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Even death has a heart Ω Jihei [+18]

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Even death has a heart Ω Jihei [+18]

Mensaje por Elaine Rhankaves el Sáb Ene 17, 2015 6:02 am

|| Nothing last forever...
Nothing but you and I

Cementerio del Valle de Godric, 02:30 am.

El ruido de sus tacones al pisar sobre la fría piedra parecía ser lo único que rompía con el pacífico lugar. Como era costumbre de ambos, habían salido de noche, ¿De qué otra forma sino? Y la mujer iba encabezando la marcha. Dependiendo de a donde fueran era si dejaba que Jihei fuera delante de sus pasos, si el lugar era conocido entonces le permitía ir tras de ella.

Faltaban unas pocas horas para el amanecer pero no había querido cerrar antes la tienda, contrario a las quejas del vampiro que iba con ella—. He pasado más de un siglo comprobando tu eficiencia, no me hagas sentir que me equivoqué al contratarte —lo retó como siempre hacía, por el mero gusto de hacer que el otro se interesara en sus órdenes y obtener así lo que ella quería. Nunca le habían preocupado particularmente los medios para lograr sus objetivos, si eran limpios o sucios daba igual.

En este caso y dado el talante de su más fiel acompañante, no le había dejado mayores opciones que buscarlo de esa manera. Aunque debía consentir en que el otro solía darle en el gusto, por mucho que reclamara en el camino. Sonrió ante la mera idea y adelantó sus pasos, caminando a través de las tumbas que se habían llenado por seres que desconocían las bondades que traía el no poder morir tan fácilmente y en pocos años. Ella lo había intentado claro, pero nada daba resultado.

Y allí estaba, dos siglos y algo años después, acompañada y caminando en el cementerio del Valle de Godric, casi se sentía triste por todos los muertos en la guerra anterior... Casi, sino fuera porque los sentimientos le eran tan complejos y ajenos como la muerte misma. Y dado que, al parecer, se avecinaba otra disputa grande, se preguntaba de que lado estarían. Confiaba en que el hombre que caminaba tras sus pasos la seguiría a donde decidiera que era más divertido, y por lo que había averiguado el lado ganador esta vez no sería el mismo de siempre.


Al llegar a la tumba que los convocaba ese día, sonrió de medio lado. No siempre se encontraban con algo así. Por lo mismo dio un rodeo, mirando todo, fijándose al doble en el nombre estampado en el mármol, aunque no creía estar equivocada—. Ilyav Jørgensen —mencionó en voz alta, dando a entender que esperaba que el otro se moviera rápido—. ¿Qué tan rápidas son tus manos? —preguntó a Jihei aunque sabía que el otro sobretodo prefería el usar la varita, pero ella hubiera disfrutado el espectáculo de verlo trabajar en vivo y en directo, con sus dos manos ensuciándose y rompiendo la tierra.

Si, era un buen panorama. Se sentó en la orilla de una de las tumbas cercanas y se cruzó de pierna incluso cuando el lugar era todo menos idóneo. Ella era una dama allí o en la corte de cualquier rey. Sacó su reloj para mirar y cronometrar mentalmente la lentitud del otro. Entre más rápido terminaran antes podrían irse de ese lugar, y no era que le disgustara, sino que estaba cometiendo un ilícito. Y por extraño que pareciera a su lado casi rebelde, ella odiaba las fallas y los desvíos en el camino. Si lo que quería era el medallón maldito de un muerto lo obtendría, sin dejar rastro ni nada que la inculpara a ella ni a Minamoto, después de todo, ambos estaban más unidos de lo que se veía a simple vista y ella, a su modo, se preocupaba de su mano derecha—. Lo quiero en mis manos antes de las tres, estás advertido —lo apremió sin atisbo de duda en la voz, y eso también significaba que si el otro no se movía con rapidez, el castigo que iba a llevarse no sería algo de lo que él pudiese escapar fácilmente.


Última edición por Elaine Rhankaves el Sáb Ago 22, 2015 9:12 pm, editado 2 veces


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Re: Even death has a heart Ω Jihei [+18]

Mensaje por Jihei Minamoto el Sáb Ene 24, 2015 9:46 pm

Ir detrás seguía siendo como un corte en la lengua sin importar los años que pasaran, pero tenía también su lado interesante, uno que naturalmente sólo aplicaba a Rhankaves y a sus perfectos contornos. Por eso no se quejaba, además, era preferible tenerla en su campo de visión y no fuera de éste, donde protegerla le costaría unas milésimas más, al igual que cuidarse él mismo de la mujer. Un siglo de frialdad hacía una gran diferencia y Jihei tenía presente el peligro que la dama representaba, no cuando quería o bajo circunstancias específicas, sino siempre, cada segundo de su magnífica vida.

Como era de suponer, el vampiro habría preferido invertir el resto de las oscuras horas haciendo algo mas recreativo y satisfactorio, pero no había tenido opción. Cuando se trataba de esa mujer nunca la había, o de eso fingía convencerse. Ese motivo lo tenía ahora a mitad del viejo  cementerio de Godric, “visitando” a Jørgensen. Bueno, el muerto no podía quejarse , alguien lo recordaba aunque fuera para cobrarse un poco de lo mucho que endeudó cuando todavía tenía carne encima.

Estaba de pie frente a la tumba del desdichado cuando Rhankaves puso en  voz alta y en duda su habilidad manual. Giró el rostro hacia ella y  la observó tomar asiento como si aquello fuera una reunión de la nobleza. –Depende del pago.– respondió en seco, naturalmente captó lo que tenía en mente esa mujer. E indudablemente era capaz de muchas cosas por ella, pero escarbar como perro no formaba parte del contrato.

Sacó las manos de los bolsillos y después la añeja varita del interior de la chaqueta. –Siento desilusionarte, pero no soy licántropo.– contestó al empuñar con mano izquierda la varita y apuntar hacia el suelo parcialmente cubierto de nieve. –Aunque usar magia es igual de molesto…– se quejó entre dientes, lanzando al segundo siguiente Bombarda sin necesidad de usar la voz para abrir el suelo. Era una de las habilidades perfeccionadas gracias al tiempo extra que había ganado al sucumbir ante Elaine.

El ruido no le importó en lo más mínimo, pero sí había cambiado de posición plantándose frente a su casi dueña, previniendo el que su aspecto sufriera desperfectos a causa de la tierra y agregados.  El hechizo había sido suficiente para dejar parcialmente al descubierto el ataúd de aquel que en otros años fue un mago astuto, aunque poco habilidoso con la  varita.  El oriental hizo un movimiento tosco con la suya y la tapa superior se abrió dejando a la vista a un arruinado Ilyav, portando aparentemente el medallón que buscaban.

Jihei bajó, pisando sin remordimiento alguno el féretro. Si no tenía respeto por los vivos, menos por los muertos. Pero debía darse prisa y no precisamente por las exigencias de su Sire. Compañía no deseada podría aparecer en cualquier momento y entonces tendría trabajo extra. Uno por el que seguramente no recibiría pago alguno. –Acertaste– no había descartado la posibilidad de que el cuerpo fuera falso, de ahí que primero inspeccionara para cerciorarse. –Es él. Le faltan los huesos que le cortaste de la mano izquierda.– Se agachó para agarrar el pedazo de brazo del difunto y tras aplicarle una sencilla magia que mantendría los huesos unidos a los de la mano y dedos, lo arrojó a los pies de Elaine. Recordaba bien la ocasión en que la bruja y vampiro hizo una sutil advertencia a Jørgensen  quien se creía lo suficientemente listo como para estafarlos en los negocios, estupidez que le costó un par de dedos, y una hija menos en su colección. La pérdida en la mano solo ellos la conocían, una prótesis mágica había guardado bien la humillación del hombre. Si su familia hubiese descubierto la causa por la que su heredera falleció, la vida habría sido más cruda para el mago.

Cambió la varita por la katana que llevaba  y  sin sacarla de su saya, la usó para levantar el medallón color carmín que se encontraba entre los trozos de hueso. Se incorporó sin prisa y apoyando la bota en el cúmulo de tierra que aún cubría el nuevo hogar con gusanos como vecinos, se impulsó abandonando el hueco. Inclinó el arma hacia su ama para que la antigüedad que buscaban deslizara hacia el otro extremo, pero sin caer de la funda. De haber cerrado otro poco el ángulo formado por su cuerpo y el brazo, la joya habría caído sobre las piernas de la mujer. –Aquí tiene, Ohime-sama...– Ofreció con sarcasmo.

Suponiendo que fuera el original… ¿la maldición puesta  se mantendría activa después de tanto tiempo? Si resultaba estar “muerto” todo el alboroto pasaría a ser tiempo desperdiciado, un tonto e inútil paseo. A pesar de todo tenía un poco de interés por averiguarlo y si era el auténtico, conocer las condiciones en que el medallón se encontraba. ¿Cuánto daño podría hacer en “inmortales” como ellos? Arrancarles la vida era imposible con una simple maldición, pero quizá el daño físico valía la pena.


Última edición por Jihei Minamoto el Sáb Jun 20, 2015 6:30 pm, editado 1 vez


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Re: Even death has a heart Ω Jihei [+18]

Mensaje por Elaine Rhankaves el Sáb Feb 07, 2015 8:10 pm

Bufó al ver la respuesta de Jihei, y cuando escuchó la explosión rodó los ojos al infinito. Al menos no era tan ineficiente para dejarla ensuciarse por sus métodos tan bestiales. El vampiro no tenía sentido del humor, no al menos similar al de ella—. Que aburrido —dijo aunque pronto olvidó sus reclamos y esperó, impacientemente, a que se decidiera Minamoto a entregarle lo que ella pedía.

