ocasionarle.

Le gustó el sonido que hicieron las teclas del piano al ser presionadas bruscamente por los dedos de su mujer al recargarla contra el piano, de algún modo con eso daba por saldada la “travesura” que Pansy había hecho con la melodía que él en un principio tocó en el instrumento. Seguramente ella ni siquiera relacionaría esos dos breves acontecimientos, pero no importaba. El cuerpo masculino no cesó de embarrarse contra el de la dama aunque no con la concentración que a Blaise le habría gustado. La mordida le impedía ambientarse por completo pero eso no significaba que los estímulos no hiciesen lo suyo con la anatomía del mago, su respiración empezaba a impacientarse y ni qué decir de su virilidad.

El repentino cese de presión por parte de los dientes de su esposa y su cambio a húmedas caricias se encargaron de confundirlo y distraerlo. Fue una breve distracción que se extendió en cuanto Pansy pareció cambiar de opinión y aceptar que dejarse llevar por los placeres de la carne era mucho mejor que discutir por trivialidades relacionadas con los mortífagos. Afortunadamente fue solo un pensamiento del ex Slytherin, porque de haber sido expresado en voz alta –aunque en ese instante claramente le era imposible–, el caos se habría cernido sobre la pareja con más descaro que hace unos minutos. Se dijo a sí mismo que no bajaría la guardia tan fácilmente, que no se dejaría convencer por los encantos de esa mujer, pero toda esa “voluntad” se fue a la basura al sentir cómo ese cuerpo que idolatraba se empujaba contra su cadera.

Su mano se negaba a creer lo que el resto del cuerpo del mago ya había aceptado, insistió en retener el  brazo de la bruja y sin embargo terminó por ceder por culpa de unas caricias que le recorrieron con convincente dulzura. Dudó si acaso un par de segundos más antes de liberarla en ese punto y presuroso dirigió esa mano hacia una de las largas piernas de su mujer, ahí apretó insistentemente su muslo y finalmente optó por subirle el largo y estorboso vestido. Para conseguirlo se vio en la necesidad de agacharse un poco y, por ende, de pausar los movimientos con que apretaba a Pansy contra el piano.  Apenas y dejó cubierto el trasero de su amada esposa y después de darle una mirada general en esa apetitosa posición volvió a combinarse con la postura de ella, embistiendo con ímpetu como si ninguna prenda los separa. Al mismo tiempo su olfato se apegó a los castaños cabellos para recrearse con su aroma, cerrando los ojos para disfrutarlo profundamente.

Mientras que una de sus manos mantenía en alto el vestido, la otra dejó de cubrirle toscamente la boca. Sustituyó ese agresivo agarre por unos inquietos dedos que recorrieron suavemente los labios femeninos, cruzando después a través de ellos para frotarse en la húmeda lengua que cuando quería, lo hacía derretir. Renegó internamente por disfrutar tanto del tacto ya que su propia lengua seguía avergonzada. ¿Cuánto duraría ese maldito hechizo?! Estaba cansado de semejante nudo, empezaba a desesperarse y sin embargo el placer sobrepasaba todo eso y  más, incluso a la necesidad de vengarse. Se ubicó cerca del oído ajeno y lo acarició a labios cerrados, quería que deseara más de él, que cediera al gusto de ser saboreada en todos los rincones. Quizá así se convencía de retirar el hechizo. Y entonces, otro cuento se contaría.



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Re: On the edge of the world | Privado

Mensaje por Pansy D. Zabini el Jue Jul 30, 2015 6:45 am

Al parecer funcionaba. Puntos para ella y su mente retorcida, indudablemente Terence era un hombre, con necesidades como cualquier otro. Ella tenía la ventaja en ese aspecto, mientras él no descubriera sus siniestras ideas. Pronto su brazo apresado fue liberado y la mujer comenzó a sentir la libertad fluyendo en su cuerpo, el mismo que reaccionó positivamente ante el contacto que hizo la figura de su marido una vez que removió parte del vestido de su piel.

No, no, sin distracciones. Su vista se afiló a pesar de que sólo podía ver el piano desde esa posición, pero la superficie negra y lisa reflejaba, con una cierta distorsión, a las personas que tocaban una melodía poco convencional. Sintió que había ganado cuando su boca al fin emitió un audible suspiro, pero los dedos del hombre volvieron a su boca y si ella no los mordió fue simplemente porque no tenía la varita en mano todavía y su defensa no estaba segura.

Siguió por tanto moviendo su cadera, enlazando su cuerpo a la integridad ajena, tal vez si cedía de vez en cuando podría disfrutar de la situación que podría venir a continuación… Tal vez también podría luego dejarse maltratar y agradecerle los golpes a cualquier idiota. Blaise por cierto, no lo era, pero eso no quitaba que comenzar a dar su brazo a torcer en las cosas que quería y que no quería iba a terminar por dañar su completa existencia. Por eso el plan no se detuvo, sus manos se hicieron con la varita mientras el mago se distraía con los movimientos de su lengua y luego se acercaba a su oído.

