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Un Deux || Privado

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Un Deux || Privado

Mensaje por Sihtric Cáech el Lun Ene 12, 2015 10:15 am

Domingo 11 de Enero 2024
17:20 Hrs.


Gringotts era un sitio que jamás había sido de su agrado, detestaba la infinidad de duendes que ahí siempre se encontraban pues a su parecer, eran otra de esas razas que deberían pasar al olvido. Lástima que el Ministerio a pesar de los años siguiera confiando tanto en ellos y otorgándoles poder, porque controlar el banco siempre sería un trozo de autoridad. Pero mientras los dirigentes no fuesen desechados y remplazados por mentes de calidad, tendría que seguir viendo las desgraciadas caras de los duendes. Tal cual esa ocasión.

Con su habitual elegancia despreocupada cruzó las puertas del asimétrico edificio y avanzó sin escala hasta el largo e impecable pasillo de infinitos despachos donde las criaturas atendían a magos y brujas por horas y horas. ¿Alguna vez descansaban? Ni siquiera estaba seguro de que cerraran por las noches, sospechaba que al tener personal en grandes cantidades no tenían la necesidad de cesar actividades para descansar. Como fuera, él no tenía tiempo para desperdiciar en ese lugar, si pisaba el mismo suelo que los duendes era porque tenía algo importante que hacer ahí y como en días laborales no podía permitirse salidas en apariencia irrelevantes, se vio en la necesidad de hacerlo en uno de sus días libres.

Había dejado una nota para Annwyn avisándole de su salida y cuando volviera, aprovecharía de explicarle unos cuantos detalles de su pasado. Al inicio del curso ella se había mostrado interesada en saber más sobre la relación con el viejo mentor del profesor y ahora que los engranes en torno al “rescate” de Severide habían empezado a moverse, parecía ser el momento correcto para hablarle a Nwyn sobre ese hombre en específico. ¿Qué diría cuando se enterara de que ya había conocido al susodicho? Y muy de cerca… Sihtric no olvidaba el daño que Northrop había hecho a su chica e indudablemente se lo haría pagar. Pero para eso, primer o necesitaba sacarlo de San Mungo.

Por esa razón estaba ese día ahí, esperando a que un malhumorado duende se desocupara y pudiese atenderlo, pues a pesar de no ser día normalmente concurrido, ninguno parecía estar libre. –No tengo su tiempo…– se quejó por lo bajo mal mirando a uno de los duendes que justamente guiaba a alguien mas hacia la zona de cámaras. Su asunto sería rápido, aunque a cierta profundidad y para abrir necesitaría obligadamente la intervención de una de esas cosas. Ese era el único inconveniente de tener una segunda cámara para la familia y eso que se conformaba solo por dos personas, pero había cosas que no debían mezclarse con las que habitualmente alguien normal poseería, como la varita de un fallecido preso de Azkaban. Sencillo objeto que en teoría nunca debió llegar a manos de los Cáech.


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Re: Un Deux || Privado

Mensaje por Owena Fakhoury el Vie Ene 23, 2015 5:38 pm

Había pocas cosas en esta vida que Owena gustaba de guardar. En general prefería deshacerse sin pena ni culpa de todo, no fuera a ser que se acostumbrara a tener algo. Pero, para su lamento, había ciertas reliquias familiares que debía mantener. Así como pertenencias de su antiguo marido, que en paz descansara. Y por el interés que tenían para ella todas esas piezas, se las había traído a Inglaterra una vez que se mudara.

No encontrando un lugar más seguro que el banco para mantener lo suyo a buen recaudo. Al inicio había prestado sus servicios de rompe-maldiciones en un banco similar, así que conocía relativamente el trabajo. Lástima que los duendes fueran criaturas tan aburridas. No tenían sentido del humor, siempre gruñendo y odiando a los magos aunque lo negaran. Era la única razón por la que le agradaban, tan falsos, y a la vez, evidentes.

Hubiera preferido visitar el banco temprano en la mañana, pero lamentablemente otras ocupaciones y una interesante reunión con Ljungstrand la habían detenido. Así era como a pesar de que fueran las cinco de la tarde, se le podía ver con una sonrisa de lado a lado de su rostro. Apenas entró en el banco se puso a mirar ociosamente las figuras de los otros magos allí dentro, y cuál fue su sorpresa al ver caminando a uno de los conocidos. Oh, pero que buen día. Por fin algo más que hacer que mirar a los amargos duendes.

Una tristeza que cuando estaba por saludar el otro soltó una frase que sonó como un gruñido. Claro que recordaba esa personalidad tan agria. Una risa suave escapó por sus labios y le dio un leve toque en el brazo para que le pusiera atención. –No tendrás su tiempo pero parece que compartes el estado anímico. Arregla ese ceño fruncido, por Morgana. – comentó a modo de consejo, como buena mujer mayor. Se dedicó entonces a observarlo con más detenimiento y luego de unos segundos asintió. –Juraría que creciste Sihti, espero que el tiempo no te haya borrado la memoria. – le extendió la mano con su sonrisa de eterna luz y victoria.

Porque ella no olvidaba las deudas, y ese hombre tenía una gigante con ella. Al menos era bien parecido, de hecho si el otro no hubiera sido tan serio durante las clases personalizadas que le impartió, seguramente habrían podido compartir gratos y húmedos recuerdos. La sonrisa sólo le tambaleó en el rostro cuando por alguna razón, el rostro serio de Kjell apareció en su cabeza. Claro… Él no aprobaría esa clase de comportamiento o pensamientos. Se notaba que pasaba más tiempo con él que con ninguno, sino no interferiría en sus ideas.

Al parecer no hay nadie dispuesto a atender en este lugar. – añadió luego para evitar el rumbo de su mente. Y sus tacones marcaron un ritmo de impaciencia sobre la loza del lugar. No tenía planes de quedarse allí lo que restaba de tarde, eso seguro.




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Re: Un Deux || Privado

Mensaje por Sihtric Cáech el Miér Ene 28, 2015 2:27 am

El sonido de una risa muy cerca de él captó su atención, haciéndole desviar la malhumorada mirada en esa dirección al mismo tiempo que una conocida mano pedía más interés del que él tenía pensado dar a quien fuera que reía en las cercanías. Y para su sorpresa, no se trataba de alguien a quien pudiera mal mirar por mucho tiempo. Bueno, no en sentido negativo, porque años atrás sí que había observado a esa mujer. Más de lo que admitiría en voz alta.