Lo vio moverse y abrir la tapa superior del ataúd. Al parecer al menos tenía algo muy parecido a lo que ellos buscaban. Elaine se relamió los labios a la espera de saber si era el correcto. No sabía si definirse como una persona masoquista o una sádica de plano. Pero era seguro que disfrutaba considerablemente tanto en el noble acto de impartir dolor como en el de recibirlo. Sentir todavía cosas era un alivio, físicas claro, las emocionales poco le importaban pues nunca había sido muy dada a ello. Y por alguna razón desconocida sus sentimientos se habían enfriado hace eras.

Divertirse. Esa era una motivación para seguir vivos, y también una de las causales de que hubiera arrastrado al joven Jihei por su misma senda de oscuridad. Y aunque lo negara mil veces, el hombre disfrutaba de esa oportunidad que su dueña le había dado. Una risa genuina escapó por sus labios cuando recordó justamente el castigo que le había dado al inútil de Jørgensen que tuvo la mala suerte de no cumplir sus compromisos con ellos. La prótesis que habí usado se la habían vendido también, claro. Que no se dijera que Elaine Rhankaves no tenía algo de piedad—. Nunca he entendido a los hombres como él, saben que están perdidos y no lo aceptan —comentó, saber rendirse era importante.

Pero, la emoción. Esa llamada expectativa, si vino hacia ella cuando vio el reluciente medallón del color de la sangre. Sonrió de medio lado ante el trato respetuoso del oriental—. No sabes la ternura que provocas Jihei —suavizó su voz sólo por los deseos naturales que tenía de discutir con él. Ociosamente claro. Elaine sacó su varita e hizo levitar el medallón justo frente a su rostro mientras lo estudiaba a cabalidad. No pensaba tocarlo antes de ver las marcas que le dirían que muy probablemente si era el correcto.

Y si estaba, un rasguño en un borde y una letra ligeramente deformada. Ah, al parecer si habían acertado sus instintos. Se levantó de su asiento y miró a Jihei unos segundos. Si resultaba que la maldición estaba más viva que ellos entonces iba a necesitar de la ayuda del otro después para recuperarse. Pero no tenía razones para temer, después de todo el único ser al que le confiaría su vida, sobre este mundo, era a él. ¿Lealtad? No estaba segura de que lo fuera, pero si que el otro debía reconocer a quien le debía todo lo que tenía. Si, no había razón para no intentarlo.

Muy bien, luego tendrás que comprarme ropa nueva —mencionó con encanto natural y dejó el hechizo de levitación agarrando el medallón en su mano izquierda antes de que cayera. Por unos segundos nada ocurrió y estuvo al borde de poner una expresión que parecería la de una niña a la que le quitaban su juguete. Pero ni de eso tuvo tiempo…

De un segundo a otro su mano comenzó a arder como si se hubiese de pronto levantado el sol en medio de la más profunda noche. Intentó contener los gritos pero le fue imposible, tuvo que agarrarse el brazo izquierdo con la mano derecha y estuvo al borde de arrancárselo con tal de que el dolor parara, pero su piel estaba tomando un color igual de rojizo que el medallón que cargaba en la mano. O que mejor dicho, se estaba convirtiendo en su mano. Con una morbosa curiosidad y en medio de gruesos jadeos y unos cuantos gemidos pudo ver como su piel parecía abrazar al medallón. Alzó la vista entonces, más cansada que si hubiese sido humana y corrido una carrera y sonrió con las mejillas arreboladas por el esfuerzo a su acompañante—. Ji-Jihei, míralo... Es mejor de lo que pensé —pronunció aunque su voz no hacía caso de su emoción. Y si que lo estaba, si podían replicar eso y venderlo sería lo ideal.

Luego de unos minutos de sufrimiento horrible pronto se sintió mejor, en su mano se podía ver que había algo entre la más fina que recubría todo y extendió su mano al vampiro en busca de su aprobación—. Es perfecto para guardar cosas... —habló mientras se estudiaba a sí misma los daños. Lamentablemente como su sangre era diferente a la de los humanos, su brazo había tomado un horrible color verdoso, como si se estuviera envenenando por dentro.

Quítamelo —ordenó cuando comenzó a ver ligeramente borroso. Pero sus piernas dejaron repentinamente de responder y ya no sostuvieron su cuerpo.


Última edición por Elaine Rhankaves el Jue Jun 25, 2015 7:26 pm, editado 1 vez


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Re: Even death has a heart Ω Jihei [+18]

Mensaje por Jihei Minamoto el Jue Feb 12, 2015 6:35 pm

Vomitar habría estado bien para demostrar cómo le había sentado la supuesta ternura, pero como obviamente no iba a hacerlo se limitó a mirarla con apatía e ignorar su  tonto comentario. Ya se lo cobraría después. Permaneció de pie a unos pasos de ella, colocando su arma de nuevo en el cinto y cruzándose de brazos en espera de que la reliquia aprobara la evaluación de la exigente mujer.

¿Era auténtico? La breve mirada que Rhankaves le dedicó parecía indicar que sí y en respuesta el vampiro enarcó una ceja, entendió que debía estar atento, listo para actuar, mas le eran desconocidos los efectos de la maldición que la pieza de joyería portaba y por lo tanto no sabía exactamente qué esperar. ¿Comprarle ropa nueva? Sí claro, después de saciarse con su piel al descubierto tal vez.

Pero sin importar lo que Jihei dijera o pensara, la vampiresa sí que le importaba. Disfrutaba verla sufrir –aunque no ocurría con frecuencia– y de ahí que una retorcida satisfacción surgiera en él en cuanto la voz de Elaine se alzó en medio del helado y ya no tan oscuro escenario. ¿Existía algo mejor que verla sucumbir al dolor físico? ser él quien se lo provocara, nada más. Y aún sin tener ese privilegio, estaba disfrutando desmesuradamente de la escena. Los jadeos de Elaine no se le obsequiaban con frecuencia y éstos en combinación con la expresión placentera que la dama portaba en sus elegantes facciones, arrancaron desde lo más profundo del no-vivo los deseos de poseer a su ama, dejándolos a flote y a la espera de desbordarse. Aunque la presencia de fuego o cualquier manifestación alusiva a un calor excesivo no eran de su agrado, pero mientras no lo tuviera en su propio ser no había mayor problema

Una mala sonrisa hizo acto de aparición en el pelinegro, quien se inclinó ligeramente para apreciar de cerca el efecto final de la maldición que su dueña mostraba orgullosa para él, mas la atención de su mirada no duró mucho en los detalles. A los segundos se había trasladado a los ojos de la bruja y de ahí, a sus siempre tentadores labios. –Perfecto para tus negocios… ¿Quién lo maldijo?– preguntó con fingido interés irguiéndose después. Notó entonces la anormal tonalidad en el brazo con que ella sostuvo el medallón y entonces no pudo ocultar su disgusto por ese nuevo efecto que parecía querer invadirla. Algo iba mal, más de lo esperado.

Antes de que la orden de retirarlo llegara a sus oídos, Jihei ya había desenfundado la katana. Pero el que Rhankaves también quisiera sacarse el objeto mágico lo salvaba de posibles sanciones por actuar sin su consentimiento. Alcanzó a sujetarla por la muñeca y trazar un fino corte sobre toda la palma de su mano justo antes de que se desplomara, aunque se vio en la necesidad de soltar la antigua espada para poder sostenerla a tiempo entre sus brazos. –No harás demostración a los clientes. No en tu carne.– dictó molesto, no permitiría que ese daño se repitiera. Poco importaba si era capaz de sanarse con magia o regenerarse por su naturaleza de vampiro.

Rápido la acomodó entre sus brazos para cargarla y la llevó a la superficie de otra derruida tumba, no la soltó del todo pues no estaba seguro de que pudiera mantenerse sentada, soltó únicamente el brazo con el que le había sostenido las piernas. –Qué débil te has hecho con los años, Laine.– fue más una queja que un intento por mancharle el humor. Bruscamente le sujetó por la muñeca para poder examinar lo que ocurría en su mano, pues aunque el corte estaba hecho lo inesperado de su caída no le había dado oportunidad de deshacerse del medallón maldito, si es que era posible.

La sangre brotaba del corte más de lo que debería, supuso entonces que era un efecto secundario de la maldición pero mientras la joya pudiera ser extraída el resto no importaba, no de momento. No estaba seguro si por fortuna o por desgracia, pero la pieza no tardó en querer resurgir, el único inconveniente a la vista era el hecho de que desprenderse de la carne lucía incluso más doloroso que la absorción. –Imbécil.– gruñó furioso entre dientes al mismo tiempo que agarraba lo que podía del medallón y lo arrancaba sin cuidado alguno de la carne, tarea que ejecutó sin problema y quizá con más fuerza de la requerida. Después culparía a su "mal" control del exceso de fuerza física si ella le reclamaba por el daño. Sintió el ardor en la piel pero alcanzó a arrojarlo al suelo antes de que otra cosa ocurriera, quizá corrió con suerte y la maldición no alcanzó a incrustarlo en él puesto que aún se cobraba con la piel de la mujer.

