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No lo pongas al fuego {Flashback} Privado

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No lo pongas al fuego {Flashback} Privado

Mensaje por Sihtric Cáech el Dom Ene 04, 2015 8:22 am

25 de Diciembre 2023
1:30 am

El supuesto trasfondo de las festividades decembrinas carecía de importancia para el hombre, si cada noche del 24 de Diciembre se aseguraba de cenar con su madre, era porque sencillamente se había hecho una costumbre desde que él era pequeño. Esa mujer solía ser todo lo que tenía, atenderla era importante y aún hoy en día lo procuraba. Tener finalmente una pareja estable por quien profesaba sentimientos que jamás creyó posibles no le impedía seguir dedicando tiempo a su progenitora, las costumbres que en conjunto con Egwina tenía, eran algo inquebrantable.

Y por ello, compartió los alimentos de esa noche en particular, con ella, como cada año. La pasaba bien en su compañía, se trataba de una fecha en que ambos ponían de su parte para no discutir y que las horas fueran gratas, tan pacíficas como los días previos a la aparición de John en la vida de Sihtric. Lo que ésta vez era diferente, recaía en el hecho de que no se iría de fiesta salvaje después de la cena con su madre como usualmente hacía. No, ahora tenía otro destino, quería ir en busca de su amada y añorada, y eso exactamente haría. Se despidió cariñosamente de su única familia y se desapareció súbitamente. Que molesto era tener que “teñir” de tonalidad clara el humo con que se esfumaba…

Te sugiero ser obediente.– habló tranquilamente, dirigiendo un instante la mirada hacia el caldero de oro que abrazaba con el brazo izquierdo. En el interior algo se removía suavemente entre una cálida manta tan oscura como la noche. El mortífago alzó la vista al cielo, recibiendo la nieve que recién comenzaba a caer. –Será mejor darnos prisa.– No permitiría que el obsequio elegido para su chica sufriera desperfectos, así que aceleró el paso, corroborando gracias a un señalamiento, que se encontraba en la calle indicada de Londres, territorio mágico obviamente. Desde días atrás había sacado el tema de las festividades con Annwyn, pues realmente le interesaba saber qué solía hacer la rubia en esas fechas específicas. De antemano sospechaba que sus hermanos formarían parte del asunto pero dado que tarde o temprano tendría que conocerlos –puesto que iba muy en serio en su relación con Lancaster– decidió que seguiría adelante con sus intenciones de pasar la madrugada con la profesora independientemente del escenario que le esperara.

Afortunadamente no hubo problema en agendar el encuentro con la dama y ahora ya se encontraba frente a la residencia que coincidía con la dirección y descripción que ella le había proporcionado. Perfecto. Solo esperaba que no fuera uno de los varones quien le abriera la puerta, aunque tenía el presentimiento de que así sería. Exhaló resignado, mientras Nwyn estuviera contenta todo estaría bien. Se ajustó con los dientes el guante de la mano derecha y llamó a la puerta. Alcanzó a escuchar que alguien que casualmente transitaba por la misma calle comentaba en voz baja sobre el decorado caldero que él llevaba, ¿acaso nunca habían regalado uno??
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Re: No lo pongas al fuego {Flashback} Privado

Mensaje por Annwyn Lancaster el Dom Ene 11, 2015 8:07 am

La cena familiar de ese año había estado plagada de ruido. Y es que Aeron se había decidido a llevar a su esposa, y Hywel Lancaster, contrario a todo pronóstico, había salido de su habitación para cenar con sus hijos. La situación era tan tensa que podría haberse cortado con cuchillo, hasta que Rhys comenzó a contar anécdotas de su trabajo y ya todo volvió teóricamente a la normalidad. Annwyn estaba sorprendida. No calzaba con su idea de una cena de navidad normal, así que ese día sería de ahora en adelante uno de los más extraños de su vida.

Aparte, la noticia recibida de parte de la esposa de su hermano los había tomado a todos por sorpresa. Un sobrino venía en camino. ¿Qué se suponía que dijera? Además de felicitarlos, sólo podía pensar en que una guerra se acercaba y que debería haberle advertido antes a Aeron de que mantuviera una familia pequeña por mientras pasaba la tormenta. Ahora se sentía responsable por una pequeña alma más en este mundo y ese peso le disgustaba.

Lo bueno era que había quedado de ver a Sihtric. Le había comprado un regalo que sabía que el otro no podría rechazar, así que se fue a su habitación a prepararse, poco antes de que fuera la hora de la reunión. Tenía que hechizar su regalo para que el otro pudiera llevarlo y usarlo.

Fue entonces cuando alguien llamó a la puerta de entrada, y Rhys, con su sonrisa de siempre se acercó a la misma para ver quien aparecía, para ser exactos había esperado ese momento desde que su hermana le había dicho que iría su novio esa noche. Claro que lo había investigado previamente, incluso una foto había conseguido. Pero prefería llevarse la sorpresa personalmente.

Buenas noches… Debes ser el novio. – comentó apoyando la mejilla en el borde de la puerta, sin abrirla completa, con todo el ánimo de no dejarlo pasar. Debía considerar cuanto se enojaría la chica en ese caso. –Rhys Lancaster, imagino que Nwyn te habló de mí. – ¿Advertencia o saludo amigable? Difícil de saber, pues el hombre a sus 33 años se veía todo menos sincero. Su mirada se clavó en el dorado caldero que llevaba el otro. Y una carcajada escapó de sus labios. Al parecer sería más divertido de lo que creía. –Ya cenamos pero gracias. – bromeó mordaz y luego, finalmente, abrió la puerta haciéndole una seña para que entrara. –Aeron está ansioso por conocerte, iré a buscar a Nwyn a su habitación. – luego de que el mago hiciera ingreso, Rhys cerró la puerta tras de el sin importarle chocarlo un poco en el camino. Sólo estaba midiendo alturas.

¿Ya llegó? – otra voz masculina salió de una abertura que había en el pasillo de entrada y por ahí mismo apareció el medimago que, más educado que su hermano menor, le extendió la mano al recién llegado. –Aeron Lancaster, mucho gusto. – concedió mientras daba una mirada fija a Rhys que riendo entre dientes desapareció en busca de las escaleras. –Pasa, por favor. Nwyn subió a prepararse hace poco. – su vista se clavó entonces en el brillante caldero y alzando una ceja prefirió no hacer comentarios al respecto. Luego de guiarlo a un salón bien iluminado le presentó a una rubia de cabellos cortos. –Esta es Siana, mi esposa. – le dejó espacio a su mujer, que extendió también la mano, bastante animada, al invitado.

Por fin podemos conocer al novio de Ann, es un placer. – comentó con una sonrisa mientras lo evaluaba con la mirada. –Hace poco terminamos de cenar, padre está bebiendo café en su estudio. – le comentó el mayor dándole una media sonrisa a la rubia. –¿Qué tal tu cena? Nwyn dijo que estarías con tu madre. – preguntó por cordialidad adquirida por años. Se notaba que solía buscar el camino pacífico de la vida.