¿Owena?– preguntó sin sentido alguno pues claramente no se equivocaba. Apagó entonces su sorpresa pensando en no darle armas a una bruja tan hábil como ella para usar las palabras en contra de otros. –No me compares con ellos.– pidió con un atisbo de molestia cuando se giraba por completo hacia su mentora, cambiando en segundos el humor de antes. No todos los días encontrabas a tus maestros de dudosas artes mágicas haciendo las compras ¿o sí? Bueno, escuchando cuentos tal vez sí…

Ni el tiempo ni nadie. Tu deberías dejar que te borraran un poco, con suerte olvidas esa manera mimada de llamarme.– nunca le gustó, solía hacerle sentir que lo veía muy por debajo de ella. Pero dejando eso de lado, consiguió sonreír con satisfacción –¿Y desde cuándo tú juras algo? Obvio que he crecido, más de lo que puedes ver. Tu has sabido mantenerte muy bien en el mismo punto por lo que veo.– estrechó su mano con verdadero gusto. Casi parecía que los años la habían saltado, como si temieran salir perdiendo algo importante si tocaban a la dama y vaya que no los culparía. Fakhoury era una de esas mujeres que no querría tener como enemigo, demasiado problemática, perspicaz y también traicionera. Sus puñaladas conseguían disfrazarse de provocativas caricias, pero al final, igual te sangraban, y con creces.

Notó entonces un breve cambio en el semblante de la pelinegra, mas no fue capaz de interpretarlo, quizá el disgusto de tener que esperar. –Tendremos que esperar…– desvió la mirada por un instante hacia los banqueros, pero no duró mucho sobre ellos. Prefería actualizarse en la vida de Owena y claro, averiguar qué la llevaba a Gringotts. Sin embargo, todo a su tiempo. –Por fortuna ahora tengo en qué ocuparme: interrogarte. ¿Dónde te habías metido? ¿Acaso un ingenuo te propuso matrimonio?– con ella podía permitirse burlas no muy simpáticas pues le tenía la suficiente confianza para hacerlo sin importar la cantidad de años que los separaban,  incluso en los años que estuvo bajo su tutela a punto estuvo de aprender otra clase de artes además de la legeremancia. ¿Se arrepentía de no haber cedido ante la bruja? Definitivamente no, y no porque en su momento no fuese infinitamente tentador, pero de haberlo hecho muy probablemente las lecciones que necesitaba para perfeccionar sus propias habilidades se habrían visto melladas.


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Re: Un Deux || Privado

Mensaje por Owena Fakhoury el Lun Feb 16, 2015 3:45 pm

Siempre había apreciado los buenos cumplidos, otra de las razones por las que el joven que tenía a un lado le agradó desde los inicios. No es que los requiriera para sentirse mejor consigo misma, no, simplemente disfrutaba, de vez en cuando, de escuchar una frase que animara su día. ¿Qué los años no le pasaban encima? Bienvenida la eterna juventud. –Cualquiera puede jurar Sihti, el punto es no confiar en ninguno de los que lo hacen. – añadió, picándolo de nuevo y sin asomo de intentar hacerle caso acerca de no llamarlo por ese apodo.

Su mente la estaba disgustando, así que fue un alivio que el hombre cambiara de tema, aunque todo otro punto desagradable. –¿Ahora interrogas sin varita? Que conmovedor. – comentó con sorna y lo miró unos segundos, evaluando su figura antes de responder con mediana sinceridad. –Trabajo en el departamento de seguridad mágica. Y como sé que te interesa saber si sigo soltera y disponible; el último hombre que intentó proponerme algo murió, creo que de la pena. – le dijo y lo peor era que no tenía ni un atisbo de broma. Era una suerte que Kjell no le hubiese dicho nada extraño todavía. Lo peor era que si lo pensaba, sus pensamientos gustaban de traicionarla y hacerle meditar que no sería tan mala idea seguir como hasta ahora, sólo que en una monogamia bien firmada. Negar que Ljungstrand era el único que había tenido los últimos años sería herejía. ¿Y se arrepentía? No todavía, ¡Más preocupante todavía! Seguro por eso se sentía tan extraña últimamente.

Imagino que tu sigues vagando entre un mar de faldas, estás justo en la edad de la libertad. – le palmeó levemente el hombro. –Aunque seguro tu madre está esperando que te cases, pero ya te digo, si no escoges bien es una bonita manera de arruinar tu vida. – ella odiaba ese tipo de compromisos, al menos el que le habían practicamente obligado a llevar. Pero tal como no le importaban muchas cosas en esta vida, tampoco culpaba a los que lo intentaban y si lograban vivir de ese modo sin morirse por dentro.

Luego de unos minutos, por fin, un duende les dio de su atención. –Por fin, Owena Fakhoury, voy a esta cámara, por favor. – señaló sacando la llave que traía entre sus ropas, más específicamente en su escote. No había lugar más seguro que ese después de todo. Se giró a mirar a Cáech preguntándose si se sumaría a la visita a las profundidades. –¿Vienes? Juro no maldecir tu fortuna. – remarcó la palabra con expresión completa y totalmente inocente.




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Re: Un Deux || Privado

Mensaje por Sihtric Cáech el Jue Feb 26, 2015 1:21 am

Casi había olvidado lo punzante que podía ser sostener una conversación con Owena, su afilada lengua tampoco había cambiado, seguía siendo tan  afilada como la recordaba. Guardó en su baúl interno las ganas de gruñirle por el “Sihti” que insistía en quedarse, tomó aire y continuó con sarcástica sonrisa, cruzándose de brazos. –¿Ahora regalas respuestas antes de que uno pregunte? ¿O acaso te preocupa que te interrogue con varita, Owewe?– oh si, él también tenía su manera sosa de llamarla. La había adquirido años atrás como parte de sus esfuerzos por pensar en ella de otra forma cuyo contexto no fuese sexoso, con ese apodo se sentía más como el hermano menor de una chica demasiado inquieta y no como el aprendiz de una exuberante bruja de pícara sonrisa. ¿Había funcionado? Él siempre aseguraba que sí.

Compadezco a ese hombre…– dijo en voz baja a la vez que  negaba levemente con la cabeza, cualquiera que cayera ante esa mujer estaba destinado a sufrir adicciones que tarde o temprano lo matarían. Claro, no literalmente. –Me temo que te equivocas. Hace meses que dejé de ser un rōnin.– increíble pero cierto. Ni él mismo había imaginado que algún día sentaría cabeza, habría jurado que sería eternamente soltero y sin hogar. Y sin embargo, ahí estaba, esperando con ansias el momento de encontrarse al lado de Annwyn y deleitarse con su maravillosa persona. Ella se había convertido en su hogar.