Había hecho bien en repudiar la salida de esa noche, ya ni siquiera había podido aprovecharse del estado “débil” de Elaine para servirse con descaro  de su cuerpo y arrancarle sangre de los labios y todo por culpa del molesto de Jørgensen. Si no fuera porque le constaba que el mago ni en vida había tenido neuronas suficientes, habría jurado que el artículo había sido enterrado junto con sus restos con la única intención de fastidiar a los vampiros aún después de muerto.


Última edición por Jihei Minamoto el Sáb Jun 20, 2015 6:33 pm, editado 1 vez


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Re: Even death has a heart Ω Jihei [+18]

Mensaje por Elaine Rhankaves el Lun Mar 09, 2015 6:04 am

Iba a responder las dudas del otro pero el peso de su propio cuerpo y sus piernas que fallaron en sostenerla le imposibilitaron la concentración. De hecho, tan mal se sentía que no notó un dolor nuevo en cuando Minamoto hizo el corte limpio en su piel y sólo se retorció en sus brazos, todavía desesperaba mientras intentaba contener los jadeos cansados de su boca.

Sácalo —volvió a exigir y le gruñó en cuanto el otro la cargó sobre una tumba, la vista se le nublaba pero no el oído así que cuando el otro reclamó por su debilidad estuvo al borde de golpearlo pero ni eso pudo lograr. Su mano volvía a doler, como si la extremidad que recién se había abierto para dejar al descubierto el medallón, quisiera recubrir el artefacto pero esta vez entre sus músculos. Un grito profundo bailó en sus labios una vez que por fin le arrancaron el objeto, pero luego de eso, ya pudo sentir un alivio natural.

Lástima que la sangre la había perdido en exceso, necesitaba con urgencia alimentarse para poder regenerarse a sí misma, pero a la vez dudaba de que la sangre que tenía más cerca —sí, la de vampiro— pudiese saciarla correctamente—. N-necesito beber… —le informó a su hombre de confianza y su vista, todavía medio débil, se posó en el cuello del vampiro.

No pasaron ni tres minutos cuando presa de un hambre voraz se fue contra el cuello del hombre y allí mismo lo hizo suyo. Marcó con los dientes y rasgó la piel, como si se tratara de una primeriza y no de alguien que ya estaba corriendo la carrera por los tres siglos. Y es que sin importar lo mucho que se esforzara, en esos primeros momentos actuó por mero instinto, y luego eso mismo reclamaría y juraría. Succionó también como si no hubiese mañana, se llevó todos los sorbos que pudo del líquido pero seguía sintiéndose seca y aunque por su mano ya no manaba sangre como si fuese una catarata, la herida seguía abierta y esperando que algo la llenara o le obligase a pegarse de nueva cuenta.

¿Qué requería para curarse a sí misma? Sin beber nada, unas cuantas semanas, pero si tomaba sangre humana a la brevedad el proceso se haría más rápido—. Humano, necesito uno —expresó y a duras penas se separó del cuello ajeno mientras miraba al vampiro, al menos ya tenía más control sobre sí misma. No iba a pedirle disculpas por las molestias causadas o las que se estaba tomando, y es que cuidar de ella lo consideraba como algo que era parte de su trabajo.

Sobre tu pregunta de antes, el medallón... Guárdalo, era del bisabuelo de Jørgensen, ¿No lo recuerdas? —consultó mientras trataba de concentrarse en sus propias palabras y no en el cansancio que presentaba tu fuerza—. El hombre parecía enamorado y me dijo que era un regalo para que siempre lo tuviera presente, creo que fue demasiado literal —negó con la cabeza, visiblemente extenuada, y trató por su cuenta de ponerse en pie, pero terminó recargada en Jihei una vez más, apoyando las manos en sus hombros, mientras lo miraba con algo que rozaba la expectación y se entremezclaba con el sentimiento molesto de saberse inútil en esos momentos.

Vamos, no es bueno seguir aquí. Limpia, o verán mis muestras de sangre... —dijo, y tendrían que hacerlo de hecho, porque si no quitaba las marcas en el camino; su sangre que había sido esparcida en finas gotas sobre el piso, podía darse a algún mal uso. Aunque el tema del plural en quiénes tendrían que trabajar era otro detalle innecesario. Minamoto debía encargarse, por mucho que hubiese perdido un litro o dos a causa de la boca de su dueña. Elaine se relamió los labios y apartó la vista del cuello del mago, todavía la llamaba a pesar de que no tenía el mismo efecto curativo en ella que una sangre mortal. Pero el estado de debilidad había despertado en ella una serie de bajos instintos que creía ya enterrados, y no le agradaba sentir de nueva cuenta esa necesidad imperiosa de saborear el espeso líquido.


Última edición por Elaine Rhankaves el Jue Sep 10, 2015 9:49 am, editado 2 veces


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Re: Even death has a heart Ω Jihei [+18]

Mensaje por Jihei Minamoto el Jue Mar 26, 2015 1:38 am

Odiaba que Rhankaves fuese perfecta, y al mismo tiempo lo disfrutaba. Lo corroboró por enésima vez al tenerla en brazos. Los jadeos y evidente debilidad la hacían aún más apetitosa que de costumbre, tormentosa como sólo ella podía ser. La reliquia que él como vampiro había aceptado resguardar de todo y de todos, porque Laine era su joya, suya y de nadie más.

Una sonrisa alcanzó a formarse en el guardián  al ser sus oídos inundados por un grito de su ama, uno que le supo a gloria y que se encargaría de mencionar en futuras discusiones. Así la quería escuchar, pero con él entre las piernas y los colmillos profundizando en su fina piel. No era tan ajeno a deseos carnales como su maestra, de hecho podía asegurar que ahora esos actos eran más interesantes. Pero él se sabía inferior como vampiro en comparación con ella, tomarla por la fuerza distaba de ser una opción viable, a menos… de que algo restringiera parcialmente la fortaleza de la bruja y vampiresa.

Miró a su derecha buscando rastro de algún vivo que ofrecer a Rhankaves –Tendrás que cazar.– le dijo a pesar de que ya tenía en la mira un sitio donde dejarla para ir y conseguir lo que se le ordenaba. Sí, tantos años trabajando para ella lo tenían ya educado para cumplir casi todo lo que le pidiera. Aunque no siempre al instante. –Laine– giró el rostro de regreso a ella pero ni siquiera pudo completar el movimiento. No, precisamente su reliquia personal era quien se lo impedía y dejándole en claro que como emperatriz que era, arrebataría cuanto le apeteciera.

Y fue Jihei quien  rugió ésta vez a causa del penetrante dolor que la afilada mordida de su ama plantó en él. El brazo con que aún sujetaba la cintura de ella, lo apretó instintivamente al igual que por acto reflejo quiso apartar el cuello de la vampiresa. Pero no pudo. No cuando podía ya sentir cómo la sangre le era arrebatada sin piedad –con menos elegancia que la primera vez, pero más tormentosa e intensa ya que actualmente sus sentidos se desplegaban como mínimo al doble– y su memoria arrojaba escenas de sus últimos momentos como mortal, mezclándolas con el momento actual en que por segunda vez lo reclamaban como propiedad. La excitación inundó su ser y así, a pesar de los vívidos recuerdos de impotencia y terror que tuvo como humano al ser transformado, permitió que Elaine tomase de él cuanto necesitara. Quizá por que algo de ella habitaba en él desde que lo hizo una criatura de la oscuridad y ahora tan solo se lo regresaba, o por algo más profundo que después de un siglo estaba sepultado demasiado profundo como para recordarlo y ser definido.

Rápido presionó donde lo había mordido en cuanto se dignó a liberarlo, aplicando fuerza en exceso al escuchar que solo un humano podría saciarla. Inmediatamente desvió el rostro y apretó los dientes para no gruñir y ser evidente en sus celos.  –Un mortal…– dijo más despectivo que de costumbre y eso que ya lo era con casi todo. Resopló con fastidio al recordar los detalles que la bruja incluyó en su explicación sobre el origen del medallón y de mala gana dejó de presionarse el cuello y sacó su varita para hacer levitar el doblemente maldito medallón y envolverlo en un terciopelo  que previamente habían preparado.

Atrajo también su arma y sin mirar todavía a Elaine, la acomodó en el cinto. Sintió entonces que su ama se le iba literalmente de las manos y, dando por hecho que se encontraba parcialmente recuperada como para andar por sí misma, no la retuvo. Por eso, aunque a futuro lo negaría rotundamente, segundos de angustia lo atacaron cuando sintió que la mujer se desvanecía. Fallo de él coincidir con los ojos de su princesa los segundos que duró esa ruptura en su estabilidad física, los reflejos del vampiro reaccionaron a tiempo y al tiempo que las finas manos de la dama se posaban en sus hombros, la libre de él la apresó fuerte por la cintura. En sus orbes se perdió no segundos, sino minutos, dejando ver algo parecido a la preocupación y que a la brevedad aplastó con enojo, casi furia. Me necesitas Laine, me necesitas más que a ellos. Estúpidos humanos con quienes estaba obligado a compartirla, los aborrecía y sin embargo también de ellos dependía.

Limpiaré tu desastre. Sólo porque hoy eres más molesta e inútil que de costumbre…– gruñó dejando atrás la mirada de su jefa, continuando con sus obligaciones como si no acabase ella de beberlo con descaro. Con magia atrajo hasta la última gota de sangre, su varita la absorbió rápidamente y solo después, se despegó de la tumba sobre la que se había recargado para atender a la imprudente de Rhankaves. Y en cuanto sus pies tuvieron que cargar otra vez con todo su peso, notó que ahora él también estaba falto de solidez.