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Re: No lo pongas al fuego {Flashback} Privado

Mensaje por Sihtric Cáech el Dom Ene 18, 2015 4:43 am

Las siguientes horas serían todo un reto, que se muriera Hvini si se equivocaba. Afortunadamente, Sihtric tenía maestría en ignorar los piques de la gente. Bueno, casi siempre. –Sí. Soy el afortunado. Buenas noches.– pondría todo su empeño en soportar al sujeto del otro lado de la puerta, quien supuso era Rhys, el famoso Rhys… El otro hermano se suponía era relativamente serio y eso esperaba. –Un poco.Eres de quien debo preocuparme. Si tu hermana lo dice, entonces en verdad debo ser… cauteloso. Alto... estaba… ¿mal mirando al caldero?! Extendió la sonrisa en lugar de pagarle con una mirada de desaprobación. Total, el tipo no importaba demasiado. –Ah, en realidad es para Nwyn. La próxima vez les traeré uno.– respondió tan neutral como le fue posible, entrando por primera vez en territorio de los Lancaster y haciendo caso omiso a la última muestra de bienvenida que le dedicó Rhys. Infantil para su gusto.

Sihtric Cáech– estrechó con más ánimo la mano que el segundo anfitrión le ofreció –El gusto es mío.– y en vista de que no tenía opciones, siguió los pasos del mayor hasta el salón. No le pasó desapercibido el hecho de que también Aeron había puesto particular atención en el caldero y si hubiese estado en posición de expresarse libremente, habría puesto cara de pez muerto. El mundo no parecía no haber visto nunca un caldero de oro, ¿Qué acaso no habían hecho pociones con elegancia? Negó en sus adentros por la incomprensión de que era víctima el recipiente de su obsequio para Annwyn, y también porque sorpresivamente, había otra persona a quien conocer y no, no era el progenitor de todos los demás. ¿Cuántos más había???

Sihtric– atendió a la segunda mano de la noche, pensando que quizá en la dama pudiera encontrar una especie de aliado –Aunque presiento que ya lo sabe. Mucho gusto, Siana.– Quien no se fijó de momento en el caldero, milagrosamente. –Amena y agradable al paladar, como cada año. Mi madre y yo procuramos cenar juntos al menos ese día del año, no hacerlo sería herejía y entonces tendríamos que matarnos mutuamente.– Y no mentía. Aún recordaba la ocasión en que se le ocurrió insinuar que pasaría la noche con un grupo de amigos, y aunque había sido una broma sin sentido, la Señora Cáech lo ignoró incluso antes de que comenzaran las vacaciones decembrinas. Un apocalipsis que no pensaba sufrir por segunda vez.

Como no le invitaron a sentarse, permaneció de pie, permitiéndose el dar un recorrido visual al menos al salón que se le había asignado para esperar por la rubia. No tenía prisa, pero le habría encantado no estar custodiado por jueces potenciales. Enfocó entonces al que etiquetó como Aeron –Disculpen si sueno… inoportuno, pero ya que trabajamos en las presentaciones... ¿Me permitirían presentarme con su padre?– iba a exponer sus razones sobre el tema cuando el felino se removió y maulló entre la manta del caldero. Aún era pequeño y por ello caía dormido con facilidad pero no podía hacerlo por siempre. Tenía la esperanza de que se quedara petrificado hasta que su futura dueña hiciera acto de presencia –y preferiblemente lejos de los familiares agregados– pero la cría no parecía estar dispuesta a esperar tanto. Al menos no podía escapar del caldero, había aplicado previamente un hechizo para impedirle huir, no quería quedar literalmente con el caldero vacío.



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Re: No lo pongas al fuego {Flashback} Privado

Mensaje por Annwyn Lancaster el Sáb Ene 31, 2015 10:35 pm

El mayor de los hijos de Hywel sonrió con algo de nostalgia ante la mención de una madre, inevitable con el paso de los años. –Supongo que tu madre debe ser una mujer agradable. – comentó afable, e iba a consultar más cosas, por mera curiosidad, pero el pelinegro abrió la boca antes. Aeron se quedó en silencio luego de la petición del hombre con el que su hermana menor había decidido pasar más que los días. Antes de que pudiese responder un maullido, porque no se podía llamar de otra forma, escapó del caldero dorado. Una risa natural, no burlesca ni molesta salió de sus labios. –¿No me digas…? – Siana se cubrió los labios aguantándose también su reacción, a Ann seguro le hacía falta tener compañía en el solitario colegio. –Puede que finja que no, pero le va a gustar. – aseguró el mayor y luego dio un suspiro dándole una mirada a Siana, suponiendo que el otro estaba enterado del panorama, no olvidaba la petición del pretendiente. Demás estaba decir que daba por hecho que el hombre tenía intenciones serias con su hermana y en teoría, su petición se lo había confirmado.

Sobre tu petición… Por supuesto que puedes, aunque Nwyn ya debe haberte mencionado el asunto. – dijo finalmente y le señaló la mesa y los sillones. –Puedes dejar tu regalo por aquí, a menos que se escape antes. – comentó pues recordaba a una pequeña rubia intentando que le compraran una mascota, en esos tiempos que lamentablemente no se lo habían podido permitir, no por dinero, sino porque ocuparía mucho tiempo y más responsabilidades de las que tres niños solitarios tendrían. Años que por suerte habían terminado bien.


Cállate Rhys. – una voz más que conocida provenía de la escalera, se notaba exasperada. Y es que el idiota de Rhys le había enlistado todas las posibles fallas que le veía a su novio, cosa que claro, no tenía porqué importarle a él. –Nwyn, entiende, nadie en su sano juicio regala un caldero. – le repitió aunque estaba al borde del ataque de risa, ataque claro que se esfumó en el instante en que una varita se clavó en su estómago. –Ah, eres tan aburrida. – bufó y luego de unos segundos aparecieron los dos en la entrada de la estancia. Rhys miró a los presentes fingiendo que nada había pasado en el camino, seguro habían escuchado murmullos, aunque si habían sentido la discusión completa no iba a quejarse. Ese hombre no se merecía a su hermana, no importa quien fuera ni lo que hacía.

Annwyn rodó los ojos por enésima vez y guardó su varita. Apenas vio la figura que ya se le hacía tan familiar como si fuera la suya propia sonrió más animada que en toda la velada y con algo de curiosidad miró el caldero dorado que cargaba bajo el brazo. –Siht, me alegra que vinieras. – le dijo y sin dudarlo mucho, se acercó a él para darle un beso de bienvenida. Si, directo en los labios. El bufido evidente de Rhys demostró que todavía no crecía y Aeron se cruzó de brazos sin querer mirar la escena, Siana se acercó a su esposo para calmarlo.

¿Rebelde? Siempre y con causa, luego de mirar a su novio con intensidad, se giró hacia gran parte de su familia. –Supongo que ya se presentaron. – comentó y Aeron asintió guardándose los comentarios sobre su familia. –Ann, Sihtric nos estaba diciendo que quería conocer a vuestro padre. – intervino Siana y la profesora se giró de nuevo hacia su novio mirándolo con la duda plantada en el rostro. –Si eso quieres, podemos ir ahora, creo que está tomando café. – señaló sin mayor ánimo y es que si no esperaba que Rhys recibiera bien a Siht, mucho menos creía que Hywel iba a volverse de pronto un padre atento. –Te tengo tu regalo en mi habitación. – le susurró al mago que consideraba de su propiedad y tocó con un dedo la superficie dorada preguntándose que clase de regalo contendría, porque claro, si es que era solamente el caldero vacío iba a matar a alguien esa noche. Y no, no sería a Sihtric.