Un duende por fin les cedió turno y para disgusto de Sihtric, la tosca criatura había decidido atender primero a Fakhoury. ¡Pero si él había llegado primero! Solo eso le faltaba, que hasta los banqueros de Gringotts dieran preferencias a las curvas… Con expresión de pez muerto se fijó en cómo su maestra extraía de un apretado rincón su llave, escena ante la cual el mago enarcó una ceja y después negó con incredulidad. ¿No podía ser más discreta ahora que se encaminaba a los cincuenta? –Voy. Y si le haces algo a mi fortuna te arrojaré al vacío.– afirmó parcialmente en broma. Darle un empujón y hacerla caer del vehículo característico del lugar no sonaba tan mal, pero sabía de sobra que se requería mucho más que eso para hacer tambalear al menos un tobillo de la pelinegra.

Su guía los llevó por el camino habitual hasta el carro en que harían el recorrido. Cáech con gusto ofreció su mano a la dama para que abordara y en conjunto  descendieron. El ambiente naturalmente oscuro de las profundidades de Gringotts gustaba al hombre, lo encontraba particularmente acogedor. Lástima que permanentemente tenía que llevarse un duende encima que arruinara el escenario. –No tengo necesidad de seguir vagando "entre faldas".– comentó retomando la conversación anterior. –Tengo brazos a los cuales volver cada día.– labios para adorar y profundidades a llenar… No había otra persona por quien hubiese experimentado algo similar, esa ardiente necesidad de verla sonreír para él y a nadie más. Aún no le hablaba de matrimonio a Annwyn, aunque ya había empezado a buscar nueva residencia. –A Egwina le gustará. No se la he presentado aún, no quiero que la asuste pidiéndole nietos instantáneos.– agregó con naturalidad y una amplia sonrisa en el rostro, gusto que también sería evidente en sus ojos si ahí abajo hubiese más que antorchas iluminando los rieles.

Si no te das prisa te ganaré a tener descendencia, el tiempo se te agota. ¿Cuántos años tienes ya?¿Cincuenta?– preguntó fingiendo no haber sacado ya la cuenta mentalmente. Dejó de observar a su maestra un instante para observar la ruta que llevaban, sumando un tema secundario a la charla. –¿Qué tan profundo vamos?–  ¿y qué iría ella a buscar en su cámara?


Última edición por Sihtric Cáech el Sáb Jul 04, 2015 12:10 am, editado 1 vez
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Re: Un Deux || Privado

Mensaje por Owena Fakhoury el Vie Mar 27, 2015 9:41 pm

¿Cuánto tiempo había pasado sin saber de Cáech? Al parecer demasiado porque ahora resultaba que aparte de seguir igual de hilarante, tenía un compromiso serio. Vaya, necesitaba averiguar más de eso. Pero se guardaría sus preguntas y dudas para el viaje pues un duende con cara de nulos amigos se dignó a movilizarlos hacia los carros que los llevarían a los diferentes niveles que tenía el banco—. Ten cuidado Sihti, ya te dije una vez, si me arrojas caerías conmigo —ni se preocupó de que sonara a una frase de múltiples sentidos. Con expresión de victoria inexorable se subió al carro luego de tomar la mano del mago, esa que caballerosamente le había ofrecido.

Antes de que preguntase si quiera el chico ya le estaba comentando de sus confidencias. Lo miró unos segundos evaluando su físico, y en efecto, se notaba como un hombre que había tenido sexo hace poco. Demasiado feliz, tal vez… ¿Esa misma mañana? Un disfrute digno y del que ella estaría orgullosa, claro. Ella misma, había tenido una mañana bastante memorable junto a Ljungstrand y había estado tentada a quitar los hechizos que protegían el despacho del anciano de los oídos externos, para que sus aburridas compañeras de trabajo se divirtieran auditivamente, pero no había tenido tiempo para ello—. Al parecer lo hace bastante bien o al menos seguido, se nota como resplandeces a pesar de que eres chico de sombras —lo picó por sólo burlarse de él y cuando escuchó el comentario sobre la madre se sorprendió de que fuera tan en serio. ¿Era Sihtric Cáech o se lo habían cambiado?

Creo que estás hablando de palabras mayores, no te reconozco, pero me tendré que alegrar por ti. Espero que no le rompas el corazón como me lo rompiste a mí —su mano se aventuró a jalarle la mejilla como si fuera un crío. Ni se quejó cuando le resaltaron su edad, de lo que más estaba orgullosa era de que no había tenido hijos a los cuales deberles cuidados y tiempo, eso era un alivio en el amplio aspecto de la palabra.

Unos diez niveles, creo —respondió a su pregunta y luego acomodó su espalda en el carro mientras miraba las inmediaciones por las que se estaban ingresando. Tendrían que pasar por dos lugares llenos de hechizos de protección pero no temía por ello, la maldad interna no la podían detectar tan fácil—. Si te aburres de tu mujer un día avísame, te puedo ayudar con ella o simplemente ayudarte a ti. No me molesta probar cosas nuevas —¿Hasta un trío? Si, alguna vez lo había pensado otro detalle que a Kjell no se lo propusiese porque no pensaba compartirlo.

Sabía aparte que el jovencito a su lado era un celópata y jamás aceptaría la idea múltiple, aunque tal vez la separada. Ni de eso se preocupaba. Ya le hacía falta dejar la monogamia autoimpuesta. Aunque luego volviera a los brazos de Kjell sin haber hecho nada realmente porque simplemente ya no la encendía cualquier cosa. Difícil vida.

El duende anunció la llegada a la cámara luego de unos minutos, número 238 y allí Owena descendió para ver su cámara. Tal como la recordaba. Vacía. Sonrió y alzó su varita. Una serie de hechizos hizo que pronto cayera una especie de vidrio que parecía haber estado invisible todo el tiempo y pronto apareció una estancia llena de monedas y uno que otro artilugio de su interés.