Frunció el ceño pero se abstuvo de demostrar el incremento en su molestia. –Te creía refinada.– le dijo tras guardar su varita en la parte trasera del pantalón y sin aviso ni cuidado alguno se agachó para sujetar a la bruja por la cintura con una mano y con la otra abrazar sus piernas. La alzó toscamente y la echó sobre su hombro como costal de baratijas, desapareciendo y apareciendo como humo negro frente a un mausoleo de piedra fría. En esos momentos no confiaba del todo en su resistencia física, de ahí que optara por movilizarse con magia pues entre mas pronto regresaran a sus tinieblas personales, mejor.

Al bajarla en el interior sí tuvo cuidado aunque por un momento sintió  que el equilibrio lo traicionaba. Evitó a toda costa encontrarse con su mirada, seguro le soltaba alguna tontería que empeoraría su humor. –Intenta no morir.– sarcasmo que pronunció antes de desvanecerse para conseguir la cena.

Como denso humo se desplazó velozmente por el pueblo y durmiendo profundamente encontró un prospecto. Un hombre joven en un segundo piso. Intentó no hacer demasiado ruido al irrumpir en propiedad privada pero el cristal le estorbaba, ya no tenía paciencia para hacer las cosas cuidadosamente y tampoco la concentración por culpa de una debilidad que sentía ir y venir. Así dormido lo sujetó del cabello y lo llevó consigo. Aparecieron ambos frente a la dueña de Kairós, mas no se lo entregó. El sujeto estaba despertando, después de todo ¿quién podría dormir con una pierna que él vórtice desgarró parcialmente? A regañadientes lo arrojó a sus pies.  –Anda, disfrútalo.


Última edición por Jihei Minamoto el Sáb Jun 20, 2015 6:35 pm, editado 1 vez


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Re: Even death has a heart Ω Jihei [+18]

Mensaje por Elaine Rhankaves el Vie Abr 10, 2015 11:45 pm

Jihei Minamoto era el único ser en el mundo capacitado para cuidar de ella. Se lo repitió una vez mas mientras se debilitaba recargada en él, a pesar de que ya había probado bocado pero no suficiente, la sangre del vampiro le hubiese servido en mayores cantidades, pero por la misma razón que lo había convertido hacia un siglo y algo, ahora no pensaba tomar todo de él y perderlo en el camino. No, por mucho que se burlara de él y lo hiciese trabajar horas extras siempre se preocupaba de cuidarlo a su modo. Era uno de sus pagos por la lealtad que le demostraba, eso o algo mas, pensó con la cabeza ya pesada mientras le mantenía la vista.

Estaba molesta por sentirse tan descuidada pero ver la preocupación ajena le hizo medio sonreír. La mirada del contrario se transformó, claramente, y ella suspiró aunque no le quitó la vista de encima. Conocerlo por más de un siglo ya le hacía entenderlo bastante más que el resto, así que captó que su odio seguramente tenía que ver con la molestia que demostraba su sirviente siempre que ella buscaba comida.

Pero, hasta el mejor de los hombres podía cometer errores, eso lo comprobó cuando minutos después él se decidió a cargarla de la forma más estúpida posible y el mareo en ella fue peor que el anterior. Si hubiese podido vomitar seguro lo habría hecho. Pero sabiendo lo que harían sólo requirió de un segundo de paz en su mente mientras se trasladaban.

Apenas llegaron a algo que parecía un mausoleo frunció el ceño. ¿La estaba llevando a su tumba? No, no, Minamoto pedía a gritos un castigo—. Pensaba pagarte doble por ayudarme hoy, pero dado que no sabes cargar enfermos voy a bajarte la cuota —le dijo con sumo disgusto y lo vio desaparecer mientras ella se acomodaba en la fría piedra. Y miró el lugar con ojos todavía medio adormilados. Si pudiese revivir al anciano de Jørgensen  seguro lo haría pagar por su osadía y disfrutaría matándolo mas de una vez para el recuerdo. Pero sonaba a demasiado esfuerzo así que ni lo intentaría. Se miro la mano que todavía no lograba sanar del todo y bufo una maldición, no importa, se dijo recordando que el medallón funcionaba y perfectamente , solo tendrían que estudiarlo para poder replicarlo y ponerlo a la venta.

Los negocios no eran un buen tema para pensar cuando estabas por morir, tosió en rojo unos segundos antes de que Jihei apareciera y que el olor de la sangre humana le llenara los sentidos. Los gritos del hombre que recién despertaba con un horrible dolor en su pierna le hicieron casi quebrar la cabeza y con su varita lo silenció. Disfrutaba del sufrimiento de sus víctimas, pero ese día no pensaba entretenerse pues no era un bocado por gusto. Sin responder a Jihei palabra alguna, enterró las uñas en el brazo del joven y con una fuerza inhumana lo acercó hacia ella con la mirada vacía. No lo odiaba ni lo quería, simplemente lo usaría para vivir unos cuantos días más, y con algo de suerte la mano que tenía ya inútil y con una herida todavía abierta iba a cerrarse por fin. Clavó los colmillos sin piedad y tragó mientras el otro gritaba sin que nadie lo escuchara.

Y claro que luchó, pero no tenía suficiente fuerza para ir contra ella. Así que la bruja simplemente le gruñó en cuanto tuvo que detenerlo con su mano herida y un dolor agudo le recorrió. Succionó con más descuido y saña. Un litro… Dos… Tres y ya estaba casi completa. En una hora estaría como nueva porque el efecto no era inmeditado con heridas de grueso calibre. No hizo amago de limpiarse la boca ni la barbilla que habían quedado llenas de sangre, como si fuera una novata muerta de sed. Su ropa era un desastre, pero se alejó de la presa que se retorcía mientras buscaba con la mirada al mejor de sus rivales.

Le puedes decir a tus celos que te disfrute más a ti, aunque te falta algo de fuerza —comentó mirando al vampiro con todos los ánimos de volver a molestarlo. Lo conocía en varios aspectos, aunque en algunos no podía ni aventurarse a saber lo que pasaba por la mente de él. Pero si de algo sabía era del estado físico de ese mago y sin duda le faltaba para estar al 100—. Bebe ahora, todavía respira —le ordenó empujando con el pie el cuerpo del humano que lloraba horrorizado y al borde del colapso completo. ¿Le había dejado un poco porque estaba saciada o porque quería verlo bien? Fuese cual fuese la respuesta no pensaba decirla en voz alta. Ni en esta vida ni en las otras.

Observó su propio estado, bastante deplorable y maldijo entredientes. Iba a quemar toda su ropa, eso seguro. No pensaba quedarse con el olor del miedo del humano encima, que estaba segura de que había sufrido mientras ella lo devoraba sin atisbo de misericordia. Sin dudarlo tomó sus propias ropas de las caderas hacia arriba y sin más se las quitó dejando su piel a la brisa nocturna. Frío no sentía y si se vestía era simplemente por decencia… Y porque seguramente a Minamoto le daría un colapso nervioso si ella iba desnuda por las calles. Se dejó la ropa interior simplemente porque le gustaba el fino encaje que la cubría en colores oscuros y arrancó un trozo de la que había sido su camiseta para inspeccionar el desastre que había quedado en su mano. Lo ideal sería coser la herida, pero no tenía caso, en unos cuantos minutos la piel volvería a pegarse y ya no parecería que le habían intentado arrancar las entrañas. Su brazo yacía cubierto de su propia sangre seca, y tenía un arañazo cerca del cuello, culpa del humano que había intentado defenderse y de sus inútiles defensas que no habían cooperado lo suficiente.


Última edición por Elaine Rhankaves el Jue Jun 25, 2015 7:46 pm, editado 2 veces


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Re: Even death has a heart Ω Jihei [+18]

Mensaje por Jihei Minamoto el Vie Mayo 15, 2015 9:38 pm

Tenía la enferma necesidad de observarla cada vez que se alimentaba. Ardía interiormente a causa de la furia que le provocaba saber que esos colmillos se clavaban en otros, el término “celos” no alcanzaba ni por asomo lo que el vampiro experimentaba ante ese tipo de escenas que se repetía una y otra vez. Quizá en un principio lo eran y se combinaban con insana envidia pero, con el tiempo se habían acumulado en dosis descomunales y aún así, ahí estaba, apretando los puños y vaciando en una mirada el odio que esa mujer le despertaba. Y por un momento estuvo tentado a matarle a la presa antes de que estuviera satisfecha pero para su desgracia, el “bienestar” de Elaine estaba por encima de muchas cosas. ¿Desde cuándo la adoraba a ese nivel? Ni él quería saberlo, suficiente tenía con servirle eternamente como para detenerse a analizar cuánto tiempo llevaba necesitando de ella. La quería permanentemente en su campo de visión, desbordándolo en todos los sentidos posibles.

No hizo amago de acatar la orden de su ama, no inmediatamente. Permaneció con brazos cruzados como había estado mientras ella torturaba al humano, su vista la seguía también desde ese entonces y sintiendo un mínimo alivio internamente por el fin de la succión, posó su atención en los rastros rojizos que le manchaban las perfectas facciones a su ama. Pero por su puesto, la bruja no podía quedarse callada. Jihei abrió ligeramente la boca para contestar como bien le salía pero se abstuvo antes de pronunciar sonido alguno. ¿Por qué? Porque no había manera de que negara lo obvio de sus “celos”, porque el saberse con relativa posibilidad de hacerla disfrutar le componía el orgullo, pero también le brotaba el querer quejarse por la supuesta falta de fuerza, aunque no era exactamente una queja. Le tentaba alegar sobre cada punto, mas no expondría ante ella ni una pizca de los variados efectos que tenía sobre él.