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Re: No lo pongas al fuego {Flashback} Privado

Mensaje por Sihtric Cáech el Mar Feb 10, 2015 7:48 am

¿Egwina una  mujer agradable? Bueno, eso dependía mucho del ángulo desde el que se le observara: con o contra ella, pero no tenía caso meditarlo ni comentarlo con los presentes. Las expresiones que vinieron después producto del regalo poco silencioso que llevaba no le causaron molestia alguna. Pensar en un obsequio adecuado para su novia naturalmente no había sido tarea fácil, cualquiera sabía que la rubia era exigente y precisamente por eso no quería darle un típico regalo. Ella merecía algo original, no una simple decoración o herramienta y meditar al respecto lo había llevado a elegir lo que ahora ocupaba el caldero: una cría de gato negro de garras poco amigables y un carácter complicado. Ya lo había comprobado. ¿Le preocupaba el rechazo? En absoluto pues de alguna forma sentía que encajaba perfectamente con la dueña de su sangre.

Pronto lo averiguaré.– comentó con seguridad, aunque su obsequio no necesitaba apoyo moral. Atendió de inmediato al veredicto que le estaba otorgando la oportunidad de conocer al mayor de los Lancaster. –Así es. Tocamos el tema y entiendo que es complicado, pero lo sigo considerando necesario.– Asintió con seriedad y a punto estuvo de dejar el caldero donde se le había sugerido, cancelando en el último instante cuando a lo lejos escuchó a Annwyn. Hasta entonces recordó que el otro hermano había ido teóricamente por ella, la existencia de Rhys se había borrado por un rato de su cabeza.

En cuanto la mujer entró a su campo de visión el semblante del mago cambió, modificando la expresión de antes por una sumamente interesada en lo que veía, no podía ocultar cuánto añoraba tener a la profesora cerca. –No iba a dejar pasar la oportunidad.– respondió para ella con satisfecha sonrisa después de soltar lamentablemente los labios de la bruja. Tampoco se había medido mucho que digamos al corresponder  a su cálida bienvenida pero como no era su intención dar un espectáculo a la familia, se hizo a la idea de esperar a estar fuera de la vista del resto.  

El último tema de la conversación resurgió frente a la menor de los tres hermanos y por un momento en ella Sihtric creyó ver un poco de resistencia a la petición que él había hecho para presentarse con el hombre. Era consciente de que cualquier cosa podría ocurrir cuando lo tuviera al frente, pero estaba dispuesto a avanzar sin importar el resultado. Observó fijamente los ojos de su chica en espera de su confirmación, una que no tardó en hacerse escuchar. –Lo agradezco Annwyn.– seguro que no cualquiera conseguía dicha autorización.

Esbozó una sonrisa por la notificación de un obsequio en cierta habitación, le pareció percibir un rastro de tentación en la oración pero se abstuvo de comentar sobre ello. Giró parcialmente hacia el resto de los anfitriones –Con su permiso o sin el. Y dio media vuelta tomando fuerte a Annwyn de la mano, reclamándola como suya y centro de toda su atención a partir de ese momento.

Es obvio– difícil ignorar el caldero –pero también tengo algo para ti.– dijo en cuanto salieron al pasillo y se alejaron unos cuantos pasos tras los cuales se detuvo. Tenía más de un tema en la punta de la lengua pero primero lo primero. Apegó su cuerpo al de ella sin soltarle todavía la mano y ansioso inclinó el rostro hasta rozar los labios contrarios. –Felices fiestas, Annwyn…– pronunció en voz baja pero decidido, casi queriendo devorarla con la mirada. Se unió con cuidado, dando suaves besos al principio y tornándolos rápidamente en urgentes caricias. El supuesto festejo no le importaba en lo mas mínimo pero sin duda deseaba lo mejor para esa mujer, y eso, lo incluía a él en su vida.

Pocos segundos transcurrieron y Siht soltó lentamente la mano que le sujetaba, fue espaciando los intensos besos y marcó un poco de distancia entre los dos cuerpos. No le gustaba la idea de separarse pero consideró ese el momento adecuado para hacer entrega de su inusual obsequio, ese dorado que anunciaba que su dueña era realeza y que en el interior portaba un leal sirviente, compañero y guardián. Interpuso el caldero, colocó las manos de su adorada a los costados del caldero. –Espero sea de tu agrado.– dicho esto dio una marcada mordida al labio inferior de la su novia y entonces sí dejó libre su rostro. –En cuanto lo veas podemos seguir con el plan, en verdad quiero presentarme con tu padre.– Un paso importante por dar.
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Re: No lo pongas al fuego {Flashback} Privado

Mensaje por Annwyn Lancaster el Vie Feb 20, 2015 4:13 pm

Se dejó guiar hacia el pasillo apenas la mano ya conocida de Cáech se amoldó a la suya aunque antes dio una mirada a sus hermanos, demasiado evidente en sus intenciones de mantenerlos lejos. –Felices contigo, Sihtric. – asintió percibiendo ya con natural ansiedad los labios contrarios, a los que correspondió apenas reclamaron su atención directa. Besarlo era un deleite, todos los días y a cada hora posible, incluso con diversas intensidades, pero tenía algo de especial hacerlo en festividades que se pudiesen compartir.

Lástima que se vio interrumpida antes de quedar saciada, detalle que no le importó porque tenía la tendencia a desear siempre un poco más de Sihtric, sin importar cuanto obtuviera ya. Sus manos sostuvieron el caldero y lo miró con ojo crítico aunque luego sonrió al recibir la última mordida que le dejó más agitada que antes. –Debo decir que nunca me han regalado un caldero. – comentó apenas sintió como algo se removía en el interior y una vez escuchó el maullido se quedó quieta como una estatua. ¿Era…? No alcanzó ni a mencionar la idea en su mente, pues la curiosidad le hizo perder algo de tranquilidad y con movimientos decididos y rápidos abrió el caldero, aunque la tapa se le negó unos segundos, y cuando observó a la pequeña y peluda criatura en el fondo se le acabaron todas las posibles palabras. El pequeño gato destacaba por su brillante negro y porque venía encima de un manto igual de oscuro en el fondo del dorado caldero. Una sonrisa de difícil interpretación se ubicó en su rostro y acomodando el contenedor contra su vientre introdujo una mano para tocar al animal que se levantó como si supiera que tenía que reaccionar e intentó treparse por su mano. –¿Para… mí? – bueno, no era la frase más inteligente que había usado en su vida pero, la sorpresa le serviría de justificación.

Miró a su novio unos segundos y luego lo hizo tomar el caldero para coger ella correctamente al pequeño animal aunque sus manos no estaban acostumbradas a eso. Se llevó un pequeño arañazo hasta que logró tomarlo como se debía y luego de explorar en los profundos ojos que tenía, alzó la vista de nuevo hacia el otro pelinegro. –Siempre quise tener uno. – le confesó y aunque por poco se escapa de sus manos con el movimiento, se apegó de nueva cuenta a los labios de Siht, el único problema fue que su nueva mascota tenía un temperamento de temer y al verse sin la debida atención le mordió un dedo.