Tuvo que recitar otro par de hechizos para eliminar la parte que hacía que todo el que entrara, incluso a ella, se le cayera la piel a pedazos y finalmente ingresó ya tranquila. Allí tomó una pequeña caja y una bolsa de monedas antes de salir—. Listo por mi parte, ¿Dónde queda tú bóveda? —preguntó al mago mientras aplicaba de nueva cuenta los hechizos antes de que el duende se acercara a cerrar como era debido la cámara. Miró la caja con una agraciada sonrisa, era un regalo que pensaba entregar. Por muy perturbadora que fuera la idea de parte de ella y es que sus regalos solían ser problemáticos—. ¿Crees que le guste? —preguntó a Cáech como si estuviese comprando un chocolate y sin explicarle ni una palabra. Le gustaba dejarlo con dudas y aumentar su capacidad curiosa. Aunque su respuesta dependería de la calidad de la pregunta.




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Re: Un Deux || Privado

Mensaje por Sihtric Cáech el Miér Mayo 06, 2015 6:08 pm

Obviamente no iba a dar detalles sobre lo bien que Nwyn se desenvolvía al amar. Todos y cada uno de los detalles se los reservaba para su cíclico disfrute personal, cada sensación, cada roce, le pertenecían. Lo suyo no era vil sexo, no, eso era para miserables, lo que existía entre Lancaster y Cáech era mucho más profundo, sólido e inigualable. Podían matarse al amar y resurgir con renovadas intenciones, reinventarse por la eternidad porque se tenían el uno al otro, en tantas formas y sabores que el mundo jamás comprendería. Pero no iba alimentar mas la mente retorcida de su antigua mentora, la conocía y no le daría material para divagar más de lo que seguramente ya hacía. Que interpretara su sonrisa de infinita satisfacción y se conformara con eso.

No pronunció queja por el infantil trato que Owena aplicó a su mejilla, no era la primera vez que lo trataba como tal y seguramente tampoco sería la última. Sencillamente esperó a que dejara de hacerlo, quizá por respeto a la mujer o por la confianza casi familiar que le tenía. Era como una hermana mayor sumamente desastrosa y peligrosa. –Por supuesto que no.– la simple mención de romper a Annwyn equivalía a herejía. –Yo a ti no te rompí nada. Lo guardabas tan bien que hasta tu misma olvidabas que estaba ahí.– ¡que no lo culpara ahora de cosas jamás acontecidas! –¿Aburrirme? Eso no pasará así que puedes ir buscando otra ociosidad en qué ocuparte.– Increíble pero cierto, ya no tenía más interés en andar jugando con otras mujeres. Sihtric tenía dueña y le fascinaba tenerla.

Guardó en su memoria el dato del número de la cámara frente a la que se detuvieron mas no bajó del carro. En cambio, sí se mantuvo atento a cada uno de los hechizos que la bruja movió con su varita. Justo como imaginaba, verla trabajar fue sustancioso. –Olvidaste colocar un hechizo que reviente los ojos al que se atreva a mirar dentro.– bromeó sarcástico con brazos cruzados mientras la veía regresar el transporte con una bolsa y una caja. Por la caída que tenía la bolsa pudo hacerse una idea de lo que contenía, pero por alguna “extraña” razón imaginó las monedas cargadas igualmente de maldiciones. Era Owena quien las llevaba después de todo, nada sano podía venir de ella. –Arriba– respondió e hizo un movimiento con la barbilla señalando en esa dirección. Sacó una llave vieja y la mostró al duende quien asintió con su eterno mal humor.

Depende. ¿Lo matará?– Claro que quería saber qué contenía la caja y al parecer tenía posibilidades de hacerse con el dato. –Porque cuando quieres deshacerte de alguien te esmeras y eso puede traducirse en un espléndido regalo que no vaya a rechazar.– se encogió de hombros. En cuanto subieron todos el carro inició su camino. –Pero si lo mantendrás con vida… Tal vez sea algo aburrido.

Pasados unos minutos de serpenteante recorrido llegaron al sitio correcto, una cámara de número par en una zona común y corriente en los adentros de Gringotts. Ahí no había hechizos dramáticos  ni dragones ni nada similar. El mago bajó sin prisa del carro y jugando con la llave entre los dedos se acercó a la puerta correspondiente, naturalmente tuvo que entregar la llave al duende para que fuese él quien abriera. Protocolo innecesario a su parecer.

Tampoco la cámara tenía protecciones mágicas, entró Siht campante sin preocupación alguna. En el interior, había realmente poco, unas cuantas pinturas familiares –aunque no de la suya–, un par de cabezas de hipogrifo disecadas y, en el pico de una de ellas, una pipa pasada de moda. O lo que en apariencia era una pipa pasada de moda. Eso fue lo que el profesor se llevó de aquella cámara, sopló sobre el objeto y el polvo lo hizo toser un par de veces.

Una reliquia para el suegro.– mintió sonriente, estaba seguro de que Fakhoury leería su falsedad. Alzó un segundo la pipa para que la bruja la viera y después la guardó dentro del saco. Ya habían cerrado la cámara así que podían marcharse. –¿Quién es el afortunado, Owewe?– preguntó señalando con la mirada la caja que ella llevaba. Subió al carro después de que el duende lo hiciera y se puso cómodo para el viaje a la superficie.


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Re: Un Deux || Privado

Mensaje por Owena Fakhoury el Miér Mayo 20, 2015 11:18 pm

No quiso comentar nada sobre su supuesta falta de corazón, y es que últimamente había descubierto en sí misma algo parecido al órgano en cuestión y la molestia por ese simple hecho la mataba día tras día. Necesitaba terapia, urgentemente. Se dijo mientras trabajaba en la cámara.

Una risa suave fue el resultado de los comentarios de su antiguo pupilo mientras se acomodaba de nueva cuenta en el carro ya con todo lo que necesitaba en la mano—. Tendré considerado añadir ese hechizo, y tal vez una que otra runa simpática —comentó mientras lo miraba de reojo. Miró la llave tan aburrida como su portador pero no hizo comentario alguno sobre ese detalle—. No, no lo matará —aseguró negando con la cabeza ante los presentimientos del chico. ¿Qué tan mala imagen tenía de ella? La verdad era que no quería saberlo tampoco.

Tengo planeado hacer algo húmedo y agradable frente a varios, pero estaba buscando como dormir a los demás, espero que mi estimado capte la idea —comentó a modo de explicación, ya si el otro no captaba otra cosa sería. Claro que se iban a entretener. Podrían ir a cualquier lugar con exceso de gente y hacer un sinfín de cosas antes de que la vela se apagara. Claro que ella quería probar alguna vez con el público consciente, pero para ello tendría que encerrar a Ljungstrand en una habitación de vidrio o similar. No iba a permitir que lo tocara alguien más cuando estuviese en el momento más sublime dentro de ella. Por muy poco sentido que tuviese su egoísmo.