¿Debo culpar a la herida por tu actual amabilidad?– al principio se negó mentalmente a beber las sobras que Rhankaves le ofrecía pero pensar en lo problemático que podría ser encontrarse escalones más abajo que ella por la sangre que le había sido robada, le hizo cambiar de parecer. Tenía presente que era Elaine de quien más debía cuidarse. Eso sí, miró al sujeto con todo el desprecio posible y succionó hasta la última gota sin el menor cuidado, aunque dudaba que pudiese sufrir más de lo que ya había hecho “en brazos” de la bruja. Una vez vacío el cuerpo y él en proceso de recuperarse, se limpió los residuos de sangre con la chaqueta, como si fuese relevante considerando que el líquido rojizo lo tenía en más de un punto por culpa de ella.

Por inercia se llevó la mano derecha al cuello al avanzar hacia su jefa y dueña, alzando la mirada para encontrarse con la opuesta. No le era indiferente el que ella exhibiera su piel y sus encantos, nunca lo había sido, pero eso no significaba que fuese a perderse visualmente en ella. –Ya hice mucho por ti hoy, Elaine.– dijo al plantarse frente a ella, demasiado cerca, un poco más y la rozaría. –Paga como se debe.– exigió sobre el oído ajeno pero no se mantuvo ahí más de lo necesario. Segundos antes había ido en busca de la mano herida de su ama y ahora la levantaba casi al nivel de su rostro para poder lamer los restos de esa sangre por la que siempre desvariaba. Se abstuvo de mirarla directo a los ojos mientras lo hacía, primero por que hasta cierto punto tenía la sensación de humillación pero pronto eso pasó al olvido, cuando una inusual ansiedad empezó a recorrerlo y se manifestó en la forma casi desesperada con que limpiaba el brazo ajeno. Pero eso era tan poco para su evidente necesidad de saborearla… que tomó el riesgo de tomarla con brusquedad y sin permiso.

Apretó su muñeca calculando retenerla, la otra mano la ocupó en jalar y reventar uno de los tirantes de la única prenda que le quedaba a su reina en la parte superior.  Y sin desperdiciar ni un segundo, saboreó con su palma y dedos la consistencia de uno de los senos de Elaine. Se apretó contra ella, le mordió el labio inferior hasta sangrar, tomándole la boca con violencia. Quería beberla, necesitaba beberla, y sin embargo no había sido capaz de morder directamente su cuello. Culpa del respeto y la supuesta obediencia que le debía, aspectos que le gritaban internamente que para eso sí necesitaba permiso de la maldita mujer, y si no era eso… tal vez se debiera a la influencia de otra clase de deseos, unos que necesitarían al menos otro siglo para desaparecer por completo de él.


Última edición por Jihei Minamoto el Sáb Jun 20, 2015 6:37 pm, editado 1 vez


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Re: Even death has a heart Ω Jihei [+18]

Mensaje por Elaine Rhankaves el Sáb Mayo 16, 2015 2:19 am

Observó atentamente a Minamoto degustando la presa ajena, lo hizo tan rápido que no alcanzó a provocarle molestia alguna y es que ella tenía un gusto casi voyerista por verlo actuar sobre hombres. Otra cosa era cuando lo hacía con mujeres… Dependía de cuanto disfrute pudiera percibir en el mago si llegaba a parecerle mal. E indudablemente si no asesinaba a su presa al final podría molestarla a lo sumo. Esta vez no fue el caso, de todos modos volvió su vista hacia su mano mientras lo sentía acercarse hasta ella. Poco a poco se sentía más firme en su posición, aunque la debilidad todavía era parte de su estado físico.

Lo escuchó, atenta, y bufó en cuanto él tomó su mano—. No has terminado de trabajar… —comentó aunque no le impidió limpiar y lamer la herida todavía a medias abierta en ella. Sí, eso era justamente lo que necesitaba para sentir el trabajo culminado. Que volviera a dejarla limpia. Aunque tener la lengua ajena, insistente, sobre ella, si le provocaba cosas. Él era el único en el mundo que tenía permiso de probar su sangre aunque jamás se lo decía, se emocionaría si lo supiera y mantener su ego a raya era el trabajo de su dueña.

Afiló la vista en cuando sintió el apretón excesivo sobre su muñeca y al sentir liberados sus senos de manera algo ruda una sonrisa casi le recorrió los labios. Claro que podía fingir que no sabía lo que quería el otro de pago, simplemente para molestarlo y obligarlo a pedir como era debido. Lo que la tomó por sorpresa fue que se tomara el atrevimiento de acariciarla directamente, y su vista descendió hacia el punto que el disfrutaba con el tacto. No se apartó ni emitió queja alguna, algo extraño en ella, pero fue porque los labios ajenos le hicieron rugir por un segundo en cuanto la atacaron con violencia. En el estado que se encontraba todavía podía sentir cosas, más de las normales, y la ansiedad subió por ella como si estuviese viva de nuevo. Y la sensación... Le agradó.

Pero a ella le gustaba dominar, y sus deseos de imponerse sobre el otro eran mayores que sus ansias por él. Así que apartó el rostro con un suspiro y se relamió el labio herido previamente probando una gota de su propia sangre. Definitivamente prefería la del contrario—. No has terminado de limpiar —reclamó y se acomodó el cabello para dejarle a la vista su cuello arañado y la parte superior de su torso—. Sólo lengua —ordenó con tono grave, y es que ese día se le hacía difícil moderar su voz. Quería más de él, y si lo obtenía pensaba darle también, una larga, larga lista.

Fue por eso que de golpe apegó su cadera contra la contraria. Ambos estaban vestidos hacia abajo aunque el vampiro tenía mucha ropa encima. Demasiada para el gusto de Rhankaves. Con la mano que tenía libre le rasgó la ropa, despejando la zona como mejor podía. Una suerte que su mano herida fuese la izquierda, pues la fuerza la tenía en la derecha. Una vez despejado el torso del mago, arrastró las uñas afiladas por la piel hasta dibujar todo un lienzo en él. No se preocupaba por provocarle heridas en esos momentos, gracias a la sangre recién consumida en breve sanarían. Sus ojos parecieron brillar ante la vista de las gotas carmín, y sin esperar a que se secaran, se embarró contra él, asegurándose de que las gotas mancharan también su vientre y senos a causa del roce.

Sólo entonces, mientras estaba apegada a él, lo miró fijamente—. Tu castigo por como me cargaste, vas a tener mucho, mucho que limpiar antes de tu pago —y claro, ella disfrutaría ese proceso, ese y el que vendría. Y así se quedó, no le dio tampoco espacio para trabajar. Simplemente se mantuvo apegada al cuerpo ajeno, como si ya estuviesen unidos hasta en la intimidad, igual que las almas condenadas que tenían.


Última edición por Elaine Rhankaves el Jue Jun 25, 2015 6:48 pm, editado 1 vez


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Re: Even death has a heart Ω Jihei [+18]

Mensaje por Jihei Minamoto el Lun Mayo 18, 2015 6:58 pm

Como era de esperarse, cayó en rabia en cuanto Elaine apartó el rostro, y ese suspiro que le escuchó, le dejó con duda. ¿Desprecio? ¿insuficiencia? De ella podía esperar cualquier cosa, pero la más inesperada de la madrugada fue que no sancionara a la mano que la disfrutaba sin parar. Interesante detalle. Mantuvo la vista sobre la sangre en los labios ajenos a pesar de esa primer evasiva, que se quejara todo lo que quisiera, que renegara y así el placer sería mayor cuando consiguiera servirse de ella sin restricciones.

Pero eran sus palabras las que siempre molestaban, esa bruja sabía hacerlo enfadar  y eso fue justo lo que sintió al escuchar la nueva orden. Sólo lengua.”” En voz alta no lo hizo, pero mentalmente la repudió por imponerle tal restricción. El mago se odiaba por apegarse a tales palabras, pero la obediencia hacia ella le brotaba aunque no lo quisiera. –Querrás más.– gruñó sosteniéndole la mirada con un enojo peor que el que le recorría de antes, y sin embargo, se dispuso a obedecer.

El rostro lo tenía ya por encima del hombro izquierdo de su ama, se deleitaba con la marca rojiza del rasguño que el humano había dejado en ella y justo al descender con la boca hacia esa herida, sintió claramente como Rhankaves se apegaba a él al nivel de la cadera. Acto que naturalmente le trazó una enferma sonrisa que la bruja no pudo verle, aunque tampoco permaneció en él por mucho tiempo.

Disfrutaba del dolor, le resultaba infinitamente placentero y, de alguna forma ella parecía saberlo. ¿O había sido por interés personal? No parecía tener mucho sentido el que la vampiresa quisiera algo de él además de eterno servicio. Recibir, recibir y recibir. ¿Cuándo ofrecía? ¿Cuándo complacía? Preguntas que se esfumaron en cuanto las afiladas uñas se detuvieron, después de rasgarle ampliamente y sin cuidado el torso. Un ardor le recorrió desde que clavó las uñas e incluso después de que se detuviera, y sangraba, deliciosamente sangraba. Y podía ser mejor todavía, lo fue cuando el cuerpo femenino se embarró con descaro en él. Seguido del anuncio de un supuesto castigo. –¿Rencorosa, Laine? No sabes lo que haces…– fue lo último que dijo con la mirada puesta en el enigma de sus orbes. Sí, la espera sería tormentosa, desesperante, insoportable, pero incluso en ello encontraría placer. Así como había pasado años y años viéndola beber a otros hombres, ignorantes que no estaban a la altura.