Ann se quejó, inevitablemente, y se separó de los labios que disfrutaba para mirar con el ceño fruncido a la cría, sosteniéndole la cabeza con una mano antes de que la volviera a acercar a su otra mano. –Quieto. – ordenó, pero todavía le faltaba aprender al animal que se intentaba escapar de sus brazos. –Tendré que enseñarle modales. – comentó sin atisbo de duda en que lo lograría, si había podido con salones repletos de niños molestos, seguro lograría educar a un pequeño gato. –Como castigo te quedarás encerrado un poco más. – le anunció hablándole directamente, y así mismo lo hizo, envió de nuevo al felino a su prisión dorada y le puso la tapa para que no saltara fuera. –¿Tiene nombre? – le consultó al mago y luego se puso a revisar sus heridas de guerra. Esperaba durar más de una semana sin deseos de asesinar al animal, pero el reto además de devolverla a la infancia se le hacía sumamente interesante.

Sin embargo, antes de pensar en todos los cuidados que iba a requerir, había un tema que no podía pasar por alto. Los deseos que había expresado Sihtric de coincidir en tiempo y espacio con el padre de la mujer. –Creo que no necesito advertirte que tal vez no sea lo que esperas. – señaló con sinceridad y cargando el caldero con la mano derecha, tomándole la mano con su izquierda. –Vamos entonces. – dijo y lo jaló con ella hacia el siguiente pasillo de la casa, lugar donde habían sólo dos puertas. –Luego de esto te mostraré tu regalo... – le dijo y dejó el caldero afuera de la puerta del despacho ajeno antes de tocar tres veces, esperar unos segundos y abrir finalmente la puerta.

No he terminado. – anunció desde dentro una voz que la rubia reconocía a pesar de que se le había negado casi toda su vida. Hywel Lancaster estaba mirando por una ventana hacia la oscuridad que había fuera y tenía sobre su escritorio una serie de fotos donde resaltaba una mujer que se parecía a Annwyn en las facciones pero que tenía una mirada y expresión más dulce. –Padre... Quería que conocieras a alguien. – dijo la mujer con voz tranquila aunque apretaba de más la mano del hombre a su lado. –Es una noche fría. – señaló como si no hubiese escuchado la voz de su hija el hombre mayor. Y sin hacer amago de girarse, continuó mirando por la ventana. La taza de café que le habían llevado yacía olvidada y a medias bebida en medio del mar de fotografías mágicas.


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Re: No lo pongas al fuego {Flashback} Privado

Mensaje por Sihtric Cáech el Vie Feb 27, 2015 4:59 am

Le costó, pero cuando Annwyn lo miró con sospecha consiguió sonreír con naturalidad para no delatar prematuramente las ansias que tenía de observar su reacción de principio a fin, las coleccionaba y esa no se la quería perder por nada del mundo. –Sí, parece que obsequiarlos en dorado es más extraño de lo que pensé.– comentó atento a la forma en que ella decidida buscaba el maullido en el interior del metálico recipiente. Una risa jovial se le escapó literalmente como reacción a la que se acomodó en las facciones femeninas, por lo visto aún tenía sonrisas por aprenderle a su novia pero lejos de deprimirse por no conocer todo sobre la mujer, se emocionaba de saber que tenía mucho más por descubrir.

Obviamente es para ti.– respondió con diversión en cada letra, sujetando sin queja el caldero como si fuera él un asistente para la pocionista. Lo que no esperaba era que el felino se pusiera roñoso tan pronto con su nueva dueña, pero el fruncir del ceño duró en Sihtric apenas unas milésimas de segundo. Vaya, así que era cierto que a la rubia le gustaban los gatos desde hace tiempo, que suerte haber atinado a sus gustos, aventurarse a elegir un regalo novedoso siempre era riesgoso. –Pues ya tienes u…– los labios contrarios que también le pertenecían le impidieron concluir la frase, pero tampoco se quejaría por eso, adoraba ser tomado de improviso.

El mago al igual que su pareja se quejó, no por sufrir una mordida del gato, pero sí por la interrupción en los besos. Esperaba que esa clase de intervenciones celosas no se dieran muy a menudo o él mismo se desquitaría con el oscuro regalo. –Le advertí que serías severa.– dijo parcialmente en broma –Y no, es tu compañero, te corresponde elegir su nombre. Solo no le pongas uno que me cueste pronunciar.

Asintió y su semblante cambió en cuanto retomaron el tema de antes. No tenía idea de qué tan diferente pudiese ser el comportamiento del  hombre cabeza de familia, pero ya había decidido que correría el riesgo. Por alguna razón recordó a Severide, mas no tardó en deshacerse de su recuerdo. –Es una noche ajetreada– añadió levantando por un momento la vista hacia las escaleras por las cuales supuso que después tendría que subir para descubrir el obsequio que Nwyn le tenía preparado.


Lo primero que intentó descifrar al entrar a la estancia donde Hywel se encontraba, fue la voz del hombre. Intentó descubrir en ella algo que le fuera de utilidad para tratar con él, no lo consiguió. Mantuvo todo el tiempo enfocado al mayor y aunque naturalmente sintió el fuerte agarre por parte de su chica, se abstuvo de mirarla a ella. En situaciones complicadas a veces lo que uno menos quiere es que otros lo miren, se apegó a esa base y en compensación acarició con delicadeza la piel que sus dedos tenían la fortuna de tocar por el agarre. Esperaba poder transmitir su apoyo.

Firme en las intenciones que tenía con Annwyn Lancaster tomó la iniciativa y adelantó los pasos –sin soltar la mano de la bruja– hasta posicionarse a un costado del escritorio, no demasiado cerca pero sí donde el hombre los encontrara dentro de su campo de visión con solo redirigir la mirada, si es que lo hacía. –Señor Lancaster, buenas noches.– saludó con seguridad, aunque era consciente de que quizá no obtendría una respuesta. –Soy Sihtric Cáech, novio de su hija Annwyn.– permitió unos minutos de silencio por si el mago reaccionaba ante lo dicho. –Lo acompañaremos un momento, si no tiene inconveniente.– al decir esto buscó aprobación en los ojos de Annwyn. Aún si ella se mostraba indispuesta, él estaba dispuesto a continuar a solas con Hywel.
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Re: No lo pongas al fuego {Flashback} Privado

Mensaje por Annwyn Lancaster el Vie Mar 27, 2015 6:18 pm

La fuerza que necesitaba la encontró en el firme agarre con que Sihtric le correspondió, y es que ese era uno de los pocos momentos de la vida en los que Annwyn Lancaster se sabía débil, no por temor; para ser exactos, lo que la volvía frágil era su imposibilidad para reparar, arreglar, componer, mejorar, o al menos ayudar aunque fuese un poco al hombre que la había procreado a seguir con su vida sin hundirse en esa depresión tan terrible. Pero Hywel seguía estando fuera del alcance de sus manos, apartado por el velo de una muerte que insistía en no habérselo llevado a él también a la par que al amor de su vida. Porque Aderyn Lancaster lo había sido y una vez tuvo que dejarlos se rompió todo lo demás.

La expresión de Hywel pareció modificarse un poco al escuchar la mención del nombre de su hija menor. Y aunque se tardó giró el rostro. Su vista se mantuvo sin parpadear sobre la figura de la rubia y luego se alejó como si la mera visión lo quemara. Miró entonces al mago a su lado y sin un ápice de misericordia su voz pronunció una serie de palabras que hubiesen sido menos dañinas manteniéndose bajo tierra.