El viaje hacia el lugar donde estaba la cámara de Cáech le hizo mirar todo analíticamente, simplemente para grabarse el lugar. Y luego de una mirada, desde el carro claro, decidió que hasta la cámara del hombre combinaba con él. Austero y sin colorido. Una vez estuvieron todos nuevamente en el carro, siguió con la vista clavada en el hombre y no alcanzó a tomar la pipa para estudiarla a conciencia, estaba completamente segura de que no era lo que decía—. Dices suegro como si fueses a casarte con ella —comentó simplemente, se encargaría de trabarlo con ella luego de salir del banco, y esa pipa, claro que pensaba verla. Verla y estudiarla.

¿Afortunado? —la pregunta la tomó casi con la guardia baja, pues una sonrisa que nada bueno aventuraba se mostró en sus labios y luego de ello, la mujer se acomodó el cabello—. Compañero de trabajo, no lo conoces —aseguró pues no pensaba permitir que un mago tan enfermo como Sihtric se acercase al mayor. Y es que las ideas de Kjell sobre la pureza de la sangre chocarían completamente con el chico, y eso le daría problemas a sus húmedas noches, mañanas y días.

Volviendo al tema de tu suegro, ¿Quieres que muera de alguna enfermedad respiratoria para que te deje robarte a la novia? No te ofendas, es que aunque tu madre jure que eres buen partido se nota que eres un jugador —y los padres responsables no entregaban a sus hijas a hombres peligrosos como él.

Una vez bajaron del carro, lo tomó del brazo con confianza—. Vamos por un café —exigió con gracia y sin dudarlo comenzó a caminar por el pasillo principal del banco. ¿Esperaba darle una opción para negarse? Pobre de él si lo hacía, por eso ya sabía que se quedaría con ella al menos una hora más.




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Re: Un Deux || Privado

Mensaje por Sihtric Cáech el Miér Jun 03, 2015 7:02 am

“Algo húmedo y agradable frente a varios”. Eso no tenía interpretación sana ni ahí ni en Alaska, estaba seguro. Y si a las palabras sumaba la imagen eternamente coqueta de esa bruja, entonces se hacía imposible pasar por alto el término “húmedo”. ¿Qué clase de planes siniestros tenía Owena en la cabeza?? Sihtric negó suavemente, convencido de que prefería no saber los detalles, no cuando venían de ella. –Suerte con eso. Esperemos que tu… estimado compañero de trabajo capte el mensaje escondido en tu regalo.– Porque de no ser así ya veía a Owena terriblemente indignada y prendiendo fuego a todo el Ministerio.

El duende los llevó de regreso al elegante banco y el mago con todo gusto recibió el agarre que la pelinegra hizo a su brazo, iniciando el recorrido hacia la puerta principal sin prisa alguna. Esa cercanía con Fakhoury la disfrutaba, naturalmente de un modo muy distinto a como se sentía cuando Annwyn caminaba a su lado. La rompe maldiciones era una de esas pocas personas por quien valía la pena tomar riesgos y si no se lo decía era porque seguramente intentaría arrojarlo a un pozo para ver qué tan serias eran sus palabras. A su modo, le apreciaba y respetaba. Aunque en ocasiones lo sacara de quicio.

Extrañamente la existencia del hombre no me afecta.– tal vez porque daba exactamente lo mismo. El que respirara o no, no hacía gran diferencia tratándose del padre de Annwyn. En realidad… era de uno de los hermanos de quien tal vez debería preocuparse. –Vivo o no, me la robaré.– dijo muy seguro y sonriente, como quien tiene todo fríamente calculado, solo que no lo decía pensando precisamente en el supuesto suegro.

Con fingida indignación giró el rostro hacia la mujer –¡Por supuesto que me ofendes! ¿Yo un jugador? Esa es una acusación grave, te llevaría a un juzgado si no fuera porque te creo capaz de ganarte a los presentes con poco más que una sonrisa.– cruzaron la puerta principal y antes de bajar las escaleras el mago pausó su caminar. –Por allá hay un café interesante.– comentó señalando  con la barbilla, dirigiendo hacia el sitio indicado sus pasos. Con gusto pagaría unas cuantas tazas de café, por los viejos tiempos y los que vendrían.

Ya no juego Owena. Esta vez voy en serio, muy en serio.– aseguró sin enfocar a su antigua maestra. –¿Me dirás el nombre de tu estimado compañero de trabajo o tengo que entrar en tu cabeza para averiguarlo?  Tengo el presentimiento de que no soy el único con deseos de ser querido por una única persona.– tal vez estaba sacando conclusiones erradas pero no podía evitar pensar que la pelinegra había cambiado desde la última vez que se habían visto. Mínimo debía haber encontrado una presa mas exprimible que las anteriores pues hasta donde él sabía, los antojos exhibicionistas de Fakhoury no brotaban con cualquiera. Y si había entendido bien, el futuro obsequio que llevaba su amiga debía tener alguna función que sirviera a ese tipo de causa.


Última edición por Sihtric Cáech el Sáb Jul 04, 2015 12:14 am, editado 1 vez



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Re: Un Deux || Privado

Mensaje por Owena Fakhoury el Lun Jun 29, 2015 4:44 am

Caminar del brazo de un agradable joven era para lo que ella estaba hecha. Se veía reluciente en todo su esplendor, y lo único que opacaba su constantemente elevado ánimo era presentir que estaba más interesada que en meses anteriores a la idea de salir en una cita normal con cierto anciano que bien podría hacerse pasar por su propio padre. Por eso apenas si tuvo tiempo de rodar los ojos al escuchar como Cáech sonaba al enamorado más meloso sobre la faz de la tierra. Una de sus cejas se mantuvo en alto, mientras él negaba en vano la evidente realidad que ella ya le conocía de hace siglos. ¿Qué tanto podría haberle hecho cambiar una mujer? Al parecer le había dado un giro casi completo a la existencia del pelinegro.