Con ansiedad recorriéndole enteramente el cuerpo, comenzó la labor que se le había asignado. Con sed perturbadora su lengua recorrió ampliamente la marca rojiza dejada por el rasguño del humano, apenas y tenía rastros del anhelado líquido rojizo pero bastaba para estremecer sus sentidos y hacerlo desear mucho más. Por un momento lo atacó el impulso de succionar, pero se contuvo por culpa de la especificación que se le había dado. Cumpliría con ello, al menos de momento. Insistió varias veces más en lamer intensamente el cuello femenino, colocando una mano sobre el mentón de la mujer, toque que rápidamente descendió y por segundos se convirtió en un agresivo agarre al cuello. Fue breve y a pesar de que aplicó innecesariamente fuerza, distaba de ser una amenaza. Solo un impulso fugaz, una pizca del control que también le gustaba.

A partir de ahí su lengua siguió bajando hubiese o no manchas de sangre, sujetando con la mano derecha el brazo izquierdo de ella. A ojos cerrados continuó hasta que el sabor de su propia sangre fue encontrado por su lengua. Jihei quería la sangre contraria, pero si limpiarle el rojo le permitía recorrerle cada parte del cuerpo, con gusto lo haría. Y el placer de humedecerla de esa forma era más que evidente.

Su otra mano también descendió y con ambas se deleitó en los senos de su creadora. Con la lengua humedeció el apretado espacio entre sus curvas aún si la sangre ahí era mínima, después, le tomó por debajo el derecho y apretó fuertemente, momento exacto en que también se apoderó de la punta y cuanto su boca pudo abarcar en ese punto. No encajar los colmillos significó al vampiro un detestable esfuerzo, pero  la posibilidad de recibir un pago satisfactorio alcanzaba para sacar a flote un poco de auto control.

El distraerse con otra parte de la anatomía ajena también ayudaba a soportar, por ello, de estar masajeando el otro seno, desvió el tacto hacia el costado de la bruja. Desde ahí arrastró por su cintura y su cadera, alterando la ruta para recrearse unos minutos en el trasero cubierto por un negro y estorboso pantalón. Apretó y al no poder presionarse contra ella por la posición en que se encontraba para limpiarle arriba, colocó una pierna entre las contrarias y entonces, volvió a apretarla. No estaba seguro de si Elaine sancionaría el que la recorriera también con las manos, pero no le importó demasiado. Abordándola desde atrás, restregó todo lo posible los dedos entre sus piernas. Desesperación surgió desde sus adentros, tener que esperar repentinamente lucía peor de lo imaginado, casi tan insoportable como pensar en arder bajo el sol y perder definitivamente a Rhankaves.


Última edición por Jihei Minamoto el Sáb Jun 27, 2015 4:29 pm, editado 2 veces


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Re: Even death has a heart Ω Jihei [+18]

Mensaje por Elaine Rhankaves el Jue Jun 04, 2015 5:47 pm

Mantuvo su boca en silencio a pesar de que pudo en algún momento expresar el deleite que le significaba tener a Jihei bajo su palabra y mando. Y bueno, claro, a la lengua del mismo recorriéndola sin pena ni culpa. Cuando la mano del vampiro se apoderó con fuerza de su cuello, ella no pudo evitar reír a causa de la fuerza que él intentaba imponer. ¿En serio creía que iba a matarla? Ella estaba segura de que eso no sucedería. No al menos ese día ni a esa hora—. Cada vez estás más caballeroso y tierno, Minamoto —bromeó sólo por picarle el ánimo y un suspiro brotó de ella a causa de que había abierto la boca para hablar.

Volvió a imponer el orden en su propia persona, cerrando los labios aunque se notaba que su garganta quería emitir cierta clase de sonidos. Sobre todo cuando la presión estuvo clara en su seno derecho. Una lástima que no pudiesen estar unidos también más abajo, porque ella ya quería tener algo ahí, y como si él reconociera sus enfermos gustos la apegó desde atrás, directamente contra una de sus piernas. Insuficiente claro, ella no quería las piernas del vampiro, aunque tal vez si le interesaba lo que tenía justo en medio.

Otro suspiro, inevitable, escapó de sus labios en cuanto tuvo los dedos del mago entre sus piernas, con ese apretado pantalón el roce era evidente y los ojos de ella brillaron con una ansiedad que debía haber olvidado hace años pero que se despertaba por entera culpa y causa de quien tenía en frente. ¿Tenía ella que quedarse quieta mientras la saboreaban? Por supuesto que no. Una de sus manos, sin más dilación, se acomodó en el torso ajeno, y bajó rasgando en su camino la piel contraria. Y siguió descendiendo, sólo cuando estuvo sobre el pantalón dejó de utilizar sus uñas y es que no le servía tenerlo tan humanamente herido aunque si se daba el caso seguro lo probaría. Su palma se acomodó entre las piernas contrarias para buscar lugar justo en medio, en el punto alto que le pertenecía desde que había decidido volverlo lo mismo que ella.

Y allí presionó, con rudeza claro, aunque luego fue más suave y sólo se podía notar su insistencia. ¿Dejaría ya que él la mordiera? Sí que lo haría, pero no solía despreciar sus propias órdenes. Y él no había terminado de limpiarla—. Si fueras un poco más rápido no me quejo, creí que te había enseñado de eficiencia —cada palabra que decía era un nuevo apretón a la anatomía ajena. Quería romperle la ropa, allí mismo, pero se distrajo con las formas ajenas y sus deseos de hacerle daño. Enterró su uña justo en la pierna que él tenía entre las de ella, rasgando el pantalón y también la piel bajo el mismo. Y contra su muslo se apretó. Ella también tenía deseos de probarlo directamente.

Se empujó contra él nuevamente. Como si estuviera en un lento baile contra otra parte de su anatomía. Decir que casi estaba montando la pierna ajena era una forma clara de verlo, y la risa que emanó de ella le dijo al mundo que Rhankaves ese día estaba de ánimo. A pesar de que tenía mucho menos fuerza de la normal. Se inclinó entonces sobre el hombro de su sirviente más leal y su boca se hizo espacio hasta llegar a la piel, sin importarle el desastre que estaba dejando en la chaqueta que él todavía vestía. Aspiró con fuerza en el hueco entre el cuello y el hombro y rozó con los colmillos y lengua allí donde la piel estaba casi tibia a causa de la previa alimentación.

Jihei... Si no lo haces tú, lo voy a hacer yo —dijo finalmente a modo de advertencia, una bastante brillante y deliciosa. Que no tuvo el descaro de romper su propia orden, si no de permitirle al otro luchar por su vida. Porque en cuanto los colmillos de ella se decidieran a clavarse en la piel del vampiro, ya dejaría de responder por sus actos.


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Re: Even death has a heart Ω Jihei [+18]

Mensaje por Jihei Minamoto el Sáb Jun 27, 2015 6:58 pm

A punto estuvo de derrochar nuevamente enojo a causa del  “cumplido” que su ama decidió soltar justo en medio del trabajo, pero fue un inesperado y alentador suspiro por parte de ella lo que borró cuanta molestia pudiese haberle generado el “Caballeroso y tierno”.  De poco servían sus intentos de revolver el orgullo del vampiro si ella misma componía –sin querer– el afectado humor de su sirviente. Otro suspiro rompió el silencio cuando él presiono los dedos entre las piernas de su ama y con eso bastó para que el fuego interno del mago decidiera que esa madrugada convertiría absolutamente todo en cenizas.

La segunda oleada de arañazos en el torso fueron los que por un instante lo distrajeron de su cometido, y ni qué decir del inesperado tacto que una de las manos de Elaine obsequió insistente justo entre las piernas del hombre. A partir de ahí, el japonés comenzó a perderse...

Sus dedos incapaces de permanecer quietos entre las piernas ajenas sentían la desesperación de su dueño, al igual que la ansiosa lengua que jugaba con la punta de uno de los senos de la bruja mientras su boca abrazaba parcialmente el resto. Escuchó entonces palabras que evidentemente formaban un reclamo, uno que no habría esperado recibir de Rhankaves. ¿Estaba ella deseosa también de más? Eso decían sus letales labios y también sus dedos que lo apretaban abajo con descaro.

¿Existía algo más satisfactorio que tener a la vampiresa de ese modo? Sí, las había, y no volvería a “casa” hasta no haberlas probado también con ella. –¿Hasta ahora te das cuenta que no me has enseñado suficiente?– pronunciar esa pregunta con voz teñida de sed, hambre y otras cuantas cosas más fue lo que dio como respuesta a la simpática queja de su dueña. Y no mentía, Laine le había dado tan poco en algunos sentidos a lo largo de los años que era imposible para Jihei no catalogarla como tacaña y, en el proceso, desearla como a nada más en su eternidad personal.

El pausar su actividad oral para contestar permitió que también un quejido escapara de su boca por culpa de la uña que ella clavó en su pierna. Por lo visto no podía menospreciar la impaciencia ajena, y tuvo oportunidad de saborearla de múltiples maneras. Empezando por la forma en que la vampiresa se empujaba y apretaba contra la pierna de él, la inminente amenaza de una segunda mordida al    cuello recientemente marcado por sus colmillos, luego roces y la humedad de la lengua femenina. Tal combinación amenazaba con desbordar los sentidos del vampiro. Absolutamente todo de ella lo embriagaba pero, de entre todo lo que más deleite le provocó, fue esa risa que traviesa atravesó sus oídos. Se negaría a admitirlo durante toda su existencia, de hecho ni siquiera se detendría a pensarlo, pero lo que su voz le hizo sentir en ese instante iba más allá de la adoración que por ella profesaba.