Se parece cada vez más a ella, ¿No? —comentó como si hablara con un viejo amigo y no con un conocido. Por unos segundos su expresión volvió a tomar el tono duro que había tenido en sus años mas vigorosos. Una mirada que a muchos helaba la sangre cuando el mortífago todavía tenía su mente e intenciones claras—. Deberías alejarte antes de que sea tarde. Te romperá el corazón. Para eso nacieron — luego de eso pareció apagarse de nuevo. con lentitud se giró y volvió a su postura, que guardaba de vez en cuando como si ya no quedara nada del humano sino una marioneta que descansaba en la silla que había ocupado por ya mas de veinte años.

Annwyn por su lado sonrío, no se esperaba mucho más del hombre. Cosas peores le había dicho y lo que mas le disgustaba era que seguían doliendo en el fondo. ¿Tenía ella la culpa de que su madre hubiese muerto? Para su padre al menos sí, o eso le había hecho pensar todos esos años. Su vista se dirigió entonces a la de Sihtric y con una expresión de muda resignación y un ligero movimiento de hombros dio anuncio de que no pensaba quedarse a charlar, aunque por alguna razón el otro había parecido interesado en mantenerse allí. Le soltó la mano y se alejó por la puerta del despacho.

Ya fuera del lugar un audible suspiro dio cuenta de que no era la primera vez que ocurría, y seguramente no la última. Era un milagro que durante la cena no hubiese soltado uno de sus comentarios amargos en contra de ella. Pero ya el daño estaba hecho desde años anteriores. Le gustaba creer que al menos en eso el hombre no podía ser peor de lo que era. Nada de lo que le dijera podría ser más terrible que algo dicho con anterioridad, así que no tenía mayor poder sobre ella.

Sólo que Annwyn no sabía que las cosas si podían ser peores.


Tomo el caldero dorado y lo acomodó contra ella para volver a abrir la prisión del pequeño gato. Lo miro unos segundos mientras el jugaba con la mano de su dueña como si fuese algo para atrapar y ella sonrió en respuesta antes de cargarlo como se debía. Era pequeño así que podía llevarlo con una mano mientras no se le ocurriera morderla y saltar lejos—. Señor S... Ese será tu nombre —dijo con imaginación nula para buscarle otro nombre. De algún modo le iba a recordar siempre al mago que se lo regaló. Incluso si él decidía hacer caso a las palabras del hombre que por obligación llamaba padre, y se tomaba del consejo de alejarse de ella antes de que le hiciera daño.


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Re: No lo pongas al fuego {Flashback} Privado

Mensaje por Sihtric Cáech el Sáb Mar 28, 2015 8:09 am

Error. Ese hombre, Hywel Lancaster, estaba equivocado. Sostuvo la mirada del otro mago cuando por fin se dignó a prestarle atención y mirarlo, pero lo último que pronunció resultó ser solo basura. Sihtric podía ser tan falso como se propusiera, ya ni siquiera sonreírle a los estúpidos alumnos le significaba un reto, así que nada le habría costado fingir que ese enunciado jamás había sido exteriorizado. Si él hubiese sido el clásico prospecto de prometido que intenta por todos los medios ganarse al padre de la novia habría sonreído con hipocresía o cambiado drásticamente el tema como si nada hubiese ocurrido, pero, si algo enfurecía al mago, era que ofendieran o hirieran a los que él consideraba importantes. No perdonaba, no olvidaba y con Hywel no haría una excepción.

¿Cómo podía un padre expresarse de esa forma de su propia sangre? Pensó en el suyo, en ese hombre que tan solo una vez apareció en su vida y, en lo más profundo, aceptó que John tampoco habría tenido piedad hacia su único hijo. Obvio, nunca le había importado y como prueba estaba el hecho de que ni siquiera se paró frente al niño para conocerlo. Reforzó entonces con el rechazo que tanto Annwyn como él conocieron de sus respectivos padres, el lazo que lo unía a su preciada bruja. Quizá en parte por eso combinaban, porque conocían unas cuantas rudezas de la vida. No eran tontos soñando con una lluvia de risas y colores.

El viejo mortífago retomó su posición de adorno en el despacho y Sihtric enfocando de nuevo a su chica, alcanzó a ver esa sonrisa que trazó sin sentimiento. No quería eso y permitió que soltara su mano y se marchara. La siguió con la vista hasta que desapareció por la puerta que habían entrado.

Agachó la mirada un momento, molesto, y solo la levantó cuando tuvo las palabras que mejor exponían su sentir. –Es Annwyn, no la compare con otra persona.– pidió con voz dura al irse acercando al escritorio, rompiendo esa barrera que parecía impedirle al otro hombre prestarle atención como se debía. Apoyó los dedos de su derecha sobre la madera y con poco disimulo dio un fugaz recorrido a las fotografías puestas sobre el escritorio. –Hywel Lancaster. Usted esta equivocado. Su hija no nació para lo que usted afirma y si a pesar de eso en algún momento me rompe el corazón, será porque me lo merezco. le aseguró buscando desde su nueva ubicación la atención del padre de Nwyn.

Tome precauciones– inició así su advertencia, retrocediendo ya sobre sus propios pasos pues no quería dejar sola a la profesora. Ella era su prioridad. Giró por completo dándole la espalda a la cabeza viviente de los Lancaster. No volvió la vista hacia ese mago, pero sí dirigió la voz hacia él. –Pronto se la quitaré, les guste o no. Le recomiendo disfrutar de ella mientras pueda, aún tiene oportunidad de ser padre.– Y sin más qué decir fue directo hacia la puerta del silencioso despacho. No cerró la puerta por completo, la dejó justo a la mitad y con fuerza abrazó por la espalda a Annwyn, acaparándola lo mejor que pudo con ambos brazos. Recargó el rostro sobre ella y esperó, guardó silencio hasta que su furia interna se apaciguó. –Nwyn– en voz baja habló cerca del oído femenino. –Estoy para ti y contigo me quedaré. Nunca lo dudes

Los brazos del hombre la apretaron otro tanto y para sí la mantuvo hasta que reparó en la presencia del gato por un maullido sufrido que éste soltó. ¿Celos Señor… S? Seguramente, pues ya veía que el animal buscaba atención de su dueña desesperadamante. Soltó parcialmente el abrazo y con mano derecha quiso acariciar al oscuro felino. ¿Qué se ganó? Un maullido despiadado y un arañazo. Ojalá no resultara ser tan celoso como él mismo o tendrían serios problemas para compartir a la mujer. –Cuando quieras nos vamos.– le dijo en pleno proceso de componer su humor, pensando en subir por esas escaleras y también en llevarse de una buena vez  a Annwyn con él. Quien tuviese objeciones se las podría ir tragando para ahorrar tiempo.


Última edición por Sihtric Cáech el Mar Abr 28, 2015 6:38 pm, editado 2 veces



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Re: No lo pongas al fuego {Flashback} Privado

Mensaje por Annwyn Lancaster el Mar Abr 21, 2015 5:28 pm

Alcanzó a escuchar desde su posición parte del discurso de Sihtric y se quedó mirando la pared de en frente, la respuesta de su padre al parecer también había sido silenciosa, al menos hasta que una risa que tenía también toques de sollozo se escucho de parte del anciano. Suspiró mientras acariciaba a su mascota y en eso recibió el abrazo del hombre que si la quería. Su sonrisa poco a poco fue tornándose mas real mientras lo escuchaba. Agradecía que no le dijera una estupidez que sonara a que la compadecía en su miseria. Porque ahí si que tendrían problemas entre ellos, pero Cáech no era así, y ella lo sabía.