Creo que dependería de que tan interesantes se vean los del juzgado —si Ljungstrand estaba entre ellos seguro que removería el cielo y la tierra misma para tenerlo en sus garras. La idea sobre sí misma, aunque perturbadora, la hizo sonreír más ampliamente. Asintió ante la idea del café y se quedó de una pieza cuando escuchó la declaración de fuertes intenciones del contrario. Bien, ya podía darlo por perdido. Aunque estuvo a punto de detener sus pasos y clavar su varita contra la figura ajena por lo último que había dicho. Que ni se atreviera a mencionar sus dilemas existenciales, ¿Tanto se notaba que estaba comenzando a ponerse mal por la presencia de su compañero de labores?!?—. Es oficial, esa mujer te dejó mal… ¿Cómo se llama? —preguntó haciendo tiempo para responder a las no tan injustas acusaciones ajenas. Aunque un bufido escapó por sus labios ante el pensamiento.

No es que no me quieran ya, ya sabes, tengo ese simpático efecto en los demás que tienden a adorarme en algún punto… Es que es complicado, y eso de atarme por la eternidad no me emocionao emocionaba repitió en su mente mientras entraban en el lugar que él había escogido para beber algo de café, una de las bebidas predilectas de la mujer. Y que esperaba que no tomara un mal sabor por el rumbo de la conversación.

Saludó con el ánimo renovado a las personas que les permitieron la entrada y apretando el brazo ajeno lo jaló hacia una de las mesas que estaban cerca de la ventana. Necesitaba distracción para cuando mantener la vista directa sobre su antiguo estudiante fuese cansador—. Si te digo quien es, tendrás que jurarme que no vas a tocarlo —añadió mientras esperaba a que él hiciera de buen caballero y le acomodara el asiento, en los primeros años que lo había conocido, una sola vez él había cometido el error de no seguir los rituales y buenas costumbres, y ella lo había golpeado literalmente para que jamás olvidara como tratar a una dama.

Para mi desdicha debo admitir que el enamoramiento te sienta bien, hasta pareces un hombre decente... Mientras tu mujer no sea como yo, tu cuello no correrá peligro mortal —sonrió de medio lado mientras lo decía y es que ella era de las personas que encontraban simplicidad en deshacerse de las que se volvían una piedra en el camino. El problema es que actualmente tenía una especie de obstrucción enorme con la que se estaba encariñando más de la cuenta. Y lejos de detenerse, cada día que pasaba, pensaba más en él. Seguramente le hacía falta irse de viaje unos días o algo.




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Re: Un Deux || Privado

Mensaje por Sihtric Cáech el Sáb Jul 04, 2015 12:15 am

Mhm… ¿debería decirle el nombre de la mujer que lo tenía con una sonrisa de lado a lado? Confiaba en ella, la conocía, y justamente por eso se lo pensó un momento. Alzó la vista un segundo y la regresó hacia la pelinegra cuando por fin la escuchó sincerarse sin taaantos rodeos. Así que también caíste, Owewe. Pensó dejando ya de observarla. Extrañamente se alegraba por ella, en otros tiempos no le había cruzado jamás por la cabeza, pero ahora que daba un repaso a los años… quizá Owena sin saberlo había estado buscando a la persona indicada todo el tiempo. Una búsqueda exhaustiva y perversamente detallada, pero búsqueda al fin y al cabo.

Claro, el simpático efecto. – repitió por lo bajo después de que ella lo dijera. Indudablemente la recordaba como una rompe corazones, siempre con al menos un hombre desvariando por ella y obvio que la adoraban, en mucho más que “algún punto”. ¿Quién era ahora el que sonaba como un desconocido? La escuchaba  y con cada palabra a Siht le quedaba más claro que su mentora se encontraba en un dilema amoroso. Le habría encantado reírse abiertamente de ella ahí mismo, pero si lo hacía seguro volcaba su indignación sobre el y al menos de momento no tenía intenciones de guerrear con ella. Después tal vez.

Se conformó con una sonrisa imposible de ocultar, la cual tan solo se suavizó cuando entraron al café donde se dejo llevar en la dirección elegida por la bruja. Como era de esperarse acomodó la silla para la señorita de más de cuarenta años y una vez que ella tomó asiento, hizo lo mismo. –Tranquila Owewe, no te voy a bajar a tu… "hombre complicado que quiere atarte eternamente.” –dijo con burla en la voz –No sé qué te hace pensar que podría… ¿tener algo contra él? No soy hermano celoso, te lo aseguro. –añadió con una ceja en alto, hasta empezaba a sonar sospechosa… ¿Sería alguien que él conociera? Lo dudaba, ni un solo nombre le venía a la mente que pudiera coincidir entre ambos. Tal vez era hombre casado, ¿o la habría tratado mal como para que temiera que él quisiera desquitarse con el sujeto? Definitivamente no… Fakhoury era literalmente letal, seguro un agresor caía muerto antes de hacer nada.

Frunció el ceño aunque se quejó con una sonrisa en la cara –Siempre he sido un hombre decente Owena. No es mi culpa que tus ojos vean más de lo debido. – Nota mental: no presentársela a Annwyn. Ya veía  a la pelinegra exponiendo detalles infinitos de la juventud del mago frente a la profesora o tomándose la libertad de acosarla literalmente. Eso no debía ocurrir nunca.Bien, haremos un trato. – esperó a que el mesero que acababa de acercarse les entregara la carta y se retirara para volver a hablar. –Ninguno de los dos tocará a la pareja del otro.  Te doy su nombre y me darás el suyo. Todos quietos y en paz como buena familia.– Afiló la mirada hacia ella evaluándola, atento a cualquier señal que revelara que la rompe maldiciones le mentía. –¿Intocables? – le extendió una mano con la intención de “sellar” el asunto. No creía necesario el llegar a niveles más formales.



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Re: Un Deux || Privado

Mensaje por Owena Fakhoury el Dom Jul 19, 2015 7:30 am

¿Cáech bajándole a Ljungstrand? Antes ella moría y revivía unas diez veces. Estaba segura de si misma, más de lo necesario de hecho. Y por lo mismo su problema no lo consideraba personal, aunque fuera su culpa completa la situación complicada en la que se había metido. Y el joven estaba encaminado en un rumbo que no tenía mucho que ver con lo que ella quería realmente decir, así que tendría que corregirlo—. Te equivocas, no me preocupan tus celos… Es algo sobre la ideología del susodicho, tiene la mente un tanto cargada al lado aburrido —¿La paz en el mundo mágico le parecía aburrida? Por supuesto, y era una de las razones por las que clamaba a favor de los encapuchados que al menos se divertían haciendo fechorías.