Vaya forma de pedir.– dijo con una hambrienta sonrisa, apegándose por completo al cuerpo de su Sire e inclinándose sobre el hombro izquierdo de la dama. Las milésimas que demoró en morderla fueron usadas en llenarse de su aroma. Exquisita, cada rincón de ella lo era y así, extasiado incluso antes de beberla, penetró la carne con los colmillos. No fue en absoluto delicado, su sed de Elaine era demasiada como para andarse con sutilezas, razón por la cual no tuvo inconveniente en succionar con potencia, como si no hubiese saboreado gota de sangre desde el día en que ella lo creó…

El placer de beber y saborear a su adorada reliquia superaba indudablemente cualquier deleite por él conocido hasta ese momento. Cada parte de sí sucumbió a una excitación abrumadora. Cuerpo y alma –putrefacta– reconocieron cuan sublime era la esencia carmín de Rhankaves y aunque en ese fragmento de tiempo no cruzó por su mente, después descubriría lo tormentoso que sería no beberla constantemente.

En algún momento, al principio de la succión se había sacado la chaqueta con distraídos movimientos, sujetando en todo momento uno de los hombros de ella, hasta que fue necesario soltarla para deshacer por completo de la prenda. La chaqueta se encontraba ya en el suelo al igual que la espada que antes llevaba al cinto. Sus brazos descubiertos rodearon fuertemente la cintura de Elaine –cuando fue capaz de lidiar con algo más que las sensaciones que experimentaba–, deslizando después de unos segundos ambas manos por el trasero de la bruja. Pero quería deshacerse del pantalón que le impedía recorrerla directamente y con ese propósito desplazó el tacto hacia los bordes de la prenda. Enganchó los dedos a los costados y haciendo uso de la fuerza natural que poseía rompió la tela sin remordimiento alguno. Y también la prenda que la mujer llevaba debajo.

Al llevar a cabo tal acción había apretado también la mordida e intensificado la succión al cuello ajeno, no intencionalmente claro, pero sí se mantuvo en ese nivel unos segundos más. ¿Cuánto podría beber de ella? Lo desconocía y esa incógnita lo forzó a desprenderse, lentamente. Aunque eso no significaba que más adelante no retomara la succión. –¿Débil?– cuestionó con interés. Conservó los ojos cerrados, víctima aún de la ardiente excitación.

No había cumplido con limpiarla plenamente pero eso podía hacerlo después, cuando hubiese mucho más que limpiar. Relamió sus colmillos y tras desgarrar cuanto alcanzó de la ropa de su jefa, le abrazó descaradamente a ese nivel ya sin impedimentos para palpar su textura natural. Él aún tenía que deshacerse de la ropa que ella le había arruinado pero sencillamente no quería privarse de su piel ni un segundo.


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Re: Even death has a heart Ω Jihei [+18]

Mensaje por Elaine Rhankaves el Mar Jul 07, 2015 11:36 pm

¿No le había enseñado lo suficiente? Le había dado una vida, eterna por cierto. Pero al parecer la codicia del vampiro era peor que la de ella misma. Las sensaciones que comenzaban a despertar en ella se acumulaban a paso lento pero seguro. Y así fue como cuando recibió por fin la mordida en su cuello, que su grito atravesó las paredes de ese fin de mundo a donde él la había llevado. El primer espasmo había sido el sentir los dientes afilados desgarrándola, pero la succión que venía luego le provocaba una morbosa ansiedad, un placer que le recorría el cuerpo mientras le arrebataban el líquido por el que vivía todos los días. ¿Había algo mejor que estar al borde de la muerte en una eternidad que ella no había pedido?

Solo a Jihei le permitiría saberlo, si es que algún día se atrevía a preguntarlo. Y él también sería el único que podría probar su sangre y otras cosas por permiso de ella, aunque fingiera que estaba fuera de su control. Lo abrazó por encima de los brazos una vez él tuvo su piel liberada a la brisa nocturna, y se dejó llevar entre gemidos por la sensaciones que la recorrían y embargaban.

Su cuerpo volvía a la vida en esos momentos, mientras le quitaban su fortaleza, ahora podía claramente admirar lo bien que se sentía tener el torso unido al de él, aplastarse contra la piel ajena, tan fría como la suya. No se quejó cuando las manos volvieron a tocar, más abajo, por sobre la ropa que en esos momentos hacía de mal tercio. Casi juraría que sentía aún más la esencia de él, podía percibir por su nariz con mayor potencia y le gustaba como si inhalara droga.

Un fuerte gemido cantó la victoria del mago cuando le arrebató los vestigios de ropa y aumentó con lo mismo la intensidad del ataque en el cuello de ella. Cierta necesidad meramente carnal fue naciendo en la dama que era succionada como si fuera a formar parte del torrente sanguíneo de su sirviente en cualquier momento, y el sufrimiento la llenaba de una manera enferma. Pero no podía seguir así por siempre o realmente desaparecería. Y todo el esfuerzo que le había tomado a Minamoto el traerle un humano habría sido en vano.

La pregunta de su victimario le hizo suspirar contra el oído ajeno. Y allí mismo mordió, haciendo un bonito rasgado en el lóbulo de él—. Mejor que nunca... —bromeó y sus manos se arrastraron por la espalda ajena, desgarrándola a su paso. Pronto el aroma de la sangre del vampiro le llenó las fosas nasales. Deseaba tantas cosas de su eterno acompañante que estaba segura de que si las tomaba todas un día, entonces se llevaría también la vida del oriental. Y semejante desperdicio no pensaba cometerlo todavía.

Removió la cadera de la pierna ajena, liberándola a pesar de que disfrutaba de tenerlo apretado de ese modo. Se llevó las manos que antes lo habían herido al rostro y observó con atención sus propios dedos manchados, y justo en frente de la mirada de su eterno acompañante, los fue lamiendo, uno por uno, disfrutando del sabor que había tomado por derecho. A su parecer, él y su eternidad le pertenecían y marcar su territorio era uno de los tantos placeres de la vida.

Una vez que tuvo las manos limpias, se acercó al rostro que tenía justo en frente y con su colmillo le desgarró el labio inferior, comenzando a absorber un poco de lo mucho que le gustaría tener de él, y es que controlarse ante su sabor favorito era casi imposible. Solía jactarse de su dominio propio pero en un momento de excesiva agitación bien podía cometer uno o dos errores que los llevaran a una perdición todavía mayor que en la que vivían.  

Tu falta de eficiencia me duele —informó con sorna, todavía contra sus labios, y sus manos buscaron el borde de las prendas que a él le quedaban para retirarlas, esta vez manteniéndolo a él en su campo de visión y directa atención—. Voy a descontarlo de la paga del mes —decir cuánto disfrutaba de hacerlo enfadar sería sacrílego. Solo cuando lo tuvo ya sin nada estorbándolo entre las piernas, apegó su cadera, embarrándose contra el centro de su anatomía en medio de un profundo suspiro. Pidiendo y exigiendo que la tomara mientras ella todavía sentía. Y es que si recuperaba del todo sus fuerzas, entonces las sensaciones que percibiría no tendrían comparación, se harían aburridas.

Sus brazos se cruzaron por la espalda baja de quien tenía apegado a ella, y sus manos se ubicaron sobre sus glúteos para sentirlo con detalle, buscando frotarse con una respiración agobiada por sus acalorados deseos, con toda la piel que tuviera a disposición. Una suerte que tuviera casi la misma altura porque ninguno tenía que romperse el cuello para alcanzar el aliento del otro, y ella no tardó en volver a saborear los labios y la sangre directamente de la boca de Jihei. Lo beso con intensidad y violencia, mordidas crueles incluidas, recordándole quien mandaba en esa relación y también pidiendo el adelanto de su cuota. A ella le encantaba destrozarlo, como otras veces había hecho, mientras estaban en labores más profundas. Era como alimentarse de manera doble. De algún modo la sangre tomaba mejor sabor, parecía hervir en las venas congeladas por la muerte. Y estar los dos al borde de la misma era un lujo que no podía ni deseaba evitar.


Última edición por Elaine Rhankaves el Dom Ago 30, 2015 6:30 am, editado 1 vez


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Re: Even death has a heart Ω Jihei [+18]

Mensaje por Jihei Minamoto el Sáb Ago 22, 2015 6:47 pm

Tener el aliento de su Sire sobre el oído con esa ansiosa tonalidad era algo que no olvidaría, y tampoco sus palabras. ¿Existía algo de ella que pudiese el vampiro exiliar de su memoria? Estaba seguro que no, porque incluso las mordidas se grababan en su cuerpo sin importar qué punto fuera víctima de los colmillos femeninos. Un leve quejido soltó justamente por la fugaz mordida aplicada sobre su lóbulo pero ser evidente en ese aspecto nunca había sido de su agrado, por eso cuando las afiladas uñas se ensañaron crudamente con su espalda ni un sonido escapó de él. Estaba ya preparado para contener cualquier quejido, aunque su cuerpo sí que dejó en evidencia que sintió el desgarre. Los músculos de su espalda se tensaron y la irguió según fue descendiendo por su piel.