Su lengua lo apartó de su boca y se relamió los labios antes de susurrar—. Finite incantatem —dijo contra su esposo y lo miró por sobre el hombro. Su cuerpo se contorsionó un poco para enfocarlo tan directamente como pudiera. Su mano izquierda subió a tocar la piel de los labios masculinos, y si no hubiera sido por la posición ella se habría acercado a besarlo directamente. Pero no todo se podía en esta vida, eso cualquiera lo tendría claro…

Depulso —mucho menos escapar de la mano vengativa de la mujer. El hechizo surtió el efecto esperado y pronto se sintió liberada aunque no mejor. Saberse insatisfecha le determinaba una noche sumamente ingrata, pero era el precio a pagar por mantener el orgullo en alto. Tuvo tiempo entonces de arreglarse el vestido, girarse y caminar hacia la puerta con paso tranquilo. Al final buscó la mirada del moreno con quien había decidido pasar el resto de su vida a menos que algo los separara primero—. Hoy no deseo que me toques, dormirás en la habitación de invitados —anunció como su decisión final y luego se limpió los labios con la sola intención de enfurecer al contrario.

Buenas noches, señor Zabini —clavó la estaca final dedicándole una mirada que guardaba algo más profundo que el odio mismo, era una mezcla que ella no quería detenerse a definir. Que se aventuraba en su expresión bañada por un profundo desprecio y un extraño sentimiento de disgusto, y una cuota considerable de decepción. Porque esperaba muchas cosas de él, tantas que ni ella misma se daba cuenta de la debilidad que significaba para su existencia. Y la única forma de que se sintiera decepcionada era porque quería y apreciaba a la otra persona, por eso era mejor guardarse esas ideas lejos de su conciencia, en un punto donde ella se sintiera segura de simplemente odiarlo. Así era más práctico y fácil para todos.


FDR: Sin dados por muda aceptación (?)


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Re: On the edge of the world | Privado

Mensaje por Blaise T. Zabini el Jue Jul 30, 2015 3:33 pm

No comprendió por qué la lengua de su mujer le negó el contacto, estaba convencido de que su esposa había cedido al cálido deseo de la noche y por tanto le sorprendió ese gesto de… rechazo. Abrió por inercia la boca para preguntar el por qué, pero seguía sin poder hablar. Frunció el ceño y fue en ese mismo segundo que la molesta y humillante magia aplicada sobre Blaise cesó por orden de su conjuradora. Vaya, así estaba mejor. –Demoraste demasiado– dijo con voz tranquila aunque las palabras en sí sonaban a reclamo o queja. Pero eso no le impidió sonreír campante para los ojos que hicieron todo lo posible por observarlo, todo parecía haberse arreglado y entonces su sonrisa se ensanchó al sentir los dedos femeninos divagar sobre sus labios.

Internamente se felicitó a sí mismo por conseguir parcialmente su objetivo, al menos la parte más satisfactoria. Con el humor reparado respiró profundo, disfrutando de la naturalidad en su lengua estuvo a punto de decir algo más. Un “gracias” definitivamente no, quizá algún morboso comentario o frase que hiciera menos al orgullo contrario. Sí, habría sido lo último. Con eso inauguraría lo que sería una larga y exquisita noche con su esposa.

¿Pero pudo hacerlo? Definitivamente no, ni una sola sílaba alcanzó a ser pronunciada por la boca del mago, todo apuntaba a que esa noche la palabra no le sería concedida. Su cuerpo incapaz de dar resistencia al hechizo fue arrojado bruscamente hacia atrás, la potencia fue tal que colisionó contra el muro y un sonido seco avisó que aquello había sido un tanto doloroso. Pero no era lo físico lo que realmente importaba en ese momento al Mortífago, no, era su orgullo el que desbordaba en ira por las humillaciones de la noche. Esa mujer se las pagaría.

Iracundo se incorporó ya con varita en mano, porque con esa bruja las cosas al parecer no podían ser de otra manera. ¿Qué no quería que la tocara? ¿Dormir en la habitación de visitas? –Esta es mi casa y hago lo que me plazca.– dijo furioso alzando la varita hacia la castaña, pero ella no tardó en desaparecer por la puerta –¡Pansy! ¡PANSY!!–la llamó sin tener obtener respuesta ni atención. En su rabia apuntó al piano y lo volcó con ayuda de la magia, el estruendo resonó más de lo que él habría pensado pero no le importó. Que Pansy lo escuchara y se diera cuenta de que aquello no había sido mas que una simple batalla, no la guerra.

No dormiría en la habitación matrimonial, eso estaba claro, pero no significaba que haría caso de ir a la de invitados. Lo más probable es que ni siquiera dormiría, ocuparía sus pensamientos en otras cosas, en planes, negocios por hacer, y claro, venganzas. La próxima vez no jugaría con fuego, él sería el fuego y su esposa no tendría otra opción que quemarse las manos.


TEMA FINALIZADO



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