Negó con la cabeza, incapaz de creer en las palabras ajenas cuando él intento proclamar una pureza existencial de la que ella sabía que carecía. En ese sentido eran similares, la decencia no los perseguía. Tomó la carta que acababan de entregarle luego de guiñarle el ojo al mesero y antes de que pudiera repasar la lista, tuvo que asentir ante el trato que acababan de proponerle, no era tan mala idea después de todo—. Intocables —aseguró tomando la mano antes de que la retirara—. No te preocupes Sihti, mi interés por el género femenino no ha llegado todavía a la práctica... Aunque siendo la mujer que escogió mi alumno favorito podría hacer una excepción por curiosidad —su risa cantarina emanaba por su garganta tan musical como solía. Y aunque estaba de broma con casi la totalidad de su frase, pues realmente no había tocado a una mujer todavía, si se imaginaba la clase de bruja que tendría el jovencito. El después de todo no tenía gustos tan extravagantes como ella.

Bien, ya con ese trato de honor sobre la causa casi mutua, es un auror añejo, que seguro has visto alguna vez en el ministerio. Kjell Ljungstrand —le reveló finalmente el nombre en cuestión y se sorprendió al notar que no le hacía daño cerebral el mero hecho de mencionarlo como parte de su vida—. Es agradable la mayor parte del tiempo y que no te engañe su cabello blanco, porque tiene mucho que dar todavía —su sonrisa ladeada solo aseguraba que estaba hablando de temas con múltiples sentidos, que seguro su acompañante entendería sin demora.

Observó de nueva cuenta la carta—. Quiero un expreso, cortado. Y galletas de naranja —le comentó para cuando viniera el camarero nuevamente y cerró la carta sobre la mesa, alzando la vista hacia su antiguo pupilo—. El tiempo no pasa en vano, ¿Cierto? —le preguntó con tranquilidad, apoyándose en el respaldo de la silla por unos segundos, captando la esencia de su presa a pesar de la lejanía—. ¿Cuál es el nombre de tu futura esposa? —preguntó con su descaro característico, claro que no olvidaba el trato que acababan de hacer, pero no tocar a la dama en cuestión no significaba no hablar de ella.

Si me hubieras dicho cuando te conocí que te volverías un hombre de familia antes de los 35 no te hubiera creído —sólo con el ánimo de divertirse con los cambios en el semblante ajeno hizo dicho comentario.




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Re: Un Deux || Privado

Mensaje por Sihtric Cáech el Miér Jul 22, 2015 6:16 am

No… Tenía que ser broma… ¿Owena con un aburrido pacifista?? Bien, definitivamente el mundo tenía que arder y pronto, pues el concepto de su mentora sumándose a un sujeto que probablemente levantaría la varita contra uno de "ellos" no le agradaba ni un poco.  Rodó los ojos en dirección de la ventana por ese guiño que la pelinegra hizo al mesero, en definitiva había cosas que no cambiaban, seguro el elegido del mal que había conseguido hacerse lugar en Fakhoury sufría como idiota por esa clase de costumbres que tenía la bruja al tratar con otros hombres. Rómpelo y tíralo. Pensó el mago al tomar la carta con cierto fastidio.

Al menos Owena había aceptado el trato, eso le permitía respirar con alivio. –¿Alumno favorito? No recuerdo que tuvieras otro, no de magia al menos… Y no gracias, puedes guardar tus… excepciones para el anormal que tanto parece gustarte.– se contuvo de mal mirarla por su simpática risa, aunque la punzada en la cabeza igualmente la sentía. La extranjera era la clase de persona con quien te divertías en grande si estabas en el mismo lado, pero estando en el contrario era todo un reto hacerle frente.

Ljungstrand…– sí, le sonaba de algo. Le sonaba a quejas y a una jubilación tardía. –Lo he escuchado mas no tratado personalmente, investigaré para averiguar quién ha pintado de rosado tu varita.– volvió entonces la vista a la carta, preguntándose qué hacía con el tipo cuando no se encontraba en su… “modo agradable”, ¿lo torturaba física o emocionalmente? ¿o le hacía mimos para ponerlo de buenas? Sonaba mal, y peor era que ahora la creía capaz de algo como eso. La enfocó seriamente con la mirada, haciendo todo lo posible por no visualizar nada a partir de lo que acababa de escucharle decir. –Owewe… Demasiada información. No quiero saber qué hace tu fósil y qué no.

Asintió como señal de que había tomado nota mental de lo que la “señorita” quería ordenar  y tras decidirse también, hizo a un lado la carta. –Annwyn Lancaster– anunció contento como cada vez que se trataba de la rubia que tomaría como esposa tarde o temprano. Dio su nombre con orgullo, adoraba a esa mujer y a decir verdad eran pocas las personas con quienes podía hablar abiertamente sobre ella. –Ni yo mismo lo habría creído.– admitió divertido. –Pero actualmente soy mucho mejor que en aquel entonces.– en infinitos sentidos– Tengo planes de pareja y… otros colectivos, a los que por cierto me gustaría que te sumaras. Pero supongo que tener en la mira a un hombre de ideología barata te crearía un conflicto. Haz algo con él, que no sea entrometido o alguien más del… equipo podría adelantarle su viaje al mas allá.– en ese momento guardó silencio pues el mesero caminaba hacia ellos.

Sihtric hizo el pedido de ambos, retomando la conversación cuando consideró oportuno. –Nos desharemos de la basura definitivamente y una varita extra sería de gran ayuda, especialmente una tan… benévola como la tuya. Además, el negro te va bien.– dijo con media sonrisa, clavando la mirada en la contraria, confiando en que al menos un poco de curiosidad podría plantar en su maestra.



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Re: Un Deux || Privado

Mensaje por Owena Fakhoury el Jue Ago 13, 2015 3:37 pm

Annwyn Lancaster. Le sonaba, claro que sí. ¿Quién pensaría que tenía a la nueva conquista de su joven amigo tan cerca?—. Suena familiar, ¿No es la rubia recién llegada a mi departamento? A veces parece tener cara de pocos amigos, me recuerda un poco a Kjell cuando la he visto enojada —y es que era difícil no ser observadora cuando alguien destacaba por sobre el promedio. Las mujeres peligrosas se detectaban entre ellas, podía notarlo en la presencia y modos de la dama en cuestión. Bien, podía dar por aprobada a la señorita, si Sihtric quería intentar tener hijos de cabellos claros ella no se iba a quejar. Mejor que escogiera a una mujer complicada e interesante que a una aburrida cualquiera—. ¿A ti te sonríe o te muerde? —preguntó antes de que él iniciara su discurso sobre sus planes. En cuanto mencionó a Owena como posible ayuda ella puso más atención de la normal y tuvo que aceptar que su ex-pupilo estaba aprendiendo el arte de las palabras al igual que en su tiempo había aprendido Legeremancia.