Lo que no esperó fue que después de eso Rhankaves tuviera el atrevimiento de lamerse la sangre que en sus dedos quedó impregnada, acto que despertó en él silenciosa ira pero también ardiente ansiedad. Deseaba su lengua, y verla complacerse con su sangre le encendió más desesperación, una que no fue visible mas que a través de los atentos ojos que la observaron como si fuese aquel el privilegio de presenciar el colapso final del mundo. Elaine era oscuramente sublime y el deleite de tenerla para él, casi insoportable.

No opuso resistencia a la nueva mordida y succión sobre su labio inferior, pues en el fondo y por mucho que insistiera en negarlo, se sabía propiedad de la vampiresa. Más de una vez a lo largo de su eterna vida se había dicho que en algún punto la abandonaría o que él mismo la eliminaría, pero hacerlo sería acabar también consigo mismo. Sin ella seguir en pie no servía.

Acepta que lo que buscas es deshacerte de mi próximo salario.– dijo sin ocultar ni un poco lo entretenido que le parecía verla “trabajar” y liberarlo de la ropa que en esos instantes resultaba tan estorbosa. Desde luego ese atisbo de burla desapareció tan pronto como pudo sentir directamente el cuerpo de su ama apretándose contra el propio. Al instante buscó los orbes contrarios y si esa observación se hizo intermitente fue porque se dedicó a corresponder con la misma fuerza a los labios que lo premiaban. La espera había sido larga, pero justamente eso le hacía disfrutar como nunca del dolor que le proporcionaban las mordidas intercaladas entre furiosos besos.

Hambriento como estaba y sin para de devorarle la boca buscó las muñecas de la vampiresa, las sujetó con fuerza y apartó de su carne. Aunque disfrutaba del descarado tacto que le habían estado proporcionando, le impedían tomar a su dueña como quería. Solo después de marcar esa pausa y escasa distancia pudo inclinarse para cargarla en brazos y recostarla sobre el único féretro situado al centro del mausoleo. La piedra estaba fría independientemente del clima o la hora, y con ellos encima eso no cambiaría. No cuando ambos se encontraban en un punto intermedio entre los vivos y muertos. Sin calor literal en el cuerpo, pero complaciéndose mucho más que los vivos. Benditos sentidos aumentados por su condición de vampiros.

Con cuidado la había colocado sobre la superficie pero con incluso más violencia que antes atacó la boca ajena, después de haber subido también a la piedra bajo la cual se encontraban quizá solo miserables huesos. Al principio mantuvo apoyo sobre las rodillas y las manos, y con una de ellas presionó bruscamente uno de los senos de su alimento de esa madrugada. Le disfrutó sin restricciones y rasgando la curvatura de su piel bajó por su vientre marcando en exceso el tacto con los dedos, mismos que finalmente llegaron a su destino, hundiéndose dos de ellos con brusquedad en las profundidades de Rhankaves. El vampiro desde un inicio acomodó sus propias piernas entre las de ella, asegurando que el paso no le sería impedido sin tomar medidas drásticas.

Con una fuerte mordida abandonó los labios de Elaine ya manchados por sangre, en ellos se mezclaba ya líquido de ambos, y sin embargo esa potente combinación podía hacerse aún más enferma y evidente. El concepto hizo brotar en Jihei una sucia sonrisa y tras dedicar una potente mirada a la temible mujer que tenía debajo, arrastró los labios de nueva cuenta hacia el cuello de su eterna protegida y protectora. –Tu también me perteneces.– susurró con voz oscura, lamiendo luego la herida por la que minutos atrás le había succionado extasiado. Con tales palabras aceptaba ser una de las tantas pertenencias de esa mujer, pero esa relación era recíproca y deseaba que ella lo tuviese presente.

Los dedos que hasta entonces se dedicaban a disfrutar de los adentros de la bruja salieron de un momento a otro y antes de que algo más fuera dicho, el cuerpo del mago tomó posición y con ambas manos le hizo abrir todavía más las piernas, penetrando agresivamente en la intimidad de su propietaria. Casi al unísono encajó sin piedad los colmillos en la misma zona que antes mordió de ella, su cuerpo entero se amoldó, restregándose sin parar sobre la preciosa piel de su joya, disfrutando con creces de las curvas sobre las que cernía casi todo su peso.

Robó con malicia la sangre que hace más de un siglo lo había creado, abriéndole más la piel a causa del salvaje ir y venir con que se apoderó del cuerpo contrario. Parecía querer destrozarla desde adentro, desde la carne más exquisita y anhelada, prohibida.


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Re: Even death has a heart Ω Jihei [+18]

Mensaje por Elaine Rhankaves el Lun Sep 07, 2015 7:03 am

Jamás aceptaría que prefería no pagarle en dinero contante y sonante. Eso sería confesar que disfrutaba más que se cobrara de otros modos con ella, justamente como ahora mientras le permitía tenerla de ese modo, desnuda y apegada a él, a quien ya había liberado de la ropa inútil que se cargaba. Sus labios se encargaron de devorar y ser devorados, y aunque sus manos fueron apartadas del premio que era tocar la piel ajena a su gusto, no se pudo quejar de que él la moviera de posición. Seguro con la última hora de pérdida de sangre y transfusiones en variados sentidos no hubiera podido moverse ella misma hasta donde él la ubicó.

No se quejó cuando sus piernas quedaron abiertas al interés ajeno, y es que le gustaba la eficiencia en el amplio aspecto de la palabra. Eso sumado a la perfección. No tenía queja de momento contra la piedra pues partes de su cuerpo seguían indolentes ante los cambios externos de escenario. Pero todo eso perdió importancia en cuanto su boca volvió a estar ocupada, y ya parecía que la violencia era parte clave del asunto. Bueno, siempre lo había sido, desde el inicio de los tiempos, cuando él la había convertido, hasta la primera vez que ella había accedido a que él la tomara en modos íntimos como estaba por suceder.

Un gemido que ella no quiso contener corrió por su garganta mientras él se dedicaba a tomar con brusquedad una de sus curvas y cuando él la cortó con su dedo ella jadeó alterada por las sensaciones que comenzaban a tener efecto positivo en ella. Sí, pronto sentiría casi como si fuera una humana más. Minamoto tenía que alcanzar el punto exacto de debilidad que ella necesitaba, tomando de su sangre, para que el percibirlo contra ella fuera toda una experiencia que la elevara en infinitos sentidos.

Sonar descarada no le afectaba, en realidad disfrutaba de escucharse a sí misma en esos estados. A diferencia del oriental ella no planeaba callarse cuan bien estaba pasando ese momento, por eso cuando él introdujo dos dedos dentro de ella su voz se elevó más que antes. Podía sentir claramente la sangre brotando de sus labios heridos y aparte de relamerse nada hizo por detener el asunto. Lo miraba fijamente y cuando lo observó sonreír ella tuvo el gesto de vuelta. Eso hasta que lo escuchó hablar y entonces su risa fue el cántico que recibió la lengua del vampiro en su cuello.

¿Así que ella le pertenecía? Jihei no tenía idea de cuan ciertas eran sus palabras, y ella no pensaba sacarlo de su error—. Eres un arrogante, irrespetuoso, engreído, irreverente, desvergonzado y at… Ah… —no alcanzó a terminar su larga lista de sinónimos cuando él al fin hizo un poco galante ingreso en su anatomía. Su grito se elevó en los aires cuando a eso se le sumaron los colmillos de él en su cuello, y su cuerpo se desesperó bajo el contrario. Podía sentir los estremecimientos de su carne inmortal volviendo a la vida mientras la tomaba de dicha manera y sus gemidos se mantuvieron cada vez más constantes.

Me vas a dejar en pedazos —le advirtió al notar como su piel era dañada más de la cuenta, a ella no le gustaba malgastar pero en esos momentos no pensaba precisamente en eso, cerró los ojos mientras se arqueaba contra él, quería sentirlo en cada milímetro de su piel, por lo mismo sus piernas buscaron liberación de las manos ajenas y se cruzaron alrededor de las caderas del mago, anclándose a él para que tuviera una mejor posición y abertura para entrar. Ella rio durante unos segundos ante el pensamiento y sus dedos se pasaron a tocar las heridas que ya habían marcado en la espalda ajena.

No era suficiente claro, faltaba todavía que él se esforzara más. Elaine estaba acostumbrada a exigirle milagros casi, y él no la decepcionaba, una de las causas por las que seguían tan unidos a través de los años—. Es… ¿Es todo lo que tienes? —preguntó luego de unos minutos de disfrute sintiéndolo ir y venir dentro, ya casi llegaba al punto donde su sensibilidad se despertaría del todo, y quería alcanzar eso—. Fuerte… ¡Más fuerte!! —su orden salió más alta de lo esperado pues su gemido se había elevado en el momento en que lo había sentido justo como más le gustaba, si, podía sentir el dolor tan vivo en su cuerpo que no podía evitar disfrutarlo.

Muchos la tildaban de sádica, pero Jihei tenía el placer de conocerla en sus etapas de masoquismo. Ahora era uno de esos momentos, quería sentirse viva de nuevo, ¿Qué había más real en la vida que el dolor? Hasta su piel parecía haber reaccionado ante las sensaciones y ella con sus manos se encargó de buscar una de las manos contrarias, se amoldó a la misma cuando la encontró—. Tócame —pidió u ordenó, cualquiera de las dos opciones dejaba claro que estaba exigiendo más de la criatura que tenía en esos momentos sobre y dentro de ella. Casi juraba que podía sentir nuevamente lo que era tener su cuerpo ardiendo sin que fuera causa oficial de muerte. La humedad era evidente.


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