Creo que el Señor S compite contigo en lo celópata... —bromeó con una sonrisa al ver el intercambio entre el animal y el dueño de su dueña. No quería soltarse de los brazos de él pero no podría enseñarle por donde ir si iban así, por lo que separó con pesar y puso al Señor S de nuevo en su cueva dorada para taparlo y poder llevarlo con una sola mano. La otra la extendió hacia Sihtric tomando la izquierda de él y le hizo una seña para que caminara a su paso.

Iban a mitad de la escalera cuando se decidió a comentar algo de lo que había escuchado a través de la puerta—. ¿Así que me quitarás de esta familia pronto? —preguntó con una sonrisa que tenía todo de coquetería y de aprobación ante la idea y le apretó la mano con gusto en el último tramo. Lo quería más de lo que habría podido pensar que pudiese querer a alguien en su vida, así que la idea de irse lejos con él le agrada a a lo sumo.

Una vez llegaron al pasillo de arriba lo guió hasta la puerta que era la suya, y dentro, las velas ya estaban encendidas, con unos pocos hechizos que impedían que se consumieran—. Bienvenido a mis aposentos de casi toda la vida, lo han conservado casi igual que siempre —, el lugar en sí era bastante iluminado y con toques ligeramente infantiles y femeninos. Su madre hace años la había decorado a gusto para la única hija que tenía, aunque nunca pudo ver a una Annwyn joven utilizándola, mucho menos ya de adulta.

Siéntate aquí —pidió empujándolo levemente contra la cama para que tomará asiento. Y aprovecho de dejar a un lado de el al preciado contenedor de su futuro acompañante de horas ociosas. Luego tomó de la mesita un regalo adornado con cinta dorada, al parecer los dos habían pensado en ese color. Pero... Habían muchas distracciones en el ambiente para simplemente pasárselo.

Evidentemente no se pudo contener una vez lo tuvo a poca distancia, y antes de presentarle su regalo, y una vez estuvo a una altura alcanzable, lo tomo de las mejilla para darle un profundo y ansioso beso, uno que le servía para botar todo el estrés de lo ocurrido hacia unos instantes y que la llenaba de fuerzas para no dejarse enterrar en las tristezas. Y no se quiso separar rápido, así que mirándolo mientras lo besaba puso en sus manos uno de los armarios, ya encogidos y a escala, dudaba que pudiese adivinar que era teniendo el tamaño de un armario de juguete, pero esperaba las ideas acerca de lo que era su regalo mientras le devoraba los labios sin tregua.

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Re: No lo pongas al fuego {Flashback} Privado

Mensaje por Sihtric Cáech el Mar Abr 28, 2015 7:42 pm

Al hablar con el señor Lancaster no se detuvo a pensar en si Annwyn lo escuchaba o no. ¿Habría sido más… amigable si ella hubiese estado presente? Tal vez, pero el aviso de arrebatarles a la señorita de la casa habría sido el mismo, quizá hubiese buscado sonar mas cordial, pero nada seguro. Le tomó desprevenido el que su novia preguntara al respecto, logrando sacar segundos de sorpresa en el rostro del profesor. De no ser por la sonrisa que Annwyn le dedicó y su intensa mirada podría haber pensado que la idea le disgustaba, no por lo que avisaba en sí, sino por no haberlo compartido antes con ella. Pero no era el caso, y la aprobación que ella le demostró le hizo querer adelantar ese proceso. Jamás creyó poder sentirse tan ansioso por hacer suya a una mujer con la formalidad que le rondaba en la cabeza. Vivir juntos sería solo el comienzo del plan.

Gracias.– dijo por permitirle entrar en su territorio más privado. Observó con gran detenimiento la habitación en cuanto entraron. Automáticamente empezó a compararla con la que le conocía en Hogwarts y llegó a la conclusión de que, como era de esperarse, en la que ahora se encontraban los colores lucían mas inocentes. El decorado era rebuscado pero a la vez le daba una sensación de sencillez.  Demasiada luz para su gusto pero era entendible de acuerdo a lo que la chica le explicaba, a fin de cuentas, pasaba la mayor parte del tiempo en el colegio y esa blanca habitación debía ser mas como un recuerdo.

Miró con sospecha el caldero dorado cuando fue puesto junto a él en la cama. ¿Tenía que compartir con el felino la primera vez que tocaba la cama de la mujer que adoraba? La idea le hizo fruncir el ceño, pero el gesto se esfumó rápidamente pues tenía en quien recrear la mirada en medio de ese nuevo escenario. Curioso siguió los movimientos de la bruja y aunque quiso echar un vistazo a lo que ella había tomado de la mesa, pronto se encontró con los labios acaparados por su dueña. Siht no se quejaba de los húmedos antojos de su chica, la besó con gusto, deleitándose con ese sabor que lo enviciaba y que conseguía poner su cuerpo ansioso. El sentido natural de competencia le hizo mantener la mirada sobre ella, soltándola únicamente para averiguar en qué consistía el obsequio que le entregaba.

Sus labios se empeñaron en mantener el ritmo del enfrentamiento que sostenían contra los contrarios, así que a favor de no quedar con la sensación de derrota, mordió con cierta fuerza el inferior de ella. Así se hizo un poco de espacio para hablar, pero su brazo libre se apoderó de la espalda de la rubia y parcialmente de su hombro y mientras revisaba el pequeño armario desde todos los ángulos posibles, jaló a Annwyn con él al dejarse caer sobre la cama.

Con los dientes sujetó un extremo de la cinta dorada que lo decoraba y una vez desecho el nudo lo siguió inspeccionando. –Es una réplica muy detallada. ¿Guarda algo dentro?– pensativo lo acercó a su oído y agitó con sumo cuidado, queriendo confirmar la teoría que le decía que quizá fuese la protección de algo mas pequeño en su interior. Pero nada escuchó. Apretó otro poco a Annwyn contra él sin dejar de inspeccionar su regalo. –Si me dices que necesitaré un  Armonia Nectere Pasus para averiguarlo, te ganarás el premio al mejor obsequio de la noche. Aunque al Señor S le pese ser el segundo lugar.– En realidad ya lo consideraba el segundo lugar, porque obviamente él mismo ocupaba el primero. Que el gato hiciera fila par recibir las caricias de la bruja. Buscó inmediatamente la mirada de la profesora, estaba seguro de que algún detalle se le escapaba y que ella tal vez disfrutaba de ello.



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Re: No lo pongas al fuego {Flashback} Privado

Mensaje por Annwyn Lancaster el Sáb Mayo 02, 2015 7:04 am

Un dulce quejido y sólo entonces accedió, de mala gana, claro, a separarse de la boca del profesor y dejarlo mirar su regalo. Se dejó llevar, claro, una vez que él la atrajo contra su cuerpo y terminó recostada de lado en la cama, apoyándose en el torso del mago. Tuvo que contener la risa una vez escuchó la primera impresión de su pareja, y apoyó una mano sobre el pecho de él mirándolo con expresión casi soñadora. Y es que le encantaba tenerlo, más aún cuando estaba segura de que podría pasar la noche con él.

Lo dejó inspeccionar a gusto el pequeño armario y negó con la cabeza—. El Señor S ya tenía el segundo lugar desde antes, el primero te lo ganaste tú por aparecer —comentó sin temor a sonar demasiado sentimental, pues era exactamente como se sentía gracias a él. Le besó la comisura del labio y luego se medio incorporó, para quitarle el armario de la mano y mirarlo unos segundos, antes de ponérselo al lado de su propia mejilla como si estuviera posando con un peluche para una fotografía.