Lástima que parecía necesitar clases todavía, negó con la cabeza luego de unos minutos de tragarse las palabras ajenas. Y agradeció el tiempo que les dio el mesero antes de retirarse. Sí, si había pensado apoyar al bando que pertenecía Cáech alguna vez, otra cosa que lo quisiera hacer oficialmente—. Yo sé que sabes que los apoyo totalmente con lo que hacen, es decir, son lo más entretenido que se puede encontrar. Por eso no he planeado cambiar de domicilio todavía —comenzó con su explicación mientras jugaba con sus dedos en el borde de la mesa. Luego de eso se apoyó con los brazos en la misma y miró al chico fijamente otros segundos—. Pero Sihti… ¿Me ves cara de barrendera? —y es que eso de hacer la limpieza no tenía ni un punto a favor para convencerla. Ella se ensuciaba las manos, claro que sí, pero sólo cuando la situación lo requería, no por ocio.

Es conmovedor que te preocupes por mi estimado, pero no creo que debas amenazarme de esa manera si quieres llamar mi atención —oh si, y es que habían hecho un trato, pero si a Owena no le gustaba el rumbo de los pensamientos de Sihtric no iba a meditar mucho en sus promesas sobre no tocar a cierta rubia—Amarraré a Kjell a la cama para que no se entrometa mucho si es necesario, pero me gustaría tener al menos algo asegurado sobre el asunto. El hombre tiene sangre limpia, pero también la tenían varios de los sosos que tienes por héroes de guerra, eso no los libró de terminar en pedazos —y ella no iba a permitir que le arrebataran de las manos algo antes de que ella quisiera lanzarlo a volar. No, Fakhoury decidía cuando se deshacía de sus cosas, el mundo no tenía ni una pizca de poder en ese asunto.

Tengo un ligero problema con el asunto de ponerme bajo el mando de un idiota cualquiera —comentó, pues aunque si podía estar interesada, las razones para no hacerlo de momento eran mayores que las bondades que le ofrecían. El mesero llegó pronto con los pedidos para ambos y la mujer tomó una de las galletas antes de probarla. Bien, el sabor amargo del asunto le gustaba—. Dame una buena razón para arriesgar los años que me quedan de vida y créeme que seré tan benévola como puedo ser —sonrió al final de la frase y luego terminó de prepararse su café antes de beberlo.

Cuando el sabor le llenó la lengua y la garganta las ideas ya bullían en su cabeza—. Ya sabes que mi ayuda no es gratis —por supuesto que él, más que muchos lo debía tener claro—. Hazte un favor y ahórrate las amenazas, no es agradable entre buenos amigos. Porque eso somos, ¿No? —la última pregunta la había soltado con todo el ánimo de definir como iban las piezas en el tablero a partir de ese momento. Estaba segura de que él no quería enfrentarse con ella, sería lo más estúpido que podía intentar y esperaba que tener mariposas en la cabeza no le hubiera quitado puntos a su raciocinio.




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Re: Un Deux || Privado

Mensaje por Sihtric Cáech el Lun Ago 17, 2015 5:52 am

Mhm… Owena tenía a Annwyn más cerca de lo que Sihtric había meditado, pero confiaba completamente en la palabra de su maestra por lo que estaba tranquilo respecto a ese asunto. ¿Debería responderle que las mordidas iban intercaladas entre sonrisas? No, mejor que sacara sus propias deducciones. El toque travieso que adoptó el rostro del mago fue lo más parecido a una pista y con ese semblante permaneció mientras seguía escuchando a su amiga. O lo hizo hasta que la mención de cierto oficio polvoriento amenazó con hacerlo reír abiertamente. –Por supuesto que no.– aclaró inmediatamente sin interrumpir más la explicación que se le daba.

Negó en silencio, sorprendido de que Owena tomara sus palabras por el camino equivocado ¿Amenazarla? Eso nunca. –No todos son idiotas. Si el banquete corriera a cargo de inútiles, esto habría muerto hace tiempo.– fue lo único que alcanzó a decir antes de que el mesero se acercara a servir como su empleo le mandaba. Una vez que confirmó visualmente su orden y le hizo algunos ajustes, volvió a levantar la vista hacia la bruja. Entendía algunos de sus puntos, pero para qué negar que le costaba asimilar el hecho de que no todos los que estaban a  favor de la pureza de sangre, estuviesen dispuestos a sumergirse en el fuego con tal de lograrlo.

Sin pena alguna robó una de las galletas que ella había pedido y mientras la saboreaba meditó sus palabras. ¿Quién diría que el día terminaría de ese modo? –Obvio que somos amigos. Eres de mis favoritas.– dio un sorbo a su bebida y continuó con toda tranquilidad. –No intento amenazarte, solo te recomiendo guiar los pasos de tu hombre por zona segura, pues aunque yo te aseguro no tocarlo, no puedo decir lo mismo de todos. Puedo hacer algunos arreglos en mi medio y restar potenciales peligros, pero de momento nada más. Mientras él no llame la atención, las probabilidades de que alguien lo enfoque son pocas.– después de todo, Annwyn y él lideraban a los magos y brujas de ofensiva, el resto de los Mortífagos rara vez involucraban sus varitas en los ataques. –Pero necesito justificar esa… inmunidad, para lo cual tu apoyo asegurado podría servir muy bien. Sin embargo entiendo que no puedo pedir que pongas en juego tus últimos años, especialmente ahora que son tan pastelosos. Pero podrías cooperar de otros modos. Ya sabes, no todos barren.

Seguro que Owena podría proporcionar información del Ministerio, o filtrar falsos rumores en caso necesidad, incluso la imaginaba colándose dentro del círculo interno del grupo… Y si Ljungstrand llevaba sangre limpia, entonces no habría tanto problema en pedir que se hicieran los ciegos si el sujeto se cruzaba en el camino. –¿No hay posibilidad de que le hagas ver las cosas desde otro ángulo?– se aventuró a preguntar, pues naturalmente todo sería más fácil si el enamorado en cuestión se convenciera de que ser pacífico no servía. Vaya dilema que tenía Fakhoury, y todo por dejarse querer y enamorar por alguien que seguramente no comprendía lo errado del orden actual.


Última edición por Sihtric Cáech el Lun Ago 24, 2015 5:37 pm, editado 1 vez



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