Creí que adivinarías más rápido, no sé si sentirme decepcionada —bromeó y luego abrió con el índice una de las puertas del armario—. Lo único que tienes que hacer es aplicar es el hechizo para volverlo a su tamaño original, los de reparación ya los puse antes. Aunque si no sabes como… Puedes decirme a mí, y con gusto lo vuelvo a dejar como debería —comentó antes de guiñarle el ojo. Y luego de apoyar el armario sobre el pecho de su hombre, inclinó el rostro para besar el del contrario, moviéndose por su mejilla hacia abajo. Cuando dio con su oreja sopló suavemente en ella.

Ese punto en particular le agradaba bastante, otro era el cuello de su pareja, pero dado que quería hablarle, se decantó por el primero. Morder y lamer el oído ajeno no le costó, lo hizo con presteza y luego se relamió los labios para susurrar, directamente—. Ya no tendrás excusa para no llegar a mi habitación directamente en el colegio… Tienes entrada liberada. Lo he probado y funcionan a la perfección. El otro, por supuesto, lo tengo yo —anunció esperando ya dejarle aclarada por completo la función a la que deberían responder los armarios.

Si aprendes los hechizos para hacerlo de menor tamaño lo puedes llevar contigo cuando tengas que salir lejos o si se vienen las vacaciones como estos días... —dijo sonriente—. Te puedo dar clases particulares si me pagas bien —añadió a modo de oferta de pocos minutos. Nadie podría decir que Annwyn Lancaster era una mujer tacaña. Y su boca se dirigió por unos segundos sobre la contraria, allí donde depositó directamente un cálido pero corto beso. Porque adoraba todos los tipos de besos que existieran mientras los pudiese disfrutar y estudiar con él.


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Re: No lo pongas al fuego {Flashback} Privado

Mensaje por Sihtric Cáech el Lun Mayo 04, 2015 2:01 am

Estaba particularmente cómodo a pesar de que fuese casa ajena. La cama era acogedora y la compañía perfecta, y si a eso le sumaba las ricas atenciones que recibía por parte de su novia y el hecho de que tenía un regalo en las manos pues… se le antojaba quedarse un largo rato. Solo faltaba averiguar el secreto del obsequio, el cual le fue confiscado por breves minutos para crear una escena que su memoria atesoraría por el resto de su vida. Y es que esa pose que Annwyn hizo con el armario fue… más que cautivadora. Recordarla le sacaría más de una sonrisa en el futuro, aunque de hecho la mujer ya tenía ese efecto en él. Él, que nunca se había interesado en sentar cabeza, no quería separarse de Lancaster,le cumpliría a Hywel el llevársela para sí muy pronto.

¡Hey! Sabes que adivinar no es lo mío…– se quejó sin dejar de sonreír. Buen ejemplo era la asignatura que impartía, muchas veces considerada como opuesta a la adivinación. Dejó  ese detalle de lado y atendió al “complicado” procedimiento que el dedo de la bruja hizo para abrir el armario. Sihtric alzó una ceja, debió irse desde un principio por lo más normal… Bueno, ya era tarde para eso, al menos ahora entendía cuál era el verdadero misterio y pronto quedaron claras también las intenciones de tan peculiar obsequio.

Consideró el sacar la varita y probar el hechizo que sí conocía para agrandar el armario, pero agrandarlo en ese preciso instante podía no ser lo más indicado. Una mirada de complicidad fue su reacción al coqueto guiño que Annwyn le hizo e inconscientemente se relamió los labios. Ya empezaba a disfrutar de su regalo y eso que aún no lo instalaba, lo apretó contra sí  cuando ella se lo regresó. Lo cuidaría como a su vida y se lo habría dicho de no ser porque un soplido directo a su oído pausó momentáneamente sus pensamientos y acciones. Para ese entonces la profesora de transformaciones ya conocía cuánto le hacían estremecer las caricias en ese punto y se lo demostró al atacarlo con intensas mordidas y un húmedo recorrido. Se mordió el labio inferior, quería más y no le importaba que los futuros cuñados estuviesen abajo. De hecho, eso lo hacía más llamativo…

Entrada liberada…– repitió saboreando la idea, ya había decidido que la visitaría y no solo por las noches pero el que Annwyn expusiera en voz alta que lo quería sin falta en su habitación… hacía mil veces más exquisito el regalo. –Te advierto que después no podrás sacarme de ahí…– ¿aunque querría ella sacarlo de entre sus piernas? La respuesta que ya conocía remarcó la sonrisa ya instalada en el mago.

Compro las clases particulares. Tengo curiosidad, si son tan… enriquecedoras como la que me diste para pronunciarte correctamente…– tomó aire lentamente al mismo tiempo que enredaba los dedos de la mano en los rubios cabellos de su bruja y cuando se posicionó en su nuca, exhaló con prisa –…entonces no me las puedo perder.– La miraba atentamente, feliz de pertenecerle y a la vez ser su dueño, y con ese sentimiento posó los labios en los de Annwyn, depositando un beso muy similar al último que ella le dio, breve y sin embargo cargado de sentimientos que pronto necesitarían otro recipiente.

Y después de ese vino otro beso, y otro más. Era un maratón de cortos pero inquietos besos y que lentamente se fueron tornando más profundos y amplios. ¡Le era imposible controlarse! Apareció una mordida casi desesperante al labio inferior de la chica y hasta entonces se detuvo, porque de haber continuado habría querido probarle la sangre. –Dime con qué te vas a cobrar… ¿Qué no te he dado todavía Nwyn? Pide, que te acepto la oferta…– sangre, horas continúas de amor desenfrenado, ¿alguna noche particularmente romántica?, un anillo tal vez… No, ese se lo daría aunque no se lo pidiera. Una familia, pensó al final y el concepto lo sorprendió a él mismo, Él quería formar su propia familia algún día, ahora lo descubría. Pero no era Siht quien cobraría, sus peticiones muy personales las dejaría para otra ocasión.



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Re: No lo pongas al fuego {Flashback} Privado

Mensaje por Annwyn Lancaster el Dom Mayo 10, 2015 3:19 am

Indudablemente ver que al mago le gustaba su regalo era el mejor pago por el mismo, no importaba cuantas horas había invertido en él si hacía a su hombre feliz. Y si de paso también la contentaba a ella, porque tener un puente directo al lugar donde se encontrara el profesor era sin dudas la mejor de ideas a su parecer—. No pensaba sacarte en primer lugar —confirmó lo que el otro ya sabía, con una gran sonrisa, todavía apegada a su oído, y al notar un instante después que él quería también las clases, su mente se fue en picada a otras ideas. Unas nada sanas y que requerían de lecciones constantes, húmedas, calurosas y personalizadas.

Mis clases siempre son enriquecedoras —dijo recordando con claridad la primera lección que le había dado al mago, y la seguidilla de besos la tomó como un regalo para ella. Porque ese mago era su regalo, y no pensaba desprenderse de él en un largo e infinito tiempo. Un quejido inevitable escapó directo de su garganta en cuanto la mordida le provocó un dolor que en vez de molestarla la encendía. Todo culpa del profesor que tenía sobre su cama, claro, sólo con él se había descubierto adicta a cierto tipo de sufrimientos y perversiones que jamás aceptaría en voz alta con otros.

La frase de él si que la tomó por sorpresa. Lo miró con la ceja en alto, relamiéndose el labio inferior que había sido casi herido de gravedad y luego su lengua se pasó a los labios contrarios, repasándolos con lentitud mientras meditaba. ¿Qué cosa no le había dado todavía ese hombre? Ya lo sentía suyo completo, así que no podía pedirlo a él mismo...

Ah, lo peor fue cuando la respuesta llegó de golpe a su mente, y negó para sí, claro que no le pediría eso. Que estuviera más sensible en temporadas que se celebraban en familia no le permitían pedirle también una a él, aunque estaba cien por ciento segura de que no le interesaba formar una unidad con nadie en este mundo más que con Sihtric Cáech. Tener eso en mente volvió su sonrisa a un gesto algo bobo unos segundos, casi como si se hubiese cohibido por primera vez en su vida—. Mhm… Quiero que salgamos durante las vacaciones, a algún lugar agradable… Y claro, que no termine en desastre. Quiero tenerte al menos una semana, a cada hora, bien disponible y dispuesto para mi —eso si lo podía pedir con el descaro que le daba la relación que llevaban. Y era un terreno menos sentimental que el que su mente había tomado por rumbo.

Su mano, por inercia, se tomó de su propio vientre unos segundos y la idea de aumentar el núcleo familiar inexistente comenzó también a darle vueltas en la cabeza. Ok, la navidad si podía ser una festividad extraña y compleja a su ver—. Quiero conocer a tu madre... —dijo de pronto, al darse cuenta de esa necesidad. Muchos seguro le tendrían terror a conocer a la madre del hombre de su vida, pero Nwyn no tenía ese sentimiento de duda. Se sentía aceptaba incluso antes de presentarse, pues esperaba que la mujer no fuera tan complicada como el padre de ella, y aunque la rechazara, pues sería sólo una persona más en el mundo que no aceptaba su existencia. Ninguna novedad en lo absoluto.

Me vuelves adicta de mala manera... ¿Qué voy a hacer cuando las obligaciones te alejen de mí? —no lo dejó responder, con molestia por sus propios pensamientos, se fue contra los labios ya conocidos y esta vez, ella definió el ritmo y también un ingreso deliberado de su lengua, que buscó robar todo el sabor que podía de los labios de su compañero. Rápidamente, se fue moviendo también hasta quedar casi encima de él, del todo. Si, estaban en la casa de su padre, y más que seguro que pronto uno de sus hermanos subiría a ver que hacían, pero nada de eso le importó. Lo quería allí, y ahora, en la cama en la que había crecido. Pues sabía que el mago podía apartar la soledad que la había acompañado desde su edad más temprana.


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Re: No lo pongas al fuego {Flashback} Privado

Mensaje por Sihtric Cáech el Sáb Mayo 16, 2015 3:25 am

Parcialmente se distrajo con la inocente caricia que la lengua de su chica pasó a dejarle en los labios. Tenerla por esos alrededores siempre le encendía el apetito y esperó a que algún beso le llegara pero no, Annwyn parecía muy concentrada decidiendo qué pedir  así que decidió esperar pacientemente. No le fue tan difícil, después de todo el momento en sí ya tenía gran encanto aunque no tuviera sus besos encima. Con sonrisa ilusionada como si fuese un crío en espera de un postre ya prometido se mantuvo atento a lo que ella hacía, bien podía pasar así un par de horas y no quejarse en absoluto, Claro, después ya le entraría la ansiedad y la incapacidad de estarse quieto, pero mientras tanto, la pasaba de maravilla abajo de ella.

Repasó con la vista los labios de la rubia y cada detalle de sus ojos que aún vagaban en algún sitio buscando su mejor respuesta. Un veloz desliz visualizó por su nariz y de ahí saltó a sus cejas. A ellas debía agradecerles las variadas expresiones que le conocía a la profesora, porque todas le gustaban, incluso las de molestia. ¿Alguna vez la había visto triste? Recordó los momentos en la nieve de Hogsmeade y el cómo eso los había llevado justamente a esa noche en específico. Aceptó entonces que aún tenía camino por recorrer para proteger a Annwyn como se debía, para hacerla sentir enteramente segura a su lado, mas no se dejó llevar por el sentimiento de insuficiencia. Fue al contrario, ella le motivaba a romper sus límites e ir más allá y muchos caerían a causa de esa convicción pero no importaba. Únicamente Nwyn valía para él y fue con ese pensamiento en mente y en el corazón que descubrió en su pareja un semblante distinto a todos los que le había conocido hasta entonces.

Quiso adivinarlo, pero no había manera de lograrlo, no le habría pasado por la mente que ella también deseara formas una familia, al menos en ese instante, no lo pensó. –Puedo cumplir con eso.– dijo como si hubiese tenido que meditarlo un momento –Parece más premio que pago, pero me encanta la idea…– podría tomarlo como preparación para el futuro que ya había declarado, ese en el que compartían hogar y absolutamente todo lo demás. Vida de pareja en forma, un… matrimonio. Bien, empezaba a sorprenderse en serio de la frecuencia con que esas ideas le canturreaban al oído. ¿Si se lo decía en voz alta se espantaría? Mejor decírselo en cuanto estuvieran ya llevando a la práctica ese plan, sería divertido ver su reacción.

Asintió inmediatamente, él también las quería presentar. –Cuando quieras te llevo. Cada vez que nos vemos pregunta por ti. Temo que quiera robarte para ella.– bromeó, en teoría. Pero si creía capaz a Egwina de raptarle a la novia para interrogatorio y quien sabe que otras cosas. Seguro le preguntaba por la frecuencia con que lo hacían… Apartó eso de su mente, no caería en los celos antes de tiempo.

Le iba a responder la pregunta, extrañamente no le había costado encontrar la solución, pero no tuvo ni pizca de tiempo para hablar. Lo había tomado por sorpresa, tal vez debió tener presente la posibilidad pero no fue así, por lo que tenerla repentinamente dentro y recorriéndolo a ese ritmo, consiguió encenderle ligeramente las mejillas. Lo sintió y no solo en la piel, sino también en el orgullo que tendía a competir con el contrario. Pero claro, esa breve indignación se diluyó en cuestión de segundos.

Su lengua con ansias frotó la contraria. Dejó a un lado, sobre la cama, el preciado obsequio para así poder trabajar con ambas manos como debía ser. Una la llevó a la nuca de su novia para apegarla por completo a su boca e impedir que se separara, mientras que la otra, fue directo a jugar entre su escote. Quería decirle que el vestido le quedaba perfecto pero deshacerse de la ropa por un rato no estaría nada mal, “desgraciadamente” no pudo, pero sí consiguió acomodar ambas piernas entre las de ella. Que abriera y le ayudara a liberar la tensión más abajo. Su hambre era tal que casi parecía que Annwyn lo había tenido a dieta por un largo tiempo.

Dime que podemos tomarnos unos minutos antes de bajar con tus hermanos…– dijo acalorado cuando tomar aire fue necesario. Le pareció escuchar ruido al otro lado de la puerta y por un segundo miró en esa dirección. Pero solo fue eso, un segundo y nada mas. Al siguiente ya se enfrascaba en los ojos que adoraba tener encima, esperando luz verde para devorar y ser devorado. Para hacerla gemir hasta el cansancio.



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